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miércoles, 17 de octubre de 2018

TINNITUS O ACÚFENOS. MUCHO RUIDO Y POCAS NUECES




Seguramente unos vulgares ruidos en los oídos no merecen título tan shakespeariano, sin embargo, parafraseando al poeta de Stratford, dicho está y dicho queda, pues la verdad no calumnia.
Los acúfenos no son otra cosa que ruidos, bien de tono agudo (pitidos) o grave (zumbidos), que pueden percibirse en los oídos o sentirse, como manifiestan algunos pacientes “dentro de la cabeza”. Pueden ser continuos o alternarse con periodos silenciosos, y son muy frecuentes, sobre todo en mayores de 60 años. Se calcula que en general afectan al 10% de los adultos, y un reciente estudio pone de manifiesto que sufren acúfenos el 40% de los veteranos de las fuerzas armadas estadounidenses. Aunque no varíen de intensidad, resultan más molestos en el silencio de la noche, siendo una de las principales causas de insomnio crónico.



Entre las causas más habituales de acúfenos citaremos:


  • §     Tapones de cerumen.
  • §     Hipertensión arterial.
  • §     Infecciones del oído o de las vías respiratorias altas.
  • §     Otoesclerosis (rigidez de los huesecillos del oído medio).
  • §     Neuropatías.
  • §     Hipoacusia de percepción.
  • §     Presbiacusia.
  • §     Traumas acústicos.
  • §     Diabetes.
  • §     Patología tiroidea.
§     Ciertos medicamentos: antiinflamatorios, aspirina, atibióticos, antidepresivos, sedantes, diuréticos...

Se aconseja consultar con un especialista si el acúfeno se hace persistente, molesto o si aumenta progresivamente de volumen. En cualquier caso, conviene advertir que en ocasiones no es posible hallar la causa de este trastorno y tratarse debidamente. Son los llamados acúfenos idiopáticos o de causa desconocida, para los que no existe un tratamiento efectivo. En tales casos, no queda sino seguir una serie de consejos y recomendaciones, que a continuación vamos a detallar:


¿QUÉ PUEDO HACER CON ESTOS MALDITOS RUIDOS?


Tranquilízate. Haz lo posible por no prestar atención al ruido, por no preocuparte por él.


Evita los medicamentos capaces de producir o agravar el problema.


Evita las sustancias estimulantes: café, té, refrescos de cola, chocolate, tabaco, especias, perfumes fuertes…


No te expongas a sonidos intensos. Si trabajas en ambiente ruidoso, utiliza los protectores auditivos.


Controla tu presión arterial. Toma los fármacos antihipertensivos que te prescriban.


Limita en lo posible la sal de la dieta.


Haz ejercicio.


Procura dormir al menos siete horas. Evita la fatiga, sobre todo la fatiga mental que a veces acompaña a las situaciones de estrés.


Aprende a realizar ejercicios de relajación.


Prueba a enmascarar el zumbido con otros sonidos de nivel bajo. En ocasiones es suficiente con una radio en la mesita de noche. Esto es eficaz sobre todo en acúfenos de tono grave.


Existen aparatos que emiten lo que se llama un ruido blanco. Algunos acúfenos han desaparecido horas después de usar estos aparatos.


También los audífonos pueden ser útiles. Pueden reducir el zumbido o hasta pueden eliminarlo, al menos provisionalmente. Conviene advertir, sin embargo, que algunos audífonos, sobre todo si se utilizan a volumen elevado, pueden resultar contraproducentes, agravando y hasta provocando los acúfenos.


