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domingo, 21 de mayo de 2017

EL NACIMIENTO DEL ALFABETO


La primera escritura fue ideográfica, es decir, se representaban directamente los objetos de que se hablaba: la luna, un gato o una espada. La gran dificultad estribaba en representar verbos o ideas abstractas. Esto se intentaba por medio de objetos concretos compuestos de las mismas consonantes, como si por ejemplo en español se dibujaran un sol y un dado para expresar soldado. Para que la multitud de signos así generados no llevara a tanta confusión, se emplearon los llamados determinativos, signos convencionales que indicaban la categoría a la que se refería la representación. De ello derivó un sistema muy complicado. Los jeroglíficos egipcios, basados en este sistema, llegaron a comprender cerca de tres mil signos, lo que en la práctica convertía la escritura y la lectura en un arte al alcance de muy pocos. Los escribas tardaban años en dominar su oficio, y tanto las personas corrientes como los miembros de la nobleza debían recurrir a ellos continuamente.

Un primer gran progreso fue el paso del sistema ideográfico al sistema acrofónico, en el que sólo se tomaba del objeto representado el primer sonido de la palabra que se deseaba expresar. Así, se dibujaba una casa en forma de tienda (en fenicio, bêth), pero sólo se leía la b; se dibujaba una cabeza humana (en fenicio resh), y se leía la r. Con este sistema, el número de signos no estaba aun limitado. El gérmen de este sistema acrofónico lo encontramos ya en los propios jeroglíficos, pero conviviendo con el sistema ideográfico anterior, lo que hace que muchos jeroglíficos resulten infinitamente más complicados de desentrañar. Y aquí es cuando entran en escena los fenicios, nuestros admirables inventores del alfabeto. En efecto, el primer alfabeto fue el fenicio. Los fenicios, que navegaban continuamente por el Mediterráneo, comerciando con sus mercancías, necesitaban un sistema tan sencillo que pudiera ser dominado por los marinos y los comerciantes para anotar sus transacciones de forma simple. De ellos lo tomaron los griegos, de quienes lo hemos recibido en occidente.


Este singularmente práctico sistema alfabético, evolucionó de forma natural del sistema acrofónico. El número de signos se redujo al mínimo, uno por cada sonido, y como consecuencia de una simplificación esquemática de la escritura, toda relación entre el signo y el objeto que se representaba al principio desapareció. Por eso es difícil reconocer en el signo B (en fenicio bêth y en griego bêta) aquella casa en forma de tienda que se ideó en un principio. También resulta difícil reconocer en el signo R (en fenicio resh y en griego rhô) la cabeza humana de los primeros tiempos.


El alfabeto fenicio, como ocurriría con el resto de los alfabetos semíticos, no poseía signos especiales para las vocales; pero en cambio tenía una multitud de signos secundarios para las aspiraciones. Los griegos utilizaron estos para sus vocales. Ese desarrollo llegó por ejemplo, a la transformación del signo de aspiración aguda hache en el de la e larga. Entre los romanos, que habían adoptado el alfabeto griego antes de esta transformación, la hache conservó su valor de aspiración aguda. Los fenicios, como todos los semitas, escribían de derecha a izquierda. Los griegos, después de algunas vacilaciones, como la fase intermedia de escritura en surcos de labor (boustrophêdón), en la cual una línea está escrita en un sentido y la siguiente en otro, adoptaron finalmente la manera de escribir propia de los indoeuropeos, de izquierda a derecha. Resulta mucho más cómodo, porque la mano de ese modo, no da sombra ni cubre lo que se va escribiendo. Por eso las letras del alfabeto grecolatino están orientadas hacia la derecha, no hacia la izquierda.


El alfabeto fenicio no proporcionó a los griegos sino las letras que van de la A a la T. Fueron añadiéndose otras según surgió la necesidad. Al mismo tiempo los griegos abandonaron otras que no les servían, por ejemplo F = vav y Q = koppa, que los romanos afortunadamente conservaron. Hasta el auge de la romanidad no se estableció el alfabeto griego completo con sus veinticuatro signos de alfa a omega. El profe Bigotini toma sus notas apresuradas en los puños de celuloide de sus camisas. En uno de ellos pudimos leer con dificultad: “recordar que hay que comprar nuevos puños de camisa”. Bueno, los grandes genios son así, amigos.


-¿Horchata se escribe con hache?
-Claro, porque sin la hache se leería horcata.