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jueves, 28 de julio de 2022

DE BELLO GALLICO. CÉSAR Y SU CAMINO AL PODER

 


Cuando César renunció al consulado y marchó a guerrear con los galos, Roma vivió días de tribulación. El líder del partido aristocrático en el que militaban los senadores era Catón, nieto de aquel severo y mítico censor a quien los más conservadores habían elevado a los altares. Frente a él tenía a Clodio, el adalid de los populares elegido tribuno de la plebe por la Asamblea Plebiscitaria y protegido de César. Clodio, en su afán democratizador, no tuvo sentido de la medida. Intrigó en la Asamblea para que su adversario Catón fuera enviado a Chipre. No contento con ello, persiguió a Cicerón, otro peso pesado de los conservadores, hasta hacerle huir a Grecia. Clodio organizó una especie de partida de la porra que tuvo aterrorizados a sus enemigos políticos.

A tal punto llegaron los desmanes del tribuno, que Pompeyo y Craso, socios de César en el triunvirato y teóricos correligionarios suyos, tuvieron que pararle los pies. Para ello se sirvieron de Annio Milón, un aristócrata venido a menos que al mando de una pandilla de delincuentes hizo frente a Clodio. Según Indro Montanelli, Roma se convirtió en algo parecido a lo que veinte siglos más tarde sería Chicago. Corría el año 58 a.C. Mientras tanto César guerreaba en la Galia.


Antes de la partida de César, los romanos no conocían del territorio de la actual Francia más que una pequeña parte de sus provincias meridionales, un corredor que les abría el camino terrestre hacia Hispania. El resto era completamente desconocido. No era, por supuesto, lo que podría calificarse como una nación. Se trataba más bien de un enjambre de tribus celtas que pasaban el tiempo guerreando entre sí. Su estructura social era simple: nobles guerreros que ostentaban el mando por la fuerza, una segunda clase religiosa formada por los druidas, y por último el resto de las gentes a quienes cabía el dudoso privilegio de monopolizar el miedo y el hambre.

César sólo disponía de cuatro legiones, unos treinta mil hombres, una fuerza del todo insuficiente para emprender una guerra con garantías de victoria. Lo remedió en parte alistando a sus expensas otras cuatro legiones sin advertirlo siquiera al Senado. Por entonces una horda de cuatrocientos mil helvecios, después de cruzar los Alpes, amenazaba la Galia Narbonense, a la vez que ciento treinta mil germanos atravesaban el Rin y se cernían sobre las tribus galas. Muchos jefes galos, aterrados, suplicaron protección a César y él no se hizo de rogar. En dos campañas temerarias, sus legiones hicieron batirse a los helvecios en retirada, y aniquilaron completamente a los germanos. César ofreció a los galos unirse bajo su mando para hacer frente a nuevas posibles invasiones, pero los galos eran capaces de hacer cualquier cosa menos ponerse entre ellos de acuerdo, así que muchas tribus nororientales se unieron a los belgas para pelear contra los romanos. Los belgas fueron derrotados con facilidad, y César anunció a Roma, quizá algo prematuramente, que toda la Galia estaba sometida.


El pueblo de Roma le aclamó, la Asamblea se rindió a su talento militar… pero no el Senado. Barruntando que los conservadores le estaban preparando una encerrona, César regresó a Italia con unos pocos fieles y convocó en Lucca a Pompeyo y a Craso, sus socios de gobierno, para consolidar el triunvirato. Allí decidieron que Craso y Pompeyo se volviesen a presentar para el consulado, y después del triunfo, confirmasen a César como gobernador de la Galia por otros cinco años: Expirado el plazo, Craso obtendría Siria y Pompeyo Hispania. De esa forma entre los tres serían dueños de todo el ejército.

