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martes, 26 de mayo de 2020

MARINO BENEJAM Y LA FAMILIA ULISES



Marino Benejam Ferrer, menorquín nacido en Ciutadella en 1890, fue uno de los más notables dibujantes de la posguerra española, y junto a Urda y Coll, uno de los buques insignia de la revista TBO.
Trasladada en su infancia la familia a Barcelona, el pequeño Marino estudió en una academia de dibujo, y ya antes de la Guerra Civil, comenzó a publicar historietas para revistas como Pocholo y TBO. Fue en esta última donde en 1936 creó a Melitón Pérez, su primer personaje célebre, un tipo singular que en tres o cuatro viñetas, desgranaba pequeñas historias de la vida cotidiana cargadas de sátira y muchas veces con un punto surrealista notable.
En TBO, publicación para la que trabajó prácticamente en exclusiva, produjo miles de historietas. La mayoría de ellas, sobre todo en sus comienzos, sin personajes fijos ni repetidos. En aquellos primeros años cuarenta se fue haciendo reconocible su estilo de línea clara, viñetas pequeñas y texto escrito en cursiva, que lo convierten en un referente del tebeo español. En 1946 aparecieron por vez primera sus Aventuras de Morcillón y Babalí, peripecias de un orondo cazador blanco en África, secundado por el negrito Babalí, fiel como un perrito a su amo y un poco simple. Eran situaciones cargadas del racismo un tanto inocente tan característico de su época. También, a partir de 1951, realizó Benejam durante algún tiempo la sección de Los grandes inventos del TBO, una de las más exitosas de la revista.

Pero la que fue sin duda ninguna la gran obra de Benejam, es La familia Ulises, aparecida por primera vez en 1944. Esta serie se convirtió muy pronto en la de mayor importancia de TBO, que le reservó casi siempre la contraportada. Los guiones primitivos fueron de Joaquín Buigas, que dirigía el semanario. La familia era una historieta costumbrista protagonizada por personajes entrañables como Ulises Higueruelo, el cabeza de familia, un empleado de buena posición, funcionario de alguna importancia, o acaso hombre de confianza en alguna gran industria, un tipo rechoncho y calvo con un gran corazón y una enorme facilidad para meterse en líos. Su esposa, doña Sinforosa, igual de rechoncha que Ulises, pero mucho más prudente, cifraba todas sus esperanzas en casar con algún señor rico a su hija mayor, Lolín, una rubia veinteañera guapita y modosa hasta la timidez. Los hijos pequeños, Merceditas y Policarpito, eran buenos y obedientes, acaso demasiado para su edad. Completaban la familia el perro Treski y la suegra de Ulises, doña Filomena, una anciana emigrada del pueblo a la ciudad a quien delataba su lenguaje rústico en el que parecen predominar elementos del habla popular aragonesa, aunque nunca se mencionó en las historietas el origen de la familia.
Había también otros personajes secundarios, un tal Fernandino, un caradura que se aprovechaba a menudo de la ingenuidad de la familia, y Don Paco, solterón rico de cierta edad que la esposa y la abuela veían como un posible buen partido para Lolín.
Las aventuras familiares tienen lugar en la Barcelona de la posguerra. Aparecen elementos como el estraperlo, los timos, los primeros automóviles, la radio y años después la televisión… La familia veranea cada año en San Agapito del Rabanal. Los “Ulises” van juntos a todas partes, son una familia unida, una Familia española con mayúscula, de esas a las que seguían de cerca el Municipio y el Sindicato.
La sátira es siempre amable y superficial. No se cuestiona nunca el orden social. El encanto reside en el gran detalle con que se describen las costumbres, en la gracia de los diálogos y en la comicidad de las situaciones y malentendidos que se producen.
La gran cantidad de viñetas de la historieta y lo abigarrado de los bocadillos que encierran los diálogos, producen a veces en el lector cierto agobio. Benejam dejó de dibujar la serie por sus problemas visuales, y fue continuada por otros dibujantes hasta su definitiva desaparición en 1983. Marino Benejam había fallecido en 1975. En nuestra historia del cómic os dejamos un abanico de viñetas y páginas de este gran historietista. Disfrutad.






























