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miércoles, 29 de julio de 2020

TYRANNOSAURUS, EL REY DE LOS CARNÍVOROS



Cuando en el célebre film de Spielberg se intuía la presencia del T. Rex tras la alambrada, un escalofrío recorría las espaldas de los espectadores. No es para menos. Tyrannosaurus rex fue seguramente la más terrible máquina de matar que jamás ha existido. Un enorme terópodo de hasta 15 m. de longitud, 6 de altura y más de 7 toneladas de peso (más que un elefante africano adulto). Tyrannosaurus rex fue el mayor de los dinosaurios carnosaurios, y sin duda el mayor de los carnívoros terrestres conocidos.

Su impresionante cabeza de 1,25 m. de longitud, estaba provista de largas hileras de afilados colmillos de unos 15 cm. El primer descubrimiento fósil de esta criatura se realizó en el oeste americano en 1902. Desde entonces se han producido multitud de hallazgos, aunque nunca se ha podido desenterrar un esqueleto completo al cien por cien de Tyrannosaurus. Gracias al descubrimiento de esqueletos completos de otros tiranosáuridos, como Tarbosaurus de Mongolia, los paleontólogos han sido capaces de hacerse una idea mucho más precisa de la postura de estos dinosaurios, a los que en un principio se reconstruyó de forma errónea, completamente erguidos sobre sus patas traseras y arrastrando la cola por el suelo.

Hoy sabemos que la pesada cola actuaba como contrapeso facilitando el equilibrio durante el movimiento, y que el cuerpo de Tyrannosaurus se mantenía regularmente en una posición inclinada, casi horizontal, como en el caso de sus parientes más pequeños, los dromeosáuridos tales como Deinonychus o Velociraptor.

En la década de 1960 la mayoría de los especialistas se inclinaban a favor de la tesis de que Tyrannosaurus rex era un carroñero de movimientos lentos y torpes, incapaz de avanzar con velocidad, debido a la estructura de su pelvis y sus patas. Este punto de vista se ha puesto últimamente en entredicho por muchos paleontólogos. Ello se basa en la amplia superficie craneana postorbitaria (la parte del cráneo que queda por detrás de los ojos), inusualmente grande y surcada de profundas irregularidades destinadas a la inserción de unos músculos mandibulares asombrosamente poderosos. Si añadimos a esto otras características como los terroríficos dientes aserrados, el cuello largo y flexible, o las grandes áreas cerebrales asociadas con los sentidos de la vista y el olfato; y si como guinda del pastel, admitimos que la posición de las órbitas dotaría a Tyrannosaurus rex de una visión binocular; no tenemos más remedio que concluir que este colosal dinosaurio era un depredador activo capaz de moverse y hasta correr con una agilidad asombrosa.


Tyrannosaurus rex debió ser una pesadilla hecha realidad para los hadrosaurios o dinosaurios herbívoros de pico de pato, que según parece, constituían su dieta principal. Los hadrosaurios vivían en manadas en los bosques norteamericanos del cretácico. Estarían siempre alerta para salir corriendo sobre sus dos patas cuando amenazara algún peligro. Probablemente Tyrannosaurus acechaba a sus presas entre los árboles. Cuando elegía a la más propicia, saltaba sobre ella cargando con la boca abierta, para asestar un mordisco mortal. El impacto lo absorberían los poderosos dientes, el enorme cráneo y el cuello musculoso del gigante.

¿Puede hacer eso con soltura un animal de sangre fría? Si observamos a los reptiles actuales, la respuesta no puede ser más que negativa. Nuestro amigo, seguramente al igual que la mayor parte de los dinosaurios evolucionados de su tiempo, debía ser homeotermo, un animal de sangre caliente, como los mamíferos y las aves. Pero esto ya es otra historia. Hablaremos de ello en otra ocasión.