Los cántaros hacen más ruido cuanto más vacíos están.  Alfonso X el Sabio.



sábado, 13 de octubre de 2018

TAD DORGAN, EL INVENTOR DE UN LENGUAJE PROPIO




Thomas Aloysius Dorgan, más conocido como Tad Dorgan, porque firmaba sus trabajos con las tres iniciales de su nombre (Tad), nació en San Francisco en 1877. Fue uno de los once hermanos de la prolífica familia Dorgan, y por cierto, dos de ellos compartieron con él el talento para el dibujo. Su hermano Ike fue el autor de los grandes carteles publicitarios para el Madison Square Garden neoyorquino, y Richard o Dick Dorgan, otro de sus hermanos, fue también ilustrador y dibujante, si bien no llegó tan lejos como Tad en el mundo del cómic. Cuando sólo tenía trece años Tad sufrió un accidente y le amputaron tres dedos de la mano derecha. Comenzó entonces a dibujar como terapia, y llegó a adquirir tanta soltura con la pluma que vendió muchos de sus trabajos al San Francisco Chronicle. Más tarde se trasladó a Nueva York, y allí, como tantos otros dibujantes notables de la época, entró a formar parte del elenco que William Randolph Hearst mantenía en sus publicaciones. Además de las tiras cómicas, Dorgan se dedicó al periodismo deportivo, era un apasionado del boxeo y conocía el mundillo de los gimnasios y los cuadriláteros como la palma de su maltrecha mano. Jack Dempsey, el mítico campeón de los pesados, llegó a decir de él que era el mayor aficionado de América, pues Dorgan era capaz de recitar de memoria los resultados y duración de todos los combates celebrados durante años.

De su obra gráfica destacaremos la serie Indoor Sports, una sucesión de chistes basados mayoritariamente en el mundo del boxeo, en los que curiosamente no solían aparecer rings ni combates, sino bares, gimnasios y otros lugares donde se reunían boxeadores y aficionados. En cuanto a su vertiente periodística, Tad Dorgan está reputado como uno de los más fecundos creadores de argot americanos. Se le atribuye la invención de decenas de palabras que pasaron al lenguaje corriente de las gentes y los tipos en los ambientes que frecuentaba. Ese argot también pasó a formar parte de muchas de sus viñetas e historietas, por lo que el lector, aun manejándose bien con el inglés convencional, tendrá dificultad para comprender muchos de los sentidos y significados de los chistes.
Dorgan, ya enfermo, se retiró del periodismo y el dibujo en 1920, y falleció en 1929. En nuestra modesta antología histórica del cómic y el grafismo, os ofrecemos hoy una selección de sus trabajos más un único ejemplo de historieta de su hermano Dick (una auténtica rareza). Disfrutad con ellos.
























miércoles, 10 de octubre de 2018

MICHAEL CURTIZ Y EL LENGUAJE DE LA CALLE



Michael Curtiz llegó a Hollywood ya bastante enseñado. En su Hungría natal había dirigido más de treinta películas tanto mudas como sonoras. Cambió su impronunciable nombre húngaro por otro que los americanos pudieran recordar. Le costó unos años dominar el inglés para poder dar las debidas instrucciones a los actores y a los técnicos, y en cuanto lo consiguió su carrera ya fue meteórica. Curtiz tocó con éxito todos los géneros: aventura, comedia, drama, musicales... pero en el que destacó con mayor brillo fue sin duda en el cine negro. Los personajes y tipos populares de sus películas llegaron al público de una manera muy especial. Curtiz animó siempre a estrellas como Bette Davis o James Cagney a emplear el lenguaje de la calle, y así por primera vez los espectadores pudieron escuchar en las salas de cine hablar a los actores como si fueran verdaderos maleantes, policías o busconas. Recibió no pocas críticas por ello, pero finalmente su estilo hizo escuela y sería imitado desde entonces en multitud de películas.
Y luego está Casablanca, naturalmente. Esta mítica cinta de 1942 consagró definitivamente a Michael Curtiz como uno de los grandes cineastas de todos los tiempos.
Os dejamos el enlace (clic en la foto) para visionar un reportaje en versión original, sobre el trabajo y la filmografía de este genial director. Que lo disfrutéis.

