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domingo, 29 de enero de 2023

DINASTÍA FLAVIA. LOS NUEVOS RICOS EN ROMA


 

Tras la muerte de Nerón, el último emperador de la dinastía Julio-Claudia, siguió un breve interregno que protagonizó en primer lugar Galba, un aristócrata que quizá por haber pasado la mayor parte de su vida pisando barro en las campañas militares, quiso resarcirse al llegar al poder, entregándose al lujo y los placeres. Nada más ser proclamado emperador, ordenó que todos los que habían recibido donaciones de Nerón las devolvieran al Estado. Un error que le costó la vida, pues los principales beneficiados por Nerón habían sido los miembros de la guardia pretoriana, que tenían ya alguna práctica en asesinar al emperador de turno para proclamar al siguiente. Galba duró tres meses en el trono.


Los mercenarios le decapitaron, le descuartizaron y proclamaron sucesor a Otón, una especie de banquero y asesor de finanzas de los pretorianos, vagamente emparentado con la nobleza, a quien podían manejar a su antojo. Los habitantes de la Urbe que ya debían estar acostumbrados a estas cosas, lo admitieron como si fuera lo más natural. Sin embargo, en las provincias todavía quedaban romanos con principios que no estaban dispuestos a tolerar aquello. Dos generales se aprestaron a salvar la patria para de paso, acceder al trono, claro. Uno era Aulo Vitelio procónsul de Germania. El otro, Tito Flavio Vespasiano, que comandaba las tropas en Egipto.




Llegó primero Vitelio a tiempo para enterrar al desgraciado Otón que ya se había suicidado. Vespasiano llegó el último, presentó a Vitelio batalla en Cremona con el resultado de empate, equis en la quiniela. Así que la lucha se trasladó a las mismas calles de Roma cuyos habitantes asistieron atónitos al espectáculo. Sin necesidad de acudir a las gradas del Circo, contemplaron la singular guerra urbana que se escenificó en las termas, los teatros y hasta en los lupanares. Tácito cuenta que en las cloacas, las fuentes y hasta las acequias, el agua fue sustituida por verdaderos ríos de sangre. Sucumbió Vitelio que fue arrastrado por las calles desnudo y cubierto de excrementos, torturado y arrojado al Tíber.


Triunfó Vespasiano, un miembro de la pequeña burguesía provinciana de Rieti. Tenía entonces sesenta años, pero la vida militar le había conservado en forma. Sus principales argumentos de gobierno fueron la disciplina y el ahorro. Detestaba a los aristócratas, a quienes consideraba unos zánganos, y se cuenta que cuando recibía a alguien, le olisqueaba y palpaba sus ropas para asegurarse de que no se trataba de uno de esos señoritos envueltos en sedas y rociados de perfumes. Reorganizó el ejército y la economía de Roma. Era también un enamorado de la higiene, e hizo construir en la Urbe y el resto del Imperio miles de urinarios públicos que todavía hasta tiempos recientes los franceses han llamado vespasiennes. Cobraba una moneda fraccionaria por la entrada, y al principio los romanos se resistían a usarlos, pero como impuso fuertes multas a quienes hacían sus necesidades en la calle, pronto comprendieron que ser un cochino salía caro. Cierta vez Tito, su hijo y sucesor, que era un joven bondadoso, le hizo notar que ganar tanto dinero a costa de las necesidades de los pobres era un negocio poco ético. Vespasiano le puso un sestercio bajo la nariz y le preguntó ¿huele a algo?


Vespasiano, probablemente el mejor emperador romano desde Augusto, murió en su Rieti natal durante unas vacaciones después de diez años en el trono. Parece que le sentaron mal unas aguas termales famosas en la región. La enfermedad no le hizo perder el buen humor. Se cuenta que en su lecho de muerte dijo a sus amigos: Vae!, Puto deus fio, que podría traducirse por ¡Ay, que me parece que me vuelvo un dios!, en alusión burlesca a la costumbre establecida de divinizar a los emperadores muertos.

