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sábado, 25 de marzo de 2023

ANTONINO PÍO, OPTIMUS PRINCEPS

 


Antonino, a quien el Senado de Roma concedió post mortem el título de Pío, fue en efecto, el mejor de los príncipes, optimus princeps, como le llamaron todos durante su fecundo reinado que duró veintitrés años, desde 138 hasta 161. Fue el cuarto emperador de la que se conoce como dinastía Antonina, que inauguró Nerva a quien siguieron Trajano, Adriano, el propio Antonino y su sucesor, Marco Aurelio. Antonino Pío accedió al trono con más de cincuenta años. Tenía fama de ser el hombre más rico del Imperio, y también el más magnánimo, lo que demostró muy pronto ingresando su inmensa fortuna en las arcas del Estado. Nada menos que dos mil setecientos millones de sestercios, una cifra astronómica jamás alcanzada hasta entonces. Procedía de una familia de banqueros emparentada con los hispanos Trajano y Adriano, pero con raíces en la Galia Narbonense. Estudió filosofía, era muy versado en religión y muy respetuoso con las tradiciones. Es posible que fuera el último emperador que creyó en los dioses, o al menos fingió creer en ellos. También ejerció como abogado aunque odiaba la retórica, y se dice que jamás cobró un sestercio por sus servicios.


Amaba la poesía y la literatura, y aunque no se conservan obras suyas, se sabe que protegió a muchos poetas y literatos de su tiempo, mecenazgo que fue agradecido con grandes loas y encendidas alabanzas a su persona. Las estatuas que le retratan muestran un rostro bondadoso y sereno. En política interna no dio un solo paso sin consultar al Senado. En política imperial mantuvo a salvo las fronteras sin emprender guerras de conquista. Sus biógrafos señalan que recibió varias visitas de príncipes y embajadores de lejanas tierras con quienes estableció tratados de amistad, e incluso alguno de ellos llegó a solicitar formar parte del Imperio. En definitiva, Antonino Pío no tuvo ningún enemigo salvo acaso uno solo en su propia casa, su esposa Faustina, una mujer al decir de muchos, capaz de sacar de quicio a cualquier marido. Cuando éste accedió a su mandato, Faustina le manifestó pretensiones de lujo. ¿No comprendes –contestó Antonino-, que precisamente ahora debemos perder todo el lujo que teníamos? A su muerte, el emperador erigió un templo en su honor y creó un fondo para educar a muchachas pobres.


Antonino se consoló de su viudez con una concubina discreta y fiel a la que mantuvo apartada de los asuntos de gobierno. A diferencia de Adriano, su antecesor, no fue un emperador viajero. Parece que no se alejó más allá de Lanuvio, donde poseía unas fincas en las que pasaba los fines de semana pescando. Entre sus iniciativas legislativas destaca una ley de equiparación de derechos y deberes de los cónyuges que con las limitaciones propias de su época, protegía a la mujer en algunos aspectos. Durante su reinado la tortura fue abolida y la muerte de un esclavo fue declarada delito. Si hemos de creer a Renan, el mundo estuvo gobernado por un padre. Antonino enfermó a los setenta y cuatro años. Llamó a su lecho a sus familiares y amigos, se despidió de ellos, se dio la vuelta en la cama y se durmió para siempre. Uno de aquellos allegados era su sucesor, Marco Aurelio, el mismo que ya le había recomendado Adriano. Sencillamente le dijo: ahora, hijo, te toca a ti. Marco Aurelio confesó a sus amigos que cuando no sabía qué resolución tomar, se recomendaba a sí mismo: haz lo que en este caso hubiera hecho Antonino.