Próxima entrega: Robert Taylor




sábado, 6 de octubre de 2018

EL MILAGRO DE CALANDA



El 25 de marzo de 1617 fue bautizado en Calanda un niño llamado Miguel Juan Pellicer Blasco, hijo de Miguel y María, destinado a encarnar uno de los más prodigiosos sucesos de que se tiene noticia. Puede decirse que ha superado el nivel de la tradición piadosa, para ingresar en ese Parnaso de las cosas extraordinarias. Así, en el top-ten de la gran enciclopedia de las maravillas, la entrada “Calanda, El milagro de”, brilla con luz propia entre “Bélmez, Las caras de” y “Nazca, Las líneas de”. Del milagro de Calanda se han ocupado a lo largo de cuatro siglos todos los Iker Jiménez con un poco de olfato para los grandes misterios.

El pequeño Miguel fue el segundo de ocho hermanos, de una familia de labradores muy pobres. Era analfabeto. No recibió más instrucción que la religiosa impartida por el cura de su pueblo cuando enseñaba a los niños la doctrina. A los diecinueve años marchó a Castellón para trabajar en casa de Jaime Blasco, su tío materno. Allí sufrió un desgraciado accidente. Cayó de un chirrión cargado de trigo, una de cuyas ruedas le aplastó la pierna derecha. Le trasladaron al Real Hospital de Valencia, donde se comprobó que se había roto la tibia por su parte central. Allí estuvo sólo cinco días, pues insistió en trasladarse a Zaragoza. El viaje de Valencia a Zaragoza, que el joven Miguel hizo por sus propios medios y sin recurso alguno, debió ser largo y penoso, tanto que agravó su lesión hasta el punto de provocarle una gangrena.

En Zaragoza, su primera visita fue a la Virgen del Pilar, de la que era devoto fervorosísimo. En su templo confesó y comulgó. Confortado así su espíritu, ingresó en el Hospital de Gracia, para que atendieran su maltrecha pierna. Demasiado tarde. En la cuadra de cirugía (no es peyorativo, es que se llamaba así), tras examinarle, los cirujanos Estanca, Beltrán y Millaruelo, decidieron amputar la extremidad cuatro dedos por debajo de la rodilla, para evitar el progreso de la gangrena. Los practicantes enterraron el miembro amputado haciendo un hoyo de un palmo de hondo en el corral de la leña.

Miguel, un mozo cuya única fortuna y medio de vida eran sus manos y sus pies, quedó lisiado de forma irreversible (o al menos eso parecía entonces). En el mismo Hospital le proporcionaron una pierna de palo, o más bien un palo que prolongaba el muñón. No crea el lector que en el siglo XVII la técnica ortopédica era gran cosa. De esta forma, provisto de su pierna de palo y de una muleta para ayudarse a caminar, Miguel pasó más de dos años en Zaragoza, sustentándose de algunos trabajos manuales ocasionales, y sobre todo de las limosnas que recogía en el templo del Pilar. Más concretamente, en la puerta alta de la ribera, junto a la capilla de la Esperanza, donde el joven cojo se convirtió en un personaje familiar entre los zaragozanos. Aprovechaba la frecuentación del templo para oír misa todos los días en la santa capilla, y trataba de mitigar el dolor del muñón con el aceite de las lámparas que por miles ardían en la basílica.

En 1640 Miguel decidió regresar a su Calanda natal. Viajó en carro cuando encontró quien le socorriera, a pie cuando no. Cubrió sucesivas etapas: Fuentes, Quinto, Samper, Alcañiz… Desde Alcañiz mandó recado a sus padres, y estos le enviaron a un muchacho de dieciséis años con una borriquilla. De esta forma volvió Miguel a abrazar a los suyos. Una boca más que alimentar constituía una pesada carga para la precaria hacienda familiar, por ello el joven se dedicó durante algún tiempo a recorrer los pueblos de la comarca, pidiendo de puerta en puerta, y recogiendo pan duro que las caritativas gentes le daban por amor de Dios. Este periodo, y también el que pasó a la puerta del Pilar, resultaron decisivos en el proceso posterior, puesto que fueron muchas las personas que lo trataron entonces y lo recordaban después.

