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viernes, 28 de junio de 2019

ANTHONY MANN. UN ALEMÁN EN EL OESTE



Parece mentira que un alemán como Anthony Mann llegara a convertirse en uno de los más destacados cineastas que se dedicaron a un género tan genuinamente americano como el western. Y es que no sólo se dedicó, sino que fue, siempre con permiso de John Ford, uno de los principales creadores del género. Títulos tan emblemáticos como Winchester 73 o El hombre de Laramie sirven por sí solos para dar cumplido testimonio de ello.
Mann formó con James Stewart una sociedad humana y artística que dio unos frutos cinematográficos extraordinarios. Stewart protagonizó no menos de seis filmes de su compadre, llenando la pantalla con un empaque y una estatura dramática, que dentro del western sólo es comparable a la de John Wayne.
Anthony Mann fue también actor en sus años mozos, y en la industria pasó por todos los puestos del escalafón, hasta llegar a sentarse y consolidarse en la silla de dirección. Todo un auténtico hombre de cine, que en su última etapa ascendió a dirigir y coproducir algunas de aquellas grandes superproducciones que se rodaron en España porque paradójicamente resultaba más barato que hacerlo en Hollywood. Hasta tuvo tiempo de ser el marido efímero de nuestra Sarita Montiel, un bombón en la plenitud de su apogeo físico.
Hoy traemos a nuestra sui generis Historia del Cine el enlace (clic en la carátula) para visionar la versión española de La brigada suicida, una producción de 1947 perteneciente al cine negro, que se filmó por encargo del departamento del Tesoro americano. Una rareza olvidada que cuenta con el sello y el buen hacer de su singular director.

Próxima entrega: Jane Russell




lunes, 24 de junio de 2019

ESPAÑA EN EL PRIMER TERCIO DEL SIGLO XX. LA EDAD DE PLATA



El final de la larga decadencia española que se alcanzó en 1898 con la pérdida de las últimas colonias, sumió a sus habitantes en una depresión histórica, tanto de carácter político, como demográfico y cultural. En 1900 la sociedad española sufría un asfixiante predominio rural. De sus 18,6 millones de habitantes, nada menos que 12,6 vivían en localidades de menos de 10.000 habitantes, lo que se traducía, según expresión de Julio Valdeón, a quien seguimos en este breve comentario, en un insoportable peso de la población activa dedicada al sector primario. Nada menos que el 71% de la población activa se ocupaba en la agricultura o la pesca. Una población rural abrumadoramente mayoritaria, sometida a periódicas crisis de subsistencia por razones climáticas. Sequías, plagas o malas cosechas acarreaban hambrunas y epidemias. La malaria (fiebres cuartanas) era común en muchas áreas, y en la franja levantina persistía como en ningún otro lugar de Europa, la lacra de la lepra.

El panorama, sin embargo, se transforma de forma llamativa en las décadas siguientes. En 1920 los ocupados en el sector primario habían descendido 12 puntos, descenso que se acentuará en el siguiente decenio hasta los 24 puntos en 1930, en términos relativos exactamente lo mismo que en el periodo desarrollista de la segunda mitad del siglo. A la reducción de la mano de obra agraria se sumó un aumento de la productividad media por hectárea del 76%, debido a la diversificación de los cultivos y al mayor consumo de abonos y maquinaria. El valor del producto agrario pasó de 1.036 a 1.826 millones de las pesetas de la época en los primeros treinta años del siglo XX. Dentro de la evidente pobreza de grandes zonas del campo español, las cosas comenzaban a cambiar a un ritmo más rápido y sostenido.


