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martes, 22 de octubre de 2019

JOSÉ DE CAÑIZARES Y SUS MÁGICAS COMEDIAS



José de Cañizares y Suárez nació en Madrid en 1676. Era hijo de judíos conversos emigrados de La Mancha a la corte. Comenzó a los veinte años su carrera literaria componiendo obras a imitación de Lope de Vega, de quien llegó a refundir alguna comedia. Existen documentos que le sitúan en la milicia, concretamente como capitán de coraceros en 1711, pero su paso por las armas fue fugaz, porque poco después entró al servicio del duque de Osuna, a cuyo mecenazgo se acogió de allí en adelante.
Protegido por tan alto príncipe, Cañizares accedió a puestos importantes como el de Fiscal de Comedias de la Corte y Compositor de Letras Sagradas de la Real Capilla. Se casó por dos veces, enviudó otras tantas, y se lió con una actriz (representanta, se decía entonces) apodada la Gallega. Murió también en Madrid, en 1750.

En cuanto a su obra literaria, en su caso dramática, que como sabéis es lo que nos interesa, Cañizares fue uno de los más prolíficos e importantes dramaturgos de la primera mitad del XVIII. Con más de un centenar de piezas entre melodramas, comedias de santos, comedias de figurón, burlescas, mojigangas y hasta parodias. Pero sus dos géneros favoritos, de los que puede considerársele precursor, fueron las llamadas comedias de magia y las zarzuelas, algunas musicadas por Sebastián Durón y otras por el genial Antonio de Literes o José de Nebra, autores cumbre del barroco español. Destacaremos entre sus piezas musicales Acis y Galatea, zarzuela compuesta y versificada a imitación de la entonces en boga ópera ligera italiana, que se estrenó en palacio con motivo del cumpleaños de Felipe V y fue representada en otros escenarios con gran éxito.


Sus célebres comedias de magia, le reportaron pingües beneficios, pues se convirtieron en muy populares por su gran espectacularidad. Cañizares introdujo sobre las tablas nuevos y variados artificios, como fumarolas, trampillas, escenarios móviles y hasta giratorios, que hicieron las delicias de un público acostumbrado hasta entonces simplemente a ver declamar a los actores parados en la escena. Destacan en este género sus comedias de la serie de Don Juan de la Espina, El asombro de Francia, Marta la Romarantina, El asombro de Jerez, Juana la Rabicortona, El anillo de Giges y mágico rey de Lidia
Otros títulos célebres fueron Amor aumenta el valor, Angélica y Merodo, Entremés de Bartolo Tarasca, El niño inocente de La Guardia, La ilustre fregona, Salir el amor del Mundo o El pastelero de Madrigal, rey don Sebastián fingido.
En nuestra Biblioteca Bigotini os brindamos el enlace a la versión digital de El Dómine Lucas, una de las comedias más representativas y representadas de José de Cañizares. Haced clic en la portada para acceder. Y para los melómanos, he aquí otro enlace para su ópera o zarzuela Acis y Galatea, libreto de Cañizares y música de Antonio de Literes. Disfrutad.


El verdadero pariente si sabe serlo de veras, es el amigo. José de Cañizares.




viernes, 18 de octubre de 2019

EL CLÍTORIS DE LA PRINCESA


A propósito del orgasmo femenino y la eterna cuestión de los orgasmos vaginales versus los clitoridianos, merece la pena desempolvar la vieja historia de la princesa Marie Bonaparte, a quien su círculo más íntimo conocía por Mimí.
Mimí no era precisamente una joven vulgar. Era muy hermosa. Era también sobrina nieta de Napoleón Bonaparte por vía paterna, y por parte de madre, nieta del fundador del casino de Montecarlo. Se casó (la casaron) en 1907 con el príncipe Jorge de Grecia, tío abuelo de la hasta hace poco reina Sofía. Al principio de su matrimonio, Marie descubrió que su alteza era homosexual. Jorge solía acostarse con un tío suyo, el príncipe Waldemar de Dinamarca. El danés estaba casado a su vez con otra princesa, María de Orleans, una pintora aficionada además de a la pintura, a la morfina y al travestismo. Como puede verse, una tropa interesante. Al parecer Jorge de Grecia, haciendo de tripas corazón, visitaba alguna que otra noche a su reciente esposa, exclusivamente con el objetivo procreativo que le exigía su condición de príncipe, pero sin poner demasiado interés en la frustrada joven.


