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lunes, 21 de enero de 2019

GEORGE HERRIMAN Y SU KRAZY KAT



George Herriman nació en Nueva Orleans en 1880. Su padre era un criollo de Louisiana de raza negra, y su madre una inmigrante europea, probablemente de origen griego. El pequeño George fue inscrito en el registro como colored (negro), aunque en documentos posteriores se le calificó de mulato. En aquella sociedad racista la familia tuvo problemas, por lo que decidieron trasladarse a Los Ángeles, donde el padre ejerció como peluquero y panadero. Debido a su origen, George hablaba con soltura además del inglés, el francés, el español, el creole, y al parecer, algo de navajo. Con el tiempo iba a emplear una mezcla de todas esas lenguas en sus trabajos artísticos.

El joven dibujante estudió en escuelas católicas y con apenas quince años empezó a colaborar en la prensa local. Sus comienzos coincidieron con los titubeantes inicios del cómic. Fue contemporáneo de pioneros como Swinnerton y Outcault, a quienes se considera padres del género, y hasta fue un tiempo ayudante de Tad Dorgan. Tampoco fue ajeno a la disputa de los dos grandes editores periodísticos (Hearst y Pulitzer) por contratar a los mejores dibujantes. Trabajó para ambos en sucesivas etapas de su carrera. Se trasladó a Nueva York en 1900, y a partir de entonces se granjeó una brillante reputación como autor de tiras cómicas, dibujando para los principales diarios. La lista de series y personajes de Herriman es muy extensa, pues fue un trabajador infatigable. No obstante, la serie que le ha convertido en un autor inmortal e imprescindible en la historia del cómic, es sin duda su célebre Krazy Kat.

Esta gata loca (o quizá gato loco, pues Herriman nunca dejó claro el género del personaje y el título en inglés resulta ambiguo) fue y sigue siendo todo un clásico de la historieta. K.K. está locamente enamorada del ratón Ignatz, Ignacio, un tipo casado y con hijos, un sinvergüenza maltratador, que lanza ladrillos a la gata con una puntería asombrosa. A su vez, el gendarme Bull Pupp, un perro policía, está secretamente enamorado de K.K., e intenta protegerla encarcelando al ratón con la menor excusa. Hay otros personajes muy interesantes, animales antropomórficos que componen un mosaico social bien curioso. Superficialmente no hay más que graciosos animalitos lanzando adoquines y dándose porrazos, el típico slapstick tan en boga en el cine cómico de aquellos años. Pero lo cierto es que detrás de Krazy Kat hay mucho más que eso. Para empezar, el paisaje del condado de Coconino, donde transcurre la historieta, es un espacio surrealista, casi extraterrestre, acorde con el dadaísmo que también por entonces se abría paso en el arte tanto europeo como americano. Por otro lado, en los ingeniosos argumentos encontramos una patente rebeldía contra la autoridad muy afín al movimiento libertario, un escandaloso sadomasoquismo de K.K., y hasta una velada ambigüedad sexual.


En nuestra Historia del cómic nos complacemos hoy en ofreceos un abanico de ilustraciones y páginas del genial George Herriman, con las que estamos seguros de que pasaréis un buen rato. También os ofrecemos el enlace para visionar un viejo corto de animación producido por Columbia en 1936. Aunque Herriman no intervino para nada en la película, estoy seguro de que os hará pasar unos minutos divertidos. Clic en el ladrillazo, y a pasarlo bien.



























viernes, 18 de enero de 2019

JOAN BENNETT Y SU TALENTO CAMALEÓNICO



De las tres hermanas Bennett que comenzaron a actuar en espectáculos teatrales y más tarde en el cine, Joan era la más brillante, bella y talentosa. Su gran capacidad de adaptación la llevó a interpretar todo tipo de papeles a lo largo de su carrera. También físicamente experimentó cambios. Fue sucesivamente rubia y morena. Pasó de interpretar a jovencitas al final de los años veinte, a encarnar a la madre de cuatro hijas ya crecidas en la célebre Mujercitas de George Cukor en 1933.
Probablemente la mejor y más recordada etapa de Joan Bennett como actriz fue la que le unió al genial director Fritz Lang en los años cuarenta. Protagonizó bajo sus órdenes cuatro inolvidables películas entre las que destaca (al menos es mi preferida) La mujer del cuadro de 1944. En ella, y al lado de Edward G. Robinson, encarnó a una de las mujeres más misteriosas y atractivas de la historia del celuloide. Eso no le impidió actuar en los primeros cincuenta en las comedias El padre de la novia, y su continuación, que dirigió Vincente Minnelli y protagonizó nada menos que Spencer Tracy.
En este recorrido de recuerdos e imágenes que venimos haciendo, os proponemos (clic en la foto) un repaso nostálgico al trabajo de la Bennett, a través de un hermoso montaje fotográfico y musical. ¡A gozar!

