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miércoles, 28 de enero de 2026

WASHINGTON IRVING, UN AMERICANO ENAMORADO DE ESPAÑA

 


Hijo de una familia de la aristocracia independentista norteamericana, Washington Irving nació en Manhattan en 1783. Su madre le llamó así por George Washington, que conoció y trató al niño en sus primeros años. Desde muy joven manifestó su preferencia por las letras, vocación que alentó su familia. Sus hermanos, prósperos comerciantes, financiaron su carrera de escritor. Sus primeras lecturas fueron Las mil y una noches y Robinson Crusoe. En la adolescencia realizó varios viajes fluviales por el Hudson, y residió durante algún tiempo en la colonia holandesa de Sleepy Hollow, que convertiría en escenario de uno de sus relatos más célebres.

Se inició como escritor profesional en la prensa, concretamente en el Morning Chronicle de Nueva York, donde a partir de 1802, se ocupó de las noticias locales con el seudónimo de Jonathan Oldstyle, uno de los muchos que empleó a lo largo de su carrera. Padeció fiebre amarilla, una infección entonces endémica en la región, y sus hermanos le pagaron un viaje por Europa para reponerse. Viajó extensamente por Francia, Italia, Suiza, Holanda e Inglaterra, y se implicó intensamente en los movimientos sociales de la Europa de la época, llevando una vida bohemia y rehuyendo en lo posible el trato con la “buena sociedad” cuyos contactos habían preparado sus hermanos.

Al regresar a América, Washington estudió derecho sin mucho entusiasmo. En 1807 fundó la revista literaria Salmagundi que ridiculizaba la cultura y la política neoyorquinas. Rebautizó a Nueva York con el nombre de Gotham, la ciudad gótica, que siglo y medio después se haría célebre por los cómics de Batman. En 1809 publicó una sátira titulada Una historia de Nueva York desde el principio del mundo hasta el final de la dinastía neerlandesa, por Diedrich Knickerbocker. Antes de su publicación, Irving urdió un engaño colocando anuncios en los diarios neoyorquinos en busca de noticias sobre el profesor Diedrich Knickerbocker, historiador holandés desaparecido de su hotel. Otro anuncio firmado por el director del hotel, amenazaba con publicar un manuscrito que había dejado el desaparecido historiador, si no se presentaba a pagar la factura. El público se tragó la historia. La policía llegó a buscar al holandés, y cuando se supo todo, Washington Irving se hizo enormemente popular. El apellido Knickerbocker hace referencia a un tipo de pantalón usado por los colonos neerlandeses. Con el tiempo, se ha convertido en un apodo de los neoyorquinos en general, y lo han adoptado el equipo de béisbol y el de baloncesto de los New York Knicks.


Tras arruinarse los negocios familiares, Washington y varios de sus hermanos se instalaron en Inglaterra. Allí conoció y trató a escritores y artistas del momento, muy especialmente a Walter Scott, al que le uniría una gran amistad. Irving se integró entonces en el movimiento romántico.

Por medio de su hermano Ebenezer, publicó en Nueva York una serie de escritos por entregas que obtuvieron un gran éxito. Entre aquellos relatos estaba La leyenda de Sleepy Hollow, el famoso jinete sin cabeza del que se han hecho innumerables reediciones y adaptaciones. Igual de exitoso o incluso más, fue su relato Rip Van Winkle, un tipo que duerme durante veinte años, acostándose en la época colonial, y despertando tras la Revolución estadounidense.

Irving residió a caballo de Londres y París, frecuentando en ambas los salones literarios más importantes. En uno de los londinenses conoció al escritor anglo-español José María Blanco-White, que comenzó a inspirarle su amor por España. En la ciudad alemana de Dresde se enamoró de la joven americana Emily Foster, que le rechazó; y en París, a Mary Wollstonecraft Shelley, futura autora de Frankenstein, que se interesó por él. Irving la rechazó, así que puede decirse que la vida sentimental del escritor no fue tan intensa como su vida social y literaria.