De momento el plan funcionó. César volvió a la Galia a tiempo para sofocar una nueva invasión de los germanos. Atravesó después el Canal de la Mancha y por primera vez Roma puso el pie en la Gran Bretaña. Venció con facilidad a unas cuantas tribus desorganizadas, llegó hasta el Támesis, pero recibió la noticia de una nueva revuelta, y regresó a la Galia.


El caso es que aquello era algo más que una revuelta. Como siempre César había temido, la cofradía de los druidas, los únicos galos capaces de defender intereses comunes, consiguió unir a toda la Galia o su mayor parte a las órdenes de un hábil jefe, Vercingetórix, un prestigioso guerrero de Auvernia. Eso sí que fue la verdadera Guerra de las Galias. Julio César plasmó sus batallas y sus alternativas en un escrito que hasta tiempos recientes ha servido a los escolares para estudiar latín en el mundo occidental: sus Comentarios de la Guerra de las Galias, que en lengua latina se ha llamado a veces De bello gallico, simplemente por una de sus frases.

La campaña fue larga y dura. Vercingetórix obtuvo en Gergovia una victoria que a la postre resultaría efímera. El sitio y rendición de Alesia sí que resultó decisivo para el triunfo de los romanos. El profe Bigotini os anima a leer el relato de primera mano, la de César, su autor.

Al mismo tiempo que esto sucedía en la Galia, Craso fue derrotado y muerto por los partos en Carres, y mientras en Roma, Pompeyo se deshacía de Clodio, inclinándose hacia el bando conservador. El Senado maniobraba para desposeer legalmente a César del consulado e instaurar de facto la dictadura de Pompeyo. El calvo mujeriego y ya incipientemente barrigudo no lo iba a consentir. Seguiremos con ello.

Yo nunca podría ejercer como psicólogo porque después de escuchar a los pacientes, no podría evitar decirles: ¡todo eso te pasa por gilipollas!


domingo, 24 de julio de 2022

RODRIGO DE COTA. JUDÍO, ESPAÑOL Y POETA

 


Rodrigo Cota o Rodrigo de Cota fue un toledano de origen judío nacido en 1434. Su padre, Alonso Cota, era un recaudador de rentas reales a cuyo celo en su trabajo se quiere atribuir el origen de la revuelta antijudía que se produjo en Toledo en 1449 donde quedó arrasada la judería situada en el barrio de la Magdalena. Parece que el instigador de los sucesos fue Pedro Sarmiento, y que tras el conflicto religioso se ocultaba la lucha entre los partidarios del rey Juan II de Castilla, y su hijo el príncipe Enrique. En cualquier caso, aquella orgía de sangre, enésima en los reinos españoles de la época, marcó profundamente el carácter del joven Rodrigo, arruinó su hacienda, y a punto estuvo de costarle la vida.

Aparte de ese episodio, no se tienen prácticamente noticias biográficas sobre el personaje salvo las que pueden deducirse de su obra literaria. Sabemos que falleció en 1498, y no se conoce ningún retrato suyo.

La obra tanto en verso como en prosa de Rodrigo de Cota, junto a la de otros autores contemporáneos suyos como Pedro López de Ayala, Juan de Mena o Fernando de Rojas, se encuadra en la literatura renacentista, si bien tanto sus Diálogos como la misma Celestina, podría decirse que inauguran nuestro prolífico Siglo de Oro, por lo que cobra una importancia singular en la historia de la literatura en castellano.


La pieza más importante de su producción se publicó póstumamente, en 1511, formando parte del Cancionero general de Hernando del Castillo. En él aparece su Diálogo entre el Amor y un viejo, compuesto por setenta estrofas de nueve versos divididas en dos partes. Triunfa el Amor en la disputa haciendo burla del viejo y su decrepitud, una metáfora del tiempo nuevo que representó el movimiento renacentista, que por cierto se repite en muchos otros autores tanto españoles como europeos. Es la obra cuya lectura os proponemos hoy. Clic en el enlace para acceder a la magnífica versión digital.

