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sábado, 17 de mayo de 2025

DINK SIEGEL, EL DIBUJANTE DE PLAYBOY

 


Leo Siegel, que firmaría sus trabajos como Dink Siegel, nació en Birmingham, Alabama en 1910, y en una familia de origen judío. Finalizados sus estudios universitarios, el joven Leo se trasladó al norte, a Washington, donde consiguió un trabajo como funcionario del gobierno. En su trabajo, cuya naturaleza concreta desconocemos, se aficionó a dibujar chicas ligeras de ropa. Como diría nuestro llorado Forges, ya se ve que esto de los funcionarios debe ser algo universal. El caso es que Siegel adquirió tal maestría con el lápiz y los pinceles, que sus compañeros le animaron a presentar sus trabajos a la revista PlayBoy. Inmediatamente fueron admitidos, de forma que Dink Siegel se convirtió en el principal y exitoso dibujante de los chistes de PlayBoy durante la década de los sesenta y gran parte de la de los setenta. No tenemos ejemplos de dibujos de Siegel en sus comienzos. Todos presentan ya una calidad notable, y atesoran el trazo elegante y seguro del artista en su madurez. Dink Siegel se jubiló en los ochenta y falleció en 2003. Aquí abajo os dejamos un abanico de sus deliciosos dibujos, preciosas chicas curvilíneas en toda clase de pícaras situaciones. Bon profit.
























miércoles, 14 de mayo de 2025

JANE FONDA, LA REINA ROJA

 



Jane Fonda, la hija de Henry, nació ya puesta frente a una cámara. Se preparó en el célebre Actor’s Studio de Nueva York, convirtiéndose en una buena actriz. Inquieta, curiosa y comprometida, la joven Jane mostró desde el principio sus diversas facetas. En el cine no despreció nunca lo comercial. Ella sabía desde pequeñita que Hollywood era una industria, una tremenda máquina de hacer dinero, y que nadie podía detener los engranajes de aquella maquinaria. Por lo tanto, supo insertarse a la perfección en las ruedas de la industria. Explotó su faceta cómica en deliciosas comedias románticas como Descalzos por el parque. Supo también destacar su toque sexy en filmes como Barbarella. Pero no por eso dejó de aprovechar la ocasión de participar en obras de denuncia como la muy intensa Danzad, danzad, malditos, despiadado drama medio travestido de musical, en el que afloraron las miserias de la Gran Depresión de los treinta, o como Klute, una sórdida historia policiaca ambientada en la jungla de asfalto neoyorquina. A fin de cuentas, Jane era la reina roja de Hollywood, una especie de heroína progre e incansable activista contra la guerra de Vietnam y defensora de los derechos civiles, que incluso llegó a sufrir alguna detención por parte de la policía antidisturbios.

Después la hija de Henry no se resignó a envejecer como las mujeres convencionales, y se embarcó en una aventura vital plagada de gimnasios y quirófanos. Jane Fonda se convirtió en la reina del fitness, y en los ochenta puso de moda los calentadores, unos absurdos accesorios que cubrían las pantorrillas y carecían de la menor utilidad. A tal punto llegó la fiebre gimnástica de la estrella, que si buscas en YouTube “Jane Fonda”, te aparecen decenas de videos con consejos para reforzar los abdominales y los glúteos. Hay que bucear mucho para encontrar la primera referencia cinematográfica. Eso es lo que he hecho para encontrar la deliciosa escena del beso a Robert Redford de la inolvidable Descalzos por el parque. Haced clic en el enlace, y disfrutad de la joven y sexy Jane Fonda en la plenitud de su encanto. 

Escena del beso de Descalzos por el parque

https://www.youtube.com/watch?v=qCuzA9mNR60 

Próxima entrega: Barbra Streisand


domingo, 11 de mayo de 2025

BELISARIO, EL ÚLTIMO GENERAL

 


El final de una etapa histórica y el comienzo de la siguiente no son sino barreras artificiales que se aceptan de forma convencional. Si nos preguntamos qué fecha o qué acontecimiento marca el principio de la Edad Media, seguramente habrá respuestas para todos los gustos. Hay quien lo sitúa en el año 476, fecha en que el caudillo bárbaro Odoacro depuso y encarceló a Rómulo Augústulo, el último emperador. Desde el punto de vista filosófico y literario, otro hito simbólico podría ser la trágica ejecución por orden de Teodoríco, de Severino Boecio, autor de La Consolación de la Filosofía, a quien muchos consideran el último escritor clásico. Si llevamos las cosas al terreno de la estrategia política y militar, resulta inevitable pensar en Belisario, a quien es lícito adjudicar el título de último general romano al servicio del Imperio, aunque ese Imperio que un día dominó la práctica totalidad del mundo conocido, en época de Belisario se había fragmentado y deteriorado hasta quedar prácticamente reducido al último bastión oriental de Constantinopla.


