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lunes, 22 de junio de 2026

CORNELIO AGRIPPA, EL PRÍNCIPE DE LOS HECHICEROS

 


Iniciamos esta serie de artículos sobre la Historia oculta con la reseña del que según algunos estudiosos de esa disciplina, fue el príncipe de los hechiceros y el gran rebelde del Renacimiento.

Heinrich Cornelius Agrippa von Netteischeim, conocido como Cornelio Agrippa, nació en Colonia en 1486. Fue médico, jurista y teólogo. Obtuvo a los veinte años el título de maestro en artes, se graduó en filosofía y lenguas, de las que llegaría a dominar ocho, y se enroló como soldado en las tropas de Aragón al servicio de Fernando el Católico. En 1509 aspiró a la cátedra de literatura sagrada en Dôle, pero fue expulsado de la universidad por instigación de los franciscanos a quienes molestó profundamente su doctrina. Agrippa admitía la superioridad del catolicismo sobre el resto de las opciones cristianas, pero con la salvedad de que había que mantener respecto a ella libertad de examen. Parece que a los inquisidores el examen les inquietaba, y la libertad definitivamente les resultaba inadmisible.


En Londres escribió sus Comentarios a las epístolas de San Pablo, regresó a Colonia en 1510, y sus paisanos le enviaron como teólogo al Concilio de Pisa de 1511. Allí, a pesar de haber nacido y residido en Colonia, las opiniones de Agrippa olieron mal a los príncipes de la Iglesia, que desde entonces lo pusieron en el punto de mira inquisitorial esperando para echarle mano a que cometiera el menor desliz en cualquiera de sus escritos o sus sermones. Quizá por eso nuestro hombre se apresuró a ponerse bajo el amparo del emperador Maximiliano que en Lombardía le nombró caballero dorado con derecho a calzar las espuelas de oro. Impartió lecciones en la universidad de Pavía, y después en la de Turín, hasta que la guerra le obligó a marchar de Italia.


En 1519 le encontramos en Metz actuando como síndico, abogado y orador. Allí se ganó la enemistad del Gran Inquisidor, el dominico Nicolás Salvini, al defender a una vecina acusada injustamente de brujería. Agrippa desenmascaró a los ocho falsos testigos de la acusación, consiguiendo la absolución de la acusada. La situación de Agrippa se hizo insostenible, y le obligó a abandonar la región con su mujer y su hijo. Huyó a Suiza, residiendo en Ginebra y Berna, y en 1523 le encontramos en Friburgo donde ejerció como médico y astrólogo. Establecido en Lyon en 1524, fue reclamado como médico por Margarita de Navarra, protectora de varios intelectuales reformistas. No sabía bien dónde se metía. Aquella familia de Francisco I de Francia, su hermana Margarita de Navarra y su madre Luisa de Saboya, de la estirpe borbónica, era un verdadero nido de víboras con intereses enfrentados y caminos tortuosos. Agrippa se enemistó con la reina madre y con el rey francés al que se negó a hacer el horóscopo con la poco creíble excusa de que consideraba a la práctica una superstición. Sólo le quedó la protección de Margarita cada vez más débil. Condenado en Lovaina y en París, se refugió en Amiens y después en Colonia al amparo del arzobispo y príncipe elector Hermann von Wied. Al regresar a Francia fue encarcelado. Murió poco después de recuperar la libertad, en un hospital de Grenoble. Corría el año de 1535.


Al final de su vida se acercó a la doctrina de Lutero. Tuvo tres esposas. Habló y escribió en ocho lenguas: alemán, francés, italiano, español, inglés, latín, griego y hebreo. Conocía la magia, la astrología, la cábala, la alquimia, la medicina, la exégesis, la criptografía y el espionaje, actividad esta última que ejerció como agente doble durante casi toda su vida al servicio del emperador Carlos V y de su rival, el papa Clemente VII. Su obra principal, Los tres libros de la filosofía oculta, se imprimió en Colonia en 1533, y está considerada la Biblia del ocultismo. La misma sed de conocimientos de su autor le llevó a lamentarse de ella cuando escribió:

 

…es mejor y más provechoso ser idiotas y no saber nada, creer por fe y caridad y acercarse así a Dios, que sentirse orgullosos y elevados por las sutilezas de la ciencia y caer en posesión de la Serpiente.

 

Estamos ante un hombre cuya curiosidad y afán de conocimiento científico en una época en la que todavía no existía la verdadera ciencia, le llevaron a la frustración. Todas esas pseudociencias medievales estaban dominadas por la teología, que a fin de cuentas no deja de ser otra pseudociencia. Si Cornelio Agrippa hubiera nacido un siglo más tarde, podría haber sido otro Galileo. Si hubiera nacido dos siglos más tarde, podría haber sido otro Newton. Talento no le faltaba, pero en la era precientífica y teocrática en que vivió, no pasó de ser un charlatán muy culto, un rebelde y un hereje. Son, queridos amigos, caprichos del tiempo y de la Historia.

-¿Te gustan las óperas?

-Sí, me gustan mucho.

-¿De Verdi?

-Sí, sí, te lo juri.


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