sábado, 23 de mayo de 2020

DEBORAH KERR. DE AQUÍ A LA ETERNIDAD




En De aquí a la eternidad fue donde muchos españolitos descubrimos a Deborah Kerr fundiéndose con Burt Lancaster en un beso interminable y revolcándose en la arena, allí donde rompen las olas. Un revolcón inolvidable que nos dejó atónitos varios años después, probablemente frente a la pantalla del televisor, porque en los años cincuenta del estreno de la película, la escena fue convenientemente suprimida por los censores del régimen nacional católico de don Claudio patas cortas.
En aquella gran película de Zinnemann la actriz tenía sólo treinta y dos años. Parecía mucho mayor, siempre lo pareció, acaso porque solía encarnar personajes de mujeres más maduras de lo que correspondía a su edad. Para eso contribuyó decisivamente su impecable acento de dama inglesa (escocesa, para ser exactos), y la profusión de moños y recogidos con que solía peinarse. El pelo suelto al parecer nunca formó parte de su imagen.
Deborah Kerr era milady, su majestad, una profesora… la señorita nosecuántos, como en El rey y yo, otro peliculón magnífico. Hoy, a modo de recuerdo, os ofrecemos el enlace para contemplar un fragmento musical precisamente de ese gran filme de 1956. Haced clic en la carátula y disfrutad unos minutos de la belleza y el mágico encanto de aquella mujer irrepetible.

Próxima entrega: Fred Zinnemann



martes, 19 de mayo de 2020

DOMUS. LA CASA DE LOS ROMANOS



El lugar en que se desarrollaba la vida familiar entre los romanos era la casa. La clásica casa itálica tenía en el centro una sala de grandes dimensiones, el atrium, iluminada por una abertura rectangular practicada en el techo. Por ella el agua de las lluvias caía en una fuente situada en mitad de la sala, llamada impluvium. En el atrium se encontraba el lar, altar del hogar doméstico. Frente a la entrada se abría la alcoba de los amos (tablinum), y delante de esta pieza, el atrium se prolongaba a ambos lados en forma de dos alas (alae), lo que le confería la figura de una cruz latina, estando ocupados los ángulos por alcobas para los miembros de la familia y para los esclavos y sirvientes.

En el siglo II esta antigua forma de casa-hotel se modificó entre la gente rica, y se agrandó imitando la casa griega. Remedaba el estilo de Pérgamo. A la casa itálica se añadieron el peristilo y las piezas adyacentes, con el resultado de que en el nuevo tipo de casa, el antiguo tablinum perdió su condición de alcoba para transformarse en una pieza de paso y de lujo. La vida íntima de la familia transcurría en el peristilo y en las piezas confortables que desembocaban en él. Así el atrium llegó a ser el salón oficial de las recepciones del amo. Con el peristilo, el resto del lujo del Oriente griego había pasado a los romanos, como las decoraciones de las paredes, los pavimentos de mosaico, los techos artesonados, los muebles ornamentados, los vasos y candelabros de mármol y de bronce, los adornos esculpidos y, particularmente, esa mezcla de edificios y de follaje que constituía el encanto de la casa helenística.

Fue así como se formó poco a poco el tipo de casa grecorromana, del que pueden darnos alguna idea las ruinas de Pompeya. Sin embargo, la casa urbana estaba lejos de satisfacer las necesidades de los grandes patricios y nobles romanos, y entre ellos, pocos había que no poseyeran algunas villas, bien en las afueras de la ciudad (suburbanae) o en algún lugar de las montañas sabinas o de Alba (Tusculanum), y aun más lejos, en Nápoles, en Tarento o en Baias, por ejemplo.
Los banquetes de los ricos los hacían tendidos en los triclinium, conjuntos de tres divanes con una mesa central donde se disponían las viandas. Como curiosidad diremos que los divanes se hallaban orientados de manera que los comensales reposaran sobre su costado izquierdo, lo que facilita enormemente las digestiones. Este dato, que hoy en día conocen perfectamente quienes padecen reflujo gastroesofágico, era ya bien conocido por los antiguos romanos.

Por supuesto, todo lo anterior sólo es aplicable a las casas de la gente rica. Los pobres debían contentarse con un pequeño hotel en las poblaciones pequeñas, y en Roma se alquilaban apartamentos (cenaculum) en casas de alquiler llamadas ínsulas, con varios pisos de altura, construidas con materiales de ínfima calidad, con ventanucos abiertos, lo que daba lugar a pasar frío en invierno y calor en verano. Muchas de estas ínsulas se incendiaban a menudo e incluso se derrumbaban debido a su deficiente fábrica.

