
Estudió
en Belfast hasta los dieciocho años, y más tarde marchó a Glasgow
a estudiar medicina. Desde muy joven se distinguió por una profunda
curiosidad científica. Con poco más de veinte años desarrolló y
perfeccionó la balanza analítica, un instrumento
mucho más preciso que cuantos existían en su tiempo, y que sería
inmediatamente adoptado en todos los laboratorios químicos. También
se atribuye a Black el descubrimiento del dióxido de carbono
o CO2, al que llamó aire fijo.

En
la década posterior (hacia 1761) observó que al aplicar calor al
hielo, no pasaba inmediatamente al estado líquido, sino que absorbía
cierta cantidad de calor sin aumentar su temperatura. Otro tanto
ocurría con el agua, que no se evapora de forma inmediata al recibir
calor. Dedujo que el calor aplicado se combina con las partículas de
hielo o de agua, convirtiéndose en calor latente, un
concepto clave en el desarrollo de la termodinámica,
como lo es el de calor específico o propio de cada
sustancia, otro de los cruciales hallazgos de Josep Black.
Junto
a James Hutton y Adam Smith, fue miembro fundador del Oyster Club,
que aglutinó a lo más selecto de lo que entonces se llamó la
Ilustración escocesa. También asistió regularmente a
las sesiones de la célebre Lunar Society, cuyos miembros
solían referirse a sí mismos como lunáticos, porque se
reunían en las noches de luna llena. El lector moderno puede tener
la tentación de considerar esta costumbre un tanto esotérica o
cuando menos excéntrica. Nada más erróneo. Se trataba
sencillamente de una medida práctica impuesta por la inexistencia de
alumbrado público. A la luz de la luna resultaba más fácil
encontrar el camino de regreso a casa, así de simple.
El
profe Bigotini os aconseja tener siempre presentes cosas tan
elementales como que la luna alumbra la noche o como que para nacer
en determinado lugar es conveniente que esté allí la madre de uno.
El
día que yo nací, mi madre no estaba en casa. Miguel Gila.
No hay comentarios:
Publicar un comentario