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viernes, 1 de diciembre de 2017

GABRIEL BOCÁNGEL, EL POETA CORTESANO


Gabriel Bocángel y Unzueta, madrileño nacido en 1603, era hijo del médico real Nicolás Bocángel, y nieto de Pietro Bocangenino, un boticario y exportador de lana genovés, que en tiempos de Carlos V había causado sensación en Toledo por su apostura, según se desprende de la siguiente descripción: era alto, enteco, de larga cabellera rubia y tan galán que no se hallaba en qué dalle vejamen.
Si hemos de juzgar por el retrato que nos ha llegado, y que aquí reproducimos, su nieto Gabriel, nuestro protagonista de hoy en Biblioteca Bigotini, no heredó precisamente las prendas de su abuelo. Pero en fin, como quiera que Dios cuando cierra una puerta, abre a cambio una ventana, Gabriel Bocángel resultó ser un gran poeta. Por eso lo glosamos aquí, y a eso vamos.

Estudió en Toledo, y Alcalá, donde aprendió el latín y el griego, bagaje que añadió a su conocimiento del español y el italiano. A los veintiséis años entró como bibliotecario al servicio de don Fernando de Austria, el célebre Infante Cardenal hermano de Felipe IV. A los treinta y cinco le nombraron Cronista Real y Contador de Libros. Así que Bocángel fue una especie de escritor de cámara, y efectivamente en esos años escribió diversos panegíricos sobre bodas, bautizos y demás acontecimientos de la corte. Algunos no pasan de simples ejercicios de adulación. Otros sin embargo, ofrecen al historiador y al curioso, valiosa información sobre usos y costumbres de la época, como en el caso de La fiesta real y votiva de toros, que escribió en Madrid en 1648. Su primera esposa murió prematuramente, y de la segunda, una nieta del médico de cámara de Felipe III, tuvo al menos siete hijos. Toda la familia durante varias generaciones, vivió, creció y se multiplicó al amparo de la Real Casa.


Pero lo que de verdad nos interesa es la faceta poética de Gabriel Bocángel. Se codeó con genios de la talla de Lope y de Góngora, entre otros. Fue sobre todo, un consumado autor de sonetos, que los hacía salir de su pluma como quien fríe buñuelos. Se le considera seguidor del culteranismo, miembro de la escuela gongorina, si bien su poesía resulta algo menos alambicada que la de su maestro don Luis. Se aplicó muy especialmente a la poesía lírica, destacando entre otras obras suyas el Cancionero petrarquista dedicado a Filis, y su Fábula de Leandro y Hero. Algo más limitada fue su producción dramática, cabe citar únicamente El nuevo Olimpo, publicada en 1649, acaso su mejor pieza teatral, y El emperador fingido, que apareció póstumamente en 1678. También se le considera precursor de la zarzuela, ya que compuso una obra donde la música tuvo un papel destacado, lo que al parecer entusiasmó a Felipe IV, que le concedió una pensión vitalicia.

De nuestra biblioteca virtual, os ofrecemos hoy la versión digital de su Lira de las musas, de humanas y sagradas voces, junto con las demás obras poéticas antes divulgadas, que fue impresa en la madrileña imprenta de Carlos Sánchez, el año 1637, y constituye una colección de su poesía completa, que dedicó a su señor el Infante Cardenal don Fernando. Haced clic en la imagen, y dejad que la poesía de Gabriel Bocángel os empape los sentidos y el alma.

Tu obstinado cadáver nos advierte que hay vida muerta, pero no vencida... Gabriel Bocángel.