Teodorico, el rey de los godos, los nuevos dueños de Italia, no era católico sino arriano, un credo considerado herético tanto en Roma como en Constantinopla. Su relación con los papas romanos tuvo sus más y sus menos. Metió en la cárcel al papa Símaco, y también hizo encarcelar a su sucesor, Juan I, a quien acusó de traición tras haberle encargado viajar a Constantinopla para conseguir que Justino, el emperador de Oriente, levantara el cargo de herejía contra los arrianos. El papa Juan no lo consiguió. Murió en la cárcel, y a los pocos días murió también Teodorico. El fallecido monarca era analfabeto como la gran mayoría de los godos que formaban su corte en Pavía. Como su nieto Atalarico era todavía un niño, Teodorico había nombrado regente hasta su mayoría de edad a su hija Amalasunta, una mujer culta y refinada que hablaba con soltura el latín y el griego.

Los demás godos la detestaban porque se sentían menospreciados por ella que siempre andaba rodeada de romanos. Amalasunta rehabilitó la memoria de Boecio y de Símaco, devolvió a sus familias los bienes confiscados, fundó nuevas escuelas, aumentó el salario a los maestros, y hasta se reconcilió con lo que quedaba del Senado. Quiso educar a su hijo en la cultura clásica, confiándolo a la tutela de preceptores romanos y griegos. Los cortesanos godos se indignaron. No querían que el futuro rey fuera un señorito romano afeminado, sino un guerrero preferiblemente analfabeto. Amalasunta cedió a medias permitiendo a los condes godos instruir a su hijo en duelos y batallas. Al parecer también lo instruyeron en abusar del vino y entregarse a otros excesos, así que el joven Atalarico que debía ser de naturaleza sensible y frágil, falleció con sólo dieciocho años.

Amalasunta asoció al trono a su primo Teodato. Grave error, porque este Teodato era un tipo sin escrúpulos y sediento de poder. La hizo estrangular mientras dormía en 535. El Papa y los senadores romanos consideraron ese asesinato motivo suficiente para  solicitar ayuda a Constantinopla, recordando al emperador que Italia seguía siendo oficialmente una provincia del Imperio, aunque de hecho la hubiera gobernado Teodorico como señor absoluto.


Justiniano aconsejado por su esposa, la emperatriz Teodora, probablemente la mujer más influyente de su tiempo, mandó contra los godos de Italia a Belisario, el último gran general del Imperio. La campaña se prolongó durante dieciocho largos años. Antes de desembarcar en la península Itálica, Belisario limpió el camino de obstáculos expulsando a los vándalos del norte de África y del resto de sus bases mediterráneas: Córcega, Cerdeña, Baleares, Ceuta y parte de Sicilia, lo que facilitó su campaña italiana. Algunos historiadores ven en esa desbandada de los vándalos una de las causas por las que apenas dos siglos después los árabes encontraran tantas facilidades para conquistar amplios territorios norteafricanos que les darían luego acceso a la península Ibérica.

Ya en Italia, las legiones de Belisario avanzaron con facilidad siendo aclamadas por la población. Los godos quedaron cercados en el reducto de Rávena, que finalmente también cayó.


Tras la victoria, Belisario fue llamado a oriente para sofocar una revuelta de los persas. Al frente de las tropas imperiales quedó Narsés, un oscuro general, eunuco en la corte bizantina, que había ascendido mediante intrigas y turbios manejos. Narsés se comportó en Italia como un déspota. En la península se vivieron años, doce en concreto, de pestes y hambrunas, que según algunos cronistas, empujaron a sus habitantes al canibalismo. Los nuevos amos no eran libertadores, sino extranjeros griegos mucho más despiadados que sus antecesores godos. Por eso no parece inverosímil que los italianos del norte terminaran propiciando la llegada de unos nuevos invasores de estirpe gótica, los longobardos, que iban a constituir un reino duradero en Italia.

