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domingo, 9 de diciembre de 2018

ROSALIND RUSSELL, UNA DAMA DIVERTIDA




Rosalind Russell, una de las damas más elegantes de Hollywood, comenzó su carrera dramática allí donde se fraguan los éxitos de los grandes intérpretes, sobre las tablas de los escenarios neoyorquinos. En el luminoso Broadway de los años veinte la Russell se hizo un nombre en las carteleras y un lugar en el estrellado cielo de las actrices de talento. Luego llegarían los platós californianos del Hollywood de la edad dorada. En los treinta fue subiendo peldaño a peldaño hasta alcanzar la cima en aquella inolvidable Mujeres del inolvidable Cukor, junto a Norma Shearer, junto a Olivia de Havilland, junto a Joan Crawford, entronizada entre las mejores de su tiempo, entre las reinas de la pantalla...
Y después de aquella apoteosis, Rosalind Russell nos obsequió con Luna Nueva, monumental obra de Howard Hawks, donde la Russell se mostró como una diosa: elegante, pícara, decidida y divertidísima, dando la réplica con solvencia a aquel Cary Grant que ya entonces se hallaba en la cúspide de la comedia. Algo inolvidable.
Aquí en casa Bigotini adoramos a Rosalind Russell. Os dejamos un enlace (clic en la imagen) para disfrutar unos minutos de un montaje en música e imágenes de sus mejores momentos ante las cámaras. Que os aproveche.

Próxima entrega: Hedy Lamarr



miércoles, 5 de diciembre de 2018

PROYECTO ISLERO, EL SUEÑO ATÓMICO DE FRANCO


Cuando en 1956, tras la independencia de Marruecos, se creó cierta tensión entre el recién nacido reino magrebí y la España franquista, nació el embrión de aquel casi desconocido Proyecto Islero (por el toro que mató a Manolete), que fue llevado en secreto por sus principales actores. Fueron el propio dictador y el mariscal Carrero Blanco, que ya entonces comenzaba a ser su principal hombre de confianza, quienes encargaron a Guillermo Velarde, brillante ingeniero y oficial del ejército del aire, los trabajos que condujeran nada menos que a obtener la bomba atómica. Si tales trabajos hubieran llegado a término, la España del general se habría convertido en la quinta potencia atómica tras los Estados Unidos, la URSS, Francia y la República Popular China.
La ventaja inicial es que no se partía por completo de cero. Apenas unos meses antes, en 1955, Franco había firmado con USA un acuerdo de cooperación nuclear dentro del programa Átomos para la Paz, que permitiría al régimen inaugurar el Centro de Energía Nuclear Juan Vigón en la Ciudad Universitaria madrileña.


Los trabajos progresaron a buen ritmo. Velarde cuenta en sus memorias que los diferentes equipos participantes no se conocían entre sí, y desconocían también el objetivo final. Con una asombrosa intuición, los ingenieros españoles apostaron por el plutonio enriquecido como materia prima. El plutonio-239, que representa casi el 95% de una bomba atómica de esta base, podía conseguirse en un reactor pequeño con un coste relativamente bajo. Velarde confiaba plenamente en la capacidad de los miembros de su equipo, y confiaba con razón. Además el proyecto se benefició de una providencial e inesperada ayuda del cielo. En 1966 se produjo el célebre accidente de Palomares, en el que una imprudente maniobra de los aviones americanos hizo caer en la costa almeriense varias bombas nucleares. Lo que pudo haber sido una gran tragedia, quedó en un simple susto del que la opinión pública recordaría años después el propagandístico baño de Manuel Fraga. Lo cierto es que antes de que los militares estadounidenses llegaran a la zona, los buceadores españoles consiguieron sacar a la superficie un conjunto de materiales y mecanismos que resultaron esenciales para completar el proyecto.


