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miércoles, 22 de julio de 2026

LA CONSTANTE DE EULER-MASCHERONI

 


Con un valor numérico de 0,5772157…, y representada con la letra griega g, la constante de Euler-Mascheroni tiene una dilatada y fascinante historia. Tan fascinante, aunque no tan dilatada, como puede serlo la de otras constantes matemáticas como p, seguramente la más famosa, o como e. Fue el matemático suizo Leonhard Euler (1707-1783) quien la estudió y glosó en su artículo De Progressionibus harmonicis observationes, Observaciones acerca de las progresiones armónicas, que vio la luz en 1735. En ese tiempo Euler sólo fue capaz de calcular seis decimales. En 1790 el religioso y matemático italiano Lorenzo Mascheroni (1750-1800) halló algunos dígitos más. Actualmente (en 2008), “sólo” se han calculado unos diez mil millones de decimales de g, muy pocos en comparación con los algo más de mil doscientos billones que se han calculado de p hasta la fecha. Los especialistas en estos cálculos por ordenador aseguran que resulta mucho más sencillo hallar decimales de p que de g.



En cualquier caso, y aunque todavía no ha quedado demostrado matemáticamente, se conjetura que el número de decimales tanto de uno como de otro es infinito.

El número g relaciona las potencias y los logaritmos con la teoría de números, y se define como el límite de la expresión (1 + ½ + 1/3 + … + 1/n – 1n n) cuando n tiende a infinito. Esta constante juega un papel importante en áreas tan diversas como las series infinitas, los productos, la probabilidad y la representación de integrales definidas. Por ejemplo, el número medio de divisores de todos los números entre 1 y n está muy cerca de 1n (n) + 2g – 1.


A día de hoy no sabemos si el número puede expresarse como una fracción. Julian Havil, que dedicó un libro entero a esta constante, cuenta que el matemático inglés G.H. Hardy ofreció ceder su cátedra de Oxford a quien fuera capaz de demostrar que g no puede expresarse como una fracción.

-Almirante Colón, ¿falta mucho para llegar a las Indias?

-Falta lo que tenga que faltar y punto, que me tienes hasta los cojones ya con la preguntita a todas horas.

(Colón irritable).


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