Translate

miércoles, 19 de agosto de 2026

EL LIBRO DE ALEXANDRE, UN TESORO PALENTINO

 


Escrito en cuaderna vía o tetrástrofo monorrimo alejandrino, el Libro de Alexandre, con sus diez mil setecientos versos, constituye uno de los mayores monumentos de la lírica medieval europea. La obra se atribuyó a un Juan Lorenzo de Astorga, autor de una copia seguramente del siglo XIV con abundantes leonesismos. Otra copia, descubierta en París en el siglo XIX, llegó a atribuirse a Berceo por adoptar rasgos del dialecto riojano. La crítica moderna ha descartado a ambos, por lo que la obra se considera anónima. El entorno geográfico de su desconocido autor se situaría entre las provincias de Logroño y Soria, dando por seguro que debió escribir sus versos en el Estudio General de Palencia, y no descartándose que después se hubiera trasladado a París.

El asunto del Libro de Alexandre es la vida y hechos de Alejandro Magno, salpicada de otros temas y relatos como la misma guerra de Troya con la que el príncipe macedonio no tuvo ninguna relación. El argumento es el propio de una epopeya, así que se da la paradoja de ser una obra perteneciente al mester de clerecía, pero con un tema más propio del mester de juglaría. Algo así como si Frederick Chopin hubiera compuesto el himno de un equipo de fútbol.


La datación del texto es muy incierta. Se han propuesto fechas que van de 1202 a 1230, pero parece seguro que se escribió a principios del siglo XIII. El autor utilizó fuentes diversas y desde luego, muy distintas a las que han inspirado otras piezas del mester de clerecía. Se basa con seguridad en el Alexandreis de Gautier de Châtillon, un poema latino compuesto hacia 1180, e incorpora argumentos de la Historia de preliis, una adaptación medieval del Romance de Alejandro del siglo III (aquí el término romance no debe entenderse como lo hacemos nosotros, sino como equivalente a novela que suele usarse en el resto de Europa). También se aprecia influencia de Li Romans d’Alixandre, un poema épico francés del siglo XII, del Pseudo-Calístenes, o en la parte de la guerra de Troya, la Ilias latina del siglo I, una especie de resumen de La Iliada en hexámetros latinos.

Críticos como Menéndez Pidal o Joan Corominas se inclinan por el origen leonés del anónimo autor del Alexandre, destacando los rasgos dialectales de la lengua romance occidental. Müller y Emilio Alarcos se inclinan hacia un original más castellano. Todos parecen estar de acuerdo en que se trataba de un clérigo (somos los simples clérigos errados e viçiosos) muy culto como se desprende de las muchas fuentes en que apoya su relato, y perfecto conocedor del latín y del francés.

En cuanto al propósito edificante o moralizante del poema, que no podía estar ausente en ninguna obra del mester de clerecía, diremos que siendo Alejandro de Macedonia un héroe pagano, el autor del Alexandre lo trata como tal. Hay sin embargo en el personaje un punto de religiosidad precristiana. El Alexandre del poema cree en Dios con mayúscula, atribuyendo al personaje un monoteísmo que en su tiempo aún distaba mucho de ser una realidad. Exalta el autor los valores caballerescos, el coraje de los guerreros, la fidelidad a su señor natural, la piedad religiosa…, rechazando en cambio, la cobardía, la deslealtad y el pecado. Es decir, nuestro autor, hombre de su siglo al fin, relata la vida y hechos de Alejandro Magno en clave total y absolutamente medieval, del mismo modo que los grandes artistas del gótico y el prerrenacimiento visten con ropajes de su tiempo a los personajes de la edad antigua.

El interés de uno o varios poetas bajomedievales españoles por la figura histórica de Alejandro de Macedonia coincide con el de otros autores europeos de aquel tiempo, ya sean anteriores, posteriores o coetáneos a la escritura palentina del Libro de Alexandre. Cabe suponer que existiría también en nuestro suelo, como en el resto de Europa, cierta curiosidad intelectual por la narración de las hazañas de Alejandro Magno. El personaje histórico desde luego no fue indiferente a los intelectuales y los poetas. También Alejandro suscitó controversia. Dante lo admiraba profundamente, mientras que Petrarca aseguraba detestarlo.