Le sucedió su hijo Tito que también había hecho carrera militar combatiendo a los hebreos en Jerusalén. Sabemos más de él precisamente por un hebreo como Flavio Josefo, que además de relatar sus amoríos con la princesa Berenice, narra espantosas masacres y acciones de guerra en suelo judío. Si seguimos a historiadores romanos como Tácito, Plinio o Marcial, Tito fue ante todo una buena persona. Tampoco tuvo tiempo de ser mal emperador, pues su reinado duró sólo dos años. Falleció contagiado de peste o quizá de cólera mientras atendía personalmente a los enfermos durante una epidemia. Poco antes había perdonado a todos los implicados en una conjura contra su vida. Fue también en su reinado cuando se produjo en Roma un incendio aún más devastador que el de Nerón, y en la provincia de Nápoles, la terrible erupción del Vesubio que sepultó a Pompeya y Herculano.


A Tito sucedió en el trono su hermano Domiciano, el último Flavio, cuyo reinado se ha querido comparar con el de Tiberio porque ambos tuvieron dos etapas muy distintas, una presidida por la austeridad y la prudencia, y otra desquiciada por una locura paranoica.

Durante la primera, Domiciano reconstruyó Roma y hasta evitó las guerras, impidiendo por ejemplo, que Agrícola, cónsul en Britania, marchara sobre Escocia. Pero después, probablemente como cuenta Tácito, influido y mal aconsejado por Antonio Saturnino, gobernador de Germania, que le metió en la cabeza el miedo a las conjuras y los complots, Domiciano cambió radicalmente. Condenó a muerte a su viejo secretario Epafrodito, el mismo que en su juventud había ayudado a Nerón a suicidarse. Temió Domiciano que el hombre hubiera adquirido el hábito, y le mandó matar. Desató una persecución contra los cristianos más feroz aún que la del tiempo de Nerón. Por todas partes veía conspiraciones y conjuras. El último Flavio terminó asesinado por los funcionarios de palacio apoyados por Domicia, su propia esposa. No lo hicieron por odio sino por miedo. Miedo a ser las siguientes víctimas de la espiral de muertes que desató la manía persecutoria del emperador. Corría el año 96. Vespasiano había accedido al trono en el 70, así que la dinastía Flavia duró veintiséis años. De los diez emperadores desde Augusto, siete habían muerto violentamente. Dice Montanelli que la política y la sociedad romanas convertían en fieras sanguinarias hasta a los hombres más cuerdos. No tenemos más remedio que darle la razón.

Tener la conciencia tranquila es señal de mala memoria. Woody Allen



miércoles, 25 de enero de 2023

LUIS DE GÓNGORA Y EL CULTERANISMO BARROCO


 

Luis de Góngora y Argote nació en julio de 1561 en la calle de Las Pavas de Córdoba la sultana. Era hijo de un juez, Francisco de Argote, que cayó en desgracia tras ser procesado por el Santo Oficio, y de doña Leonor de Góngora, dama noble de la que adoptó el apellido. Estudió en Salamanca y muy joven ya comenzó a cobrar fama de poeta. Tomó las órdenes menores, y por intercesión de su tío materno, Francisco de Góngora, racionero de la catedral cordobesa, obtuvo el cargo de canónigo beneficiado en ella. Pronto se reveló en el joven Góngora su naturaleza díscola, pues parece que recibió amonestaciones del obispo Pacheco que le afeó su escaso apego a la religión, su demasiada afición a diversiones profanas como la tauromaquia o los juegos de naipes, y sobre todo su dedicación a componer sonetos, romances y coplas satíricas que musicalizaron amigos suyos como Diego Gómez o Claudio de la Sablonara.


