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jueves, 18 de julio de 2019

OTTO MESSMER, EL GATO FÉLIX Y EL TURBIO NEGOCIO DEL CÓMIC


Otto Messmer nació en West Hoboken, Nueva Jersey, en 1892. Estudió en una escuela parroquial, y desde muy joven, acaso influido por su familia, amante de los ambientes artísticos, comenzó a frecuentar los teatros de vodevil, los circos y los diarios ilustrados, donde dibujó avisos publicitarios, catálogos de moda y carteles para espectáculos. Se fascinó con las primeras películas de animación de Winsor McCay, y empezó a dibujar tiras cómicas en 1912. Poco después fue fichado por los estudios Universal para producir una película de dibujos que nunca llegó a terminarse. No obstante, su trabajo atrajo la atención de Pat Sullivan, un productor australiano afincado en América.

Messmer fue llamado a filas en 1917 para luchar en la Gran Guerra, y a su regreso en 1919, volvió al estudio de Sullivan, para quien trabajó a partir de entonces. Ese mismo año de 1919 se estrenó el cortometraje Feline Follies, que protagonizaba un simpático gato negro, el Gato Félix, en parte inspirado en la Gata Loca de Herriman. Félix estaba llamado a convertirse en el más popular personaje de animación durante las dos décadas siguientes. Hubo cierta controversia sobre la paternidad del gato, que se atribuyó Pat Sullivan, el productor. Todo indica que Félix fue por completo obra de Otto Messmer que era el creativo mientras que Sullivan se dedicaba a los negocios. No obstante, el contrato firmado con el productor obligaba al artista a dibujar las tiras cómicas de los diarios y los cortos de animación siempre con la firma de Sullivan. Esta circunstancia no se modificó ni siquiera durante el tiempo en que el productor fue encarcelado por violar a una menor. Su ausencia no influyó lo más mínimo ni en el estilo de las ilustraciones ni en los guiones, con lo que se terminó de comprobar que en efecto era Messmer el legítimo padre de la criatura.


Félix protagonizó 150 cortos hasta 1931, cuando después de fallecer Sullivan, quedó por completo a cargo de Otto Messmer. A partir de entonces el dibujante se asoció con Joseph Oriolo, nombre que sonará a los amantes del cómic por ser el creador de Casper.
Otto Messmer dejó de dibujar a Félix en 1973, y falleció en 1983. En nuestra Historia de la Historieta queremos rendir homenaje a su memoria con una selección de sus páginas y con el enlace con un corto mudo, el primero de los protagonizados por Félix, producido en 1919, hace exactamente un siglo. Haced clic en el gato animado y recrearos unos minutos con este simpático personaje y con esta producción de la prehistoria del cine de dibujos.




























martes, 16 de julio de 2019

JANE RUSSELL Y SU IMPONENTE DELANTERA



Así es. Jane Russell poseía la delantera más vistosa y contundente del Hollywood de los cuarenta y los cincuenta. Su imagen se hizo famosa incluso antes de que los espectadores la vieran en las pantallas, porque Howard Hughes, que era un lince para los negocios, lanzó una campaña publicitaria con provocativas fotos de la actriz tendida sobre un lecho de pajas y luciendo un escote tremendo. Lo hizo para promocionar su película El forajido, que coprotagonizó Jane en su primera aparición ante las cámaras. Corría 1943. Muy pronto aquella atractiva chica del pajar se convirtió en un popular icono y en un imán para las taquillas.
En la década siguiente acompañó a Marilyn Monroe en Los caballeros las prefieren rubias y en la secuela filmada dos años más tarde. Eran comedias con un guión justito, con algo de música y sobre todo con un despliegue de belleza y sex appeal a cargo de la Monroe, la Russell y una cohorte de coristas luciendo palmito y desfilando en lencería. Otro éxito de taquilla incluso antes del estreno.
Os dejamos el enlace (clic en el cartel) para visionar un montaje con algunas escenas de El forajido, con la Russell más joven y más hermosa que se recuerda.


Próxima entrega: Deanna Durbin




sábado, 13 de julio de 2019

ALEJANDRÍA EN EL ORIGEN DE LA FILOSOFÍA CRISTIANA



Pablo de Tarso tuvo la feliz iniciativa de extender el cristianismo a los gentiles y a las mujeres, lo que lo convirtió en un credo que ya a finales del segundo siglo de nuestra era se había hecho bastante popular. La doctrina cristiana se difundió principalmente entre las clases inferiores y poco instruidas. En general las personas acomodadas y cultas fueron refractarias a sus enseñanzas. Para quienes habían sido iniciados en la sutileza intelectual de los grandes filósofos griegos, las escrituras judías parecían bárbaras, las enseñanzas de Jesucristo, ingenuas, y los sermones cristianos, risibles y propios de ignorantes.

