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sábado, 18 de enero de 2020

ETRUSCOS, LA CIVILIZACIÓN ENTERRADA



Pocas veces vemos en la Historia desaparecer a un pueblo por completo a manos de otro, como fue el caso de los etruscos, a quienes vencieron los romanos, acabando literalmente con su civilización.
A juzgar por las escasas obras de arte etruscas que han sobrevivido, y por alguna representación gráfica, los etruscos eran más corpulentos que sus vecinos villanovenses de la península itálica, y sus rasgos recordaban a los de las gentes de Asia Menor. Un indicio de que llegaron allí por mar lo proporciona el hecho de que fueron los primeros navegantes de la región. El nombre de Tirreno que dieron a su mar, procede del término etrusco con que se designaban a sí mismos.

En cualquier caso, su civilización era superior a la villanovense, como lo demuestran los cráneos hallados, cuyas dentaduras presentan signos inequívocos de una muy avanzada odontología. Los etruscos eran los únicos europeos de su tiempo que practicaban puentes metálicos para reforzar los molares. Trabajaban el cobre, el estaño y el ámbar, y sabían transformar el hierro en acero. Sus ciudades principales, Tarquinia, Veyes, Arezzo y Perusa, estaban mucho mejor urbanizadas que los primitivos y toscos poblados de  los latinos, los sabinos y otras poblaciones villanovenses. Construyeron canales, cloacas y sistemas para higienizar las aguas en aquellas tierras toscanas que entonces estaban infestadas de mosquitos transmisores de la malaria. Eran grandes mercaderes y viajeros. Cuando los romanos aun ignoraban qué había más allá de su vecino monte Soracte, los etruscos comerciaban con el Piamonte, la Lombardía y el Véneto, remontaban el Ródano y el Rin. También conocían la moneda.


Se vestían con la toga, prenda que después los romanos hicieron su traje nacional, lucían cabellos largos y barbas rizadas, llevaban alhajas, practicaban deportes y eran amantes del vino y la buena mesa. A juzgar por algún resto arqueológico, también eran aficionados al toreo, como los cretenses del otro extremo del Mediterráneo. Hay motivos para suponer que entre los etruscos el papel de la mujer era mucho más airoso que entre sus vecinos romanos. Se las representaba rodeadas de varones, participando en fiestas y reuniones, y al parecer gozaban de una gran libertad. Los romanos, gentes de costumbres austeras y rígida moral, solían llamar toscanas, o sea, etruscas, a las mujeres de costumbres libres y moral distraída. La religión etrusca pasa por ser la inventora del cielo y del infierno, y sus sacerdotes hacían mayor hincapié en este último, describiendo de manera explícita los múltiples tormentos y penalidades del inframundo. Esta predilección por lo infernal se ha perpetuado hasta tiempos más recientes, como lo prueba el ejemplo de Dante, nacido en Toscana, es decir, en Etruria en definitiva.


Las ciudades etruscas jamás consiguieron unirse políticamente, todo lo contrario de Roma, que poco después de su nacimiento sometió a sus vecinos latinos y sabinos. Cuando los romanos derrotaron a los etruscos, no se contentaron con destruir sus ciudades, sino que se aplicaron a borrar toda huella de su existencia, ya que consideraron a la civilización etrusca, enferma y corruptora. Copiaron todo lo que les interesó, moneda, escuelas, trajes, ingeniería y un largo etcétera, pero se aseguraron de sepultar sus documentos y monumentos.
Claro está que todo esto sucedió mucho tiempo después de que el contacto entre ambos pueblos se hubiese establecido, por lo que hubo un efectivo transvase cultural entre ellos. Algunos lingüistas afirman que el término Roma proviene de rumón, que es el vocablo etrusco que designa al río, lo que situaría a los etruscos en la misma fundación de la urbe, junto a latinos y sabinos, gentes de raza, lengua y religión muy diferentes, pero de alguna forma aliados en la fundación. Incluso algún historiador se atreve a apuntar que el propio Rómulo debió ser etrusco.