En cuanto a Belisario, el último general, conocemos por el historiador Procopio sólo sus glorias militares, pero no su final del que existen varias versiones. Todo indica que en la corte constantinopolitana cayó en desgracia. La emperatriz Teodora tuvo celos de Antonina, la esposa de Belisario, a quien los bizantinos adoraban. También parece que el emperador Justiniano envidiaba la popularidad que llegó a adquirir el gran general. Se sabe que Belisario fue destituido y más tarde encarcelado. Algo más dudosa parece la leyenda que lo pinta en sus últimos años como un mendigo ciego vagando por las calles de Constantinopla. El caso es que la gloria es siempre efímera, amigos. Nuestro profe Bigotini que lo sabe muy bien, pasa las horas hojeando los viejos recortes de prensa en los que aparece como el gran Bigotini, el hombre bala que se introducía cada amanecer en un cañón para salir disparado hasta el estanque donde tomaba su reglamentario baño matutino.

-Perdone, ¿Para llegar al cementerio del pueblo?

-Usté siga pisándome el sembrao, y no tardará en llegar…


martes, 6 de mayo de 2025

HOMERO Y EL NACIMIENTO DE LA LITERATURA

 


La Iliada y La Odisea, las dos obras que tradicionalmente se atribuyen a Homero, inauguran la literatura, al menos en nuestro ámbito cultural occidental, heredero de la cultura greco-latina. Ambas vieron la luz muy probablemente durante el siglo VIII antes de nuestra era, hace casi tres mil años. Cabe presumir pues, que en ese periodo vivió su autor, Homero, personaje tan controvertido desde el punto de vista histórico, que incluso alguna teoría preconiza que nunca existió en realidad. En Bigotini nos gusta pensar que Homero realmente existió, que fue un extraordinario poeta y un aún más extraordinario narrador, y que nos legó esas dos obras monumentales que durante tres milenios han sido y siguen siendo fuente de inspiración, objeto de estudio y cumbre literaria universal.


El propio nombre de Homero se ofrece a especulación desde su misma etimología. Hómêros podría ser una variante jónica del eólico Homaros, con el significado de rehén o prisionero. Esto ha llevado a ciertos estudiosos a conjeturar que un grupo de poetas, Homéridas u Homêridai, que significaría los hijos de los rehenes, habrían sido encargados de memorizar la poesía épica y los sucesos de la guerra a la que no tenían permiso de asistir por dudarse de su lealtad. Así en época en la que no existía todavía literatura escrita, los poemas que cantaban las gestas y las acciones de guerra se transmitirían oralmente para ser cantadas por los aedos que recorrían Grecia de corte en corte.

Otra explicación etimológica del nombre Hómeros, lo hace proceder de la expresión ho me horón, con el significado de el que no ve, por lo que la tradición hace a Homero ciego. Se le ha representado en pinturas y diferentes obras de arte como un ciego provisto de báculo o acompañado de un lazarillo.


En cuanto a su origen, diferentes tradiciones, ninguna de ellas sólidamente fundamentada, le hacen proceder de diversos lugares como Quíos, Esmirna, Colofón, Atenas, Argos, Rodas, Salamina, Pilos, Cumas e Ítaca, entre otros muchos, de manera que sólo cabe concluir que se desconoce su lugar de nacimiento. Tampoco existe certeza alguna sobre el lugar de su muerte, pues diversas ciudades y territorios se disputan ser la localidad donde reposan sus restos, sin que tampoco pueda probarse de ningún modo. Así que ya vemos que el personaje y hasta sus datos biográficos más elementales, están envueltos en la espesa bruma del misterio más insondable.

La incertidumbre y hasta la controversia, alcanza también a sus obras, pues ya desde el periodo helenístico, varios eruditos adjudican a Homero la autoría de La Iliada, pero no de La Odisea, en base a las diferencias que se aprecian entre ambas. Ciertamente La Iliada sólo recoge el último tramo del asedio de Troya por los griegos, y su caída propiciada por la cólera del héroe Aquiles, desatada por la muerte de su compañero Patroclo, mientras que La Odisea relata el largo viaje de regreso de Ulises u Odiseo a su patria de Ítaca, plagado de aventuras y sucesos a lo largo del periplo.


Todos los especialistas parecen estar de acuerdo en que ambas obras se transmitieron oralmente en su origen, y que no se pusieron por escrito hasta una fecha posterior al siglo VIII, seguramente el siglo VII e incluso según otros, siglo VI, cuando su autor, si admitimos que efectivamente fuera Homero, ya no vivía.