El obispo Pacheco, que seguramente habría querido corregir al joven Góngora con castigos más severos, acaso atendiendo a la influencia de su tío, se contentó con alejarle de Córdoba, encomendándole comisiones en Jaén, Granada, Salamanca, Madrid, León, Cuenca, Toledo o Navarra. Durante su estancia en la corte vallisoletana se enemistó con Quevedo a causa de la querella nunca bien aclarada acerca de unos versos supuestamente plagiados. Ese, y no otro, parece ser el origen de la guerra literaria que ambos mantuvieron a lo largo de sus vidas, donde debió primar lo personal sobre la polémica del culteranismo.

Hacia 1610 comenzó Góngora a cobrar fama publicando sus primeras obras poéticas como la Oda a la toma de Larache, el Polifemo o las Metamorfosis de Ovidio, todas impresas por vez primera en Córdoba. Pero lo que le granjeó una legión de seguidores y otra no menor de detractores, fue la publicación de sus Soledades, denostadas por clasicistas como su archienemigo Quevedo, Lope o los Argensola, que tildaron la obra de ripios afectados, pretenciosos y oscuros. A la vez, el nuevo estilo gongorino o culterano creó escuela y ganó adeptos tan ilustres como Polo de Medina, Paravicino, Bocángel, Trillo y Figueroa, Soto de Rojas, Villalobos, Ribera, Villamediana o sor Juana Inés de la Cruz en tierras americanas.



Todo indica que los defensores ejercieron a la postre mayor influencia que los adversarios, pues recibió Góngora numerosas adhesiones y distinciones como la de ser nombrado capellán real por Felipe III en 1617, cargo que ejerció en la corte ya entonces madrileña hasta 1626. De aquella etapa de prestigio literario y social data el retrato que le hizo Diego Velázquez por el que reconocemos su fisonomía y su gesto adusto y severo. En 1627 perdió la memoria probablemente a causa de un ictus, y marchó a su Córdoba natal, donde falleció al poco tiempo víctima de lo que entonces se llamaba una apoplejía, es decir, otro accidente vascular que le afectó el cerebro. Murió en la miseria más absoluta en la que le dejó una legión de parientes que como verdaderos buitres acudieron en sus últimos años a depredar todo a lo que pudieron echar mano.


La obra poética de Luis de Góngora ha sido analizada por diferentes críticos, desde contemporáneos suyos como Juan de Jáuregui o Villamediana, hasta modernos como Luzán, Menéndez y Pelayo o Dámaso Alonso. Modernamente tiende a abandonarse el viejo adjetivo de culterano que le aplicaron sus enemigos debido al parecido fonético a luterano, por la expresión conceptismo barroco, una definición acaso más amplia hasta el punto de agrupar no sólo a los seguidores declarados de Góngora, sino a muchos otros autores del Siglo de Oro, incluidos algunos destacados adversarios como nuestros hermanos Argensola. Biblioteca Bigotini se complace en ofreceros la versión digital de las Soledades gongorinas, obra cumbre de la poesía de su autor y quintaesencia de nuestro barroco literario. Clic en el enlace: 

https://www.dropbox.com/home/Profesor%20Bigotini?preview=Soledades.pdf

Era del año la estación florida

en que el mentido robador de Europa,

tonante Júpiter, apuró la copa

y ascendió presuroso el monte Ida.

Falso principio de la Soledad primera.


domingo, 22 de enero de 2023

EPITROCLEÍTIS, LA MALDICIÓN DEL GOLFISTA

 


La epitróclea es la eminencia ósea que se encuentra en la parte interna del codo (extremo distal del húmero). En ella se insertan los tendones de los músculos flexores y pronadores de la muñeca. La epitrocleitis está causada por la inflamación de estos tendones. También se conoce al cuadro como epicondilitis medial (para distinguirla de la epicondilitis lateral, de la que os hablé hace unos días) o como codo de golfista, porque la lesión se comenzó a detectar, sobre todo en el mundo anglosajón, entre los practicantes de ese absurdo entretenimiento que algunos se empeñan tercamente en calificar de deporte.

