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sábado, 4 de noviembre de 2017

STEPHEN HALES, EL FISIÓLOGO ILUSTRADO


En 1677 vino al mundo en el Condado inglés de Kent, Stephen Hales, que se distinguiría por su contribución a diferentes disciplinas científicas, como la física, la química, la botánica, la medicina o la fisiología, entre otras. Estudió teología en el Corpus Christi College, y profesó más tarde como sacerdote. El reverendo Hales ocupó diferentes cargos eclesiásticos y académicos a lo largo de su vida, obteniendo honores en su Inglaterra natal, en América y en Francia. Fue miembro destacado de la Royal Society, doctor de Oxford y miembro asociado de la Academia de las Ciencias francesa. Fue galardonado con la codiciada Medalla Copley, y en definitiva, su reputación de gran científico no cesó de aumentar hasta su fallecimiento acaecido en Londres en 1761, cuando contaba 84 años.


Hales fue pionero de la fisiología experimental, demostrando el papel que juega la médula espinal en la transmisión de los impulsos nerviosos. Brilló de manera muy especial en el campo de la fisiología vegetal. En su obra Vegetable Staticks, publicada en 1727, describió sus experimentos sobre la transpiración de las plantas. También se ocupó del estudio de la circulación sanguínea, estableciendo el cálculo de la capacidad del torrente sanguíneo, del corazón y de los diversos vasos. Acuñó el concepto de presión arterial y demostró la capacidad de bombeo del músculo cardíaco. Se interesó por los cálculos renales, e ideó un sistema para poder disolverlos sin necesidad de cirugía invasiva. Se preocupó también por la potabilización del agua de mar, y por la renovación del aire viciado. En este último campo, a Stephen Hales se debe la instalación de sistemas de ventilación en lugares de hacinamiento tales como prisiones, hospitales o bodegas de barcos.

Desde Bigotini rendimos nuestro modesto tributo de reconocimiento y gratitud a este eclesiástico ilustre, uno de los más firmes puntales científicos de su generación. Ahora os dejo. El profe está acercándose tanto al ventilador, que temo que vaya a afeitarse en seco su espléndido bigotazo.

Un hombre con una idea nueva es un loco hasta que la idea triunfa. Mark Twain.