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domingo, 28 de agosto de 2022

DIFRACCIÓN. MÁS ALLÁ DEL ARCO IRIS

 


Cuando una onda de cualquier tipo se encuentra con un obstáculo en su camino, por ejemplo una rendija, se desvía de su trayectoria dividiéndose en sus diferentes componentes. Se trata de un fenómeno conocido desde antiguo. Ya en 1660 Francesco Maria Grimaldi acuñó el término difracción, y fue el primero que realizó observaciones precisas sobre la materia.

También las interferencias del fenómeno ondulatorio se describen en el Principio de Fresnel-Huygens, que trata a cada punto en el frente de una onda propagadora como un grupo de ondículas esféricas individuales. De hecho, todas las ondas son susceptibles de difractarse, ya sean de luz, de sonido, de fluidos, electromagnéticas, e incluso las ondas gravitatorias.

El fenómeno no pasó inadvertido a sir Isaac Newton, que demostró que la luz blanca es en realidad una mezcla de colores. Hizo incidir la luz que atravesaba una rendija en una pantalla opaca, y la hizo pasar a través de un prisma de vidrio, obteniendo como resultado los diferentes colores en que se descompone la luz blanca. Intuyó con acierto que el prisma tan sólo dispersa la luz pero no la modifica.

El efecto puede observarse de forma natural en el arco iris que observado con el sol a nuestra espalda, dispersa también la luz, ejerciendo en este caso las gotas de agua idéntica función que el prisma de vidrio. En fecha tan temprana como 1266, Bacon estableció que el ángulo entre la dirección del sol y los arcos de colores es de aproximadamente 42 grados. Para cualquier observador, todas las gotas ubicadas en un círculo en un ángulo de aproximadamente 42 grados, envían luz a su ojo. Cada ángulo tiene su longitud de onda correspondiente, y por lo tanto un color determinado.


Las modernas redes ópticas constituyen un segundo ejemplo de dispersión de las distintas longitudes de onda de la luz blanca. Una red de difracción es un dispositivo óptico compuesto por miles de ranuras paralelas. Cuando la luz ilumina esta estructura periódica, cada ranura difracta las ondas, es decir, cambia su dirección. Así, miles de pequeñas ondas correspondientes a una longitud de onda dada, interfieren constructivamente en un punto distante.

El patrón de interferencia característica es más marcado cuando una onda de un haz coherente, por ejemplo de un láser, se encuentra con una rendija/abertura que sea comparable en tamaño a su longitud de onda. Ello se debe a la interferencia de los diferentes puntos en el frente ondulatorio, o equivalentemente de cada ondícula, que describen trayectorias de diferentes longitudes a la superficie de registro donde se forma la imagen. Sin embargo, si las aberturas son múltiples y muy cercanas, pueden resultar en un patrón complejo de intensidad variable. En este principio se basan en parte los láser de corte empleados en cirugía.

Los conceptos difracción e interferencia están estrechamente relacionados, si bien, como señala Richard Feynman, la difracción suele referirse a muchas fuentes ondulatorias, mientras que la interferencia se circunscribe a sólo unas pocas. Feynman establece también diferencias en el desarrollo matemático de ambos fenómenos.

El tratamiento de ambos abre el camino a una asombrosa variedad de aplicaciones prácticas en otros tantos campos científicos y tecnológicos. Como cantaba Judy Garland en El mago de Oz, hay mundos maravillosos más allá del arco iris. 

-Anda Manolo, alcánzame eso que hay encima de aquello.

-¿Que te alcance el qué, dónde?

