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martes, 19 de septiembre de 2017

EL LOIRA Y SUS CASTILLOS. EL JARDÍN DE FRANCIA


Tours
Bigotini y sus chicas comenzaron su ruta por la que acaso sea la región más hermosa de Europa, la del Loira, en la nobilísima y antigua ciudad de Tours, capital de la Turena, que lo fue de toda Francia bajo el reinado de Luis XI. Tours, una ciudad provinciana y sensatamente urbanizada, guarda tesoros como su bien conservado casco histórico, su plaza medieval o su magnífica catedral, que aunque está consagrada a San Gaciano, reserva abundante iconografía a San Martín de Tours, el centurión romano que dividió su capa para vestir al desnudo. Tours es parada obligada en el Camino de Santiago centroeuropeo y por propios méritos, lugar de peregrinación desde los remotos tiempos medievales. Especialmente recomendable es su museo histórico, concebido sobre todo para visitas escolares, que además de ilustrar sobre la Historia de la Turena, proporciona un rato de sano esparcimiento al visitante con sus dioramas a tamaño natural y su teatral puesta en escena.


Los viajeros que estrenaban un nuevo automóvil, tuvieron que alojarse en un hotelito de las afueras de la población, al no encontrar vacantes en el centro. Este pequeño inconveniente hizo que encontraran las cocinas de los restaurantes ya cerradas, así que tuvieron que entrar a tomar un bocado en el típico bar de pueblo donde un puñado de lugareños con boina miraban en el televisor el final de la etapa del tour, todo un clásico en Francia y en julio. La tabernera se disculpó: excusez-moi, mais la cuisine est fermée. La buena mujer improvisó cualquier cosa sobre la marcha, y “cualquier cosa” consistió en unas sopas de cebolla, unos jugosos bistecs y un paté de campaña casero con sus pepinillos y su mostaza de Dijon para entretener la breve espera. Fresas de postre y un vinillo alsaciano para refrescar el gaznate. O sea, todo un festín. Y es que en Francia (con la excepción de París, que ya hemos comentado otras veces) se come de maravilla.


En Villandry, lo más impresionante de su famoso castillo son los magníficos jardines. En el más puro estilo francés-versallesco de jardinería, ofrecen al visitante un variado mosaico de setos artísticamente recortados e hileras de fragantes flores. A escasa distancia del castillo, siguiendo la ruta carretera, Villandry obsequia al asombrado turista con las asombrosas grottes pétrifiantes de Savonnières, un recorrido troglodítico por galerías plagadas de estalagmitas que gotean concreciones calcáreas sobre cualquier objeto que se deposite bajo aquella lluvia milagrosa. También en Savonnières, en la misma carretera, casi frente a la entrada a las grutas, puede disfrutarse de uno de los entrecots más tiernos y sabrosos de Francia. Recomendado queda.

Villandry

Amboise
Los castillos de Amboise y Chenonceau están tan próximos que pueden visitarse en un solo día. Ambos adquirieron su magnificencia en una misma época, la del mayor esplendor renacentista francés. El de Amboise, más sobrio que su vecino, tiene un inconfundible aire militar. Armaduras, lanzas, caballos acorazados... Pesadas cadenas y puentes levadizos: c'est la guerre, mon ami. Chenonceau es más cortesano, como corresponde al nido de amor que fue. Levantado como una de tantas fortificaciones feudales sobre el cauce del río Cher, sirvió después a Enrique II para establecer en él la residencia de su amante, Diana de Poitiers. Ella fue quien ordenó la construcción del puente que une el castillo con la margen derecha del río. Poco más tarde, tras el fallecimiento prematuro del rey, Catalina de Médicis desalojó del castillo a Diana, su rival, y edificó sobre el puente la espléndida galería fluvial que confiere a Chenonceau su encantadora e inconfundible silueta. Se trata nada menos que del edificio histórico más visitado de Francia. Siempre ha deslumbrado a sus visitantes. Uno de los más ilustres, el compositor Claude Debussy, quedó prendado de Chenonceau. A Bigotini y sus chicas les sucedió otro tanto.