La bigamia consiste en tener una mujer de sobra. La monogamia es exactamente lo mismo.  Oscar Wilde.




domingo, 26 de julio de 2020

DUDLEY FISHER, EL REY DEL SUPLEMENTO DOMINICAL



Nacido en Columbus, Ohio, en 1890, Dudley Fisher, se aficionó desde muy niño al dibujo, hasta el punto de que sus primeros trabajos aparecieron ya en una publicación escolar. Estudió arquitectura, y compaginó esta actividad con su labor de caricaturista e historietista, que ejerció para el King Features Syndicate durante la mayor parte de su carrera. Su primer gran éxito lo obtuvo en 1924 con la serie Jolly Jingles, y a partir de 1937, llegó su consagración en el mundo del cómic con la serie Right Around Home, historietas sin viñetas, a página completa, que introdujo en el suplemento dominical de los diarios. A partir de entonces, ya después de la guerra, Fisher disputó al gran Milton Caniff la supremacía  en las páginas de los domingos, que en esa época comenzaron a editarse a todo color para mayor disfrute de sus seguidores.

Estos magníficos trabajos de Dudley Fisher presentan siempre escenas costumbristas, una barbacoa en un patio de vecindad, el interior de un restaurante, el hall de un museo, un día de playa, etc., repletos de situaciones cómicas. En este caso el lector, sin el apoyo visual de las viñetas, se ve obligado a recorrer la página entera para no perderse nada de lo que está sucediendo en este o aquel rincón. Habitualmente no existen personajes fijos. La única que se repite en diferentes escenarios y ocasiones, es una muchacha llamada Myrtle, que aparece por doquier. Fisher falleció en 1951 mientras disfrutaba con su familia de unas vacaciones en la playa.
En nuestra modesta historia de la historieta os dejamos hoy un abanico de sus trabajos, en especial de aquellas abigarradas páginas completas, que caracterizaron el buen hacer de este gran artista.























jueves, 23 de julio de 2020

STEWART GRANGER, EL GRAN CAZADOR BLANCO




También es mala suerte que te llames James Stewart, que seas actor, que hagas tus pinitos en el cine, y cuando empiezan a conocerte en los platós londinenses, encuentres las carteleras de los cines y las fotos de las revistas presididas por el rostro del James Stewart americano, el genuino. Eso fue exactamente lo que le pasó a Stewart Granger, así que tuvo que cambiarse el nombre para evitar problemas.
En su primera etapa inglesa, Granger hizo de todo, primero extras, luego secundarios, y finalmente galanes románticos escudado en su porte y en sus rizos más propios de un gigoló mediterráneo que de un joven británico. Después dio el salto a Hollywood, y en los cincuenta arrasó con su porte, sus rizos y su aureola de aventurero conquistador. Fue el gran cazador blanco en Las minas del rey Salomón, un consumado espadachín en Scaramouche y un príncipe destronado en El prisionero de Zenda. Los uniformes le sentaban como un guante y lo mismo se descolgaba de una cuerda, que saltaba de un carromato en marcha con la mayor naturalidad. Parece que se resistía a ser doblado en las escenas de acción, lo que le ocasionó la molestia de sufrir varias lesiones. No obstante, su arrojo y su palmito le condujeron al lecho de algunas de las estrellas más rutilantes del momento. Tuvo un lío con Deborah Kerr y hasta un matrimonio con Jean Simmons. Se nacionalizó estadounidense y en aquella California de promisión terminó su carrera y sus días.
En Bigotini os brindamos el enlace (clic en la carátula) para visionar el trailer oficial de Las minas del rey Salomón, dirigida por Compton Bennett en 1950 y coprotagonizada por Deborah Kerr, la Venus del pelo rojo, como la llamaron por entonces. Deleitaos unos minutos con aquel apuesto Allan Quatermain, el gran explorador del África ignota, enfrentado a elefantes enloquecidos y a hordas de salvajes antropófagos.