-Madre mía, desde luego Manolo, es que a veces pareces tonto.


jueves, 25 de agosto de 2022

ROY CRANE, AVENTURAS EN BLANCO Y NEGRO

 


Royston Campbell Crane, o abreviadamente Roy Crane, nació en Abilene, Texas, en 1901. Cursó estudios universitarios y asistió seis meses a la Academia de Bellas Artes de Chicago. De joven viajó por el país vagabundeando y ejerciendo diversos trabajos. Fue marinero, obrero en el ferrocarril y hasta montador de carpas circenses. Se estrenó como caricaturista en el New York World, donde aprendió de maestros como Webster o como Ethel Hays, a la que imitó sobre todo en el dibujo de mujeres. En 1924 apareció su primera serie, Wash Tubbs, apócope del principal personaje, Washington Tubbs II, un gracioso empleado en una tienda, con un estilo de dibujo caricaturesco dirigido al público infantil.

Crane se cansó pronto de aquellos argumentos costumbristas, y mandó a su héroe a viajar por el mundo buscando tesoros en una isla del Pacífico o adentrándose en cuevas inexploradas. Las historietas fueron adaptándose a un público de más edad, con menos chistes y más guiños literarios. Al mismo tiempo fue cambiando el estilo de los dibujos. Crane se esmeró en los fondos, explotó con gran habilidad las onomatopeyas, y se sirvió del negro y de los sombreados para crear atmósferas más acordes al género de aventuras del que podemos considerarle precursor. Fue sin duda un maestro del empleo del negro, hasta el punto de que casi podría decirse que los colores estropean su trabajo.



En 1929 apareció Captain Easy, un soldado de fortuna que protagonizó las tiras dominicales de mayor éxito en América. Y ya con la Segunda Guerra Mundial, a partir de 1943, un personaje originalmente secundario como Buz Sawyer, fue adquiriendo importancia hasta protagonizar una nueva serie de gran éxito.

Son varios los aspectos a destacar en el trabajo de Roy Crane: el empleo del negro y las sombras que ya mencionamos, los apasionantes argumentos de aventuras con giros muchas veces inesperados en los guiones, y la vocación de propaganda belicista y patriótica, algo muy frecuente en ese tiempo.


Hoy en día llama también la atención el tinte machista de los comportamientos de sus personajes. Algo que en su momento, no sólo no causó el menor rechazo, sino que seguramente formó parte de la buena acogida que tuvo su trabajo por parte del público. Sirva como ejemplo de cómo los valores y las mentalidades cambian incluso en periodos de tiempo que pueden antojarse relativamente breves. En este caso debemos felicitarnos por la evolución de la sociedad.

Crane llegó a amasar con sus derechos una considerable fortuna que le permitió retirarse relativamente joven. Dejó Captain Easy y Buz Sawyer en manos de su colaborador y amigo de la infancia Leslie Turner, a quien ya dedicamos un capítulo en nuestra Historia del Cómic. Turner continuó las series sin apartarse un ápice del estilo de su predecesor ni en los dibujos, que serían prácticamente indistinguibles salvo por el detalle de la firma, ni en los argumentos, que tras la Guerra Mundial hallaron nuevos filones en las de Corea y Vietnam.

Roy Crane falleció en Florida en 1977. Para recordar su obra os dejamos un puñado de sus páginas y viñetas.

 




















domingo, 21 de agosto de 2022

EL CINE EUROPEO DE LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XX

 











Hacer un repaso, siquiera sea sumario, del cine europeo después de la guerra, es tarea que excede los límites de nuestro modesto foro, siempre circunscrito a la brevedad que pide el género digital y exigen las redes. Nuestro particular recorrido por la historia del cine se inclina además, como ya habréis comprobado quienes nos seguís, hacia el cine americano.

Permitidnos, no obstante, un sucinto recuerdo de grandes cineastas europeos como lo fueron Bergman, Truffaut, Godard, Fassbinder, Fellini, De Sicca, Rossellini, Visconti… El gran cine francés de los cincuenta, las gentes de Cahiers du cinema, el inolvidable cine italiano del neorrealismo y las grandes estrellas europeas: Loren, Mastroianni, Gassman, Delon, Deneuve, Manfredi, Moreau, Gabin, Sordi, Scheneider, Belmondo… merecen sin duda figurar con letras de molde en cualquier repaso histórico que se precie.