Cómo una estrecha alianza de al menos cien años de antigüedad llegó a extinguirse de forma tan abrupta como despiadada, es y seguirá siendo un gran enigma histórico. Sólo acertaremos a decir que los rústicos y primitivos romanos llegaron a estar un poco hartos de que los refinados y cultos etruscos les miraran por encima del hombro, con la condescendencia con que se trata al pariente pobre. Por eso, una vez depuesto Tarquino el Soberbio, último rey de estirpe etrusca, la venganza de los romanos no se hizo esperar. El ensañamiento fue mayúsculo. Quién sabe si también fue proporcional a las viejas humillaciones sufridas.

La guerra es el arte de destruir a los hombres. La política es el arte de engañarlos. Parménides de Elea.



miércoles, 15 de enero de 2020

RICHARD DE BURY, EL PRIMER BIBLIÓFILO



En el ocaso del siglo XIII, allá por 1287, vino al mundo Richard de Aungervyle, a quien se conoce como Richard de Bury por su lugar de nacimiento, Bury St. Edmunds, en el condado inglés de Suffolk. Su padre fue un noble que había luchado junto a Guillermo el Conquistador. Profesó en la orden benedictina, pero al parecer nunca hizo vida monacal, sino que más bien fue un diplomático de su época, un príncipe de la Iglesia dedicado a intrigas políticas. Sabemos de su biografía que participó en la deposición de Eduardo II. Concretamente parece que fue quien se encargó de hacer llegar a Isabel de Francia y a Roger Mortimer, su amante, los dineros que hicieron triunfar la conspiración. Se refugió en París, y allí estuvo a punto de ser eliminado por los sicarios del rey, pero finalmente pudo salvarse, y una vez alzado al trono Eduardo III, Richard de Bury ocupó cargos importantes en la corte londinense, llegando a ser Administrador del Reino, una especie de tesorero real.


A instancias del monarca inglés fue nombrado por el papa Juan XXII obispo de Durham en 1333. En Avignon conoció y trató a Petrarca, y tras ser nombrado Canciller, llevó embajadas de Eduardo III al rey de Francia, Luis IV, con quien llegó a adquirir gran intimidad.
Esto es lo que conocemos de su faceta política. En cuanto a la vertiente literaria del personaje, su importancia deriva precisamente de su gran afición a los libros. Richard de Bury se retiró de la vida pública en 1342, para recluirse en su diócesis de Durham y dedicarse a su pasión por los libros. Llegó a poseer una biblioteca muy extensa, y fue pionero en su labor de recopilación y clasificación de las obras. Su biblioteca constituyó el núcleo para que años después se estableciera la de Oxford, una de las más importantes del mundo, y sin duda la más antigua en lengua inglesa. Su pasión por los libros quedó plasmada en la que es su única gran obra conocida: el Filobiblión, una mezcla entre apología de la bibliofilia y método científico de biblioteconomía medieval. Es el texto cuya breve muestra en forma de pequeña pincelada de su versión digital traemos hoy a nuestro blog. Haced clic en la portada y admirad las ideas de este pionero entre los amantes de los libros.

Para el hombre que defiende la razón, los libros son más estimables que las riquezas. Richard de Bury.




domingo, 12 de enero de 2020

SEXO VIOLENTO. CUANDO EL AMOR ES UN RIESGO



Las focas cangrejeras de la Antártida, que a pesar del adjetivo, no se alimentan de verdaderos cangrejos, sino de krill, una sopa de microscópicos crustáceos, presentan unas curiosas costumbres sexuales. Cuando tienen un encuentro amoroso, macho y hembra, que suelen ser de tamaño parecido, se enzarzan en un violentísimo combate a base de mordiscos recíprocos. Ambos acaban empapados en sangre pero aparentemente felices. Por suerte la sal marina y la propia constitución de estos animales, contribuyen a que las heridas cicatricen pronto. En su edad adulta, cuando ya han disfrutado o sufrido varios de esos violentos encuentros, sus pieles aparecen llenas de marcas y cicatrices. Vienen a ser las señales de una dilatada vida amorosa.