Nunca olvido una cara, pero en su caso estaré encantado de hacer una excepción. Groucho Marx.


miércoles, 22 de marzo de 2023

HESÍODO, ENTRE LA HISTORIA Y LA LEYENDA


 

Hesíodo, uno de los primeros si no el primero de los autores de la Grecia clásica, tiene una datación biográfica muy incierta. Clásicamente se le hacía coetáneo de Homero, situándose su nacimiento en el siglo VIII a.C. Así aparece en muchas reseñas biográficas, y al parecer, el origen de la datación se basa en autores del periodo helenístico y en otros latinos que recogieron la tradición. Otras fuentes le hacen anterior a Homero, pero la investigación más moderna concluye que Hesíodo debió ser bastante posterior, admitiendo la existencia real del autor de la Iliada y la Odisea, algo que parece cada vez más discutible. En cualquier caso, los biógrafos de Hesíodo coinciden en su lugar de nacimiento, Ascra, una población cercana a Tebas, donde, si hemos de creer a Aristóteles, también al parecer falleció a edad provecta en alguna fecha indeterminada del siglo VII.



En cuanto a sus orígenes familiares, de su propia obra se infiere que su padre fue un comerciante de Cumas, en la costa occidental del Asia Menor, dedicado en su juventud a la navegación de cabotaje entre la citada costa y las islas próximas. Arruinado por obra de un inoportuno naufragio, regresó a Beocia, la tierra de sus antepasados, y allí en la tebana Ascra, se dedicó al pastoreo y la labranza de las fincas que heredó de sus mayores. El joven Hesíodo tuvo un hermano llamado Perses a quien tuvo que socorrer después de que hubiera dilapidado su parte de la herencia. Cuenta nuestro hombre que su vocación poética le fue inspirada por las propias musas que se le aparecieron mientras apacentaba sus rebaños al pie del monte Helicón. Se sabe que en Calcis obtuvo el premio de un certamen poético, unos juegos funerarios en homenaje al héroe Anfidamante. Tras su muerte, Ascra fue atacada y destruida por los tespios, y las cenizas de Hesíodo fueron llevadas a Orcómeno, donde por fin hallaron descanso eterno junto a la tumba de Minias, héroe fundador de la ciudad y epónimo de los minios.



Otros datos no aportados por él mismo, tienen más dudosa certeza, como es el caso del llamado Certamen de Hesíodo, en el que compitió nada menos que con Homero. El público proclamó vencedor a este último, pero los jueces otorgaron el galardón a Hesíodo porque había hecho un canto a la paz, mientras que Homero dedicó sus versos a la guerra. Una historia muy bien traída pero escasamente verosímil. Otra leyenda asegura que un oráculo había advertido a Hesíodo que evitara el paso por Nemea donde hallaría la muerte. Para evitarlo, se desvió hasta Énoe en la Lócrida, donde según distintas versiones, él mismo sedujo a cierta doncella, o bien encubrió a un sirviente suyo que fue el seductor. El caso es que los hermanos de la joven atrajeron a Hesíodo al santuario de Zeus Nemeo, donde le asesinaron. Se cumplió así el oráculo, pues figuradamente pisar el santuario equivalía a estar en Nemea. Los asesinos arrojaron su cadáver al mar. El cuerpo recogido por los delfines, fue depositado en el golfo de Corinto, donde lo encontraron los locrios que lo enterraron piadosamente en algún lugar secreto de Naupacto, a salvo de las gentes de Orcómeno que pretendían hacerse con los restos del poeta. Es leyenda que ilustra la rivalidad entre ambas ciudades que se disputan ser la tumba de Hesíodo.


En cuanto a su quehacer literario, hasta nosotros han llegado únicamente dos obras completas: Los trabajos y los días, cuyos versos resultan imprescindibles para entender muchos aspectos prácticos de la antigua religión griega, y la Teogonía, que relata la genealogía de los dioses del panteón clásico. De El escudo de Heracles se consideran originales de Hesíodo los 54 primeros versos. Se conservan también fragmentos de diferentes obras que se le atribuyen como Catálogo de mujeres, Lecciones de Quirón, La boda de Ceix, Grandes Eeas, Melampodia, Descenso de Piritoo, Los alfareros, Astronomía u Ornitomancia. Hoy traemos a nuestra biblioteca Bigotini una versión digital de la Teogonía. Clic en el enlace y sumergíos en los inspirados versos del inmortal Hesíodo, con el permiso de Homero, quizá el primer poeta de la historia que mereció ese título.