Velarde estaba seguro entonces de poder concluir el encargo con éxito en muy pocos meses, cuando ese mismo año de 1966 recibió del caudillo la orden expresa de posponer indefinidamente el proyecto. Franco estaba convencido de que antes o después sería imposible mantenerlo en secreto, y literalmente España no estaba en condiciones de soportar otras sanciones económicas. Permitió, eso sí, que las investigaciones siguieran adelante desligadas de las Fuerzas Armadas, y por el momento se comprometió a no firmar ningún acuerdo internacional para prohibir las armas nucleares. Cuando en julio de 1968 medio centenar de países firmaron el Tratado de No Proliferación Nuclear, España no estuvo entre ellos. En la Junta de Energía Nuclear (JEN) se instaló el primer reactor nuclear capaz de producir plutonio enriquecido, y comenzó a producirlo apenas unas semanas más tarde. En la central de Vandellós, de tecnología francesa, se podría obtener plutonio en mayores cantidades. En 1971, por orden expresa del general Díez Alegría, entonces jefe del Alto Estado Mayor, y respaldo decidido del mariscal Carrero Blanco, el hombre fuerte del agonizante régimen franquista, el Proyecto Islero puso en marcha su fase final. La idea de una España nuclear iba tomando forma, y se barajaba la opción del desierto del Sahara, para realizar las primeras pruebas.


Dos años después, en 1973, Carrero Blanco fue elevado por Franco al cargo de presidente del Gobierno, y al final de ese mismo año, el 20-D de 1973, fue elevado de muy distinta manera a los cielos madrileños con vehículo y todo. Todo el mundo recuerda la proximidad del lugar del atentado a la embajada americana, tan fuertemente custodiada. Se ha especulado mucho con la idea, si no de la participación activa, si al menos del consentimiento tácito por parte de la CIA de la actividad de los etarras cavando túneles en el barrio durante meses. Lo que acaso ha pasado más inadvertido es el hecho de que la jornada anterior a la muerte de Carrero, el mariscal mantuvo una larguísima y tensa entrevista con Henry Kissinger, el secretario de Estado norteamericano. En ella la cuestión nuclear se trató extensamente, sin que ambos interlocutores pudieran llegar a ningún acuerdo. Ate cabos quien tenga afición a las conspiraciones.


Tras el vuelo de Carrero y la muerte de Franco el Proyecto siguió aun adelante. Primero con la bendición de Carlos Arias Navarro, se consiguió que el Centro de Investigación Nuclear de Soria estuviera en condiciones de fabricar 140 kilos de plutonio al año, cantidad suficiente para construir veintitrés bombas. Ya en la Transición, y a pesar de las presiones que se produjeron durante la presidencia de Jimmy Carter, Adolfo Suárez siguió patrocinando discretamente el Proyecto. Las presiones internacionales (fundamentalmente americanas) se incrementaron con la amenaza de inspeccionar el reactor de Vandellós 1. El golpe de Estado del 23-F de 1981, terminó de dar la puntilla al revoltoso Islero. Un mes después del golpe el gobierno de Calvo Sotelo aceptó las condiciones de Estados Unidos y sometió sus instalaciones nucleares al control de la Agencia Internacional de la Energía Atómica. Ya en 1987, durante el gobierno de Felipe González, España firmó finalmente el Tratado de No Proliferación, como parte de su integración en la Comunidad Económica Europea. Islero fue enganchado a las mulillas y arrastrado camino del desolladero. Concluyó así la aventura nuclear española. Murió el sueño atómico de Franco. Nuestro profe Bigotini, que no es partidario de enriquecer plutonio y no es capaz de enriquecer ni siquiera su patética cuenta corriente, se consuela enriqueciendo sus guisos con algún concentrado de caldo. Amigos, ¡cuán admirable es la modestia de los grandes hombres!

