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martes, 21 de febrero de 2017

ELIZABETH BARRETT BROWNING Y EL ROMANTICISMO APASIONADO


Elizabeth Barrett Browning, que quizá sea el prototipo de poetisa romántica, nació en la localidad inglesa de Durham en 1806. Su madre era toda una dama de la nobleza británica, que descendía del rey Eduardo III, y su padre un rico plantador dueño de un importante ingenio azucarero en Jamaica. Elizabeth contrajo en la adolescencia tuberculosis, algo muy común en su tiempo, y por este motivo fue tratada como una especie de inválida durante el resto de su vida. Poetisa extraordinariamente precoz, compuso su primer trabajo notable a los catorce años, un poema épico sobre la batalla de Maratón, que su orgulloso padre hizo publicar. Y es que Elizabeth recibió una esmerada educación clásica. A pesar de que nunca se le permitió salir de casa, tomó lecciones nada menos que de Hugh Stuart Boyd, un eminente helenista ciego que le transmitió su pasión por los grandes clásicos griegos y latinos.

La joven abrazó con decisión la causa abolicionista. La ansiada libertad de los esclavos causó como uno de sus efectos colaterales una importante disminución de la riqueza de Mr. Barrett, lo que motivó que la familia abandonara su mansión campestre para instalarse en Londres. El clima y la polución londinenses agravaron la enfermedad de Elizabeth que sufrió una crisis muy severa. Consiguió no obstante, recuperarse, y continuó su trabajo poético, publicando varias obras y una traducción del Prometeo de Esquilo, que tuvo gran acogida entre los aficionados a la literatura clásica. Varios volúmenes de sus poemas se hicieron muy populares.
Uno de sus más rendidos admiradores, el también poeta Robert Browning, se enamoró de ella, cortejándola pese a la oposición de la familia. El noviazgo no pudo ser más romántico, con entrevistas furtivas y fuga incluidas. Tras una boda secreta, la pareja se trasladó a Italia. El clima italiano resultó un bálsamo para la quebrantada salud de Elizabeth. Ella y su marido encontraron también allí un motivo por el que luchar. Ambos se implicaron fervientemente en la causa de la unificación de Italia, y envueltos en la tricolor, siguieron a Garibaldi por todo el país.


Fijaron su residencia en Florencia, donde Elizabeth fue profundamente feliz. Allí entabló amistad con las poetisas británicas Isabella Blagden y Theodosia Trollope Garrow, y es que aquella Florencia de entonces debía parecer un barrio de Londres. En Florencia y en 1850 publicó la que acaso es su obra más conocida entre los lectores de lengua española, los Sonetos de la portuguesa. Un poema de tema amoroso que narra su propia historia vital, apenas disimulada por el título. Falleció once años después, en 1861. Sus restos reposan en el cementerio protestante de la capital toscana, porque, eso sí, su italianización no fue tan completa como para hacerla renegar de sus firmes convicciones reformistas. Como diría Billy Wilder, nadie es perfecto.

Elizabeth Barrett Browning está considerada como la más grande poetisa en lengua inglesa, lo que no es óbice para que una edición de la Enciclopedia Británica dijera de ella que no puede equipararse a su esposo en cuanto a la fuerza de su intelecto o altas cualidades poéticas (¡toma machismo romántico!). Aquí en Bigotini, sin meternos en charcos de quién es mejor o peor, diremos que la Barrett Browning estuvo sin duda tocada por las musas más inspiradas. La extraordinaria delicadeza de sus versos y su apuesta decidida por los oprimidos y por la libertad, la hacen acreedora a un lugar de privilegio en el Parnaso poético. Hoy os ofrecemos (clic en la ilustración) la versión digital de su poema El sí de la dama, una brevísima aunque exquisita muestra de la gran sensibilidad de su autora. Paladeadla como merece.

La libertad es un árbol que se riega con la sangre de los patriotas y de los tiranos.