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domingo, 19 de abril de 2026

LUIS VÉLEZ DE GUEVARA Y SU GENIAL NOVELA DE LA OTRA VIDA

 


El bachiller Luis Vélez de Guevara fue un ecijano nacido en 1579 en el seno de una familia de mediano pasar de lejana ascendencia conversa. Estudió con los jesuitas de su Écija natal, fue paje del arzobispo de Sevilla, Rodrigo de Castro, y marchó como soldado a Italia, donde participó en las campañas de Saboya, Milán y Nápoles. También estuvo en la jornada de Argel, en las galeras napolitanas al mando del almirante genovés Andrea Doria. Al volver a España residió en Sevilla y en las cortes de Valladolid y Madrid, al servicio del conde de Saldaña, hijo del duque de Lerma, todopoderoso valido de Felipe III.

Se le conocen al menos tres esposas legítimas, Úrsula Remesyl, Ana María del Valle y María López de Palacios. Tuvo además varias amantes y un número indeterminado de hijos, pero en todo caso muy elevado, por lo que a pesar de que ganó dineros con sus comedias, pasó gran parte de su vida agobiado por las deudas.


Existe controversia sobre un posible cuarto matrimonio y por su cambio de apellidos, que en un principio eran Vélez de Santander, y mudó por Vélez de Guevara. Justificó la mudanza por honrar a un antepasado Guevara que se distinguió en la conquista de Jerez de la Frontera en tiempos de Alfonso X, pero parece más plausible que lo hiciera para ocultar sus orígenes judaicos, pues un pariente llamado Luis de Santander fue quemado en Écija por judaizar en 1554. Por parecidos motivos debió también cambiar el apellido Remesyl de su primera esposa por los más hidalgos Bravo de Laguna. Desde nuestra óptica neomilenaria todas éstas mudanzas y trueques nos pueden sonar a ínfulas y vanidades, pero no se engañe el lector, porque en el siglo XVI de éstos y otros parecidos manejos dependía seguir comiendo caliente y a veces hasta la misma supervivencia.


En cuanto a la obra literaria de Vélez, lo más importante de su producción fueron las comedias, de las que se dice que llegó a escribir cuatrocientas, y hasta nosotros han llegado aproximadamente un centenar. El Vélez de Guevara dramaturgo cosechó grandes éxitos en su momento, representándose sus comedias no sólo en la corte, sino también en otras ciudades y provincias, lo que estaba al alcance de muy pocos. Encontramos alabanzas de su trabajo y de su persona en ingenios tan ilustres como Miguel de Cervantes, Bernardo de Quirós, Lope de Vega, Andrés de Claramonte, Francisco de Quevedo o Juan Pérez de Montalbán. Cervantes dice de Vélez como persona que tiene lustre, alegría y discreción de trato. Quevedo y Lope no le escatiman elogios. Montalbán por su parte dice que Vélez de Guevara… había escrito más de cuatrocientas comedias, y todas ellas de pensamientos sutiles, arrojamientos poéticos y versos excelentísimos y bizarros, en que no admite comparación su valiente espíritu.

En su época Vélez llegó a rivalizar con Lope y Calderón por el cetro del teatro español. Como poeta cabe etiquetar sus versos en el estilo y el ámbito del conceptismo, como los de Góngora o Quevedo. Algunas de sus comedias más exitosas fueron La serrana de la Vera, de 1613, obra que dedicó a la representanta Jusepa Vaca de sobrenombre la Gallarda, actriz con la que mantuvo un idilio extramatrimonial; La luna de la sierra, de 1614; El diablo está en Cantillana, de 1620; Los novios de Hornachuelos, del mismo año; o Reinar después de morir, de 1635. Tocó todos los registros teatrales, desde las comedias de enredo a los dramas históricos. Tanto Lope como Calderón versionaron con su licencia alguna de sus comedias. La crítica moderna alaba sobre todo la precisión de sus indicaciones escénicas, que aparecen entre paréntesis al margen de los parlamentos de los actores. En alguna comedia sacó a los representantes del escenario para ponerlos en el corral, lo que hoy llamamos el patio de butacas, y en fin Vélez fue un auténtico innovador de la escena.