Pues bien, nuestra Marie o Mimí, mujer de recursos y no muy conforme con su inesperada condición de célibe, buscó el amor entre los brazos de su sobrino, precisamente el hijo mayor de Waldemar y la de Orleans. Como aquella relación no terminó de satisfacerla, siguió buscando tenazmente en brazos de otros amantes la felicidad que se le negaba, pero no terminó de hallarla.
Marie descubrió que siendo penetrada nunca o rara vez alcanzaba el orgasmo, mientras que si se masturbaba estimulando el clítoris,  obtenía el clímax sin mayor dificultad. Hace un siglo no había sexólogos a quienes consultar el problema, pero la princesa no carecía de ingenio e iniciativa. Dio en suponer que acaso su clítoris quedaba demasiado alejado de su vagina, así que con la ayuda de su médico personal inició un peculiar estudio. Midió la distancia entre el clítoris y la vagina de 243 mujeres. No era una muestra demasiado amplia, pero sí lo bastante para confirmar o refutar su hipótesis.


Halló que un 10% de las mujeres investigadas eran mesoclitoridianas, con el clítoris situado a unos 2,5 cm de la uretra. Otra minoría de mujeres eran lo que llamó teleclitoridianas, en las que la distancia clítoris-uretra era significativamente mayor de 2,5 cm. Por último, la mayoría de las mujeres que estudió serían paraclitoridianas, con el clítoris visiblemente más cercano a la uretra. Tal como intuía la princesa, estas últimas alcanzaban el orgasmo con facilidad al ser penetradas, mientras que, cuanto más alejado estaba el clítoris de la uretra, y por lo tanto más aún del introito vaginal, mayor dificultad tenían en llegar al orgasmo y más insatisfactorias resultaban sus relaciones. Marie Bonaparte publicó sus resultados en 1924 con el seudónimo de A. E. Narjani en una revista científica belga llamada Bruxelles Medical, donde concluía que efectivamente, existía una relación inversa entre la frecuencia de orgasmos durante el coito y la distancia del clítoris.

Cuando en 1940 el investigador estadounidense Carney Landis intentó replicar el estudio, que juzgaba una frivolidad, con una muestra esta vez amplia de pacientes, encontró la misma correlación. Modernamente, en 2011, Wallen y Lloyd revisaron los datos de Bonaparte y Landis, con métodos estadísticos actuales, y publicaron un artículo en la revista Hormones and Behaviour concluyendo que en efecto, la distancia entre clítoris y vagina podría ser uno de los varios factores implicados en la frecuencia de orgasmos durante el coito.

Bueno, así que después de todo Marie Bonaparte estaba en lo cierto, por lo que desde Bigotini nos descubrimos ante esta mujer tenaz y extraordinaria. Por cierto, no fue esta su única contribución a la ciencia. Años más tarde, en la década de los treinta, la princesa y su marido utilizaron sus influencias para librar nada menos que a Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, del siniestro destino que le deparaban los nazis por su condición de judío. Pero en fin, esa es ya otra historia que nada tiene que ver con nuestros pequeños relatos sobre sexo.

Aquella chica se masturbaba frotando con tanto entusiasmo, que su clítoris terminó por concederle tres deseos.



martes, 15 de octubre de 2019

FÓSILES VIVIENTES: EL CELACANTO Y LOS PECES PULMONADOS



No constituye ninguna novedad que el continente australiano ha sido durante millones de años una reserva biológica. En su aislamiento austral, una multitud de especies animales y vegetales ha evolucionado sin entrar en contacto con el resto del planeta. Muchas de esas especies representan auténticas reliquias. En Australia se han mantenido fórmulas evolutivas ya superadas en otros continentes, lo que ha hecho de aquellas tierras una verdadera reserva de fósiles vivientes. Por eso no sorprendió demasiado a los naturalistas del siglo XIX un asombroso hallazgo en el territorio de Queensland (Australia nororiental).