En la epitróclea se insertan los músculos palmar mayor, palmar menor, flexor superficial de los dedos y cubital anterior. La causa principal de la inflamación de los tendones, y por lo tanto de la lesión, es el sobreuso de la articulación del codo y el estrés repetitivo sobre la zona.




Factores que favorecen el desarrollo de la lesión son los traumatismos, el manejo reiterado de objetos pesados, el uso de maquinaria vibratoria, taladros o martillos neumáticos, los movimientos repetitivos que incluyan la flexión reiterada del codo y de la muñeca, e incluso la existencia previa de lesiones cervicales. De manera que podemos irnos olvidando de los palos de golf, porque ya veis que en un abrir y cerrar de ojos, milord se ha convertido en carpintero, albañil o escayolista.

Los síntomas incluyen dolor espontáneo que se incrementa con la palpación de la epitróclea, y a menudo se irradia al antebrazo o a la parte interna del brazo; molestias relacionadas con la flexión y la extensión de la muñeca y parestesias que afectan a brazo, antebrazo y hasta la mano.

El tratamiento más recomendable y más indicado es la fisioterapia. La lesión responde muy bien a diferentes técnicas, entre las que destacan:

·                     Masaje decontracturante de la musculatura regional.

·                     Masaje transverso profundo tipo Ciryax.

·                     Liberación miofascial.

·                     Compresión isquémica para puntos gatillo.

·                     TENS.

·                     Ultrasonidos.

·                     Láser.

·                     Microcorrientes.

·                     Estiramientos de la musculatura flexora.

·                     Crioterapia...



Los ejercicios son fundamentales tanto para completar la terapia, como para prevenir futuras recaídas. En el mundo laboral una medida de particular eficacia es la formación de grupos de trabajadores por fisioterapeutas en el mismo puesto de trabajo, de forma que el profesional sanitario conozca las tareas y los movimientos que habitualmente realizan los trabajadores, para poder corregirlos y recomendar medidas posturales y ejercicios de calentamiento, estiramiento y fortalecimiento, que contribuyan a disminuir la incidencia de la patología.

Las coderas de neopreno pueden resultar de utilidad, sobre todo en la fase de comienzo de la lesión, para prevenir su agravamiento. Los estiramientos son también fundamentales, sobre todo después de la jornada laboral o de la realización de tareas de riesgo, para evitar la lesión de los tendones.

Todo consiste en meterla.  Tiger Woods (golfista bastante golfo).


miércoles, 18 de enero de 2023

HEINRICH RUDOLF HERTZ, EL PRECURSOR DE LA RADIO

 


Heinrich Rudolf Hertz nació en Hamburgo en 1857 y en una familia de origen judío. Desde muy niño destacó por su inteligencia, leía a los clásicos griegos en su lengua original y aprendió árabe a los doce años. Su pasión era la física que estudió en Berlín con Gustav Kirchoff. Le interesaron en particular la electricidad y el magnetismo, convirtiéndose aun antes de concluir sus estudios, en una autoridad en los campos magnéticos. No obstante también le interesaron la ingeniería y los trabajos manuales. Fue siempre aficionado a la carpintería y al torno. Se cuenta la anécdota de que el artesano que de muchacho le enseñó a usar el torno, al conocer la noticia de que el joven Heinrich había ganado la cátedra de física teórica en la Universidad de Kiel, exclamó: una lástima, porque este chico habría llegado a ser un buen tornero.




En 1885 Hertz desarrolló el primer sistema para transmitir y recibir ondas electromagnéticas. Consistía en una bobina asociada a un sistema capaz de almacenar cargas eléctricas durante un tiempo muy breve, y que se descargaba rápidamente produciendo una chispa. Un sistema muy rudimentario que llamó oscilador o descargador. En realidad, Hertz había desarrollado el primer condensador. La chispa se acompaña de la generación de un campo electromagnético. El conjunto puede producir varios miles de chispas por segundo, lo que genera un intenso campo electromagnético.