Parecidas costumbres violentas mantiene una especie de insecto, la mosca de las algas australiana, solo que en este caso es la hembra, mucho mayor que su compañero, quien toma la iniciativa. El desdichado macho sufre estoicamente los tremendos golpes que le propina la hembra con las patas. Puñetazos que en ocasiones los desplazan varios centímetros. La paliza es además duradera, pudiendo prolongarse a veces durante horas. Si el macho no acaba rindiéndose, y resiste con deportividad el castigo, la hembra accederá por fin a la cópula, segura de que el macho es un duro fajador, un superviviente nato que transmitirá a su descendencia los genes adecuados. Un examen un tanto brutal, pero examen al fin.


Aunque no es el único, el caso de la mosca de las algas es bastante excepcional, porque en la naturaleza suelen ser los machos quienes por lo general se comportan violentamente. Son bien conocidos los cortejos y los coitos de los leones, que a veces se suceden una y otra vez durante varios días, mientras dura el estro de la hembra. De esta forma el macho parece asegurarse de que serán sus genes y no los de ningún otro rival, los que se transmitirán a la siguiente generación. El macho suele acompañar la penetración de sutiles mordiscos en el cuello de la hembra. Ella escenifica de esta forma su sometimiento.


Pero no siempre estos mordiscos y agresiones tienen el carácter simbólico de los leones. En el reino animal existen machos verdaderamente violentos. Así los dugones, una especie de mamíferos marinos vegetarianos que suelen habitar las aguas someras tropicales, muerden de veras a sus compañeras sentimentales, hasta el punto de que los zoólogos especialistas en el estudio de estos animales llegan a calcular la edad de las hembras por la cantidad de cicatrices de mordiscos que exhiben.

En el caso de la salamandra pigmea, el macho clava profundamente los dientes en el cuello de la hembra, mientras le introduce su paquete de esperma. Tan profundamente que en alguna ocasión los dientes, la mandíbula completa o más raramente la cabeza del macho, no puede separarse de la hembra y queda firmemente inserta en el cuello de la hembra. En los casos más extremos, esta se lleva consigo el esperma de su amante y la cabeza como trofeo añadido a una desenfrenada luna de miel. Aquí el macho literalmente pierde la cabeza por una chica.
Pero casi siempre que se producen accidentes fatales la hembra suele ser la peor librada. El macho de elefante marino meridional, un monstruo de seis metros y cuatro toneladas, alguna vez se equivoca y muerde el cráneo de su pareja en lugar del cuello, provocándole la muerte. También se han descrito accidentes similares en el visón americano. Son interpretaciones algo extremas y brutales de un beso, que acaban en tragedia.
Pero quienes han visto copular al bisonte en las praderas, aseguran que no existe en la naturaleza una furia amatoria semejante. Los machos, que pueden pesar hasta tres veces más que las hembras, golpean con las pezuñas delanteras los costados de sus compañeras, llegando en ocasiones a arrancarles trozos de piel. Cuando eyaculan se levantan sobre sus patas traseras en una especie de levitación orgásmica sin parangón.


Conviene, no obstante, precisar que los accidentes a veces incluso mortales que describimos, no son en absoluto frecuentes. Ni mucho menos, la verdad es que un macho que acostumbre a aplastar los cráneos de sus parejas, dejará muy poca o ninguna descendencia. En líneas generales, entre las especies que viven peligrosamente, el riesgo de morir durante el coito resulta trivial comparado con los muchos peligros de la vida cotidiana a que están expuestas en la sabana africana o en las profundidades marinas. Y cuando la cópula resulta de verdad un riesgo de probabilidad alta de muerte, las especies, las hembras más generalmente, desarrollan inmediatamente mecanismos defensivos evolutivos. Encontramos un ejemplo magnífico entre los tiburones, grupo de peces que suelen tener una actividad sexual muy agresiva. Concretamente en el tiburón azul que como el resto de tiburones posee dos órganos copuladotes capaces de provocar heridas graves, las hembras han desarrollado evolutivamente una piel dura y coriácea que les protege de esas embestidas asesinas.