En 1869 un colono recién llegado llamado Forster, comentó en una conversación casual con el naturalista Gerard Krefft, la existencia de un extraño pez que los aborígenes llamaban barramunda, y los colonos blancos conocían como salmón del río Burnett. La descripción del animal fue tan sugestiva, que excitó la curiosidad de Krefft hasta el punto de que Forster le hizo llegar a los pocos días varios ejemplares en un barril de salmuera (con los medios de la época era prácticamente imposible mantenerlos vivos).

Los ejemplares, de alrededor de metro y medio de longitud, no defraudaron las esperanzas de Krefft. Tal como había dicho el colono, los peces tenían cuatro aletas ventrales, carnosas y fuertes, que daban la impresión de ser cuatro patas rudimentarias. Pero la sorpresa fue mayúscula al diseccionar los peces. Además de branquias, aquellos bichos tenían un solo pulmón tan auténtico y aparentemente tan funcional, como el de los animales terrestres. Eso y sus cuatro patas incipientes, le habría permitido realizar cortos desplazamientos fuera del agua. Krefft bautizó el espécimen como Neoceratodus forsteri, conocido en el ámbito científico como pez pulmonado australiano.


Este género Neoceratodus resultó ser el más arcaico de los peces pulmonados. En el resto del mundo existen otros dos géneros: Lepidosiren en Suramérica, que cuenta también con una sola especie viva, y Protopterus en África, del que se conocen cuatro especies. Tanto los africanos como los americanos tienen dos pulmones, lo que convierte al pez australiano en el pionero en cuanto a respiración pulmonar. Durante casi un siglo Neoceratodus forsteri ha sido considerado el ejemplo viviente de la transición entre los vertebrados acuáticos y sus descendientes los vertebrados terrestres.

Pero en 1938 se produjo un nuevo descubrimiento que, además de conmocionar al mundo de la zoología y la biología, desposeyó de su título al salmón del Burnett. Ese año J. L. B. Smith describió por vez primera un pez hallado por los pescadores de la costa oriental sudafricana. Recibió el nombre científico de Latimeria chalumnae. El nombre genérico (Latimeria) se adoptó en homenaje a Marjorie Courtenay-Latimer, la entonces conservadora del museo de East-London. El nombre específico (chalumnae) alude al río Chaluma, en cuya desembocadura fue cobrado el primer ejemplar.


Latimeria chalumnae, más conocido por su nombre vulgar de celacanto, puede alcanzar 2 metros de longitud y hasta 90 kilos de peso. Está cubierto de unas escamas inusualmente grandes, y posee cuatro aletas lobuladas y carnosas, también recubiertas de escamas, que se mueven alternativamente, “como las patas de un caballo trotando”, según una sugestiva descripción. Se trata de un depredador eficacísimo, dotado de un órgano facial electro-sensor, que le ayuda a detectar a sus presas. A diferencia de los peces pulmonados de hábitat fluvial, el celacanto es un habitante de las profundidades marinas. De día ocupa cuevas situadas a 150, 300 y hasta 700 metros bajo la superficie. De noche asciende para alimentarse de peces de los arrecifes, y es este el único momento en que puede ser apresado por las redes de los pescadores.

La reproducción de celacanto es ovovivípara, con fecundación interna. Tras una larga gestación (13 meses), las hembras paren entre 5 y 25 crías tan bien desarrolladas, que no precisan cuidados parentales, y se las arreglan por su cuenta. Desde 1938 se han hallado otras especies del género, distribuidas por la costa oriental africana (Kenia, Tanzania, Mozambique, Madagascar…). Algunas de ellas presentan bioluminiscencia propia de las criaturas abisales. En fecha tan reciente como 1998 fue descubierta una nueva especie de celacanto más oriental en las islas Célebes (Indonesia). Recibió el nombre de Latimeria menadoensis. En el mapa que acompaña a estas líneas podéis apreciar la distribución geográfica del género. Si tenéis curiosidad por ver imágenes del pez en su medio natural, os dejo también este enlace de vídeo:


Celacanto se originó en el periodo devónico, hace entre 350 y 400 millones de años. Antes de su sorprendente hallazgo con vida, se habían encontrado algunos ejemplares fósiles, ninguno de ellos posterior a la era de los dinosaurios, por lo que se consideraba extinguido desde hace unos 65 millones de años. Podéis imaginar por lo tanto, el asombro que produjo una “resurrección” tan fantástica como inesperada. Hace muy poco, en abril de 2013, un artículo publicado en la revista Nature anunciaba que había sido descifrado su genoma. El ADN de celacanto contiene unos 3.000 millones de bases, lo que lo hace comparable en extensión al genoma humano. Los genetistas han encontrado en él pistas muy valiosas de cómo los vertebrados evolucionaron para conquistar la tierra firme. Si recordáis nuestro post titulado cinco lobitos, os hablé en él de ichthyostega, un firme candidato a ser el antepasado común que compartimos todos los vertebrados terrestres. Pues bien, todo parece situar a celacanto como un antepasado directo de ichthyostega, y por lo tanto, también nuestro.


Por qué celacanto se ha conservado prácticamente idéntico a sí mismo, generación tras generación, durante tantos millones de años, es un formidable misterio que tal vez algún día llegue a ser desentrañado. Los genetistas que han estudiado su ADN apuntan a que su ritmo de mutación (promedio de mutaciones por número de divisiones celulares) es anormalmente bajo. Esta característica sitúa a celacanto en el grupo de ciertos animales como cocodrilos, tortugas o tiburones, y en última instancia explicaría por qué apenas han cambiado en todo este tiempo, mientras florecían por doquier nuevas clases y nuevos órdenes de animales, y se desplazaban los continentes.

Permitidme para terminar una pequeña nota cinéfila. Ya sabéis quienes seguís el blog que a menudo aderezo los artículos con alguna referencia a viejas películas. Quizá os sorprenda saber que existe un film donde aparece un celacanto, y que no se produjo en Hollywood ni pertenece al género de la ciencia-ficción o la fantasía. Se trata de una comedia española de 1961 dirigida por Antonio Momplet y protagonizada por Conchita Velasco y Tony Leblanc. Su título es Julia y el celacanto. En el equipo de guionistas figuraba nada menos que Noel Clarasó, un histórico de la revista La Codorniz. Se desarrolla en un pueblecito de pescadores del levante español, donde un buen día pescan… pues si, un celacanto. Julia, el personaje que interpreta Concha Velasco, es la única que comprende la importancia del hallazgo… La película pasó por los cines con más pena que gloria, y que yo sepa, no ha sido repuesta en televisión, pero, creedme, es bastante más digna que muchas de esas con las que nos martirizan a la menor oportunidad.


Todo lo que soy se lo debo a mi bisabuelo. Si aun estuviera vivo, todo el mundo hablaría de él. ¿Por qué? Pues porque si viviera tendría ciento cuarenta años.  Groucho Marx.



sábado, 12 de octubre de 2019

WEBSTER. EL TRIUNFO DEL HUMOR INTELIGENTE



Harold Tucker Webster, que firmó sus trabajos como H.T, Webster o simplemente Webster, nació en 1885 en Parkersburg, Virginia, y se crió en una pequeña población de Wisconsin llamada Tomahawk, donde su padre regentaba un modesto establecimiento. Siendo aún un adolescente se trasladó a Chicago, para estudiar pintura en el estudio de Frank Holmes, que en esa época gozaba de muy buena reputación, pues el joven Webster tenía una gran vocación artística. Para su desgracia la escuela cerró a las pocas semanas de ingresar en ella, de manera que el muchacho se vio obligado a ser autodidacta en lo artístico, y a ganarse la vida en aquella populosa y enorme Chicago, una jungla de asfalto, prodigiosa Babel en la que aquel muchacho de pueblo se sintió abrumado.
Viajó a Denver, donde encontró trabajo como dibujante en el Denver Republican, modesto rival local del más prestigioso Denver Post. El director del Post, viendo los primeros trabajos del joven Webster, lo fichó ofreciéndole quince dólares semanales, toda una fortuna comparada con el dólar con cincuenta que cobraba en el Republican.
Su agudo y sutil humor, que algunos han comparado al de Mark Twain, le granjeó el éxito y el reconocimiento de los lectores americanos. En los años siguientes dibujó sátiras políticas para el Chicago Inter Ocean, una publicación de viajes, y para el Cincinnati Post. Después de realizar un viaje alrededor del mundo, Webster ingresó en 1912 en la nómina del New York Tibune.