Cuando esto es captado por un receptor, un resonador, cuyos extremos están separados por un pequeño espacio, la onda electromagnética se propaga desde el oscilador al receptor aunque se sitúe a este último a mayor distancia. El dispositivo fue el auténtico precursor de la radio.




Más adelante Édouard Branly y Aleksandr Popov descubrieron respectivamente los radioconductores y la antena. Basándose en todo lo anterior, en 1895 el físico italiano Guglielmo Marconi logró transmitir información a una distancia superior a un kilómetro. Después fue mejorando su dispositivo, consiguiendo transmitir a distancias cada vez mayores. El 3 de junio de 1898, cuatro años después del fallecimiento de Hertz, Marconi transmitió el primer mensaje de radio entre la isla de Wight y la localidad de Bournemouth, en el condado de Dorset. La radio se convirtió muy pronto en el nuevo medio de comunicación inalámbrica.

Así que el trabajo pionero de Hertz allanó el camino tanto a la telegrafía sin hilos como a la radiodifusión. Como homenaje a su contribución, las ondas de radio se denominan ondas hercianas, y la unidad de medida de las frecuencias en el sistema internacional recibe el nombre de hercio.

No suelo acabar lo que empiezo, pero ahora…, ahora…

 


domingo, 15 de enero de 2023

BILL HOLMAN. UN GAMBERRO CON UN LÁPIZ

 


Nacido en Crawfordsville, Indiana, en 1903, Bill Holman comenzó a dibujar a los 12 años, mientras alternaba la escuela con el trabajo en una tienda local. Abandonó los estudios a los 15 y se trasladó a Chicago donde asistió a la Academia de Bellas Artes. Su primer trabajo como ilustrador lo obtuvo en el Chicago Tribune en 1920. Dibujó a partir de entonces para diferentes agencias y publicaciones. Muy pronto se aburrió del dibujo académico, decantándose por las tiras cómicas. Holman creó un humor muy peculiar, divertido y alocado. Su estilo podría calificarse de gamberro como él mismo reconocía siempre. La serie que le hizo popular fue Smokey Stover, que protagonizaba un bombero voluntario, sujeto desquiciado a bordo de camiones antiincendios que se estrellaban, o trepando por escaleras que se rompían. Como tira adicional lanzó la del gato Spooky, un astuto felino con la cola eternamente lesionada.

La obra de Bill Holman no llegó a traspasar fronteras, quizá por el lenguaje que solía emplear, con un exceso de localismos y juegos de palabras a veces difíciles de interpretar y desde luego imposibles de traducir.


La locura de sus dibujos tuvo reflejo en su propia vida personal a la que queda pequeño el calificativo de excéntrica. Llevaba siempre encima un cuaderno del que jamás se separaba, y en el que dibujaba continuamente. Su esposa, Dolores, vivía en su mismo edificio pero en un apartamento diferente, pues su marido era hombre con el que resultaba muy difícil convivir. El artista adoptó la costumbre o la manía de contratar regularmente a modelos profesionales, a pesar de que había abandonado hacía años el dibujo realista. Cuando comenzaron a celebrarse en América salones del cómic, Holman acudía a ellos con sus modelos y realizaba a la vista del público auténticas performances, tocado siempre con un casco de bombero que ocultaba su calvicie, y fumando cigarros malolientes. Tras su fallecimiento, en 1987, Dolores, su viuda, se hizo rica vendiendo a los fans de toda América miles de dibujos originales inéditos, fruto de la febril actividad del difunto. Recordamos hoy a Bill Holman y os dejamos aquí abajo una selección de sus páginas.




















jueves, 12 de enero de 2023

STANLEY DONEN, FABRICANTE DE SUEÑOS


 

