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miércoles, 28 de julio de 2021

DIANA DORS, LA RUBIA MÁS RUBIA DEL CINE BRITÁNICO

 



Apodada la Marilyn Monroe británica, Diana Dors fue durante los años 50 un sex-symbol para consumo exclusivamente interno. Dueña de un físico prodigioso y de uno de esos escotes memorables, la Dors lo intentó también en La Meca del cine, pero Hollywood, que a veces es caprichoso, no llegó a encapricharse de ella. Su aventura americana no pasó de una discreta comedia con Dany Kaye que cosechó un discreto fracaso.

Pero aquella delicada flor de Wiltshire no siempre fue la exuberante vampiresa cuya imagen recordamos. Ni mucho menos. La pequeña Diana había debutado en el cine británico a la tierna edad de quince años haciendo un papelito en la versión de Oliver Twist que dirigió David Lean en 1948. Lucía entonces su natural cabello castaño, todavía no oxigenado. Apuntaba aquella jovencita buenas maneras, recibió entusiastas críticas y hasta se subió a las tablas para interpretar una Ofelia muy decorosa en un Hamlet muy aplaudido. Pero aquello duró muy poco. Diana fue tentada por el oropel, la lentejuela y el glamour tapizado de alfombras rojas. Se tiñó de rubia y emprendió una meteórica carrera que la convirtió en una de las mujeres más deseadas de los años cincuenta.

Para recordar a Diana Dors os dejamos un breve montaje de música e imágenes que rinde tributo a la estrella. Haced clic sobre el enlace y disfrutad contemplando a aquella belleza rubia inolvidable.

https://www.youtube.com/watch?v=wWBT2C1jn18

Próxima entrega: Jayne Mansfield


jueves, 22 de julio de 2021

MARTÍNEZ ANIDO. SOMBRAS DE LA ESPAÑA NEGRA

 


Severiano Martínez Anido fue uno de los principales exponentes de la España militarista y totalitaria del siglo XX. Nacido en El Ferrol (como Franco) en 1862, hizo su carrera militar en las campañas de Filipinas y Marruecos, alcanzando el empleo de coronel en 1909 y el de general de brigada en 1914. Fue director de la Academia de Infantería de Toledo y gobernador militar de Guipúzcoa. Ascendió en 1918 a general de división, y poco después a teniente general.

Su bien ganada fama de feroz represor tuvo como escenario la Barcelona de 1919 y los años siguientes, periodo en el que ostentó el cargo de gobernador militar, al que añadió en  1920 el de gobernador civil de la capital catalana.

Su nombramiento fue consecuencia del giro político que experimentó el gobierno de Eduardo Dato hacia posiciones más conservadoras y reaccionarias frente a los movimientos obreros que bullían en toda España y de manera muy especial en Barcelona. Martínez Anido tenía fama de hombre de hierro, por lo que el político catalanista Francisco Cambó, influyó en Madrid sobre el gobierno de Dato para que se produjera el nombramiento. Anido fue respaldado unánimemente por la prensa conservadora catalana y la nacional. Recibió apoyos de los militares más significados del momento, e incluso el apoyo explícito del mismo Alfonso XIII.



En Cataluña se suspendieron las garantías constitucionales, y esa era la ocasión que esperaba Martínez Anido para dirigir su brutal represión sobre las organizaciones obreras, especialmente contra la CNT. Anido auspició el auge de los llamados “Sindicatos Libres”, en realidad verdaderos rompehuelgas lacayos de la patronal catalana Fomento del Trabajo Nacional, y alentó el resurgimiento del movimiento ultraderechista del Somatén. Se alió con el jefe superior de policía, el general Miguel Arlegui, y ambos formaron un tándem brutal e instituyeron un reino del terror en el que no faltaron detenciones ilegales, torturas y todo tipo de métodos violentos. Aquellos negros días de nuestra historia vieron nacer la tristemente célebre Ley de Fugas, que permitió en la práctica muchos asesinatos alevosos, la dialéctica de las pistolas y el tiro en la nuca.

Eduardo Dato fue asesinado en marzo de 1921, sucediéndole como presidente del Consejo de Ministros José Sánchez Guerra. Para entonces la furia desatada de Martínez Anido escapaba ya abiertamente al control del gobierno, y Sánchez Guerra lo destituyó en octubre de 1922, lo que no impidió que fuera despedido con grandes fastos y honores por la flor y nata de la burguesía industrial catalana que le homenajeó en el Hotel Ritz y le nombró hijo adoptivo de Barcelona.