Ambas están redactadas en hexámetros dactílicos y en un griego algo artificioso que combina los dialectos jónico-ático y eolio, y que utiliza arcaísmos que ya no solían emplearse en el lenguaje vulgar. Sin embargo, la enorme repercusión de ambas epopeyas hizo que el lenguaje homérico se convirtiera a partir de su popularización, en el lenguaje de la poesía griega posterior, llegando incluso al teatro del periodo clásico.


Además de estos dos extensos poemas, han sido atribuidas a Homero otras obras como la Batracomiomaquia o Guerra de las ranas y los ratones, una especie de epopeya cómica muy divertida y muy imitada, o como Margites, como unos llamados Himnos homéricos, o como un ciclo épico compuesto de poemas sobre la guerra de Troya, sobre la caída de Tebas o sobre la historia de Edipo. Ninguna de estas atribuciones parece tener fundamento suficiente.

En Bigotini somos incondicionales de Homero y de sus dos grandes e inmortales obras, verdaderos monumentos literarios. Os dejamos (clic en el enlace) una versión digital de La Odisea en castellano. Recrearos con la fantástica literatura de Homero. 

https://www.dropbox.com/home/Profesor%20Bigotini?preview=ODISEA.pdf

Canta, oh diosa, la cólera del Pélida Aquiles; funesta cólera que causó infinitos males a los aqueos y precipitó al Hades muchas almas valerosas de héroes, a quienes hizo presa de perros y pasto de aves. Homero, La Iliada.


lunes, 5 de mayo de 2025

ZANJAS Y EXCAVACIONES: VIAJE AL CENTRO DE LA TIERRA

 


Con el título original de Journey to the center of the Earth, la Fox produjo en 1959 un film que dirigió Henry Levin y protagonizó James Mason junto a Pat Boone y Diane Baker. Basado en la célebre novela de Julio Verne Viaje al centro de la Tierra, narraba las aventuras del intrépido profesor Lidenbrock que acompañado de su sobrino y un fornido islandés, se introducía a través del cráter de un volcán extinto, en las mismas entrañas de nuestro viejo planeta. Naturalmente, los viajeros sorteaban una larga serie de peligros y asechanzas, que incluían dinosaurios y otros seres monstruosos no demasiado realistas, porque los efectos especiales de la época eran todavía un poco chapuceros. Aun así, la película obtuvo tres nominaciones a los premios Oscar y gran éxito en las taquillas. Para los más jóvenes existen un remake hollywoodiense de 2008 con Brendan Fraser, y otro más de 2012 sin Brendan Fraser, ambos realizados en 3D y con unos efectos visuales espectaculares. También circula por ahí otra versión horrible de 1999, interminable y aburrida. Si queréis mi recomendación, yo me inclino sin dudarlo por la novela de Verne, que como todas las suyas, rebosa imaginación, y esa especie de ingenuidad científica tan característica y encantadora.


Los lectores habituales del blog ya sabéis que suelo hacer estas introducciones cinéfilas, para adornar algún tema más árido de riesgos laborales. En esta ocasión quiero tratar de la prevención en trabajos de excavación de zanjas o trincheras. ¿No os parece admirable lo bien que he conseguido hilvanarlo? A mí desde luego, me lo parece, y si no me cebo en la autocomplacencia, es porque mi modestia sobrepasa incluso a mi talento (parece imposible pero es así, amigos). En fin, al grano. Los riesgos más sobresalientes en este tipo de tareas incluyen:

 

  • Desprendimientos de tierras.
  • Caídas de personas al mismo y a distinto nivel.
  • Interferencias por conducciones soterradas.
  • Inundación.
  • Golpes y cortes por objetos.
  • Pisadas sobre objetos.
  • Caída de objetos desde altura.
  • Aplastamientos por vuelco de máquinas.
  • Posturas forzadas y sobreesfuerzos.
  • Exposición a condiciones climáticas adversas.
  • Contactos eléctricos.
  • Dermatitis.
  • Exposición a polvo.
  • Exposición a ruido.
  • Exposición a vibraciones.
  • Proyección de fragmentos o partículas.
  • Atrapamiento por o entre objetos.
  • Atropellos en zonas próximas a la circulación de vehículos.

