
Lo
grotesco provoca respuestas contradictorias, humor y horror, ingenio y
transgresión, repulsión y deseo. En lo grotesco, en la gruta, habitan terribles
minotauros y sirenas tentadoras. En lo grotesco hay ingenio, escándalo,
subversión y carnaval.
En
cuanto al origen del término, poco después de 1400 se excavaron en Roma las
ruinas del mítico palacio perdido de Nerón, la Domus Aurea, cuyo recuerdo en esa época pertenecía al terreno de lo
fabuloso. Pero las ruinas se hallaron y eran reales. Revelaron al asombrado
espectador del cuatrocento decoraciones
murales con combinaciones caprichosas de plantas, figuras, criaturas míticas…
Las habitaciones quedaban por debajo del suelo, como en una gruta. Las
invenciones bizarras y fantásticas que se encontraron allí, empezaron a ser
conocidas como grottesche.

Con
el tiempo el término quedó más restringido. Sus connotaciones ya en el XVI
empezaron a alejarse del ornamento, para dirigirse hacia lo caricaturesco y
carnavalesco, como señala acertadamente la historiadora del arte Frances
Connelly, a quien seguimos en este breve comentario. Hoy lo grotesco se
confunde muchas veces con lo cómico y lo paródico. Modernamente vamos a
encontrar elementos grotescos en la obra de Goya, de William Hogarth, de
Picasso o de los surrealistas; en la commedia dell’arte italiana o en el teatro
del absurdo, en el arte gráfico del Expresionismo alemán, en el cine, en el
cómic y hasta en la música popular.
El
cliente siempre tiene razón en cualquier negocio menos en psiquiatría.
No hay comentarios:
Publicar un comentario