Parte de la culpa de que actualmente esté un poco olvidado como autor dramático, la tiene precisamente su novela El diablo Cojuelo, cuya gracia y originalidad llegó a eclipsar el resto de su producción literaria. El diablo Cojuelo se publicó por primera vez en 1641. Tuvo después innumerables ediciones, traducciones y adaptaciones. El hispanista George Ticknor la califica como la más picante y animada entre todas las sátiras en prosa de la literatura moderna.

El argumento de la novela, una admirable fantasía, lo ha resumido admirablemente Alonso Zamora Vicente:

 

Novela picaresco-satírica, original de Luis Vélez de Guevara (1579-1644), publicada en Madrid, 1641. En ella, un estudiante, don Cleofás Pérez Zam­bullo, escapando de la justicia por los te­jados de la corte, a causa de una aventura con su amada, doña Tomasa de Vitigudino, va a caer en la buhardilla de un astró­logo.

Allí está la redoma mágica que en­cierra al diablillo cojo. Cleofás lo libera y el diablo, agradecido, le lleva, volando, a lo alto de la torre de San Salvador, la más alta de Madrid, desde donde, levantando la tapadera de los tejados, le muestra la realidad de la vida. Allí se ve al lindo que duerme con las guedejas trenzadas, alqui­mistas, bodegoneros, médicos, todos afana­dos en sus trampas. También se ve a doña Tomasa, que en aquellos momentos recibe a otro amante. Al amanecer, ven el mani­comio, visita llena de observaciones de aguda comicidad. El Cojuelo lleva al estu­diante por el aire a varias ciudades de Es­paña.

En Toledo, don Cleofás espera el re­greso del Diablo Cojuelo, quien hace una rápida excursión hasta Constantinopla, a fin de alborotar el serrallo. Después visitan Córdoba, Écija (patria chica de Luis Vélez de Guevara) y Sevilla. En Écija, a causa de traer unas varas de justicia les toman por autoridades, y la justicia de Écija les ofrece sus respetos. (Gran elogio de la ciudad). Entre tanto, Satanás ha mandado al diablo Cienllamas para que capture al Cojuelo, pero el tal mensajero se equivoca y, confundido, toma a un mendigo profe­sional (al que también llaman Cojuelo) por el Diablo que ha de capturar.

En Se­villa, por medio de un espejo mágico, el estudiante puede ver reflejada la calle Ma­yor de Madrid, con su pintoresco desfile de coches, literas, jinetes, damas, etc. Tam­bién asisten en Sevilla a una academia poética o reunión literaria, donde Cleofás lee unas Premáticas, en las que se precep­túa, entre otras cosas, que los poetas escri­ban de manera que se entienda, y que no hablen mal de los demás poetas más que dos veces a la semana, o que no se cante más al ave Fénix por sospechosa de sangre, ya que no tiene «abuelo que no haya sido quemado». En los artículos dirigidos a los poetas cultos se leen interesantes notas sobre el léxico poético. A estas alturas del diablesco viaje, doña Tomasa llega a Se­villa y logra hacer que un soldado que la acompaña detenga al estudiante y al Cojuelo, pero éste soborna al alguacil.

Doña Tomasa se marcha a Indias con el soldado, el estudiante regresa a Alcalá a terminar sus estudios y el Cojuelo, metién­dose por la boca en un escribano (el me­jor refugio que pudo hallar), va al infierno. Este es, a grandes rasgos, el argumento de la novela. Está dividida en trancos, que equivalen a capítulos. Más que una novela picaresca es una sátira de la sociedad, cuya idea fundamental podemos encontrar en Los sueños de Quevedo. El recurso de levantar los tejados «como hojaldrado» pue­de haber salido de Los antojos de mejor vista, de Rodrigo Fernández de Ribera, libro publicado en Sevilla hacia 1625, don­de el Desengaño enseña, desde lo alto de la Giralda, la vida real de la ciudad con tintes análogos.

En el tranco IV figura un poetón desmesurado que puede tener sus claros hermanos en el Coloquio de los perros cervantino o en el Buscón de Que­vedo. También hay un ascendiente queve­desco (La hora de todos) en la pelea de franceses, italianos y alemanes del tranco quinto. En muchas ocasiones, Cervantes y Quevedo son los modelos claros de Vélez. Aparte de la realidad libresca del Cojuelo, es abundantísimo el caudal de noticias, chas­carrillos, dichos, tradiciones locales anda­luzas, etc., que encierra. Son copiosos los juegos de palabras, las metáforas desorbita­das, los refranes y citas burlescamente con­trahechos. Su lectura es mucho más suges­tiva por la gimnasia permanente y graciosa del idioma que por el interés de los episo­dios en sí. En francés, Lesage hizo un arre­glo libre del libro de Vélez, donde pres­cindió de mucho español y añadió mucho de francés, mezcla poco afortunada. Fue traducido muy pronto al italiano y al por­tugués.