Muchas de las grandes películas europeas llegaron a España o bien mutiladas por los abundantes tijeretazos de la censura franquista, o bien con el retraso impuesto por nuestro particular avatar histórico. A John Wayne lo vimos los muchachos de mi generación en los cines comerciales del centro o los de sesión continua en los barrios. A Trintignant, a Liv Ullmann o a Pasolini tuvimos que verlos en los cineclubs del tardofranquismo, muchas veces en pantallas pequeñas, con sonido defectuoso y fotografía en blanco y negro en época en que ya estábamos acostumbrados a lujos como el technicolor o el cinerama.

Os remitimos pues a las páginas de nuestro viejo libro que insertamos más arriba, y os dejamos el enlace (clic en él) para disfrutar con el sabor de Federico Fellini y el recuerdo de Amarcord, una de sus mejores películas. Aquí están la mítica Gradiska, la desbordante estanquera y la inolvidable música de Nino Rota. Sed felices. 

https://www.youtube.com/watch?v=-Wxpq8YrOO4

Próxima entrega: El cine español durante el franquismo

jueves, 18 de agosto de 2022

CÉSAR, EL RUBICÓN Y LA GLORIA

 


El célebre Rubicón es un río de escasa importancia que rinde sus aguas al Adriático cerca de Rímini, en el noreste de la península itálica. Posiblemente muy pocos habrían oído hablar de él fuera de Italia de no ser por el famoso paso del Rubicón que protagonizó Julio César el 10 de enero de 49 a.C.

Apoyado por los conservadores y el Senado, Pompeyo se había convertido en el único cónsul, en el dictador de facto, tras la declaración formal de enemigo público que Roma había lanzado contra César. Julio reunió a sus legionarios de la decimotercera y les habló tratándoles no de milites, sino de conmilitones, de compañeros, pues él mismo había compartido sus esfuerzos y fatigas en Hispania y en las Galias. Sus veteranos sentían por César un respetuoso afecto. La gran mayoría de ellos jamás habían pisado Roma. Eran celtíberos y galos de Lombardía y Piamonte. Su patria era su general y le aclamaron unánimemente.

Cuando les dijo que no tenía dinero para pagarles, respondieron entregando sus ahorros a la caja de la legión. Uno sólo de sus lugartenientes, Tito Labieno, optó por ponerse del lado de Pompeyo. César no sólo no impidió su marcha, sino que le envió el equipaje y el estipendio que no había retirado.

Así que la suerte estaba echada. Atravesado el Rubicón, a sus seis mil hombres se unieron otras tres legiones formadas por voluntarios del norte que no habían olvidado a su tío Mario, el adalid de los populares. A diferencia de lo sucedido en anteriores episodios históricos, los legionarios se abstuvieron de saquear pueblos y ciudades, pues compartían los ideales y la estrategia política de su líder.


Pompeyo, a pesar de contar con un ejército mucho más numeroso, partió hacia Albania con la idea de adiestrar y disciplinar a sus hombres. Le siguió una escolta de aristócratas aduladores que abandonaron Roma con sus familias, sus siervos y sus riquezas. El plan era rendir a Roma por hambre, pues los conservadores contaban con los graneros de Hispania y de Sicilia que controlaba Catón.

César entró en Roma en marzo, dejando su ejército fuera de la ciudad como establecían las leyes. Envió a Pompeyo mensajes de paz que fueron ignorados. Mandó entonces dos legiones a Sicilia al mando de Curión, que derrotó y ejecutó a Catón. A Hispania marchó él en persona. No sin dificultades, sitió a las legiones enemigas que capitularon uniéndose a los vencedores. Regresó a Roma cargado de trigo. El pueblo le aclamó y lo que quedaba del Senado quiso otorgarle el título de dictador. César lo rechazó, le bastaba con el de cónsul que le confirieron los electores.