Su amigo el bostoniano Alexander Hill Everett, a la sazón embajador en España de los Estados Unidos, le invitó a reunirse con él en Madrid para traducir al inglés una colección de documentos sobre Cristóbal Colón. Con esa excusa y con su hermano Peter, Washington Irving vino a España. La recorrió extensamente, y quedó prendado de sus tierras, sus lugares y sus gentes. Residió en varias localidades de Castilla, en Sevilla y en Granada, ciudad que le cautivó de forma especial. Tras un breve paso por Londres, fue nombrado embajador en España. Trató a los políticos del periodo isabelino y estableció amistad en Sevilla con la escritora Cecilia Böhl de Faber (Fernán Caballero). Tras regresar a América, falleció en 1859, siendo enterrado en el cementerio de Sleepy Hollow.

Washington Irwing fue el primer escritor norteamericano que consiguió vivir de sus escritos, arrastrando una pléyade de lectores fieles en América y Gran Bretaña, sobre todo de sus cuentos cortos, género del que fue un auténtico maestro. Si en sus inicios le ayudó su familia, tras la ruina de los negocios familiares, fue él quien se encargó de varios de sus hermanos y sobrinos. En el área anglosajona fue el iniciador de un modelo literario que prescindió de enseñanzas y moralejas, para centrarse en el entretenimiento del lector. Su estilo contó con grandes defensores como Longfellow, Scott o Thackeray, y con detractores como Edgar Allan Poe, que lo consideraba sobrevalorado. Entre su extensa obra, nos resultan particularmente entrañables sus Cuentos de la Alhambra, publicados en 1832, una de las colecciones de relatos más paradigmáticas del Romanticismo en lengua inglesa. Hoy rescatamos de nuestra biblioteca Bigotini la versión digital de su relato Los buscadores de tesoros. Haced, si os place, clic en el enlace: 

https://www.dropbox.com/home/Profesor%20Bigotini?preview=Los+buscadores+de+tesoros.pdf

-En pocas palabras, si no estoy equivocado, usted es el mismo demonio, como se le llama corrientemente.

-El mismo, a sus órdenes, respondió con una inclinación de cabeza que quería ser cortés.


domingo, 25 de enero de 2026

CUTTER Y OTRAS HERRAMIENTAS DE CORTE. UN PERRO ANDALUZ


 

París, 1929. Luis Buñuel tenía 29 años y Salvador Dalí 25. En colaboración escribieron el guión de un cortometraje, que tras algunas dudas, titularon Un chien andalou. Años después Buñuel, siendo ya un cineasta consagrado, confesó que para escribir aquel guión siguieron una regla muy simple: no aceptar idea ni imagen que pudiera dar lugar a una explicación racional, psicológica o cultural. El resultado se exhibió en las pantallas al compás de la música grandilocuente de Richard Wagner. Sorprendió a casi todos y también consiguió irritar a unos cuantos. Con el tiempo, aquel controvertido perro andaluz se ha convertido en un film de culto, la quintaesencia del surrealismo cinematográfico.

 

Sin duda el fotograma más célebre de la película es el que suele aparecer en los affiches, y reproduzco aquí. El plano del ojo, de la cuchilla afilada, seguido inmediatamente de otro en que un jirón de nube atraviesa la pálida redondez de la luna, resulta escalofriante y para algunos, hasta obsceno. A mí me sirve para introducir como quien no quiere la cosa, el tema preventivo de hoy: riesgos y medidas preventivas de las herramientas de corte. Concretamente del cúter, un utensilio habitualmente común en una gran variedad de actividades y tareas.


Deficiencias más comunes de la herramienta y su uso:

Cierre de recogida del filo flojo o que no se enclave en posición fija.

Hoja mellada.

Mango deteriorado.