Además de la sátira política y los temas de actualidad, terminada la Gran Guerra, se centró en la crítica social y el análisis de lo cotidiano. Tuvo varias series de éxito, pero la más importante fue sin duda la titulada The Timid Soul, que protagonizó un peculiar personaje bautizado por su autor como Caspar Milquetoast. El apellido deriva de la expresión milk toast, una tostada de leche condensada que se había convertido en un desayuno muy popular y en una especie de metáfora de lo sencillo, por lo que se aplicaba a personas simples.
Mr. Milquetoast es un buen hombre, extremadamente tímido, pero muy agudo observador y muy atinado en sus opiniones siempre cargadas de bondad y sentido común. Hay quienes han comparado al personaje y su peculiar humor con Tom Sawyer por su inocente sinceridad, o incluso con Don Quijote. Es en todo caso, uno de los grandes de los primeros tiempos del cómic.

Webster falleció en 1952. Traemos hoy a nuestra modesta Historia del Cómic, su recuerdo y algunas muestras de su enorme talento y su fino sentido del humor.





















miércoles, 9 de octubre de 2019

VAN JOHNSON, AQUEL SOLDADO RUBIO



El rostro rubicundo y pecoso de Van Johnson se hizo enormemente popular durante los cuarenta y los cincuenta. Era uno de esos actores todoterreno que lo mismo son capaces de protagonizar una escena de amor con Liz Taylor, como de marcarse un baile acrobático en un musical.
Frank Capra le tenía por un buen actor. A otros simplemente les parecía simpático… Lo cierto es que se hartó de hacer secundarios, hasta convertirse en uno de los tipos más populares de la MGM, productora a la que fue fiel durante la mayor parte de su carrera cinematográfica.
La Guerra le convirtió en una especie de prototipo del soldado americano. Desde 1942, fecha en que los americanos entraron en la contienda, Johnson probablemente vistió en la pantalla toda la variedad de uniformes de los USA. Fue marine, fue paracaidista, aviador… Luchó en las junglas de Borneo, navegó en barcos y en submarinos, pilotó bombarderos y liberó ciudades europeas, muriendo unas cuantas veces, siendo herido muchas más y sonriendo casi siempre con aquella cara de buen muchacho americano blanco que tenía. Después se dedicó a hacer televisión para consumo exclusivamente nacional, y terminamos olvidándole en el resto del mundo.
Os dejamos el enlace para visionar una selección de música e imágenes de Van Johnson. Haced clic en el retrato y disfrutad unos minutos el recuerdo de este actor casi olvidado.

  
Próxima entrega: Gary Cooper




sábado, 5 de octubre de 2019

FILOSOFÍA RELIGIOSA Y ATEÍSMO EN EL PERIODO HELENÍSTICO


Atenea

El periodo helenístico fue una época de lucha religiosa entre las tendencias positivas y las escépticas. Combatían por una parte el Pórtico y el Jardín de Epicuro, representantes de la tendencia positiva, y por la otra, la Academia, que representaba el escepticismo.
Era característico de la época helenística una especie de romanticismo que añoraba el pasado glorioso de la vieja patria y el apego a los dioses a quienes dedicaban la poesía y el resto de las artes. También muchos filósofos deseaban servirlos con vehemencia, y lo hicieron inventando pruebas de su existencia. Se basaron para ello en dos argumentos: el primero, llamado  ex consensu gentium, es decir, tanta gente no puede equivocarse, hay altares, luego hay dioses. El segundo argumento o prueba cosmológico-teológica, sostenía que la perfecta organización del universo y la naturaleza no puede ser sino obra de los designios de los dioses, una línea argumental que han mantenido y aún insisten en mantener algunos creyentes hasta tiempos bien recientes.