Por otra parte, se disparó el fenómeno de las migraciones internas. Los campesinos que abandonaban la tierra ya no lo hacían para tomar el barco que les llevara a América, sino el tren para dirigirse a las ciudades. Urbes como Barcelona o Madrid adquirieron entonces la fisonomía urbana que las hacía comparables a otras grandes capitales europeas. Ampliaron su superficie, uniéndose a sus cinturones industriales, lo mismo que Bilbao o Gijón, y en menor medida Valencia, Sevilla, Zaragoza o Vigo. Entre 1900 y 1930 la mortalidad descendió del 28 al 18%, mientras la natalidad lo hacía del 35 al 28,5, un tipo de crecimiento demográfico moderno, comparable al de otros países de Europa occidental. Se pasó de 18,6 a 23,7 millones de habitantes, el proceso de urbanización se aceleró, y en 1930 España había dejado de ser un país abrumadoramente rural.


La urbanización habría sido imposible sin un paralelo auge de la industria. La burguesía conoció un desarrollo notable. El predominio de las industrias alimentarias, que en 1900 representaban el 40% de la producción industrial, descendió hasta el 29% en 1930, mientras se ampliaban sectores vinculados a la gran industria y el transporte, electricidad, química, construcción naval, obras públicas… Hubo además un importante retroceso del analfabetismo, que se redujo a la mitad en este tiempo, y aun lo haría mucho más durante el periodo republicano que siguió. Algunos autores se han referido a este principio de siglo como la edad de plata, y no sólo lo fue en el aspecto económico, sin duda muy favorecido también por la neutralidad española en la Gran Guerra, sino muy especialmente en el terreno cultural. Fue un tiempo de esplendor en la producción artística y literaria. Periódicos, libros, revistas… un universo en ebullición. También destacaron ingenieros, arquitectos, biólogos, matemáticos, economistas, historiadores, filólogos…


Muchos españoles, al menos los que formaban parte de las élites intelectuales, comenzaron a viajar. Alemania, Francia o Gran Bretaña se convirtieron en destinos habituales, y algunos se alargaron hasta cruzar el charco, no como emigrantes, sino como profesionales de la arquitectura, la ingeniería, la música o la pintura. Se incrementó de forma notable el laicismo en el espíritu de las gentes. La Iglesia, que ya había perdido hacía tiempo a la clase obrera, vio como los retoños de la burguesía abandonaban sus colegios y dejaban de asistir a misa. Surgieron partidos políticos diferentes a los tradicionales conservador y liberal que de forma machacona habían protagonizado el monótono panorama político de la restauración: el partido Reformista de Melquiades Álvarez, el Radical de Alejandro Leroux, los nacionalistas catalanes o el PNV vasco que moderó un tanto el racismo provinciano y ultracatólico de su fundador Sabino Arana, para presentarse a las elecciones simulando ser un partido moderno.


La clase obrera se afiliaba a sindicatos de mayoritaria militancia como la CNT, o como desde 1910, la UGT, y acudía en las ciudades a tertulias, redacciones o ateneos. Se estaba gestando la Segunda República, y se estaban produciendo profundas transformaciones sociales que desembocarían en sucesos históricos de gran magnitud, como iban a serlo también los que afectarían poco después a Europa entera y buena parte del resto del mundo. Pero esa, como le gusta decir al viejo profe Bigotini, ya es otra historia.

-Hola, traigo el coche porque dice mi mujer que una de las ruedas vibra.
-Hombre… igual está un poco desequilibrada…
-¿Quién, mi mujer?, si, si, mucho.



viernes, 21 de junio de 2019

LUIS DE CAMOES. GLORIA Y MISERIA DEL POETA


Luis Vaz de Camoes (o Camoens) nació en Lisboa en 1524. Fue hijo del gentilhombre Simao Vaz de Camoes, de ascendencia gallega, y de Anna de Sá e Macedo, que estaba lejanamente emparentada con el navegante Vasco de Gama. Aunque no se tiene certeza, parece que estudió en Coimbra, y de vuelta en Lisboa llevó una vida licenciosa. Debió ser todo un seductor en esa época, pues se le atribuyen amoríos tanto con prostitutas como con damas de la corte, incluyendo a la misma infanta María, hija del rey don Manuel. Una historia algo oscura lo hace protagonista de un altercado de armas, tal vez un lance galante, y ayudado por la humanista Luisa Sigeo, huyó a la India, asentándose en la colonia portuguesa de Goa.