Cortar en dirección a la mano o al cuerpo.

Guardar el cúter con la hoja extendida en algún bolsillo.

 

Medidas preventivas:

Asegurarse del buen estado de la herramienta, desechando aquellas que presenten alguna deficiencia de las citadas.

Comprobar que las hojas estén bien afiladas.

Garantizar que el corte no se dirija a la mano desprotegida o a cualquier otra parte del cuerpo de quien utiliza el cúter o de las personas próximas.

Jamás utilizar la herramienta para otros cometidos diferentes, como abrir una lata, atornillar u otros.

Tras su uso, guardar el cúter con el resto de las herramientas en el lugar establecido. No llevarlo en los bolsillos de monos, batas u otras ropas de trabajo.

No limpiar nunca la herramienta con la ropa de trabajo.

No gesticular ni hacer movimientos bruscos con el cúter en la mano.

 

Equipo de protección individual:

En caso de trabajadores que utilicen el cúter de forma frecuente y reiterada durante periodos de tiempo considerables, se utilizarán guantes de material anticorte.

Ya veis que cuando se trata de la integridad física, toda precaución es poca. Procurad no cortaros ni en sentido literal ni en sentido figurado. No negaré que algunas veces, por prudencia, conviene callar. Pero a la larga, y sobre todo en exceso, las verdades resultan muy indigestas. Si nos tragamos muchas y no las echamos fuera, acaban por hacernos daño. Cierto personaje, cuando no podía soportar más la carga, cavaba en la tierra un pequeño hoyo, susurraba en él su verdad, y después lo volvía a cubrir de tierra. La cosa acabó mal, pero como no tiene nada que ver con el cúter ni con los riesgos laborales, mejor lo dejamos.

Si siempre dices la verdad, no tendrás que acordarte de nada.  Mark Twain.


miércoles, 21 de enero de 2026

SEMILLAS: LA VIDA ENCAPSULADA

 


Siguiendo en este comentario a la bióloga Karen James, conviene comenzar por decir que no todas las plantas tienen semillas. Las más primitivas, los musgos y los helechos, no tienen ni semillas ni flores. Se reproducen mediante esporas. Incluso las algas acuáticas, todavía más primitivas, no producen semillas y ni siquiera esporas.

Hace unos trescientos cincuenta millones de años, los bosques cubiertos de musgo dieron paso a impresionantes selvas de helechos tan grandes como árboles. Los insectos y los primitivos arácnidos vivían allí a sus anchas aprovechando el alimento y el cobijo que les brindaban esas plantas. Mientras tanto, en el agua, las aletas de algunos peces empezaron a evolucionar y a transformarse en patas que les permitieron caminar sobre tierra firme, convirtiéndose sus descendientes primero en anfibios y mucho más tarde en reptiles. Así, la vida fue ganando terreno, pasando del medio acuático al terrestre.


Fue en esa misma época cuando las esporas de algunos helechos evolucionaron, crecieron y desarrollaron un almacén interno de nutrientes de almidón, y una cubierta impermeable. Habían nacido las primeras semillas. Esos almacenes de nutrientes proporcionaban a las plantas una ventaja decisiva, porque las semillas podían sobrevivir durante cierto tiempo aún en condiciones adversas y lugares secos donde las esporas de vida efímera no tenían la más mínima posibilidad de supervivencia.

Charles Darwin realizó experimentos para averiguar cuánto tiempo podían sobrevivir distintas semillas en el agua marina saturada de sal. Un medio inhóspito, ya que las semillas prefieren para germinar el agua dulce. Pues bien, Darwin comprobó que muchas semillas podían permanecer durante un tiempo prolongado en agua salada, así que, transportadas por las corrientes marinas, podían viajar muy lejos, colonizando nuevos continentes. Es lo que el científico pretendía demostrar.



