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jueves, 30 de junio de 2022

EL ÁBACO Y OTROS ORDENADORES PRIMITIVOS

 


Los ábacos actuales que pueden encontrarse en jugueterías, destinados a los niños para iniciarse en el cálculo, hunden sus raíces en la antigüedad más remota. De alrededor del año 300 a.C. data la llamada tablilla de Salamis, la más antigua conocida usada ya por los babilonios, aunque parece probable que existieran precedentes todavía no hallados. De madera, metal o piedra, estas tablillas constaban de líneas o de ranuras a lo largo de las cuales se iban desplazando piedrecitas o pequeñas cuentas.

Aproximadamente hacia el año 1000 los aztecas utilizaban el nepohualtzitzin, instrumento conocido como “la calculadora azteca”. Se trata de un mecanismo ya muy similar al ábaco con unos granos de maíz situados en unos casilleros de madera para facilitar la realización de operaciones.

Los ábacos tal como los conocemos en la actualidad, con cuentas que se desplazan a lo largo de unos alambres, se utilizaban ya en China hacia 1200, donde se conocían como sua-pan.

Bastante similar al chino es el ábaco japonés, llamado soroban. Con él pueden realizarse gran variedad de operaciones. Aunque el ábaco sea generalmente utilizado para hacer sumas y restas rápidas, el usuario experimentado puede multiplicar, dividir y calcular raíces cuadradas en unos pocos segundos. En 1946 tuvo lugar en Tokio una prueba de velocidad de cálculo entre un experto del soroban japonés y otro que manejaba una de las primeras calculadoras eléctricas que apareció en el mercado. El soroban ganó con diferencia.


Podemos considerar al ábaco como el primer antecedente manual de las computadoras. Es el antepasado del ordenador, una herramienta que permite realizar cálculos rápidos en la ingeniería o el comercio. Todavía se utilizan con gran frecuencia los ábacos en China, Japón, en muchos lugares de la antigua Unión Soviética, y en muchas partes de África. Con ligeras variaciones en el diseño, los usan también las personas ciegas.

En 2005 los lectores de la prestigiosa revista Forbes participaron en una votación para elegir las herramientas más importantes de todos los tiempos atendiendo a su impacto sobre las sociedades humanas. El ábaco fue considerada la segunda herramienta más importante, tan sólo por detrás del cuchillo y por delante de la brújula. En casa Bigotini, aun reconociendo la gran importancia de las herramientas elegidas por Forbes, y por supuesto, del ábaco, nos quedamos con otros tres inventos cruciales que además comparten un único e insuperable diseño: la rueda, la tortilla de patatas y el disco de vinilo.

Existe un mundo mejor, pero debe ser demasiado caro.


domingo, 26 de junio de 2022

JAY IRVING, POLICÍAS Y TEBEOS

 


Su verdadero nombre era Irving Joel Rafsky, un judío neoyorquino de Brooklyn nacido hacia 1900, que ocultó durante años su origen ante el antisemitismo reinante en el negocio del cómic y la animación, firmando sus trabajos como Jay Irving.

Artista autodidacta, Irving nunca pisó una academia de dibujo. Según propia confesión, le enseñaron a dibujar el lápiz y el papel. Sus comienzos profesionales en la década de los veinte los hizo en el dibujo publicitario. En esa época trabajaba en una agencia, y lo ocultó en su casa, diciendo a la familia que se dedicaba a vender seguros. Se inició en el cómic al final de esa década con la serie Bozo Blimp para el King Features Syndicate. A partir de 1932 comenzó su colaboración con la revista Collier’s, para la que dibujó algunas de sus portadas más recordadas. En 1946 apareció su tira Willie Doodle, un policía gordo y jovial, acaso inspirado en el padre del artista que fue policía en Nueva York. Y a partir de 1955 hasta su fallecimiento en 1969, Irving se dedicó en exclusiva a Pottsy, que fue su serie más popular, protagonizada por otro policía muy parecido a sus anteriores personajes. Digamos como curiosidad que el término pottsy acabó entrando en el lenguaje de la calle, primero como sinónimo de una insignia de policía falsificada, y más tarde por extensión, como referencia a cualquier objeto falso en general. La policía de Nueva York adoptó a Pottsy como una especie de mascota, y distinguió a Irving con varias condecoraciones.