En Roma no hubo procesos, ejecuciones ni confiscaciones. César reunió al ejército en Brindisi y embarcó con doce naves y veinte mil hombres hacia Albania. Tras sucesivas escaramuzas, derrotó a Pompeyo cuyo ejército le doblaba en número, en la llanura de Farsalia. Aquella fue una de las más decisivas batallas de la Historia. César perdió apenas doscientos hombres. Cayeron quince mil de los de Pompeyo y otros veinte mil fueron hechos prisioneros e inmediatamente indultados por el vencedor. Pompeyo huyó hacia África, y en su lujosa tienda celebró César la victoria con los manjares que sus enemigos tenían preparados para una celebración que consideraron segura.

Entre los vencidos estaba Bruto, hijo de Servilia, una antigua amante de Julio, y posiblemente también suyo. Fue perdonado junto a Casio y otros pompeyanos.


La nave en que huyó Pompeyo echó el ancla en Egipto, un estado vasallo de Roma. Su rey, Tolomeo XII, enterado ya del curso de la guerra civil, pensó atraerse el favor del vencedor asesinando a Pompeyo, así que lo hizo apuñalar y presentó a César la cabeza del vencido. La contempló horrorizado. Probablemente también le habría indultado.

Y ya que los acontecimientos le habían llevado hasta Egipto, César quiso poner orden en el país. Ejecutó a Potino, el eunuco que manejaba a su antojo al débil Tolomeo, y repuso en el trono a Cleopatra, la reina, hermana y esposa del rey. Se dice que para burlar la vigilancia de su hermano, Cleopatra se escondió entre unas mantas o alfombras destinadas a los aposentos de César. Envuelta en ellas y completamente desnuda la encontró el romano. Debió ser una primera cita memorable. Parece que la reina de Egipto era muy versada en las artes de la seducción, y por otra parte el lujurioso calvo no le hacía ascos a ningún encuentro de esa clase, así que como suele decirse, se juntó el hambre con las ganas de comer.

De la unión de ambos nació un infante al que llamaron Cesarión para que no quedara duda alguna sobre su paternidad. Con él y con su amante regia se presentó César en Roma. Cicerón y otros conservadores antiguos enemigos suyos le recibieron con las cabezas cubiertas de ceniza como signo de sometimiento y petición de perdón. Su esposa Calpurnia, acostumbrada a las cosas de su marido, abrazó a Cleopatra y al niño mostrando la mayor familiaridad. Quienes contemplaron la escena debieron respirar aliviados. Por fin todo en orden en Roma.

Nada deja las cosas tan firmemente grabadas en nuestra mente como el deseo de olvidarlas.


domingo, 14 de agosto de 2022

MADAME DE LA FAYETTE, LA PRIMERA NOVELISTA FRANCESA

 


Nacida en París en 1634 en el seno de una familia de la baja nobleza, Marie-Madeleine Piochet de la Vergne, más conocida como Madame de La Fayette, era nieta de un médico de palacio e hija del caballerizo real. Siendo todavía una niña entró como dama de honor al servicio de la reina Ana de Austria donde aprendió italiano y latín con los preceptores reales, y tuvo oportunidad de asistir a los salones literarios de las grandes damas de la corte. Fue protegida del cardenal Richelieu, condición que en su tiempo abría todas las puertas. Fallecido su padre prematuramente, su madre volvió a casarse con Renaud de Sevigné, tío de la célebre marquesa de Sevigné, que tenía la misma edad que Marie-Madeleine, de manera que ambas jóvenes se convirtieron desde entonces en amigas inseparables.

