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martes, 3 de diciembre de 2019

BARTOLOMÉ DE LAS CASAS INDIGENISTA Y ESCRITOR



Bartolomé de las Casas fue un sevillano cuyos biógrafos no se ponen de acuerdo en su fecha de nacimiento (1474 o 1484). Su familia, establecida en Sevilla desde la reconquista de Fernando III, era de origen francés (de Casaux), y probablemente judeoconverso. Entre sus antepasados hubo varios regidores, tesoreros, capitanes de guerra y clérigos ilustres, un deán de la catedral de Sevilla y un maestre de los Predicadores. Estudió primero en Sevilla y después en Salamanca, donde coincidió con Cristóbal Colón y probablemente lo conoció, porque un tío suyo era sacerdote en el convento de San Esteban, donde se hospedaba el navegante genovés. Otro tío de Bartolomé, Juan de la Peña, participó en el primer viaje colombino de 1492, y su propio padre junto a otro tío, se embarcó a su vez con Colón rumbo a las Indias en el segundo viaje que partió de Cádiz en septiembre de 1493. También lo hicieron sus primos Diego y Gabriel Peñaloza, que a su vuelta regalaron a Bartolomé un indio de los seiscientos que apresaron, para que le sirviera. Aquella fue la primera experiencia del joven con los indígenas americanos. No lo empleó como sirviente, sino como objeto de estudio, interesándose por su religión y por su lengua.

De manera que ya desde joven, con diez o más probablemente con veinte años, Bartolomé inició su contacto con las gentes a las que dedicaría su vida y su obra. Completó sus estudios salmantinos en 1500, y dos años más tarde se embarcó rumbo al Nuevo Mundo en Sanlúcar de Barrameda, consiguiendo en la expedición de Antonio Torres y Nicolás de Ovando, una plaza de doctrinero, nombre que se daba a los frailes legos destinados a cristianizar infieles en aquellas tierras. Desembarcó en La Española el 15 de abril de 1502.
Allí en Santo Domingo le sorprendió el terrible huracán que causó tantas muertes, entre ellas la de Francisco de Bobadilla, el primer gobernador, y casi estuvo a punto de acabar con el mismo Colón, que se salvó de milagro. No menos mortífera fue la epidemia, probablemente de cólera, que siguió al huracán. Bartolomé participó después en la guerra de La Española, la primera desarrollada en tierras americanas de que se tiene noticia. Se inició tras el ataque de unos perros de presa que habían llevado los colonos a un cacique indígena. Tras muchos muertos por ambas partes, finalizó la contienda con la victoria de Ovando. Las Casas combatió en el cacicazgo de Higüey, a las órdenes del capitán Diego Velázquez de Cuéllar. Obtuvo como premio una encomienda con numerosos indios en la villa de la Concepción de la Vega, que administró hasta 1506.


Volvió a Sevilla para recibir las órdenes menores, fue ordenado presbítero en Roma en 1507, regresó a La Española en 1508, compaginando sus tareas de doctrinero y encomendero, y cantó su primera misa en Concepción en 1510. Ese mismo año se instalaron los dominicos en la isla, primero cuatro y más tarde ocho frailes. Uno de ellos, fray Antonio de Montesinos, fue el autor del célebre Sermón de Adviento que, en términos tan valientes como elocuentes, amonestaba a los encomenderos españoles por su crueldad con los nativos. Los frailes negaron la absolución a Las Casas lo mismo que a los demás encomenderos. En esa época de firmes convicciones religiosas la condena de la Iglesia significaba la condena al infierno.
El conflicto llegó hasta la corte fernandina, donde el rey aragonés y regente castellano encargó a la Junta de Burgos (1512-1513) la redacción de las Leyes de Indias que, junto al Testamento de la reina Isabel (1505) constituyen el primer cuerpo doctrinal sobre los derechos de los indios, y por extensión, la primera legislación de la historia que puede ser calificada como defensora de los derechos humanos.