Otro ejemplo lo constituye la especie pseudocerus bifurus, un gusano platelminto hermafrodita. Entre estos gusanos planos todos los individuos son machos y hembras al mismo tiempo. Cuando dos de ellos se encuentran, inmediatamente se enredan en una lucha sin cuartel, una especie de combate de esgrima en el que ambos tratan de clavarle al otro su estilete e inyectarle el esperma. Dan vueltas y mas vueltas amagando y esquivando, hasta que uno de ellos lo consigue. Sirve cualquier parte del alargado cuerpo. Aquí el ganador transmite su ADN a la futura prole, pero evita el fastidio del embarazo y la puesta. El/la perdedor/perdedora cargará con la responsabilidad. Y es que la vida, amigos es muchas veces así de injusta.


Por cierto, hablando de injusticias, digamos que eso de que los humanos somos también animales (que lo somos), y que tenemos instintos (que los tenemos), no puede ni debe servir de excusa o justificación de comportamientos violentos. Nuestra civilización tal como la entendemos, existe desde hace ya varios milenios. Somos seres sociales y la vida en sociedad está naturalmente sujeta a leyes y normas que deben respetarse, y cuya transgresión castigan debidamente los códigos penales de las naciones cultas. Es verdad que somos simios, pero el que se comporte socialmente como un simio en determinadas cuestiones, merecerá vivir entre rejas como los monos en los antiguos zoológicos. Ciertas costumbres adjetivadas falazmente como culturales o religiosas no pueden servir de coartada a los cafres que desgraciadamente aun quedan entre nosotros.
En fin, perdonad la perorata moralizante. Es el viejo profe Bigotini que a veces se pone un poco estupendo.

El sexo forma parte de la naturaleza, y yo me llevo de maravilla con la naturaleza. Marilyn Monroe.



miércoles, 8 de enero de 2020

HORMIGAS. EN BUSCA DEL ESLABÓN PERDIDO


Las hormigas son desde muchos puntos de vista, seres extraordinarios. Inventaron las sociedades complejas y la división del trabajo muchos millones de años antes que los seres humanos. Existen especies de hormigas que practican la ganadería, alimentando a pulgones de los que obtienen una secreción azucarada. Muchas otras especies son expertas agricultoras: cultivan diferentes vegetales, cereales, y hasta se han especializado en cultivos hidropónicos. Las hay que han perfeccionado el arte bélico hasta el punto de dirigir y movilizar auténticos ejércitos, ejecutando complicadas estrategias militares. La mirmecología, que estudia a las hormigas es sin duda la especialidad entomológica más rica y activa, aportando día tras día, nuevos y fascinantes descubrimientos.


Mirmecólogos y paleoentomólogos están de acuerdo en que tanto las hormigas como las abejas (la otra gran familia de insectos sociales) descienden de un antepasado común parecido a una avispa. Hace muchas décadas que se han descrito un buen número de especies de abejas tanto vivas como fósiles, cuyas características primitivas las emparentan sin lugar a dudas con sus antepasadas “vespiformes” (no sé si la palabra existe o la acabo de meter aquí by the face). El problema era que hasta hace relativamente pocos años, no se habían encontrado hormigas con esos mismos rasgos arcaicos. Probablemente esta demora en el descubrimiento se debe a que la mayor parte del registro fósil mirmecológico se encuentra en los yacimientos de ámbar del Báltico. Una auténtica mina de oro paleontológica que se nutre de los extensos bosques del Oligoceno, que hace entre 25 y 40 millones de años cubrían la región, coincidiendo precisamente con el periodo de mayor auge y proliferación de las hormigas sobre nuestro planeta. La cuestión era que todos los ejemplares fósiles presentaban ya rasgos modernos que las incluían en los diferentes géneros de hormigas conocidos en la actualidad, de manera que todo aquel ingente trabajo investigador resultaba un tanto frustrante.