Chenonceau

El formidable castillo de Blois preside y domina la ciudad del mismo nombre. Es puro Renacimiento y fue residencia de Francisco I, que trasladó allí su Corte desde Amboise. En su capilla había rezado años atrás Juana de Arco. Si el viajero posee suficiente sensibilidad, podrá dejarse penetrar por el espíritu de la doncella de Orleans.
En Blois se dan cita diferentes estilos arquitectónicos, desde el gótico al neoclásico, pasando por el renacentista de inspiración italiana, que domina la mayor parte del conjunto. A destacar la monumental escalera exterior, la fachada de las Logias o la formidable estatua ecuestre del soberano. El edificio sufrió un enorme deterioro durante el periodo revolucionario, siendo restaurado posteriormente hasta volver a alcanzar su antiguo esplendor. Fue declarado patrimonio de la humanidad por la Unesco. Actualmente es propiedad del municipio de Blois.

Blois

Descendiendo a la ciudad pueden hallarse rincones interesantes y algún que otro templo gastronómico. Si Santa Juana se postró frente al altar, el turista hambriento y sediento bien puede inclinarse por unas deliciosas costillitas de cordero, y acompañarlas con algún vino de la región. El restaurante se abandona con la contradictoria sensación de plenitud sensorial y vacío monetario, tan característica de los establecimientos hosteleros de nuestro país vecino.


Siguiente parada: Chambord, cien por cien Renacimiento francés. Chambord es grande, muy grande. Es una enorme locura de nuestro amiguito Francisco I, que mientras residió en Amboise y en Blois, utilizó esta descomunal construcción como pabellón de caza. También está declarado patrimonio de la humanidad, como por otra parte lo está toda la región y sus castillos, así que resulta ocioso repetirlo. Parece que Leonardo de Vinci, que fue protegido de Francisco, participó en el diseño de algunas de sus dependencias. Sus ocho torres inmensas, sus casi quinientas habitaciones y sus innumerables escaleras convierten a Chambord en un monstruo imposible de visitar por completo. El turista sensato hará bien en dosificar el esfuerzo, limitarse a las partes más interesantes, y reservar fuerzas para siguientes jornadas y más encomiables empresas. Lo que no puede uno perderse es la monumental escalera central, que se ha convertido en el más célebre paradigma de la arquitectura renacentista francesa.

Chambord

No puede abandonarse la región sin visitar el monumental château de Valençay. En él residió el príncipe de Talleyrand, y durante nuestra guerra de Independencia sirvió de refugio a la familia de Carlos IV, incluido el infame Fernandito. Unas décadas más tarde, durante el Romanticismo, sus espléndidos jardines enamoraron a la muy romántica y enamoradiza George Sand. Los suntuosos salones, repletos de muebles estilo Imperio, constituyen un recorrido extenuante. Pero en fin, merece la pena, y si París bien vale una misa, Valençay bien vale una caminata. Si al extenuado turista le quedan fuerzas suficientes, puede pasarse por la mansión-museo en que habitó Leonardo de Vinci. Allí se exponen las reproducciones de algunas de sus máquinas móviles y otras fantásticas invenciones.

Valençay

En última instancia, podrá reponer fuerzas en cualquiera de los establecimientos de la zona. El valle del Loira es uno de esos lugares en los que en cualquier sitio (desde los que exhiben estrellas, hasta los bares más humildes) se puede comer como un príncipe. ¡Cómo irse de allí sin probar un delicioso confit de canard o un micuit aux fruits du bois! Mención aparte merecen las omnipresentes omelettes, tortillas rellenas de los más variopintos ingredientes, y siempre exquisitas.
En fin, de vuelta en casa, nos consolaremos de haber engordado un poco, con el seguro adelgazamiento de la billetera o la flaccidez de la pobre tarjeta de crédito. Claro, que eso no es ningún consuelo, ¿verdad? Pues, ¡qué le vamos a hacer!