Bartolomé de las Casas acompañó a la expedición a Cuba de Pánfilo de Narváez. Allí su perfil dialogante y propagandista del cristianismo le valió entre los indios el título de behique bueno. Tras la batalla de Camagüey, y sobre todo, tras la matanza de Caonao, tuvo lugar según la mayoría de sus biógrafos, la verdadera conversión de Las Casas, que se enfrentó a Narváez en términos muy duros y renunció a sus encomiendas y repartimientos.
A partir de aquel momento, y de manera incansable, Las Casas se convirtió en el apóstol de los indios, el defensor de sus derechos. Viajó a España en varias ocasiones. No pudo entrevistarse con el rey Fernando, porque lo encontró ya moribundo, pero sí con el cardenal Cisneros y años más tarde con el emperador Carlos, que promulgó las llamadas Leyes Nuevas en 1542, estando ya muy avanzada la conquista del continente americano.
Fray Bartolomé viajó por Cuba, Nicaragua, Guatemala y Méjico, fue obispo de Chiapas. En todas partes procuró que se cumplieran las leyes que protegían a los indígenas, y hasta liberó en alguna ocasión a los indios de sus encomenderos, lo que le granjeó enemistades y disgustos, estando a punto de ser encarcelado. En toda América se fue agrandando la figura y la leyenda de aquel padre Las Casas, el defensor de los indios.


Mucho más desconocidas son sus facetas de historiador, cronista y escritor. Su obra se ha hecho imprescindible para cualquier historiador que pretenda profundizar en el periodo de la conquista americana. Entre sus escritos destacan el Memorial de remedios para las Indias (1518), Historia de Indias (1517), Apologética Historia Sumaria (1536), Del único modo de atraer a los pueblos a la verdadera religión (1537), Memorial de los remedios (1542), Treinta proposiciones muy jurídicas (1548) o Tratado sobre los indios que se han hecho esclavos (1552).
Hoy en Bigotini traemos la versión digital (clic en la portada) de su Brevísima relación de la destruición de las Indias, obra de 1552, que es probablemente la que mejor refleja las ideas y los afanes de Las Casas. Merece la pena detenerse un rato en su lectura.

…que os ofrezco a vos y a ellos al diablo. Bartolomé de las Casas.



viernes, 29 de noviembre de 2019

ORGASMO VAGINAL Y PUNTO G: MITO O REALIDAD


Ya hemos dicho otras veces que el clítoris no se limita al diminuto órgano del glande externo. Sus brazos internos, equivalentes embriológica y anatómicamente a los cuerpos cavernosos del pene, están también dotados de extraordinaria sensibilidad, lo mismo que su tronco central. Lo que nos conduce a la controversia de si realmente existen orgasmos que se produzcan exclusivamente mediante la penetración, sin intervención del clítoris.
La estimulación del interior de la vagina puede también desencadenar orgasmos. El dilema está en si dicha estimulación proviene de los nervios de la propia vagina, o si lo que consigue la penetración es estimular indirectamente los brazos internos y el tronco del clítoris.

Mayor controversia aun si cabe, gira alrededor de la existencia del llamado punto G. Quienes la defienden señalan una pequeña región de apenas un par de centímetros, situada en la cara anterior de la mucosa vaginal alta, que estaría dotada de mayor inervación, y por tanto de más profunda sensibilidad que el resto de las paredes internas de la vagina. Siguiendo este razonamiento, el punto G sería estimulado por el glande masculino durante la penetración en la posición frente a frente, también llamada del misionero, tan característica de los encuentros sexuales entre parejas de nuestra especie, lo que justificaría la disposición ligeramente curvada que adoptan la mayor parte de los penes en completa erección. Algo más complicada resultaría la estimulación manual de dicho punto, que requiere la introducción profunda de los dedos.


