
Es
verdad que algunos han experimentado adaptaciones, como en el caso
paradigmático de los caballos, cuyas pezuñas se apoyan en un solo dedo central.
Pero ahí está la colección fósil de équidos extintos, para demostrar que fueron
evolucionando a partir de un remoto antepasado de cinco dedos. O como las
ballenas y otros cetáceos, cuya adaptación al medio acuático les ha llevado a
perder las extremidades posteriores, convertidas en meros restos vestigiales.
Sin embargo, conservan las anteriores reconvertidas en aletas, pero eso sí, con
sus cinco dedos reglamentarios. O incluso como los ofidios, cuyas extremidades
se han ido atrofiando para terminar por desaparecer por completo.

¿Quién
era este antepasado común? El que parece contar con más probabilidades es el ichthyostega, un anfibio
pulmonado de cuatro patas que debía pasar mucho tiempo en el agua, y que vivió
hace unos 385 millones de años. Aquí tenéis una ilustración muy hermosa.
Lo
del color de la piel y las manchitas no es más que una licencia del dibujante.
Lo cierto es que ichthyostega probablemente no fue una única
especie, sino todo un género del que en su época habría varias especies
distintas, como lo prueba la variedad de tamaños y sobre todo la abundancia de
restos fosilizados. En aquel tiempo otros muchos tetrápodos comenzaron a
colonizar la tierra firme. Los había de ocho dedos, de cuatro, de nueve, de
seis… Pero sólo nuestro amigo tenía precisamente cinco dedos. Por eso, mientras
no aparezca en el registro fósil otro candidato mejor, ichthyostega se postula como nuestro verdadero y
genuino abuelo del periodo devónico.

También
están aquellos a los que cinco dedos les parecen pocos. El panda gigante ha desarrollado un sexto dedo que le
sirve de pulgar para oponer a los otros cinco y poder sujetar eficazmente los
brotes de bambú mientras come. En realidad no se trata de un verdadero dedo,
sino de un pequeño hueso del carpo curvado como un gancho. Imaginad un
concertista de piano con siete u ocho dedos en cada mano. Sería un intérprete
espectacular. Sin embargo, políticos o banqueros con dedos supernumerarios,
resultarían un auténtico desastre para las arcas públicas…
Los
cinco dedos también nos han legado alguna otra herencia. Son los responsables
de que utilicemos el sistema numérico decimal, precisamente por los diez dedos,
cinco más cinco. La representación numérica primitiva en toda el área
mediterránea deriva de contar con los dedos: I, II, III, IIII… El número cinco
se representaba mediante el signo “V”, que evoca la mano abierta. Descender de
un tetrápodo de seis dedos probablemente nos habría conducido a utilizar un
sistema de cálculo sexagesimal, en el que la docena y la sesentena serían
referencias fundamentales. Quizá en ese caso jamás se habría inventado el cero
(un invento vital y maravilloso para el desarrollo de las ciencias). ¿Existirían
con seis dedos los ordenadores? Esta y otras semejantes no son más que
elucubraciones que no conducen a ninguna parte, sin embargo, dirigen nuestras
mentes a laberintos imaginativos y fantásticos. Pensad en ello…
Un político debe ser capaz
de predecir lo que va a ocurrir... y de explicar después por qué no ocurrió lo
que predijo. Winston Churchill.
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