Próxima entrega: James Mason



lunes, 20 de julio de 2020

LA ROCA Y EL MARQUÉS



El 20 de junio de 1969, el comandante Neil Armstrong y el piloto del módulo lunar Edwin F. Aldrin, ambos miembros de la misión Apolo 11, pusieron por primera vez los pies sobre la superficie de nuestro satélite.
Además de las famosas y ya tópicas frases pronunciadas, la banderita y el garbeo lunar, recogieron también algunas muestras. Una especie de contenedor sirvió para traer a la Tierra unas rocas para analizar su composición.
Poco más de un año más tarde, los días 2 y 3 de octubre de 1970, Richard Nixon, presidente de los Estados Unidos, realizó una visita de Estado a la España franquista. Se entrevistó con el entonces prometedor y joven príncipe Juan Carlos de Borbón, y por supuesto, con el viejo dictador, al que obsequió con una de las rocas lunares.

En el mismo viaje, Henry Kissinger, secretario de Estado americano, visitó al almirante Carrero, hombre fuerte del régimen y entonces virtual sucesor in pectore del liderazgo en el régimen. Tuvo también el detalle de regalarle otra piedra, de manera que, cuando concluyó aquella visita, dos de las valiosas rocas lunares quedaron en nuestro país.
Sabemos qué ocurrió con la segunda. En un principio, el almirante de las cejas pobladas utilizó la suya como pisapapeles en su despacho. Ya se sabe que tres años más tarde, el 20 de diciembre de 1973, se produjo el célebre atentado reivindicado por ETA, que acabó con la vida del entonces ya jefe del gobierno. Muy poco después, el hijo del almirante donó la piedra al museo de la Marina madrileño, y más recientemente, la pieza, que forma parte del patrimonio nacional, ha pasado a engrosar la colección del museo Geológico y Minero de la capital.

Esto es cuanto concierne a la segunda roca. Sin embargo, en lo relativo al destino de la primera, la que regaló Nixon a Franco, las cosas no están tan claras. Sólo puede asegurarse que está perdida para siempre. Una historia poco creíble relatada a un periodista por el nieto del dictador, echa la culpa del extravío a la mala cabeza de su madre, Carmen Franco, que con tanta mansión y tanto viaje, debió perderla en algún traslado.
También hay malas lenguas que hablan de un viaje a Londres del marqués de Villaverde, yerno del dictador y presunto cirujano, con la roca en el bolsillo o en algún maletín. Según esta versión, el marqués, menos extenso que el Golfo de México o que el Golfo Pérsico, pero de bastante mayor golfería que los dos juntos, la habría subastado al mejor postor. El profe Bigotini, que es español desde su más tierna infancia, se decanta por una de las dos posibles versiones. Seguro que seréis capaces de adivinar cuál es.

-Cariño, ayúdame con la quiniela: Atletic – Sevilla.
-Un 1, y quiero el divorcio.
-¿Por qué?
-Porque se ha perdido la magia entre nosotros.
-No, digo lo del Atletic.
-Ah, es que en casa son prácticamente invencibles.




sábado, 18 de julio de 2020

GONZALO DE CÉSPEDES Y MENESES, EL LIBELISTA BARROCO



Nacido en Talavera de la Reina en 1585, Gonzalo de Céspedes y Meneses, estuvo toda su vida haciéndose pasar por madrileño, lo que dio lugar a múltiples errores biográficos no resueltos hasta que ya en tiempos recientes, se impuso el rigor historiográfico. Gonzalo fue bautizado en la parroquia talaverana de San Salvador, lo mismo que sus otros nueve hermanos. El mayor de ellos, Sebastián, fue un poeta bastante notable del que se conserva alguna obra. Todos los hermanos iniciaron sus estudios primero con Leonardo de Céspedes, su padre, y después con los jesuitas de Talavera, hasta que la familia se trasladó a Madrid en 1602 o 1603.