En nuestra pequeña Historia del Cómic bigotiniana nos encantan el estilo curvilíneo de sus dibujos y el divertido humor de Jay Irving. Aquí tenéis una muestra de su trabajo. Esperamos que os guste.














jueves, 23 de junio de 2022

JOHN FORD, ESE IRLANDÉS TUERTO Y BORRACHO

 








Ese hijo de puta irlandés, tuerto y borracho, como lo calificó una vez su amigo John Wayne, era John Ford, el hombre que reinventó el western. Las películas que en España llamamos “del oeste” habían comenzado a filmarse allá en los albores del cine mudo. Se trataba de un género menor, películas de vaqueros en las que abundaban las escaramuzas con los indios, las peleas en el saloon y los duelos en la calle principal. Estaban hechas para un público poco exigente que sólo aspiraba a pasar un rato entretenido. Aquello cambió radicalmente a partir de La diligencia, film antológico en el que John Ford sentó las bases de un género llamado a ser el eje de gran parte de su filmografía posterior, y hasta la columna vertebral del cine americano. Ford dignificó el paisaje con los monumentales espacios abiertos de su Monument Valley. Dignificó a los nativos americanos, dotando a los pieles rojas de papel y diálogos, muy simples, es verdad, pero reivindicativos de su derecho a la tierra que les estaba siendo arrebatada. Naturalmente, los indios terminarían perdiendo siempre, porque así era la Historia, y la Historia no puede cambiarse.

Rodeándose de un reducido grupo de actores fetiche (Victor McLaglen, Ward Bond, Pedro Armendáriz, Thomas Mitchell…) supo componer un mosaico humano no sólo en los western, sino en comedias y en melodramas, capaces de transmitir al espectador emoción y cercanía. Con protagonistas como Henry Fonda, como Maureen O’Hara o sobre todo, como John Wayne, acertó a transmitir unos principios básicos que nos hablan de justicia, valor, perseverancia…

John Ford reinventó el cine. En su honor está encajado el “Ford” de Francis Coppola, en su homenaje Orson Welles nombró a sus tres directores favoritos: John Ford, John Ford y John Ford.

Más modestamente nosotros en su recuerdo, os proponemos revisar El caballo de hierro, una producción muda de 1924 considerada su primera película importante. Clic en el enlace, y a disfrutar. 

https://www.youtube.com/watch?v=c_DR_VQpY-A

Próxima entrega: La diligencia.


domingo, 19 de junio de 2022

ESPARTACO. UNA REVOLUCIÓN IMPOSIBLE

 


Mientras, primero Metelo y después Pompeyo, sofocaban a duras penas en Hispania la rebelión de Sertorio, acaso el primer personaje histórico a quien aun siendo romano, podríamos llamar español, en la península Itálica, a las mismas puertas de Roma, se estaba fraguando el que fue el mayor intento revolucionario de la historia antigua.

Había en Capua una escuela de gladiadores regentada por un tal Léntulo Baciate. Quienes se preparaban en ella eran naturalmente, esclavos destinados a morir en el Circo para esparcimiento y regocijo de un público ávido de espectáculos sangrientos. Se produjo el intento de fuga de unos doscientos de aquellos desgraciados. Muchos fueron apresados, pero setenta y ocho consiguieron huir, saquearon lo que encontraron en su camino y eligieron entre ellos un jefe llamado Espartaco.