El jueves 29 de marzo de 1640, en Calanda, después de una dura jornada de trabajo en la que ayudó a una de sus hermanas a acarrear en la era nueve cargas de estiércol, Miguel regresó a la casa muy fatigado. Como la cama en que solía dormir se encontraba ocupada por un soldado que iba de paso, se acostó en el lecho de sus padres. Pasadas unas horas, entraron ambos en la habitación, donde percibieron una fragancia y olor suaves, no acostumbrados allí. Padre y madre vieron que a luz de candil, bajo el cobertor asomaban dos piernas. Atribuyéndolo a engaño de los sentidos o a que el hombre que estaba allí echado no era su hijo, trajeron más luz, y con grandísimo espanto y admiración, se maravillaron al hallar que se trataba efectivamente de Miguel, y que volvía a tener dos piernas, como si nunca hubiera sido cojo. El hijo estaba sumido en un sueño profundo, y dijo luego que había soñado hallarse en el templo del Pilar, ungiendo su muñón con el aceite de las lámparas, como solía hacer tan a menudo. Cuando todos se fueron recobrando del estupor, reconocieron en aquella pierna derecha antiguas señales idénticas a las de la vieja pierna amputada, concretamente de unos granos que tuvo en la pantorrilla, unas marcas de aliagas, y otras de la mordedura de un perro en el tobillo cuando era chico. También se percibía la cicatriz de la amputación rodeando la pierna un poco por debajo de la rodilla.


Una pierna cortada y enterrada que vuelve a crecer después de varios años en el muñón cicatrizado y seco. No estamos ante un milagrito del tres al cuarto, tipo la curación de unas llagas, que muchas veces se curan solas. Este es un milagro de primera categoría, de los que desafían la evidencia biológica. Es equiparable a la subida al cielo de Elías en un carro de fuego, a la resurrección de Lázaro, o a la del propio Jesucristo. La noticia del prodigio se extendió como la pólvora por España y el resto de Europa. Al poco tiempo se inició un proceso que en 1641 concluyó el arzobispo Apaolaza, declarando oficialmente el hecho como milagroso.

Se conservan las actas y los testimonios de centenares de personas, desde las más rústicas a las más ilustradas. Téngase en cuenta que a pesar de las carencias tecnológicas y del fanatismo religioso contrarreformista, el siglo XVII fue precursor del de las luces. El método científico, aunque incipiente, estaba ya vigente en esos años. De los testimonios se deduce que médicos, cirujanos y otras personas de crédito actuaron con rigor, aportando el escepticismo necesario. A pesar de ello, se concluyó sin ninguna duda la autenticidad del milagro.


Cabe preguntarse si el suceso no sería un bien urdido montaje con dos migueles (acaso dos hermanos gemelos o muy parecidos). Si fue así, debió ser de proporciones gigantescas, implicando a familiares, vecinos y testigos de lo más dispar. ¿Pudo tratarse de un fenómeno de sugestión colectiva? En tal caso, David Copperfield, ese mago americano que hace aparecer y desaparecer avionetas y barcos veleros en un escenario, quedaría como un vulgar aprendiz. Algunos han apuntado móviles políticos interesados en promocionar el templo del Pilar en detrimento de la catedral de La Seo, símbolo hasta cierto punto de un Aragón antiguo y apegado a sus fueros, que el absolutismo rampante de los últimos Habsburgo, quería liquidar. Los descreídos siempre hallarán (hallaremos) cabos sueltos y motivos para la duda, cuando no para la certeza de la absoluta imposibilidad de lo que a todas luces es científicamente imposible. Otros hay sin embargo, que creerán en el prodigio a pies juntillas. Entre estos no sólo los fervientes católicos, sino también y como curiosidad sociológica, todos y cada uno de los calandinos, incluidos los calandinos ateos y hasta los reputados de comunistas como Luís Buñuel…


