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miércoles, 20 de febrero de 2019

LEWIS CARROLL A TRAVÉS DEL ESPEJO



Nacido en Daresbury, Chesire, en 1832, Charles Lutwidge Dodgson, más conocido por su seudónimo Lewis Carroll, era hijo de un clérigo anglicano, intelectual y padre de una familia de clase media alta, que tuvo otros diez hijos además de Charles.
La biografía del joven Charles, futuro Lewis Carroll, ha sido objeto de multitud de especulaciones. Se han escrito comentarios, sin fundamento en una base sólida, sobre su condición de zurdo frustrado y obligado a escribir con la mano derecha, algo que el propio Carroll no mencionó ni en sus obras ni en su correspondencia. También se ha especulado sobre que sufriera abusos sexuales durante su estancia en el colegio de Rugby, basados exclusivamente en el siguiente escueto comentario del autor: …por nada de este mundo volvería de nuevo a vivir los tres años que pasé allí. Puedo decir honestamente que si hubiese estado a salvo de la molestia nocturna, la dureza de la vida diurna se me hubiera hecho, en comparación, muchísimo más soportable.

Se trasladó de Rugby a Oxford para ingresar en el Christ Church College, donde obtuvo notas extraordinarias, destacando sobre todo en matemáticas y geometría.  Adquirió también el grado eclesiástico de diácono, aunque nunca quiso ser ordenado sacerdote. A su faceta literaria, por la que se le conoce universalmente, superó en vida su otra actividad, la de fotógrafo. Lewis Carroll no solo fue uno de los pioneros de la fotografía, sino acaso el principal retratista de la Inglaterra victoriana, poseedor de estudio y laboratorio propios. Fue también profesor y conferenciante a pesar de padecer una molesta tartamudez. Mucho se ha especulado con sus supuestas tendencias pedófilas, sin otra base que el importante número de fotografías de niñas desnudas, entre otras las de las hijas del profesor Liddell, su mentor. Sus biógrafos más serios argumentan que en la cultura victoriana el desnudo infantil se veía como algo natural e inocente, que apareció incluso en gran número de postales navideñas.


También se ha supuesto que consumía estupefacientes, porque para aliviar su artritis empleaba láudano, el analgésico derivado del opio más popular en su época. El hecho de que Alicia, su más célebre personaje, mordisqueara un hongo para aumentar o disminuir de tamaño, se ha relacionado con la amanita muscaria y sus propiedades alucinógenas. En fin, por especular, incluso un trabajo de 1996 firmado por Richard Wallace, le convirtió en sospechoso de ser Jack el destripador.

En cuanto al Lewis Carroll escritor, sus obras más importantes y conocidas son sin duda Alicia en el país de las maravillas y su continuación, Alicia a través del espejo (1865 y 1872 respectivamente). También son notables sus otras obras: La caza del snark (1875), El juego de la lógica (1876), Un cuento enmarañado (1885), Silvia y Bruno (1889) y Alicia para los pequeños (1890).
En Biblioteca Bigotini os ofrecemos el enlace (clic en la ilustración) para acceder a una magnífica versión digital ilustrada de Alicia a través del espejo, donde la joven heroína se ve atrapada en un fantástico juego de simetrías. El autor nos introduce en un mundo acaso mucho más profundo que el archiconocido Wonderland de su primera obra. Por cierto que Carroll negó repetidamente que el personaje de Alicia se inspirara en la pequeña Alice Liddell, hija de su protector, modelo fotográfica y alumna suya. Recrearos un rato en el universo lógico de Lewis Carroll y en las fabulosas aventuras de su pequeña protagonista.

-He encontrado trabajo como profesor de inglés.
-¿Trabajo estable?
-No, trabajo es job; table es mesa.



domingo, 17 de febrero de 2019

SEXO CANÍBAL



Creo que está bastante extendido el conocimiento de que los ejemplares hembra de la Mantis Religiosa devoran al macho durante la cópula. Conviene matizar, primero, que no siempre es así, y, segundo, que cuando se produce este macabro banquete de bodas, generalmente la hembra no consume la totalidad del cuerpo de su compañero, sino que tiene la delicadeza de limitarse a devorar la cabeza.
En esta especie las hembras son casi el doble de grandes que los machos. Es de suponer que ellos, los pobrecillos, llegan a la novia asesina con una trágica mezcla de sentimientos. Por un lado el terror que les produce ser devorados; por otro, la libidinosa urgencia de su instinto sexual. Suelen acercarse muy poco a poco, empleando la técnica patética del muchacho posguerrista en las últimas filas de un cine de barrio. Ya sabes, la mano tímida que avanza caminando dedo a dedo a lo largo del respaldo de la butaca, el palpitante corazón que galopa queriendo salirse del pecho, y todo eso (¡qué agridulces recuerdos!).