Para evitar o minimizar estos riesgos, conviene respetar las siguientes medidas preventivas:

  • Se cumplirán siempre y en todo momento las condiciones de seguridad establecidas para todos los medios auxiliares que se empleen en los trabajos.
  • Acceso y salida de las zanjas mediante escalera sólida, anclada arriba de la zanja y sobresaliendo 1 m. de la superficie de su borde superior.
  • Prohibidos los acopios de materiales a menos de 2 m. del borde de la zanja.
  • Las zanjas de profundidad superior a 2 m., se entibarán, biselando a 45º los bordes de la zanja.
  • Si la profundidad es mayor de 2 m. y la zanja permanece abierta, se dispondrá de barandilla de protección a 2 m. del borde. La altura de la barandilla será de 90 cm.
  • Los trabajos en los bordes de las zanjas o trincheras con taludes no muy estables, se realizarán sujetos con cinturón de seguridad o arnés, amarrado a puntos fuertes situados en el exterior de las zanjas.
  • Se procederá al achique inmediato de las aguas que se recojan en el interior de las zanjas, para evitar que se afecte la estabilidad de los taludes.
  • La zanja abierta estará protegida mediante redes de nylon, malla 5x5 y/o barandillas autoportantes en cadena, ubicadas a 2 m. del borde superior del corte.
  • En las zonas de paso de vehículos, se dispondrán sobre las zanjas palastros continuos y resistentes, que hagan imposible la caída.
  • El lado de circulación de camiones o de maquinaria, quedará balizado a una distancia de la zanja no inferior a 2 m., mediante el uso de cuerda de banderolas.
  • En presencia de conducciones o servicios subterráneos imprevistos, se paralizarán de inmediato los trabajos, dando aviso urgente al jefe de obra. Las tareas se reanudarán tras ser estudiado el problema por la dirección facultativa, y siguiendo sus instrucciones expresas.
  • La desentibación se hará siempre en sentido contrario que se haya seguido para la entibación, siendo realizada y vigilada por personal competente durante toda su ejecución.
  • En presencia de lluvia o de niveles freáticos altos, se vigilará el comportamiento de los taludes en previsión de posibles derrumbamientos. Se ejecutarán lo antes posible los achiques necesarios.
  • En caso de riesgo de vuelco o deslizamiento de un talud límite de una zanja, se dará la orden de desalojo inmediato y se acordonará la zona para evitar accidentes.
  • El personal que trabaje en el interior de las zanjas conocerá los riesgos a los que está sometido.
  • Se revisará el estado de cortes o taludes a intervalos regulares, en aquellos casos en los que puedan recibir empujes por proximidad de caminos, carreteras, etc., transitados por vehículos, y en especial, si en la proximidad se establecen tajos donde se usen martillos neumáticos, compactadores o equipos similares.
  • Se revisarán las entibaciones tras la interrupción de los trabajos y antes de reanudarse.
  • Ninguna persona permanecerá dentro del radio de acción de las máquinas o de sus partes móviles.
  • El encargado o capataz inspeccionará las entibaciones antes del inicio de cualquier trabajo en la coronación o en la base.
  • Se paralizarán los trabajos al pie de las entibaciones cuando la garantía de estabilidad sea dudosa. En este caso, antes de reanudarse, se reforzará o apuntalará la entibación.
  • La circulación de vehículos se separará del borde de la excavación como mínimo 3 m. para vehículos ligeros y 4 m. para vehículos pesados.
  • Se prohíbe permanecer o trabajar al pie de una zanja recién abierta, antes de haber procedido a su saneo, entibado y refuerzo.
  • Los productos de la excavación que no se lleven al vertedero, se colocarán a una distancia del borde de la zanja mayor a la mitad de la profundidad de ésta, y como mínimo a 2 m., salvo en el caso de terrenos arenosos, en que esa distancia será por lo menos igual a la profundidad de la excavación.
  • Los taludes se revisarán especialmente en época de lluvias o cuando se produzcan cambios de temperatura que puedan congelar o descongelar el agua del terreno.
  • Antes del inicio de los trabajos se llevará a cabo una inspección para detectar posibles grietas o movimientos del terreno.
  • Las zonas de trabajo se mantendrán limpias y ordenadas.
  • Si no es posible dar a los taludes su pendiente natural, los laterales de las zanjas se entibarán.
  • Si las condiciones del terreno no permiten la permanencia de personas en el interior, los trabajos de entibado se realizarán desde fuera de la zanja.
  • No se utilizarán las entibaciones para el ascenso o descenso de los trabajadores.
  • Las máquinas eléctricas estarán dotadas de doble aislamiento, o en su defecto, estarán provistas de interruptores diferenciales asociados a sus correspondientes puestas a tierra.
  • Se utilizará alumbrado portátil alimentado con tensión de seguridad (24 voltios), con portalámparas estancos dotados de mango aislante y rejilla protectora.
  • Es imprescindible la coordinación con el resto de oficios que intervienen en la obra.
  • Como medida de seguridad, habrá siempre un trabajador en el exterior de la zanja.