El diablo Cojuelo es por su despiadada sátira social, asimilable a la novela picaresca, aunque carece de algunos de los elementos principales del género como el autobiografismo o el paso por el servicio a varios amos. Se acerca también a la sátira lucianesca de las costumbres, pareciéndose en eso al Asno de oro, a los Sueños de Quevedo o a Los anteojos de mejor vista de Rodrigo Fernández de Ribera. Vélez ataca y ridiculiza la hipocresía y los vicios de la nobleza madrileña y andaluza. Es según original definición de su autor, novela de la otra vida, y lo es no sólo por su argumento fantástico e infernal, sino porque satiriza con singular gracia la otra vida oculta de las gentes de su tiempo. Sin embargo, el autor se modera un poco en el tranco V, ya al final de la novela, acaso por ser consciente de haberse pasado de la raya en la primera parte. En el final, Vélez introduce alabanzas y loas de sus amigos y protectores.

Es novela de estilo acusadamente conceptista, tanto que a veces cuesta entender algunos párrafos en los que el autor se deja llevar por retruécanos, elipsis, dobles sentidos y juegos de palabras. Compite en eso Vélez con Quevedo, y hasta le supera en algunos párrafos que resultan en prolijas y divertidas relaciones de disparates grotescos. Vélez de Guevara es quizá por encima de todo, un humorista que no desperdicia ocasión de introducir un chiste, una burla o un chascarrillo.

 

No puedo dejar de hallar cierto paralelismo entre El Lazarillo de Tormes, novela inaugural y piedra de toque del género picaresco, y El diablo Cojuelo. Lázaro protesta y reniega continuamente de una sociedad injusta e hipócrita, para rendirse finalmente y aceptar ser marido cornudo a cambio de un modesto empleo y comida en el plato. Una visión fatalista de la sociedad y de la misma existencia que veremos corregida y aumentada en el Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán, y en La Vida del buscón de Francisco de Quevedo. Vélez por su parte, satiriza, parodia y zahiere a unos personajes regentes de la sociedad a los que muestra como sabandijas humanas, para pisar el freno al final de su novela, dorando la píldora a quienes le protegen y favorecen.

El lector moderno debe comprender que ninguno de los autores citados (ni siquiera el del Lazarillo escudándose en su anonimato) está en condiciones de levantarse y luchar en solitario contra el mundo entero. Un mundo que por muy podrido que estuviera, era el mundo en que les tocó vivir y en el que se veían obligados a transigir con muchas cosas si querían llenar el puchero. Una mera cuestión de supervivencia. Un Bertolt Brecht o un Miguel Hernández, pongo por caso, pueden denunciar el crimen y cantar a la libertad con ardor revolucionario, porque viven en un mundo, también podrido, sí, pero que ya ha vivido una toma de la Bastilla y una declaración de los derechos del hombre y del ciudadano.

En fin, nuestra variopinta biblioteca Bigotini os brinda el acceso a la versión digital de la inmortal novela de Luis Vélez de Guevara. Haced, si os place, clic en este enlace:

https://www.dropbox.com/home/Profesor%20Bigotini?preview=El+diablo+cojuelo.pdf

-¿Eres demonio plebeyo, o de los de nombre?

-Y de gran nombre –le repitió el vidrio endemoniado-, y el más celebrado en entrambos mundos.


miércoles, 15 de abril de 2026

RIESGO BIOLÓGICO EN EL TRABAJO. CUANDO LOS MICROBIOS VAN A LA OFICINA

 


El riesgo biológico demasiado a menudo es el gran ausente en los planes de prevención y las evaluaciones de riesgo. Es este un olvido común que no sólo afecta al público en general, sino que en ocasiones tienen también algunos profesionales de la prevención. De forma un tanto apresurada, se suele considerar que el riesgo de contraer enfermedades infecciosas en el trabajo queda limitado a determinadas actividades muy específicas en laboratorios donde se manipulan microorganismos. Nada más lejos de la verdad. La práctica cotidiana nos enseña que existen gran variedad de actividades y tareas donde este riesgo está presente de forma reiterada y tenaz.