Por entonces Alejandría era la capital mundial de la filosofía, y fueron precisamente algunos de los más notables filósofos alejandrinos quienes se encargaron de cambiar esas creencias. Uno de los más activos fue Clemente, un ateniense nacido en 150 que enseñaba en Alejandría. Experto tanto en doctrina cristiana como en filosofía griega, Clemente era capaz de interpretar el cristianismo en términos filosóficos, de manera que pareciese respetable, aun cuando no siempre resultase convincente, a los griegos más instruidos. También reinterpretó la enseñanza cristiana de forma que no se presentase como un movimiento social revolucionario, aportando argumentos para demostrar que los ricos también podían alcanzar la salvación, contradiciendo el célebre adagio del camello y la aguja. Clemente fue además muy beligerante contra las doctrinas gnósticas.


Un discípulo de Clemente, Orígenes, que había nacido en la misma Alejandría hacia 185, fue si cabe aun mayor propagandista del cristianismo que su maestro. Su nombre egipcio significaba hijo de Horus, y parece que verdaderamente Orígenes hizo honor a la etimología de su nombre en cuanto a elocuencia. Fue un orador sobresaliente que se enfrentó a los filósofos paganos en pie de igualdad y hasta con ventaja. Hasta nosotros ha llegado la controversia que mantuvo con el platónico Celso, autor de un extenso tratado contra el cristianismo. La severa censura que impuso la Iglesia en los siglos siguientes acabó por hacer desaparecer aquel tratado. Afortunadamente, conocemos la mayor parte de sus argumentos precisamente gracias a Orígenes, que le replicó en otro tratado titulado Contra Celso, la defensa más completa y concienzuda del cristianismo publicada en tiempos antiguos y que esta sí, se ha conservado a lo largo de los siglos.


Así pues, Egipto, y más concretamente Alejandría, contribuyó de manera importante a la intelectualización del cristianismo y su aceptación por hombres de formación clásica. En sus primeros siglos fue Alejandría el más notable centro cristiano del mundo antiguo. Y ello a pesar de la gran influencia y popularidad tanto del culto oficial del Imperio, como de las religiones mistéricas griegas, los ritos egipcios de Isis y de Serapis, y sobre todas, el mitraísmo, religión de origen persa que constituía en la práctica una forma de culto al sol. El mitraísmo llegó a ser tan popular que cualquier observador imparcial que apareciera en la Roma del año 200 habría aventurado que el culto de Mitra y no el de Cristo se iba a convertir en la religión oficial del Imperio.
Sabemos que no fue así, sino justo al contrario, y en el triunfo del cristianismo, además de otros muchos factores que exceden la intención de nuestro breve comentario, tuvieron un peso decisivo aquellos filósofos alejandrinos y los primeros patres eclesie que esgrimiendo argumentos filosóficos, se enfrentaron a platónicos, neoplatónicos, gnósticos y el resto de defensores intelectuales de lo que se ha dado en llamar de forma un tanto imprecisa, paganismo.


Hay tres personas (hypostaseis), Padre, Hijo y Espíritu Santo; y sólo el Padre es inengendrado. Orígenes de Alejandría.



miércoles, 10 de julio de 2019

JULIA DE BURGOS. VIDA, PASIÓN Y MUERTE



Esta puertorriqueña nacida en Santa Cruz de Carolina en 1914, fue la más grande poetisa de su país. Fue la mayor de trece hermanos, estudió magisterio en San Juan y ejerció como maestra en la escuela Feijoo del barrio Cedro Arriba en Naranjito. En 1936 se afilió a las hijas de la libertad, rama femenina del Partido Nacionalista de Puerto Rico. Influenciada por Neruda y Alberti, Julia de Burgos comenzó a escribir poesía. De su obra se han publicado tres colecciones, las dos primeras en vida y la última de forma póstuma. Julia tuvo una vida amorosa intensa y apasionada. Se casó dos veces y fue amante de Juan Isidro Jimenes, médico y nieto del presidente dominicano del mismo nombre.

Vivió algún tiempo en La Habana, donde estudió latín, griego y francés. Feminista convencida, Julia mostró en muchos de sus poemas su compromiso por la liberación de la mujer, una voz rebelde y enemiga de los convencionalismos. En 1944 se trasladó a Nueva York, y allí murió diez años después, a consecuencia de una neumonía y de su inveterado alcoholismo. Cayó desmayada en la calle, y la trasladaron al hospital de Harlem en el que falleció sin ser identificada. El municipio neoyorquino la enterró bajo el nombre de Jane Doe (Juana Nadie) que usualmente se daba a los cadáveres sin identidad. Tenía sólo treinta y nueve años.