https://www.dropbox.com/home/Profesor%20Bigotini?preview=Teogon%C3%ADa.pdf

…las nueve hijas nacidas del poderoso Zeus: Clío, Euterpe, Talía, Melpómene, Terpsícore, Erato, Polimnia, Urania y Calíope. Esta es la más importante de todas, pues ella asiste a los venerables reyes. Hesíodo. Teogonía.


lunes, 20 de marzo de 2023

DIABETES Y ACTIVIDAD FÍSICA, UN BINOMIO INSEPARABLE

 


El hecho de que la esperanza de vida de los diabéticos supera en muchos casos la de la población general, no constituye ninguna novedad. Ello se debe a que de forma habitual, las personas diabéticas son más cuidadosas con la alimentación, y tienen unos hábitos más saludables que los de la llamada población sana.

Además de la alimentación del diabético, a la que dedicamos una entrada hace ya tiempo, el ejercicio físico resulta fundamental en el tratamiento de la diabetes, y en la prevención de posibles complicaciones asociadas a la enfermedad. La actividad física tiene efectos extraordinariamente positivos sobre la salud de cualquier persona, y de forma específica, sobre la salud del diabético.

El ejercicio estimula la circulación sanguínea, favorece el control del peso, disminuye la presión arterial y los niveles de lípidos. Además (y esto es quizá lo más importante), la práctica de ejercicio contribuye de forma decisiva al bienestar físico y psíquico de las personas, lo que se traduce en una mejor salud. Como en tantos otros aspectos de la vida, la aplicación de un elemental sentido común resulta fundamental. Siguiendo como otras veces, la guía semFYC, os ofrezco algunos consejos que espero sean de utilidad:


  • El ejercicio más aconsejable será siempre aquel que te resulte más agradable. Si algo se hace a disgusto, acabará por no hacerse. Recuerda que actividad física no es necesariamente sinónimo de deporte competitivo. Bailar, caminar con cierta rapidez, hacer senderismo o excursiones a pie, andar en bicicleta o divertirse un rato en la piscina, son entre muchas otras, formas agradables no sólo de hacer ejercicio, sino en ocasiones de relacionarse socialmente.
  • Debes ser constante. La práctica de ejercicio debe ser diaria.
  • Si dispones de poco tiempo, emplea algunos ‘trucos’ útiles. Por ejemplo, dejar el coche y caminar más a menudo, bajar del autobús un par de paradas antes, usar las escaleras en vez del ascensor…
  • Si nunca has hecho ejercicio, consulta a tu médico antes de iniciar ninguna actividad. Él te orientará. El comienzo debe ser progresivo y gradual.
  • Si estás entrenado y tienes costumbre de practicar deportes de mayor exigencia, como fútbol, baloncesto o atletismo, sigue con ellos; pero siempre bajo control y asesoramiento de entrenadores capacitados. Recuerda que no son aconsejables los esfuerzos anaeróbicos intensos y bruscos, tales como el levantamiento de pesas o el sprint. En estos casos pueden producirse bajadas de glucosa que incluso pueden conducir al coma hipoglucémico. El riesgo es mayor en diabéticos sometidos a tratamiento farmacológico y en pacientes insulinodependientes.
  • El mejor momento para el ejercicio en el diabético es entre una y tres horas después de haberse alimentado. De esta forma se minimiza el riesgo de hipoglucemia.
  • Conviene que lleves en los bolsillos caramelos o azucarillos, por si notas la familiar sensación de ‘bajada de azúcar’.
  • En actividades deportivas de cierta intensidad o duración (más de una hora), es aconsejable realizar el autotest de glucosa (pinchazo en el dedo) antes y después de practicarlas. Si tienes más de 300 mg/dl., mejor no hagas ejercicio ese día. Si tienes menos de 100 mg/dl., toma algún tentempié. Puede ser que necesites administrarte menos insulina cuando realices ejercicio intenso. Consúltalo con tu médico.
  • Es recomendable que lleves encima algo que te identifique como diabético, por si tuvieras que ser atendido. En cualquier caso, es preferible hacer ejercicio acompañado que solo. Además resulta más agradable.
  • Hidrátate bien, Bebe abundante agua, sin esperar a sentir sed.
  • Nunca hagas ejercicio descalzo. Utiliza un calzado apropiado al ejercicio que realices, y sobre todo cómodo. Ponte calcetines gruesos para evitar rozaduras. Revisa siempre tus pies después de la actividad física, y consulta con tu médico si aparecen heridas, ampollas o ulceraciones.
  • Consulta con el médico si sientes mareo, dificultad respiratoria, sudoración excesiva o dolor en el pecho. Consulta también si los niveles de glucosa se alteran de forma importante.


