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sábado, 22 de agosto de 2026

LA GNOSIS DE MARCIÓN Y LOS MARCIONITAS

 


Si a algún gnóstico puede calificarse de auténtico hereje por ser un cristiano rechazado por la Iglesia, ese fue sin duda Marción. Nació hacia el año 85 en Ponto, una colonia romana del Mar Negro. Su padre fue un obispo cristiano y el primero que le excomulgó por criticar el culto y por pervertir a una virgen que había hecho voto de castidad. Como era un joven de familia pudiente, Marción armó un navío, recorriendo con él las comunidades cristianas orientales. En Esmirna, su obispo Policarpo le volvió a excomulgar. Marchó después a Roma, donde pretendió hacerse popular repartiendo unos miles de sestercios entre la comunidad cristiana, pero nadie terminaba de comprender sus críticas a la doctrina. Influido por el gnóstico Cerdón, elaboró su propia dogmática con el resultado de ser excomulgado una vez más y además en Roma, lo que tuvo mayor repercusión.


Marción reunió a un grupo de discípulos, los marcionitas, refundando un nuevo cristianismo que aseguraban ser el verdadero. Levantaron iglesias en Italia, Egipto, Palestina y Siria (es lo que tiene el dinero en cualquier época). Nombraron obispos de los que al menos uno fue martirizado por los paganos, y en definitiva, los marcionitas fueron seguramente los rivales más serios del clero romano al menos hasta el siglo IV.

Así que Marción fue el primer cismático de cierta envergadura, el Lutero del siglo II y los siguientes, pero cabe encuadrarlo en la gnosis por su filosofía. El credo marcionita, un tanto dualista, diferencia un Dios bueno y benigno de un Dios malo, implacable, justiciero y hasta vengativo. Se sustenta en la exégesis erudita de los textos bíblico y evangélico.


Reprochaba Marción a la jerarquía eclesiástica no haberse desprendido del judaísmo y seguir sometida al Antiguo Testamento, en vez de proclamar los Evangelios como el nuevo canon del cristianismo. Se apoyaba para eso en la Epístola de san Pablo a los gálatas, donde el de Tarso emplea parecidos argumentos. Marción establece como dogma el Evangelio de san Lucas, censurando y corrigiendo amplios pasajes de los otros tres. Presenta a Cristo como un revolucionario pacifista y humilde, graciosamente enviado a los hombres de todas las naciones por el Dios de Bondad, y justifica que los judíos no lo consideren el verdadero Mesías, porque ellos, anclados en los errores del Antiguo Testamento, esperarán en vano eternamente a un mesías guerrero y a un soberano vengador de todos los agravios reales o imaginarios sufridos por la nación hebrea a la que consideran único pueblo elegido por el Dios terrible del Antiguo Testamento.

Marción mantuvo una agria polémica con Tertuliano quien publicó una serie de cinco libros que tituló Adversus Marcionem, rechazando las propuestas del gnóstico tan duramente que cayó en varios excesos verbales y en unas cuantas proposiciones tan heréticas o más que las de su adversario. Años más tarde, varios miembros importantes de la Iglesia lamentaron los errores de Tertuliano, disculpándole por la vehemencia empleada contra el hereje Marción y la herejía marcionita.


Lo cierto es que a la larga la doctrina de Marción, por muy herética que fuera, llegó a influir en el cristianismo canónico, tal como señala Leisegang: A él se remonta la idea de unir al Antiguo Testamento una nueva escritura sagrada. Es el primero en oponer a la Ley y a los Profetas los Evangelios y las Epístolas. La Iglesia ha adoptado la idea y la ha aplicado mediante su Nuevo Testamento.

Discípulo destacado de Marción fue Apeles que en sus Silogismos denunció metódicamente las inverosimilitudes y falsedades del Antiguo Testamento. Lo cierto es que la gente, los cristianos de su tiempo, comprendían muy bien las ideas marcionitas. Probablemente la gnosis de Marción y los suyos fracasó por su moral excesivamente austera. Sólo administraba el bautismo a quienes hacían solemne juramento de no casarse, o a los esposos que renunciaban al acto sexual. Sus seguidores se abstenían también de comer carne y de asistir a cualquier espectáculo. En fin, que los integrismos excesivos acaban siempre fracasando.

Cualquiera puede hacer algo importante o hermoso. Lo difícil es que los demás sepan que lo has hecho tú. Oscar Wilde.


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