Epicuro
Epicuro sólo admitía la primera prueba, la del consentimiento general, y concedía a los dioses dos cualidades fundamentales expresadas con los epítetos, dioses inmortales y dioses bienhechores. Sostenía que los dioses habitaban los espacios cósmicos entre los mundos (metakosmia intermundia). Si los dioses son dichosos, no pueden ocuparse de los hombres, porque el cuidado y la felicidad son incompatibles. Por consecuencia, no hay Providencia divina (pronoia providentia). Los hombres deben honrar y admirar a los dioses, pero no pueden en ningún caso esperar castigo ni recompensa alguna. Esto ayuda a comprender por qué los epicúreos pasaban por ateos a menudo.

El estoicismo admitía las dos pruebas y se apoyaba particularmente en la segunda. La Providencia divina se encuentra en el centro mismo de la filosofía religiosa estoica. Heráclito explicaba que la divinidad era el alma razonable y ardiente del Universo. Todo proviene de ella, todo está contenido en ella, y todo vuelve a penetrar en ella mediante la purificación permanente del fuego. Como puede observarse, los estoicos profesaban una suerte de panteísmo religioso. El estoicismo defendía la adivinación y algunas otras prácticas que aún en su tiempo se consideraban ya supersticiosas. Cuando la astrología se consagró como una ciencia generalmente admitida, a falta de la auténtica ciencia tal como hoy la concebimos, sus ingeniosos métodos hallaron un terreno abonado entre los estoicos. La predestinación y la fatalidad se hicieron sitio. Ya en el siglo I, Posidonio, un estoico romanizado y erudito, relanzó la astrología y otros medios de adivinación entre las élites cultas del Imperio.


Adversaria de las dos teorías positivas, epicureísmo y estoicismo, se mostró la Academia, desde que el fogoso Arcesilao se convirtió en su líder. Apartándose del camino seguido por Platón, no aceptó su teoría ni la dualidad de los mundos, no reconociendo como real sino el mundo visible de que dan testimonio nuestros sentidos. Y como la insuficiencia de la exactitud de nuestros sentidos había sido probada por el mismo Platón, resultó de ello un escepticismo completo. El escepticismo devoró la fe en los dioses. Los hombres de la Academia no se consideraban a sí mismos ateos, puesto que no combatían de ninguna manera las creencias de quienes se proclamaban creyentes. Se limitaban a refutar las pruebas de la existencia de los dioses cuando les eran planteadas, manteniéndose siempre en su escepticismo.

La corriente académica tuvo muchos adeptos entre los filósofos y eruditos tanto del helenismo como de la romanidad. Si nombres como el del citado Arcesilao, o los de Clitómaco y Carneades nos resultan hoy mucho menos familiares que los de Platón, Aristóteles, Filón o Cicerón, es debido a que el Cristianismo y la Iglesia ya desde sus primeros siglos, se apoyaron en la autoridad de estos últimos para desacreditar los argumentos de los primeros, argumentos que conocemos sólo por referencias, ya que sus obras resultaron convenientemente desaparecidas durante los siglos oscuros de la tardorromanidad protomedieval. La sabiduría antigua se filtró en el tamiz de las abadías y los monasterios. El profe Bigotini, que filtra con los bigotes igual que los flamencos en las charcas, tiende a mostrarse más bien escéptico en esta materia, si bien en lo tocante a comidas, bebidas y otros placeres, no desdeña cierto grado de gozoso epicureísmo.