Para conseguir un préstamo debes demostrar al banco que no lo necesitas. Enrique Jardiel Poncela.





sábado, 16 de septiembre de 2017

ERROL FLYNN. EL DEMONIO DE TASMANIA




Junto a Clark Gable y Gary Cooper, Errol Flynn completa el trío de prototipos masculinos del cine americano en los cuarenta. Los tres volvían locas a las espectadoras de su época. En todas las películas que protagonizó, encarnó al hombre alto, guapo, honrado y valiente hasta el heroismo, al hombre con mayúsculas. Ya fuera Robin Hood, el general Custer o un capitán pirata, Flynn era ante todo Flynn, con aquel bigotito a la moda y aquella media sonrisa que enamoraba a las damas y sacaba de quicio a los villanos. Lo mismo con Curtiz que con Walsh, sus dos directores talismán, los guiones se apartaban muy poco del esquema que aseguraba el éxito del filme: unas cuantas escenas de acción, unas cuantas más románticas (a ser posible, con Olivia de Havilland), y Flynn apareciendo en el noventa por ciento del metraje, de frente, de perfil, de espalda, planos medios luciendo palmito y primeros planos luciendo sonrisa. Añádanse decorados, vestuario y otros atrezzos, y con eso el éxito en las taquillas estaba asegurado.
Ahora bien, cuando Curtiz o Walsh ordenaban “corten”, ya era otra cosa. Fuera de los platós y de los estudios, ese australiano de Hobart se convertía en Hyde, en el diablo de su Tasmania natal. Su vida privada se ha calificado de trepidante y alocada, y en efecto lo fue. Alcohol, drogas y sexo con adolescentes ocupaban sus horas libres. Su comportamiento aporreando un piano con el pene, llegó a escandalizar a una Marilyn Monroe que, con cierta experiencia en Hollywood, no se escandalizaba fácilmente.
Os ofrecemos un video documental realizado para la televisión, en el que se desvelan algunos aspectos de esa escandalosa vida privada. Clic en la ilustración y listo. Pasadlo bien.

Próxima entrega: Raoult Walsh




miércoles, 13 de septiembre de 2017

EL BOSÓN DE HIGGS. LA PARTÍCULA DE DIOS


Publicado en nuestro anterior blog en julio de 2012

La moderna Física de partículas maneja en la actualidad más de dos centenares de ellas. En la década de 1950 se conocían ya muchas de estas partículas elementales, cada una diferente y dotada de propiedades muy diversas que determinaban su individualidad. El caso es que semejante variedad constituía un auténtico caos, hasta el punto de que la teoría de las partículas subatómicas carecía por completo de la más mínima coherencia, no tenía pies ni cabeza.

Algo más tarde, en los sesenta, tomó forma lo que conocemos como modelo estándar de la Física de Partículas, una teoría sólida que funciona y explica a la perfección el comportamiento de las partículas subatómicas y, por extensión, el comportamiento del Universo. Este fantástico modelo estándar sólo tenía una fisura: cuadraba únicamente en el supuesto de que la mayor parte de las partículas subatómicas carecieran por completo de masa; algo que repugna a la inteligencia, porque sabemos que es metafísicamente imposible que cualquier objeto carezca de masa.


Pues bien, el bosón de Higgs vino a resolver este problema. Gracias a él y a sus asombrosas propiedades, las demás partículas por fin podían tener masa, y todo encajaba a la perfección en el impecable modelo estándar. Se le llamó por eso la partícula de Dios. Era la pieza que faltaba en el rompecabezas universal, la que hacía que todo encajara y los misteriosos engranajes macro y microcósmicos continuaran su incesante y mágico movimiento. La única pequeña pega era que nadie había detectado ni el más leve indicio de su existencia real. El bosón de Higgs era un fantasma, un objeto teórico… hasta hace apenas unos años.