Jean-Luc Godard dijo una vez que en el cine todos y cada uno de los fotogramas eran verdad. Stanley Donen nunca estuvo de acuerdo con eso. Desde que siendo niño asistió como espectador a las primeras películas, comprendió que en el cine todo era una mentira fantástica. Coincidió en ello con los principales dirigentes de la industria que hicieron de Hollywood aquella irrepetible fábrica de sueños. El joven Stanley  actuó en los platós desde el principio como un mago capaz de convertir las calabazas en carrozas. Se inició como bailarín pretendiendo imitar a Fred Astaire, su ídolo de la infancia, y aunque como bailarín no pasó de actuar en los coros, su trabajo le dio la oportunidad de conocer a Gene Kelly, con quien conectó inmediatamente porque ambos tenían una misma visión del espectáculo cinematográfico. Su primera película fue Un día en Nueva York, a medias con su amigo Kelly. Realizó después otros musicales como Siete novias para siete hermanos, Bodas reales, Tres chicas con suerte, Siempre hace buen tiempo… Y Cantando bajo la lluvia, probablemente el mejor musical de todos los tiempos, otra vez colaborando con Gene Kelly.

Sobresalió Donen también en la comedia, tanto de enredo como romántica, y a su talento se deben películas espléndidas como Arabesco, Dos en la carretera, Lío en Río y sobre todo Charada, una deliciosa comedia en la que una encantadora Audrey Hepburn hizo las delicias de los espectadores.

Para recordar como merece el trabajo y el talento de Stanley Donen, os ofrecemos un documental biográfico que glosa su figura y su trayectoria. Hágase clic en este enlace: 

https://www.youtube.com/watch?v=uidGll7LqM0

Próxima entrega: Yul Brynner


domingo, 8 de enero de 2023

MIRA NERO DE TARPEYA

 


Tras la muerte de Claudio envenenado por Agripina, su viuda, le sucedió en el trono el hijo de ésta, Nerón Claudio César Augusto Germánico, conocido simplemente como Nerón, que entonces era todavía un adolescente imberbe. Los primeros años de su mandato fueron una balsa de aceite. Agripina confió la educación del muchacho a Séneca, un filósofo de origen hispano, cordobés concretamente, que predicaba el estoicismo aunque era multimillonario y vivía rodeado de lujos. En cualquier caso, Séneca fue un gobernante sensato, como lo fue también Burro, amigo y consejero de Agripina, que a pesar de su nombre, era hombre moderado y razonable. Así que todo parecía ir bien en Roma hasta que Nerón hizo lo que en expresión pasada de moda se llamaba “el cambio”. No fue sólo que le cambiara la voz y le crecieran pelos en el bigote. Lo del chico fue un cambio radical acaso fruto de la tara genética que fue la maldición de la dinastía Claudia. Le cambió el carácter, se hizo soberbio, narcisista hasta el extremo, y añadió a su comportamiento un toque de crueldad que a la postre llegaría a eclipsar hasta los crímenes de Calígula. Si hemos de creer a Tácito y a otros cronistas, padecía también un acentuado complejo de Edipo alimentado por Agripina, su madre, que según las malas lenguas fue también su primera amante.



En un arranque paranoico ordenó la muerte de Británico, el hijo de Claudio, porque pensó que quizá un día pudiera hacerle sombra. Nerón tenía entonces veintiún años, estaba felizmente casado con Octavia, una joven honesta, y felizmente amancebado con Acté, una amante oficial discreta y fiel. Fue en ese momento cuando conoció a Popea, que los cronistas describen como una Agripina en el esplendor de su belleza, desvergonzada, sensual y calculadora. Popea manipuló a Nerón hasta convencerle de que su madre conspiraba contra él. Intentó primero envenenarla, después ahogarla, y finalmente murió destripada por un sicario.