El principal consejo: disfruta de la vida. Recuerda que es un regalo precioso. No lo malgastes frunciendo el ceño y quejándote a la menor contrariedad. La capacidad para ser feliz y contribuir a que lo sean quienes nos rodean, es el principal signo de madurez, sabiduría y bondad. Aquellos cuyo estado de ánimo depende de una diversidad de factores ajenos e incontrolables, son criaturas desdichadas. La inteligencia y la voluntad para decidir libre y responsablemente cómo actuar, nos hace libres, responsables e inteligentes. Nos hace razonablemente felices.

La luna de miel debería estar prohibida a los diabéticos.  Woody Allen.


sábado, 18 de marzo de 2023

MECÁNICA ONDULATORIA. CONVIVIENDO CON LAS ONDAS

 


En nuestro universo físico gran parte de los fenómenos energéticos se comportan como ondas. Tomemos simplemente como ejemplos los muy conocidos del sonido y de la luz. La distancia que recorre una onda con determinada frecuencia fija durante un periodo determinado, se conoce como longitud de onda. En el caso de las ondas sonoras, distinguimos los diferentes sonidos por sus frecuencias, más graves o más agudas, pero también podríamos hacerlo en base a sus diferentes longitudes de onda. Imaginemos una larga cuerda tendida horizontalmente, a la que mediante una brusca sacudida en uno de sus extremos, le comunicamos un movimiento vertical que se propaga a lo largo de la cuerda. Si consiguiéramos que dicho movimiento fuera regular, podríamos dibujar un esquema en el que algunos puntos de la cuerda se elevan mientras otros descienden. La distancia que separa dos puntos consecutivos con el vector en la misma posición, es la longitud de onda, que suele indicarse con la letra griega l. La longitud de onda también se llama periodo, y su relación con la frecuencia (f) determina la velocidad de la emisión.




Tomando como referencia la longitud de onda, podemos clasificar las ondas electromagnéticas en varios tipos diferentes:

Las ondas de radio corresponden a longitudes de onda superiores a un centímetro. Se trata de una zona de frecuencias muy importante en cualquiera de las aplicaciones tecnológicas más habituales. Concretamente, el rango de longitud de onda de alrededor de 10 centímetros está sobrecargado de cosas tan familiares como teléfonos móviles, Wi-Fi, hornos de microondas… Y por supuesto, la propia radio, ondas con las que convivimos a diario.

Descendiendo en la escala, están las longitudes de onda infrarrojas, llamadas así porque en la escala lumínica su espectro queda por debajo del color rojo. Se sitúan entre 0,8 y 500 micrómetros (10-6 m). Como cualquier cuerpo caliente, nuestros propios cuerpos emiten radiaciones infrarrojas con longitudes de onda cercanas a 10 micrómetros. Mediante cámaras especiales puede capturarse la imagen de estas radiaciones térmicas. Se utilizan para localizar personas o animales en la oscuridad. Las señales de los mandos a distancia emiten también una luz infrarroja.


El llamado intervalo visible va de 400 a 700 nanómetros (10-9 m). El sol emite radiación visible con la máxima potencia en esta zona de longitud de onda. La evolución natural de nuestra especie ha equiparado la máxima sensibilidad de la retina humana a la máxima emisión del espectro solar.

Entre los 10 y 400 nanómetros encontramos la luz ultravioleta (más allá del violeta en el espectro). Son ondas capaces de causar quemaduras solares o de romper moléculas mucho más eficazmente que la luz visible, porque son mucho más energéticas.