Nadie puede calcular cuántas idioteces de los políticos se habrán evitado por falta de dinero. Enrique Jardiel Poncela.



sábado, 1 de diciembre de 2018

CHARLES BUKOWSKI, LA MALDICIÓN DEL ESCRITOR MALDITO




Todo eso de los artistas y poetas malditos y del malditismo, son tópicos que se han usado hasta el abuso, a veces sin demasiado fundamento. Pero si alguien merece que se le aplique el adjetivo, ese alguien es sin duda Charles Bukowski.
Nació en Alemania en 1920 de madre alemana y padre norteamericano que llegó a Europa en la Gran Guerra. Cuando tenía tres años, la familia se trasladó a California, y en Los Ángeles transcurrió el resto de la vida de nuestro hombre. Su nombre original era Heinrich Karl Bukowski, pero en América comenzaron a llamarle Henry o Charles, y este último nombre fue el que siempre eligió para firmar sus obras. Inició estudios de arte, periodismo y literatura, sin llegar a terminar ninguna licenciatura. A los veinticuatro años consiguió a duras penas que se publicaran un par de sus relatos, y desalentado por las enormes dificultades que encontraba, desistió durante mucho tiempo de escribir.


Vagó unos años por el país, realizando trabajos esporádicos, consumiendo grandes cantidades de alcohol y malviviendo en pensiones baratas, hasta que en los cincuenta obtuvo un empleo de cartero en el servicio postal. Siguió bebiendo, se casó, se divorció, tuvo una hija con su siguiente pareja, comenzó a publicar algún que otro relato en la prensa independiente, hasta que con casi cincuenta años, se decidió a abandonar su empleo para dedicarse por entero a la literatura, cuando en 1969 el editor de Black Sparrow Press le aseguró cien dólares mensuales. Entre volverme loco en la oficina de correos o morir de hambre, he decidido morir de hambre, anunció, y se dedicó a escribir a tiempo completo. Aquel Bukowski ya casi viejo y alcohólico se convirtió en un autor sorprendentemente prolífico, dejando una obra en apenas veinte años, sus últimos veinte años, que muchos otros escritores no han producido en sesenta.



Poesía erótico-pornográfica; novelas como La senda del perdedor o Pulp; ensayos como Escritos de un viejo indecente, Hijo de Satanás, Erecciones, eyaculaciones, exhibiciones o La máquina de follar, le convirtieron en un escritor de culto entre los lectores de aquella América psicodélica y hippie de los setenta. Llenó centenares de páginas en las revistas underground, y un gurú de la cultura alternativa como el dibujante Robert Crumb, lo convirtió en su héroe de la vida real.
Bukowski vivió igual que escribió. Aparecía en las entrevistas y los reportajes con su eterna botella, desnudo o metiendo mano a su novia. Fue el mayor pornógrafo y el autor más censurado y prohibido de su generación. Todo un provocador consciente de su labor provocadora y social.

Hoy os brindamos el enlace para acceder a la versión digital de su relato El principiante. Clic en la ilustración y listo. No sé vosotros, pero aquí en Bigotini no nos escandalizamos por cualquier cosilla. Así que viva Bukowski, vivan sus cuentos inmorales y viva el vino (¿no es esto lo que dijo una vez Rajoy?). Bueno, pues eso.

Todo hombre debe creer en algo. Yo creo que tomaré otro trago.



miércoles, 28 de noviembre de 2018

COPLILLAS ATEAS


Bajo este título incluimos una serie de ripios pretendidamente humorísticos, cuyo denominador común son los agravios que sufre la mujer por parte de la religión. Se recuerda el caso de aquel imán (por cierto, tan poco atrayente) de Fuengirola que en 2005 editó un manual o folleto en el que instruía a los maridos para corregir a palos a sus esposas sin dejar huellas que les incriminaran. Se alude luego a la homilía del arzobispo de Granada en la que decía que no debería recriminarse al violador de una mujer que hubiera abortado voluntariamente. También se recuerda el caso de una pequeña africana de apenas un año, a la que su familia mutiló los genitales en Alcañiz. Por último, se glosa la machacona insistencia de la Biblia en subrayar la inferioridad y subordinación de la mujer respecto del varón, tachándola siempre de sucia, impura y abominable. El benévolo lector sabrá disculpar nuestra torpeza poética.