Carecían de agua corriente, de manera que sus habitantes se veían forzados a utilizar las letrinas públicas (letrinarium) mediante el pago de un as, moneda de escaso valor. En los letrinarium públicos se hacía vida social, los comerciantes cerraban negocios y los siervos se ajustaban con nuevos amos por un mejor salario. Consistían en salas cuadradas o rectangulares con una inclinación suficiente para que el agua corriente produjera el arrastre de las heces hasta el sumidero. Tres laterales estaban dotados de bancos bien de madera o bien de planchas de mármol con agujeros. Cada puesto se separaba de los contiguos por unas pequeñas placas de apenas diez o quince centímetros, por lo que la intimidad brillaba por su ausencia. En el centro de la estancia había una fuente donde se enjuagaban las esponjas, elementos de limpieza de infinitos usos.


Cuenta Tácito que los encargados de regentar estos establecimientos solían dejar entrar en ellos a vagabundos y pícaros de toda índole que, fingiendo estreñimiento, pasaban allí el tiempo e importunaban a sus vecinos de letrina con toda clase de peticiones. Vespasiano, emperador muy preocupado por las materias de higiene, extendió estos letrinarium por todo el Imperio. Como curiosidad, en Francia hasta tiempos recientes se llamaban vespasiennes a los urinarios públicos. Todos los materiales de arrastre acababan en el sufrido Tíber, inmensa cloaca donde se bañaban en verano los chiquillos y las gentes más pobres.


Los baños en las casas eran muy poco usuales, reservándose sólo a grandes mansiones y palacios de los nobles más opulentos. Quienes podían permitírselo acudían a los baños públicos, las termas, que contaban con agua caliente (caldarium), templada (tepidarium) y fría (frigidarium). No faltaba tampoco el baño de vapor (laconicum), y todos estos espacios se encontraban naturalmente por partida doble, para hombres y para mujeres.
Las termas romanas contaban además con un espacio al aire libre destinado a practicar ejercicio (palestra), vestuarios (apodyterium), y hasta con una zona circundante de establecimientos de comidas y bebidas (tabernae). Para la mayoría de los ciudadanos la visita a las termas se convertía en una especie de fiesta. A menudo pasaban en ellas varias horas e incluso el día entero, así que puede suponerse que no practicaban estas medidas higiénicas diariamente ni mucho menos. Los espacios públicos en Roma y en las demás urbes imperiales no debían oler precisamente a perfume. Se sabe de emperadores que con motivo de aniversarios y diferentes efemérides gloriosas, convidaban a bañarse a toda la población mediante el pago de las termas de su peculio. Así, durante unos días el ambiente sería algo más respirable.


El viejo Bigotini emplea tanto tiempo en la limpieza de su enorme nariz, que apenas tiene ocasión de ocuparse del resto del cuerpo. No obstante, procura seguir el consejo que cuando niño le dio su difunta abuela: hijo, báñate y múdate la ropa interior cada sábado, te haga falta o no. Y es que los grandes hombres, amigos, son gente muy limpia.

Que me digan disléxico me entra por un odio y me sale por el orto.



sábado, 16 de mayo de 2020

JULIO CORTÁZAR. UN SALTO DE RAYUELA FRANCO-ARGENTINO



Este argentino nómada nació en Bruselas en 1914 y fue a morir en París en 1984. Entre ambas fechas Julio Cortázar residió en varios países europeos y recorrió muchos más a ambos lados del Atlántico. Tuvo además tiempo de construir una carrera literaria no sujeta a ningún convencionalismo, que le convirtió en una de las más importantes referencias del realismo mágico, y hasta del surrealismo. Cortázar es uno de los más influyentes novelistas del siglo XX, y uno de los grandes escritores en español de todos los tiempos.
Su padre, que abandonó a la familia cuando el pequeño Julio tenía sólo seis años, era funcionario de la embajada argentina en Bruselas. Gracias a que la abuela materna era alemana, la familia consiguió refugiarse en Suiza durante la Gran Guerra. Pasaron luego a Barcelona, y más tarde a Buenos Aires, donde transcurrió la mayor parte de la infancia de Julio. Allí, en el meridional barrio de Banfield, se inició en la lectura de Verne, Allan Poe y Víctor Hugo. Su principal libro de cabecera fue el Pequeño Larousse, tabla de salvación intelectual a la que se aferró su infancia enfermiza y náufraga cargada de melancolía. Alguno de sus cuentos como La señorita Cora, Final del juego, Bestiario o Los venenos, evocan aquellos años grises.