Sphecomyrma freyi

Afortunadamente esto cambió en 1966, cuando una pareja de jubilados de apellido Frey encontró durante su paseo diario en una playa de Nueva Jersey, un pedazo de ámbar con dos hormigas obreras perfectamente conservadas en su interior. Los especímenes fueron estudiados por Carpenter y Wilson, entomólogos de Harvard, quienes inmediatamente comprendieron la importancia del hallazgo. La especie fue bautizada como Sphecomyrma freyi, donde el nombre genérico sphecomyrma significa hormiga-avispa y el nombre específico freyi homenajea a la pareja que la encontró. S. freyi debió vivir hace unos 90 millones de años, cuando los dinosaurios dominaban la Tierra, como en aquella película tan mala en la que Raquel Welch lucía palmito con un bikini de piel.

Nothomyrmecia macrops

Ya veis lo que son las cosas. Los especialistas habían pasado más de un siglo buscando el eslabón perdido sin éxito… y de repente no sólo se encuentra uno, sino que pocos años más tarde, en la década de los setenta, los entomólogos australianos hallaron en su país nada menos que un fósil viviente: Nothomyrmecia macrops, una especie grande y amarilla de ojos saltones y mandíbulas en zigzag, cuyo aspecto vespiforme (lo he comprobado y efectivamente, la palabra es correcta) no deja lugar a dudas sobre su antigüedad.

Martialis heureka

El tercer hallazgo se ha producido hace muy poco, por eso hoy se me ha ocurrido reseñarlo. Se debe a dos mirmecólogos alemanes llamados Christian Rabeling y Manfred Verhaagh. Se trata de un ejemplar vivo que habita en la selva amazónica, al que se ha puesto el nombre de Martialis heureka. Los especialistas de todo el mundo la han considerado con diferencia la más primitiva de las halladas hasta el presente, y calculan que el género al que pertenece, y del que no se conoce ningún otro ejemplo, puede tener una antigüedad próxima a los 120 millones de años. Se trata de una pequeña hormiga de 3 milímetros, que habita el subsuelo húmedo de la selva, está dotada de unas fuertes mandíbulas depredadoras, es blanca y completamente ciega.

En fin, ya veis que las hormigas son muy pequeñas, sí, pero de una importancia enorme para el ecosistema terrestre. Se calcula que existen alrededor de 20.000 especies de hormigas en el planeta, y probablemente más de 10.000 billones de ejemplares. Las hormigas constituyen algo así como el 15% del total de la masa de los seres vivos que habitamos la Tierra, superando ampliamente la masa de los seres humanos. Así que ya sabéis, pequeñas, pero…

Hijo mío, la felicidad está hecha de pequeñas cosas: un pequeño yate, una pequeña mansión, una pequeña fortuna…  Groucho Marx.