En longitudes de onda inferiores, de entre 10-10 y 10-11 m, se encuentran los rayos X que se utilizan en las radiografías convencionales. Nuestros huesos detienen estas ondas, pero no las estructuras más blandas, por lo que resultan idóneos para detectar lesiones óseas. Todavía por debajo están los rayos gamma (g), generados por procedimientos nucleares, y característicos de las emisiones radiactivas. Su descubrimiento y clasificación junto a las radiaciones alfa (a) y beta (b) se debe al genio científico de Ernest Rutherford.


Lo malo de llegar el primero a las citas es que nunca hay nadie para apreciarlo.


miércoles, 15 de marzo de 2023

MARJORIE HENDERSON Y LA PEQUEÑA LULÚ

 


Marjorie Lyman Henderson, que firmó la mayor parte de sus dibujos y sus páginas como Marjorie Henderson o simplemente Marge, nació en Filadelfia en 1904. Comenzó como caricaturista y publicó su primera caricatura a los dieciséis años, a la vez que se inició en la ilustración de libros. A partir de 1925 dibujó tiras cómicas para varias agencias sin demasiada difusión, hasta que en 1934, mientras trabajaba para The Saturday Evening Post, dio con la tecla del éxito con su personaje Little Lulu, La pequeña Lulú, que sustituyó en la revista al Henry de Carl Anderson. Las primeras caricaturas e historietas fueron mudas a imitación de las del personaje de su predecesor, pero poco a poco a Lulú se le fue soltando la lengua, y se convirtió con el tiempo en una de las series más seguidas en América y el resto del mundo. A partir de 1944 las aventuras de La pequeña Lulú aparecieron también en álbumes coloreados. La tira semanal pasó a ser diaria en diversos medios, y su creciente popularidad hizo que la serie se tradujera a un montón de idiomas, publicándose en muchos países y protagonizando incluso dibujos animados. A España llegó a través de la editorial mexicana Novaro, y pudimos disfrutar de ella los niños de los sesenta, aunque su creadora había abandonado el dibujo en 1947 para ocuparse de los aspectos comerciales hasta 1971, cuando se retiró por completo. Falleció en 1993 a los ochenta y ocho años.

Uno de los dibujantes que sustituyeron a Marge fue John Stanley que poco después, basándose en Lulú, creó la serie Nancy and Sluggo, que en el ámbito hispanoparlante se llamó Periquita. La influencia alcanzó al mismo Quino, el creador de Mafalda, quien en alguna ocasión reconoció la inspiración, aunque la altura artística y literaria de Mafalda está muy por encima de la de su remota antecesora. Con todo, hemos de reconocer a Marjorie Henderson su condición de pionera creadora de niñas sentenciosas, así como su quehacer artístico. Para eso os dejamos aquí abajo una serie de sus páginas y dibujos. Que los disfrutéis.















domingo, 12 de marzo de 2023

BLAKE EDWARDS, EL HEREDERO DE WILDER

 



Si Billy Wilder fue el rey indiscutible de la comedia a quien nadie osará discutir su regio título, conviene no perder de vista que dejó un heredero digno de sucederle en el trono. No es otro que Blake Edwards, que demostró en su primera etapa una especial sensibilidad para la comedia romántica, como en el caso de Desayuno con diamantes, aquella historia exquisita que llevó a la pantalla en 1961, un poema visual cuya elegancia situó a sus intérpretes y al mismo Edwards en la cima de lo chic. En sus trabajos posteriores apostó por el humor ya sin ningún tipo de reservas. Un humor sin concesiones, absoluto, y apoyado en la genialidad de Peter Sellers. Surgió de esta manera la saga de La pantera rosa, una serie de filmes donde la música de Henry Mancini puso un elegante contrapunto al humor disparatado de sus guiones. La guinda de aquel pastel loco e irrepetible fue quizá El guateque, un desternillante mosaico de despropósitos y gags visuales que tuvieron la virtud de mantener a sus millones de espectadores en las salas de todo el mundo sin parar de reír durante hora y media. Edwards contó durante su exitosa carrera como director con la colaboración activa de grandísimos comediantes como el citado Peter Sellers o como Jack Lemmon, Tony Curtis o Cary Grant. Contó también con la presencia impagable de grandes damas como Audrey Hepburn o como Julie Andrews, con la que estuvo casado. Otro de los sellos inconfundibles del cineasta fue el despliegue de glamour en sus vestuarios y atrezzos. El aroma de los años sesenta estaría incompleto sin los decorados y los vestidos de El guateque, lo mismo que sin Desayuno con diamantes a Nueva York le faltarían también los diamantes y los desayunos, elementos ya imprescindibles de su imagen cara al resto del mundo.