De regreso a Portugal, la nao en que viajaba naufragó en las costas de Mozambique, donde padeció mil penalidades hasta que fue socorrido por su amigo Diogo do Couto, que no solo le salvó la vida, sino que sufragó su pasaje de vuelta a Portugal, donde dedicó a su benefactor su obra Tan pobre que vivía de los amigos. Regresó a su patria pobre y enfermo. Su único tesoro eran sus sonetos, que le fueron robados y no pudieron publicarse hasta después de su muerte, y su gran obra Os lusiadas, una epopeya compuesta de diez cantos en octavas reales, considerada universalmente como una de las principales muestras de la épica culta del Renacimiento, y sin duda como la cumbre de la literatura clásica en lengua portuguesa. Consiguió publicarla en 1572 gracias a que algunos amigos influyentes le concertaron una audiencia con el rey Sebastián. Tanto agradó la obra al monarca que la hizo publicar a su costa, y asignó al poeta una modesta pensión que ni siquiera llegó a cobrar nunca por retrasarse la libranza de los dineros en la inextricable maraña burocrática de la corte.


Murió Camoes en 1580 y en la miseria más absoluta, dos años después de la derrota portuguesa de Alcazarquivir, que supuso el fin de la dinastía lusa y la entronización de Felipe II de España como rey de Portugal. Su tumba, sufragada por los amigos, desapareció en el terremoto de Lisboa de 1755. En 1988 los gobiernos de Portugal y Brasil instituyeron el galardón que lleva su nombre, y que premia a los más destacados autores en portugués. Luis de Camoes fue el más grande poeta en esa lengua, su obra lírica, a caballo entre el clasicismo y el manierismo, alcanza cumbres elevadísimas en Os lusiadas, la obra que nuestra biblioteca Bigotini tiene el placer de poner hoy a vuestro alcance. Haced clic en la cubierta y disfrutad de esta versión virtual traducida al castellano.


¿Preguntáis el por qué de este quebranto? Responderlo no sé… Tal vez sería sólo porque os miré, dulce señora. Luis de Camoes.



martes, 18 de junio de 2019

HORMONAS: LA QUÍMICA DEL DESEO


Los organismos de los animales, y por supuesto los nuestros, funcionan como una máquina en la que las hormonas del sistema endocrino son los mensajeros químicos encargados de regular las diferentes funciones, y tanto establecer las respuestas ante estímulos externos, como influir en nuestros comportamientos. Por supuesto, también en el sexo.
Machos y hembras, hombres y mujeres en nuestra especie, mantienen diferentes niveles hormonales. Las hormonas sexuales masculinas son los andrógenos, y las femeninas los estrógenos y los progestágenos. Conviene repasar las funciones de las principales:

Testosterona: Es el principal andrógeno. Podría decirse que la testosterona es la hormona del deseo. En la fase embrionaria masculiniza el organismo de los hombres, siendo clave en el desarrollo de los genitales, función que continúa ejerciendo durante la pubertad, siendo responsable de la distribución masculina del vello corporal, el cambio de la voz y el resto de los caracteres sexuales secundarios. La testosterona se segrega principalmente en los testículos, y algo menos en las glándulas suprarrenales. Sus efectos anabolizantes contribuyen a generar una mayor masa muscular. Es la responsable de comportamientos más agresivos y de mantener la libido. La testosterona se produce también, aunque en mucha menor cantidad, en los ovarios y las suprarrenales femeninas, influyendo asimismo en el deseo sexual, si bien en alguna menor medida que en los hombres. La administración de testosterona en mujeres con inhibición de la libido, provoca distintas respuestas, probablemente en relación no con la cantidad de testosterona administrada, sino con la mayor o menor presencia de receptores celulares de testosterona, lo que podría explicar las distintas respuestas.