Equipos de protección individual:

  • Casco.
  • Mascarilla antipolvo con filtro recambiable.
  • Gafas antipartículas.
  • Arnés de seguridad.
  • Guantes de protección mecánica.
  • Botas de seguridad con puntera reforzada y suela antiperforaciones.
  • Botas de goma con puntera reforzada y suela antiperforaciones.
  • Protectores auditivos.
  • Traje para ambientes húmedos o lluviosos.
  • Chaleco reflectante de autoseñalización para trabajos próximos a vías de circulación o en presencia de vehículos.

Si trabajáis en excavaciones recordad y respetad siempre estas normas, porque vienen a ser el evangelio de los trabajos en zanjas. Ignorarlas o tomarlas a broma se paga con lesiones graves y a veces con la vida. 

¿Cavar trincheras con nuestros hombres cayendo como moscas? ¡No tenemos tiempo de cavar trincheras. Las tendremos que comprar prefabricadas!.  Groucho Marx.


viernes, 2 de mayo de 2025

UN PAR DE COSAS SOBRE EL CAOS

 


Los orígenes del concepto del caos hunden sus raíces en la edad media. Mucho después, en 1758 Benjamin Franklin reprodujo en su Almanaque del Pobre Richard una vieja cantinela infantil inglesa del siglo XIV:

Por falta de un clavo, se perdió la herradura,

por falta de una herradura se perdió el caballo,

y por falta de un caballo se perdió el jinete,

de modo que el enemigo lo alcanzó y le dio muerte.

Todo por falta de un clavo de herradura.

Así que el Pobre Richard perdió un reino por un simple clavo. Una vez plantada la semilla inicial, la incertidumbre comienza a crecer exponencialmente. Ocurre otro tanto con el ejemplo del aleteo de la mariposa, que causa un ciclón en la otra parte del mundo. El cuento presenta muchas variedades. En el territorio de los universos paralelos tenemos un universo en el que aletea la mariposa, y otro en el que permanece quieta, los futuros de ambos universos difieren y divergen hasta convertirse en mundos completamente diferentes.


En el género de la ciencia ficción y la fantasía, los viajeros del tiempo que se trasladan a un pasado remoto infringen las normas, alterando el medio aunque sea mínimamente. La muerte de un mosquito insignificante o una simple huella dejada en el barro, tendrán la funesta consecuencia de que al regresar a su tiempo, los viajeros hallen un mundo completamente desconocido. Variantes del efecto mariposa, en definitiva.

El caos y la meteorología están íntimamente relacionados por el papel que desempeña la incertidumbre en los pronósticos meteorológicos. Desde los tiempos de Newton, y de acuerdo con sus leyes, el futuro del sistema solar está totalmente determinado por su estado actual. Se dice que un mundo es determinista si su estado actual define completamente su futuro. Laplace inventó en 1820 una entidad que se conoce como demonio de Laplace, vinculando el determinismo y la capacidad de predecir en base a la propia noción de éxito en la ciencia. El famoso demonio tiene tres propiedades: un conocimiento exacto de las leyes de la naturaleza (todas las fuerzas), la capacidad de captar a modo de instantánea el estado exacto del universo (todas las posiciones), y una infinita capacidad de cálculo (todo el intelecto).

Desde Einstein sabemos que eso es imposible. Conocemos el principio de incertidumbre. Cuando se lleva a cabo una observación, la medición nunca es exacta en un sentido matemático, de forma que siempre existe cierto grado de incertidumbre sobre el valor verdadero. A menudo suele decirse que toda incertidumbre en una observación es debida al ruido, un concepto por cierto, bastante impreciso. Añadimos al guiso el concepto de caos, nombre que se atribuye al mecanismo que permite un crecimiento rápido de la incertidumbre en los modelos matemáticos. El caos pues, amplifica la incertidumbre y malogra los pronósticos. El ruido hace que exista la incertidumbre observacional, mientras que el caos nos ayuda a entender cómo pequeñas incertidumbres pueden convertirse en grandes incertidumbres. Una vez tengamos un modelo matemático sobre el caos, estaremos más cerca de tenerlo sobre el ruido.