Para recordar como merece a Blake Edwards os dejamos un montaje de fotogramas y música precisamente de Desayuno con diamantes, su primer gran título y su primer gran éxito. Clic en el enlace, y adelante, pasen sin llamar. 

https://www.youtube.com/watch?v=hyNP6S9Olds

Próxima entrega: Peter Sellers


jueves, 9 de marzo de 2023

ADRIANO, EN EL APOGEO DEL IMPERIO ROMANO


 

Publio Elio Adriano fue sobrino y heredero de Trajano, a quien sucedió como emperador de Roma. Había nacido en Itálica, en la Bética, hay quien dice que concretamente en Santiponce. Poseía Adriano todos los títulos para ocupar el trono. Además de la familiaridad con su antecesor, tenía una bien ganada fama de hombre inteligente, culto y bondadoso, una brillante trayectoria militar como la mayoría de los emperadores de aquel tiempo, y un probado sentido de la justicia. Sin embargo, si hemos de dar crédito a Dión Casio, la condición que definitivamente le elevó hasta el máximo rango del Imperio fue la de ser el amante de Plotina, la esposa de Trajano y tía política suya. No hubo pues consanguinidad, pero de haberla habido, no habría sido mayor impedimento en aquella Roma que aun en su pleno apogeo, comenzaba ya a gestar su decadencia. Aún no había cumplido los cuarenta años cuando accedió al trono en el 117. En lo puramente formal, Adriano fue siempre lo que podríamos llamar un emperador “constitucional”, ya que no aprobó jamás una ley ni dio paso alguno sin antes consultar al Senado. Su nombre procedía de Adria, de donde sus ancestros y los de su tío Trajano habían emigrado a Hispania casi cuatro siglos atrás.


Adriano había estudiado filosofía, matemáticas, geometría, escultura, literatura, medicina y música, sobresaliendo en todas esas materias. Trajano, de quien se dice que consintió y hasta propició sus amores con Plotina, le dio por esposa a Julia Sabina, otra de sus sobrinas. Aquella Sabina fue siempre una esposa fiel. Dotada de una hermosura mítica, acaso demasiado escultural, carecía sin embargo de ese encanto sutil que encandila a los hombres. Adriano la mantuvo siempre a su lado y la colmó de atenciones, pero dormían en lechos separados. Como el nuevo emperador renunció públicamente a continuar la política expansionista de su predecesor, se ganó la enemistad de los principales generales cuyas tropas estaban destacadas en las diferentes fronteras. Cuatro de ellos prepararon una conjura para acabar con Adriano, y sin que nunca se llegara a saber cómo sucedió, los cuatro aparecieron muertos en un espacio de pocos días, lo que resulta significativo y nos ilustra acerca de que aunque fuera un emperador “constitucional”, también sabía manejar las que hoy llamaríamos “cloacas del estado”.



Al comienzo de su reinado, Adriano distribuyó entre el pueblo mil millones de sestercios, les liberó de las deudas con el fisco y organizó varias semanas de magníficos espectáculos en el Circo. Si a esto unimos que el emperador cantaba y componía versos, no ha de extrañarnos que los romanos recelaran de él, temiendo que se comportara como un segundo Nerón. Pero no fue así. Todas sus acciones de gobierno revelaron que se trataba de un hombre íntegro, justo y compasivo. Para terminar de rematar su enorme popularidad, Adriano era un tipo muy atractivo, elegante, alto, de pelo y barba rizados, cuya imagen imitaron muchos de sus súbditos, y que al parecer enamoró a gran número de jóvenes de ambos sexos. Formalmente, en su condición de Pontífice Máximo, respetó y promovió la religión tradicional como uno de los puntales de la sociedad. Hizo erigir diferentes y suntuosos templos como el de Venus en Roma, además de hipódromos, museos, bibliotecas o la magnífica villa de Tívoli. A pesar de ello, muchos de sus biógrafos le han considerado ateo al encuadrar su pensamiento filosófico entre el estoicismo y el escepticismo.