El pobre novio Mantis se aproxima muy poco a poco, procurando camuflarse y confundirse con las hojas secas y los accidentes del terreno. Después, cuando su gigantesca chati se pone a tiro, aprovechará el menor descuido para saltar sobre ella y sujetar a duras penas sus poderosas patas delanteras, evitando a la vez el mordisco mortal de sus terribles mandíbulas, lo cual no resulta nada fácil. Se entiende que no existan ni cortejo ni preliminares. Al grano señorita. ¡Hola y adiós, que me voy! Y se va, naturalmente.

En cuanto a ella, si tiene la suerte y la habilidad de echarle mano, no solo obtendrá una merienda gratis, sino que de rebote pasará un buen rato. Ocurre que al perder la cabeza, el desgobernado sistema nervioso del macho se sume en una especie de frenesí convulsivo. El novio decapitado se convierte así en una máquina sexual capaz de prolongar la cópula varios minutos (lo que en el mundo de los insectos constituye toda una proeza).
En términos evolutivos cabe preguntarse cómo es posible que la naturaleza haya privilegiado semejante comportamiento suicida. Pudiera pensarse en buena lógica que quienes se inmolan de forma tan gratuita, tendrán menos oportunidades de transmitir su acervo genético, y por lo tanto, generación tras generación, ese tipo de comportamiento debería irse perdiendo, para dar lugar a costumbres más reposadas y sensatas.


Bien, pues no es así. Advirtamos que la de la Mantis no es la única especie que sigue estos rituales. Se han observado comportamientos similares o muy parecidos entre varias especies de araña, algún que otro escorpión y ciertos peces. La explicación de tan curioso fenómeno hay que buscarla en lo que algunos especialistas han llamado las ofrendas nupciales.
En especies con un acusado dimorfismo sexual en favor de las hembras, el modesto macho debe presentarse con algún regalo (por lo general de naturaleza gastronómica) para ser admitido en el tálamo. Así por ejemplo, ciertas arañas macho ofrecen a sus compañeras un sedoso envoltorio con su jugoso relleno de mosca, de larva, o de alguna otra víctima habitual. Mientras la voraz hembra se lo zampa, el macho aprovecha para montarla, y todos contentos. Si no anda listo y la chica se queda con hambre, el postre será él mismo, así que los casanovas de ocho patas se dan mucha prisa en terminar.
A lo largo de la evolución se favorece el que las hembras sean cada vez más voraces e insaciables, canibalismo incluido. Una hembra fecundada que haya recibido un opíparo banquete adicional, tendrá más oportunidades de sobrevivir y de criar y alimentar a su prole. En cuanto a los machos, lo que la evolución favorece es la habilidad cada vez mayor para copular y huir. Los machos más astutos y más escurridizos, probablemente consigan tener varias parejas sexuales, con lo que transmitirán más y mejor sus genes que los machos torpes.
Por lo tanto, lo que ocurre, como han observado los entomólogos más atentos, es que las hembras intentan cazar a sus amantes, y algunas veces lo consiguen; mientras que los machos intentan copular y escapar ilesos, y lo consiguen la mayor parte de las veces. Como puede verse, se trata de un juego peligroso, pero debe merecer la pena en definitiva, puesto que la misma Naturaleza (madre cruel) lo fomenta y lo consagra.


Son para comerte mejor. El lobo (que gran turrón).




miércoles, 13 de febrero de 2019

ÓRGANOS PRODIGIOSOS. EL ESPERMACETI DEL CACHALOTE



Mientras el cachalote herido iba frenando su marcha, llegamos al centro del rebaño. Ya no podíamos escapar. Por suerte, los animales nadaban en torno nuestro en lugar de atacarnos de frente. Creo que en realidad lo que estaban haciendo era tratar de proteger a sus hembras y sus crías, formando un círculo de machos, aunque no estoy seguro de ello…
Herman Melville, Moby Dick.