Empujado por Popea, Nerón abandonó el gobierno para dedicarse a sus pasiones: competir en el Circo como auriga y entonar versos en el teatro acompañado de actores y de músicos. Naturalmente del gobierno se ocupó la misma Popea, y como el viejo Séneca se convirtió en un estorbo, intrigó para suprimirlo. El filósofo no esperó al verdugo y se suicidó tomando cicuta y cortándose las venas en la bañera. También se suicidó Lucano, otro cordobés pariente de Séneca, un poeta de veintiséis años cuyo único delito fue superar a Nerón en unos juegos poéticos.



Octavia, la fiel esposa repudiada, fue la siguiente víctima. Fue asesinada con sólo veinte años. El brazo ejecutor de ese y muchos otros crímenes era un oscuro personaje llamado Tigelino, un desalmado, hombre de confianza de Popea y posiblemente algo más que eso.

Los delirios de grandeza del emperador eran cada vez mayores. Se le metió en la cabeza erigir un palacio enorme y suntuoso en el mismo centro de Roma. Pasaba muchas horas trabajando en el proyecto rodeado de artífices que dibujaban planos y construían maquetas. El problema principal era que Roma estaba ya totalmente construida y no quedaba espacio para edificar. Si Nerón fue o no responsable del pavoroso incendio que arrasó la Urbe ha sido y sigue siendo un asunto controvertido. El incendio se produjo cuando el emperador se encontraba en Anzio, pero la tradición pinta siempre a Nerón contemplando embelesado el fuego desde la roca Tarpeya. Es tema que inspiró a los poetas en siglos posteriores. Recordemos el viejo romance castellano que comenzaba:

Mira Nero, de Tarpeya,

a Roma cómo se ardía.

Gritos dan mozos y viejos,

y él de nada se dolía.

Fuera o no el autor material, había que echar a alguien la culpa. Con razón se dice que el mejor amigo del hombre es el chivo expiatorio. Así que Nerón acusó de incendiarios a los miembros de una extraña secta religiosa de la que los romanos apenas habían comenzado a oír hablar. Aquellos primeros cristianos de Roma fueron crucificados y quemados en el Circo o sirvieron de alimento a las fieras. Fue la primera gran persecución, que no haría sino añadir leña al fuego de la leyenda negra del personaje.



Popea murió muy joven tras sufrir un aborto. Nerón se consoló tomando como esposa a un joven llamado Sporo, que tenía un extraño parecido con la difunta Popea. Antes de llevarlo al tálamo lo hizo castrar. También se consoló con su arte, realizando una tournée por Grecia. En las carreras de Olimpia llegó el último, pero los jueces le proclamaron unánimemente vencedor. Los astutos griegos sabían bien cómo halagar su vanidad. Le hicieron ganar todos los torneos en los que participó. Cuando declamaba sus ripios durante horas, en los teatros se hacían unos silencios que culminaban con atronadoras ovaciones… El emperador romano eximió a Grecia de pagar tributos.

Pero mientras en Grecia Nerón disfrutaba sus éxitos, en Hispania y en la Galia se estaba fraguando su final. En efecto, el cónsul Galba al frente de sus ejércitos hispanos, en connivencia con el Senado se aprestó a derrocar al tirano. Los senadores proclamaron emperador a Galba, y Nerón se dio cuenta repentinamente de que estaba solo. Cuentan las crónicas que cuando pidió a un oficial de la guardia que le acompañase en la huida, éste le contestó con un verso de Virgilio: ¿Tan difícil es, pues, morir?

Para él resultó muy difícil, pues intentó varias formas de suicidio sin éxito. Finalmente Epafrodito, su secretario, le degolló, y murió desangrado. Al llegar los hombres de Galba respetaron el cadáver. Le enterraron piadosamente su vieja nodriza, y Acté, aquella fiel amante a la que había abandonado tiempo atrás.

Conocí a un tipo que encontró en el armario a tantos amantes de su mujer, que tuvo que divorciarse sólo para tener dónde colgar la ropa. Groucho Marx.