Las capas impermeables de las semillas las ayudan a sobrevivir no sólo en lugares secos o en el océano, sino también durante mucho tiempo. En 2005, un equipo científico de Israel consiguió hacer germinar una semilla de más de dos mil años de antigüedad.

Las ventajas que ofrecían las semillas permitieron que las primeras plantas que las desarrollaron tuvieran éxito evolutivo, y que sus descendientes hayan llegado hasta nuestro tiempo desde hace millones de años. Así que cuando pasees por una pradera, te pongas una camiseta de algodón o comas pan tierno, acuérdate de los antepasados de esas plantas, y de cómo evolucionaron hasta convertirse en los cientos de miles de hermosísimas y útiles plantas con las que compartimos el planeta Tierra, gracias a su almacén de energía y a sus cubiertas impermeables.

El profe Bigotini se ha metido en la bañera envuelto en un chubasquero. Ha resistido tres horas, pero haciendo trampa, porque le quedaba fuera del agua su enorme nariz. Ahora parece que tiene fiebre. Me temo que pasaremos otra noche en urgencias.

-¿Duelen mucho los tatuajes?

-Hombre, depende del sitio en que te los hagas.

-Bueno, yo soy de Reus…


domingo, 18 de enero de 2026

AMBRÓS, UN TALENTO NO RECONOCIDO


 

Ambrós fue el seudónimo con el que firmó siempre sus trabajos Miguel Ambrosio Zaragoza, uno de los dibujantes más prolíficos y geniales del tebeo español. Valenciano, nacido en la localidad de Albuixech en 1913, estudió magisterio en Valencia, y ejerció la docencia hasta el final de la guerra civil, cuando fue “depurado” como tantos otros maestros de la República, por el régimen de Franco. Tras unos años de miseria en los que ayudó a sobrevivir a sus padres en el campo, se inició en el dibujo en 1946 en la Editorial Valenciana que dirigía Juan Puerto, con algunas historietas humorísticas. Se trasladó a Barcelona a los pocos meses, y allí dibujó hasta 1951 la serie El Caballero Fantasma, con guiones de Federico Amorós. Era un personaje inspirado en El Zorro de José Mallorquí, cuyas novelas de aventuras tuvieron gran éxito en la España de aquellos años. Entre 1951 y 1956 continuó dibujando la serie Chispita, el hijo del Jinete Fantasma.

En 1956, cuando ya se había hecho un nombre en la industria del tebeo y una reputación como dibujante, fichó por la editorial Bruguera, donde ilustró las historietas de aventuras que periódicamente aparecían en la revista Pulgarcito, y algunos libros de la editorial, adaptaciones para niños de grandes novelas. Al mismo tiempo, colaboró con el guionista Víctor Mora en una nueva serie: El Capitán Trueno, concebida un poco como versión más actualizada de El Guerrero del Antifaz, de Manuel Gago. Las primeras aventuras del Capitán Trueno tuvieron un éxito inmediato, pasando de las páginas de Pulgarcito a editarse en cuadernillos sueltos apaisados, primero con periodicidad quincenal, y poco después semanal. La serie llegó a alcanzar tiradas de 350.000 ejemplares, algo sin precedentes en el tebeo español.

Como ocurrió con muchos otros dibujantes de la casa barcelonesa, sus éxitos apenas tuvieron repercusión en sus salarios. La racanería de Bruguera impulsó a Ambrós a abandonar España. Residió en París entre 1960 y 1964, pero tuvo que regresar frustrado a Barcelona y al redil de Bruguera, que le encargó la ilustración de varias novelas y una serie sobre vidas de santos que el dibujante aceptó por necesidad, a pesar de su anticlericalismo.

