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martes, 17 de octubre de 2017

CINCO LOBITOS


Los tuvo la loba, sí. Pero lo más curioso es que también los tuvieron el pingüino, la pantera, la rana, el cocodrilo y el orangután. En efecto. Todos los tetrápodos terrestres sin excepción, tienen cuatro patas (por eso los llamamos tetrápodos) y cinco dedos en cada una de ellas.
Es verdad que algunos han experimentado adaptaciones, como en el caso paradigmático de los caballos, cuyas pezuñas se apoyan en un solo dedo central. Pero ahí está la colección fósil de équidos extintos, para demostrar que fueron evolucionando a partir de un remoto antepasado de cinco dedos. O como las ballenas y otros cetáceos, cuya adaptación al medio acuático les ha llevado a perder las extremidades posteriores, convertidas en meros restos vestigiales. Sin embargo, conservan las anteriores reconvertidas en aletas, pero eso sí, con sus cinco dedos reglamentarios. O incluso como los ofidios, cuyas extremidades se han ido atrofiando para terminar por desaparecer por completo.


Lo de las cuatro patas parece muy lógico. La principal característica anatómica tanto de los tetrápodos (anfibios, reptiles, aves y mamíferos), como de sus (nuestros) antepasados los peces, es la simetría bilateral. Pues bien, con ese tipo de simetría, lo natural al abandonar el agua, y deambular por el terreno seco sin arrastrarse, es sustentarse sobre cuatro extremidades. Otra cosa muy diferente es el asunto de los cinco dedos. Podríamos preguntar ¿por qué cinco?, ¿por qué no cuatro o siete? Bien, no puede haber respuesta, o al menos no una respuesta razonada. La única ajustada a la verdad es que todos los tetrápodos tenemos cinco dedos, porque todos sin excepción procedemos de un antepasado común, un tetrápodo primitivo, que tenía cinco dedos precisamente, y no cuatro ni siete.
¿Quién era este antepasado común? El que parece contar con más probabilidades es el ichthyostega, un anfibio pulmonado de cuatro patas que debía pasar mucho tiempo en el agua, y que vivió hace unos 385 millones de años. Aquí tenéis una ilustración muy hermosa.


 Lo del color de la piel y las manchitas no es más que una licencia del dibujante. Lo cierto es que ichthyostega probablemente no fue una única especie, sino todo un género del que en su época habría varias especies distintas, como lo prueba la variedad de tamaños y sobre todo la abundancia de restos fosilizados. En aquel tiempo otros muchos tetrápodos comenzaron a colonizar la tierra firme. Los había de ocho dedos, de cuatro, de nueve, de seis… Pero sólo nuestro amigo tenía precisamente cinco dedos. Por eso, mientras no aparezca en el registro fósil otro candidato mejor, ichthyostega se postula como nuestro verdadero y genuino abuelo del periodo devónico.


El número cinco tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Para los dibujantes de todas las épocas ha sido un pequeño fastidio. Preguntad a cualquier artista acostumbrado a reproducir la figura humana, y os confirmará lo difícil que se hace dibujar manos con cinco dedos. El motivo es que resultan visualmente muy “pesadas”, cinco parecen demasiados dedos para una sola mano. Este pequeño problema ha sido resuelto con gran ingenio por los dibujantes de comic y series de animación. Ellos optaron hace ya muchos años por dibujar personajes de solo cuatro dedos, y todos nos hemos acostumbrado a verlos con toda naturalidad.
También están aquellos a los que cinco dedos les parecen pocos. El panda gigante ha desarrollado un sexto dedo que le sirve de pulgar para oponer a los otros cinco y poder sujetar eficazmente los brotes de bambú mientras come. En realidad no se trata de un verdadero dedo, sino de un pequeño hueso del carpo curvado como un gancho. Imaginad un concertista de piano con siete u ocho dedos en cada mano. Sería un intérprete espectacular. Sin embargo, políticos o banqueros con dedos supernumerarios, resultarían un auténtico desastre para las arcas públicas…


Los cinco dedos también nos han legado alguna otra herencia. Son los responsables de que utilicemos el sistema numérico decimal, precisamente por los diez dedos, cinco más cinco. La representación numérica primitiva en toda el área mediterránea deriva de contar con los dedos: I, II, III, IIII… El número cinco se representaba mediante el signo “V”, que evoca la mano abierta. Descender de un tetrápodo de seis dedos probablemente nos habría conducido a utilizar un sistema de cálculo sexagesimal, en el que la docena y la sesentena serían referencias fundamentales. Quizá en ese caso jamás se habría inventado el cero (un invento vital y maravilloso para el desarrollo de las ciencias). ¿Existirían con seis dedos los ordenadores? Esta y otras semejantes no son más que elucubraciones que no conducen a ninguna parte, sin embargo, dirigen nuestras mentes a laberintos imaginativos y fantásticos. Pensad en ello…

Un político debe ser capaz de predecir lo que va a ocurrir... y de explicar después por qué no ocurrió lo que predijo. Winston Churchill.