Entre los profesionales expuestos con mayor frecuencia a los agentes biológicos cabe destacar en primer lugar al personal sanitario en cualquiera de sus especialidades. Los microorganismos que de manera fundamental suelen estar implicados en la exposición biológica en centros y establecimientos sanitarios son por orden de importancia:


§     Virus de la inmunodeficiencia humana (VIH).

§     Virus de las hepatitis B y C.

§     Herpesvirus.

§     Virus de la rubéola.

§     Mycobacterium tuberculosis.

 Una forma de contacto en ocasiones olvidada es la que afecta al personal de laboratorios biológicos y clínicos expuesto a conjuntivitis transmitidas a través de los visores de los microscopios. En el sector agropecuario, veterinarios, actividades con animales y sus productos e industrias afines se registran a menudo procesos tales como:

§     Bronquitis crónicas y enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC).

§     Asma bronquial.

§     Neumonitis.

§     Micosis (que son especialmente frecuentes en las queserías).

También está expuesto al riesgo el personal de museos y bibliotecas, así como los anticuarios y restauradores de arte y antigüedades, fundamentalmente por micosis y otras infecciones causadas por la inhalación de los ácaros del polvo. Por último es imprescindible incluir entre los expuestos al riesgo biológico a los profesionales que trabajan atendiendo al público sobre todo si lo hacen en establecimientos o recintos cerrados. Cabe citar entre otros a maestros y educadores, auxiliares de guarderías y residencias, sin olvidar a conductores y otros trabajadores de transportes y servicios públicos. Recordemos a este respecto el reciente post sobre la gripe.


La prevención del riesgo biológico se sustenta en dos pilares fundamentales:

1.          Formación. El conocimiento de las bases de la epidemiología y de los mecanismos de transmisión de las enfermedades infecciosas, constituye el arma más eficaz para desarrollar hábitos higiénicos y estrategias preventivas adecuadas entre los profesionales expuestos.

2.          Son esenciales las exploraciones médicas previas a la incorporación al trabajo y posteriormente periódicas. Deben aplicarse los protocolos indicados para detectar estos procesos, en función de los riesgos específicos a que estén sometidos en cada caso.


Dictadura: sistema de gobierno en el que todo lo que no está prohibido es obligatorio.  Enrique Jardiel Poncela.


domingo, 12 de abril de 2026

CIENCIA Y SIMBOLOGÍA. LA ESTRELLA PENTAGONAL

 


Parece curioso analizado con cierta distancia, el fenómeno de las numerosas representaciones de las estrellas a lo largo de la historia, como figuras pentagonales y habitualmente de cinco puntas. Por qué razón las estrellas que la humanidad ha observado en el firmamento desde muy antiguo, acabaron siempre viéndose representadas mediante pentágonos estrellados, es cuestión bien interesante. Si aplicamos el sentido común, quizá habría que achacarlo al centelleo que percibimos al mirar las estrellas debido a la variación de densidad del aire y a otros fenómenos atmosféricos. En cualquier caso, poco ha cambiado este conjunto de circunstancias desde los primeros tiempos en que nuestros antepasados comenzaron a escrutar el cielo nocturno con intención de descifrar los significados ocultos de aquellas luminarias que brillaban como antorchas en la inabarcable negrura del firmamento.


Las representaciones de estrellas en forma de pentágonos estrellados son muy antiguas. Pueden hallarse ya en tablillas mesopotámicas, en jeroglíficos egipcios, y hasta en diversos ejemplos del arte precolombino mesoamericano.

Pentalfa es el nombre que recibe el símbolo de la estrella pentagonal, llamada también estrella pitagórica, que servía al fin de identificar a los miembros de la sociedad secreta que se estableció en torno a Pitágoras y sus doctrinas gnósticas. Para aquellos adeptos, la péntada, es decir, el número cinco en sus diferentes formas y representaciones, simbolizaba el número de la armonía universal, la armonía en la salud y la belleza, y también, claro está, en el universo del conocimiento, de la búsqueda de la verdad más allá de lo obvio, tal como la ha definido algún semiólogo moderno.