Tras otro breve periodo en Editorial Valenciana, regresó otra vez a Bruguera, que monopolizaba en la práctica la industria, para ilustrar El Corsario de Hierro, otra serie con guión de Víctor Mora que comenzó a publicarse en las páginas centrales de la revista Mortadelo. Ambrós se retiró en 1981. Recibió en 1989 el Gran Premio del Salón del Cómic de Barcelona, y rechazó en 1991 el premio “al català mes universal del moment”, protestando que él no era catalán sino valenciano. Falleció en 1992, cuando contaba setenta y nueve años. Os dejamos aquí abajo una serie de sus páginas y viñetas que ilustran el estilo dinámico y el dominio del género de Miguel Ambrosio Zaragoza, Ambrós, todo un clásico entre los clásicos del tebeo español de aventuras. Uno de esos dibujantes españoles (y no es ni mucho menos un caso aislado) que en América habría sido considerado un gran artista, y aquí no pasó de ser un trabajador mal pagado.





















miércoles, 14 de enero de 2026

ROBERT DE NIRO. HASTA LOS MÁS GRANDES SE EQUIVOCAN

 



Robert de Niro reúne en su persona la doble condición de ítalo-americano y neoyorquino, orígenes que han condicionado su carrera artística de forma notable. La mayoría de sus mejores trabajos en el cine los ha hecho a las órdenes de tres directores también ítalo-americanos: Scorsese, Coppola y De Palma. Ha actuado también para Sergio Leone y Bertollucci, y en definitiva, la mayor parte de su vida artística ha transcurrido en ese ecosistema cultural tan definido y característico. Títulos tan importantes como El Padrino, Novecento, Taxi driver, Toro salvaje, El cazador, La misión, Érase una vez en América, Los intocables de Elliot Ness o Uno de los nuestros, avalan su impecable trayectoria de grandísimo actor, que ha sido reconocida con varios premios Oscar de la Academia. Imposible olvidar su extraordinario papel en Taxi driver, aquel inquietante y peligroso paranoico, su actuación magistral en El Padrino II, o su implacable y vengativo psicópata de El cabo del miedo.

Pero como hasta el mejor escribiente de vez en cuando echa un borrón, este gran intérprete también ha tenido sus errores. Acaso el más notable fue renunciar a protagonizar El nombre de la rosa, que filmó Jean-Jacques Annaud en 1986. Tanto Umberto Eco, el autor de la novela, como el mismo Annaud, querían a Robert de Niro en el papel de fray Guillermo de Baskerville, el protagonista. Finalmente lo hizo Sean Connery porque de Niro insistió una y otra vez en incluir en la película una escena de duelo a espada. Son pequeñas anécdotas que demuestran que ser un gran actor no es incompatible con ser un poco tontolaba.

Con ocasión de esta reseña de Robert de Niro, os proponemos visionar el tráiler oficial en versión original de Taxi driver, que dirigió Martin Scorsese en 1976. Clic en el enlace, y adelante. 

Robert De Niro. Trailer V.O. de Taxi Driver. 1976. Scorsese

https://www.youtube.com/watch?v=T5IligQP7Fo

Próxima entrega: Al Pacino


domingo, 11 de enero de 2026

EL EMPERADOR DE LA BARBA FLORIDA

 


En 768 murió Pipino el Breve, rey de los francos. Repartió su reino entre sus dos hijos, Carlomagno y Carlomán. Eginardo, que sería el cronista áulico de Carlomagno, situó su nacimiento en 744. Los historiadores modernos lo hacen en 742, y achacan a Eginardo la trampa de atrasar un par de años el natalicio, porque en 742 sus padres, Pipino y Bertrada, aún no se habían casado. Parece que entre los francos (término cuyo significado es “libres”) estaba extendida la libertad de tomar concubinas antes del matrimonio. No obstante, Carlomagno llegó a ser nada menos que emperador de Occidente, y junto al papa de Roma, cabeza visible del catolicismo. Así que al prudente Eginardo debió parecerle inapropiado que el monarca hubiera sido un fruto del amor libre, y de paso le quitó un par de años, algo que no sólo satisface a las actrices y las cantantes, sino a todo hijo de vecino. A Carlomagno correspondieron en el reparto los territorios de Austrasia, Neustria y Aquitania, mientras que Borgoña, Provenza, Alsacia y Suabia, quedaron bajo el dominio de Carlomán.