Dedicó Adriano sus últimos años a viajar a todos los confines del Imperio. Lo hizo extensamente por su Hispania natal, por la Galia, la Bretaña insular, Germania, Persia o Egipto, acompañado siempre por Sabina, su fiel y distante esposa. En Tarraco fue agredido por un esclavo al que indultó generosamente. Sin embargo hizo matar a Suetonio, uno de sus secretarios, por haber ofendido a Sabina. Se enamoró sucesiva y ardientemente de hermosas jóvenes y apuestos muchachos. Uno de aquellos fogosos amores fue Antinoo, un bellísimo joven de ojos azules y dorados bucles en quien Adriano había pensado como sucesor. Antinoo se suicidó remontando el Nilo. Se dijo que el muchacho supo por un oráculo que los planes de su protector sólo se realizarían si él moría.



A partir de aquel episodio trágico, Adriano cambió su carácter jovial, haciéndose cada vez más taciturno. Ya sólo pensó en la muerte y no aspiró sino a la tumba. Se hizo construir un gran mausoleo al otro lado del Tíber, en el lugar que hoy ocupa el castillo de Sant’Angelo. Quiso suicidarse sin éxito, pues ninguno de sus allegados se avino a facilitar sus deseos. He aquí un hombre, exclamó entonces, que tiene poder para hacer morir a cualquiera excepto a sí mismo. Murió Adriano finalmente a los sesenta y dos años, después de haber reinado durante veintiuno. Corría el año 138. Se le compara con su antecesor, Trajano, por su buen gobierno y por la gestión de las fronteras del Imperio, que alcanzó con él su máximo apogeo. Se le compara con Nerva por la sabia elección que supo hacer de su sucesor, Antonino, a quien la historia llegaría a conocer como Antonino Pío.

Animula vagula, blandula hospes comesque corporis… (Vague el alma y repose el cuerpo blandamente). Publio Elio Adriano.


domingo, 5 de marzo de 2023

BRAULIO FOZ, EL CERVANTES ARAGONÉS

 


Nacido en la localidad turolense de Fórmoles en 1791, Braulio Foz cursó sus primeros estudios en Calanda, y más tarde, durante su etapa universitaria en Huesca, participó en la guerra contra el francés formando parte de la partida guerrillera que comandaba Felipe Perena. Estuvo en la heroica defensa de Tamarite, y apresado en Lérida por las tropas de Napoleón, fue conducido a Francia. Liberado en 1814, fue primero catedrático de latín en la Universidad Sertoriana oscense, y más tarde, en 1822, ganó la cátedra de griego en la Universidad de Zaragoza, cargo del que se vio privado, porque al final del Trienio Constitucional tuvo que exiliarse en Francia por sus ideas liberales que chocaban abiertamente con el régimen de terror impuesto por el nefasto Fernando VII. A la muerte de aquel indeseable deseado, regresó a Zaragoza donde continuó dictando sus lecciones y ejerciendo como decano de la Facultad de Letras. Falleció en 1864 a los setenta y cuatro años en Borja, donde se había retirado.

Braulio Foz fue autor de más de cincuenta obras de muy variadas materias, desde lenguas clásicas, su especialidad académica, hasta temas históricos o jurídicos. En todas ellas y en su también fecunda labor periodística, destaca su vena anticlerical.

En el plano artístico y literario cultivó el teatro, siendo autor de varias comedias todavía hoy inéditas. Pero sobre todas las demás destaca la que fue su única novela publicada en 1844, su Vida de Pedro Saputo, natural de Almudévar, hijo de mujer, ojos de vista clara y padre de la agudeza. Sabia naturaleza su maestra. Un largo título que en posteriores ediciones y en el ánimo de sus muchos lectores dentro y fuera de Aragón, se resume como Vida de Pedro Saputo.