Próxima entrega: Ralfh Bellamy




lunes, 14 de enero de 2019

TIMOTEO, EL APÓSTOL DEL HELENISMO



En el terreno religioso el periodo helenístico fue en la propia Grecia una simple prolongación del periodo precedente. No ocurrió lo mismo sin embargo, en las extensas regiones conquistadas y colonizadas culturalmente por los sucesores de Alejandro. Singularmente hubo un hombre que contribuyó de forma decisiva a la propagación del helenismo religioso. Timoteo fue un sacerdote de Démeter de la familia de los Eumólpides, originario de Eleusis, en cuyos misterios había sido iniciado desde muy joven. Podemos rastrear su legado en dos de los centros más importantes de la actividad religiosa del helenismo: Pesinonte de Frigia y Alejandría.

En Pesinonte helenizó la religión local de la Madre Suprema, Mégalé Máter, la misma que entre los indígenas se llamaba Cibeles y en griego Rheia del Ida, es decir, la diosa de la montaña. Timoteo actuó bajo el reinado de Lisímaco, que se había propuesto crear una nueva religión oficial, lo mismo que sus sucesores los reyes de Pérgamo. Esta religión muy extática, tomó como centro el apasionado amor de la Madre por el joven pastor Atis, que condujo al amado hasta la locura y la automutilación. Esa emasculación (castración) fue imitada por los nuevos adeptos los llamados sacerdotes galos, un término, simple coincidencia fonética, que no tiene la menor relación con la Galia y los galos célticos que nos son más familiares. Curiosamente del viejo mito de Cibeles y Atis en Grecia se había suprimido hacía ya mucho tiempo el desagradable rito de la mutilación. Timoteo no logró impedir que se convirtiera en el motivo central de la nueva religión grecofrigia. No pudo evitar la emasculación voluntaria, tan arraigada entre la casta sacerdotal frigia, pero atenuó su importancia situando al lado de la muerte, la resurrección de Atis a través del amor de la Madre Suprema. Eso le dio ocasión de introducir en la religión de la Madre el drama religioso de Démeter, la búsqueda de su hija Perséfone, la victoria sobre la muerte y el renacer cada primavera, enseñanzas todas contenidas en los misterios eleusinos que le eran tan familiares y queridos.


Los iniciados se unían a los adeptos de la religión nueva consumiendo alimentos sagrados, eucarísticos, y sirviéndose como vajilla de címbalos y tímpanos, de que hacían uso para acompañar las danzas exaltadas en honor de la diosa. He comido en el tímpano, he bebido en el címbalo y me he saciado de la sangre de Atis, salmodiaban los iniciados. Después, ante ellos se representaba el drama religioso del amor, la muerte y la resurrección de Atis, que convertía el dolor en alegría. En la definitiva iniciación se pronunciaba este dístico: Disipad vuestro temor ¡oh iniciados! El dios está salvado. El premio de la salvación se nos ha otorgado también para siempre. De la victoria sobre la muerte que conseguía Atis, los iniciados obtenían la convicción de ser inmortales ellos mismos. Desde tiempos inmemoriales, la Madre era honrada bajo la forma de una piedra negra que primero se encontraba en Pesinonte y más tarde se trasladó a Pérgamo. Para la imaginación helénica eso parecía poco, había que esculpir los ídolos en forma humana. Así se produjo una abundante iconografía tanto de Atis como de Cibeles, a quien se añadió una corona en forma de torre. La imagen hizo fortuna y se exportó a Roma en su forma célebre de Mater turrita.