Era un tracio de ascendencia noble y al parecer, algo cultivado. Aquel recién improvisado líder lanzó un llamamiento a todos los esclavos de Italia que entonces serían varios millones. De qué forma su mensaje llegó a todos o a la mayoría de ellos, es detalle que asombra por la inexistencia en aquel tiempo de medios de comunicación que pudieran llamarse eficaces. Debió funcionar el boca a boca de manera tan rápida que no tenía precedente alguno. El caso es que en apenas unos días Espartaco fue capaz de organizar un ejército de setenta mil hombres sedientos de libertad. Los esclavos formaron compañías a semejanza de las legiones romanas, mandadas por centuriones y decuriones. Quienes habían servido en las minas proporcionaron los metales, y en improvisadas fraguas forjaron armas. Derrotaron sin demasiado esfuerzo a los dos o tres primeros ejércitos que el Senado mandó para reducirles, minusvalorando sin duda su fuerza y su capacidad bélica.


Si hemos de creer a Plutarco, esas primeras victorias no embriagaron a Espartaco. Era realista, y sabía muy bien que la suya era, a la larga, una lucha sin esperanza. Dirigió a sus hombres al norte, hacia los Alpes, con la idea de disolver su ejército una vez lejos de Roma, y mandar a cada uno a su lugar de origen. Pero desgraciadamente en aquel trance su capacidad de liderazgo no estuvo al nivel de su prudencia. Muchos de sus seguidores, enardecidos por sus triunfos, optaron por volver atrás, saqueando cuantos poblados y villas encontraron a su paso hasta enfrentarse directamente a Roma.

O bien Espartaco los siguió para tratar de impedir sus desmanes, o bien no tuvo el valor de abandonarles. Actuando como un hábil estratega, derrotó en su última batalla victoriosa a Casio, el general a quien el Senado confió sus mejores tropas. El ejército de esclavos se encontró a las puertas de Roma. En el interior de sus murallas cundía el pánico entre los ciudadanos, mientras se sucedían las ejecuciones de esclavos a quienes, con razón o sin ella, consideraron infiltrados y quintacolumnistas. El mando militar fue entregado a Craso que alistó bajo sus banderas a la flor de la aristocracia romana.



Espartaco supo una vez más que tenía frente a sí a Roma con todo su peso. Esta vez lo hizo comprender a los suyos, y se retiró hacia el sur. Quería trasladar su ejército a Sicilia y después a África. Craso le persiguió y aplastó su retaguardia. Pompeyo estaba ya regresando de Hispania con sus legiones. Consciente de que aquello era ya su fin, Espartaco ordenó atacar a la desesperada. Él mismo, haciendo valer sus habilidades de gladiador, se lanzó contra el enemigo. Cuenta Plutarco que despachó en la lucha cuerpo a cuerpo, a muchos legionarios y hasta a dos centuriones. Pero la superioridad de los romanos era abrumadora, y el cabecilla de la rebelión quedó tan destrozado que su cadáver resultó irreconocible. Los esclavos que no perecieron en la batalla huyeron en desbandada. Algunos se refugiaron en los bosques donde según Plutarco, se dedicaron durante años al bandidaje. Seis mil fueron crucificados a lo largo de la vía Apia para que sirvieran de público escarmiento ante futuras tentaciones de rebelión.

Corría el año 71 a.C. El que fue el mayor intento revolucionario de la historia de Roma había fracasado. El Senado negó a Craso y a Pompeyo el derecho a un triunfo público, por considerar escasamente meritorio haber terminado con una partida de esclavos piojosos. Los miembros de la aristocracia y de las clases acomodadas restauraron el orden. Un orden natural en el que cientos de millones de seres humanos por su nacimiento, por el color de su piel o por cualesquiera otras razones, debieron permanecer privados de libertad bajo el yugo de sus amos durante otros diecinueve siglos más, formalmente hasta la abolición de la esclavitud de las postrimerías del siglo XIX, y quizá incluso hasta ahora mismo en determinados países y remotas regiones del mundo. Aquí, en los nuestros, en los civilizados, muchas casas reales y grandes fortunas actuales se forjaron siglos atrás en el vergonzoso negocio de la trata de seres humanos. Pensad en ello.