El cachalote común (Physeter macrocephalus), también llamado ballena de esperma, es el mayor de los odontocetos o cetáceos dentados. Desgraciadamente ya no quedan ejemplares de casi treinta metros como Moby Dick. Hoy en día es difícil encontrar machos de más de quince, aunque todavía pueden hallarse algunos cachalotes albinos. En esta especie la cabeza representa un tercio de la longitud del cuerpo. Su orificio nasal o respiradero está situado en el extremo de la cabeza. Su surtidor es inconfundible, pues no brota verticalmente como el de otros cetáceos, sino formando un ángulo característico de 45º.

Su mandíbula inferior, mucho más pequeña que la superior, está dotada de dientes, que no aparecen en el nacimiento, sino a partir de la madurez sexual. El cuerpo es compacto y robusto, y se ahúsa abruptamente en la región caudal. Las aletas laterales tienen forma de pala. El cerebro del cachalote común es casi esférico, y pesa entre 5,5 y 9,5 Kg., con independencia del sexo y del tamaño corporal. Las hembras más pequeñas pueden alcanzar un índice de encefalización comparable al de algunos simios. Como ocurre también en ciertas ballenas, a veces los cachalotes presentan restos vestigiales de los miembros posteriores.


El registro fósil indica que la familia de los cachalotes (Physeteridae) se diferenció del resto de los odontocetos en fechas relativamente recientes, concretamente en el periodo Mioceno, hace entre 7 y 26 millones de años. Estos gigantes están dotados de músculos poderosos, pero también de una considerable cantidad de grasa, que constituye más de un tercio de su peso total, y resulta imprescindible para sobrevivir a grandes profundidades en mares extremadamente fríos. Esta grasa también ha sido su perdición, pues por ella los balleneros han perseguido al cachalote común de forma implacable hasta casi exterminar la especie.

Otro de los tesoros que encierra el cachalote está en su tubo digestivo. Es el codiciado ámbar gris, compuesto por los restos indigeribles de su dieta (generalmente picos de pulpos y calamares gigantes). El ámbar gris es ingrediente habitual de los perfumes más caros y selectos. Así que, querida amiga, cuando te acuestes entre sábanas de seda con tu gotita de Chanel nº 5 detrás de cada oreja, recuerda de dónde procede tanto glamour.

El cachalote común sigue una dieta muy selectiva que prácticamente se limita a los cefalópodos. Pulpos, grandes sepias y calamares gigantes (de hasta 20 metros y 200 Kg.) son los hallazgos más comunes en el interior de alguno de sus tres estómagos. Muchos de esos calamares gigantes deben resistirse a ser cazados, a juzgar por las cicatrices, marcas y lesiones diversas que a menudo se aprecian en los cachalotes. Para capturar a sus presas son capaces de descender a profundidades que superan los 1.200 metros. En esas regiones abisales la oscuridad es casi completa y los ojos sirven de muy poco. Todo indica que la visión de los cachalotes es muy limitada. Los globos oculares son pequeños y carecen de musculatura motora, por lo que permanecen inmóviles. Si a esto añadimos que se sitúan en los laterales de la enorme cabeza, queda una amplia zona ciega correspondiente al hocico.

Acaso como compensación a esta carencia, el cachalote común posee unos asombrosos receptores del gusto. Son quimiorreceptores situados en la boca, con los que detectan pequeños cambios en la salinidad y en los componentes químicos del agua. Los cachalotes reconocen los océanos y los diferentes lugares de la geografía marítima por su sabor. Pero además el cachalote común está dotado con un órgano fantástico sin parangón entre los seres vivientes: el órgano del espermaceti. Se localiza en la parte superior de la enorme cabeza, y funciona a la vez como lente acústica para enfocar el sonido, y como regulador de la flotación a grandes profundidades. Se trata de un auténtico sonar que actúa por refracción a través de unas capas concéntricas de una sustancia muy similar a la cera, que funcionan como un ecolocalizador.


En el interior de uno de los estómagos de un ejemplar de cachalote se encontró un scymodon, pequeño tiburón ciego que habita profundidades de 3.200 metros. Es común que el sonar de los submarinos detecte cachalotes moviéndose por debajo de los 1.500 metros de profundidad. Los conductos nasales y los senos que complementan al órgano del espermaceti pueden controlar, calentando o enfriando, el grado de temperatura de la cera, que tiene un punto de fusión constante de 29º C. Al sumergirse desde las aguas cálidas de la superficie hasta profundidades más frías, el flujo de agua en los conductos sirve para refrigerar rápidamente la cera de la cabeza respecto a la temperatura del cuerpo, que es de 33,5º C. En consecuencia, la cera se solidifica, encogiéndose y aumentando enormemente la densidad de la cabeza con relación al medio acuático. Con ello se facilita el descenso, que puede producirse a velocidades vertiginosas. Al ascender, el flujo de sangre hacia los capilares de la cabeza, aumenta la temperatura, calienta la cera, e incrementa la flotabilidad, lo que proporciona un impulso ascensional asombroso.