Aun más importante fue la actividad de Timoteo en Alejandría, donde transformó el antiguo culto egipcio de Osiris e Isis en el culto helenístico de Isis y Serapis. En el mito egipcio, Osiris, hermano y marido de Isis, cae víctima de una celada que le tiende su malvado hermano Seth, y su cuerpo es despedazado. Isis reúne los fragmentos y mediante fórmulas mágicas devuelve la vida al difunto. Este rito estaba más cerca del culto de Démeter, con la cual Heródoto en consecuencia, identifica a Isis. Aquí la labor de Timoteo consistió en helenizar tanto el culto como las estatuas mismas. Por alguna razón misteriosa, Osiris se transformó en Serapis, que fue identificado con Hades, el dios heleno del inframundo. Al principio Isis se representó bajo los rasgos de Démeter, pero ya en el helenismo tardío la diosa adquirió su aspecto grecoegipcio, vestida con la túnica que usaban sus sacerdotisas, sentada y sosteniendo en brazos a su hijo, el pequeño Horus, que cambió su rostro de halcón por un rostro humano, y a la postre sería el antecedente iconográfico de nuestras muy cristianas madonas con niño. El sensualismo oriental aportó un marcado carácter sexual en el amor de la Madre Suprema. A la larga el mundo grecorromano eliminó esa sensualidad, pero en principio ese elemento se hizo extraordinariamente patente, hasta el extremo de que muchos moralistas grecolatinos llamaron a los templos alejandrinos almácigos de la desvergüenza. Los lugares de culto, que exigían la presencia de un numeroso clero masculino y femenino, acabaron siendo comparados a lupanares.


Los seléucidas del reino de Persia, a dónde no llegó Timoteo, no aprovecharon ningún elemento de las religiones locales, y se limitaron a imponer en sus dominios el culto helenístico de Afrodita y Adonis, exportado de la relativamente cercana Chipre prácticamente sin modificaciones. Ello no impidió a los naturales del país mantener sus tradicionales ritos de Baal o de Mitra. Los judíos, que cayeron también bajo el dominio seléucida, siguieron conservando intactas sus creencias religiosas. Incluso el judaísmo hizo entre los helenos cierto número de prosélitos: proselytoi, con el significado de aquellos que se han acercado.
Por último, citaremos la que acaso fue la más significativa aportación del helenismo en materia religiosa, el culto a los reyes, que comenzó por la divinización de Alejandro, y se acabó propagando primero al Egipto ptolemáico, y más tarde a la Roma imperial.
Os dejo por hoy. El profe Bigotini está haciendo un ruido de mil demonios esculpiendo con martillo y cincel, una estatua con una enorme nariz.

Cuando Dios quiera jubilarse, descubrirá que sólo cotizó durante seis días.



viernes, 11 de enero de 2019

ALBERT CAMUS, EL APÓSTOL DEL ABSURDO



Albert Camus nació en el departamento de Constantina, en la Argelia francesa, en 1913. Sus padres eran colonos de los llamados pieds-noirs. Él, Lucien Camus, era un alsaciano emigrado a Argelia cuando Alsacia cayó en poder de los alemanes. Murió luchando en la Gran Guerra cuando el pequeño Albert apenas tenía un año. La madre, Elena Sintes, era originaria de Menorca.
Albert se crió en un barrio humilde de Argel, rodeado de la pobreza más absoluta. No tuvo un libro en las manos hasta que se los proporcionaron sus profesores Louis Germain y Jean Grenier, a quienes guardó siempre infinita gratitud. En su juventud argelina se dedicó con entusiasmo al deporte, destacando en fútbol, boxeo y natación. Tuvo que abandonar la práctica deportiva al contraer la tuberculosis. A partir de entonces se dedicó al estudio de la filosofía y la literatura. Fue rechazado como profesor por su mala salud, así que se dedicó al periodismo, iniciando a la vez su carrera literaria.