Al implantarse el Directorio Militar y la dictadura de Miguel Primo de Rivera, Martínez Anido fue nombrado subsecretario de Gobernación, a la par que su compinche Arlegui fue elevado al cargo de director general de Seguridad. Poco después, en diciembre de 1925, Anido fue nombrado ministro de Gobernación y vicepresidente del Consejo de Ministros, la mano derecha y brazo ejecutor de Primo de Rivera. Tuvo entonces carta blanca para aplicar sus “políticas”, y en aquel periodo fue especialmente duro con los intelectuales a los que despreciaba profundamente. Entre sus frases famosas de aquel periodo destacan: “Yo cortaría varias cabezas de intelectuales para que no molesten más”, o aquella otra: “Si por mí fuera, Unamuno no llegaría vivo a Fuerteventura”, que pronunció ante sus periodistas afines cuando se decretó el destierro de Don Miguel.

La dimisión de Primo de Rivera en 1930 supuso también su salida del gobierno, y la proclamación de la República en el 31 le aconsejó tomar las de Villadiego y exiliarse en Francia. Desde allí conspiró todo lo que pudo contra el régimen constitucional. Participó en un intento de golpe frustrado en 1935.


Al producirse la sublevación en 1936 regresó a España, y en octubre del 37 Franco le nombró jefe de los servicios de Seguridad interior, Orden Público y Fronteras, encargándole de la censura de espectáculos entre otros cometidos. En enero del 38, todavía en plena guerra, se encargó del ministerio de Orden Público. El historiador Hugh Thomas sostiene que aquel nombramiento, con un Martínez Anido ya viejo y enfermo, tuvo como único objeto sembrar el pánico entre los republicanos. No obstante, aun viejo y enfermo, aplicó sin titubear su política de represión, hasta el punto de que Eberhard von Stohrer, embajador de la Alemania nazi en la España franquista, envió un informe a Berlín señalando que los métodos de Martínez Anido eran inadmisibles y causaban malestar incluso a los falangistas.

Tuvo tiempo de organizar la cooperación policial con los demás regímenes fascistas. Solicitó a Alemania el asesoramiento de un grupo de expertos de las SS  y la Gestapo para instruir a la nueva policía franquista. Firmó también un tratado de extradición mutua con Himmler. Falleció Anido en diciembre de 1938. Su ministerio pasó a llamarse de la Gobernación, y fue asumido por Ramón Serrano Suñer, el cuñado de Franco. En 2008 fue imputado póstumamente por el juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón por los delitos de detención ilegal y crímenes de lesa humanidad.


En el terreno personal se mostró igual de intransigente y feroz que en su labor política. Quienes le conocieron aseguran que consumía diariamente una botella de coñac. Casado con la hija de una importante familia de la burguesía catalana, tuvo dos hijos. El primero, Rafael Martínez Anido, ascendió también al generalato durante el régimen franquista, llegando a dirigir la Legión. El segundo, Roberto Martínez Baldrich, que adoptó el apellido materno, fue repudiado por su padre a causa de su orientación sexual, y llegó a convertirse en uno de los dibujantes e ilustradores más importantes de su época. En una próxima entrega de nuestra serie Historia del Cómic, nos ocuparemos de su trabajo.

Severiano Martínez Anido está enterrado en el cementerio del Carmen de Valladolid. Infames despojos de un despiadado asesino cuyos restos no merecen yacer en un camposanto, mientras en las cunetas y al pie de las tapias quedan aún los de muchos miles de españoles que aquella bestia contribuyó a asesinar.

Martínez Anido se hizo famoso por su crueldad, un tipo de represión que no se había visto en España en varias generaciones. Hugh Thomas.


lunes, 19 de julio de 2021

DIEGO DE COLMENARES Y LA HISTORIA DE SEGOVIA

 


Este segoviano apasionado de su tierra nació en la segoviana calle de Escuderos en 1586. Era hijo de Hernando de Colmenares, modesto carpintero y cristiano viejo, y de Juana Bautista Peñalosa, no menos hidalga que segoviana. El joven Diego de Colmenares juntó sus primeras letras en su Segovia natal. Estudió después en Salamanca, y allí tomó las órdenes. Fue cura párroco primero en el lugar de Valdesimonte, y más tarde, en la propia Segovia, se hizo cargo de la parroquia de San Juan de los Caballeros, ministerio que ejerció hasta su muerte acaecida en 1651, a los sesenta y cinco años. Quienes le trataron y le estimaron, que fueron todos los primeros o los más de ellos, le tuvieron siempre por hombre piadosísimo en las cosas de la Iglesia y de la fe, así como muy docto e instruido en hartas materias tanto divinas como profanas, y muy particularmente en lo que toca a las historias y antigüedades de la Segovia vieja, que todas las sabía muy por lo menudo y las contaba a pedir de boca a cuantos se arrimaban a oírselas decir.