Parece que el faraónico colisionador de partículas que instaló en 2008 el CERN en Ginebra (los que apreciamos por igual la Ciencia y el gin-tonic sabíamos que era el emplazamiento ideal) materializó en 2012 el milagro de hallar restos de bosones de Higgs entre la “basura” generada al hacer colisionar una ingente cantidad de partículas a velocidades muy próximas a la de la luz. Entonemos un fervoroso laus Deo por Higgs, por su bosón, por el CERN y por la ginebra. Amén.



Si es la partícula de Dios, el bosón de Higgs debería ser descubierto en un colisionador de obispos.  Luis Piedrahita (el apóstol de las cosas pequeñas).



lunes, 11 de septiembre de 2017

ALGERNON BLACKWOOD Y LA ATRACCIÓN DE LO OCULTO



Nacido en 1869 en Shooter's Hill, un suburbio londinense, Algernon Blackwood tuvo unos comienzos difíciles. Le fue forzoso emigrar a América. En Canadá, Alaska y Nueva York ejerció los más variados empleos como granjero, recepcionista de hotel, minero y periodista. De vuelta a su Inglaterra natal, comenzó a escribir relatos de terror de los que era un ávido lector. Consiguió verlos publicados y su éxito fue inmediato. Su especialidad eran los relatos breves. Blackwood fue un cuentista excepcional cuyo talento admiró a críticos de la talla del mismo Borges. Aunque encuadradas en el género terrorífico, sus narraciones resultan sobre todo inquietantes y asombrosas. Las tramas están magníficamente construidas, y van conduciendo al lector a un final inesperado y sorprendente. Estamos ante un maestro en la creación de ambientes y en la sugestión.

En la década de 1940 publicó diez volúmenes de narraciones cortas. Con la novela tuvo menos suerte, pues varias de las que escribió quedaron inéditas. Alternó durante años la escritura con la lectura de sus relatos en la radio, ya que al parecer poseía una voz profunda y bien modulada, muy adecuada al medio radiofónico. Su relato Los sauces, escrito en 1908 y publicado mucho después, está considerado como uno de los mejores de su género. Hubo quien relacionó a Blackwood con la misteriosa Golden Dawn, una organización secreta involucrada en ciertas prácticas esotéricas, a la que al parecer pertenecieron también otros escritores de literatura fantástica de su generación. Falleció a los 82 años, en 1951.
Biblioteca Bigotini pone al alcance de un sencillo clic (que podéis hacer sobre la imagen) la versión digital en español de su relato La casa del pasado. Se trata de una breve narración en la que el lector podrá dejarse envolver en la peculiar atmósfera mágica de los cuentos de Algernon Blackwood. Espero que os guste.

La única ventaja de jugar con fuego es que uno aprende a no quemarse. Oscar Wilde.



jueves, 7 de septiembre de 2017

ELEFANTES. EL ORIGEN DE UNA RAZA DE GIGANTES


Publicado en nuestro anterior blog en febrero de 2013

El elefante es el mayor mamífero terrestre viviente. Desde siempre estos singulares animales han ejercido sobre los seres humanos una especialísima atracción. Fascinan a los niños de todo el mundo, tanto al natural en los circos y los zoológicos, como en la más variopinta iconografía infantil. Son venerados por los hindúes y por muchos pueblos africanos, y ocupan un lugar de honor en el imaginario colectivo desde los fabulosos elefantes que acompañaron al cartaginés Aníbal cruzando los Pirineos y los Alpes en su aventura de conquista, hasta los valerosos y leales elefantes que sustentaban a los cazadores del tigre en las inolvidables novelas de Salgari.