Durante la juventud de ambos hermanos, Bertrada, la reina madre, se ocupó de mantener la paz entre ellos. En vida, fue Bertrada la mujer más influyente de Europa, y estableció alianzas con el papa Esteban III y con Desiderio, el rey longobardo de Pavía. Pero ocurrió que en 771 Carlomán falleció a los veinte años en circunstancias nunca aclaradas. El año siguiente murió también el papa Esteban, y le sucedió en Roma Adriano I que a juzgar por su correspondencia, sus demás escritos y su extravagante política, debía ser un completo imbécil. Las relaciones entre Roma, Pavía y Aquisgrán, donde residía Carlomagno, se enturbiaron hasta el límite por una serie de repudios matrimoniales y la consiguiente ruptura de las alianzas que había establecido Bertrada. El caso es que los sucesivos acontecimientos situaron a Carlomagno en el trono del Imperio, el nuevo-viejo Imperio romano restablecido, que desde entonces pasó a denominarse Sacro Imperio Romano Germánico.


Tenemos pues a Carlomagno establecido en el trono y retratado por los escultores a caballo sosteniendo en las manos los símbolos del poder, la espada y el globo del orbe rematado por la cruz. De joven era alto, hermoso y robusto. De viejo se le pintó como una especie de galán maduro, el emperador de la barba florida que además de ser el monarca más poderoso de su siglo, se rodeó de una corte de intelectuales, estudiosos y artistas de todo género, en lo que se ha dado en llamar el Renacimiento Carolingio, etapa de gran auge de las artes y las letras que precedió varios siglos al verdadero Renacimiento que supuso el final de la edad media. Amaba Carlomagno la buena vida y la buena mesa. Se deleitaba con las verduras y con el cerdo en todas sus preparaciones posibles. Siendo ya hombre de edad, descubrió el queso cuando un obispo le ofreció uno de oveja en tiempo de vigilia. Cuenta Eginardo en su Vita Karoli que al mordisquear la corteza estuvo a punto de hacer ejecutar al obispo porque le supo muy mal. Probó después la pulpa del queso, y le gustó tanto que al parecer no volvieron a faltar los quesos en su mesa.


Carlomagno sufrió en la vejez reumatismo y gota. Sufrió también los devaneos de sus hijas que aunque nunca llegaron a casarse, tuvieron varios hijos naturales a los que el abuelo aceptó amorosamente. Amó mucho a su esposa Hildegarda, lo que no impidió que tuviera varias amantes. Sometió a la Lombardía, aunque permitió que los longobardos (más civilizados que los francos) conservaran sus leyes y cierta autonomía en sus gobiernos. Sometió también a los sajones al Este, pero no pudo con los musulmanes andalusíes. La expedición guerrera de 778 en la que las tropas carolingias sitiaron Zaragoza sin éxito y a su regreso saquearon Pamplona, terminó de mala manera con el episodio del desastre de Roncesvalles que recoge La Chanson de Roland.


El emperador admiraba profundamente a los hombres cultos, y a menudo se hacía leer la Biblia y la obra de san Agustín. Sin embargo, no consiguió aprender a leer y escribir. El monarca más poderoso de su tiempo era analfabeto. Falleció Carlomagno en 814, a una edad desusadamente avanzada para la época, setenta y dos años. Siguiendo sus bárbaras tradiciones germánicas, dividió su Imperio entre sus tres hijos, Pipino, Carlos y Luis. Carlos que era su preferido, murió muy joven, lo mismo que Pipino. Finalmente el Sacro Imperio Romano Germánico fue heredado por el hijo superviviente, Ludovico Pío o Luis el Piadoso. En la Historia como en todo lo demás, el que resiste, gana.