Historiador veraz y cronista minucioso, en el año de mil y seiscientos y treinta y siete dio Colmenares a la imprenta su crónica que intituló Historia de la Insigne Ciudad de Segovia y compendio de las historias de Castilla, magna y admirable obra que tardó en componer catorce años. Vio la luz y fue con tinta bautizada en la imprenta madrileña de Diego Díez. Como los coronistas áulicos del tiempo de grecos y latinos, comenzó su coronica el cura con el diluvio universal, pues del linaje legendario de aquellos primeros hombres justos salvados del ahogamiento, descienden y heredan virtud los primeros segovianos. Contiene además el tratado, noticias de las vidas y las obras de los escritores de Segovia, en cuya nómina se incluye el autor.

El profe Bigotini, ferviente admirador de la admirable ciudad del acueducto, y no menos devoto de Diego de Colmenares, su autor, os ofrece hoy (clic en el enlace) la magnífica versión digital de esta Historia admirable de Segovia. Está tomada de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes y reproduce la primera edición madrileña de la obra. Sirva su lectura para ilustrar y edificar a grandes y a chicos. 

https://www.dropbox.com/home/Profesor%20Bigotini?preview=Historia+de+la+insigne+ciudad+de+Segovia+y+compendio+de+las.pdf 

Después del general diluvio y perpetuo castigo de las gentes con la confusión de las lenguas en la torre de Babel, el patriarca Tubal, hijo quinto de Jafed, por mandado de su santo abuelo Noé, vino con las gentes de su lenguaje caldeo a poblar esta región occidental, que por serlo nombran los hebreos Sepharad; los caldeos, Spamia; los griegos, Hesperia, y los latinos Hispania. Diego de Colmenares. Historia de la Insigne Ciudad de Segovia y compendio de las historias de Castilla.


viernes, 16 de julio de 2021

MITOCONDRIAS: EL ORIGEN DE UNA ANTIGUA AMISTAD


 

La teoría endosimbiótica, formulada entre otros por la eminente evolucionista Lynn Margulis, sostiene que hace aproximadamente unos 1.500 millones de años, una célula procariota, probablemente una especie de bacteria primitiva especializada en obtener energía de los nutrientes orgánicos empleando el oxígeno molecular como agente oxidante, pero quizá de vida efímera y constantemente amenazada, encontró refugio en el interior de otra célula mayor, procariota como ella, o acaso ya eucariota y por lo tanto más evolucionada. Este curioso fenómeno de fagocitosis de un organismo unicelular por otro, sin que se produzca una inmediata digestión, lejos de ser extraordinario, se observa con frecuencia entre bacterias y en el mundo microbiológico en general.

En el caso que nos ocupa, ambos organismos pudieron llegar a un entendimiento tácito: la bacteria fagocitada proporcionaría energía a su hospedadora, y ésta ofrecería a su pequeña huésped un medio estable, seguro y rico en nutrientes. Este mutuo beneficio hizo que con el tiempo, y después de sucesivas generaciones, las células invasoras acabaran formando parte integrante del organismo mayor. Se produjo una simbiosis permanente entre las mitocondrias y las células que las albergan. Hoy día, todos los organismos pluricelulares que descendemos de aquel primitivo y hospitalario organismo, albergamos en nuestras células una ingente cantidad de esas valiosas mitocondrias.



