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domingo, 29 de marzo de 2026

JUAN VALERA, LIBERAL MODERADO Y POETA ENAMORADIZO

 


En Cabra, provincia de Córdoba, nació en 1824 Juan Valera y Alcalá-Galiano. Hijo de un oficial de la Marina y de la marquesa de la Paniega, Juan habitó con su familia el palacio egabrense que actualmente es sede del conservatorio Isaac Albéniz. Tuvo dos hermanas y un hermanastro fruto del primer matrimonio de su madre. Vivió Juan en Cabra hasta 1834, fecha en que tras la muerte del indeseable Fernando VII, su padre, destacado liberal, fue rehabilitado en la milicia y destinado a Málaga. El joven Juan Valera estudió en el seminario de Málaga, y después en la universidad de Granada, donde se licenció en letras en 1846, y escribió sus primeros poemas. En esos años, como durante el resto de su vida, destacó sobre todo como ávido lector y crítico literario. Puede decirse que ya a los veintitantos, había leído todo lo publicado hasta entonces en castellano, y no poco de lo escrito en otras lenguas. Fascinado por el Romanticismo, confesó años más tarde:


A los doce o trece años había leído a Voltaire y presumía de “sprit fort”, si bien me asustaba cuando estaba a oscuras y temía que me cogiese el diablo. El romanticismo, las leyendas de Zorrilla y todos los asombros, espectros, brujas y aparecidos de Shakespeare, Hoffmann y Scott reñían en mi alma una ruda pelea con el volterianismo, los estudios clásicos y la afición a los héroes gentiles.

 

La mayor parte de la vida adulta de Juan Valera estuvo centrada en dos aspiraciones principales: la amatoria, en que puede afirmarse que fue un auténtico donjuán, conociéndose desde devaneos hasta intensas pasiones con damas de media Europa; y la más prosaica aspiración de conseguir lo que entonces se llamaba “un buen turrón” o cargo del Estado que le permitiera dedicarse a la literatura sin pasar estrecheces económicas.

Vio cumplido con creces su afán donjuanesco, incluso más de lo que le habría convenido, porque sin su permiso se publicó en España lo más escandaloso de su correspondencia amatoria. En cuanto a su carrera política, tuvo diferentes altibajos. Fue embajador en varios países europeos y americanos, diputado por Archidona, senador por Córdoba y efímero director general de Instrucción Pública con Amadeo de Saboya. Antes había participado activamente en la Revolución Gloriosa de 1868. Se casó en París con Dolores Delavat, veinte años más joven que él, y tuvo con ella tres hijos. Tuvo también sonados romances con Lucía Palladi, marquesa de Bedmar, a quien apodaban la dama griega; con Malvina de Saavedra, hija del duque de Rivas; y con las actrices Stella von Hohenfels y Magdalena Brohan. Entre sus influencias literarias más notables, además de los clásicos, cabe citar a José de Espronceda, Ángel de Saavedra duque de Rivas, Serafín Estébanez Calderón, su tío Antonio Alcalá Galiano y Marcelino Menéndez Pelayo. Falleció Valera en Madrid en 1905.


En cuanto a su trayectoria literaria, además de sus incontables colaboraciones con diarios y revistas de su época, cultivó el ensayo, la crítica literaria, la narración breve, el relato histórico, y sobre todo las novelas, entre las que cabe destacar Pepita Jiménez (1974), Las ilusiones del doctor Faustino (1875), El comendador Mendoza (1876), Pasarse de listo (1878), Doña Luz (1879), Juanita la Larga (1895), Elisa la Malagueña (1895) y Genio y figura (1897).

Y en cuanto al estilo, a pesar de la fascinación de Juan Valera por el Romanticismo, su obra literaria tiene tan poco de romántica como de realista, las dos corrientes preponderantes de su generación. Criticó sin compasión el Costumbrismo y ese tufo castizo que impregnó la obra de su amigo Serafín Estébanez Calderón. A nuestro juicio, Valera fue también costumbrista a su pesar, aunque sus principios estéticos y su amplio conocimiento de otras lenguas y otras literaturas, le inclinaron a un sesgo idealista y poético. Detestaba esos retratos de Andalucía de gitanas y pandereta tan en boga en su tiempo. Escribió a su mujer:


Este es un país pobre, ruin, infecto, desgraciado, donde reina la pillería y la mala fe más insigne. Yo tengo bastante de poeta, aunque no te lo parezca, y me finjo otra Andalucía muy poética, cuando estoy lejos de aquí.

 

Como recuerdo a este egabrense ilustre, a este español culto, liberal moderado y enamoradizo sin moderación, biblioteca Bigotini os pone al alcance de un clic el enlace con la versión digital de Pepita Jiménez, que es probablemente junto a Juanita la Larga, su mejor novela. Se publicó por entregas en la Revista de España en 1874, y contiene uno de los retratos femeninos más sensibles y logrados de la literatura en lengua castellana.

 

https://www.dropbox.com/home/Profesor%20Bigotini?preview=Pepita+Jim%C3%A9nez.pdf

Mañana como en casa de la famosa Pepita Jiménez, de quien Vd. habrá oído hablar sin duda alguna. Nadie ignora aquí que mi padre la pretende. Juan Valera. Pepita Jiménez.


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