En cuanto al personaje, Miguel vivió junto a sus padres unos pocos años de gloria pasajera. Durante el proceso habitaron en Zaragoza, mantenidos por el cabildo del Pilar. En 1641 el mozo fue recibido en Madrid por Felipe IV, que tirado en el suelo, le besó la pierna… Pero la fama siempre es efímera. Miguel Juan Pellicer Blasco murió en 1647 contando apenas 30 años, en Velilla de Ebro, y fue enterrado en el fosal común a costa del municipio, según consta en el correspondiente registro, que lo califica como “un pobre de Calanda”.
Nadie sabe qué fue de la pata de palo. Si un día se encuentra, por respeto a la memoria de Miguel y a la más elemental decencia, me opongo firmemente a que se le quiera dar empleo similar al de la reliquia de San Saturio. Sería ya mucho vicio, ¿no?

Algunos hombres ven cosas que han ocurrido y se preguntan por qué. Yo imagino cosas que no han ocurrido y me pregunto ¿por qué no? John F. Kennedy.





martes, 2 de octubre de 2018

JOSÉ CADALSO, UN ILUSTRADO EN PLENA ILUSTRACIÓN



Su nombre completo, José Cadalso y Vázquez de Andrade, deja claro que su origen no era precisamente humilde. Nacido en Cádiz en 1741, era hijo de una familia noble procedente de Vizcaya. Su padre fue lo que entonces se llamaba un indiano que se había enriquecido con diferentes negocios. De niño estudió en París y Londres, y viajó por Italia, Alemania y Flandes. A los dieciséis años su padre le ingresó en el Seminario de Nobles de Madrid, y allí el joven Cadalso tuvo su primer y traumático encuentro con la España atrasada que a partes iguales iba a ser su pasión y su vergüenza durante el resto de su vida. Para escapar del ambiente asfixiante de aquella institución, José fingió primero vocación religiosa, y más tarde militar. Eran ardides para eludir el destino que su padre le deparaba como covachuelista, adjetivo de moda en su tiempo que podríamos traducir por el más moderno de chupatintas. Falleció el padre de forma inesperada, José no quiso o no supo hacer valer sus derechos sucesorios, y perdido en la maraña jurídica, acabó siendo un joven pobre, y tuvo que abrazar la milicia. Se alistó en el regimiento de caballería de Borbón, luchó en Portugal, y en Madrid se halló en las revueltas del motín de Esquilache.


Durante esta etapa llevó una vida desordenada, dándose a la bebida y participando en duelos y pendencias. Fue amante y protegido de la marquesa de Escalona, una dama madura, y por entonces se le adjudicó la autoría, nunca probada, de un libelo titulado Calendario manual y guía de forasteros en Chipre, que satirizaba cruelmente los usos y costumbres de la corte. Como consecuencia, fue desterrado a Zaragoza, donde permaneció hasta 1770, dedicando sus esfuerzos a la poesía. De vuelta en Madrid se hizo amante de la actriz María Ignacia Ibáñez, con la que vivió un idilio apasionado que terminó en tragedia con la muerte de Ignacia, víctima de fiebres tifoideas cuando sólo tenía veintidós años. Cadalso frecuentó a los más brillantes intelectuales de su generación, como Juan Pablo Forner, fray Diego González, Iriarte, Meléndez Valdés o Nicolás Fernández de Moratín. Ascendido a comandante, participó en el asedio a Gibraltar. Murió a los cuarenta años tras recibir un cascote de metralla en la sien, poco después de estrenar empleo de coronel.