Estrógenos: Son lo que podríamos llamar las hormonas de la feminidad. Se producen en los ovarios ya desde la fase embrionaria, y son responsables de la feminización del cuerpo durante la pubertad. También regulan el ciclo menstrual, aumentando sus niveles de forma extraordinaria entre los días 5 y 14 del ciclo, que corresponden a la maduración del ovocito o fase folicular. Disminuyen luego tras la ovulación. Aunque no parecen influir demasiado en el deseo sexual, los estrógenos contribuyen de forma importante a la lubricación vaginal, el incremento del riego sanguíneo en los genitales, y condicionan el comportamiento, generando actitudes más seductoras, y aportando sensación de bienestar. En la menopausia los niveles de estrógenos disminuyen dramáticamente, produciendo sequedad vaginal, apatía y desequilibrios emocionales. En los hombres los niveles de estrógenos son muy bajos, pero permiten la producción de semen y una mayor calcificación de los huesos. En experimentos de laboratorio con ratones, la inyección de estrógenos en los machos induce comportamientos femeninos.

Progesterona: Es la hormona de la maternidad, la que mantiene la gestación. Sus niveles aumentan en la fase lútea, tras la ovulación, y decaen al final del ciclo si no ha habido embarazo. Se especula si la progesterona favorece el deseo. La píldora anticonceptiva de consumo más extendido es una combinación de estrógenos y progestina, un análogo sintético de la progesterona. Actúa porque la progestina inhibe la liberación de gonadotropinas, y por lo tanto evita la ovulación. En cierto modo la píldora “engaña” al organismo, haciéndole creer que existe embarazo. También se prescribe a mujeres, generalmente jóvenes, para reducir los dolores menstruales y la cantidad del sangrado. Un efecto controvertido de la progesterona es que reduce los niveles de testosterona, pudiendo contribuir a disminuir la respuesta sexual de algunas mujeres.
Las tres hormonas que acabamos de reseñar, testosterona, estrógenos y progesterona, provienen químicamente del colesterol, y son las que consideramos esteroides sexuales propiamente dichos. Hay sin embargo, otras hormonas que tienen influencia en el comportamiento sexual:


Prolactina: Es la hormona inhibidora del deseo. Se segrega en la glándula pituitaria situada en el centro del cerebro, y su principal acción es desencadenar la producción de leche en las glándulas mamarias, tal como indica la etimología de su nombre. La prolactina se segrega en grandes cantidades inmediatamente después del orgasmo, influyendo en la sensación de saciedad del llamado periodo refractario (je t’aime, mais non plus). Experimentalmente se ha comprobado que en la masturbación se libera menos prolactina que en el coito vaginal, y no hay duda de que disminuye el deseo de las mujeres durante la gestación y de los hombres tras la paternidad.

Dopamina: Con diferentes efectos en función del lugar del cerebro en que actúe, la dopamina es la hormona de la euforia, el placer, la motivación sexual, y según muchos expertos, de la felicidad. Estimula la producción de testosterona, y en el preámbulo de un posible encuentro sexual, se acumula haciéndonos sentir más exaltados, vehementes impetuosos, alegres y obcecados en avanzar hacia la cópula. La producción de dopamina se estimula con los juegos y caricias preliminares al sexo. Está también involucrada en procesos de adicción, y el consumo de alcohol y de determinadas drogas hace que se dispare su secreción.


Noradrenalina: Se libera en la glándula suprarrenal, y es la hormona de la excitación corporal, cuando en los momentos previos al coito se genera la energía física y muscular. Un exceso en la secreción de noradrenalina puede favorecer la liberación de cortisol, la hormona del estrés, que desencadenaría la respuesta contraria, inhibiendo el deseo sexual.

Oxitocina: También conocida como la hormona del amor, la oxitocina incrementa el vínculo afectivo entre madre o padre e hijos, entre la pareja o incluso entre amigos. Se produce en el hipotálamo y es transportada hasta la glándula pineal, liberándose desde allí al torrente sanguíneo en grandes cantidades durante el orgasmo.

Endorfinas: O moléculas del placer. Segregadas durante el ejercicio físico o durante el orgasmo, son los neurotransmisores más claramente relacionados con el placer físico y el alivio del dolor.