¿No os parece fantástico? La misma Naturaleza es fantástica. En la inmortal obra de Herman Melville, el viejo y atormentado capitán Ajab emprende una lucha desigual contra el gigantesco cachalote blanco. Contra Moby Dick, encarnación monstruosa y sublime de las fuerzas desatadas de la propia Naturaleza. La empresa del capitán Ajab está por supuesto condenada al fracaso, porque la ridícula soberbia de los hombres nada puede contra la grandiosa obra natural. Sirva ello de reflexión a los sabios, y de advertencia a quienes irreflexivamente pretendan comer los frutos del árbol prohibido, y elevarse (¡pobres ilusos!) a ser algo más que simples monos sin pelo.



Ruego al digno representante de la oposición que no me interrumpa mientras le estoy interrumpiendo.  Winston Churchill.




lunes, 11 de febrero de 2019

JOAN JUNCEDA, BON SENY i BON DIBUIX



Joan García Junceda Supervía nació en Barcelona en 1881, de padre asturiano y madre aragonesa. Comenzó a dibujar muy joven, vendiendo sus ilustraciones a publicaciones de todo tipo, y destacando como ilustrador literario tanto de cuentos infantiles como de novelas para adultos. Como dibujante cómico y caricaturista colaboró con los semanarios más importantes de Barcelona como, Papitu, ¡Cu-Cut!, Picarol o En Patufet. Ilustró las Historietas ejemplares de José María Folch que aparecieron en Esquitx, y dibujó también historietas convencionales con formato de tebeo para publicaciones como La Alegría Infantil o el mismo TBO. Realizó también numerosas ilustraciones publicitarias.
Se recuerdan de manera especial sus trabajos para Bon Seny, una publicación católica que exaltaba los valores morales y cristianos catalanes, mediante fábulas, aforismos y chistes regionales. Curiosamente esta revista, absolutamente conservadora y nada sospechosa, se reeditó de forma semiclandestina en los años cincuenta, por el simple hecho de estar escrita en catalán, lo que puede dar idea de la represión que sufrió la lengua de Verdaguer durante el primer franquismo.
Joan Junceda solía firmar sus trabajos simplemente como Junceda, y algunas veces como JJ. Falleció en 1948. Hoy traemos a esta Historia del Cómic y la Ilustración, una selección de sus dibujos. Aunque necesariamente limitada, ejemplifica a la perfección el talento de este artista. Buen sentido y buen dibujo.




























viernes, 8 de febrero de 2019

RALFH BELLAMY, EL ETERNO SECUNDARIO




Acaso las únicas películas en que Ralfh Bellamy actuó como protagonista indiscutible, debieron ser las de la serie del detective Ellery Queen, que precisamente fueron las que nunca llegaron a estrenarse en España. Quizá por eso aquí lo recordamos como el eterno secundario. Fue eso sí, un secundario muy eficaz, y nos acostumbramos a ver escrito su nombre en las carteleras bajo los de la pareja protagonista, y en tamaño un poco menor que ellos. Especialmente divertida fue su participación en la inolvidable Luna Nueva que dirigió Howard Hawks en 1940. En ella el buenazo de Bellamy se pasaba casi todo el metraje esperando pacientemente a que el personaje de Rosalind Russell, su novia, terminase de discutir o de dejarse engañar por Cary Grant, que interpretaba al director de periódico más sinvergüenza de la historia.
Así que para recordar a Ralfh Bellamy no hay mejor manera que ofreceos el enlace para ver la versión original de Woman in the shadows, filme de 1934, donde el actor secunda magníficamente a la protagonista, Fay Wray, actriz muy de moda en los treinta, que como hizo casi siempre, aquí interpretaba a una damisela en apuros. Haced clic en la carátula y admirad el trabajo de la Wray y de Bellamy.