Se trata con toda probabilidad de la novela aragonesa más emblemática del siglo XIX. Es libro de lectura inexcusable que recoge las aventuras y peripecias vitales de su protagonista, un joven prodigioso entre pícaro y Quijote. Apoyándose en su asombrosa e innata sabiduría, Foz pasa revista a los vicios y las miserias materiales e intelectuales de una sociedad manifiestamente mejorable. Despliega el autor una rara habilidad para situar la acción de la novela y las correrías de su Saputo en un paisaje muy concreto, el del Aragón rural, pero en un tiempo curiosamente atemporal que abarca para el lector desde nuestro siglo de oro hasta la época en que fue escrita la narración, y aun mucho más allá, porque cualquier lector contemporáneo que conozca mínimamente la idiosincrasia de nuestros pueblos y sus moradores, la hallará reflejada fielmente en la novela. Decir que Braulio Foz, al menos el Braulio Foz del Pedro Saputo, es el Cervantes aragonés, no entraña exageración alguna. Tanto el fondo como hasta por momentos la forma de su novela resultan deliberadamente cervantinos. También lo es la intención crítica y pedagógica que subyace en el Pedro Saputo. Foz bebe en las fuentes de la obra de Cervantes, en las inagotables de nuestra novela picaresca más clásica, en la de ilustrados hombres de letras que le precedieron, como el padre Isla y su Fray Gerundio de Campazas, y añade como por casualidad, aderezos costumbristas.



Naturalmente, esta es la lectura que traemos hoy a nuestro Bigotini literario. Haced clic en el enlace y disfrutad con el sabor del Pedro Saputo. Destila un humor socarrón y una finísima ironía, gotas que concentradas, esencian lo más puro del espíritu aragonés.

 

https://www.dropbox.com/home/Profesor%20Bigotini?preview=Vida+de+Pedro+Saputo.pdf

 

Decían todos que el niño tenía mucho talento, y su madre respondía: bien lo habrá menester, porque ni él tiene otro patrimonio ni su madre otra esperanza. Braulio Foz. Vida de Pedro Saputo.

 


jueves, 2 de marzo de 2023

EJERCICIOS EN LA OFICINA. CONSEJOS PRÁCTICOS

 


Veamos: trabajas en una oficina frente a una pantalla. No es precisamente esa oficina idílica, moderna y fantástica de la imagen. Estás allí durante muchas horas. Tienes mucha presión y a menudo sientes fatiga. Con frecuencia sufres pequeñas molestias debidas al mantenimiento prolongado de la postura sedente. Contracturas musculares que afectan al cuello y los trapecios, tal vez alguna molestia en la región lumbar, hormigueo y sensación de entumecimiento en brazos y manos, fatiga visual… Al final de la jornada el cansancio se apodera de ti. No puedes hacer grandes pausas, porque literalmente no tienes tiempo para eso.

Tampoco puedes abandonar el trabajo y consultar con el médico o el fisioterapeuta, ya hemos quedado en que no tienes tiempo, y además, tus molestias no son tan importantes después de todo. Probablemente unos ejercicios de relajación o unos estiramientos serían suficientes para aliviar tu incomodidad, ¿no crees? Claro, pero, ¿qué ejercicios puedes hacer? Has mirado en Internet y has visto auténticas tablas de gimnasia que te llevarían media hora, y para las que necesitarías un tapiz… Sencillamente no puedes tumbarte sobre la mesa o ponerte a hacer cabriolas en el pasillo. El director está mirando, y el imbécil de Peláez no te quita ojo…

Lo que necesitas es algo sencillo que te ayude a relajarte un poco, sin abandonar tu puesto. Lo que necesitas (atención damas y caballeros) está aquí. Directamente de los fondos documentales de nuestro blog bigotiniano te ofrezco estos sencillísimos ejercicios, tan fáciles y cómodos, que puedes hacerlos sin moverte de la silla, y a la vez tan discretos, que ni siquiera el maldito Peláez sospechará que tienes alguna molestia. ¿Te interesan? Aquí están:




¿Ves que bien? Pues hala, apréndelos y hazlos varias veces cada jornada. Con eso y dos avemarías diarias, te garantizas la salvación eterna. Para que a Peláez lo arrolle un tren de mercancías, habría que recurrir al vudú.


La probabilidad de que alguien te esté observando, es directamente proporcional a la estupidez de lo que estés haciendo.