Una vida de lucha incansable que no tuvo reconocimiento sino después de su muerte, como desgraciadamente suele ocurrir en muchos casos. La Universidad de Puerto Rico le concedió un doctorado Honoris Causa en 1987. En San Juan varias escuelas y avenidas llevan su nombre. También se inauguraron en su honor la Casa Protectora Julia de Burgos, que acoge a mujeres maltratadas y el Museo de Artes y Ciencias Julia de Burgos. Hay en Manhattan un Centro Latino dedicado a su memoria, y en Harlem un Centro de Arte en su homenaje. Nuestra Biblioteca Bigotini quiere sumarse modestamente al recuerdo de esta notable poetisa y admirable mujer, proponiéndoos el enlace con la versión digital de su Poema del hijo no nacido, brevísimo pero cargado de emoción y marcado por la inconfundible huella de su autora, una mujer puertorriqueña y universal. Clic en la ilustración para acceder.


En los hombres, igual que en las naciones, si el ser siervo es no tener derechos, el ser amo es no tener conciencia. Julia de Burgos.



domingo, 7 de julio de 2019

A QUIEN DIOS NO LE DA HIJOS, EL DIABLO LE DA SOBRINOS



Un viejo aforismo que tiene mucho sentido. Así es, amigos. En el extenso reino que formamos los seres vivos, cada individuo aspira a practicar el sexo. Algunos, muy pocos, como nuestros parientes próximos los bonobos o como nosotros mismos, lo hacemos también con fines recreativos y sociales (conoces gente, se decía). Ahora bien, en la gran mayoría de especies animales el objetivo fundamental del sexo es la transmisión de los genes, de los propios genes, para que se perpetúen en los hijos. Bueno, los bonobos y las estrellas del rock, pongo por caso, lo tienen bastante fácil, pero la naturaleza está llena de seres que no encuentran pareja.


Las hembras no suelen hacer gran cosa al respecto. En casi todos los casos son los machos quienes deben tomar la iniciativa, urgidos como están por sus elevados niveles de testosterona. Las hembras se limitan a esperar a que aparezca un macho de su agrado, cosa que generalmente termina ocurriendo. ¿Y qué pasa con los machos que acaso no son lo bastante grandes o fuertes para atreverse a desafiar a un rival, o lo bastante atractivos para interesar a las hembras? La respuesta está en el grupo. Es frecuente que los machos jóvenes de muchas especies formen bandas con fines esencialmente sexuales. Lo hacen los pavos reales, desplegando sus vistosas colas en coreografías grupales que suelen atraer a un puñado de pavas. Así, en la vorágine de los encuentros, es posible que algún macho con la cola un tanto defectuosa consiga hacer algunas montas. Entre las aves, también los patos se agrupan en bandas que a veces caen sobre una pareja estable, atacando al macho y violando a la hembra de la manera más infame.

Idéntica estrategia suelen emplear los leones marinos. Un puñado de machos que todavía no han adquirido la envergadura y la madurez necesarias para tener harén propio, se precipitan en grupo sobre el de un macho alfa que a veces cuenta con un centenar de hembras para él solito. Mientras unos lo hostigan amagando pelea, otros aprovechan para copular con cuantas hembras les es posible. Coitos fugaces y violentos que muchas veces acaban en tragedia, lesiones y muerte de hembras jóvenes o crías.


Lo mismo que los marinos hacen los leones terrestres. Pequeños grupos de tres o cuatro machos jóvenes recorren la sabana africana en busca de algún grupo de hembras o bien desamparadas o bien escoltadas por un macho ya viejo, en el declive de su reinado, y acaso alguno de sus hijos demasiado joven todavía. En estos casos el comportamiento de los intrusos no puede ser más cruel. Una vez que matan o hacen huir al macho residente, se ensañan con todos los cachorros de la manada, asesinándolos. La pérdida de sus hijos desencadena en las leonas una cascada hormonal que les permite entrar de nuevo en celo, y recibir las atenciones de los nuevos dueños del harén. También los machos de chimpancé tienen la costumbre de atacar a los machos de otras tribus y asesinar a sus crías. Son comportamientos sin duda terribles y hasta reprobables desde nuestra óptica cultural, pero enormemente efectivos para el objetivo que persiguen: la perpetuación de los propios genes.


