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jueves, 22 de junio de 2017

AMBROSE BIERCE, EL GRINGO VIEJO


Ambrose Gwinnett Bierce, nacido en Meigs, Ohio, en 1842, protagonizó una de las biografías más novelescas que cabe imaginar. Fue el décimo de trece hermanos en una familia de granjeros calvinistas de la América más primitiva y profunda. Su padre, un sujeto extravagante, se empeñó en bautizar a todos sus retoños con nombres que empezaran por A. Su madre tenía un carácter autoritario y despótico. En este ambiente asfixiante se crió el joven Ambrose, y no es de extrañar que cobrara un odio visceral por su familia. Uno de sus hermanos fue forzudo en un circo ambulante, otra de sus hermanas marchó a África como misionera, y acabó sus días en una cazuela devorada por los caníbales. Tal como suena. Ambrose se alistó como voluntario en el ejército de la Unión nada más comenzar la Guerra Civil americana. Más que por patriotismo, lo hizo para escapar de la casa paterna. Se distinguió en sucesivas acciones bélicas, participando en batallas históricas como las de Chattanooga, Nashville o Shiloh. Esta última, que fue una auténtica carnicería, dejó una huella imborrable en su carácter, y le sirvió de inspiración en varios de sus mejores relatos. Terminó la guerra ascendido al grado de mayor (comandante).


Acabada la contienda participó aún en algunas escaramuzas contra los indios, destinado al célebre Fort Laramie. Pretendió continuar en el ejército, pero desistió cuando no respetaron su graduación, siendo aceptado como simple teniente. Se casó con Molly Day, mujer al parecer bellísima, de la que se divorció tras sorprenderla en una aventura amorosa.
Bierce se inició en las letras como periodista en San Francisco, llegando a dirigir alguna publicación. Viajó en esta época regularmente a Londres, y entabló amistad con Mark Twain, por entonces toda una celebridad literaria, de quien fue siempre un admirador incondicional. De vuelta en San Francisco, entró en las empresas periodísticas de William Randolph Hearst, convirtiéndose en el más prestigioso columnista de la costa occidental.
Bierce desapareció en México en 1914, cuando tenía más de setenta años. Su inextinguible espíritu aventurero le llevó a unirse en Ciudad Juárez al ejército de Pancho Villa. Su rastro se perdió en Chihuahua, y a partir de entonces no volvió a saberse nada más de él, lo que hizo correr ríos de tinta en su país. Su peripecia mexicana inspiró primero una novela de Carlos Fuentes, Gringo viejo, y después la película del mismo título, dirigida por Luis Puenzo en 1989, y protagonizada por Gregory Peck.


En cuanto a su faceta propiamente literaria, Ambrose Bierce fue ante todo un maestro del cuento corto. En sus narraciones hizo gala de un humor irónico, a veces sarcástico y ácido, que le valió el sobrenombre de Bitter Bierce (Bierce el amargo). En eso imitó a su amigo Mark Twain. Escribió también algunos cuentos fantásticos donde demostró su prodigiosa imaginación. Destacó como autor de relatos terroríficos, siguiendo la tradición tan en boga en su época, de autores como Nathaniel Hawthorne, Herman Melville o el mismo Poe. Títulos como La cosa maldita, La ventana tapiada o La muerte de Halpin Frayser, son otros tantos ejemplos de su maestría en este género.
De entre sus numerosos relatos breves, Biblioteca Bigotini se complace hoy en presentar la versión digital del titulado El hipnotizador, cuento que refleja fielmente el estilo de este prodigioso escritor de accidentada vida. Haced clic en la portada, y disfrutadlo.

Cristiano es aquel que sigue las enseñanzas de Cristo, en la medida en que no sean incompatibles con hacer lo que le venga en gana. Ambrose Bierce.