Rodrigo de Cota sobresalió también en la sátira. Fue autor de unos versos que ridiculizaban a Diego Arias Dávila, judeoconverso como él, que remató con un epitafio burlón fechado hacia 1472. Los versos tienen un gran interés historiográfico sobre todo por la meticulosa descripción que hacen de la vida y costumbres de las familias judías de su tiempo.

En la misma línea satírica están también sus Coplas del Provincial y las Coplas de Mingo Revulgo, cuya autoría se había adjudicado a Hernando del Pulgar, pero recientes investigaciones atribuyen a Rodrigo de Cota al parecer con mayor probabilidad. Estamos en un  tiempo en que los autores fusilaban obras ajenas sin el menor pudor, reeditándolas y haciéndolas pasar por suyas con el mero aderezo de unos versos o algún capítulo añadido.

Y en esa misma línea, al parecer recientes investigaciones atribuyen también a Rodrigo de Cota la autoría del primer acto de La Celestina, nada menos. Si eso se terminara de confirmar, a Cota habría que adjudicar la gloria de la invención de la trama y el dibujo de los personajes, que más tarde Fernando de Rojas, otro judeoconverso por cierto, desarrolló y pulió hasta dar a la imprenta La Tragicomedia de los amores de Calisto y Melibea, una de las cumbres de las letras españolas y universales.


En todo caso, Rodrigo de Cota merece ocupar un puesto de honor en la lírica castellana y también en la dramaturgia. Moratín, en su libro Orígenes del teatro español, cita a Cota como ejemplo y precursor de los tiempos teatrales: planteamiento, nudo y desenlace. Le atribuye también influencia decisiva en la obra de Juan del Encina y otros autores posteriores.

En casa Bigotini no queremos ser menos que Moratín, y nos sumamos con entusiasmo al elogio de Rodrigo de Cota, judío, español y poeta que supo ejercer esos tres difíciles oficios con solvencia y gracia singulares.

https://www.dropbox.com/home/Profesor%20Bigotini?preview=Di%C3%A1logo+entre+el+Amor+y+un+viejo.pdf

Mi novio se ha venido a vivir conmigo y es alérgico a mi perro, así que si alguien quiere adoptarlo, se llama Paco y es electricista.

 


jueves, 21 de julio de 2022

VERRUGAS: CONVIVIENDO CON LOS VIRUS

 


Las verrugas son pequeños crecimientos en la piel por lo regular indoloros, causados por el virus del papiloma humano (VPH) que sólo afectan a la estética. Ocasionalmente pueden picar o doler, particularmente las que se localizan en los pies. Las Verrugas genitales (condiloma) se encuentran en los genitales, en el área púbica y entre los muslos, pero pueden aparecer también dentro de la vagina y el canal anal.


Con frecuencia desaparecen de forma espontánea al cabo de unos dos años. Pueden ser contagiosas, aunque es infrecuente la transmisión de una persona a otra. Se suele producir sobre todo diseminación de las propias lesiones a otras zonas. Los medicamentos de venta libre, aplicados en las verrugas durante varias semanas, pueden eliminarlas. Sin embargo, NO uses estos medicamentos en la cara ni en los genitales.


Consulta a tu médico en los siguientes casos:

§     Si hay signos de infección (líneas rojas, pus, secreción o fiebre).

§     Si las verrugas sangran.

§     Si producen dolor, picor intenso u otras molestias.

§     Si tienes verrugas genitales o anales.

§  Si eres diabético/a o sufres algún tipo de proceso inmunitario, y aparecen verrugas.

§     Si se produce algún cambio en el tamaño, color o forma de la verruga.


Prevención:

§     Evita el contacto directo con las verrugas.

§ Después de limar una verruga, lava cuidadosamente la lima. Podría diseminarse el virus a otras partes del cuerpo.

Después de haber tocado cualquier verruga, lávate las manos a conciencia.