Publicó en la revista Sud y en Alger Républicain. Se relacionó con el Partido Comunista, y en 1934 se casó con Simone Hié, matrimonio que terminó abruptamente por las mutuas infidelidades de la pareja. Comenzó en los últimos treinta a forjarse una reputación como escritor, y abandonó en 1938 el comunismo por su discrepancia ante el pacto germano-soviético que firmaron Hitler y Stalin. Sus denuncias de la situación de los argelinos en el Diario del Frente Popular le granjearon la enemistad del gobierno colonial francés que maniobró para expulsarlo de Argelia en 1940. Se trasladó a París, colaboró en el diario Paris Soir, y se casó con la pianista y matemática Francine Faure, con quien tuvo sus dos hijos mellizos, Jean y Catherine. Francine fue la mujer de su vida. Ambos se mantuvieron unidos hasta el final a pesar de las infidelidades de Camus, y la esposa fue una influencia decisiva en la evolución filosófica e ideológica del autor.


A partir de 1948 Albert Camus se acercó al movimiento anarquista, fue articulista de Le Monde Libertaire, La Revolution Proletarienne y el cenetista español Solidaridad Obrera. Se distanció definitivamente de Jean-Paul Sartre y del existencialismo por su identificación con el marxismo, y apoyó movimientos anticomunistas en la RDA, Polonia o Hungría. Durante la guerra franco-argelina se vio atrapado entre su lealtad a Francia y el reconocimiento de la justicia de la causa argelina, con lo que se atrajo la incomprensión y la enemistad de ambas partes.
Recibió el premio Nobel en 1957 y falleció en 1960, a los 47 años, víctima de un accidente de tráfico sobre cuyas causas aparecieron muchas sombras de sospecha.


En cuanto a su obra literaria e intelectual, Camus es el principal representante de la corriente absurdista, ligada al movimiento libertario, como su antecedente existencialista lo estuvo al comunismo. Explora la condición humana y su aislamiento en un mundo ajeno. El extrañamiento del hombre hacia sí mismo, conduce a situaciones absurdas. No obstante, Camus va más allá del nihilismo negativista, admitiendo cierto humanismo liberal alejado de los dogmas cristianos o marxistas.
Entre sus novelas destacan El extranjero, La peste, La caída, La muerte feliz y El primer hombre, esta última inconclusa y terminada por su hija Catherine. De sus obras teatrales cabe citar Calígula, El malentendido, Los justos o Estado de sitio, todas ellas enmarcadas en el teatro del absurdo. Y entre la infinidad de ensayos y artículos destacaremos El mito de Sísifo, de 1942, y El hombre rebelde, de 1951.


En Biblioteca Bigotini os ofrecemos (clic en la portada) la versión digital de El extranjero, la primera novela del autor, publicada por Gallimard en 1942. Su protagonista, monsieur Meursault, es un condenado a muerte que no rechazará su ajusticiamiento ni mostrará sentimiento alguno de injusticia o arrepentimiento. Su comportamiento, pasivo y apático, representa la condición humana en una sociedad que aísla al individuo, cuyos valores quedan degradados y diluidos en una existencia absurda. Todo hombre se transforma en un extranjero en una sociedad carente de sentido, en la que la principal prueba de cargo para una condena es no haber llorado en el funeral de su propia madre.
Empapaos de Camus y de su absurda filosofía del absurdo con la lectura de esta gran novela.

…pensé que al cabo, era un domingo de menos, que mamá estaba ahora enterrada, que iba a volver a mi trabajo y que después de todo, nada había cambiado… Albert Camus. El extranjero.




martes, 8 de enero de 2019

AHORRO, DISPENDIO Y GUERRA DE SEXOS



En el reino animal está bastante extendida la regla del ahorro de óvulos, en contraste con un dispendio generoso y hasta manirroto de espermatozoides. Así en la especie humana se produce generalmente un solo óvulo en cada ciclo menstrual, alternándose uno y otro ovario en esta ardua tarea, mientras que en cada eyaculación los testículos expulsan con la mayor naturalidad hasta 180 millones de espermatozoides. Un hombre con un recuento espermático de 50 millones, que parece una cifra más que abundante, probablemente será infértil.

Posiblemente ostenta el record el diminuto macho del pájaro ratón australiano, que eyacula unos 8.000 millones de espermatozoides. Esta diferencia de producción tan abrumadora de ambos sexos, podría hacer que los machos de un sinfín de especies, sintiéndose súbitamente atacados de la necesidad de hacer recortes, que tan en boga está en estos tiempos de crisis, exclamen compungidos y en tono plañidero: ¿por qué?

