Translate

miércoles, 8 de julio de 2026

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ Y LA SEDUCCIÓN DE LA POESÍA

 


Juan Ramón Jiménez nació en 1881 en una hermosa casa de estilo colonial de la calle de la Ribera de la onubense Moguer. Sus padres, Víctor y Purificación, eran unos burgueses acaudalados de ascendencia riojana que habían hecho fortuna en Andalucía con el comercio del vino. El pequeño Juan Ramón fue una especie de niño prodigio que obtenía excelentes calificaciones en los estudios, dibujaba primorosamente y escribía sus primeros poemas que vio publicados en diferentes periódicos y revistas de Huelva y de Sevilla, mientras por imposición paterna estudiaba derecho en la capital del Guadalquivir. Se trasladó a Madrid en 1900 donde adquirió fama de joven promesa de la poesía. Allí le sorprendió la muerte de su padre que significó la ruina familiar al tener que hacer frente a numerosas deudas. Aquello afectó mucho a Juan Ramón que tuvo que ser ingresado en un sanatorio de Burdeos por depresión severa. Su carácter era hiperestésico y neurótico. Rubén Darío le definió como nefelibata, un adjetivo que le aplicó el poeta nicaragüense con cierto matiz ridículo, y que designa a una persona soñadora y algo afectada que vive permanentemente en las nubes y alejada de la realidad.


En esa primera etapa poética, Juan Ramón Jiménez siguió la pauta del Modernismo imperante en aquellos años. Acaso también exageró conscientemente su pose de joven poeta atractivo y sensible, para explotar su vocación de donjuán. En esos primeros años tuvo aventuras eróticas con solteras, con casadas, con una norteamericana residente en Burdeos madre de una niña, con varias monjas (que, al decir de su editor, eran su especialidad), y hasta con la esposa del psiquiatra que le trataba, lo que precipitó su expulsión del sanatorio. De regreso a su Moguer natal, residió en una modesta vivienda de la calle de la Aceña, etapa de pobreza material, pero de gran riqueza literaria coincidente con la segunda década del siglo XX, en la que el poeta abrazó el Simbolismo.

Por medio del empresario teatral Gregorio Martínez Sierra, conoció en Madrid a Luisa Grimm, una atractiva estadounidense casada con el millonario español Antonio Muriedas que, desentendido de su esposa, pasaba el tiempo ocupándose de sus negocios en México. Juan Ramón le propuso matrimonio, pero ella, con buen criterio, juzgó más prudente no renunciar a los millones de su marido, disfrutando al mismo tiempo del ardor amoroso de su joven poeta. Hasta 1915, el onubense mantuvo con la Grimm una apasionada correspondencia. Ella le dio a conocer la obra de los poetas románticos ingleses, que Juan Ramón se afanó en traducir y publicar en España por medio del editor Alberto Jiménez Fraud.


En 1913 conoció a la traductora al castellano del poeta bengalí Rabindranath Tagore, Zenobia Camprubí, que a la postre habría de ser la mujer de su vida. Ambos se casaron en Estados Unidos en 1916, a donde viajó Juan Ramón por encargo de las Ediciones de la Residencia de Estudiantes madrileña. De aquel viaje y aquella luna de miel fue resultado el Diario de un poeta recién casado, que supuso también el redescubrimiento del mar como pasión estética, y en palabras del propio autor, el paso de su etapa sensitiva a la intelectual, como bautizó ambos periodos. Colaboró con Zenobia en sus traducciones de Tagore, y apareció en 1917 la primera edición de Platero y yo, que sería siempre su obra más famosa. En 1918, Juan Ramón Jiménez era ya probablemente el poeta más célebre y conocido en lengua española. Lideró el movimiento de renovación poética de aquel tiempo e influyó notablemente en la generación poética e intelectual del 27.

Entre 1925 y 1935 publicó sus Cuadernos, una recopilación de toda su obra anterior, un caso insólito de publicación de unas obras completas de un autor entonces todavía relativamente joven. Jiménez se manifestó siempre como un perfeccionista al borde de la neurosis, repasando, retocando y corrigiendo todo lo anteriormente escrito, hasta el punto de que entre varias ediciones de las mismas obras aparecen diferencias apreciables. En 1930 conoció en un concierto a una amiga de Zenobia, la escritora y escultora Margarita Gil Roësset, que inmediatamente se enamoró del poeta. Juan Ramón la rechazó en diferentes ocasiones, y eso a pesar de que Zenobia Camprubí no se oponía a compartir a su marido con su amiga. Tras varios intentos infructuosos de conseguir el amor de Juan Ramón, Margarita se suicidó en 1932, causando grandísimo dolor tanto a él como a Zenobia que por entonces sufría ya los primeros síntomas del cáncer que acabaría con su vida.


1936 marca el paso de la etapa intelectual a la etapa suficiente o verdadera del poeta, siempre siguiendo su propia definición. También marca, como para el resto de los españoles, el momento crítico de la sublevación franquista y de la guerra. A pesar de su decidido apoyo a la legalidad republicana, Juan Ramón no se sentía seguro en Madrid debido a la campaña contra los intelectuales emprendida por algún sector de la izquierda. Manuel Azaña le ayudó a abandonar España por vía diplomática, instalándose primero en Washington como agregado cultural, y después en Cuba donde dictó un ciclo de conferencias. En 1938 el matrimonio recibió la noticia de la muerte en el frente de Teruel de Juan Ramón Jiménez Bayo, el sobrino falangista del poeta y su familiar más querido, lo que, unido al reciente recuerdo del suicidio de Margarita, y a la cada vez más avanzada enfermedad de Zenobia, terminó de sumir al poeta en una profunda depresión.

Entre 1939 y 1942 la pareja residió en Miami, desde donde se trasladaron a Washington. Entre 1944 y 1946 Zenobia y Juan Ramón fueron contratados como profesores en la Universidad de Maryland. Tras una exitosa gira por Argentina y Uruguay en 1948, la pareja se instaló definitivamente en Puerto Rico, donde a partir de 1950, impartieron clases en su Universidad.


En 1956 llegó el Premio Nobel de Literatura, que Juan Ramón no pudo recoger personalmente debido a una recaída en su depresión. Tres días después de la ceremonia de entrega del Nobel falleció Zenobia, y dos años más tarde, en 1958, murió el poeta en la misma clínica de San Juan de Puerto Rico. Se trasladaron sus restos al cementerio de su Moguer natal en junio de aquel mismo año, donde reposan desde entonces.

Aparte de su archifamoso Platero y yo, la obra de Juan Ramón Jiménez es tan extensa que la sola enumeración de los títulos resulta abrumadora. Labor que además se dificulta porque el autor, en las sucesivas ediciones de sus obras se dedicó no sólo a variar sustancialmente los textos, sino en ocasiones también los títulos, lo que induce a una confusión notable. De nuestra modesta biblioteca Bigotini extraemos la edición digital de una brevísima pero jugosa antología poética del gran autor onubense. Hágase clic en el enlace y disfrútese:

https://www.dropbox.com/home/Profesor%20Bigotini?preview=JUAN+RAM%C3%93N+JIM%C3%89NEZ+ANTOLOG%C3%8DA.pdf

Te llevaré Moguer a todos los lugares y a todos los tiempos, serás por mí, pobre pueblo mío, a despecho de los logreros, inmortal.


No hay comentarios:

Publicar un comentario