¿Cuál es su origen? Para responder a esta pregunta debemos remontarnos a la era terciaria, hace unos 60 millones de años. Nos encontramos en un escenario en el que el planeta se va recuperando poco a poco del terrible cataclismo que acabó no sólo con los enormes dinosaurios, sino prácticamente con cualquier animal de más de 20 Kg. A partir de pequeños mamíferos insectívoros surgió un grupo conocido como condilartos, principalmente vegetarianos, del que descienden nada menos que seis grupos de mamíferos modernos:

  1. Ungulados: caballos, cerdos, rinocerontes, ciervos, vacas, jirafas…
  2. Tubulidentados: cerdos hormigueros.
  3. Cetáceos: ballenas y delfines.
  4. Sirenios: manatíes y dugongos.
  5. Hiracoideos: damanes.
  6. Proboscidios: elefantes.
Los tres últimos grupos (sirenios, hiracoideos y proboscidios) se conocen con el nombre común de penungulados, y parecen estar genéticamente más próximos entre sí, de manera que aunque pueda parecer paradójico, los elefantes son parientes relativamente cercanos de los pequeños damanes no mayores que un conejo y de los manatíes que habitan las aguas tropicales.

phenacodus

¿Qué aspecto tenía uno de esos condilartos, antepasados comunes de tantos mamíferos? Tomemos como ejemplo a phenacodus, quizá el más firme candidato a ancestro remoto de todos ellos. Sería del tamaño de un perro mediano y podría tener el aspecto del que aparece en la ilustración (ya sabéis que el dibujo del pelaje es una licencia fruto de la imaginación del artista). Desde luego no se parece mucho a un elefante, y mucho menos a una jirafa o un delfín, pero en sus genes atesoraba la potencialidad de evolucionar a cualquiera de ellos.

Si avanzamos hasta el eoceno, hace unos 35 o 40 millones de años, nos encontraremos al primer proboscidio (al menos el primero conocido). Era moeritherium, un herbívoro del tamaño de un cerdo grande que debía pasar mucho tiempo en el agua. Tenía las orejas pequeñas, unos colmillos visibles aunque todavía incipientes, en su mandíbula superior, y una pequeña trompa que tal vez le permitiera respirar sacándola un poco del agua mientras nadaba; algo parecido a lo que hacen los hipopótamos actuales con sus fosas nasales ligeramente elevadas.

moeritherium

Hace unos 25 millones de años, en el oligoceno, tenemos ya al primer proboscidio que a primera vista podríamos calificar de elefante. Se trata de paleomastodon, un animal ya bastante corpulento, de tamaño mayor que un hipopótamo (hasta dos metros de altura), y de muy parecidas costumbres y estilo de vida que éste. Tenía dos colmillos algo curvados hacia abajo que no eran propiamente caninos, sino incisivos modificados. Su trompa era también un poco más larga que la de moeritherium.

paleomastodon

En pleno mioceno, hace unos 15 millones de años, floreció platybelodon, uno de los más extraños habitantes de la Tierra que jamás hayan existido. Era algo más pequeño que un elefante asiático actual y debía habitar también las lagunas y zonas húmedas, donde seguramente se alimentaba de grandes nenúfares y otras plantas acuáticas parecidas, sirviéndose de su estrafalaria boca. Tenía los colmillos curvados hacia atrás, pero lo más llamativo era su mandíbula inferior, tan larga como la trompa y provista de dos formidables incisivos de forma plana. Probablemente recogería el alimento con esta especie de paletas y se ayudaría de la flexible trompa para introducirla en la boca.

platybelodon

gonphotherium
Gomphotherium vivió hacia finales del mioceno, hará entre 10 y 5 millones de años. Era muy similar en tamaño y disposición anatómica a los elefantes modernos, pero tenía una mandíbula inferior mucho más alargada, con dos colmillos apuntando hacia delante en ella, y otros dos más largos en la superior ligeramente curvados hacia abajo. Sus patas largas y su trompa más desarrollada apuntan en la dirección de un hábitat no acuático, tal vez de bosque con árboles. Probablemente su estilo de vida era similar al de sus modernos descendientes.