Hizo un matrimonio de conveniencia con el conde de La Fayette, un hombre mayor con el que tuvo dos hijos. El esposo prácticamente se recluyó en sus dominios de Auvernia, mientras Marie-Madeleine, conocida ya por todos como Mme. de La Fayette, residió en París asistiendo regularmente a los salones más concurridos. Fue amiga de Enriqueta de Inglaterra, futura duquesa de Orleans, del Grand Aranuld, y de los autores más importantes del momento como La Bruyére, Segrais, Huet, La Rochefoucauld, Racine, Boileau y el cardenal Retz.


En el plano literario Mme. de La Fayette fue autora de las primeras novelas históricas escritas en lengua francesa. La primera de ellas, La Princesa de Montpensier, fue publicada anónimamente en 1662. Siete años más tarde, en 1669, publicó la primera parte de Zaide, una novela de ambientación española y marroquí, firmada con el nombre de su amigo Segrais, pero muy pronto reconocida como obra de La Fayette, que probablemente inauguró el género de novelas exóticas que tanto iban a proliferar en la Francia de los dos siglos posteriores, y que hasta llegó a ser la inspiración de una ópera cómica de Mozart. El décimo y último tomo de Zaide apareció en 1671.

Pero la novela sin duda más célebre y conseguida de su autora fue La Princesa de Cléves, que se publicó anónimamente en 1678 y desde su aparición obtuvo un éxito arrollador. Está considerada la primera novela moderna francesa, y es el arquetipo de las novelas realistas y psicológicas posteriores. Narra la historia de una mujer casada inmersa en una aventura amorosa que merece el reproche social, seguramente reflejo de su propia vida y de la amistad algo más que íntima que mantuvo con La Rochefoucauld.



Precisamente la muerte de su amante en 1680 seguida casi inmediatamente por la de su esposo el conde, le decidieron a retirarse de la vida pública para llevar una existencia de recogimiento durante sus últimos años hasta su muerte acaecida en 1693.

Tras el fallecimiento de la escritora todavía se publicaron de forma póstuma tres de sus obras: Memorias de la Corte de Francia, Historia de Enriqueta de Inglaterra y La Condesa de Tende, narración breve cuya versión digital tenemos el placer de ofrecer hoy a los lectores de Bigotini literario como recuerdo y homenaje al talento de Mme. de La Fayette. Haced clic en el enlace y disfrutad la prosa de su autora, acaso la primera novelista moderna de Francia.

 

https://www.dropbox.com/home/Profesor%20Bigotini?preview=La+condesa+de+Tende.pdf

Lo más escandaloso que tiene el escándalo es que una se acostumbra. Mme. de La Fayette.

 


jueves, 11 de agosto de 2022

EL SACO VITELINO, EL HUEVO Y EL ÚTERO. TRES SOLUCIONES A UN MISMO PROBLEMA

 


La finalidad de la reproducción es traer al mundo descendencia viable. Para ello todas las especies de seres vivos pasadas y presentes (esperemos que también las futuras) procuran hacerlo en las condiciones más idóneas y que más favorezcan esa finalidad. Conviene recordar como preliminar que la vida se originó en el agua, y que es precisamente el medio acuático el que reúne las características más favorables para el desarrollo reproductivo. En el agua todo lo relacionado con la vida y la reproducción resulta infinitamente más sencillo.

Los organismos unicelulares generalmente flotan en medios donde la humedad es elevada. Para ellos no existe el menor problema en este sentido. También los primeros seres pluricelulares son habitantes del medio acuático. Los insectos y otros invertebrados que abandonaron el agua, se las ingenian mediante diferentes métodos, para mantener húmeda a su prole durante las fases de desarrollo embrionario. Moscas y mosquitos buscan charcos donde depositar sus larvas. Los insectos sociales construyen estructuras para mantener un grado suficiente de humedad. Incluso algunos parásitos son capaces de inyectar a sus hijos en el interior del cuerpo de alguna víctima inocente, para asegurarles calor, alimento y un medio líquido en el que desarrollarse.