¿Qué serían los hombres sin las mujeres? Serían muy pocos, amigo mío. Cada vez menos. Mark Twain.


domingo, 17 de julio de 2022

DISRUPTORES ENDOCRINOS. EL PRECIO DEL PROGRESO

 


Se calcula que actualmente existen más de cien mil sustancias químicas diferentes sintetizadas en laboratorios. Al menos el 10% de ellas son de carácter tóxico, tanto para la salud de personas y animales como para el medio ambiente en general. Se diría que es el precio del progreso, el inconveniente que hemos de sufrir a cambio de diversas comodidades y un pretendido bienestar que acaso convendría revisar.

En concreto los llamados disruptores endocrinos son sustancias capaces de alterar el equilibrio del organismo, así como el desarrollo embrionario. Son por lo tanto, embriotóxicos. Generalmente actúan suplantando el lugar de las hormonas naturales o bien bloqueando el acceso de estas a las células donde deben ejercer su función. El concepto deriva del inglés Endocrine Disruptor Chemical, y fue acuñado durante la conferencia de Wingspread celebrada en esa localidad estadounidense en 1991.


Los disruptores endocrinos están presentes en multitud de productos y objetos domésticos e industriales. Son causantes de varias enfermedades y trastornos. El catálogo de estas sustancias es muy amplio, comprende desde productos químicos sintetizados artificialmente en industrias y laboratorios (la mayoría), hasta sustancias que si bien se encuentran en el medio natural, nunca se habían explotado ni utilizado hasta que han sido extraídos para usarse por la industria en diversas aplicaciones.

Pueden encontrarse en juguetes, jabones, productos cosméticos, tejidos y un largo etcétera. Hoy día son omnipresentes, y lo que los hace más peligrosos es que resultan invisibles. Estamos expuestos a ellos a través de la piel, al utilizar ciertos cosméticos por ejemplo, por vía respiratoria, digestiva, y hasta endovenosa ya que están también presentes en determinadas sustancias y preparados de uso hospitalario. Se vinculan con alteraciones de los sistemas nervioso, inmunitario o reproductor, entre otros, y son capaces de causar enfermedades como: 

·      Perturbaciones neurológicas y/o conductuales: déficits de atención, hiperactividad, trastornos neurodegenerativos como el Parkinson y otros parkinsonismos.

·  Afecciones de la salud reproductiva: pubertad precoz o disminución de la fecundidad en mujeres; infertilidad o merma de la calidad del semen en hombres.

·         Problemas cardiovasculares.

·         Alteraciones metabólicas: obesidad o diabetes.

·         Síndrome de sensibilidad química múltiple…


Conforme nuestra sociedad industrial y postindustrial se ha ido desarrollando, el universo químico que nos rodea se ha vuelto cada vez más variado, variable y complejo. El progreso permite que podamos acceder a importantes avances científicos y tecnológicos, pero lamentablemente debemos pagar un precio por ello en forma de riesgos para la salud. El daño se agrava porque casi siempre la detección de trastornos y enfermedades se produce años después de utilizar y convivir estrechamente con las sustancias y productos causantes. Acaso no tengamos más remedio que plantearnos como sociedad si realmente merece la pena pagar un elevado precio en salud por un progreso tecnológico que cada vez se produce con mayor velocidad y experimenta un desarrollo exponencial.

El profe Bigotini no parece tener respuesta a semejante dilema. Por una parte, es un enamorado de la ciencia a quien brillan los ojos cada vez que escucha la palabra progreso. Por otra, es cada vez más un viejo chapado a la antigua que no aspira ya sino al cariño de las personas que quiere y a alguna ocasional cervecita.

Las tetas son lo único a lo que los hombres permanecen fieles toda su vida. Las agarran nada más nacer, y ya no las sueltan hasta que mueren de viejos. Jardiel Poncela.