El cinco es la equilibrada combinación del dos, el primer número par o díada, y el tres, la tríada o primer impar completo. el príncipe Matila Ghyka, escritor y profesor de estética rumano, señala que el pentalfa o pentagrama es a la vez el símbolo del Amor creador y el de la Belleza viva, del equilibrio en la salud del cuerpo humano. Podría añadirse por extensión, que lo es también del hombre, del ser humano. Así lo interpreta y lo plasma Leonardo da Vinci en su archirreproducido hombre de Vitruvio. Ghyka, en varias de sus obras desarrolla la relación de la estrella pentagonal con la proporción áurea y con la sucesión de Fibonacci. En el pentágono invertido que forma en su centro la estrella, puede dibujarse otra estrella haciendo coincidir sus puntas con los ángulos del pentágono. Dentro de la segunda estrella puede trazarse una tercera, y así sucesivamente hasta el infinito, siguiendo siempre la proporción áurea.

Tiene el pentalfa una dilatada historia como símbolo de sociedades secretas. Figura en el anagrama rosacruz, y muy frecuentemente en los de las logias masónicas. Ahí está el tetragrámatron o pentagrama esotérico. El apelativo de pentalfa se debe a que las cinco puntas, los cinco vértices de la estrella dibujan cinco letras A, alfa en griego. También a veces se le denomina pentángulo, por poseer cinco ángulos agudos. Se han desarrollado las ecuaciones que corresponden a su específica geometría.



En nuestro mundo visual, la estrella pentagonal es una figura extraordinariamente común. La encontramos a nuestro alrededor como representación gráfica de los más dispares significados. Aparece en el paseo de la Fama de Los Ángeles como atributo de las estrellas de Hollywood. Es a la vez, símbolo de muchos partidos revolucionarios, representando sus cinco vértices a los cinco continentes, y expresando así la vocación internacionalista de los movimientos que las exhiben como símbolos. En combinación con el color rojo, simboliza el sufrimiento de los oprimidos en su lucha por la emancipación, y la sangre que se derrama para conseguirla. Es protagonista también de numerosas banderas nacionales, tanto de estados de ideología revolucionaria, como de religión musulmana. En el Islam, la estrella pentagonal representa los cinco pilares o los cinco mandamientos fundamentales de los creyentes. Curiosamente, también en la bandera estadounidense se representa a cada estado mediante una estrella pentagonal. Encontramos en la arquitectura medieval, y muy especialmente en nuestro románico peninsular, huellas templarias de la estrella pentagonal.

-¿Papá, por qué somos tan feos en esta familia?

-Yo soy mamá.

-Ay, perdona.


miércoles, 8 de abril de 2026

JACK COLE. LA TRAGEDIA DEL DIBUJANTE

 


Jack Cole nació en New Castle, Pensilvania, en 1914. Era el hijo de un modesto comerciante, y al terminar la secundaria, aprendió dibujo por correspondencia. A los veintidós años se casó con Dorothy Mahoney, su novia de la infancia. Ambos se mudaron a Nueva York, donde Jack comenzó a colaborar en algunas revistas como ilustrador cómico. Unos pocos años más tarde, hacia 1940, se inició en el Cómic dibujando historietas para la firma QC, Quality Comics. Su primer y muy exitoso personaje fue Plastic Man, con historietas en las que alternaba el dibujo cómico con estilos algo más realistas. La desbordante imaginación de los guiones de Jack Cole, y la gracia de sus dibujos, convirtieron a Plastic Man durante doce años en una serie clásica de los cuarenta, la llamada edad de oro del cómic.

En 1952, Cole entró a formar parte de la plantilla de la revista Playboy. Hugh Hefner, su director, lo fichó con gran aparato de publicidad. A partir de entonces y durante más de seis años, los insinuantes dibujos del artista y sus chicas curvilíneas se convirtieron en elementos imprescindibles de la publicación, todo un clásico del humor para adultos. Inició también entonces la publicación de una tira de prensa diaria titulada Betsy and Me, que obtuvo un éxito inmediato.