La juventud de Gonzalo fue muy tormentosa. Varias de sus obras le llevaron a la cárcel, al destierro o le reportaron diversos disgustos. Uno de sus biógrafos cuenta que una de sus aventuras amorosas estuvo a punto de conducirle al cadalso. En 1620, tras la publicación de El español Gerardo, sufrió una condena de ocho años a galeras, pena que fue conmutada graciosamente por el rey, sustituyéndose por un destierro de diez años de la corte. Cumplió como otros muchos entonces, su destierro en Zaragoza, donde en 1622 publicó su Historia apologética sobre la postura aragonesa en el conflicto de Felipe II con su secretario Antonio Pérez, que terminó con la muerte del Justicia de Aragón. Esta publicación sentó muy mal en Madrid a los principales jerarcas del absolutismo, por lo que Céspedes tuvo que refugiarse en Lisboa. En aquel trance, el municipio zaragozano le ayudó primero con doscientas libras jaquesas y más tarde con otras cien, tras la publicación en la capital del Ebro de la segunda parte de la obra.
Durante su estancia en Lisboa, y reinando ya Felipe IV, Céspedes se congració con la monarquía mediante su Historia de Felipe IV (1631), en la que trazó un cuadro bastante favorable al conde duque de Olivares, lo que le valió no sólo el perdón real, sino el nombramiento de cronista del rey. De esta manera, sus últimos años transcurrieron en Madrid con cierta comodidad. Se casó con María de Escobar, ingresó en la Orden Tercera y falleció en 1638, siendo enterrado en el convento de la Carrera de San Jerónimo, sobre el que después se construiría el Congreso de los Diputados.


Ya hemos visto que en la obra de Gonzalo de Céspedes sobresale lo polémico. El panfleto y el libelo no le fueron ajenos. Además de las ya citadas, fue autor de Francia engañada, Francia respondida, un panfleto contra el cardenal Richelieu publicado en 1635 con el seudónimo de Gerardo Hispano, que le granjeó la enemistad de los dirigentes del país vecino y hasta algún intento de asesinato nunca bien aclarado, probablemente a cargo de agentes franceses.
Aparte de sus obras históricas y políticas, en lo literario destacaremos sus Historias peregrinas y ejemplares con el origen, fundamentos y excelencias de España, y ciudades adonde sucedieron, que se publicó en Zaragoza en 1623. Se trata de una colección de seis novelas, de tema fundamentalmente amoroso, cuya acción transcurre en diversas ciudades españolas: La constante cordobesa (Córdoba), El desdén del Alameda (Sevilla), Pachecos y Palomeques (Toledo), Sucesos trágicos de don Enrique de Silva (Lisboa), Los dos Mendozas (Madrid) y El buen celo premiado (Zaragoza), novela que contiene el que acaso sea el más ferviente elogio que jamás se haya hecho de la capital de Aragón.

El Poema trágico del español Gerardo y desengaño del amor lascivo, es obra en prosa escrita entre 1615 y 1618, durante su cautividad en prisión. Aunque no propiamente del género picaresco, el Poema trágico contiene muchos detalles que pueden acercarlo a la picaresca. Constituyó en su momento un gran éxito editorial, siendo traducido al francés, al inglés y al italiano.
Otro de sus éxitos fue la Varia fortuna del soldado Píndaro, obra a caballo entre la novela picaresca y la bizantina, en la que se insertan diversas novelas cortesanas. Es una autobiografía ficticia de un soldado, plagada de escenas tremendistas, las célebres rodomontadas o fanfarronadas militares de las que solían hacer gala muchos soldados españoles, y que durante el barroco constituyeron casi un  género por sí mismas. Por cierto que la Varia fortuna presenta grandes similitudes con la vida de Lope Ruíz, otro soldado que aquí en casa Bigotini nos es especialmente querido, y cuyas aventuras se narran en El Caminante de los Tejados, cuya lectura, como hemos hecho ya en alguna otra ocasión, os recomendamos vivamente.