 


jueves, 14 de julio de 2022

ROY WILSON, UN TALENTO POCO RECONOCIDO

 


Royston Warner Wilson fue uno de los dibujantes británicos más importantes durante la llamada Edad de Oro, la década de 1930. Nacido en Kettering, Northamptonshire, en 1900, asistió a la Escuela de Arte de Norwich y fue aprendiz en un taller de muebles durante tres años, donde comenzó a dibujar. Después se fue a Londres para trabajar como dibujante en la Junta de Aviación, precedente de la R.A.F. En 1918, y sólo un día antes del armisticio, fue llamado al servicio, donde permaneció hasta 1920, así que el joven Roy no se libró de la mili.

En un pub de Norwich conoció a Don Newhause y se convirtió en ayudante de este artista para Amalgamated Press. Wilson se hizo especialista en cómics de animales. Algunas de sus mejores y más divertidas páginas de esa época son 'George the Jolly Gee Gee' y 'Chimpo's Circus'.

Durante la década de 1930, Wilson fue el artista principal de cómics de humor de AP. Sin embargo, solo se le permitió firmar con su nombre la portada de Happy Days de 1938, lo que da idea de la poca consideración en que las agencias británicas tenían a sus creadores.

Durante la Segunda Guerra Mundial, sirvió en la Guardia Nacional y reflejó sus experiencias en la tira cómica 'Private Muggins', que se publicó en Wonder. En la década de 1940, su trabajo continuó apareciendo en títulos como Radio Fun ('Stymie and his Magic Wishbone') y Tip Top ('Happy Andy'). En sus últimos años, Wilson dibujó historietas sobre personalidades famosas para TV Fun y Film Fun, caricaturizando a los cómicos más exitosos de aquellos años, como Terry Thomas, Bruce Forsyth o Harry Secombe.

Roy Wilson falleció a consecuencia de un cáncer de pulmón en 1965. Os proponemos un repaso a algunas de sus páginas y viñetas más divertidas. Que las disfrutéis.






















domingo, 10 de julio de 2022

LA DILIGENCIA. EL RENACIMIENTO DE UN GÉNERO

 



1939 fue un año prolífico en grandes películas de géneros muy diferentes. Lo que el viento se llevó, El mago de Oz, Adiós Mr. Chips, Las cuatro plumas o Ninotchka fueron sólo algunos de los frutos de aquella irrepetible cosecha cinematográfica. También en ese año mágico para el cine se filmó y estrenó La diligencia.

Basándose en un guión de Dudley Nichols, habitual colaborador suyo, John Ford narró una historia desarrollada en esa incierta frontera que separaba la civilización de las tierras inexploradas del salvaje Oeste. Fuera consciente o no de este detalle, Ford inauguró con La diligencia una nueva etapa del western, dotando al género de la calidad y la grandiosidad de que había adolecido durante los cuarenta primeros años de la industria. Para ello, aquel tuerto irlandés contó con un plantel magnífico de secundarios, la mayoría de ellos habituales en sus películas, como Thomas Mitchell, John Carradine, George Bancroft o Andy Devine. Situó al frente del reparto a Claire Trevor, cuyo nombre presidió las carteleras debido a su caché, y para completar la pareja estelar, eligió a John Wayne, un mocetón que para entonces había protagonizado ya algunos western sin demasiada trascendencia, pero en quien Ford confiaba ciegamente como actor y como amigo personal.

Wayne fue, en efecto, el verdadero protagonista del filme desde el primer fotograma en que apareció en medio del camino con el Winchester en una mano y la silla de montar en la otra, medio velado por el polvo del desierto, y a la vez prodigiosamente iluminado por un aura casi mística. La cinta inauguró también el relato que John Ford tenía en su cabeza y venía rumiando durante años. Era el relato de una nación que tras la contienda civil, se abrió paso hacia donde el sol se pone en busca de un horizonte de libertad. Una libertad de la que no pudieron disfrutar en sus países de origen, alemanes, holandeses y sobre todo irlandeses, la particular tribu americana a la que pertenecían Wayne, Ford y la mayoría del resto del equipo habitual del cineasta.