Según Francisco Marcos Marín, en nuestro castellano (o leonés) Libro de Alexandre aparecen tres aspectos bien diferenciados del héroe: el primero es por supuesto, el modelo de héroe guerrero, de caballero, lo que convierte al poema, a pesar de tratarse de un preclaro ejemplo de mester de clerecía, en un clarísimo precursor de las novelas y libros de caballerías que harán furor entre lectores y oyentes en los siglos siguientes. Sólo el aspecto amoroso del héroe falla en este modelo caballeresco. Quizá esta carencia deba atribuirse a la escasez de material biográfico con que se contaba sobre un personaje tan lejano ya en lo cronológico, o más probablemente el autor o los autores del Alexandre palentino, en definitiva clericii, no consideraron apropiado ni moral penetrar ese resbaladizo terreno de lo erótico, que en los libros de caballerías de la novelística prerrenacentista y renacentista iban a ser elemento fundamental de las tramas y argumentos.

Sin embargo, existían antecedentes de sobra para componer una historia erótica de Alejandro, y sobre todo de su maestro Aristóteles. Durante la Edad Media y el Renacimiento se popularizó la historia de los amores de Aristóteles y Filis, hoy caída en el olvido, pero muy arraigada en la Europa medieval. Según esta tradición impía, Filis era una bellísima cortesana por la que se sentía atraído Alejandro de Macedonia aun adolescente. Su preceptor Aristóteles, queriendo alejarle del mal camino, amonestó al muchacho con elocuentes razones y le previno contra la mala influencia de las mujeres. Debió ser muy persuasivo, porque Alejandro le obedeció, y se apartó de la tentación. La despechada Filis, que era mujer de recursos, se propuso vengarse del maestro. Para ello utilizó sus infalibles armas de seducción. Dispuso las cosas de manera que Aristóteles pudiera contemplarla en un jardín, bailando lúbricamente y practicando “ciertas deshonestidades”. El preceptor-voyeur, cautivado por sus encantos, solicitó sus favores, y ella accedió sólo a cambio de que el grave Aristóteles, el sabio eminente y varón ejemplar, fuera su montura. En efecto, Filis ensilló al viejo maestro, le puso un bocado de hierro, y fue su cruel amazona fustigándole sin piedad. He aquí un precedente de Sacher Masoch y del bondage más pecaminoso. Semejante cuento rijoso circuló por los monasterios y cenobios de Europa entera, y si en el refectorio debió ser motivo de risitas y cuchicheos, en el scriptorium lo fue de versos satíricos y hasta de ilustraciones escasamente honestas. La fábula sirvió de inspiración a infinidad de artistas plásticos. Pinturas, grabados, esculturas y arte mueble (relieves de sillería) reprodujeron al pobre Aristóteles a cuatro patas con Filis a cuestas. Además de infinidad de miniaturas policromadas sobre pergamino, obras de artistas como Albert Durero, Pieter Brueghel o Hans Holbein, dan fiel testimonio de la popularidad que llegó a alcanzar el cuento.

El segundo aspecto es el modelo didáctico y moral. Alejandro de Macedonia es además de héroe guerrero y epígono caballeresco, un joven ansioso de conocimientos al que instruyó su maestro Aristóteles. El Libro de Alexandre castellano-leonés ofrece una continua actitud educativa y moralizante que incluye prolijos episodios de consejos de Aristóteles a su joven alumno. La tradición hispánica de libros del género espejo de príncipes, del que la obra del infante don Juan Manuel El conde Lucanor, puede ser el principal pero de ninguna manera el único ejemplo, se nutre además de en la literatura sapiencial orientalizante, en un buen número de anécdotas alejandrinas contenidas muchas de ellas en el Alexandre palentino.

Un tercer aspecto es el del Alejandro curioso, investigador y viajero. Enlaza con la literatura didáctica alejandrina, con la Epístola de Aristóteles, y se plasma en episodios fantásticos que entroncan con los libros de viajes europeos y con las relaciones de países lejanos procedentes del mundo literario musulmán. Finalmente, el autor o los autores del Alexandre no pueden obviar el barniz moralizante imprescindible en toda obra de su época. Alejandro, conquistador y dominador de pueblos y extensos territorios, sucumbirá y volverá al polvo como cualquier mortal, será enterrado en una modesta sepultura: 

Alexandre, que era rëy de grant poder,

que en mares nin tierra non podíe caber,

en una foya hovo en cabo a caer

que non pudo de término doze piedes tener.

Os dejamos el enlace con la versión digital de la obra. Procede de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes y su edición está a cargo de Francisco Marcos Marín. 

https://www.dropbox.com/home/Profesor%20Bigotini?preview=Libro+de+Alexandre.pdf

 


 


No hay comentarios:

Publicar un comentario