Porque en casi todas estas bandas de delincuentes sexuales existe un nexo común: todos o buena parte de sus componentes son hermanos. Eso explica que actúen de forma coordinada, y sobre todo, que algunos miembros del grupo acepten un papel no directamente sexual. Es el caso de los leones marinos que distraen al macho residente o de los pavos reales que participan en la coreografía sin llegar a copular con ninguna hembra. Si no puedes transmitir tu propia carga genética, ¿quién o quiénes poseen un ADN más similar al tuyo, prácticamente igual? Naturalmente, tus hermanos.
Estamos ante cooperaciones fraternales con fines reproductores y perpetuadores del acervo genético, digamos de la familia, la famiglia, que diría un capo mafioso juntando las yemas de los dedos en un gesto enfático. Preguntad a cualquier policía. Os confirmará que las bandas formadas por hermanos son las más peligrosas.

Dicen que el perro es el mejor amigo del hombre, pero un gato nunca le dirá a la policía dónde está la marihuana.



jueves, 4 de julio de 2019

ME PARECIÓ VER UN LINDO GATITO. ¡ES CIERTO, ES CIERTO, VÍ UN LINDO GATITO!


Salvo que hayáis nacido ayer, tenéis que recordar al simpático e ingenuo canario Twitty (Piolín en España), eternamente acechado y perseguido por el gato Silvestre, siempre empeñado en zampárselo. Silvestre, alter ego del famélico Coyote, perseguidor del Correcaminos, jamás llegaba a conseguir su propósito. Sin embargo, en la vida real, a diferencia de los cortos de animación, los gatos suelen tener un gran éxito en la caza, porque son excelentes cazadores.

El gato doméstico disputa al perro el liderazgo entre las mascotas preferidas de los humanos. Su nombre científico (felis silvestris catus) lo delata. Ya en el antiguo Egipto encontramos al gato como animal de compañía, y a pesar de ello, a pesar de tantos siglos de domesticidad, el gato conserva intacta su condición de criatura silvestris. El engañoso y ambivalente gato, sabe conquistarnos con su ronroneo y sus ocasionales caricias, para obtener un refugio seguro junto a los humanos, un plato de leche y otras comodidades dignas de un príncipe, tales como por ejemplo, el lugar de privilegio en el mejor sofá de la casa (quiénes tienen gatos saben perfectamente que no exagero ni un ápice). Pero al mismo tiempo los gatos son animales independientes que desaparecen por la gatera a veces durante horas, para satisfacer su instinto depredador.


En el post dedicado a la extinción del dodo os contaba que, junto a los marineros occidentales, contribuyeron a ella ciertos pasajeros o polizones que también viajaban en los barcos: perros, cerdos, ratas… y naturalmente gatos. Pues bien, la misma historia se ha repetido infinidad de veces en otros tantos lugares. Concretamente en América y en Australia, lugares ambos a los que los occidentales llegaron en época relativamente reciente, los gatos encontraron amplios territorios vírgenes rebosantes de presas que ni en sus peores pesadillas soñaron tener que vérselas con unos cazadores tan astutos y voraces.

En el viejo continente eurasiático existen desde hace millones de años los gatos monteses (felis silvestris a secas). Por eso los pájaros y los pequeños mamíferos de bosques y llanuras descubiertas han aprendido durante una larguísima sucesión de generaciones, a temerlos y a evitarlos. En América no ocurre lo mismo. Antes de la llegada de los europeos, el nuevo continente albergaba felinos grandes como el jaguar o el puma, que se ceñían a su nicho ecológico y capturaban presas acordes a su tamaño. El gato doméstico llegó después para ocupar el lugar correspondiente a sus características y habilidades. Las consecuencias no han podido ser más devastadoras para la fauna autóctona de aves, reptiles, anfibios, roedores y otros pequeños mamíferos.

Alan Weisman nos da cuenta en El mundo sin nosotros de la estimación aproximada de víctimas de los gatos en América. Un dato estremecedor: se calcula que en la Wisconsin rural hay alrededor de dos millones de gatos domésticos que cada año matan a un mínimo de 7,8 millones de aves. Ciertos autores como Temple y Coleman, afirman que la cifra de aves muertas podría ascender a 219 millones anuales. Y eso sólo en la Wisconsin rural. Imaginad la magnitud de la tragedia. Ocurre que, al igual que los cazadores de Clovis (véase el post de la extinción de la megafauna americana), los gatos no cazan exclusivamente para alimentarse. Nuestros amorosos y lindos gatitos, aunque estén perfectamente bien alimentados en sus hogares de acogida, matan sencillamente por el placer de matar. Deben hacerlo para seguir su instinto.
Alguien dijo que un gato nunca nos acaricia. Lo que hace es acariciarse contra nosotros. En alguna ocasión hemos afirmado aquí que el hombre es el principal depredador de los últimos quince o veinte mil años. Pues bien, el lindo gatito que duerme la siesta acostado en su regazo, no le va a la zaga.

Probablemente el animal que da más vueltas después de muerto es el pollo asado.  Woody Allen.