Terminada la enseñanza secundaria, se graduó como maestro de escuela, ejerciendo la enseñanza de día y dedicando las noches a recorrer aquel Buenos Aires irrepetible de milongas, estadios de boxeo y bares de mala nota. Se extasió con la lectura de Opio, el diario toxicómano de Jean Cocteau, que editaron en castellano los hermanos Gómez de la Serna. Comenzó los estudios universitarios de filosofía, residió durante años en cuartuchos y pensiones de mala muerte, colaboró  en un documental con el cineasta Gerardo Panero, y se mudó a Mendoza, donde impartió cursos de literatura francesa.
La revista El Correo Literario publicó Bruja, su primer cuento. En 1946, cuando Perón llegó a la presidencia, Cortázar, declarado y vehemente antiperonista, renunció a su cátedra en Mendoza y regresó a Buenos Aires para dedicarse de lleno a la escritura. A esa época pertenecen su relato Casa tomada y su colección de cuentos La otra orilla. Tradujo al poeta inglés John Keats y cultivó la amistad de Jorge Luis Borges, cuya personalidad y estatura literaria le convirtieron para siempre en fervoroso adepto del borgismo, devoción a la que también se inclina quien escribe estas líneas.

En los cuarenta y primeros cincuenta fue asiduo colaborador de la revista Sur, dirigida por Victoria Ocampo y frecuentada por intelectuales del llamado Grupo Florida, del que formaron parte Bioy Casares, Silvina Ocampo o el mismo Borges, entre otros. En 1951 se trasladó a París donde, con los paréntesis de sus numerosos viajes, residió de forma permanente hasta su muerte. En 1981, adquirió con gran publicidad la nacionalidad francesa, como una forma más de protesta pública por la dictadura militar de su país.
En Italia, y por encargo de la Universidad de Puerto Rico, tradujo las obras completas de Edgar Allan Poe, traducción que hasta hoy día está considerada la mejor en lengua española.
Su vida sentimental dio comienzo tarde, casi a los cuarenta años, cuando en 1953 se casó con Aurora Bernárdez, una traductora argentina. En 1967 se unió a la lituana Ugné Karvells. Su tercera pareja fue la escritora norteamericana Carol Dunlop. Ya en sus últimos años, fallecida Carol, volvió con Aurora Bernárdez, que le cuidó durante su enfermedad y se convirtió en la heredera legal de todos sus derechos literarios.

El pensamiento político de Cortázar, apenas esbozado y casi siempre evitado por el autor, le llevó del antiperonismo a la fascinación por la revolución cubana y la cercanía con el Chile de Salvador Allende, a quien conoció y trató en 1970.
En su producción literaria destaca por encima de sus demás novelas Rayuela, una arriesgada apuesta a medio camino entre surrealismo y fantasía. No conviene olvidar sin embargo su extensa e intensa obra poética (Bolero, Presencia, Un tal Lucas, Último round) o trabajos mixtos como la monumental Historias de cronopios y de famas, título predilecto de casa Bigotini. Hoy, de nuestra biblioteca virtual extraemos una versión digital de su relato La autopista del Sur, cuya lectura os proponemos. Haced clic en la portada y disfrutad la fluida prosa de Julio Cortázar, sin duda uno de los más grandes escritores contemporáneos.

Detrás de este triste espectáculo de palabras, tiembla indeciblemente la esperanza de que me leas, de que no haya muerto del todo en tu memoria. Julio Cortázar.