Serotonina: Es la molécula del estado de ánimo. Sus niveles bajos se asocian a estados depresivos, pérdida de apetito y de memoria. Unos niveles adecuados de serotonina favorecen el deseo sexual, pero niveles exageradamente altos lo pueden inhibir. Un efecto secundario de los fármacos antidepresivos que actúan aumentando la concentración sináptica de serotonina, puede ser la pérdida de la libido. Por eso en ciertos casos de eyaculación precoz pueden usarse antidepresivos para retrasarla.


Bien, pues estas son las sustancias principalmente implicadas en el deseo sexual. Ahora bien, sería un error considerar que las hormonas gobiernan nuestro comportamiento. Si es cierto que la liberación de estas moléculas puede producir cambios conductuales, no es menos cierto que en muchas ocasiones son las conductas las que estimulan los cambios químicos, de manera que se trata de una interacción de ida y vuelta. En última instancia, no somos esclavos de nuestras hormonas. Hay algo llamado libertad, libre albedrío, que es lo que realmente condiciona nuestros actos, también y muy especialmente en el terreno del sexo.

-¿Te gusta mi nuevo bolso? Es de piel de pene.
-Bueno, es muy bonito, pero un poco pequeño, ¿no?
-No lo creas, le das dos lametones y se convierte en maleta.



sábado, 15 de junio de 2019

MASA Y DENSIDAD. LA PARADOJA DEL VACÍO



Como ya hemos visto en anteriores entradas de este mismo blog (El bosón de Higgs, Teoría de cuerdas, La tabla periódica…), la gran cantidad de partículas elementales que actualmente maneja el modelo estándar, tiene más bien que ver con determinados estados de las partículas, que con su naturaleza intrínseca. Simplificando al máximo, cada átomo está compuesto por tres clases de partículas elementales: protones, a los que asignamos una carga eléctrica positiva (+); electrones, con carga negativa (-) (no olvidéis que se trata de una convención, como vimos en el post sobre la carga eléctrica); y neutrones, que carecen de carga, y por lo tanto de signo, pero sí poseen masa, lo que los convierte en unas partículas de capital importancia.


Protones y neutrones se agrupan, formando el núcleo atómico, mientras que los electrones ‘giran’ o más bien ‘orbitan’ en torno al núcleo (esto tampoco termina de ser exacto, pero resulta útil a efectos pedagógicos). El número de protones otorga al átomo su identidad química: un átomo con un protón es un átomo de hidrógeno; si tiene dos protones es un átomo de helio; y así sucesivamente… Si añades un protón, consigues un nuevo elemento: con tres protones es un átomo de litio… Naturalmente, como deben estar siempre equilibrados eléctricamente (+ con -), el número de electrones coincide siempre con el de protones.


Los neutrones no influyen en la identidad del átomo, pero en dependencia de su número, pueden aumentar o disminuir su masa. El número concreto de neutrones es lo que caracteriza a los llamados isótopos. El carbono14 es un átomo de carbono con sus seis protones reglamentarios, pero con ocho neutrones: 6+8=14; de ahí que se llame carbono14. Si recordáis el post dedicado a la gravedad, la masa se define como la constante que relaciona la fuerza que debe aplicarse a un objeto para obtener una aceleración. A continuación reproduzco un cuadro en el que podéis ver de menor a mayor, la masa de diferentes objetos expresada en kilogramos y en notación científica. Veréis que, como pasa siempre en estas relaciones, lo más asombroso son las apabullantes diferencias:

Masas expresadas en kilogramos
Electrón
9 x 10-31
Protón
2 x 10-27
Átomo de Oxígeno
3 x 10-26
Proteína pequeña
10-23
Molécula de Penicilina
10-18
Ameba gigante
10-8
Hormiga
10-5
Colibrí
10-2
Perro
101
Hombre
102
Elefante
104
Ballena azul
105
Buque petrolero
108
La Luna
7 x 1022
La Tierra
6 x 1024
El Sol
2 x 1030
Nuestra galaxia
2 x 1041