De los experimentos que llevaron a cabo Masters y Johnson en los sesenta (década prodigiosa también en materia de sexo, me apunta nuestro viejo profesor), parece concluirse que el clítoris es el único órgano responsable del placer, mientras que la vagina se comporta como un mero receptáculo del pene, relativamente insensible, como corresponde por otra parte a su papel de canal del parto en el alumbramiento. El movimiento feminista abrazó esta idea con entusiasmo, ya que proclamaba que la penetración, y por extensión, la intervención masculina, no son necesarias para obtener una estimulación más intensa y alcanzar el orgasmo. También destruye la absurda hipótesis freudiana de que el orgasmo clitoridiano es infantil, y el vaginal, adulto.


Estudios como los de Odile Buisson, realizados mediante sonografías, defienden que la penetración estimula la zona interna del clítoris, su tronco, y que por lo tanto el orgasmo exclusivamente vaginal no existe. Otros investigadores no niegan esta estimulación clitoridiana indirecta, pero señalan que la mucosa vaginal está dotada de sensibilidad suficiente para generar orgasmos vaginales, que algunas mujeres han descrito como menos localizados o de cuerpo entero. Señalemos a este respecto, que el clítoris sólo está inervado por el nervio pudendo, mientras que a la vagina llegan además de éste, el pélvico y el hipogástrico. En imágenes cerebrales de mujeres estimulándose el interior de la vagina, se observa la activación de zonas diferentes de la corteza cerebral a las activadas por estimulación del clítoris.

Añadamos que se han descrito orgasmos provocados por caricias en el ano, los pechos, los lóbulos de las orejas o el cuello, y los testimonios de muchas mujeres que describen los orgasmos clitoridianos y los vaginales como diferentes. Conviene tener en cuenta además, que en el orgasmo femenino influyen multitud de otros factores como el estado anímico, la ausencia de estrés, el grado de excitación, la pericia de la pareja (él o ella) o el grado de compenetración que llegue a alcanzarse. En última instancia, se sabe de mujeres practicantes de tantra yoga, que aseguran haber alcanzado el orgasmo mediante la respiración y la meditación. Estos casos extremos podrían conducirnos al error de concluir que todo esto del placer y los orgasmos es puramente mental. No es así. El componente digamos, místico, probablemente ejercerá su influencia, pero no todo es mental. Descendamos de las nubes. El aspecto fisiológico es fundamental para la inmensa mayoría tanto de mujeres como de hombres.

Procura no acercarte a una cabra por delante, a un caballo por detrás, y a un tonto por ningún lado.




martes, 26 de noviembre de 2019

PARALAJE. MIDIENDO LAS DISTANCIAS INTERESTELARES



Si estás leyendo esto en una pantalla, fíjate en cualquier objeto inmóvil que tengas en la habitación, en la pared, sobre la mesa del escritorio o en alguna estantería. Sin perder de vista el objeto elegido, levanta uno de tus dedos hasta situarlo delante de tu rostro sin moverlo. Ahora abre y cierra alternativamente uno y otro ojo. Verás que mirándolo con el ojo derecho, el objeto elegido queda a la derecha de tu dedo. Cuando mires con tu ojo izquierdo, verás el objeto a la izquierda del dedo. Si repites una y otra vez la operación con rapidez, tendrás la impresión de que tu dedo se mueve a uno y otro lado del objeto, aunque lo mantengas completamente inmóvil. Puede que no sea la primera vez que lo haces. Casi todos los niños descubren este fenómeno por si mismos. Estás experimentando el paralaje.


Hasta finales del siglo XIX el paralaje fue el único medio por el que los astrónomos podían calcular las distancias entre las estrellas. El fenómeno se debe al paso de una línea a otra de visión al observar un objeto, en el caso del ejemplo, al paso de la línea de visión del ojo derecho, a la del ojo izquierdo. Nuestros ojos distan entre sí en promedio algo más de seis centímetros. Para observar objetos lejanos, como estrellas o planetas, en lugar de tomar como referencia los seis centímetros de separación entre nuestros ojos, los científicos utilizaron el diámetro de la órbita terrestre alrededor del Sol: unos 300 millones de kilómetros. Para entender mejor el mecanismo, permitidme seguir la explicación que nos ofrece el profesor Walter Lewin en su delicioso libro Por amor a la física.