La respuesta no es fácil. Seguramente tiene que ver con los hábitos sexuales de machos y hembras en muchas especies. Mientras que el macho apuesta por la cantidad (muchas parejas sexuales, muchas cópulas, mayores probabilidades de transmitir su carga genética); la hembra se inclina por la calidad (cuidadosa selección de un buen padre que aporte material genético de primera, y en muchos casos garantice el sustento y la protección tanto de ella como de su prole). En otras palabras, la hembra elige pareja con exquisito celo, mientras que el macho dispara compulsivamente a todo lo que se mueve, un don juan que corre en pos de las faldas con los calzones en las rodillas.
La cosa sin embargo, no está tan clara. Algunos reputados especialistas se inclinan a pensar que en aves, mamíferos, y otros grupos de animales que copulan, los machos que producen una mayor cantidad de espermatozoides son precisamente los de aquellas especies en las que (poned aquí un redoble de tambor, chicas)… las hembras son más traviesas y promiscuas.
Al parecer hay dos factores que podrían conducir a recuentos espermáticos elevados en las especies con las hembras más promiscuas. Uno es el que llaman los biólogos competencia espermática. Cuando los espermatozoides tienen que competir con otros de machos distintos, la competencia adquiere los tintes probabilísticos de una rifa, y obedece al mismo patrón matemático. Si tengo más números para el sorteo, tendré más probabilidad de ganar el premio. Con el tiempo, el éxito repetido de los machos con recuentos espermáticos más altos, conducirá a un aumento del número de espermatozoides producidos por todos los machos.

La capacidad para producir espermatozoides debería estar en relación con el tamaño de los testículos, y la evidencia demuestra que en efecto es así. Por ejemplo, entre los grandes simios, los gorilas tienen unos testículos diminutos en relación con su envergadura física, porque se organizan en harenes donde un solo macho atiende a un grupo de hembras. Igual que los grandes ciervos, carecen de verdadera competencia espermática, y al igual que estos, sólo tendrán que ocuparse de mantener alejados a los rivales. Para eso es preferible aumentar el tamaño de la cornamenta o la potencia de la musculatura. No es necesario que los testículos sean especialmente grandes. Sin embargo, los chimpancés, cuyas relaciones familiares son mucho más complejas y variadas, tienen los testículos más voluminosos. Y los machos de homo sapiens ostentan el record de tamaño testicular de todos los simios. Seguid cualquier telenovela y os parecerá muy natural.


El segundo factor que podría favorecer los recuentos espermáticos elevados, es que los espermatozoides deben salvar un sinfín de obstáculos y de dificultades en su tortuoso camino hasta el óvulo femenino. Mueren de forma masiva, brutal. Los tractos femeninos están plagados de peligros y trampas. La inmensa mayoría de los espermatozoides son digeridos, expulsados o liquidados. En la especie humana, inician su odisea en el ambiente ácido y hostil de la vagina. El ácido es letal para los espermatozoides, lo que explica el hecho de que en muchos lugares se utilizaran unas rodajas de limón estratégicamente situadas, a manera de improvisado y zafio anticonceptivo. Menos del 10 por cien llegan al cuello uterino, y aquí se encuentran con una barrera mucosa infranqueable para la mayoría. Por si fuera poco, aparecen los leucocitos que, en formación de combate, invaden el cuello y las paredes internas del útero, eliminando a todos los intrusos. En la mujer, a las cuatro horas de la cópula, el ejército de leucocitos reúne una fuerza superior a mil millones de células. Cuando por fin los exhaustos espermatozoides supervivientes alcanzan las trompas de Falopio, único lugar donde tienen alguna posibilidad de encontrarse con un óvulo, apenas quedan unos centenares de ejemplares de los más de cien millones que iniciaron el viaje.
¿Qué ganan las hembras con tanta hostilidad? La hipótesis más plausible es que la hostilidad garantiza que los huevos sólo sean fecundados por los mejores espermatozoides. Otra sostiene que la hostilidad podría haber evolucionado inicialmente como defensa frente a las infecciones. De hecho el semen de los humanos y de muchos otros mamíferos contiene sustancias que suprimen la respuesta inmunitaria de la hembra. Ellas a su vez, habrían evolucionado intensificando la respuesta inmunológica. Sería un círculo evolutivo de respuestas y contrarrespuestas.
En definitiva, todo nos conduce al escenario darwiniano de la lucha por la supervivencia, que como puede verse, en muchos casos comienza aun antes de nacer. La vida es dura, amigos.