Los auténticos canallas conocen el precio de las cosas, pero ignoran su valor. Oscar Wilde.


jueves, 16 de junio de 2022

JUAN CORTÉS DE TOLOSA, LAZARILLOS Y COMADRES

 


Madrileño nacido en 1590 en el seno de una familia noble, Juan Cortés de Tolosa fue uno de los prosistas más importantes de nuestro siglo de oro, si bien tanto su obra como su persona han quedado en gran parte relegadas al olvido.

No tenemos demasiados datos de su biografía. Se sabe que estudió con los jesuitas en Tarazona y que muy joven abandonó Aragón para regresar a la corte donde sirvió durante muchos años a Felipe III a quien acompañó en sus viajes en calidad de secretario de cartas latinas. Durante el siglo XVII el latín siguió siendo la lengua de la diplomacia de la que se sirvieron los gobernantes de las naciones europeas. Deducimos de su cargo que nuestro hombre dominaba la gramática latina y sería profundo conocedor de sus clásicos. No obstante, la producción literaria que ha llegado hasta nosotros la escribió enteramente en castellano.

Dos obras suyas son las que conocemos. La primera de ellas, que publicó en Zaragoza en 1617, tenía por título Discursos morales de cartas y novelas. Se trata de una colección de cuatro novelas breves a caballo entre lo renacentista y lo barroco, pues dos de ellas preludian si no propiamente el género, sí al menos el tono de la novela picaresca tan genuinamente española. Son la Novela del licenciado Periquín y la Novela de la comadre.


Cuatro años más tarde, y ya residiendo en la corte, publicó en Madrid la que de sus obras alcanzó mayor difusión, El Lazarillo de Manzanares, volumen que vio la luz en 1620 y se reimprimió en 1626. Este Lazarillo de Cortés de Tolosa es ya una novela picaresca en toda regla. Basada en la célebre del Lazarillo de Tormes, el de Manzanares obedece a la misma estructura narrativa, mozo de muchos amos y descripción de sus muchas desventuras. Si bien no alcanza la calidad literaria de su modelo, es novela notable que puede leerse con agrado. En el mismo volumen incluye otras cuatro novelitas más breves plenamente barrocas y más cercanas al conceptismo de Quevedo que la narración principal.

Además de las dos colecciones citadas, Cortés de Tolosa fue autor al menos de otras tres novelas cortas que han llegado hasta nosotros: El desgraciado, Un hombre muy miserable llamado Gonzalo y El nacimiento de la verdad.


Hoy de nuestra biblioteca Bigotini extraemos su Novela de la comadre, una narración breve que quedó incluida en sus Discursos morales zaragozanos. La versión digital que os ofrecemos (haced clic en el enlace) está tomada de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, y reproduce la edición de 1617. Sirva para reencontrar la prosa de su autor, escritor notable y por momentos brillante, injustamente olvidado.

https://www.dropbox.com/home/Profesor%20Bigotini?preview=La+Comadre.pdf

Es tal la excelencia de la virtud que, aun cuando es fingida, es de provecho. Juan Cortés de Tolosa. Novela de la comadre.


domingo, 12 de junio de 2022

SÍNDROME CERVICAL. TENSIONES NO RESUELTAS

 


El llamado síndrome cervical es un cuadro clínico definido por dolor, rigidez muscular e hipersensibilidad en la región del cuello. Puede acompañarse de espasmo cervical, inestabilidad vasomotora, síntomas vagales que en ocasiones incluyen mareos, cefalea intensa o visión borrosa.

Los factores causales abarcan:

§     Antecedentes de traumatismo: latigazo cervical en un accidente de tráfico, síndrome cervical postraumático.

§     Artrosis con destrucción y fenómenos productivos en las articulaciones intervertebrales de la región cervical.

§     Osteoartritis degenerativa con participación subcondral.

§     Degeneraciones discales con o sin herniación.

§     Sobrecargas y esfuerzos repetitivos.

§     Contracturas musculares por tensión.

§     Mantenimiento de posturas fijas durante periodos prolongados.