domingo, 5 de enero de 2020

MANUEL URDA, UN DIBUJANTE REDONDO



Manuel Urda Marín fue un barcelonés nacido en 1888. Sus primeros trabajos aparecieron en 1904 en la revista Monos, y desde entonces no dejó de dibujar hasta su fallecimiento en 1974, setenta años de fructífera labor en la historieta y el dibujo humorístico, una de las carreras más extensas y brillantes del tebeo español.
Manuel, que firmó sus dibujos como Urda, o simplemente con la “U” inicial de su apellido, trabajó prácticamente para todas las publicaciones catalanas del primer tercio del siglo XX, de forma especial para TBO, por la que es conocido de todos los aficionados al género. En TBO Urda formó junto a Opisso, Benejam y Coll, el núcleo duro de la revista. Fue su director artístico de 1918 a 1922, sucediendo a Opisso en esa labor, y junto a él contribuyó a fijar el peculiar estilo que hizo inconfundible el TBO para los lectores de toda España.
La especialidad de Manuel Urda fueron las historietas breves, impregnadas de un humor blanco, sin arista alguna. También brilló en los pasatiempos y la miscelánea. Secciones como De todo un poco o ¿Qué me traerá el año nuevo? Se hicieron muy populares. Aunque no fue autor de personajes fijos, popularizó alguno como El Gorila, un antihéroe que solía acabar entre rejas.
Pero ante todo Urda destaca por su peculiar estilo de dibujo, lleno de curvas, cabezas, cuerpos redondos y hasta piernas arqueadas, elementos todos característicos de su forma de hacer. En sus viñetas acaso sólo aparecen líneas rectas cuando dibuja farolas, y hasta en muchas ocasiones introduce viñetas circulares en el centro de sus páginas. Fue un enamorado de las curvas, acaso para compensar lo rectilíneo de su propia fisonomía de rasgos asténicos.
Manuel Urda fue también uno de los pioneros del cine de animación en nuestro país. En esta historia de la historieta nuestra os dejamos una selección de sus trabajos. Disfrutad de su trazo limpio y airoso y de su sencillo humor desprovisto por completo de malicia.






















jueves, 2 de enero de 2020

GENE TIERNEY Y LA RESURRECCIÓN DE LA CARNE




Para Zanuck y para muchos otros, Gene Tierney fue la más bella entre las bellas estrellas del firmamento hollywoodiense. Embelleció con su presencia las carteleras durante varias décadas, especialmente las de los años cuarenta.
Pero había mucho más que belleza física. En su juventud estudió, se preparó y viajó por Europa. La Tierney era además de bella, refinada y culta. Lo mismo que su personaje de Laura. Siempre Laura. Uno se pone a escribir sobre la actriz, y aparece Laura en las primeras líneas. Supongo que resulta inevitable el recuerdo de aquella magnífica obra de Otto Preminger, y el recuerdo nostálgico de su protagonista, una mujer perteneciente al mundo onírico de los inmortales e inmortal también ella misma. Laura nos seduce desde aquel retrato sobre la chimenea casi desde el primer fotograma, como seduce al resto del elenco de la película. No contenta con eso, después aparece, resucita como los héroes del evangelio y del resto de la mitología. En cada aparición suya suena la música de David Rankin, nos envuelve la melodía y hasta el perfume de aquella mujer inalcanzable. Todos la desean, pero nadie la llega a poseer, ni el frívolo gigoló que interpreta Vincent Price, ni el Pigmalión intelectual encarnado por el impecable Cliffton Webb, ni la ambigua Dorothy Adams… Ni siquiera, la llegará a poseer jamás el protagonista masculino, aquel Dana Andrews disfrazado de poli duro que se ablanda nada más contemplar el retrato. No nos engañemos, el previsible final feliz no es más que el obligado y usual tributo de la industria a la taquilla. Todos sabemos que la Laura del retrato, muerta o resucitada, no se hizo para los brazos de un poli de Brooklyn, lo mismo que no se hizo la miel para la boca del asno ni Gene Tierney para reinar en este mundo, sencillamente porque su reino tampoco es de este mundo, sino del país donde habitan los sueños, al otro lado de la pantalla del particular cinema paradiso que cada uno de nosotros alberga en su corazón.
En Bigotini nos postramos de hinojos ante la belleza y el talento de Gene Tierney, y como modesto homenaje a su recuerdo, os dejamos el enlace con un montaje de música e imágenes de Laura, rara perla cinematográfica que desde 1944 nos sigue dejando boquiabiertos. Clic en la imagen y a gozar unos minutos de esta diosa de las pantallas.