Próxima entrega: Richard Widmark





martes, 5 de febrero de 2019

SAN BENITO DE NURSIA. MONAQUISMO Y PROTOFEUDALISMO



Benito nació hacia 480 en Nursia, Umbría meridional. Era hijo de una familia de labradores acomodados. Estudió en Roma, y eligió desde muy joven la vida contemplativa y eremítica, un movimiento importado de Oriente, Egipto, Siria y Palestina, donde tiempo atrás habían proliferado los eremitas y los anacoretas. Retirado al campo, a una gruta en las cercanías de Subiaco, realizó algunos milagros notables que recoge la tradición piadosa. Allí resistió toda clase de tentaciones. Se cuenta que tras soñar con una muchacha a la que había conocido en Nursia, para combatir la tentación carnal se arrojó desnudo sobre unas matas de ortigas que inmediatamente se convirtieron en rosas.

La fama de este y otros parecidos prodigios hizo que muchos hombres piadosos llegaran hasta él, deseosos de imitar su ejemplo. Fundó Benito hasta doce monasterios en Subiaco. La dureza de la regla que instauró, no contentó a algunos monjes que incluso intentaron asesinarle, lo que le decidió a abandonar aquellos parajes. En Montecassino, sobre las ruinas de un viejo templo pagano, hizo edificar el que sería el más emblemático monasterio benedictino de Italia. El edificio se levantó venciendo hasta la oposición del mismo demonio, y Benito se instaló en él con sus monjes. Falleció en 543 a consecuencia de unas fiebres. Fue enterrado junto a su hermana Escolástica, a la que siempre estuvo muy unido. Su regla, contenida en setenta y tres capítulos, podría resumirse en la máxima ora et labora, reza y trabaja, que muy pronto se extendió por media Europa y se hizo mundialmente célebre. En la regla benedictina no hay lujos, se pasa frío y hambre, se trabaja incansablemente y se obedece, sobre todo se obedece. A quienes desobedecen está destinado el látigo y otros castigos.


Dejando aparte lo anecdótico, cabe preguntarse por qué un régimen semejante, y una existencia tan austera tuvo entre los cristianos europeos de su época y los decenios posteriores, el atractivo y el tirón que demostró. Más allá de las razones espirituales, nos detendremos un instante en un breve análisis socio-histórico.
Los oscuros años de dominación gótica desde el final del Imperio Romano, habían convertido a Italia y otros territorios de Alemania, Francia y la Gran Bretaña, allí precisamente donde iban a arraigar con mayor fuerza las fundaciones benedictinas, en un auténtico desierto de barbarie. Las sombras de los siglos oscuros se habían extendido, borrando las últimas huellas de una civilización en descomposición. En semejante escenario, el monaquismo inaugurado por San Benito desempeñó un papel decisivo en la vida económica y social de aquella Alta Edad Media. La tierra estaba sumida en el caos. Los ejércitos bárbaros habían arrasado pueblos y ciudades. Los campos quedaron despoblados y los poderes centrales, príncipes y reyes, no estaban en condiciones de hacer valer su autoridad en los diferentes territorios. Ciertos señores periféricos, precursores groseros del feudalismo, se habían transformado en instrumentos de opresión. Para escapar de las violencias y vejaciones, la población se agrupó alrededor de los monasterios, ofreciéndoles su trabajo como siervos a cambio de la protección que les brindaban sus muros.


De esta manera el monaquismo se anticipó algunos siglos al feudalismo. Los grandes conventos se transformaron en ciudades fortificadas, autárquicas, cerradas y aisladas del resto del mundo. En la práctica no había diferencia entre un abad de Montecassino y un duque longobardo. Ambos son señores absolutos, administran justicia, imponen tributos y acuñan moneda. Los monasterios ejercen el poder religioso, el civil y el militar. Sus primitivos colonos se transforman en siervos de la gleba. En sus primeros tiempos sencillamente afrontaron una emergencia. Pero abusaron de sus prerrogativas y acabaron por traicionar el espíritu evangélico que inspiró las fundaciones de San Benito. Con todo, prestaron a la Historia el mejor servicio, asegurando la salvación de la herencia cultural del mundo romano. Las bibliotecas de los grandes conventos benedictinos conservaron y nos legaron los discursos de Cicerón, las odas de Horacio, las crónicas de Tácito, y otras muchas imprescindibles riquezas culturales que de otra manera se habrían perdido irremisiblemente.