También la evolución y el caos tienen más en común de lo que pudiera pensarse. Tanto una como otro se usan para aludir tanto a los fenómenos que se van a explicar, como a las teorías que se supone que los explican. A menudo esto lleva a una confusión entre la descripción y el objeto descrito, algo así como confundir el mapa con el territorio que representa. Analizados en profundidad, es posible que algunos ecosistemas evolucionen como si fueran sistemas caóticos. El cambio climático, el calentamiento global y en general, el impacto de la actividad humana sobre el clima, las extinciones y la degradación del planeta, nos ofrecen un doloroso ejemplo de caos e incertidumbre de crecimiento exponencial. Los modelos matemáticos no auguran nada bueno. Todo indica que una vez traspasada la línea roja de la irreversibilidad, la incertidumbre crece y el caos nos amenaza como un depredador a sus indefensas presas. ¡Corred, insensatos!

La estupidez es la única enfermedad en la que no sufre quien la padece, sino los que están a su alrededor.


lunes, 28 de abril de 2025

URFER, KRAUSMANN Y SUS ANNIBELLES


 

Probablemente el personaje femenino del cómic más popular en América durante los años treinta fue Annibelle, protagonista de una serie pensada para lectoras, quizá la primera en su género, pero que se popularizó de tal manera que las tiras eran leídas también por los hombres. Su creadora fue la dibujante Dorothy Urfer, nacida en Indianápolis en 1905, toda una pionera del cómic y la ilustración cómica. La joven Dorothy trabajó como higienista dental, y en Cleveland presentó sus dibujos en la sucursal local de la Newspaper Enterprise Association (NEA), donde fue inmediatamente contratada. Entre 1929 y 1930 Urfer trabajó en la serie Radiomanía que ya gozaba de alguna popularidad entre los lectores. Basada en los entonces popularísimos programas de radio, Radiomanía retrataba y caricaturizaba a las estrellas del medio.

A partir de diciembre de 1929, Dorothy Urfer inició en la NEA su serie original Annibelle, que publicada en las páginas femeninas de los diarios, se convirtió muy pronto en un auténtico éxito. Al principio la serie se presentó en una sola tira horizontal o vertical y en blanco y negro. A partir de 1935, se amplió a dos tiras en color. Urfer continuó dibujando las tiras de su Annibelle hasta 1936, fecha en que se casó, retirándose por completo.


A partir de entonces se hizo cargo de la serie otra mujer, Virginia Krausmann, nacida en Cleveland en 1912. Virginia había estudiado en la Escuela de Artes de Cleveland, y en la NEA se dedicó a ilustrar las novelas que se publicaban por entregas en los suplementos dominicales de los diarios. Sustituyó a Dorothy Urfer en la serie de Annibelle en marzo de 1936, encargándose del guión y los dibujos hasta 1939. Krausmann simultaneó ese trabajo con la serie Marianne, que había creado años antes la ilustradora Ethel Hays, a quien dedicamos también un reciente artículo. Marianne era muy similar a Annibelle en su planteamiento. Virginia Krausmann se hizo cargo de ambas series hasta los primeros años cuarenta, cuando, siguiendo los pasos de Dorothy Urfer, su antecesora, se casó y colgó los lápices definitivamente para dedicarse a sus labores de ama de casa. A nadie extrañe, eran cosas de los tiempos. Krausmann falleció en 1986.

En cuanto a Annibelle, la serie que ideó Dorothy Urfer y continuó Virginia Krausmann, digamos que se trataba de una tira y de un personaje simpático. La protagonista, anclada en los felices veinte y por completo ajena a las penalidades de la gran depresión de los treinta, vive una vida feliz de lujos, compras y fiestas que transportaban a sus lectoras a una fantasía muy parecida a la que veían en los cines. Las pequeñas aventuras de Annibelle parecen sacadas de aquellas comedias del primer sonoro con los bailes de Fred Astaire y los glamurosos vestidos de la Garbo o de Ginger Rogers. Para que os hagáis una idea, os dejamos aquí abajo unas cuantas muestras de la serie y algún otro trabajo de las dos artistas que la hicieron posible.