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jueves, 7 de septiembre de 2017

ELEFANTES. EL ORIGEN DE UNA RAZA DE GIGANTES


Publicado en nuestro anterior blog en febrero de 2013

El elefante es el mayor mamífero terrestre viviente. Desde siempre estos singulares animales han ejercido sobre los seres humanos una especialísima atracción. Fascinan a los niños de todo el mundo, tanto al natural en los circos y los zoológicos, como en la más variopinta iconografía infantil. Son venerados por los hindúes y por muchos pueblos africanos, y ocupan un lugar de honor en el imaginario colectivo desde los fabulosos elefantes que acompañaron al cartaginés Aníbal cruzando los Pirineos y los Alpes en su aventura de conquista, hasta los valerosos y leales elefantes que sustentaban a los cazadores del tigre en las inolvidables novelas de Salgari.

¿Cuál es su origen? Para responder a esta pregunta debemos remontarnos a la era terciaria, hace unos 60 millones de años. Nos encontramos en un escenario en el que el planeta se va recuperando poco a poco del terrible cataclismo que acabó no sólo con los enormes dinosaurios, sino prácticamente con cualquier animal de más de 20 Kg. A partir de pequeños mamíferos insectívoros surgió un grupo conocido como condilartos, principalmente vegetarianos, del que descienden nada menos que seis grupos de mamíferos modernos:

  1. Ungulados: caballos, cerdos, rinocerontes, ciervos, vacas, jirafas…
  2. Tubulidentados: cerdos hormigueros.
  3. Cetáceos: ballenas y delfines.
  4. Sirenios: manatíes y dugongos.
  5. Hiracoideos: damanes.
  6. Proboscidios: elefantes.
Los tres últimos grupos (sirenios, hiracoideos y proboscidios) se conocen con el nombre común de penungulados, y parecen estar genéticamente más próximos entre sí, de manera que aunque pueda parecer paradójico, los elefantes son parientes relativamente cercanos de los pequeños damanes no mayores que un conejo y de los manatíes que habitan las aguas tropicales.

phenacodus

¿Qué aspecto tenía uno de esos condilartos, antepasados comunes de tantos mamíferos? Tomemos como ejemplo a phenacodus, quizá el más firme candidato a ancestro remoto de todos ellos. Sería del tamaño de un perro mediano y podría tener el aspecto del que aparece en la ilustración (ya sabéis que el dibujo del pelaje es una licencia fruto de la imaginación del artista). Desde luego no se parece mucho a un elefante, y mucho menos a una jirafa o un delfín, pero en sus genes atesoraba la potencialidad de evolucionar a cualquiera de ellos.

Si avanzamos hasta el eoceno, hace unos 35 o 40 millones de años, nos encontraremos al primer proboscidio (al menos el primero conocido). Era moeritherium, un herbívoro del tamaño de un cerdo grande que debía pasar mucho tiempo en el agua. Tenía las orejas pequeñas, unos colmillos visibles aunque todavía incipientes, en su mandíbula superior, y una pequeña trompa que tal vez le permitiera respirar sacándola un poco del agua mientras nadaba; algo parecido a lo que hacen los hipopótamos actuales con sus fosas nasales ligeramente elevadas.

moeritherium

Hace unos 25 millones de años, en el oligoceno, tenemos ya al primer proboscidio que a primera vista podríamos calificar de elefante. Se trata de paleomastodon, un animal ya bastante corpulento, de tamaño mayor que un hipopótamo (hasta dos metros de altura), y de muy parecidas costumbres y estilo de vida que éste. Tenía dos colmillos algo curvados hacia abajo que no eran propiamente caninos, sino incisivos modificados. Su trompa era también un poco más larga que la de moeritherium.

paleomastodon

En pleno mioceno, hace unos 15 millones de años, floreció platybelodon, uno de los más extraños habitantes de la Tierra que jamás hayan existido. Era algo más pequeño que un elefante asiático actual y debía habitar también las lagunas y zonas húmedas, donde seguramente se alimentaba de grandes nenúfares y otras plantas acuáticas parecidas, sirviéndose de su estrafalaria boca. Tenía los colmillos curvados hacia atrás, pero lo más llamativo era su mandíbula inferior, tan larga como la trompa y provista de dos formidables incisivos de forma plana. Probablemente recogería el alimento con esta especie de paletas y se ayudaría de la flexible trompa para introducirla en la boca.

platybelodon

gonphotherium
Gomphotherium vivió hacia finales del mioceno, hará entre 10 y 5 millones de años. Era muy similar en tamaño y disposición anatómica a los elefantes modernos, pero tenía una mandíbula inferior mucho más alargada, con dos colmillos apuntando hacia delante en ella, y otros dos más largos en la superior ligeramente curvados hacia abajo. Sus patas largas y su trompa más desarrollada apuntan en la dirección de un hábitat no acuático, tal vez de bosque con árboles. Probablemente su estilo de vida era similar al de sus modernos descendientes.