 

-A su hija le hemos encontrado trazas de heroína.

-No me extraña, mi chica siempre fue muy valiente.


jueves, 8 de enero de 2026

CLARICE LISPECTOR, LA JAMES JOYCE BRASILERA

 


Nacida en 1920 en Ucrania, Chaya Pinjasivna Lispector, emigró con su familia de origen judío al Brasil en 1922, cuando tenía dos años. Adoptaron todos nombres más acordes con su nueva nacionalidad, y Chaya se llamó desde entonces Clarice Lispector, nombre que utilizó el resto de su vida. Clarice se crió en Recife, se aficionó a la lectura, y comenzó a escribir en portugués desde edad muy temprana. Quedó huérfana de madre a los diez años, y a los catorce se trasladó con su padre y una de sus hermanas a Río de Janeiro, en cuya universidad cursó los estudios de derecho. Comenzó a escribir profesionalmente a los diecinueve años para periódicos y revistas, y publicó su primera novela, Cerca del corazón salvaje, a los veintiuno. Se casó en 1943 con Maury Gurgel Valente, cuya carrera diplomática llevó al matrimonio a viajar por diferentes países de Europa y América. Clarice dominaba el inglés, el francés y el castellano, además del portugués, naturalmente. Se manejaba también con cierta soltura con el hebreo y el yiddish, y lo suficiente con el ruso para atreverse a traducirlo.


Se divorció en 1959, y en 1966 sufrió graves quemaduras al dormirse con un cigarrillo encendido, lo que aparte de las secuelas físicas, le sumió en una profunda depresión, de la que según íntima confesión, sólo pudo salvarla la literatura. Admiró de forma entusiasta a Jorge Luis Borges, y publicó en esa etapa de mayor creatividad varias novelas y un buen número de cuentos y relatos breves que aparecieron en diferentes colecciones y recopilaciones. Obtuvo un gran reconocimiento como charlista y conferenciante en diferentes universidades y foros literarios. Falleció en Río de Janeiro en 1977, cuando contaba cincuenta y seis años, víctima de un cáncer de ovario. Se enterraron sus restos en el cementerio de Cajú. Clarice Lispector dejó un formidable legado de documentos, correspondencia y manuscritos diversos, y una valiosísima biblioteca personal que fue donada a varias fundaciones e institutos de Río de Janeiro.

Su estilo literario es intimista y muy personal, predominando en su obra de ficción lo emocional y lo lírico sobre lo meramente narrativo que a menudo utiliza como simple excusa para desarrollar ideas y posturas vitales a través de sus personajes. Aquí, en casa Bigotini, la hemos calificado alguna vez como la James Joyce iberoamericana. No estamos muy de acuerdo sin embargo, con quienes la suelen comparar con Virginia Wolf, y disentimos airadamente con quienes insisten en hallar en su obra literaria soflamas feministas. Muy al contrario, Lispector rechaza de forma inequívoca cualquier atadura genérica, y muchas veces sus originales y heterodoxas proposiciones incomodan por igual a hombres y a mujeres, no dejando jamás indiferente a quien la lee.


Destacan entre sus novelas la citada Cerca del corazón salvaje, La araña, La manzana en la oscuridad, La pasión según G.H., Un aprendizaje o el libro de los placeres, Agua viva, y La hora de la estrella, todas ellas traducidas al castellano. Mucho más prolija resultaría la enumeración de sus cuentos y relatos breves. Como botón de muestra, de nuestra biblioteca Bigotini extraemos la versión digital de su micro-relato Una gallina. Haced clic en el enlace, disfrutad unos minutos su lectura, y mucho cuidadito con el huevo.

 

https://www.dropbox.com/home/Profesor%20Bigotini?preview=Una+gallina.pdf

 

La coherencia es mutilación. Quiero el desorden. Clarice Lispector.