
Por
encargo del rey de Nápoles, Carlos de Borbón, destinado a ser más
tarde Carlos III de España, inició los trabajos de prospección del
palazzo Portici, y allí, de manera accidental dio con los primeros
restos de lo que luego se supo ser la villa de Herculano, sepultada
en la erupción del Vesubio del año 73 de nuestra era. Solicitó
consentimiento al rey para seguir adelante con las tareas
arqueológicas, donde comenzaban a hallarse pinturas murales, gran
cantidad de objetos, restos humanos y el gran teatro de Herculano.
Prosiguió Alcubierre los trabajos contando con medios materiales y
humanos muy escasos, lo que convierte su labor en mucho más
meritoria.
Diez
años más tarde, en 1748, a punto de ser ascendido a teniente
coronel, inició los trabajos en la gran villa de Pompeya, una ciudad
importante de la Italia meridional en tiempo de los romanos,
sepultada también por la misma erupción del Vesubio. Los trabajos
en Pompeya se convirtieron muy pronto en una sucesión de
apasionantes descubrimientos arqueológicos. Aparte de las diferentes
edificaciones, estadio, circo, templos y villas, se hallaron un gran
número de cuerpos humanos que quedaron cubiertos por las cenizas
volcánicas, y en muchos casos en postura sedente o yacente, ya que
la erupción se produjo mientras los habitantes de Pompeya dormían
plácidamente.

Hasta
aquí la vida y los hechos como militar y como arqueólogo de este
aragonés inquieto, laborioso y viajero que fue Alcubierre. Pero en
el título nos referimos a una injusticia histórica. En efecto,
Alcubierre mantuvo agrias disputas primero con Karl Jakob Weber, que
comenzó siendo uno de sus subalternos, y después con Johann Joachim
Winckelmann, quién finalmente terminó tomando el mando de las
excavaciones, y en la mayor parte de las fuentes que pueden
consultarse, pasa por ser el principal artífice de los trabajos
arqueológicos en Pompeya y Herculano, e incluso se le atribuye la
paternidad de la arqueología moderna.

Desde
la perspectiva que nos otorga el paso del tiempo, debemos reivindicar
la figura científica y el trabajo arqueológico de Roque Joaquín de
Alcubierre, que, con todos los errores que se puedan atribuir, más a
los medios precarios con los que se contaba en su época, que a él
mismo, fue un gran hombre de ciencia y sin duda el verdadero pionero
de la arqueología tal como la entendemos modernamente.
Si
ocurre algo bueno bebes para celebrarlo, si ocurre algo malo bebes
para olvidarlo, y si no ocurre nada bebes para que ocurra algo.
Charles Bukowsky.
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