El siguiente de nuestros protagonistas, el colosal dinotherium, evolucionó en el plioceno, hace unos 5 millones de años, pero sobrevivió hasta hace tan solo un millón de años, en el comienzo de la era glacial. Fue un gigante de cinco metros de alzada y diez toneladas de peso. Carecía de colmillos superiores, y los inferiores le atravesaban por dos orificios la mandíbula, sobresaliendo bajo su barbilla de la curiosa manera que podéis apreciar en la imagen. Su gran tamaño y su aparato bucal lo convierten decididamente en un devorador de árboles de una eficacia demoledora. Conviene resaltar que los paleontólogos y especialistas en grandes mamíferos no consideran a dinotherium un antepasado directo de los elefantes modernos, sino miembro de una rama colateral que debió desembocar en los míticos mastodontes que desaparecieron en épocas relativamente recientes.

dinotherium

También vivió en el plioceno anancus, un proboscidio extinguido hace 1,5 millones de años aproximadamente. Tanto en su porte como en su aspecto general y en los demás detalles de su físico era muy similar a un elefante africano actual. Eso si exceptuamos un importante detalle: sus colmillos. Anancus tenía unos descomunales colmillos de más de cuatro metros de longitud. En algunos ejemplares fósiles los colmillos son mayores que el resto del cuerpo. Eran prácticamente rectos y todo indica que no habría nada que se opusiera a su empuje. Haciendo palanca con aquellos colmillos, anancus debió ser capaz de derribar los árboles más arraigados.

anancus

El siguiente salto hacia adelante nos sitúa ya en el oligoceno. En este periodo surgieron los mastodóntidos (no se trata de una única especie, sino de una extensa familia con multitud de especies). Pertenecientes como os dije más arriba, a una rama colateral de los proboscidios, los últimos mastodóntidos desaparecieron hace sólo unos 11.000 años, en plena edad del hielo. Una prehistoria relativamente reciente en la que los humanos habían hecho en ciertas regiones la transición al neolítico. No es en absoluto descartable que en lugares como América nuestra especie haya tomado parte activa en su extinción.

mastodontidos

Los mamuts poblaron las estepas y los trópicos desde el plioceno hasta hace tan solo 9.000 años. Se han descrito varias especies entre las que destacan dos principalmente:
·                     Mamut lanudo o primigenius, del tamaño de un elefante africano, pero cubierto de espeso pelaje. Lucía en lo alto de la frente un vistoso tupé lanudo, tenía las orejas relativamente pequeñas, y los colmillos muy largos y curvados. En excavaciones arqueológicas de poblados primitivos se han hallado decenas de estos colmillos formando lo que parecen estructuras o soportes de tiendas construidas con pieles, probablemente pertenecientes al mismo animal.

mamut lanudo

·                     Mamut imperial o imperator, el más grande proboscidio que haya existido jamás. Un gigante de cinco metros y medio y más de doce toneladas. Como habitaba los trópicos carecía de pelo, y tenía los colmillos tan largos y retorcidos que llegaban a entrecruzarse.

mamut imperial

De los mamuts siberianos conservados entre los hielos y el permafrost ártico se ha conseguido ADN que recientemente ha podido ser descifrado en su totalidad. De su análisis se desprende una sorprendente identidad entre los mamuts y los elefantes africanos modernos, que alcanza una coincidencia casi absoluta. Algunos especialistas aseguran que ambas especies podrían cruzarse sin ningún problema.


 Bueno, espero que este breve recorrido por la estirpe elefantina os haya hecho pasar cinco minutos de sano entretenimiento. Sólo un último mensaje. Las dos especies de elefantes actuales están en serio peligro de extinción. Se les persigue y asesina por el marfil de sus colmillos. Los humanos somos así de insaciables y crueles. Somos también desgraciadamente muy capaces de cortar de raíz una fantástica evolución de más de 50 millones de años, con esa misma estúpida indiferencia nuestra de quien incendia un bosque por fumarse un cigarrillo.

Una mañana me levanté y maté un elefante en pijama. Me pregunto cómo pudo ponerse el pijama...  Groucho Marx.