No parece existir predominio por sexos, y el trastorno puede presentarse a cualquier edad, aunque afecta preferentemente a personas en general y a trabajadores mayores de 40 o 45 años, edad a partir de la cual son más comunes los procesos degenerativos. Son frecuentes las mialgias y neuralgias referidas a la nuca, los chasquidos, la limitación dolorosa de la movilidad cervical, e incluso los episodios de vértigo de carácter rotatorio desencadenados por los movimientos del cuello.


La combinación de una mala gestión ergonómica del puesto de trabajo y del estrés, con las consecuentes tensiones que se generan, es la que con mayor frecuencia origina la presentación de los síntomas. El cuadro en ocasiones no cede o lo hace de manera muy limitada, al consumo de antiinflamatorios, analgésicos o miorrelajantes. A menudo impide el reposo, lo que dificulta y retrasa la recuperación. El diagnóstico es fundamentalmente clínico. Las imágenes radiológicas de la región cervical muestran las alteraciones degenerativas vertebrales o discales existentes, pero no son decisivas desde el punto de vista diagnóstico, ni proporcionales a la intensidad de los síntomas.

 


En cuanto al tratamiento, como en tantos casos la fisioterapia es la mejor elección terapéutica. El tratamiento rehabilitador con diatermia e infrarrojos contribuye a la analgesia, así como la fibrolisis diacutánea y la punción seca. La hidroterapia es de primera elección cuando predomina la limitación de la movilidad. La asociación de vasodilatadores y antiinflamatorios contribuye al alivio del dolor en las fases agudas. Es muy aconsejable combinar los ejercicios cervicales suaves con la práctica de la natación ejercida de forma moderada. A pesar de los esfuerzos terapéuticos, algunos de los síntomas pueden persistir durante años, como se ha observado hasta en un 15-20% de los casos.

El pueblo es necio, y pues lo paga, es justo

hablar en necio para darle gusto.

Lope de Vega.


jueves, 9 de junio de 2022

AL-SAMAWAL, EL ASOMBRO DE BAGDAD

 


El maestro Pablo Luna compuso una zarzuela del género chico muy divertida titulada El asombro de Damasco. Hoy, parafraseando ese título, queremos recordar al filósofo y matemático Al-Samawal al-Maghribi, un judío nacido en Bagdad en 1130, autor de una obra asombrosa titulada Al-Bahir fil’-jabr, que se tradujo al inglés como The Dazzling in Algebra, y podríamos traducir al castellano como Lo Asombroso del Álgebra.

Se convirtió al Islam ya bastante mayor, cuando había fallecido su padre al que no quiso contrariar en vida. En el ámbito musulmán el trabajo más reconocido de Al-Samawal es una obra religiosa de madurez que refuta el cristianismo y el judaísmo.

Pero lo que aquí nos interesa es la faceta científica del autor que brilló sobre todo en el terreno de las matemáticas. Al-Samawal comenzó a interesarse por los métodos hindúes de cálculo a la temprana edad de trece años. Se dice que a los dieciocho dominaba ya por completo la materia, y a los diecinueve compuso su obra matemática definitiva. Lo Asombroso aporta información interesante sobre los trabajos perdidos de Al-Karaji, matemático persa del siglo X que nos resultaría completamente desconocido a no ser por las continuas referencias que Al-Samawal hace del maestro.


Pero además lo que acaso puede asombrarnos más de Lo Asombroso son sus extraordinarias aportaciones a los principios de aritmetización del álgebra. El autor explica la forma en que las cantidades aritméticas desconocidas o variables pueden tratarse como si fueran números ordinarios en lo relativo a las operaciones. Al-Samawal define las potencias, los polinomios y los métodos para hallar raíces de polinomios.

Su tratado fue el primero que afirmó que x0 = 1. Se dio cuenta de que cualquier número elevado a cero da como resultado la unidad. En Lo Asombroso se manejan con soltura el cero y los números negativos, algo por entonces todavía inusual. Se plasman conceptos del tipo 0 – a = -a. Tampoco parece figurar en ningún tratado anterior la expresión 12 + 22 + 32 +… + n2 = n(n + 1)(2n + 1)/6, un hallazgo tan asombroso para su época como anuncia el mismo título del tratado.