Todo en la vida de Jack Cole parecía marchar sobre ruedas, cuando el 13 de agosto de 1958, con 43 años de edad y en la cima de su carrera, el artista se suicidó pegándose un tiro en la cabeza. Dejó una nota a su jefe Hefner: Querido Hef, cuando leas esto estaré muerto. No puedo seguir viviendo conmigo mismo y lastimando a mis seres queridos. Lo que hago no tiene nada que ver contigo. Envió otra nota a Dorothy, su mujer, cuyo contenido jamás fue desvelado por juzgarse en la investigación forense que se trataba de algo demasiado personal. La esposa reconoció que habían tenido una discusión, pero el caso es que la trágica muerte de Jack Cole y los motivos de su suicidio, se convirtieron en uno de los grandes misterios de la historia del cómic del siglo XX.

Para recordar la gracia y el estilo del dibujante, traemos a nuestra Historia de la Historieta un puñado de sus páginas y sus chistes gráficos. Disfrutadlos.














domingo, 5 de abril de 2026

WOODY ALLEN, EL GROUCHO MARX DEL CAMBIO DE SIGLO

 



Judío de remotos orígenes ruso-austriacos, recriado en el Bronx neoyorquino, Woody Allen es el eterno antihéroe americano dentro y fuera de las pantallas. Desde muy niño ensayó frente al espejo su pose de intelectual izquierdista en un mundo de yankees medio analfabetos. Allen juega a exorcizar sus demonios en los divanes de los psicoanalistas, a reírse de todo riéndose de sí mismo, de su obsesión sexual y sus pecados pedófilos. Amante del jazz y clarinetista snob, encontró un día en el cine la fórmula perfecta para conjurar sus fantasmas y ligar con las actrices de Hollywood. Y es que desde que era un muchacho desgarbado objeto de las burlas de sus compañeros de instituto, supo que convertirse en un prestigioso director de cine sería el único medio de acostarse con Louise Lasser, con Diane Keaton o con Mía Farrow, o de intentarlo con Scarlett Johansson, con Penélope Cruz y hasta con las hermanas de Hannah si se pusieran a tiro. Su humor inteligente ha calado muy hondo en varias generaciones. Nueva York y Manhattan no serían Nueva York y Manhattan sin Woody Allen. Por eso no tenemos más remedio que rendirnos a su genio y a su ingenio. Profeta de la obviedad, nadie como él sabe expresar las cosas que todos sabemos, como cuando dice “quienes nacemos pobres y feos tenemos muchas probabilidades de que al crecer, se desarrollen al máximo ambas características”, o si observa acertadamente que “cuando baja la ropa interior, todo lo demás tiende a subir”. Ya anciano sigue preguntándose si habrá vida después de la muerte. Y si la hay, ¿le cambiarán allí a uno un billete de veinte pavos? Woody Allen es definitivamente, el Groucho Marx del cambio de siglo.

Para recordarle como es debido, difícilmente encontraremos algo mejor que el tráiler de Annie Hall. Hágase clic en el enlace y disfrútese unos minutos del genial humor de este ingenioso rabí jerosolimitano reencarnado en judío del Bronx. 

Woody Allen. Trailer de Annie Hall

https://www.youtube.com/watch?v=5SzZ4GWfCJg

Próxima entrega: Harrison Ford


miércoles, 1 de abril de 2026

MAHOMA. VIDA Y MILAGROS

 


La Meca en vida de Mahoma era un enclave comercial habitado por mercaderes escépticos e impermeables a cualquier sentimiento religioso. La Kaaba era una especie de reclamo turístico que recibía visitas de muchos curiosos. Durante mucho tiempo, Mahoma contó con los únicos apoyos de su mujer Jadiya, su ahijado Alí, y Zaida, una esclava a la que había liberado. A este reducido grupo se añadió un cuarto adepto, Abu Bakr, un rico e influyente mercader quraishí. Su conversión fue un suceso sonado, y a su calor se arrimaron otros cinco adeptos notables que con Abu Bakr formaron el grupo de los seis compañeros, considerados primeros apóstoles y propagandistas del Islam. A pesar de la oposición de los quraishíes, Mahoma y sus compañeros comenzaron a predicar el nuevo credo entre los viajeros que acudían a la Kaaba.