Abona la teoría endosimbiótica el gran parecido existente entre las mitocondrias y las bacterias, en cuanto a tamaño, estructura, componentes y funcionamiento. Las mitocondrias poseen también su propia membrana, y lo que es más importante: su propio ADN, el ADN mitocondrial, completamente diferente del ADN nuclear de nuestras células. Ocurre que a lo largo de nuestra ya larga historia en común, la mayor parte de los genes mitocondriales han sido transferidos al núcleo, por lo que la mitocondria no es viable fuera de la célula hospedadora, y a su vez, ésta tampoco puede sobrevivir sin mitocondrias. Sin embargo, en los seres de reproducción sexual, el ADN mitocondrial, a diferencia del ADN nuclear, no es producto de la mezcla de los genes de ambos progenitores, sino que procede directamente de la hembra, de la madre. El ADN mitocondrial se transmite exclusivamente por línea femenina.

Las mitocondrias actúan como centrales energéticas, proporcionando a la célula la energía necesaria para llevar a cabo la actividad celular, proceso que se conoce como respiración celular. Prácticamente todo el alimento y todo el oxígeno que ingresas en tu organismo, es finalmente entregado a las mitocondrias, que almacenan energía mediante un proceso bioquímico consistente en transformar todos los aportes que ingresas, en una sustancia llamada adenosín trifosfato, más conocida por su abreviatura: ATP.

El ATP se sintetiza en las mitocondrias a partir de los diferentes carburantes metabólicos (glucosa, ácidos grasos y aminoácidos). Las moléculas de ATP son una especie de vagones que forman un convoy energético que va circulando por la célula, proporcionando la energía necesaria para todos y cada uno de los procesos celulares.


Para que os hagáis una idea aproximada de la magnitud del fenómeno, bastará con saber que cada una de los billones de células de nuestro organismo, alberga un promedio de 1.000 mitocondrias (la cantidad puede variar enormemente en función del tipo de célula). Cada mitocondria es capaz de fabricar un millón de moléculas de ATP cada dos minutos, por lo que cualquiera de vuestras células contendrá en cualquier momento alrededor de 1.000 millones de moléculas de ATP. En un par de minutos, habrán quedado vacías, y ocuparán su lugar otros 1.000 millones. La actividad celular es frenética. Produces y utilizas (literalmente quemas) cada día un volumen de ATP que equivale aproximadamente a la mitad de tu peso corporal. Cuando toques tu piel caliente o percibas los latidos de tu corazón, piensa en todo el ATP que deben producir tus mitocondrias para mantenerte con vida y en actividad. Otra más de las grandes maravillas de ese diminuto universo biológico.


Pero recuerda que, aunque con el tiempo han pasado a formar parte integrante de nosotros, las mitocondrias son in essentia, seres vivos que un día fueron independientes. Conservan sus propias instrucciones genéticas, se dividen según su propio programa, hablan su propio idioma biológico…

Las mitocondrias padecen también sus propias enfermedades. El ADN mitocondrial puede resultar dañado o mutilado por los radicales libres en los procesos de envejecimiento celular. Se sospecha fundadamente que ciertos procesos degenerativos como el Alzheimer, el Parkinson o determinadas cardiopatías, podrían estar relacionados con lesiones mitocondriales.

 

El médico me dio seis meses de vida. Cuando le dije que tardaría en pagarle la factura, me dio seis meses más.  Walter Matthau.


martes, 13 de julio de 2021

NIELS BOHR. SE ACABARON LAS CERTEZAS

 


Niels Bohr nació en Copenhague en 1885. Era el hijo de Christian Bohr, catedrático de fisiología, y Ellen Adler, perteneciente a una adinerada familia judía con gran influencia en la banca y en la política danesa. Se doctoró en la Universidad de Copenhague en 1911, y completó sus estudios en Manchester, teniendo como profesor al gran Ernest Rutherford. En 1916 accedió a la cátedra de física teórica de Copenhague, y desde 1920 creó y dirigió el Instituto Nórdico de Física Teórica. Obtuvo el Nobel de física en 1922. En 1943 huyó a Suecia y más tarde a Londres, para evitar ser arrestado por la Gestapo. Durante la guerra participó en el Proyecto Manhatan en Los Álamos, Nuevo México, colaborando en la investigación americana para fabricar la bomba atómica, en el convencimiento de que los nazis trabajaban contra reloj para disponer de ella de forma inminente. Terminada la contienda, regresó a Copenhague y defendió los usos pacíficos de la energía nuclear y el desarme, hasta su fallecimiento acaecido en 1962 a los setenta y siete años.


En cuanto a su labor científica, Niels Bohr publicó su célebre modelo atómico en 1913, que introdujo el novedoso concepto de las órbitas cuantificadas y los saltos de los electrones entre ellas, por lo que podemos considerarle el padre de la mecánica cuántica. Esos trabajos y su investigación sobre la radiación le hicieron acreedor al premio Nobel. En la década de los treinta Bohr investigó las desintegraciones nucleares y la capacidad de fisión de determinados isótopos.