Pero en el universo físico, cuando hablamos de las propiedades de los materiales en general, en vez de referirnos a objetos determinados, resulta conveniente remitirse a la masa por unidad de volumen. Es lo que conocemos como densidad de los cuerpos. La densidad viene dada por el cociente: r = m / v; donde r es la densidad, m la masa y v el volumen de cualquier objeto material. La densidad suele expresarse en kilogramos por metro cúbico (Kg.m3). Cuando hablamos de densidad relativa, nos referimos a la razón de la densidad de una sustancia con respecto a la del agua a 0º C. En la tabla siguiente (ya sabéis lo que me gustan) tenéis algunas densidades de sustancias y objetos de lo más variopinto.

Algunas densidades representativas expresadas en Kg.m3, y referidas a condiciones de presión atmosférica y temperatura:
Espacio interestelar
10-20
Máximo vacío de laboratorio
10-17
Hidrógeno
0,0899
Aire a 0º C y 1 atmósfera
1,29
Aire a 100º C y 1 atmósfera
0,95
Aire a 0º C y 50 atmósferas
6,5
Agua a 0º C y 1 atmósfera
1.000
Agua a 100º C y 1 atmósfera
958
Agua a 0º C y 50 atmósferas
1.002
Sangre completa a 25º C
1.059,5
Mercurio
13.600
Aluminio
2.700
Hierro, acero
7.800
Cobre
8.900
Plomo
11.300
Oro
19.300
Núcleo de La Tierra
9.500
Centro del Sol
1,6 x 105
Estrellas enanas blancas
1011
Núcleos atómicos
1017
Estrellas de neutrones
1017

Ya veis que el núcleo atómico es, junto con las estrellas de neutrones, el objeto más denso del universo. El núcleo está formado por protones y neutrones, y es extremadamente pequeño: sólo una millonésima de milmillonésima de todo el volumen del átomo. Sin embargo, es asombrosamente denso, porque contiene prácticamente toda su masa. Bill Bryson afirma que si un átomo tuviese el tamaño de una catedral, su núcleo sería como una mosca. Eso si, una mosca muchos miles de veces más densa (y pesada) que la propia catedral.


Os he dicho muchas veces que la realidad física es mucho más impresionante y extraordinaria que cualquier fábula. Reparad en que los átomos son fundamentalmente espacio vacío, y por extensión, lo es también el conjunto del universo, formado por átomos, no lo olvidemos. En los gases, cuyas moléculas están muy separadas entre sí, podemos apreciar sin dificultad este característico vacío universal. No ocurre así en los cuerpos sólidos, y os preguntaréis por qué.
Siguiendo a Bryson, la solidez que apreciamos a nuestro alrededor no es más que una ilusión. Cuando dos objetos sólidos (por ejemplo, dos bolas de billar) chocan, lo que en realidad sucede es que los campos eléctricos de ambas se repelen entre sí. Si no fuese por la carga eléctrica (acordaos del post que le dedicamos), las bolas, lo mismo que las galaxias, podrían pasar una a través de la otra sin sufrir el menor daño. Concluye Bryson: cuando te sientas en una silla, no estás en realidad sentado allí, sino levitando por encima de ella a una altura de un ángstrom (una cienmillonésima de centímetro), con tus electrones y sus electrones oponiéndose implacablemente a una mayor intimidad.

La densidad tiene también mucho que ver con la hidrodinámica. Arquímedes lo sabía bien. Para terminar (lo prometo) os dejo con este extraño párrafo evangélico: Pedro le contestó: Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua. Él le dijo: Ven. Pedro bajó de la barca y se echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: Señor, sálvame. Enseguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué has dudado? (Mateo 14, 22-36).

La realidad es a menudo más asombrosa que la ficción. Ello se debe a que la ficción, para resultar creíble, debe tener sentido, mientras que la realidad casi nunca lo tiene.  Albert Einstein.