En Fuengirola cierto imán ha dado
con la musul-receta más sencilla
para disciplinar a la costilla,
sin tener que pasar por el juzgado.
Si tu mujer se ducha y se maquilla,
sale de casa sola y sin el velo,
se va de compras o se tiñe el pelo,
una tunda le irá de maravilla.
Pero lo malo es que con el camelo
de tanta democracia y tanta tontería,
podrías verte en la comisaría
de la Diagonal o el Paralelo.
Siguiendo la instrucción de la sharía,
con una fina vara de avellano
le azotas en la palma de la mano,
de forma que ni marca quedaría.
Si persiste en vivir a lo cristiano,
le azotas en las plantas de los pies
con una regla plana de ciprés,
y volverá a su credo musulmano.
Con las hembras, hermano, ya lo ves,
funciona el tanto pegas, tanto vales.
Está el secreto en no dejar señales,
recuerda que no estás en Marrakech.
*************************************
El señor arzobispo de Granada,
en un sermón contra las abortistas
las tachó de asesinas, terroristas,
de turba demoníaca y alienada.
Cargó también contra esas feministas
que animan a abortar a las mocitas,
a las casadas, las separaditas,
las divorciadas y las pensionistas.
Clamó por todas las criaturitas
privadas del derecho de nacer,
por quienes anteponen el placer,
a la sacratissíma maternitas.
Dijo: quien tenga gana de joder,
absténgase de hacerlo con condón,
que no es más que un recurso facilón,
para eludir el rol de la mujer.
El fin de la mujer y del varón
es copular a pelo y procrear.
No vale fornicar por fornicar,
ni hacerse tortillera o maricón.
Así que si os da por abortar,
no vengáis luego con reclamaciones.
Habéis obrado como unos zorrones,
y si os violan, no os podéis quejar.
***********************************
En Alcañiz, provincia de Teruel,
a una niña pequeñita y africana
le practicaron la ablación clitoridiana,
de la manera más salvaje y más cruel.
Aunque parezca una práctica inhumana,
dicen los padres de la criatura,
no es más que manifestación de la cultura,
y la costumbre religiosa musulmana.
No es una moda ni es una locura,
que es costumbre de mucha tradición
en Nigeria, en Tanzania y en Gabón,
y pronto lo será en Extremadura.
Con una hoja afilada de latón
se corta ese muñón de carnecica,
y de esta forma fácil e “higienica”,
tenemos rematada la ablación.
Y nada de antisépticos ni arnica.
Un trapo seco detiene la sangría,
y si hay dolor o fiebre al tercer día,
se empapa con orín o salivica.
Servirá la ablación de garantía
cuando la chica sea casadera,
pues no encontrará un hombre que la quiera,
si conserva el botón de la alegría.
**********************************
A Adán prometió el Señor:
tú dominarás la Tierra,
y a Eva anunció: mira perra,
tú parirás con dolor.
La enseñanza que esto encierra
es que el macho a dirigir,
y la mujer a parir
hijos, para ir a la guerra.
El hombre podrá elegir
esposas cuantas él quiera,
mas a la mujer ligera,
lapidadla hasta morir.
Yahveh habló de esta manera:
sangre y flujo impuros son,
impura es la menstruación,
sucia es la mujer entera.
Con tanta prohibición,
suciedades e impureza,
te llevará de cabeza
hacer purificación.
Por eso, ten la certeza
mujer, tus lamentaciones
les importan tres cojones
al moro en su fortaleza,
a budistas, a cristianos,
a judíos y a paganos,
a los santos y santones,
a ministros y a ladrones,
a ángeles y a querubines,
a beatos y a serafines,
a los obispos, al papa,
y al cura de Villarrapa.