Hoy traemos a nuestra biblioteca virtual la versión digital de Pachecos y Palomeques, una de las novelas breves que forma parte de su hexalogía zaragozana. Está tomada de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Haced clic en la portada y deleitaos con el barroquismo literario de su autor.

Tantas injurias y ofensas declaradas no prometían, en tan valientes hombres, menos que una terrible venganza. Gonzalo de Céspedes y Meneses. Pachecos y Palomeques.




martes, 14 de julio de 2020

ASEXUADOS: VIVIR LA VIDA SIN SEXO



Ya vimos en anteriores entregas que antes de la aparición de la reproducción sexual, bacterias, virus y otros microorganismos que se reproducen por simple división, también son capaces en ocasiones de intercambiar material genético, lo que técnicamente podría considerarse una forma primitiva de tener sexo. Algunos de estos seres microscópicos, no se limitan a esos intercambios con otros organismos de su propia especie, sino que van mucho más lejos, intercambiando genes con individuos de especies diferentes. Precisamente en esta capacidad radica la extensión de la resistencia a los antibióticos que han adquirido muchas bacterias, por ejemplo.

Vimos también que ciertas especies de plasmodium, como el toxoplasma o como el agente causal de la malaria, sólo practican el sexo en unas condiciones favorables muy determinadas, el Toxoplasma gondii en el intestino de los gatos domésticos o el p. falciparum en las tripas del mosquito anopheles. Eso parece otorgarles pocas oportunidades para el sexo. Es como si tú sólo pudieras acostarte con tu novia o con tu novio en la habitación 205 de cierto hostal de carretera.
Ciertas especies de insectos y algunos otros animales y plantas, tienen sexo una única vez en toda su vida… Pero, en fin, si te quejas de que haces el amor con poca frecuencia, fíjate lo que podrían sentir los miembros, o mejor dicho, “las miembras” de la especie Philodina roseola, un rotífero bdeloide microscópico que vive en el musgo húmedo, cuyos individuos son todas hembras sin excepción alguna, ya que todos los estudios apuntan a que eliminaron a los machos de su especie, y por lo tanto, la práctica del sexo, hace aproximadamente ¡ochenta y cinco millones de años!


Pues sí, allá por el jurásico, cuando rugían los tiranosaurios y los pequeños y primitivos mamíferos se escondían tímidamente en agujeros recónditos, las philodinas decidieron, quizá en una remota asamblea feminista, prescindir por completo de los machos en su especie. ¿Cómo se las arreglan desde entonces para reproducirse? Muy sencillo, por clonación, igual que la pobrecita oveja Dolly, pero ochenta y cinco millones de años antes.
Bueno, en realidad la clonación no es un fenómeno tan raro después de todo. A menudo se produce de forma accidental en muchas especies de reproducción sexual estricta. No hay más que fijarse en los gemelos. Los gemelos idénticos u homocigóticos proceden ambos de un único huevo fecundado o cigoto, que se divide prematuramente en dos perfectamente iguales. Desde el punto de vista biológico, el fenómeno de la clonación parece retrotraernos a épocas anteriores a la “invención” del sexo en nuestro planeta. A lo largo de la evolución no han cesado de aparecer nuevas fórmulas y nuevas soluciones, pero las anteriores perviven en el recuerdo biológico, y de vez en cuando se manifiestan como si quisieran recordarnos lo que fuimos una vez.