martes, 12 de mayo de 2020

HEMBRAS AGRESIVAS Y MACHOS ATRACTIVOS



En la mayoría de las especies las hembras son demasiado sensatas como para pelearse unas con otras. Ya hemos visto en entregas anteriores que semejantes comportamientos agresivos suelen ser más propios de los machos. Los pocos casos de lucha entre hembras, por lo general no se producen por un macho, sino por motivos de mayor peso, como nidos, alimentos o territorios de caza.
Una de las escasas excepciones a esta regla la protagonizan las hembras de polla de agua, una especie de aves que habita los humedales. En este caso concreto las hembras riñen por obtener un macho al que juzgan mejor partido. Las señoritas pollas de agua se fijan en los machos gorditos y rechonchos, que son los mejor alimentados y los que gozan de mejor salud, despreciando a los delgaduchos. Ocurre que en esta especie los machos son los encargados de empollar la puesta de huevos, una tarea que aunque parezca descansada, no lo es. Implica ayunar durante semanas, sin abandonar el nido, mientras dure la estación reproductora. Los pollos gordos poseen más reservas de grasa y darán calor a los huevos de manera eficaz, por eso son los preferidos por las damas que en este caso no buscan precisamente atractivos e insensatos aventureros, sino tipos hogareños, tranquilos y obesos que permanezcan en el nido todo el tiempo que sea necesario.


Otras hembras competitivas son las de los trips australianos, unos diminutos insectos negros cuyas hembras, armadas con unas enormes extremidades anteriores, se matan por ocupar unas moradas mejor acondicionadas, en concreto las agallas de las acacias que les sirven de nido y suelen estar muy solicitadas. También son muy agresivas las reinas de hormiga granívora. Varias de ellas cooperan para fundar una nueva colonia, pero cuando la colmena está terminada, desenfundan sus armas mortíferas y entablan entre ellas una feroz batalla por el control del nido. Sólo puede quedar una, y la vencedora hereda el reino y el derecho a reproducirse.


Nidos y territorios son importantes, pero también en ocasiones pueden serlo los machos, y lo son precisamente cuando más escasean. Algunas veces la escasez de machos es sólo pasajera, como en el caso de los tritones. Al principio de la estación reproductora del tritón común europeo, las hembras están a punto y ansiosas de montar, mientras que los machos, que disponen de una cantidad fija de esperma para toda la estación, son inicialmente muy reservados. Triunfa la mala educación. Las hembras solteras se abren paso a empujones entre las parejas durante el cortejo, con la intención de robar un poco de esperma justo cuando el macho lo deposite. El resultado es que los encuentros sexuales son en esta especie extraordinariamente agitados. En cambio, al final de la estación la mayoría de las hembras han perdido el interés por el sexo, y están muy ocupadas poniendo huevos y envolviendo cada uno de ellos en una hoja con un cuidado exquisito. Entonces son los machos los que se pelean por cualquier hembra que a esas alturas todavía se muestre receptiva. En fin, cosas de tritones y de estaciones reproductoras.


Sin embargo, en algunas especies la escasez de machos es crónica. Es el caso de Acraea encedon, una mariposa africana cuyas hembras constituyen en muchos lugares hasta más del 90% de la población, así que cuando se cruzan con uno de los pocos machos disponibles, decenas de hembras lo acosan y pelean entre ellas por conseguir sus favores. Por desgracia para Acraea, esta escasez no es lo habitual en su especie. Está causada por la bacteria Wolbachia, que ataca y fulmina a los machos al principio de su desarrollo embrionario.
Otras veces la escasez no obedece a motivos patológicos. Hay hembras que son verdaderas acaparadoras de machos, como ocurre en el sapillo balear, un batracio cuyas hembras reclutan harenes de machos que ayudan en el desarrollo de las crías, cargando con ellas. La naturaleza dispone un número aproximadamente igual de machos y hembras, pero como algunas se quedan con varios machos, resulta inevitable su escasez para otras muchas que no solo se pelean por los chicos, sino que a veces realizan incursiones en territorios de sus vecinas para raptar a todos los machos que pueden conseguir.

Así que ya sabéis cómo deben sentirse esas estrellas masculinas de la canción melódica cuando son acosados por sus admiradoras quinceañeras en plena ebullición hormonal. El viejo profe Bigotini que según cuentan los más ancianos del lugar, llegó a tener incluso pelo en la cabeza cuando era joven, fue al parecer objeto de deseo por parte de muchas jóvenes muchachas en flor. Él, ya viejo, mira a las jovencitas actuales y sonríe melancólico. Sospecho que le siguen gustando, aunque probablemente eche en falta la reciprocidad que hallaba en sus tiempos.

-Estás mucho más guapa si no llevas las gafas.
-Gracias. Tú también estás más guapo cuando no las llevo.