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jueves, 18 de abril de 2019

CHICOS, CHICAS, HORMONAS Y DESARROLLO EMBRIONARIO



En el núcleo de todas y cada una de las células de todos los organismos vivos hay un número determinado de cromosomas agrupados por parejas. Como nosotros no somos una excepción, en el interior de nuestras células hay concretamente 46 cromosomas. De ellas, 22 parejas son los llamados cromosomas autosómicos y una pareja son los cromosomas sexuales, XX en el caso de las mujeres y XY en el caso de los varones.
Pero esto no ocurre en todas las células. Excepcionalmente los gametos (óvulos en las hembras y espermatozoides en los machos) contienen sólo la mitad de cromosomas, 23. De ellos 22 son autosomas y hay un único cromosoma sexual que en el óvulo siempre será el cromosoma X, y en el espermatozoide podrá ser X o Y. En función de cuál sea el espermatozoide que consiga fertilizar el óvulo, el hijo que resulte de la unión será XY o XX, macho o hembra, niño o niña en nuestra especie, con una probabilidad del 50%

Los genes contenidos en los cromosomas son quienes poseen las instrucciones para construir al nuevo ser vivo, y esto es igualmente válido para producir la diferenciación sexual durante el desarrollo tanto embrionario como posterior. Pero atención, porque quienes en última instancia dirigirán la diferenciación sexual van a ser las hormonas, responsables definitivas de las órdenes químicas necesarias para producir los cambios. Si durante los primeros días de la gestación a un embrión de rata hembra (XX) se le inyecta testosterona, la rata nacerá con genitales ambiguos y comportamiento masculino. Si la inyección de testosterona se produce más avanzada la gestación, nacerá hembra pero intentará montar a otras hembras. Finalmente, si se inyecta testosterona a una rata adulta, su comportamiento se hará más agresivo, pero continuará siendo hembra y no modificará sus preferencias sexuales.


Durante el desarrollo embrionario, hacia la cuarta semana de embarazo en la región anogenital se forma el orificio de la cloaca, con un tubérculo genital arriba, la uretra por dentro y una especie de hinchazón alrededor. A las seis semanas se cierra una zona en el centro de la cloaca, separando dos orificios que darán lugar al ano y a los genitales. Dentro de la zona genital hay dos conductos conectados a las gónadas que se convertirán en ovarios o en testículos. Pero hasta ese momento (véase la ilustración), la estructura es exactamente la misma para futuros niños o niñas.
La verdadera diferenciación comienza en este punto, a partir de la sexta semana. El gen SRY contenido en el cromosoma Y, induce la liberación de una hormona, la hormona antimulleriana o AMH, asi llamada porque impide la formación de los conductos de Muller femeninos, forzando que las gónadas se conviertan en testículos. Si el embrión es XX no hay liberación de AMH, y las gónadas y los conductos se desarrollarán como ovarios y trompas de Falopio.


El verdadero inicio de la masculinización del embrión XY comienza en la octava semana, cuando los testículos que aun no han descendido, inician la segregación de testosterona. Eso hace que desciendan a la vez que aumentan su tamaño, y se sitúan en la zona inflamada alrededor de la cloaca, que se convierte en escroto. En caso de que no haya testosterona (XX), esa misma piel formará los labios vaginales.
Otro efecto de la testosterona será que el tubérculo genital situado encima de la cloaca, crecerá hacia fuera, cerrando la cloaca y llevándose la uretra hasta formar un pene con su glande en el extremo y sus dos cuerpos cavernosos a los lados que en el futuro al llenarse de sangre, producirán la erección. En caso de XX, no habrá liberación de testosterona; ocurrirá lo mismo pero con menor tamaño y sin proyección al exterior. La cloaca se mantendrá abierta, formando la vagina y el útero, y el “pene interno” sólo dejará asomar al exterior su pequeño glande, que se convertirá en clítoris. Los dos brazos laterales del clítoris quedarán en forma de V a los lados de la vagina, hinchándose con sangre en el momento de la excitación.


Véase pues que en realidad los genitales externos de hombres y mujeres son muy parecidos y tienen idéntico origen embrionario. El clítoris es idéntico al pene. El glande masculino es la cabeza del clítoris femenino, y posee las mismas muy numerosas terminaciones nerviosas sensitivas, sólo que en el caso femenino se encuentran concentradas en un espacio mucho más reducido. Algunos sexólogos consideran que los orgasmos vaginales son en realidad clitoridianos, porque lo que logra la penetración es estimular las estructuras internas del clítoris. Dicho de forma simple, la estimulación clitoridiana sería como si al hombre le acariciaran solo el glande, y la vaginal equivaldría a estimular el cuerpo del pene.
Aparte de esta innegable identidad genital, conviene resaltar que en los humanos, lo mismo que en el resto de los mamíferos y en buena parte de las aves, los embriones, todos los embriones, son por defecto hembras. El agente de la masculinización a partir de la sexta semana en nuestro caso, es la testosterona que pone en marcha y desencadena los cambios que acabamos de describir.

-Cariño, estoy en la ducha. Por favor, tráeme champú.
-Pero Manolo, si lo tienes allí.
-Sí, pero no sirve. Pone que es para cabello seco, y yo lo tengo mojado.



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