A medida que la Tierra se mueve alrededor del Sol durante un año, en una órbita (recordemos) de unos 300 millones de kilómetros de diámetro, una estrella cercana que tomemos como referencia (el dedo), se moverá ante nuestro telescopio en relación a otras estrellas más distantes. Mediremos el ángulo de paralaje entre las dos posiciones de la estrella con seis meses de diferencia. Si se toman muchas series de medidas con seis meses de diferencia entre sí, se obtienen distintos ángulos de paralaje. Fíjate en la figura.
Para simplificar, Lewin elige una estrella situada en el mismo plano que la órbita de la Tierra (conocido también como plano orbital o plano de la elíptica). Por supuesto, el principio de la medición del paralaje es válido para cualquier estrella, y no solo para las que se encuentren en el plano de la elíptica.


 Si observamos la estrella cuando la Tierra está situada en la posición 1 de su órbita alrededor del Sol, veremos la estrella proyectada sobre el fondo, en la dirección A1. Si observamos la estrella seis meses después, desde la posición 7, la veremos en la dirección A7. El ángulo marcado como a, es el mayor ángulo de paralaje posible. Si hacemos mediciones desde las posiciones 2 y 8, 3 y 9…, siempre obtendremos ángulos de paralaje menores que a. En el caso hipotético de que hiciéramos observaciones desde los puntos 4 y 10 (hipotético porque la estrella no puede verse desde la posición 10, ya que el Sol está en medio), el ángulo de paralaje llegaría incluso a ser cero.

Fíjate ahora en el ángulo formado por los puntos 1-A7. Conocemos la distancia entre 1 y 7: 300 millones de kilómetros; y conocemos el valor del ángulo a. Por lo tanto, podemos calcular fácilmente la distancia S-A, entre el Sol y la estrella. Aunque los ángulos de paralaje tomados en distintos intervalos de seis meses varían, los astrónomos hablan de paralaje de una estrella, así en singular. Se refieren a la mitad del mayor ángulo posible de paralaje. Si el ángulo de paralaje máximo fuera 2,00 segundos de arco, el paralaje sería de 1,00 segundo de arco, y la distancia a la estrella sería de 3,26 años luz (es un mero ejemplo, ya que no existe ninguna estrella tan cercana a nosotros).


Cuanto menor es el paralaje, mayor es la distancia. En el ejemplo anterior, a = 1,00 equivale a 3,26 años luz; por lo tanto, si a = 0,10 segundos de arco, la distancia será de 32,6 años luz. La estrella más cercana a nuestro Sol es Próxima Centauri. Su paralaje es de 0,76 segundos de arco; por tanto su distancia es de 4,3 años luz.
Los astrónomos deben hilar muy fino, pues un segundo de arco es algo verdaderamente muy pequeño. Imagina un círculo enorme que de una vuelta completa a la Tierra. Tendrá, por supuesto, 360 grados. Cada grado se divide en sesenta minutos de arco, y cada minuto en otros sesenta segundos. Así que en el círculo completo habrá 1.296.000 segundos de arco. Visto de otra manera, un segundo de arco equivale al diámetro de una moneda de cinco céntimos situada a 3,5 kilómetros de distancia.


La precisión en la medida es de una importancia capital. En el siglo XIX, cuando los astrónomos se aplicaron seriamente a la tarea de medir las distancias siderales, las imprecisiones eran considerables. Hoy en día, mediante satélites dotados de sistemas de alta sensibilidad, se miden paralajes con una imprecisión de apenas una milésima de segundo de arco. Para que la moneda del párrafo anterior cubra una milésima de segundo de arco, debemos situarla no a 3,5, sino a ¡3.500 kilómetros del observador!
A pesar de todo, las distancias a los objetos más lejanos de nuestro universo (galaxias y nebulosas en el límite del alcance de los radiotelescopios más potentes) son tan abrumadoras que las imprecisiones o errores de medida llegan a ser de decenas o incluso centenares de miles de años luz. Si a ello añadimos el singular detalle de que todos los objetos del universo se alejan entre sí a velocidades directamente proporcionales a sus distancias, os haréis una idea de la enorme dificultad que entraña medir esas distancias. Un día de estos hablaremos de ese vertiginoso alejamiento. Os aconsejo mientas tanto mirar el cielo nocturno, viajar con la imaginación a otros mundos y apreciar en todo su valor, el privilegio de formar parte de ese universo inmenso y fantástico.