Sus ideas, en su momento revolucionarias, no fueron aceptadas de forma inmediata o lo fueron con muchas reticencias, por parte de la comunidad científica. El mismo Albert Einstein se mostró escéptico al principio. Su célebre frase Dios no juega a los dados con el Universo se rebelaba contra los fundamentos de la nueva mecánica expresados por Bohr entre otros, basados en la incertidumbre y sustentados en unas matemáticas más próximas al cálculo de probabilidades que a la obtención de certeza en los resultados que había preconizado la mecánica newtoniana.


Notable escritor, además de los artículos y comunicaciones puramente científicas, Bohr fue autor de varios libros de divulgación. Uno de ellos, estimado como un tesoro por nuestro viejo profe Bigotini, se publicó en España en 1970 por Aguilar: Nuevos ensayos sobre física atómica y conocimiento humano.

Apasionado defensor del desarme nuclear, entre 1948 y 1950 pronunció las famosas conferencias Gifford, germen del movimiento Átomos para la paz. Colaboró también en la creación del Centro Europeo para la Investigación Nuclear (CERN), que años después construiría en Ginebra el kilométrico acelerador de partículas que ha contribuido a tantos avances científicos.

Llevan su nombre un cráter lunar, un asteroide y hasta un elemento químico, el bohrio. Desde nuestra modesta ventana abierta al progreso, nos sumamos de forma entusiasta al homenaje y el recuerdo de aquel gran científico y gran hombre.

Cualquier cosa que me escuchen decir a partir de ahora, no será una afirmación, sino una pregunta. Niels Bohr dirigiéndose a sus alumnos al comienzo de una clase.


sábado, 10 de julio de 2021

MILT GROSS. EL TRIUNFO DEL HUMOR LOCO

 


Nacido en 1895, en el Bronx neoyorquino, Milt Gross fue un dibujante y animador estadounidense cuyo trabajo creó escuela. Se caracterizó por sus dibujos grotescos, personajes de movimientos espasmódicos como sacados del cine de animación, que también cultivó, y sus diálogos en un inglés barriobajero con toques yiddish, la lengua de los judíos del Bronx con la que había crecido. A él se debe la interjección banana oil, ¡Aceite de plátano! como una frase que desinfla la pomposidad y la pose de los tipos pretenciosos. La advertencia de su personaje, el conde Screwloose, "¡Iggy, vigílame!", Se convirtió en una especie de eslogan nacional. El fondo de la National Cartoonists Society para ayudar a los dibujantes indigentes y sus familias durante muchos años se conoció como el Fondo Milt Gross.

Sirvió como soldado en la Primera Guerra Mundial. Después de ser aprendiz de Tad Dorgan, la primera tira cómica de Gross fue Phool Phan Phables, protagonizada por un hombrecillo fanático de los deportes, para el New York Journal, que comenzó a dibujar cuando sólo tenía 20 años. Se prodigó en historietas de corta duración y otros proyectos, incluida su primera película animada antes de alcanzar su primer éxito con Gross Exaggerations, una columna ilustrada originalmente titulada Banana Oil hasta 1925. A partir de 1926 se llamó The Feitelbaum Family, y finalmente Looy Dot Dope. Su vocabulario en un yinglish híbrido, marcaría el tono y el estilo de gran parte de su trabajo.

El humor de Gross es alocado y anáquico, algún crítico lo ha calificado de marxista no precisamente por Karl Marx, sino por los hermanos Marx, criados por cierto en su mismo barrio.

En 1926, publicó Hiawatta witt No Odder Poems, una parodia de 40 páginas de The Song of Hiawatha de Longfellow, uno de los clásicos más admirados de la literatura americana. La broma le granjeó no pocos enemigos, puristas que no toleraron el escarnio que hacía del poeta considerado una especie de gloria nacional.