La ignorancia es el pozo que te sumerge en la servidumbre. La educación es la escala que te eleva a la libertad. Diego Luis Córdoba.





domingo, 25 de noviembre de 2018

LOUIS PROUST, EL QUÍMICO VOLADOR



Nacido en Angers en 1754, Joseph Louis Proust fue francés de nacimiento y español de adopción. Adquirió los primeros conocimientos de botánica y farmacología en la farmacia de su padre y en el jardín botánico de su localidad natal. A los veintiún años obtuvo la plaza de farmacéutico jefe en el hospital de la Salpétrière de París. Allí tuvo oportunidad de frecuentar al gran químico Lavoisier, que lo tomó bajo su protección. A los treinta años realizó junto a su colega Rozier una de las primeras ascensiones en globo aerostático, en presencia del rey francés Luis XVI y de Gustavo III de Suecia.
Cuando en España la Real Sociedad Vascongada de Amigos del País, instaló unos laboratorios de química y metalurgia considerados los más modernos y mejor dotados de su tiempo, Proust fue contratado para impartir clases de química en esas instalaciones del Real Seminario de Vergara. Poco más tarde, recomendado por Lavoisier, Carlos III le encargó la enseñanza de química en el Real Colegio de Artillería del Alcázar de Segovia, donde permanecería hasta 1806.


Fue en este escenario segoviano donde Proust maduró y enunció la Ley de las proporciones definidas, destinada a convertirse en uno de los imprescindibles fundamentos de la química moderna. Este principio básico establece que todas las sustancias se combinan en proporciones determinadas y constantes. Sirvió de base nada menos que a la Teoría Atómica de Dalton, e inspiraría los trabajos de Amedeo Avogadro o de Dimitri Mendeleyev, entre otros, así que Proust y su ley constituyen uno de los pilares fundamentales de la ciencia.
También en España y en 1792, puso en juego Proust su experiencia en la construcción y manejo de globos aerostáticos, para realizar los primeros vuelos con fines militares de que se tiene noticia en la Historia. En Segovia, y en presencia de Carlos IV y del muy ilustrado conde de Aranda, tuvo lugar el reconocimiento aéreo de las defensas de unas baterías artilleras situadas en El Escorial. Esto sucedió un siglo antes de la creación del Servicio de Aerostación del Ejercito, y junto a Louis Proust que dirigió las operaciones, es de justicia citar a los oficiales Pedro Fuertes, Manuel Gutiérrez, César González, y los cadetes Gesualdo Sahajosa y Pascual Gayangos, todos ellos pioneros de la aeronáutica española y mundial.


En 1799 colaboró Proust en la fundación de los Anales de Ciencias Naturales, considerada la primera revista científica española. Cabe también destacar sus trabajos sobre el refinado del azúcar, y la demostración de la presencia de glucosa, tanto en la caña azucarera como en las uvas o la miel. En su academia de Segovia creó y enriqueció una importante biblioteca científica que desgraciadamente resultó destruida durante la invasión francesa, lo mismo que el magnífico laboratorio de la institución. Viajó a Francia por motivos familiares en 1806, de donde ya no pudo regresar tras declararse la guerra. Falleció en su ciudad natal de Angers en 1826.
Nos complace recordar desde nuestra atalaya divulgadora la figura y el talento de Louis Proust, uno de los gigantes de la ciencia a quien acaso no se ha hecho suficiente justicia.