La Tierra es plana, y cualquiera que rechace esta afirmación, es un blasfemo que merece ser castigado.  Abdel-Aziz ibn Baaz (máxima autoridad religiosa de Arabia Saudí en 1993).




sábado, 23 de noviembre de 2019

PAUL TERRY Y LOS TERRYTOONS



Nacido en San Mateo, California, en 1887, Paul Terry se crió en San Francisco, donde comenzó a trabajar en diarios locales como fotógrafo y caricaturista a partir de 1904. Después de ver en el cine el cortometraje de dibujos Gertie el dinosaurio, de Winsor McCay, en 1914, quedó fascinado por aquella novedosa forma de expresión, y sólo unos meses más tarde, en 1915, produjo con medios muy precarios su propio corto, que vendió a una compañía.
Decepcionado porque su nombre ni siquiera aparecía en los créditos, creó su propia empresa en 1917, Paul Terry Productions, donde produjo un puñado de cortometrajes con el granjero Al Falfa como protagonista, que tuvieron gran éxito.
Tras el paréntesis de la Gran Guerra, se asoció con los Estudios Van Beuren, hasta que tras una fuerte discusión, se separó de su socio en 1929 para fundar la compañía Terrytoons, con la que consiguió situarse en el mercado de la animación firmando un contrato con la 20th Century Fox por el que se proyectaba un corto de Terrytoons antes de cada película de la Fox. La época de mayor éxito de Terry transcurrió entre 1930 y 1960, años en los que produjo cientos de cortometrajes animados con personajes tan populares como Super Ratón, Las urracas parlanchinas o el Ganso Gandy.

En el terreno del cómic, se imprimieron tiras y álbumes de todos sus personajes, si bien Paul Terry nunca participó personalmente en ellos, delegando siempre en dibujantes contratados. Conviene puntualizar que, a diferencia de otros patronos del cómic, al menos tuvo la decencia de no obligarles a firmar sus trabajos como Paul Terry, sino con la marca genérica Terrytoons. Los niños españoles los conocimos a través de la editorial mexicana Novaro.
Super Ratón, llamado en inglés Mighty Mouse, el ratón poderoso, sin duda su personaje más popular, surgió como una sátira de Supermán, con argumentos y guiones que parodiaban los viejos  seriales melodramáticos del cine mudo, con la ratoncita indefensa raptada por el malvado gato archienemigo del protagonista. Más tarde, en la década de los 80, el animador Ralph Bakhi produjo para televisión Las nuevas aventuras del Super Ratón, con dibujos, animación y guiones de mayor calidad que los originales.
Disfrutad de la creatividad de Terry con este abanico de trabajos que os dejamos aquí, pero antes deleitaos con un cortometraje de Super Ratón de 1951. Clic en la imagen.























martes, 19 de noviembre de 2019

ANNE BAXTER, LA MUCHACHA QUE QUISO SER ACTRIZ




Aquella princesa egipcia enamorada de Moisés-Charlton Heston en Los diez mandamientos, era Anne Baxter, una muchacha de la mejor sociedad neoyorquina que desde muy joven quiso ser actriz y lo consiguió.
Fue la estrella de la Fox y después de la MGM. Deslumbró a crítica y público en Eva al desnudo, en estrecha competencia nada menos que con Bette Davis, que entonces era la indiscutible reina de los platós.
Aprobó con buena nota el paso siempre difícil para las actrices, de los papeles románticos de juventud a los dramáticos de mujer madura, y supo dar la réplica a Glenn Ford en la cumbre de su carrera. Estuvo a punto de ser Rebecca, pero fue Anne Baxter. No se conformó con ser una estrella, quiso ser actriz y fue una grandísima actriz.
Para recordarla como merece, os proponemos hoy en enlace con un breve montaje de música e imágenes que le rinde tributo. Clic en la imagen y disfrutad de su recuerdo.