El profe Bigotini no se asombra fácilmente. No obstante, no puede más que rendirse ante la extraordinaria capacidad de anticipación de aquel judío islamizado que fue sin duda el asombro de Bagdad.

En los tiempos que corren los jóvenes piensan que el dinero lo puede todo. Algo que terminan de confirmar cuando se hacen mayores. Oscar Wilde.


domingo, 5 de junio de 2022

HAM FISHER Y SU JOE PALOOKA. DIRECTO A LA MANDÍBULA

 


Hammond Edward Fisher, que firmó siempre sus trabajos como Ham Fisher, nació en 1900 o 1901 en Pensilvania. No fue un buen estudiante, y a partir de los dieciséis años se ganó la vida como vendedor ambulante y camionero, hasta que su afición por el dibujo le permitió encontrar trabajo como dibujante publicitario en el Daily News neoyorquino.

Comenzó a dibujar las tiras del personaje que iba a hacerle célebre en 1920, pero como no terminaron de gustar a los editores a quienes las presentó, permanecieron inéditas hasta 1928, año en que por fin su trabajo fue aceptado en el Daily Mirror. La serie en cuestión, que Fisher había titulado en un principio Joe the Dumbbell, se terminó llamando Joe Palooka. El apellido del protagonista era un término del argot boxístico que podría traducirse como “paquete” o torpe. Sin embargo, el Palooka de Fisher era tan bueno que hasta llegó a ser campeón de los pesos pesados.


Las tiras fueron un éxito en Estados Unidos desde el primer momento de su publicación en 1928. Los álbumes con historias completas aparecieron a partir de 1933, y entre 1934 y 1951 se filmaron y estrenaron nada menos que doce películas con actores reales y los guiones de Ham Fisher. Desgraciadamente, ninguna de ellas merece siquiera la calificación de mediana o pasable. Las protagonizó un actor llamado Joe Kirkwood que por lo visto tenía un parecido asombroso con el personaje del cómic. Los filmes fueron la quintaesencia de la serie B, y al parecer no hay noticia de que fueran alguna vez proyectados fuera del territorio USA. En los años 30, una época dorada de la radio, se emitió también un serial radiofónico basado en Joe Palooka, que tuvo una gran audiencia.


Además del boxeo, las tiras e historietas de Fisher se fueron adaptando a los diferentes avatares históricos y a la actualidad de cada momento. Joe Palooka fue soldado en la Segunda Guerra Mundial, combatió primero en Europa y más tarde en las islas del Pacífico. Los guiones adquirieron en esa etapa el inevitable tinte patriótico, y la serie gozó durante dos décadas del favor de los lectores, decayendo algo ya en los años 50, su última época, porque Fisher falleció en 1955. La serie y el personaje se extinguieron con él.

Como dato anecdótico diremos que Ham Fisher contó en el primer periodo de su exitosa serie, con la colaboración de Al Capp. Ambos artistas nunca se entendieron bien. Se separaron de una forma nada amistosa, y Capp en su mundialmente célebre serie L’il Abner, deslizó a menudo referencias nada caritativas a Joe Palooka y a su autor. Fisher se lo tomó muy a mal, y hasta llegó a acusar a su exsocio de introducir obscenidades en sus trabajos. En la época de la caza de brujas y el puritanismo americano, la acusación no era ninguna broma, y pudo haber costado muy cara a Al Capp, aunque finalmente no fue así.

Aquí en casa Bigotini, como fácilmente supondréis quienes nos seguís, en la disputa tomamos decidido partido por Capp, a quien consideramos un auténtico genio y uno de los grandes del género. No obstante, como lo cortés no quita lo valiente, vaya por delante nuestro respetuoso recuerdo a Fisher y a su Joe Palooka. Os dejamos una muestra de sus páginas. Que las disfrutéis.