-¡Qué bien has jugado Messi!
-Se confunde señora, yo soy Cristiano.
-Así me gusta Messi, que creas en Dios.



miércoles, 2 de octubre de 2019

MIGUEL DELIBES, UN CASTELLANO VIEJO



Nacido en Valladolid en 1920, Miguel Delibes fue el tercero de los ocho hijos de una familia burguesa, lejanamente emparentada con el compositor francés Léo Delibes. En 1936, nada más terminar el bachillerato, se enroló como voluntario en la marina del bando franquista, sirviendo en el crucero Canarias. Al terminar la Guerra ingresó en la Escuela de Comercio, en la Facultad de Derecho y en la Escuela de Artes y Oficios. En 1941 fue contratado en el diario El Norte de Castilla como caricaturista, y allí se inició en la escritura, redactando las críticas cinematográficas. Con sólo veintitrés años obtuvo la cátedra de Derecho mercantil, a los veintiséis se casó con Ángeles de Castro, y un año más tarde, en 1947, ganó el premio Nadal con su primera novela, La sombra del ciprés es alargada, iniciando así su fecunda carrera literaria.

Su segunda novela, Aún es de día, fue mutilada por la censura franquista. Parecidos problemas padeció en el ejercicio de la docencia, y al parecer sólo su condición de excombatiente en el bando vencedor le libró de problemas mayores. En 1950 apareció El camino, su tercera novela, que le consagró definitivamente como uno de los más importantes novelistas de la posguerra. En 1952 ascendió a subdirector de El Norte de Castilla, agravándose sus enfrentamientos con la censura. Aparecieron sucesivamente Mi idolatrado hijo Sisí (1953), La partida (1954), Diario de un cazador (1955), Un novelista descubre América (1956), Siestas con viento sur (1957), Diario de un emigrante (1958) y La hoja roja (1959). Fue nombrado director de su diario, y ya en los sesenta publicó Viejas historias de Castilla la Vieja (1960), Por esos mundos (1961) y Las ratas (1962). En esta época Delibes tuvo tiempo de viajar por Europa, conocer las universidades alemanas y tener con su mujer nada menos que siete hijos, cuatro varones y tres mujeres. Todos tuvieron vocación científica, llegando varios a destacar en sus especialidades.


Tras agrias desavenencias con Fraga Iribarne, entonces ministro de Franco, abandonó la dirección del periódico, pasó seis meses en USA como profesor de literatura en la Universidad de Maryland, y a su regreso publicó Cinco horas con Mario, que gran parte de la crítica considera su mejor novela. También aparecieron por entonces USA y Yo y La milana. Tras visitar Checoslovaquia escribió su Parábola del náufrago, y ya en los setenta abandonó un tanto la narrativa para centrarse en su pasión por la caza. Publicó varios libros de cinegética y algunos cuentos también relacionados con su afición. En 1973 fue elegido miembro de la Real Academia Española y publicó El príncipe destronado. En 1974 falleció su esposa Ángeles, lo que le sumió en una profunda depresión de la que nunca llegaría a recuperarse completamente. Al año siguiente aparecieron Las guerras de nuestros antepasados y El disputado voto del señor Cayo.

Su gran título de los ochenta fue Los santos inocentes (1981), que sería llevada al cine con gran éxito, lo mismo que había sucedido con la versión teatral de Cinco horas con Mario, obra que, protagonizada por Lola Herrera, permaneció varios años en cartelera. Además del Nadal y el premio Nacional de Narrativa, Miguel Delibes fue galardonado con el Cervantes y con el Príncipe de Asturias, amén de un sinfín de otras distinciones, fundamentalmente en su Valladolid natal y en la Comunidad de Castilla y León, pero también obtuvo el reconocimiento de diversas universidades e instituciones dentro y fuera de España. En su último trabajo, El hereje (1998) realizó un homenaje a su ciudad vallisoletana, y toda su obra destila un profundo amor por las tierras y las gentes de su Castilla rural. Falleció a los 89 años en Valladolid y en 2010, a causa de un cáncer colorrectal.
Hoy en Bigotini os brindamos el enlace (clic en la portada) para acceder a la versión digital de su narración El amor propio de Juanito Osuna. Disfrutad la sólida prosa de Delibes y respirad el aroma de Castilla que destila cada párrafo.

Para escribir un buen libro no es imprescindible haber leído El Quijote. Cervantes cuando lo escribió, aún no lo había leído. Miguel Delibes.