-¿Ese novio tuyo, ya te ha hablado de matrimonio?
-Pues sí, ayer me confesó que tiene mujer y dos hijos.



viernes, 1 de febrero de 2019

CERVANTES. PRISIONES, GLORIA Y MISERIAS


Miguel de Cervantes Saavedra, hijo del cirujano Rodrigo de Cervantes y de Leonor Cortinas, figura como bautizado el 9 de octubre de 1547 en la parroquia de Santa María de Alcalá de Henares. Algunos biógrafos le suponen nacido el 29 de septiembre, festividad de San Miguel, y parece verosímil porque ya entonces estaba arraigada la costumbre de imponer a los recién nacidos el santo del día. Tuvo Miguel otros dos hermanos y tres hermanas. Durante su infancia y adolescencia la familia cambió a menudo de residencia, viviendo sucesivamente en Valladolid, Córdoba, Sevilla y Madrid. Nada indica que Miguel cursara estudios que ahora llamaríamos universitarios. Por alguna referencia suya (en El coloquio de los perros) es posible que estudiara con los jesuitas en algún momento, y el catedrático de gramática Juan López de Hoyos, en un libro sobre las exequias de la reina Isabel de Valois, se refiere a Miguel de Cervantes como discípulo suyo.

En 1569 encontramos un episodio oscuro, un mandamiento judicial de 15 de septiembre de aquel año según el cual <<se ha procedido y procedió en rebeldía contra un Miguel de Cervantes, ausente, sobre razón de haber dado ciertas heridas en esta corte a Antonio de Sigura, andante en esta corte, sobre lo cual el dicho Miguel de Cervantes por los dichos nuestros alcaldes fue condenado a que, con vergüenza pública, le fuese cortada la mano derecha, y en destierro de nuestros reinos por tiempo de diez años, y en otras penas contenidas en la dicha sentencia>>. Aunque algunos sostienen que el mandamiento se refiere a otra persona, resulta significativo que Miguel se trasladara a Roma ese mismo año, y que desde allí solicitara que en Madrid se le hiciera lo que entonces se llamaba una información de limpieza de sangre, que en efecto se practicó. Tanto el viaje precipitado como el empeño en acreditar su hidalguía (algo muy útil para atenuar el rigor de las sentencias) hablan a favor de la autenticidad del lance.
En Roma recabó la protección de su pariente monseñor Gaspar de Cervantes, y del también cardenal monseñor Giulio Acquaviva, al que durante un breve espacio sirvió como camarero, una especie de secretario. En ese tiempo ingresó en la milicia, y el 7 de octubre de 1571 le encontramos luchando en Lepanto, “la más alta y gloriosa ocasión que vieron los siglos pasados ni esperan ver los venideros, militando debajo de las victoriosas banderas del hijo del rayo de la guerra, Carolo quinto, de felice recordación”. Don Juan de Austria mandaba las fuerzas española, veneciana y pontificia. La española era dirigida por el Marqués de Santa Cruz, y Miguel se encontraba en la galera Marquesa, en la compañía de su capitán Diego de Urbina que le puso al frente de un esquife con doce soldados. Se batió muy bravamente en la batalla, a pesar de hallarse enfermo de calentura, según la declaración del alférez Gabriel de Castañeda y de otros testigos de crédito. Salió herido en el pecho de un arcabuzazo, y de una mano, de que salió estropeado, herida que, aunque parece fea, él la tiene por hermosa…


Se curó en Mesina de las heridas, aunque la mano izquierda le quedó anquilosada para siempre. En 1572 se incorporó a la compañía de don Manuel Ponce de León, en el tercio de don Lope de Figueroa (el mismo que inmortalizó Calderón en El alcalde de Zalamea). Participó en las batallas navales de Navarino (Pilos del Peloponeso), la Goleta de Túnez, y otras. Después el tercio se trasladó a diferentes guarniciones en Cerdeña, Lombardía, Nápoles y Sicilia.
Regresaba a España en 1575 a bordo de la galera Sol, llevando cartas de recomendación del duque de Sessa y del mismísimo don Juan de Austria, cuando a la altura de Palamós, fueron abordados por una flotilla turca al mando del famoso corsario Arnauti Mamí, un renegado albanés. Allí fue apresado Miguel junto a Rodrigo, su hermano menor, y con los demás cautivos españoles, fue trasladado a Argelia.