El siguiente de nuestros protagonistas, el colosal dinotherium, evolucionó en el plioceno, hace unos 5 millones de años, pero sobrevivió hasta hace tan solo un millón de años, en el comienzo de la era glacial. Fue un gigante de cinco metros de alzada y diez toneladas de peso. Carecía de colmillos superiores, y los inferiores le atravesaban por dos orificios la mandíbula, sobresaliendo bajo su barbilla de la curiosa manera que podéis apreciar en la imagen. Su gran tamaño y su aparato bucal lo convierten decididamente en un devorador de árboles de una eficacia demoledora. Conviene resaltar que los paleontólogos y especialistas en grandes mamíferos no consideran a dinotherium un antepasado directo de los elefantes modernos, sino miembro de una rama colateral que debió desembocar en los míticos mastodontes que desaparecieron en épocas relativamente recientes.

dinotherium

También vivió en el plioceno anancus, un proboscidio extinguido hace 1,5 millones de años aproximadamente. Tanto en su porte como en su aspecto general y en los demás detalles de su físico era muy similar a un elefante africano actual. Eso si exceptuamos un importante detalle: sus colmillos. Anancus tenía unos descomunales colmillos de más de cuatro metros de longitud. En algunos ejemplares fósiles los colmillos son mayores que el resto del cuerpo. Eran prácticamente rectos y todo indica que no habría nada que se opusiera a su empuje. Haciendo palanca con aquellos colmillos, anancus debió ser capaz de derribar los árboles más arraigados.

anancus

El siguiente salto hacia adelante nos sitúa ya en el oligoceno. En este periodo surgieron los mastodóntidos (no se trata de una única especie, sino de una extensa familia con multitud de especies). Pertenecientes como os dije más arriba, a una rama colateral de los proboscidios, los últimos mastodóntidos desaparecieron hace sólo unos 11.000 años, en plena edad del hielo. Una prehistoria relativamente reciente en la que los humanos habían hecho en ciertas regiones la transición al neolítico. No es en absoluto descartable que en lugares como América nuestra especie haya tomado parte activa en su extinción.

mastodontidos

Los mamuts poblaron las estepas y los trópicos desde el plioceno hasta hace tan solo 9.000 años. Se han descrito varias especies entre las que destacan dos principalmente:
·                     Mamut lanudo o primigenius, del tamaño de un elefante africano, pero cubierto de espeso pelaje. Lucía en lo alto de la frente un vistoso tupé lanudo, tenía las orejas relativamente pequeñas, y los colmillos muy largos y curvados. En excavaciones arqueológicas de poblados primitivos se han hallado decenas de estos colmillos formando lo que parecen estructuras o soportes de tiendas construidas con pieles, probablemente pertenecientes al mismo animal.

mamut lanudo

·                     Mamut imperial o imperator, el más grande proboscidio que haya existido jamás. Un gigante de cinco metros y medio y más de doce toneladas. Como habitaba los trópicos carecía de pelo, y tenía los colmillos tan largos y retorcidos que llegaban a entrecruzarse.

mamut imperial

De los mamuts siberianos conservados entre los hielos y el permafrost ártico se ha conseguido ADN que recientemente ha podido ser descifrado en su totalidad. De su análisis se desprende una sorprendente identidad entre los mamuts y los elefantes africanos modernos, que alcanza una coincidencia casi absoluta. Algunos especialistas aseguran que ambas especies podrían cruzarse sin ningún problema.


 Bueno, espero que este breve recorrido por la estirpe elefantina os haya hecho pasar cinco minutos de sano entretenimiento. Sólo un último mensaje. Las dos especies de elefantes actuales están en serio peligro de extinción. Se les persigue y asesina por el marfil de sus colmillos. Los humanos somos así de insaciables y crueles. Somos también desgraciadamente muy capaces de cortar de raíz una fantástica evolución de más de 50 millones de años, con esa misma estúpida indiferencia nuestra de quien incendia un bosque por fumarse un cigarrillo.