En cuanto a la obra literaria de Cadalso, sus dos obras principales, Cartas Marruecas y Noches Lúgubres, no fueron publicadas hasta después de su muerte. Ambas aparecieron por entregas en el diario Correo de Madrid. Las Cartas Marruecas constituyen una crítica despiadada de la España de su tiempo. Fueron escritas a imitación de las Cartas Persas de Montesquieu. En cuanto a Noches Lúgubres, se trata de una obra intimista cargada de ingeniosos monólogos y profundas reflexiones. Comienza con el acto sacrílego de la exhumación de los restos de su amada por el protagonista. Es lícito considerar Noches Lúgubres como la más clara precursora del Romanticismo literario en lengua española.
En Biblioteca Bigotini os ofrecemos el enlace (clic en la portadilla) para acceder a una magnífica versión digital de Los eruditos a la violeta, escrita por José Cadalso entre 1771 y 1774. Se trata de una aguda sátira de la educación imperante en la España de su tiempo. En el subtítulo se dice que el libro está publicado en obsequio de los que pretenden saber mucho estudiando poco. El título procede de la costumbre que tenían muchos jóvenes petimetres de la época de perfumarse con aroma de violetas. Con el tiempo se ha convertido en nuestro idioma en una expresión proverbial. Dedicadle un rato a esta amena y deliciosa obra, os aseguro que merece la pena.

El lujo cultiva los vicios y hace despreciable la virtud. José Cadalso.



sábado, 29 de septiembre de 2018

LAS ONCE MIL VÍRGENES



Un rey bretón del siglo III o IV que, como las inscripciones antiguas son algo confusas, no sabemos a ciencia cierta si se llamaba Christian, o si sencillamente era cristiano, tenía una hija llamada Úrsula u Órsola (que en latín vulgar puede traducirse por osita). Curiosamente la diosa germana Freyja, también llamada Horsel o Ursel, que protegía a las doncellas vírgenes y las recibía en el ultramundo si fallecían sin haberse casado, solía identificarse con una osa. Debía ser el equivalente bárbaro de la Artemisa griega y la Diana latina, una especie de doncella guerrera con bastante mala leche.
En cualquier caso, esta doncella Úrsula fue pedida en matrimonio por un príncipe pagano, también bretón (aunque puede que de la Bretaña insular) al que unas fuentes dan el nombre de Ereo y otras el de Conan. Los que recordamos el cómic y la película de Swarzeneger, preferimos Conan, que suena más pagano y más bruto.


Resulta que Úrsula y su padre no pudieron rechazar la oferta del pagano, porque fue acompañada del firme propósito de convertirse al cristianismo. No obstante, como Úrsula había hecho voto de castidad, y no estaba preparada para el himeneo, solicitó como favor especial una moratoria de tres años, para poder peregrinar a Roma y suplicar al papa dispensa de sus votos y carte blanche para entregar su pureza al bárbaro.
Hasta aquí todo muy normal. Lo asombroso fue que Úrsula emprendió el viaje haciéndose acompañar nada menos que por once mil vírgenes, que también es capricho. Remontaron todas el Rin como el que va de excursión, y pasando por Colonia, llegaron hasta Basilea. Desembarcaron (supongo que dejando a los basilienses boquiabiertos) y desde allí siguieron a pie hasta Roma. Roma ya entonces era muy turística, no obstante se desconoce en qué hotel pudieron alojarse las once mil. El papa Ciriaco dispensó a Úrsula de sus votos y la despachó con las usuales recomendaciones que se hacen a las mocitas casaderas. Después emprendieron el regreso. Vuelta a embarcar en Basilea y ¡hala!, Rin abajo, se fueron las once mil por donde habían venido.