En Argel fue entregado como esclavo a Dali Mamí, un moro griego subalterno de Arnauti. De los cinco penosos años en que permaneció cautivo, se conocen muchos detalles, algunos por completo fehacientes, como los que encontramos en el libro de fray Diego de Haedo Topografía e historia general de Argel (1612), y los que aportaron las informaciones de otros testigos. Otros resultan acaso más novelescos, los que relata el mismo Cervantes insertados en diversos pasajes de la Galatea, el Persiles o el Quijote, y en sus comedias Los baños de Argel y Los tratos de Argel.
Haciendo un sinfín de sacrificios, los padres consiguieron juntar dineros para pagar el rescate de sus hijos, pero resultó insuficiente para rescatar a ambos, y Miguel prefirió que se rescatara a su hermano Rodrigo. Miguel realizó hasta cuatro intentos de fuga, frustrados todos por uno u otro motivo. En todos ellos se comportó heroicamente, presentándose él solo como cabecilla de las fugas ante Hasán Bajá, su dueño en aquel tiempo, un moro veneciano que, aunque le condenó a severos castigos, acabó perdonándole gracias a los ruegos que le hicieron tanto cristianos como mahometanos, lo que nos da una idea de la calidad de la persona de Cervantes.
Finalmente quedó libre en 1580 gracias a la intervención de los padres trinitarios fray Juan Gil y fray Antonio de la Bella, que en el último momento, cuando Hasán Bajá estaba ya a punto de trasladar a Miguel a Constantinopla, consiguieron reunir suficientes dineros que añadir a los que otra vez habían mandado sus padres. Tenía treinta y tres años.

Encontró en Madrid a sus padres ya viejos, y a sus hermanas Andrea y Magdalena. Su hermano Rodrigo continuaba en la milicia, trasladado a Portugal, y otra hermana había profesado como monja en un convento. La familia estaba empobrecida por los esfuerzos para obtener el dinero de los rescates, así que Miguel se sintió obligado a conseguir algún dinero. En 1581, marchó a la corte de Felipe II, que entonces estaba en Portugal, y allí el rey le encomendó una comisión en Orán que cumplió con brevedad y eficacia. Trató después de obtener un empleo en América, que por uno u otro motivo se le negó sistemáticamente. <<Busque por acá en qué se le haga merced>>, fue la última y lacónica respuesta que recibió. Entre 1582 y 85 se conoce poco de su vida. Sabemos que en ese tiempo escribió y publicó su Galatea, la que consideró siempre su mejor obra. También por entonces tuvo una hija natural (Isabel de Saavedra) con Ana Villafranca de Rojas, casada con un tal Alonso Rodríguez. Contrajo matrimonio en 1584 con Catalina Salazar y Palacios, de diecinueve años, natural de Esquivias, donde se celebró el matrimonio.


En 1587 le encontramos en Sevilla ejerciendo de comisario de abastos bajo las órdenes de Antonio de Guevara, proveedor de las galeras reales. Recorrió gran parte de Andalucía con la misión de requisar cereales y aceite. Semejante oficio no le granjeó precisamente amigos. Se ganó varias excomuniones al embargar unas partidas de trigo de propiedad eclesiástica, y en septiembre de 1592, acusado de vender trescientas fanegas de cereal sin autorización, fue encarcelado por un corregidor de Écija en la prisión de Castro del Río. Fue declarado inocente y puesto en libertad. Pero en 1597 quebró el banco sevillano en el que Cervantes había depositado dos millones y medio de maravedíes fruto del cobro de tercias y alcábalas en el reino de Granada. Como consecuencia, fue encarcelado y en este cautiverio parece que comenzó a gestarse el Quijote. Algunos biógrafos reseñan aun otro encarcelamiento en 1602 o 1603, aunque no parece probado.

A partir de esa fecha se instaló en Valladolid con todas sus mujeres, a saber, su esposa Catalina, sus hermanas Andrea y Magdalena, su hija Isabel de Saavedra, y la pequeña Constanza, hija natural de Andrea. Sus padres habían fallecido ya. También había muerto su hermano Rodrigo como consecuencia del arcabuzazo que recibió en la batalla de las Dunas (1600). Ana Villafranca, la amante de Cervantes, también había fallecido. El ambiente en que se terminó y se publicó la primera parte del Quijote era deprimente y afrentoso como muy bien señala el profesor Martín de Riquer. Sus dos hermanas, que entonces tendrían Andrea unos sesenta años, y Magdalena cerca de cincuenta, estaban pregonadas de rameras, y se habían visto envueltas en diferentes pleitos y pendencias de honra mancillada, que se resolvieron mediante indemnizaciones de sus galanes. Su sobrina Constanza, que tendría unos treinta años, había recibido 1.400 ducados de don Pedro de Lanuza, hermano del famoso Justicia de Aragón, en reparación de la palabra de matrimonio no cumplida. Más tarde, en 1614, ya no tan joven, recibió mil reales más de un tal Gregorio de Ibarra, residente (o huido) al Perú, por parecidos motivos.