En 1930, Gross publicó lo que muchos consideran su obra maestra, el cuento de pantomima He Done Her Wrong: The Great American Novel and Not a Word in It - No Music, Too. Álbum de casi 300 páginas, inspirado en la serie de películas mudas de Los peligros de Paulina. A partir de 1931, trabajó para la cadena de Hearst, dibujando diversas tiras cómicas como Dave's Delicatessen, Banana Oil, Pete the Pooch, Count Screwloose de Tooloose (El conde Tornillo Suelto de Tolosa), Babbling Brooks, Otto y Blotto, The Meanest Man y Draw Your. Si bien el vocabulario de sus tiras se acercó al inglés estándar con el tiempo, su trabajo siempre mantuvo toques yiddish.

En 1945 sufrió un ataque al corazón y se retiró a medias. Falleció en 1953 a causa de un nuevo infarto mientras regresaba de Hawaii en un transatlántico. Milt Gross tuvo tantos admiradores como críticos y detractores que le tildaron de irreverente y vulgar. En Bigotini nos contamos entre los primeros, por eso le traemos a nuestra pequeña Historia de la historieta, y os dejamos aquí algunas muestras de su arte para que podáis valorarlo.



















miércoles, 7 de julio de 2021

BETTY GRABLE, LA CHICA PIN-UP

 



Betty Grable fue seguramente un producto para consumo interno de los norteamericanos. Acaso con la única excepción del Reino Unido, en Europa apenas alcanzó proyección, quizá porque ninguna de las películas en las que actuó ha pasado a la historia del cine.

Pero además de un producto, la Grable era por supuesto una mujer. Mujer que comenzó su peregrinaje por los platós cinematográficos ya en los años treinta de la mano de su madre, que la hizo posar para todas las revistas ilustradas del momento con maquillajes exagerados que la convirtieron a la temprana edad de trece años en una pin-up, un icono erótico de su tiempo. Era una actriz con muchas limitaciones, cantaba un poco y bailaba con cierto garbo. Pero, en fin, siempre se ha dicho que vale más caer en gracia que ser gracioso, y Betty desde luego cayó en gracia a millones de americanos. Durante la guerra, a partir de 1943, su imagen de espaldas en bañador se hizo popular estampada en los bombarderos americanos, en los carros de combate y hasta en los camiones. Esa Betty boom-boom mostrando la retaguardia y mirando a cámara por encima del hombro traspasó fronteras, y como se dice ahora en expresión aborrecible, se convirtió en viral. Llegó a ser en los cuarenta la estrella mejor pagada de Hollywood.

En cuanto a sus películas, la mayoría fueron musicales de esos que no se recuerdan de forma especial. La Fox, productora que la tuvo en exclusiva durante casi dos décadas, insistió una y otra vez en decorados, lentejuelas y coreografías que en los comienzos del technicolor llamaron mucho la atención, pero que muy poco después resultaban anticuados y un poco horteras. En los cincuenta, con una Betty Grable ya madura, los productores seguían insistiendo en las mismas fórmulas manidas y hasta la imagen de la estrella, a fuerza de permanecer fiel a su estilo, acabó por resultar un tanto ridícula.

Os dejamos el video que reproduce uno de los muchos números musicales que protagonizó la Grable. Clic en el enlace y bon apetit. 

https://www.youtube.com/watch?v=hj7ptNYO_Eo 

Próxima entrega: Diana Dors


domingo, 4 de julio de 2021

ESCIPIÓN EL AFRICANO Y EL OCASO DE CARTAGO

 



Después de cruzar los Alpes y vencer a los romanos en cuatro batallas, Aníbal se plantó en Capua, a las puertas de la Urbe. Por qué entonces no avanzó hacia una Roma indefensa y asestó el golpe final, es un enigma histórico todavía no resuelto. Con todo a su favor, el cartaginés en lugar de eso, esperó y esperó durante unos meses interminables. Quizá esperaba los refuerzos prometidos por su hermano Asdrúbal, que se había quedado en Hispania. Vana esperanza, los Escipiones estaban derrotando a los cartagineses en nuestro suelo. La toma de Cartagena marcó el fin del dominio cartaginés en la península Ibérica. Asdrúbal, con los hombres que aún le quedaban, se puso en marcha para unirse a su hermano en Italia, pero no pasó de la Galia. Allí, donde probablemente funcionó el espionaje romano, fue emboscado, vencido y decapitado. Su cabeza fue entregada a Aníbal que, aunque tuerto, pudo contemplarla horrorizado.

El caudillo cartaginés cayó entonces en una profunda depresión. Gran parte de sus hombres desertaron, y se diluyeron las alianzas hechas con galos e itálicos cisalpinos.