Eran colonos, granjeros, ganaderos, artesanos o comerciantes. Guardando la frontera estaba la Caballería, los centauros del 7º de Michigan que protegían a los colonos de los ataques de los indígenas nativos. Históricamente se trató de una lucha desigual. Un ejército regular y todo lo moderno que podía serlo en el último tercio del siglo XIX, contra unas partidas desorganizadas de indios cubiertos de piojos. Una auténtica masacre injustificable. John Ford nunca pretendió con su imaginario relato justificar una Historia cuya crónica verídica fue la que fue y corresponde a los cronistas e historiadores.

A John Ford correspondió exclusivamente su autojustificación literaria y cinematográfica. Para ello, y también por primera vez en la historia del cine, dotó a los indios de dignidad, y convirtió a muchos de los colonos blancos y de los oficiales de la Caballería en hombres de honor que sabían mantener su palabra. Una distinción que acaso nunca merecieron, pero que en el imaginario fordiano alcanzó cotas de sublime elevación. A la cabeza de aquellos hombres rectos Ford puso a su compadre el Duque, a un John Wayne destinado a encarnar en su persona los valores que acaso jamás tuvo una nación entera.

En casa Bigotini somos grandes admiradores del trabajo de Ford, de Wayne, y por supuesto, rendidos devotos de La diligencia, de su guión, su música, sus personajes y de cada centímetro de su metraje.

Aquí os dejamos la versión original subtitulada en inglés. Clic en el enlace y que la disfrutéis. 

https://www.youtube.com/watch?v=m597TtqsFkQ

Próxima entrega: el hombre tranquilo

 


viernes, 8 de julio de 2022

EL JOVEN CÉSAR. LA ERÓTICA DEL PODER

 


Nacido el año 100 o quizá el 102 a.C., Cayo Julio César pertenecía a un linaje aristocrático venido a menos. Plutarco dijo de él que era alto y delgado, Suetonio le describió como más bien rechoncho. Probablemente ambos tengan razón, pues uno lo retrata de joven y el otro en su edad madura. Ambos coinciden en que le atormentó una calvicie prematura, y en que desde muy joven sufría jaquecas y ocasionales ataques de epilepsia.

En lo político, César militó desde que era apenas un muchacho, en las filas de los que podríamos llamar los populares, por contraposición a la aristocracia que dominaba el Senado. Siguió en eso los pasos de los hermanos Gracos y de Mario, que fue su tío y mentor político. Fue condenado a muerte durante la dictadura de Sila, pero el dictador conmutó su pena por la del destierro, aunque manifestó a sus íntimos que en aquel muchacho había muchos Marios. Tal vez le ganó la simpatía de aquel joven, un arma que esgrimió durante toda su vida.

Cuando regresaba a Roma tras la renuncia de Sila, fue capturado por unos piratas que exigieron por su rescate veinte talentos de oro. César les replicó altivo que valía al menos cincuenta, y ese fue el precio que pagó Craso, el hombre más rico de su tiempo que siempre fue también su banquero. Nada más ser liberado, César armó en Mileto una flotilla, persiguió a los piratas, los hizo degollar y recuperó el rescate que Craso, divertido por el valor de su protegido, jamás quiso recobrar.

Delgado o rechoncho y definitivamente calvo, ciertamente debía resultar muy atractivo a las mujeres, porque tuvo cinco esposas oficiales y un número indeterminado, pero en todo caso elevado, de amantes. De vuelta de su brillante campaña en Hispania, sus soldados le llamaban moechus calvus, que podría traducirse libremente como el calvo follador. Cuando desfiló con ellos por las calles de Roma, gritaban: ¡Maridos, encerrad en casa a vuestras mujeres, que ha vuelto el calabaza monda! Algo que a César hacía reír de buena gana.