Así pues, no hay nada malo en una clonación ocasional, pero llevar haciéndolo nada menos que ochenta y cinco millones de años, parece al menos un poco exagerado. Philodina es un caso singular entre los eucariotas, porque se trata de un organismo eucariota, como tú y como yo, no lo olvidemos.
Los biólogos siguen investigando a este género de seres con la esperanza de encontrar alguna trampa en su mecanismo reproductivo. No sería la primera vez que esto sucede. Durante mucho tiempo se pensó que los Gastrotricos quetonónidos, que también habitan charcas y musgos, se reproducían asexualmente, hasta que observaron que producían espermatozoides, con lo que se descubrió el pastel. Otros bichos, esta vez insectos, los áfidos de la especie Tramini, pasaron durante años por ser asexuales, hasta que los científicos descubrieron que escondían a sus diminutos machos en las raíces de las plantas que les servían de vivienda. Otras mentirosas.
Pero lo cierto es que por más que se investiga, hasta ahora Philodina roseola es a todas luces un organismo próspero y asexual, el único conocido. A nuestro querido profe Bigotini la noticia le consuela mucho cuando piensa en el tiempo que lleva el pobre sin… en fin, ya sabes.

-Doctor, cada vez que estornudo, tengo un orgasmo.
-¡Vaya!, ¿y está tomando algo?
-Sí, pimienta.




sábado, 11 de julio de 2020

SUPERNOVAS Y ESTRELLAS DE NEUTRONES



En 1934 la revista Physical Review publicó un párrafo de sólo 24 líneas. Sus autores eran Fritz Zwicky y Walter Baade, de la universidad de Stanford. A pesar de su extraordinaria brevedad, el extracto contenía una ingente cantidad de novedades científicas. En palabras de Bill Bryson, aportaba la primera alusión a supernovas y a estrellas de neutrones; explicaba de forma convincente el proceso de su formación; calculaba correctamente la escala de su potencia explosiva y, a modo de prima adicional, relacionaba las explosiones de supernovas con el origen de un nuevo y misterioso fenómeno, unos rayos cósmicos recientemente descubiertos. Demasiado para un extracto tan breve. El astrofísico Kip S. Thorne calificó la comunicación como uno de los documentos más perspicaces de la historia de la física y de la astronomía.

Una supernova se origina cuando una estrella de proporciones gigantescas, mucho mayor que nuestro sol, se colapsa y explosiona, liberando en un instante la energía equivalente a 100.000 millones de soles, y ardiendo con mayor luminosidad que las demás estrellas de su galaxia juntas. Si estallasen al mismo tiempo un billón de bombas de hidrógeno, no alcanzarían ni por asomo la potencia energética de la explosión de una supernova.

Al principio de la década de 1930 los astrónomos estaban ocupados en seguir la esporádica aparición de unos puntos luminosos inexplicables. Era como si se tratara de nuevas estrellas que nacieran de repente con una luminosidad increíble. Poco antes el físico James Chadwick acababa de descubrir una nueva partícula subatómica: el neutrón. Zwicky tuvo la intuición de que los neutrones tenían mucho que ver con aquellas extrañas explosiones de luz. Y en efecto, no se equivocaba. Cuando una estrella se colapsa hasta las densidades propias de los núcleos de los átomos, el resultado es un núcleo increíblemente compactado y denso. Los átomos literalmente se aplastan unos contra otros, y sus electrones se ven empujados hacia el núcleo, formando neutrones. El resultado es una estrella de neutrones. Es como aplastar millones de toneladas de la materia más pesada, hasta reducirlas al tamaño de una cabeza de alfiler, pero con una masa extraordinariamente elevada.


El núcleo de una estrella de neutrones es tan denso que una sola cucharada de su materia pesaría del orden de 90.000 millones de kilos. Tras el colapso de semejante estrella, habría tal cantidad de energía que bastaría para provocar la mayor explosión del universo. A estas espectaculares explosiones resultantes del colapso de las estrellas de neutrones, Zwicky y Baade las llamaron supernovas. Son las extrañas luces que los astrónomos ven de vez en cuando encenderse aquí y allá en el inmenso firmamento, en las galaxias más lejanas, a veces en lugares donde la propia explosión de la supernova, señala la presencia de una galaxia hasta entonces desconocida.