Mientras tanto Roma se preparaba para la lucha. El Senado había puesto al frente de sus ejércitos a Publio Cornelio Escipión, el más joven y único  superviviente de una heroica saga militar, hijo y sobrino respectivamente de los dos Escipiones que le precedieron y murieron en Hispania. Con sólo veinticuatro años, Publio Cornelio comenzó a forjar entre la tropa su leyenda de general invencible. Su astucia se hizo mítica. Durante la toma de Cartagena, la posición del enemigo quedaba protegida por una lengua de mar imposible de atravesar sin embarcaciones. Escipión consultó al dios Neptuno, y este le prometió que podría avanzar a pie enjuto sobre las aguas. Cuando sus hombres le vieron caminar sobre ellas, no podían creerlo pero naturalmente le siguieron y derrotaron a los cartagineses. En realidad Escipión había consultado no a Neptuno, sino a los pescadores locales que le indicaron el momento en que bajaría la marea.

En 204 a.C. aquel Escipión ya veterano fue puesto por el Senado al frente de un ejército colosal que, olvidando al debilitado Aníbal,  embarcó hacia las costas africanas. El general cartaginés fue llamado entonces a la defensa de su nación. En 202 Aníbal embarcó hacia Cartago, su ciudad a la que no había vuelto desde que era un niño de apenas diez años. Allí se puso al mando del ejército que habían armado sus compatriotas, junto a sus veteranos de guerra, ya muy mermados en número, que le acompañaban desde hacía treinta años, y con él habían combatido en Hispania, cruzado los Alpes y vencido en Cannas.


La decisiva batalla se libró en la llanura de Zama. Escipión encontró la inesperada ayuda de la caballería númida al mando de su rey Masinisa. Antes del combate ambos generales mantuvieron un encuentro amistoso. Se dice que entre ambos surgió una mutua simpatía. Durante el combate se encontraron, y Aníbal hirió a Escipión levemente. Pero los romanos ganaron la batalla empleando la misma táctica envolvente que sus enemigos habían empleado en Cannas. Los cartagineses fueron aniquilados. Aníbal, cubierto de sangre y completamente derrotado, consiguió huir y refugiarse en su ciudad.

Escipión se mostró generoso con el vencido. No exigió su entrega ni impuso a Cartago condiciones deshonrosas. No obstante, obligó a los cartagineses a renunciar a cualquier expansión fuera de su territorio norteafricano. La Segunda Guerra Púnica concluyó con la total victoria de Roma sobre Cartago. Se puso así fin a un ciclo histórico, y Roma tuvo el campo libre para conquistar y romanizar un Imperio que llegaría a abarcar la práctica totalidad del mundo conocido en su época.

Todavía tuvo Aníbal su canto del cisne postrero, como lo tendría siglos después Bonaparte después de su Waterloo. Se refugió primero en Tapsos, a donde huyó a uña de caballo. Embarcó después hacia Antioquía, fue nuevamente derrotado en Magnesia, volvió a huir, primero a Creta y luego a Bitinia donde, acorralado por los romanos, viejo y casi ciego, se suicidó a los sesenta y siete años. Pocos meses después le siguió a la tumba su enemigo y admirador Publio Cornelio Escipión, a quien Roma y el mundo entero conocía ya con el epíteto de “el Africano” como homenaje a sus grandes victorias en aquella tierra.


El fin de las Guerras Púnicas marcó también el principio del final de la República romana, que aún se demoraría durante décadas, pero cuya caducidad parecía ya inevitable.

Varios fueron los factores que iban a conducir a ello. Roma había perdido en las guerras a casi medio millón de hombres jóvenes, la flor y nata del ejército y la agricultura en que se sustentó su economía en tiempos pretéritos. Los nuevos romanos prefirieron el comercio internacional al duro trabajo en el campo. De Hispania comenzaban a llegar el hierro, la plata, el oro y el estaño. Y de las nuevas provincias y colonias que se irían sumando sucesivamente, llegarían toda suerte de riquezas inimaginables y abundante mano de obra esclava que se encargaría de los trabajos más duros. Prácticamente cada ciudadano romano se convirtió en un rentista. Con la figura de Publio Cornelio Escipión Africano se inauguró además el culto a la personalidad que de allí en adelante produciría caudillos, dictadores y finalmente césares. El ocaso de la República estaba servido.