Imagine el lector a Úrsula dándole vueltas a los consejos del santo padre y a la temida noche de bodas. Probablemente iría pensando qué iba a decirle al musculitos: por favor, con la luz apagada… la puntita nada más… o quizá en plan lanzada: ¡tómame Conan, y que sea lo que Dios quiera!... En cualquier caso, sus cavilaciones se interrumpieron, porque al llegar a Colonia se encontraron de golpe y porrazo con los temibles hunos que estaban sitiando la ciudad. Es del dominio público que los hunos, además de paganos e idólatras, eran unos cafres tremendos. En sus correrías bélicas dejaban a las hunas en los cuarteles de invierno haciendo la colada, y cuando conquistaban una plaza se dedicaban sistemáticamente a saquear y a violar a cualquier criatura con faldas (frailes incluidos). Es de suponer que al ver venir por el Rin a once mil vírgenes, estando más salidos que el pico de una plancha, y careciendo (esto es lo más importante) del santo temor de Dios, se abalanzaron sobre ellas como lobos hambrientos sobre tiernas corderillas.
Dice la tradición que fueron todas sometidas a horripilantes torturas. No entraré en detalles morbosos que están fuera de lugar en un blog inspirado por tan elevados ideales como el nuestro. Remito a los amantes del bondage, a los frescos venecianos de Carpaccio o a la polícroma urna de Santa Úrsula de Brujas, obra del maestro Memling. Allí pueden contemplarse todos los excesos que pueda imaginar la mente más lujuriosa.


En cuanto a Úrsula (Santa Úrsula por supuesto), sufrió la misma suerte cruel que sus once mil compañeras. De nada le sirvió al parecer, una especie de manto milagroso que la cubría. Se ve que los hunos eran tan brutos que lo mismo les daba un manto que un bikini de lentejuelas. Se representa a la mártir de pie, desnuda o sutilmente velada, con su reglamentaria palma del martirio en la mano, y fondeado a lo lejos, un barco con un sinfín de cabecitas asomando por la borda. Es invocada por las doncellas cuando se ven en aprietos, y también en muchos lugares de Europa se la considera patrona de los pañeros y del ramo textil (será por lo del manto). Su festividad se celebra el 21 de octubre. Ese día de 1493 Cristóbal Colón descubrió las islas Vírgenes, que bautizó con ese nombre en recuerdo de las compañeras de la santa. Otro 21 de octubre, pero de 1521, el navegante portugués Joao Alvares Fagundes, llamó ilhas das onze mil virgens al archipiélago situado junto a la costa de Terranova, que más tarde los franceses rebautizaron como islas de San Pedro y Miquelón.


Naturalmente, la parte más controvertida de esta historia es lo de las once mil vírgenes (¡nada menos que once mil!) navegando todas juntas por el Rin como si pasaran un rato en las barcas del Retiro. Hay eruditos aguafiestas empeñados en que se trata de un error de transcripción, y por lo tanto, de un suceso apócrifo. En Colonia, y en el lugar del martirio, un ciudadano de rango senatorial llamado Clematius, hizo erigir una basílica dedicada a las mártires. En la inscripción lapidaria, además del nombre de Úrsula, aparecen otros diez, a saber: Aurelia, Brítula, Cordola, Cunegunda, Cunera, Pinnosa, Saturnina, Paladia, Odialia de Britania… y otra muchacha llamada Undecimilia (la pequeña undécima en bajolatín). Hay quien sostiene que de este nombre se derivó erróneamente que se trataba de once mil vírgenes. Otros atribuyen el error a la abreviatura XI, M, V, que se habría interpretado como undecim millia virginum, once mil vírgenes, y no como undecim martyres virgines, once mártires vírgenes, que según ellos sería más correcto.
Sea como fuere, no puede negarse grandiosidad a la escena de la navegación fluvial de las once mil vírgenes. Al menos daría para una superproducción de Hollywood, mientras que con las modestas once muchachas, la cosa no pasaría de un serial televisivo. Es lo que tiene el latín, que da mucho juego, y era todo más bonito y más misterioso. Yo, que soy tan viejo que conocí las misas en latín, la verdad es que desde que se empeñaron en decirlas en castellano, ya no entiendo nada.

