
Jane
era la hermana menor de Benjamin Franklin. En una extensa familia de
diecisiete hermanos, Ben hizo el número quince y Jane el diecisiete,
era la más pequeña. No vamos ahora a descubrir la figura egregia de
Benjamin Franklin. Fue filósofo, escritor, periodista, editor,
impresor, bibliotecario, fundador del primer cuerpo de bomberos de
América, gran político (Franklin intervino en la redacción de la
Declaración de Independencia y en la de la Constitución de los
Estados Unidos), abolicionista, inventor (se le atribuyen el
pararrayos, la cocina “económica”, el humidificador, las lentes
bifocales, el catéter urinario, el cuentakilómetros, la armónica o
las aletas de nadador)... Y por supuesto fue uno de los más
eminentes científicos de su generación. A él se deben importantes
trabajos sobre la electricidad y las cargas eléctricas, o sobre las
corrientes océanicas y su influencia en el clima. Presidió la
Sociedad Filosófica estadounidense, y fue miembro de la Royal
Society británica y de la Academia de las Ciencias de París. Su
rostro aparece en los billetes de cien dólares, y es en definitiva,
uno de los principales talentos científicos e intelectuales de todos
los tiempos.

...Pero
Jane Franklin, a diferencia de Ben, era una mujer. Una mujer en pleno
siglo XVIII, hija de una familia modesta de aquella América recien
nacida. Jane se casó a los quince años. Algún biógrafo de
Benjamin apunta que probablemente se casó embarazada. Así parece
desprenderse de una carta de Ben a Jane en la que le censuraba
cariñosamente su ligereza. Su marido, Edward Mecom, era un emigrante
escocés ocho años mayor que ella, mentalmente inestable, que pasó
varios periodos de su vida encarcelado a causa de las deudas. Jane
Franklin, o Jane Mecom a partir de su matrimonio, no quería a su
marido (así lo reconoció en alguna carta a su hermano), y sin
embargo, tuvo con él nada menos que doce hijos de los cuales
sobrevivió sólo uno, algo desgraciadamente muy común en esa época.

Pues
bien, esta es la breve historia de Jane Franklin, que de haber nacido
en otro momento y otro lugar, podría haber sido una notable mujer de
ciencia. Reciba nuestro sencillo homenaje, y sirva de reflexión a
quienes leáis estas líneas.
Las
cosas que nunca han ocurrido son las que más y mejor merecen ser
recordadas.
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