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domingo, 8 de abril de 2018

ALAN LADD, EL HOMBRE SIN PIES





Bueno, naturalmente Alan Ladd tenía pies, pero con toda seguridad debió ser el actor del Hollywwod dorado que menos los mostró en la pantalla. El problema consistía en que Ladd era muy bajito. Tenía un atractivo rostro de galán y ciertamente sabía actuar incluso mucho mejor de lo que le dieron oportunidad de demostrar ante las cámaras, pero su estatura no llegaba al metro sesenta, así que en sus rodajes recurrían a trucos como subirlo en un taburete para besar a la chica, ponerlo sobre una plataforma en los planos en que aparecía con otros actores, o emparejarlo a menudo, como hicieron los productores, con Veronica Lake, que también era un tapón. Si repasáis su filmografía os recomiendo que os fijéis en ciertos detalles: prácticamente nunca aparecía de cuerpo entero salvo si se hallaba muy alejado de los demás personajes, en los encuadres colectivos nunca caminaba, siempre permanecía quieto, cuando montaba a caballo en solitario le preparaban el de menor alzada que podían encontrar, y si cabalgaba en grupo, le sustituía un extra.

Tras sus primeros papeles de gangster y sobre todo, tras el éxito de Raíces profundas, su película más taquillera, le encasillaron en el western. El sombrero y las cartucheras le sentaban de maravilla. Al profe Bigotini le gusta especialmente Tambores lejanos, que filmó en 1954 a las órdenes de Delmer Daves. Su tendencia depresiva le hizo caer en el alcoholismo. Al final de su carrera rechazó algunos papeles magníficos, mal aconsejado por su representante. Para terminarla de fastidiar, su frustrado romance con June Allison acabó sumiéndole en la desesperación. Se suicidó a los cincuenta a base de barbitúricos y bourbon. Haciendo clic en la ilustración, podéis enlazar con un brevísimo video donde se relatan sus últimos años y su trágico final.

Próxima entrega: John Garfield