Una mañana me levanté y maté un elefante en pijama. Me pregunto cómo pudo ponerse el pijama...  Groucho Marx.



lunes, 4 de septiembre de 2017

EDME MARIOTTE, EL CLÉRIGO SABIO


Edme Mariotte nació en 1620 en Dijon, la patria de la mostaza. Sabemos poco sobre su infancia y juventud. Al parecer sin demasiada base, se le suele atribuir un retrato, el que aquí reproducimos, cuya identidad no está del todo clara. Se sabe que tuvo cuatro hijos antes de profesar en religión en el monasterio de Saint Martin Sous Beaume, del que llegó a ser padre prior.
Comenzó a ser conocido en las esferas científicas francesas por su descubrimiento del llamado punto ciego del ojo. Demostró mediante múltiples experimentos que, colocando una moneda pequeña a una distancia y en una situación determinada, los sujetos participantes en el estudio eran incapaces de verla. Este descubrimiento llegó a causar un gran asombro incluso en la Corte de París, y a partir de entonces Mariotte, que había sido un oscuro abate, se convirtió en una celebridad nacional.


Participó como miembro fundador en el nacimiento de la Asamblea Francesa de las Ciencias, que tuvo lugar en 1666. Fue el equivalente continental de la Royal Society británica. Ya instalado en París enunció la ley del efecto de la presión sobre los gases, que conocemos como Ley de Boyle-Mariotte, por haber sido enunciada por el británico Robert Boyle solo unos años antes. Todo indica que Mariotte sacó sus propias conclusiones, desconociendo los trabajos de Boyle. Por cierto que el francés fue más meticuloso en sus observaciones, puesto que además de establecer que el volumen de un gas es inversamente proporcional a la presión que se ejerce sobre él, añadió que esto se cumple a una temperatura constante, ya que el incremento de esta actúa también sobre el volumen del gas.


Mariotte destacó también en la botánica, siendo pionero en el estudio de la savia de las plantas, y comparando su circulación con la de la sangre entre los animales. Se ocupó de temas tan diversos como la caída de los cuerpos, la naturaleza de los colores o el retroceso de las armas de fuego.
Por último, a Edme Mariotte se debe un completo estudio espectral del Arco Iris. Semejante preocupación por algo tan milagroso y poético, merece con creces la admiración y el tributo que modestamente hacemos en Bigotini a este gran protagonista de la Ciencia. Laus deo.

El tiempo es el único capital de los que no tienen más fortuna que su inteligencia. Honoré de Balzac.




viernes, 1 de septiembre de 2017

FRANCIA. LOS PIONEROS DE LAS BANDES DESSINÉES


Seguimos en la prehistoria de comic y la ilustración, pero hoy nos alejamos del ámbito anglosajón, para recalar en el continente europeo. En las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del XX surgen en Francia interesantes publicaciones gráficas. El toque francés siempre aportó su punto de picante, y en esta materia nuestros vecinos galos no podían por menos que ponerlo de manifiesto. Al lado de los semanarios satíricos convencionales, surgen otros como La Vie Parisienne, donde no se escatima la presencia de chicas graciosamente desvestidas.

Otras revistas como Le Rire o Le Sourire, siguen esa misma estela. En ellas, como en la citada La Vie Parisienne, triunfan artistas como Herouard, Maurice Milliere, De la Nezière, Fontan, Fabiano, Georges Leonnec, Caran D'Ache o Pinchon (a estos dos últimos dedicaremos especial atención en próximas entregas).

Con las hostilidades de la Gran Guerra, nace La Baïonnette, como entretenimiento para soldados y sobre soldados. En esta publicación firmó magníficos trabajos Le Rallic, de quien también vamos a ocuparnos más extensamente en el futuro, o Gustave Bofa, un dibujante humorístico de primera categoría.

En cuanto a las revistas dirigidas a los niños, cabe destacar el nacimiento de La Semaine de Suzette, que aparecía todos los jueves, donde triunfaría el talento de Pinchon con su entrañable personaje de Becassine. Además de las publicaciones gráficas, conviene no olvidar en ese tiempo el auge de ilustraciones que se ofrecían a niños y mayores en las estampas coleccionables de ciertos productos comerciales, como los chocolates. Os presentamos una pequeña selección de algunas de estas páginas de los precursores franceses, como botón de muestra.