El mensaje del Profeta, plagado de justicia y caridad, caló sobre todo entre los más pobres, y especialmente entre los esclavos después de que Abu Bakr empleara gran parte de sus riquezas en comprarlos para hacerlos libres. Aquello colmó la paciencia de los quraishíes. Mahoma y los suyos tuvieron que abandonar La Meca para salvar la vida. En su peregrinar, Mahoma siguió haciendo prosélitos e incomodando a las autoridades que planearon su asesinato. Entonces algunos vecinos de Yatrib le invitaron a viajar a su ciudad a predicar, y lo hicieron en el momento justo, pues se libró por poco de los sicarios. Corría el 16 de julio de 622. Fue el día de la fuga o Hégira, tan señalado en el calendario musulmán. Yatrib pasó a llamarse desde entonces Medina, la ciudad. El Profeta sufrió en ese tiempo las pérdidas de su tío Abu Talib, de su amigo Abu Bakr, y de su esposa Jadiya. Sus visiones se acentuaron entonces. Soñó que un caballo alado lo trasladaba al cielo desde Jerusalén, y tuvo otras premoniciones místicas.


Amplió su familia casándose con la viuda Sauda, de cuarenta años, y con Aisha, la hija de Abu Bakr, que tenía sólo siete. Fue añadiendo después otras mujeres, y construyendo casas para ellas, pues ya podía permitírselo por su posición. En Medina construyó la primera mezquita, en la que por primera vez lanzó el grito de ¡Alá es grande!, inauguró el rito de la oración y predicó su doctrina. Islam tiene el significado de paz o abandono, y musulmán es el que ha hecho la paz con Dios.

En ese punto, aunque el Profeta había ganado ya miles de adeptos, la mayor parte de la población de Arabia le era todavía hostil. Siguieron unos años de luchas violentas con diversas alternativas. Mahoma comenzó la contienda con unos pocos cientos de hombres, y la terminó con más de diez mil. En ocasiones se mostró pacífico, como cuando emprendió una peregrinación a La Meca con dos mil seguidores que dieron siete vueltas a la Kaaba y se postraron ante la Piedra Negra mientras gritaban: ¡No hay más Dios que Alá! Otras veces se comportó con crueldad, como cuando hizo asesinar a un poeta y una poetisa cuyos versos le habían hecho objeto de burla, o como cuando mandó degollar a seiscientos hebreos y vendió como esclavos a sus mujeres e hijos.


Alcanzó la victoria y el poder en La Meca cuando tenía setenta años. Sobrevivió sólo dos años más durante los que se mostró como un gobernante clemente. A sus muchas mujeres incorporó a su nuera Zaida, la viuda de su ahijado Alí. Su preferida entre todas fue la joven Aisha que recordó haberle escuchado decir que en el mundo sólo hay tres delicias: las bellas mujeres, los buenos olores y las plegarias santas. Fuera de los placeres carnales, el Profeta fue siempre un hombre sobrio y hasta frugal. Su dieta consistía en pan, dátiles, leche y miel. Dio gran importancia al cuidado personal, se rociaba con perfumes, se teñía el cabello y se pintaba los ojos con henna. Falleció el 7 de junio de 632. La muerte le sorprendió con la cabeza recostada en el fragante seno de la bella Aisha. Su herencia literaria fue el Corán, obra de carácter religioso y poético. Mahoma no dictó en vida ninguna ley. Las normas por las que se rigen los musulmanes se han ido deduciendo de la interpretación que de sus frases y su trayectoria biográfica han hecho sus seguidores.

En general prefiero la ciencia a la religión. Si en el desierto me dan a escoger entre Dios y el aire acondicionado, me quedo con el aire. Woody Allen.


domingo, 29 de marzo de 2026

JUAN VALERA, LIBERAL MODERADO Y POETA ENAMORADIZO

 


En Cabra, provincia de Córdoba, nació en 1824 Juan Valera y Alcalá-Galiano. Hijo de un oficial de la Marina y de la marquesa de la Paniega, Juan habitó con su familia el palacio egabrense que actualmente es sede del conservatorio Isaac Albéniz. Tuvo dos hermanas y un hermanastro fruto del primer matrimonio de su madre. Vivió Juan en Cabra hasta 1834, fecha en que tras la muerte del indeseable Fernando VII, su padre, destacado liberal, fue rehabilitado en la milicia y destinado a Málaga. El joven Juan Valera estudió en el seminario de Málaga, y después en la universidad de Granada, donde se licenció en letras en 1846, y escribió sus primeros poemas. En esos años, como durante el resto de su vida, destacó sobre todo como ávido lector y crítico literario. Puede decirse que ya a los veintitantos, había leído todo lo publicado hasta entonces en castellano, y no poco de lo escrito en otras lenguas. Fascinado por el Romanticismo, confesó años más tarde:


A los doce o trece años había leído a Voltaire y presumía de “sprit fort”, si bien me asustaba cuando estaba a oscuras y temía que me cogiese el diablo. El romanticismo, las leyendas de Zorrilla y todos los asombros, espectros, brujas y aparecidos de Shakespeare, Hoffmann y Scott reñían en mi alma una ruda pelea con el volterianismo, los estudios clásicos y la afición a los héroes gentiles.

