

Hasta la década de los cuarenta toda
la basura que generábamos era biodegradable o fácilmente reciclable (el caso de
las chatarras metálicas). A partir de la aparición de los plásticos la
situación cambió sustancialmente. Hay una isla de bolsas de plástico flotando
en el océano Pacífico que tiene la extensión aproximada de Texas. Existe otra
isla parecida en el Atlántico Norte con una superficie mayor que la de Francia… Las bolsas de plástico
obstruyen las bocas de las alcantarillas y los esófagos de las tortugas
marinas, que las confunden con medusas. Las omnipresentes bolsas de plástico
están por todas partes. Flotan en los ríos y en el mar. Arrastradas por el
viento, se enganchan en las ramas de los árboles y arbustos. Se acumulan en los
vertederos hasta formar auténticas cordilleras. Se rasgan y se fraccionan en
pedazos cada vez más y más pequeños. Esos pedazos adheridos a los alimentos,
son consumidos por muchos animales terrestres o marinos que invariablemente
sufren las funestas consecuencias de su elevada toxicidad.
Hay plásticos supuestamente biodegradables,
pero toda la degradación consiste en que desaparece el almidón y se convierten
en una nube de microscópicos millones de partículas imposibles de destruir.
Esas diminutas bolitas forman parte de la composición de un sinfín de productos
de belleza e higiene: geles, exfoliantes, champús, jabones, suavizantes,
limpiadores, lociones, pasta de dientes, cremas… Entre sus ingredientes
aparecen “microesferas de polietileno” o
alguna otra denominación similar. Todo eso va a parar a los desagües, a los
ríos y finalmente al océano. Las pequeñas esferas de plástico son consumidas
por la microfauna marina que forma el plancton y por los microscópicos
crustáceos del krill, que se envenenan masivamente. Toda esa microfauna
constituye el primer eslabón de la cadena trófica alimentaria en los océanos, y
cada vez es más escasa… Si no detenemos esto de alguna forma, estamos abocados
a un desastre ecológico sin precedentes.
El que avisa no es traidor, es
avisador. Las señales de alarma llevan ya mucho tiempo encendidas, sin que
aparentemente nadie les preste atención más allá de los ecologistas a los que
nadie parece tomar realmente en serio, o de denuncias aisladas como la
presente. ¿Sabéis cuánto tiempo puede transcurrir hasta que evolucionen
estirpes bacterianas capaces de alimentarse con nuestros plásticos? Una
respuesta optimista podría ser decenas de miles de años. Otra más realista,
millones. Para cuando eso ocurra nos habremos cargado el planeta. En los
cuarenta unas seductoras medias de nailon se anunciaban como la perdición de los hombres. El
publicista no era consciente de hasta qué punto estaba en lo cierto.
Todos somos unos
ignorantes. Lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas.
Albert Einstein.
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