Próxima entrega: Otto Preminger





lunes, 30 de diciembre de 2019

NUBIOS EN EL NILO. EL SIGLO DE LOS FARAONES NEGROS



Durante el Imperio Nuevo, Nubia no había sido más que la prolongación meridional de Egipto, una tierra de negros más allá de la Primera Catarata, una colonia, diríamos modernamente. Pero en el periodo de decadencia que siguió, con un Egipto fragmentado y gobiernos rivales en Tebas y en el Delta, los egipcios del norte carecieron de recursos para mantener su hegemonía en el sur. El resultado fue que los nubios accedieron al autogobierno de su propio territorio.
Y no sólo eso. Cuando Sheshonq, un monarca del Delta, ocupó Tebas, un grupo numeroso de sacerdotes de Amón huyó hacia el sur, refugiándose en Napata, en el límite meridional de la influencia egipcia, más allá de la Cuarta Catarata, que se había constituido en capital de la nueva Nubia independiente. Allí establecieron una especie de gobierno en el exilio, e incitaron a los príncipes nubios a invadir el Egipto septentrional y restaurar la religión de Amón.


A la sempiterna tentación de poder y de conquista, se añadió la idea del servicio piadoso al dios verdadero, así que hacia 750 a.C. se produjo el avance nubio hacia el norte y una conquista al parecer fácil por no encontrar resistencia entre los escindidos egipcios. Un príncipe nubio llamado Hashta conquistó Tebas, y su sucesor de nombre Pianji, se aventuró aun más al norte, dominando el Delta hacia 730. Shabaka, el hermano de Pianji, trasladó la capital desde Napata de nuevo hasta Tebas. A esta dinastía negra en el imperio del Nilo llaman algunos historiadores nubia, otros etíope, por el nombre que le dieron los griegos, y Manetón la considera Dinastía XXV. En cualquier caso, conviene aclarar que los nuevos señores de Egipto, a pesar del color de su piel, no eran en absoluto extranjeros. Culturalmente eran por completo egipcios, y así se refleja en todos los vestigios documentales y monumentales que nos han legado.


En 732 a.C., mientras los nubios se adueñaban de Egipto, el rey asirio Tiglath-Pileser III derrotó a los sirios y ocupó Damasco. Diez años después, uno de sus sucesores, Sargón II, destruyó Israel y ocupó Samaria. Su hijo, Senaquerib, asedió Jerusalén.
Los faraones nubios trataron de impedir el avance asirio. El faraón Shabaka desplegó emisarios, dineros e influencias para infundir en judíos, sirios, israelitas y fenicios el espíritu de resistencia, mientras Egipto preparaba sus defensas. Shabaka envió a su sobrino Taharka contra Senaquerib, que a la sazón se encontraba asediando Jerusalén. Los egipcios fueron derrotados, pero entre los asirios se produjeron también tantas bajas, que tuvieron que retirarse. Se salvó así Egipto y de paso, Jerusalén.

Senaquerib fue asesinado en 681 a.C. Su hijo Asarhaddón hizo a su ejército marchar de nuevo hacia el oeste. Olvidando Jerusalén, que había resultado un hueso duro de roer, avanzó directamente sobre Egipto, deseoso de cruzar su espada con Taharka, el nuevo faraón, que años atrás se había enfrentado a su padre. Taharka derrotó a Asarhaddón en 675, pero eso sólo sirvió para retrasar el inevitable final. Los asirios de esa época poseían armas de hierro y una organizada caballería. A la larga resultaban invencibles. Asarhaddón se reorganizó, tomó Menfis y el Delta, pero falleció en 668, antes de poder organizar una nueva expedición. Le sucedió su hijo Asurbanipal, que en 661 conquistó y saqueó Tebas, poniendo fin a la dinastía de los faraones nubios.


Continuaron reinando en su patria de Nubia durante mil años más, pero su civilización, alejada ya de la cultura egipcia, fue declinando poco a poco hasta la total degradación. Tal vez los descendientes de aquellos orgullosos faraones negros siguieran recordando aquel siglo de grandeza en que dominaron el que fue en su tiempo el Imperio más poderoso de la Tierra.

-Mamá, ¿qué es un tejón?
-Es una teja muy grande, como esas que pone tu padre en las obras.
-¿Pero, no es un animal?
-Bueno, sí, pero es tu padre, ten un poco de respeto.