Próxima entrega: Dana Andrews



viernes, 15 de noviembre de 2019

CRETA, LA PRIMERA CIVILIZACIÓN EUROPEA



Hace casi cinco mil años, cuando en Europa no brillaba siquiera el más remoto fuego de la civilización, la isla mediterránea de Creta estaba poblada por unas gentes prósperas que viajaban por mar, visitando los puertos de Egipto, Fenicia, Asia Menor, las islas griegas y el continente; construían templos y palacios, practicaban deportes, celebraban fiestas y producían hermosas obras de arte y objetos artísticos. Hasta hace poco más de un siglo, sólo se conocían de Creta las viejas leyendas y algunos versos homéricos que hablaban del héroe ateniense Teseo, y de cómo en Creta acabó con el minotauro, monstruo medio toro y medio humano, morador del inextricable laberinto, un dédalo de pasadizos construido para ocultar al mundo la vergüenza de aquel engendro fruto de la lascivia de su madre, la reina Pasifae, esposa de Minos, el soberano cretense.

Evans fue el primer arqueólogo que, atraído por ciertas antigüedades halladas en Grecia que contenían una escritura indescifrable, recaló en la isla y realizó los primeros descubrimientos de aquella vieja civilización que por convención, recibió el nombre de minoica en honor al mítico rey Minos. Atraídos a su vez por los descubrimientos de Evans, arqueólogos de todo el mundo iniciaron otras excavaciones, y de las entrañas de aquella tierra surgieron monumentos y testimonios de aquella antigua civilización cretense.
Aun hoy se discute el origen de esas gentes. Unos consideraron que provenían de Asia, otros que de Egipto. Recientes investigaciones que han analizado el ADN mitocondrial de los restos humanos exhumados, parecen apuntar a un origen europeo.


En cualquier caso, fue aquella la primera civilización que floreció en un territorio europeo, alcanzó altas cimas  e influyó decisivamente en las posteriores de Grecia e Italia.
Fue en Creta donde Licurgo y Solón, los dos más grandes legisladores de la Antigüedad, buscaron el modelo de sus Constituciones, donde nació la música coral que adoptaría Esparta, donde vivieron y trabajaron Dipeno y Chili, los primeros maestros de la escultura…
Los especialistas dividen la civilización minoica en tres eras, y cada una de ellas en tres periodos. Distinciones tan sutiles superan el ámbito y la intención de nuestro modesto foro divulgador, así que nos contentaremos con ofrecer algunos de los principales rasgos de la vida de esos cretenses que vivieron hace más de cuatro mil años. Por el modo en que son representados en sus pinturas y bajorrelieves, los cretenses eran gentes más bien de baja estatura, delgadas y esbeltas, lo que se corresponde también con el análisis de los restos óseos hallados en sus tumbas. Si nos atenemos a las representaciones pictóricas, los hombres tenían la piel bronceada, hasta el punto de ser llamados foinikes por los griegos, término que podría traducirse como pieles rojas.


Sin embargo, curiosamente las mujeres aparecen representadas como criaturas pálidas. Puesto que podemos descartar que hombres y mujeres pertenecieran a razas diferentes, debemos concluir que o bien las féminas tenían costumbre de protegerse del sol, o bien que el ideal femenino de los artistas incluía la palidez entre los rasgos deseables. Los varones se tocaban en ocasiones con una especie de turbantes y las damas con sombreros que muy bien pudieran competir con los más sofisticados tocados de tiempos recientes. Ellas lucían túnicas estrechamente ceñidas en la cintura, y en muchas representaciones aparecen con los pechos desnudos y prominentes, maquillados los pezones igual que los ojos y los labios. Una de las jóvenes representadas se presenta tan coqueta y provocativa, que hasta los severos arqueólogos, abandonando su proverbial austeridad, tuvieron la frívola ocurrencia de llamarla La parisienne.


