Publicado en nuestro anterior blog en enero de 2013

Entre los gigantes extinguidos cabe
citar a los enormes armadillos y
a sus parientes los gliptodontes,
monstruos acorazados del tamaño de un automóvil, provistos de largas colas
terminadas en una bola de púas. Castores
del tamaño de un oso. Leones de las cavernas bastante mayores que
las especies africanas actuales. Lobos gigantes (los mayores cánidos que han
existido). Cerdos salvajes. Osos
cavernarios de largas patas y
doble corpulencia que los actuales osos grises. Tres especies de caballos americanos. Unas
cuantas variedades de camellos y tapires.
Numerosas criaturas astadas, desde el berrendo
gigante al alce-ciervo, una especie de
mezcla entre alce y uapití, pero de un tamaño colosal. Tigres dientes de sable. Guepardos americanos de talla extraordinaria. Perezosos gigantes. Megaterios de hasta seis toneladas…

El término griego holocausto significa literalmente sacrificio de
cien bueyes. En sentido figurado lo empleamos para referirnos a grandes
masacres. ¿Es apropiado utilizarlo en el caso de la megafauna americana? Paul Martin
comprendió inmediatamente que si. Toda esta fantástica fauna desapareció en
apenas mil años, un abrir y cerrar de ojos geológico, y lo hizo… pues si, a
manos del hombre, el mayor depredador sobre la faz de la Tierra. Cuando
nuestros primeros ancestros abandonaron África para repartirse por el resto de
los continentes, comenzó a gestarse la tragedia. La teoría de Martin, que no
tardó en ser bautizada como la
guerra relámpago, sostiene que, empezando por Australia hace unos
48.000 años, cuando los humanos llegaban a un nuevo continente, encontraban allí
animales que no sospechaban que aquel insignificante mono sin pelo resultaría
tan terriblemente voraz.
Los herbívoros africanos han
sobrevivido a la extinción porque desde hace más de un millón de años
aprendieron a desconfiar de los temibles homo
erectus que comenzaban a fabricar hachas y cuchillos de piedra. Cuando
aquellos depredadores llegaron al puente terrestre de Bering y se plantaron a
las puertas del continente americano hace ahora 13.000 años, llevaban ya al
menos otros 50.000 siendo homo
sapiens. Eran más listos y poseían una tecnología mortífera: lanzas,
jabalinas, propulsores, arcos y flechas… Las sutiles y altamente perfeccionadas
puntas líticas de la cultura
de Clovis, datan según los arqueólogos de hace 13.325 años. Los
primeros pobladores humanos de América llegaron poseyendo ya esta depurada
técnica. Martin comprobó que en al menos catorce yacimientos las puntas de
Clovis se encontraron acompañadas de esqueletos de mamut o de mastodonte, y
algunas de ellas incrustadas entre sus costillas. Los confiados gigantes
americanos no tuvieron la menor oportunidad. Todos los herbívoros fueron
masacrados. Es de suponer que los grandes carnívoros murieron de hambre al
carecer de presas.

Contemplando a aquel valiente
soldado enfermo, se me partió el corazón. ¡Fiebre tifoidea! O te mata o te deja
tonto. Yo lo sé bien porque combatiendo en la campaña de Argelia, contraje la
enfermedad. Patrice Mac-Mahon, Presidente de la República francesa..
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