Sedujo a muchas de las esposas de los senadores. Una de sus más célebres amantes fue Servilia, la hermanastra de Catón, uno de sus más acérrimos enemigos políticos. Servilia le fue tan devota que al hacerse vieja tuvo el detalle de ceder a su hija Tercia su puesto en el lecho de César. Éste recompensó a la generosa madre otorgándole los bienes de ciertos senadores proscritos por un precio que era la tercera parte de su valor real. Cicerón, siempre mordaz, hizo sobre ello un ingenioso juego de palabras diciendo que la venta se hacía a Tertia deducta. También se acostaba César con la mujer de Pompeyo. Cuando el marido la repudió, el seductor se hizo perdonar dándole por esposa a su hija Julia.


Tértula, la mujer de Craso, pasó luego a engrosar su lista de amantes, lo que no acabó con la amistad que unía a ambos próceres. Precisamente con Craso y con Pompeyo llevó a cabo Julio César la operación política más ambiciosa y de mayor alcance de la Roma republicana. Auspiciada por Cicerón, se había construido la famosa “concordia de las órdenes” por la que se aliaron la aristocracia y la alta burguesía. Los principales representantes de esta última eran Pompeyo en lo militar y Craso en lo económico. Pues bien, César, convertido ya de facto en jefe de los populares, propuso a ambos un triunvirato que los dos aceptaron. De esa manera, todo el poder quedaba en manos de los económicamente poderosos con el apoyo de la Asamblea y sus tribunos elegidos democráticamente entre los plebeyos. El Senado quedaba relegado a una especie de panteón de nobles cuyos votos se compraban cuando era necesario. Mandaban los poderosos como siempre, pero entre las gentes sencillas de la plebe se instaló una especie de ilusión de democracia que iba a constituir el principal motor del poderío de Roma durante las siguientes décadas.


Por entonces César repudió a Pompeya, su tercera esposa, y se casó con Calpurnia, la joven hija de Calpurnio Pisón, uno de sus aliados ascendido a tribuno de la plebe. En aquel tiempo se divertía con Clodia, otra de sus amantes.

Mientras tanto, siguió con su política de gobernar sin el Senado, haciendo aprobar las leyes por la Asamblea. Su suegro Pisón con Gabinio y Clodio, otros dos protegidos suyos, sacaban adelante las leyes en la Asamblea, sus socios Pompeyo y Craso gobernaban sin apenas oposición. El pueblo de Roma nunca había sido tan feliz… César creyó llegado el momento de añadir a sus laureles la gloria militar, única que le faltaba para pasar a la Historia con letras doradas. Dejó su consulado y se autonombró por cinco años procónsul de las Galias Cisalpina y Narbonense, un cargo de menor rango. Como las leyes prohibían estacionar tropas al sur de los Apeninos, quien ostentara el mando al norte de la cordillera se convertía de hecho en dueño de la península.

Marchó a conquistar las Galias, y estaba seguro de que regresaría para hacerse definitivamente con el poder. Todo lo iremos contando.

La mujer es un manjar digno de dioses que a veces cocinan los demonios. Marco Porcio Catón.


jueves, 7 de julio de 2022

ESPRONCEDA, EL GRAN POETA ROMÁNTICO

 


Nacido de manera fortuita en la villa pacense de Almendralejo en 1808, José de Espronceda y Delgado fue hijo de Juan José Carrillo de Espronceda, oficial de caballería que se distinguió en la guerra contra el francés, y de María del Carmen Delgado, dama andaluza de familia acomodada. Sus padres iban camino de Badajoz cuando sobrevino el parto. La infancia de José transcurrió en Madrid. Su primera vocación fue la de seguir los pasos de su padre en la milicia, pero acontecimientos como los fusilamientos de los liberales Lacy y Porlier en 1817, o como la misma revolución de Riego en 1820, le disuadieron de ingresar en la academia de artillería de Segovia, por entonces un nido de reaccionarios, y le decidieron a iniciar los estudios en el madrileño colegio de San Mateo. Era una institución académica laica fundada por el poeta liberal Alberto Lista, dotada de un moderno laboratorio, y donde además de las lenguas clásicas, se estudiaban otras modernas como el francés, el inglés, el alemán y el italiano.