Lo más peligroso de la vida es la vida misma. Nadie sale vivo de ella.


jueves, 1 de julio de 2021

UMBERTO ECO, EL BORGES ÍTALO-EUROPEO

 


Umberto Eco nació en Alessandria (Piamonte) en 1932 y en una familia de clase media. Estudió con los salesianos y más tarde en la Universidad de Turín, donde se doctoró en filosofía en 1956 con una tesis sobre La estética en Santo Tomás de Aquino. Comenzó trabajando en la RAI como editor cultural a la vez que ejercía como profesor en las universidades de Turín, Florencia y Milán. En los años sesenta, mientras impartía clases de comunicación visual en Florencia, se interesó de forma entusiasta por la semiología, publicando varias obras sobre la materia, fundando la Asociación Internacional de Semiología, y en definitiva, convirtiéndose en el semiólogo más notable de Italia y probablemente de Europa. Sin integrase formalmente en él, se relacionó intensamente con los miembros del llamado Grupo 63, un movimiento cultural y artístico creado ese mismo año y formado por músicos, pintores y escritores. En aquel ambiente conoció a Renate Ramge, una historiadora del arte alemana con la que se casó y tuvo a su única hija.


En 1975 se hizo cargo de la cátedra de semiótica en la Universidad de Bolonia. Umberto Eco falleció en 2016 en Milán, cuando contaba ochenta y cuatro años. Además de escritor, profesor y semiólogo, fue crítico de arte, filósofo, traductor, editor, pedagogo, guionista de cine y televisión, científico y medievalista. Pero ante todo fue lo que podríamos llamar un gran erudito, casi en el sentido que pudiera darse al término durante el medievo, y también un bibliófilo empedernido, enamorado de los libros y las bibliotecas hasta, según sus propias palabras, el plano físico. Lector irredento y voraz, Eco fue con toda probabilidad el único europeo que había leído prácticamente todo lo publicado de algún interés en Occidente al menos hasta el siglo XVIII.

En materia religiosa se consideró a sí mismo un ateo educado en el catolicismo. En el terreno político se identificó siempre con la izquierda sin llegar a militar en el PCI ni en ningún otro partido. Se definió alguna vez como antifascista, y en sus últimos años fue un crítico mordaz de Silvio Berlusconi y de la neo-partitocracia populista que comenzaba a florecer en Italia.


En cuanto a su obra, la simple enumeración de sus ensayos sobrepasaría con mucho la capacidad de nuestro modesto foro. Pueden citarse como más conocidos Obra abierta (1962), Apocalípticos e integrados (1964), Tratado de semiótica general (1975) o Lector in fábula (1979).

Su faceta literaria, que es la que nos interesa, se inició ya en su madurez. Destacan entre sus novelas El nombre de la rosa (1980), la primera que escribió y que constituyó un éxito editorial sin precedentes en todo el mundo, El péndulo de Foucault (1988), La isla del día de antes (1994), Baudolino (2000), La misteriosa llama de la reina Loana (2004), El cementerio de Praga (2010) y Número cero (2015). No puede decirse que entre ellas exista ningún tipo de continuidad o línea literaria reconocible. Eco investiga continuamente y cambia de asunto, de técnica y hasta de estilo narrativo en cada obra. Desde el best seller en que se convirtió El nombre de la rosa hasta la narración introspectiva de La isla o El cementerio, media un abismo literario insondable. A juicio de quien esto escribe, Umberto Eco viene a ser el equivalente italiano, o más bien ítalo-europeo, del Borges rioplatense. Ambos bucean en bibliotecas galácticas e infinitas, y exploran en ellas remotos estantes que nadie había visitado aún.

Como tributo póstumo al talento de este piamontés universal, nuestra biblioteca Bigotini, que no es galáctica ni infinita, pero también cuenta con alguna que otra sección misteriosa, os propone la lectura (clic sobre el enlace) de las Apostillas a El nombre de la rosa, un breve opúsculo que completa y enriquece la obra, satisfaciendo la pasión bibliófila del autor con una serie de anotaciones y precisiones que seguramente su editor no habría admitido en la novela. Disfrutadlas.

https://www.dropbox.com/home/Profesor%20Bigotini?preview=Eco%2C+Umberto+-+Apostillas+a+El+Nombre+de+la+Rosa.pdf 

Quería un ciego que custodiase una biblioteca (me parecía una buena idea narrativa), y biblioteca más ciego sólo puede dar Borges. Umberto Eco. Apostillas a El nombre de la rosa.