Hace años llegué a este país sin cinco centavos. Hoy puedo decir orgulloso que tengo cinco centavos. Groucho Marx.



jueves, 22 de noviembre de 2018

J. NORMAN LYND Y EL AMERICAN WAY OF LIFE



John Norman Lynd nació en Northwood, Ohio, en 1878. Era hijo de John Lynd, un ministro de la iglesia presbiteriana que junto a su esposa Belle y el pequeño Norman se trasladó a Irlanda del Norte en un acto insólito de emigración justo al revés de como solía hacerse en aquel tiempo. Imagine el lector a las flotas de infinitos navíos que hacían el trayecto de Irlanda a América, preguntándose ¿pero adónde van esos en dirección contraria?
El caso es que Norman pasó en Londonderry, la capital del Ulster, su infancia y su juventud, y en 1907, cuando casi tenía treinta años, regresó a Estados Unidos, concretamente a Nueva York, en compañía de su hermano Ralph. Al parecer Norman Lynd ya era dibujante en Irlanda, aunque de aquella etapa no han quedado testimonios. Así que poco después de desembarcar en la gran manzana, comenzó a dibujar ilustraciones y tiras cómicas para el New York Herald y otras publicaciones gráficas.


En 1927 siendo ya un hombre maduro que se había labrado una sólida reputación profesional, tomó el relevo nada menos que de Frank Godwin, uno de los grandes del cómic, para encargarse de dibujar la página Viñetas de la vida, una de las favoritas de los lectores americanos. Lynd recogió el testigo de Godwin con gran solvencia, pues sus dibujos y su humor no eran en nada inferiores a los del gran maestro. Continuó con las Viñetas hasta 1938 o 39, en que fichó por el King Features Sindicate para encargarse de dibujar su nueva serie que tituló Retratos de familia. J. Norman Lynd falleció en 1942 víctima de un infarto.
En cuanto a su trabajo diremos que Lynd fue lo que podría llamarse un ilustrador costumbrista. Sus viñetas y sus tiras reflejaron a la perfección el american way of life, esa forma de vida americana que ha llegado a sernos tan familiar incluso fuera de América, gracias al cine, la televisión, y por supuesto también en parte al cómic. Muy probablemente su inocente mirada de emigrante irlandés contribuyó a la frescura y la chispa que destilaron sus chistes y sus dibujos. Hoy traemos a nuestra atípica Historia de la historieta un puñado de trabajos de este excelente ilustrador cómico. Esperamos que os agraden tanto como a nosotros.


























lunes, 19 de noviembre de 2018

MERVYN LeROY. EL SUEÑO AMERICANO




Esa vieja pero mil veces renovada utopía de que América es el país de las oportunidades, se cumplió con creces en el caso de Mervyn LeRoy, un chico judío y listo que, empezando desde lo más bajo, llegó a instalarse en la cima de aquel Hollywood de casi inalcanzables cumbres en su edad dorada. De muchacho vendió periódicos, cantó en tugurios, y en la industria del cine comenzó barriendo los platós, para acabar dirigiendo o produciendo casi un centenar de películas, algunos de los filmes más exitosos de la Warner o la MGM.
Se desenvolvió con idéntica soltura en la comedia, el drama, el musical, el género negro o el cine bélico. Dirigió a las principales estrellas a lo largo de cuatro décadas, y a él se deben descubrimientos tan importantes como los de Lana Turner, Robert Mitchum o hasta el del mismísimo Clark Gable, todavía en la etapa muda. Incluso se atrevió con un peplum del calibre de Quo Vadis, donde no faltaban romanos en minifalda, leones, cristianos ni el emperador Nerón tocando la lira. Los historiadores se rasgaron las vestiduras al contemplar en cinemascope tanto anacronismo junto, pero no importó, porque los cines se llenaron a rebosar, la película batió todos los registros de recaudación, y por si fuera poco, hizo llorar a medio planeta que emocionado, veía incendiarse Roma, y hasta crucificar a San Pedro.
Como homenaje al gigantesco hombre de cine que fue Mervyn LeRoy, os brindamos el enlace para un montaje de música e imágenes sobre Waterloo Bridge, melodrama protagonizado por Vivien Leigh y Robert Taylor, que dirigió nuestro hombre para la Metro en 1940. De fondo, nada menos que la voz de Barbra Streisand, así que clic en la carátula y a disfrutar.

Próxima entrega: Rosalind Russell