A la caída del régimen liberal en 1823, el colegio fue clausurado. Espronceda, sus profesores y sus condiscípulos fundaron entonces la ilegal Academia del Mirto, que al principio continuó con los estudios, y después derivó en una sociedad secreta liberal autodenominada Los Numantinos. En ella se reunieron habitualmente nombres tan ilustres como los de Ventura de la Vega, Escosura, Orellana, Ferrer y Dávila, Ortiz o López Pelegrín, entre otros. Asistieron todos en 1825 a la ignominiosa ejecución pública de Rafael del Riego, y poco después denunciados por un alumno infiltrado, tuvieron que disolver la sociedad. Espronceda tenía entonces diecisiete años, y fue desterrado a Guadalajara. A los diecinueve marchó a Portugal donde se enamoró de la joven Teresa Mancha, hija de Epifanio Mancha, un coronel liberal exiliado.



Viajó luego a Inglaterra, donde entró en contacto con el grupo de liberales españoles expatriados, y conoció al general Torrijos. Allí volvió a encontrar a Teresa. Estuvo también en Bruselas y en París. En la capital francesa participó en los intentos revolucionarios de 1830. Regresó a España en 1833, cuando se proclamó la amnistía tras la muerte del infame rey Fernando. Para entonces Torrijos, su principal referente político, había sido fusilado, y Teresa Mancha, el amor de su vida, había sido obligada a un casamiento forzoso al que no sobrevivió, falleciendo de tuberculosis en la flor de su edad. El joven Espronceda quedó moralmente abatido según propia confesión. Se enroló en la Milicia Nacional donde alcanzó el grado de teniente de la Compañía de Cazadores de Madrid. Después en la Guardia Real. Se enemistó con Cea Bermúdez, el primer ministro, que lo consideró un liberal exaltado. Fue diplomático en La Haya y diputado por Almería. Junto a Mariano José de Larra, fue uno de los fundadores del Partido Progresista, pero nunca volvió a ser feliz.

De las cenizas del hombre surgió el político, surgió el periodista, y sobre todo surgió el poeta con una fuerza inusitada.



A José de Espronceda cabe el honor de ser el primer gran poeta romántico de la literatura española. Influido por clásicos como Torcuato Tasso, y por coetáneos como Lord Byron, James Macpherson o Martínez de la Rosa, sus poemas narrativos más extensos, El estudiante de Salamanca y El diablo mundo, constituyen la esencia del Romanticismo literario. Otros poemas más breves se han impreso y reproducido hasta la saciedad en antologías poéticas y en textos escolares. Títulos como A Jarifa en una orgía, El verdugo, El mendigo, El reo de muerte, Himno al sol o La canción del cosaco, son ya clásicos que durante años, jóvenes y viejos hemos aprendido de memoria.

Falleció Espronceda en Madrid, en 1842, a la temprana edad de 38 años, víctima de la difteria.

En Biblioteca Bigotini os ponemos al alcance de un clic (hágase sobre el enlace) la versión digital del que acaso es el poema más célebre de su autor, La canción del pirata. Disfrutad la vehemente intensidad romántica de sus rimas.

https://www.dropbox.com/home/Profesor%20Bigotini?preview=Canci%C3%B3n+del+pirata.pdf

Me agrada un cementerio

de muertos bien relleno,

manando sangre y cieno

que impida respirar.

Y allá un sepulturero

de tétrica mirada

con mano despiadada

los cráneos machacar.

José de Espronceda. Desesperación.