Si se produjera la explosión de una supernova a 500 años luz de la Tierra, pereceríamos todos. Pero no os alarméis, afortunadamente el universo es un lugar muy espacioso. Para que se cree una supernova haría falta una estrella de una masa como veinte veces superior a la de nuestro Sol. No tenemos nada tan grande en nuestra región de la galaxia. La posible candidata más próxima es Betelheuse, que se encuentra aproximadamente a 50.000 años luz de distancia. Demasiado lejos para hacernos daño, aunque lo suficientemente cerca como para producir un estallido de luz que sería visible durante semanas.


He visto cosas que vosotros no creeriáis. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir... El replicante que interpreta Rutger Hauer en Blade Runner, de Ridley Scott.




martes, 7 de julio de 2020

BILLY DEBECK, CLÁSICO DE CLÁSICOS


William Morgan DeBeck, que firmó sus trabajos como Billy DeBeck, nació en Chicago en 1890. Era hijo de un periodista francés que cambió su apellido original Debecque por DeBeck, y de Jessie Morgan, una maestra de escuela de origen irlandés. El joven Billy estudió en la Academia de Bellas Artes de Chicago, y comenzó a dibujar profesionalmente en 1908 para el Chicago Daily News. Fichado muy pronto, como tantos grandes del cómic, por el magnate periodístico William Randolph Hearst, publicó sus dibujos a partir de 1910 en los más prestigiosos diarios de Chicago, el Herald y el Examiner. Sus trabajos, que en sus principios imitaban el estilo elegante de Gibson o incluso se inspiraban en los maestros clásicos de la pintura, fueron derivando hacia un estilo mucho más simple, que caricaturizaba a los tipos populares, monigotes con narizotas y aspecto ridículo, que fueron aceptados y aplaudidos por el público.


En 1919 DeBeck comenzó a dibujar a su personaje más célebre, Barney Google, un tío bajito obsesionado por el juego, al que le venden un jamelgo llamado Spark Plug. Pensando hacerse rico, Barney abandona a su  mujer y a su hija, y acompañado del escuálido caballo y de Sunshine, su criado negro, que también actúa como jockey, recorre el mundo de carrera en carrera y de fracaso en fracaso. Barney Google es un personaje ridículo y marginal, un indigente que se cree un potentado, pretende tratar como a sus iguales a policías y autoridades de todo tipo, para acabar casi siempre durmiendo en los calabozos. La historia representa una parodia negativa del sueño americano que, en este caso no se cumple jamás. DeBeck fue el creador de todo un género del cómic, el llamado Big food style, que más tarde recrearían genios de la talla de un Al Capp y su Li’l Abner, parodia sangrante de la América rural ultraconservadora.

En 1933, ya en plena Depresión, aparece un nuevo personaje, Snuffy Smith, un paleto de la América profunda, borrachín con un viejo sombrero raído y armado siempre de su inseparable rifle, habitante de una cabaña destartalada y esposo de una mujer que le triplica en estatura. El liante Barney Google, hombre de mundo, tratará de meter al pobre Snuffy en toda clase de líos. El gran éxito de la serie, hizo que sus derechos fueran comprados por el poderoso King Features Syndicate. La tira diaria y la página semanal originales, se multiplicaron. DeBeck no pudo dibujar a esa velocidad, de manera que intervendrán en la serie otros dos dibujantes: Fred Lasswell, algo más que un simple ayudante, puesto que también participa en los guiones, y Paul Fung, otro asistente de origen chino. Billy DeBeck falleció en 1942, y tras su muerte, Lasswell tomó las riendas de la serie.
En nuestro recorrido por la Historia del Cómic os dejamos un abanico de dibujos y páginas de este genial creador. Esperamos que os gusten tanto como a nosotros. También os brindamos el enlace con un corto de animación producido por Columbia en los años 30. Clic en la ilustración, y a disfrutar.