Una noche de junio de 1605, poco después de la publicación de la primera parte del Quijote, ante la puerta de la casa de Cervantes fue mortalmente herido don Gaspar de Ezpeleta, caballero navarro. Recogido por los vecinos, fue atendido durante dos días por Magdalena hasta que falleció. A pesar de que estaba claro que ni los Cervantes ni el resto de los vecinos de la casa tenían la menor relación con el crimen, un juez malicioso se empeñó en abrir un prolijo proceso, en el que se incluyeron algunas manifestaciones de diferentes personas sobre la opinión que se tenía de la familia del escritor. Declararon los testigos que en aquella casa <<entran de noche y de día algunos caballeros… de que en ello hay escándalo y murmuración, y especialmente contra un Simón Méndez, portugués, que es público y notorio que está amancebado con doña Isabel, hija del dicho Miguel de Cervantes… que el dicho Simón Méndez le había dado un faldellín que le había costado más de ducientos ducados>>.

De su mujer, Catalina de Salazar, no se tienen datos infamantes, pero sin duda debían correr habladurías poco o nada piadosas, como parece deducirse del pasaje del Quijote de Avellaneda, que en el estilo grosero que caracteriza a su desconocido autor, afirma: <<los maridos engañados se fortifican en el castillo de San Cervantes>>. A las mujeres de Miguel se las conocía tanto en Valladolid, como después en Madrid, con el apelativo despectivo de las Cervantas.
En 1606 Cervantes se trasladó con su familia a Madrid, donde se estableció definitivamente en la calle del León. En 1608 su hija Isabel se casó con don Diego Sanz del Águila, tuvo con él una hija, llamada también Isabel, enviudó pronto y volvió a casarse con Luis de Molina. Su hermana Andrea falleció en 1609, y Magdalena en 1611. Miguel quedó solo con su mujer y su sobrina Constanza.


Paradójicamente aquellos años de infamia y deshonra en que el escritor sufrió amargamente en lo personal y familiar, coincidieron con sus últimos años de vida y de gloria literaria. En 1613 aparecieron las Novelas ejemplares, en 1614 el Viaje del Parnaso, en 1615 la segunda parte del Quijote y las Comedias y entremeses, y en 1617, ya póstumamente, los Trabajos de Persiles y Sigismunda.
Murió nuestro autor más universal el 22 de abril de 1616, en su casa de la madrileña calle del León esquina a la de Francos, atendido por Catalina y Constanza, su mujer y su sobrina, que le quisieron bien, y a las que quiso tanto como a su hija Isabel y a sus hermanas Andrea y Magdalena, a las que debía su libertad, porque se sacrificaron en su juventud reuniendo dineros para su rescate. Fue enterrado sin ningún lujo en el convento de las Trinitarias Descalzas de la calle de Cantarranas. Ese mismo día moría en Stratford William Shakespeare.
Unos pocos días antes, el 19 de abril, después de recibir la extremaunción, terminó el prólogo de su Persiles con estas palabras: <<¡A Dios, gracias; a Dios, donaires; a Dios, regocijados amigos; que yo me voy muriendo, y deseando veros presto en la otra vida!>>.

Bigotini os pide humildemente perdón por haberse alargado tanto en esta nota biográfica. Sirva como atenuante la inmensa importancia del personaje, autor de la que es sin duda la mejor, mayor y más excelsa obra literaria en lengua castellana. Sirva también como compensación el enlace que os ofrecemos (clic en la portada) a la magnífica versión digital tomada de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, de su novela Rinconete y Cortadillo, una de las mejores y más célebres de las Novelas ejemplares. Entrad amigos, en el patio del seor Monipodio, pasad adelante, bailad si os place una seguirilla con maese Rincón, con su compadre Cortado el Bueno, y con sus alegres amigas la Escalanta, la Gananciosa y la Cariharta. Participad de buena gana en tan honrada asamblea y disfrutad con la lectura de la obra del gran Miguel de Cervantes.


Aprende como si fueras a vivir para siempre. Vive como si fueras a morir mañana.