Los prolíficos peces, que fueron, no lo olvidemos, los primeros vertebrados, realizan por regla general unas puestas de huevos masivas, con la esperanza biológica puesta en que sobrevivan unos pocos ejemplares entre los cientos de miles (a veces millones) de descendientes abandonados a su suerte en océanos y cursos fluviales, y que en su mayoría sirven de alimento a otras criaturas. No puede negarse que el método resulta algo antieconómico.

Por eso otras especies escogen la opción de limitar la cantidad de descendencia, a cambio de proporcionarles mayor protección y seguridad, eso si, siguiendo siempre la regla de oro reproductiva: los embriones deben formarse en el medio acuático. La evolución nos ha legado diferentes estrategias en este sentido, y por supuesto, todas ellas son igualmente válidas y exitosas, puesto que han perdurado hasta el tiempo presente. Hoy vamos a ocuparnos de tres de estas estrategias. Tres soluciones para un mismo problema.



En el caso de los tiburones basta con unos sacos vitelinos que las hembras mantienen en su interior, repletos de nutrientes para proporcionar proteínas y sustancias energéticas al embrión, que se desarrolla en el interior de estas cápsulas transparentes con forma de saco, que los antiguos pescadores llamaban poéticamente bolsas de sirena. Los productos de desecho (orina y dióxido de carbono) pasan por difusión a través de la permeable membrana de esos huevos singulares. Los embriones de tiburón pronto están en condiciones de  abandonar estas estructuras protectoras y continuar su desarrollo en el exterior. Así pues, los tiburones son vivíparos, y desde hace siglos los buceadores más curiosos y atrevidos se asombraban al ver a las hembras de tiburón parir literalmente a sus hijos.

En los reptiles y las aves, sus inmediatas descendientes, el problema resulta algo más difícil, ya que han optado por una vida totalmente terrestre en un entorno seco y hostil. En estos casos el embrión necesita más tiempo para desarrollarse y nacer con posibilidad de sobrevivir a pesar de la desecación y la cruel fuerza de la gravedad. Crece en el interior de un huevo de cáscara calcárea y muy resistente, tapizado en su interior por una bolsa llena de líquido amniótico (la clara del huevo), donde se encuentra caliente, protegido, ingrávido y ajeno a cualquier asechanza. La energía y el sustento los recibe, lo mismo que el embrión de tiburón, del saco vitelino (la yema). Sin embargo, no puede deshacerse de los productos de desecho. Para eso una segunda bolsa llamada alantoides se convierte en una especie de cubo de basura, recogiendo la orina. El dióxido de carbono, al ser un gas, puede seguir siendo expulsado a través de los vasos sanguíneos del alantoides, que lo llevan hasta una cámara de aire situada en uno de los extremos del huevo. Desde esta cámara es expulsado al exterior a través de los poros de la cáscara.


El embrión humano, como el del resto de los mamíferos placentados, no se desarrolla en el interior de un huevo, sino en la seguridad y el confort del útero materno. Es la tercera de las soluciones que aporta la evolución. Ya no es necesaria la cáscara externa, sin embargo, el embrión sigue creciendo dentro del amnios. Como será la madre quien le proporcione alimento, aquel saco vitelino lleno de nutrientes resulta un estorbo, y en los mamíferos se ha convertido en apenas un esbozo residual. Sin embargo el alantoides cobra una especial importancia, transformándose en una estructura carnosa y profusamente vascularizada llamada placenta. A través de la placenta el feto recibirá directamente de su madre sangre rebosante de oxígeno y nutrientes; y a través de ella expulsará a la circulación materna la orina y el dióxido de carbono. Aquí todo queda en la familia.

Desde que los primeros anfibios abandonaron el mar y se adentraron en la procelosa tierra han transcurrido unos 350 millones de años. A pesar de ello, nuestras crías continúan creciendo como pececillos mientras flotan en acuarios transportables.

Es usted la mujer más hermosa que he visto en mi vida… lo cual no dice mucho en mi favor.  Groucho Marx.