-Toma este ramito de romero, te traerá suerte.
-Muchas gracias.
-Ahora dame algo para pasar el día.
-Toma este ramito de romero, te traerá suerte.





miércoles, 26 de septiembre de 2018

TEORÍA DE CUERDAS, LA FÍSICA DEL FUTURO


Theodor Kaluza

En palabras de Edward Witten, la teoría de cuerdas es una teoría física del siglo XXI que apareció por accidente en el siglo XX. Concretamente en 1919 Theodor Kaluza, partiendo del principio de la relatividad general de Einstein (véase el post correspondiente) utilizó un modelo espacio-tiempo de cinco dimensiones para tratar de unificar la gravitación y el electromagnetismo. Más tarde, en 1926, Klein matizó el trabajo de su colega, de forma que quedó perfilada la que llamamos teoría de Kaluza-Klein, más conocida como teoría de cuerdas.

Diversas hipótesis acerca del hiperespacio sugieren que existen otras dimensiones aparte de las que aceptamos habitualmente. En estas hipótesis hiperespaciales, acaso más cercanas a la ciencia-ficción que al mundo real, las leyes de la naturaleza se vuelven mucho más sencillas y elegantes si se expresan con todas estas dimensiones adicionales.
La teoría de cuerdas utiliza esencialmente para el campo gravitatorio las ecuaciones de campo de Einstein planteadas en un espacio-tiempo de cinco dimensiones, y por otro lado las ecuaciones de Maxwell para el campo electromagnético. En 1926 Oskar Klein combinó las ideas de Kaluza con algunos principios de la mecánica cuántica para dar una estimación de la cuantización de la carga y, puesto que en las ecuaciones aparece un campo escalar extra, se apunta la inobservabilidad práctica de la dimensión adicional o quinta dimensión.


Se trata ciertamente de una teoría de una abstracción extraordinaria con un uso sutil de las matemáticas. Quizá por eso la teoría de cuerdas produce una serie de sorprendentes resultados matemáticos en diversas áreas del conocimiento que en principio parecen muy alejadas de la física. Esto quiere decir que la teoría de cuerdas no va mal encaminada, o al menos así lo manifiestan aquellos científicos que en el momento actual poseen los suficientes conocimientos matemáticos como para comprender en toda su dimensión todas sus implicaciones. En la teoría de Kaluza-Klein original a una entidad geométrica de d dimensiones convencionales se le asocia una entidad de dimensionalidad d+1. Un punto del espacio-tiempo tetradimensional es una curva cerrada (d=1), y la trayectoria (d=1) de dos partículas que colisionan puede representarse mediante dos tubos que se unen (d=2).


Según la teoría de cuerdas algunas de las partículas elementales, por ejemplo los quarks y los fermiones (que incluyen electrones, protones y neutrones) pueden representarse mediante unas entidades inconcebiblemente pequeñas y esencialmente unidimensionales llamadas cuerdas. Los bucles de cuerda se desplazan en el espacio tridimensional convencional, pero además (y esta es la gran novedad de tan extraordinario hallazgo teórico) son capaces de vibrar en dimensiones espaciales más altas. Del mismo modo que vibran las cuerdas de las guitarras produciendo notas diferentes, estas particulares cuerdas vibran, y según la “nota” en la que lo hacen, percibimos una partícula u otra, lo que explicaría la enorme variedad de partículas que han sido detectadas hasta la fecha.


Hay formulaciones aun más atrevidas como la teoría de supercuerdas que predice un universo con once o doce dimensiones. Los expertos en la materia aseguran que las dimensiones más altas que las tres que conocemos, se compactan o se repliegan en estructuras complejas conocidas como espacios de Calabi-Yau, de manera que  las dimensiones adicionales resultan en esencia invisibles. Para nosotros, los no iniciados, hay mucha mística en todas estas ideas. Sin embargo, los miembros del selecto grupo de privilegiados capaces de comprender su desarrollo matemático aseguran que todo cuadra a la perfección. Procuraremos seguir informados.


Creo haber encontrado el eslabón perdido entre el animal y el hombre civilizado: somos nosotros.  Konrad Lorenz.