En sus primeros tiempos Creta debió estar dividida en varios estados o reinos que guerreaban entre sí con frecuencia. Pero en un momento de su historia, un personaje más hábil o más fuerte que los demás, redujo a sumisión a los rivales y unificó la isla bajo su férula, proclamando como capital a Cnosos, su ciudad. No sabemos a ciencia cierta si el término Minos es el nombre personal de aquel soberano concreto, o si se trata más bien de un título honorífico como el de César entre los romanos. Sólo podemos afirmar que quien ejecutó aquella obra de unificación, y a quien la leyenda atribuye a Pasífae como esposa y a Ariadna como hija, con todas las desdichas que el funesto destino le tenía reservadas, vivió y reinó trece siglos antes de Cristo.


Si damos crédito a Homero, Creta gozaba el esplendor de nada menos que cien ciudades, la mítica y afortunada Creta hecapolítica. Algunas de aquellas ciudades competían con Cnosos en cuanto a población, desarrollo y riqueza. Festo, en la costa sur, era el gran puerto donde se concentraba el comercio marítimo con Egipto. Palaikastro era la ciudad donde residían los cretenses adinerados. Gurnia era el centro manufacturero en que trabajaban la mayoría de los artesanos y artistas. Hagia Triada era la residencia estival del rey y del gobierno, según demuestran los hallazgos arqueológicos. Las viviendas eran de dos, de tres, y hasta de cinco plantas, con escaleras interiores, pinturas y bajorrelieves. Por ellos sabemos de la afición de los varones al ajedrez o algún juego de tablas similar, y de las señoras a las labores de aguja y al tejido. Las pinturas dejan también constancia de la afición de los cretenses a la caza con perros lebreles, al pugilato, y hasta a la tauromaquia, actividad, deporte o rito religioso (quién sabe), en la que participaban jóvenes de ambos sexos. Hay también testimonios gráficos de desfiles o procesiones.


Los cretenses, como los primitivos habitantes del resto del área mediterránea,  rendían culto a la Diosa Madre, representada muchas veces con serpientes. Aparece posteriormente otra deidad masculina, probablemente autóctona, que historiadores grecolatinos ya en época helenística, identificaron erróneamente con Vulcano. Más verosímil parece identificarlo con el griego Posidón, señor del mar, las tempestades y los terremotos, que hace temblar la tierra y se asocia al caballo y al toro, animal este último omnipresente en el arte minoico.
Pero a pesar de tan egregios protectores, la civilización minoica sucumbió y Creta resultó literalmente arrasada como demuestran sus restos arqueológicos. No conocemos a ciencia cierta cuáles pudieron ser las causas de la ruina y el trágico final de la dichosa Creta Hecapolítica, un pueblo de guerreros, navegantes y pintores.


Cabe preguntarse si se trató de un terremoto o alguna otra catástrofe natural. Los testimonios hallados en sus ruinas hablan a favor de causas repentinas. No hubo una decadencia progresiva, sino que todo acabó abruptamente. En Bigotini, donde nos distinguimos por una confianza en la bondad humana manifiestamente mejorable, nos inclinamos por la respuesta de la invasión. Una invasión de aqueos, pueblo bárbaro que acaso un siglo y medio antes había caído sobre el Peloponeso desde la montañosa Tesalia. Jinetes armados con lanzas y escudos de bronce, centauros que conforme avanzaban hacia el sur se iban impregnando algo de civilización, aunque sin desprenderse nunca de su ferocidad guerrera y su sed de conquista. En Creta lo destruyeron todo, hasta el idioma que cuando Minos no era precisamente el griego como demuestran las enigmáticas inscripciones que tanto asombraron a Evans. Fue Creta la primera civilización europea, y Minos fue nuestro primer ilustre conciudadano.
Hasta aquí los datos históricos. Si os interesa profundizar en el mito de Teseo y en la minotauromaquia, os dejo el siguiente enlace con la historia que compuso cierto bardo o aedo más descarado aun que nuestro viejo profe:


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