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sábado, 16 de septiembre de 2017

ERROL FLYNN. EL DEMONIO DE TASMANIA




Junto a Clark Gable y Gary Cooper, Errol Flynn completa el trío de prototipos masculinos del cine americano en los cuarenta. Los tres volvían locas a las espectadoras de su época. En todas las películas que protagonizó, encarnó al hombre alto, guapo, honrado y valiente hasta el heroismo, al hombre con mayúsculas. Ya fuera Robin Hood, el general Custer o un capitán pirata, Flynn era ante todo Flynn, con aquel bigotito a la moda y aquella media sonrisa que enamoraba a las damas y sacaba de quicio a los villanos. Lo mismo con Curtiz que con Walsh, sus dos directores talismán, los guiones se apartaban muy poco del esquema que aseguraba el éxito del filme: unas cuantas escenas de acción, unas cuantas más románticas (a ser posible, con Olivia de Havilland), y Flynn apareciendo en el noventa por ciento del metraje, de frente, de perfil, de espalda, planos medios luciendo palmito y primeros planos luciendo sonrisa. Añádanse decorados, vestuario y otros atrezzos, y con eso el éxito en las taquillas estaba asegurado.
Ahora bien, cuando Curtiz o Walsh ordenaban “corten”, ya era otra cosa. Fuera de los platós y de los estudios, ese australiano de Hobart se convertía en Hyde, en el diablo de su Tasmania natal. Su vida privada se ha calificado de trepidante y alocada, y en efecto lo fue. Alcohol, drogas y sexo con adolescentes ocupaban sus horas libres. Su comportamiento aporreando un piano con el pene, llegó a escandalizar a una Marilyn Monroe que, con cierta experiencia en Hollywood, no se escandalizaba fácilmente.
Os ofrecemos un video documental realizado para la televisión, en el que se desvelan algunos aspectos de esa escandalosa vida privada. Clic en la ilustración y listo. Pasadlo bien.

Próxima entrega: Raoult Walsh