Hoy no, querido. Me duele la cabeza.  Anna Bolena.


viernes, 4 de enero de 2019

MEDIDAS, CÁLCULOS Y ERRORES. LA INFRUCTUOSA BÚSQUEDA DE LA VERDAD



Desde tiempos inmemoriales el ser humano se ha afanado en pesar y medir todo lo que le rodea. Las más antiguas civilizaciones utilizaban ya unidades de medida acordes con su cultura y sus necesidades. Muchas de ellas se han conservado hasta la actualidad, a pesar de la creciente tendencia unificadora que caracteriza nuestra civilización tecnológica. Cuando la medida de una cantidad se realiza comparándola directamente con la unidad que se tome como referencia, se dice que es una medición directa. Pero a menudo, la cantidad a medir está relacionada con otras cantidades mediante una fórmula matemática, por ejemplo, en el caso de las superficies de las figuras geométricas. En semejantes casos son estas últimas las que medimos directamente, mientras que el valor de la primera debe hallarse por cálculo, aplicando la fórmula correspondiente. Se dice entonces que se trata de una medición indirecta.


Se llama error de una medida a la imprecisión con que se ha llevado a cabo. Dicho error puede ser absoluto o relativo.
Error absoluto de una medida es la diferencia entre el valor hallado al hacer la medición, y el valor verdadero de la misma. Si la longitud de un objeto es de 2,33 m., y al medirlo hemos hallado 2,35 m., el error absoluto será: 2,35 – 2,33 = 0,02 m. Según podemos apreciar en este sencillo ejemplo, el error absoluto es una magnitud de la misma naturaleza que la que se mide. En este caso ambos datos están expresados en metros.


Error relativo es el cociente que resulta de dividir el error absoluto por el valor verdadero de la medición. En el ejemplo anterior, el error relativo será: 0,02/2,33 = 2/200 = 1%.  Como los errores no pueden determinarse sino de forma aproximada, se acostumbra a redondear los resultados, no conservando más que una cifra significativa; por eso aquí he puesto ‘200’ en lugar de 233. Como el numerador y el denominador están expresados en la misma unidad (metros), pueden simplificarse, obteniendo así un número abstracto: ‘1%’. Por tanto, el error relativo es siempre un número abstracto que suele expresarse en forma de tanto por ciento.


Es el error relativo y no el absoluto, el que nos da una idea más cercana a la realidad de la precisión (o mejor imprecisión) de una medida, porque la precisión depende no sólo de la aproximación de la medida, sino fundamentalmente de las dimensiones y de la propia naturaleza de lo que pretende medirse. Si lo pensamos bien, en realidad nunca conocemos el verdadero valor de la cantidad que se desea medir. Si lo conociéramos con certeza, daríamos ese valor a la medida y no cometeríamos error alguno. Una práctica común es realizar cierto número de mediciones, y tomar la media aritmética de los valores hallados. Entre científicos se considera pedante y fuera de lugar expresar los errores relativos con demasiada precisión. En el ejemplo que hemos utilizado, decir que el error relativo es de 1,00064%, resulta ridículo. Si pretendes conocer con tanta precisión el error, ¿por qué no aplicar esa precisión a la propia medida? Es mucho más honrado en este caso, reconocer un error del 1%.


En ciencia, la historia de la búsqueda de la llamada ‘verdad absoluta’ tiene mucha semejanza con el mito clásico de Sísifo, un personaje condenado en los infiernos por toda la eternidad, a empujar colina arriba una pesada piedra redonda que una y otra vez volvía a caer colina abajo. Recordad la entrada que dedicamos al principio de incertidumbre, y veréis que aquella célebre frase que suele atribuirse a Sócrates: sólo sé que no sé nada, cobra una vigencia extraordinaria.

Quienes se empeñan en buscar la verdad a toda costa, merecen el castigo de encontrarla.  Santiago Rusiñol.