 

La mayor parte de la vida adulta de Juan Valera estuvo centrada en dos aspiraciones principales: la amatoria, en que puede afirmarse que fue un auténtico donjuán, conociéndose desde devaneos hasta intensas pasiones con damas de media Europa; y la más prosaica aspiración de conseguir lo que entonces se llamaba “un buen turrón” o cargo del Estado que le permitiera dedicarse a la literatura sin pasar estrecheces económicas.

Vio cumplido con creces su afán donjuanesco, incluso más de lo que le habría convenido, porque sin su permiso se publicó en España lo más escandaloso de su correspondencia amatoria. En cuanto a su carrera política, tuvo diferentes altibajos. Fue embajador en varios países europeos y americanos, diputado por Archidona, senador por Córdoba y efímero director general de Instrucción Pública con Amadeo de Saboya. Antes había participado activamente en la Revolución Gloriosa de 1868. Se casó en París con Dolores Delavat, veinte años más joven que él, y tuvo con ella tres hijos. Tuvo también sonados romances con Lucía Palladi, marquesa de Bedmar, a quien apodaban la dama griega; con Malvina de Saavedra, hija del duque de Rivas; y con las actrices Stella von Hohenfels y Magdalena Brohan. Entre sus influencias literarias más notables, además de los clásicos, cabe citar a José de Espronceda, Ángel de Saavedra duque de Rivas, Serafín Estébanez Calderón, su tío Antonio Alcalá Galiano y Marcelino Menéndez Pelayo. Falleció Valera en Madrid en 1905.


En cuanto a su trayectoria literaria, además de sus incontables colaboraciones con diarios y revistas de su época, cultivó el ensayo, la crítica literaria, la narración breve, el relato histórico, y sobre todo las novelas, entre las que cabe destacar Pepita Jiménez (1974), Las ilusiones del doctor Faustino (1875), El comendador Mendoza (1876), Pasarse de listo (1878), Doña Luz (1879), Juanita la Larga (1895), Elisa la Malagueña (1895) y Genio y figura (1897).

Y en cuanto al estilo, a pesar de la fascinación de Juan Valera por el Romanticismo, su obra literaria tiene tan poco de romántica como de realista, las dos corrientes preponderantes de su generación. Criticó sin compasión el Costumbrismo y ese tufo castizo que impregnó la obra de su amigo Serafín Estébanez Calderón. A nuestro juicio, Valera fue también costumbrista a su pesar, aunque sus principios estéticos y su amplio conocimiento de otras lenguas y otras literaturas, le inclinaron a un sesgo idealista y poético. Detestaba esos retratos de Andalucía de gitanas y pandereta tan en boga en su tiempo. Escribió a su mujer:


Este es un país pobre, ruin, infecto, desgraciado, donde reina la pillería y la mala fe más insigne. Yo tengo bastante de poeta, aunque no te lo parezca, y me finjo otra Andalucía muy poética, cuando estoy lejos de aquí.

 

Como recuerdo a este egabrense ilustre, a este español culto, liberal moderado y enamoradizo sin moderación, biblioteca Bigotini os pone al alcance de un clic el enlace con la versión digital de Pepita Jiménez, que es probablemente junto a Juanita la Larga, su mejor novela. Se publicó por entregas en la Revista de España en 1874, y contiene uno de los retratos femeninos más sensibles y logrados de la literatura en lengua castellana.

 

https://www.dropbox.com/home/Profesor%20Bigotini?preview=Pepita+Jim%C3%A9nez.pdf

Mañana como en casa de la famosa Pepita Jiménez, de quien Vd. habrá oído hablar sin duda alguna. Nadie ignora aquí que mi padre la pretende. Juan Valera. Pepita Jiménez.