*Modestísimo homenaje al humor del
gran Rafael Azcona
Me
hago cargo de la emoción que sentiréis al saberos a punto de añadir a vuestros
patéticos curriculum esta divertida y
siempre interesante faceta musical. Sabed que no es menor la alegría que nos
produce poder contribuir a vuestra formación.
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El profesor Gustavson |
Seguiremos
el infalible método del eminente musicólogo sueco Björn
Gustavson, inagotable fuente en la que han bebido tantos
virtuosos instrumentistas. En primer lugar, delimitemos el campo de aprendizaje
a los ingenios musicales consistentes en un tubo hueco o cavidad equivalente,
provistos bien de agujeros, caso de la ocarina, la dulzaina, el chiflo, el pito
o la misma flauta (que tomamos como base para la enseñanza), o bien de otros
adminículos, pistones en el caso de la trompeta, clavijas, llaves, etcétera,
diseñados para ser pulsados con los dedos y a la postre alcanzar idéntica
finalidad de obturar agujeros en instrumentos tales como la citada trompeta,
trompa, trombón, fagot o saxofón.
Nos
limitaremos a tres sencillas reglas:
Primera regla: tapa con los dedos todos los agujeros que tenga el
instrumento. En este punto podrías encontrar dos problemas distintos:
a).-
que te sobren dedos. No hay que preocuparse por eso. Si te sobran menos de
cinco los elevarás elegantemente, como hacen las señoritas finolis cuando sostienen
la tacita de té. Si te sobran cinco, es decir, una mano entera, lo más práctico
es que la metas en el bolsillo, que así estará calentita y no estorbará.
b).-
que te falten dedos. Esto es un poco peor, pero no hay que desesperar: mi consejo
en este caso es que llames a un vecino.

Tercera regla: mueve los dedos arriba y abajo sucesivamente
dejando libres ora unos agujeros, ora otros. De esta manera tan fácil y
divertida, obtendrás simpáticos arpegios y hasta alguna escalita si tienes
cuidado de ir levantando los dedos ordenadamente.
¿Has
visto qué fácil es? Ya sabes tocar la flauta, ladrón. Podrás pasar unas veladas
deliciosas. Ahora bien, si pretendes interpretar una melodía que resulte
reconocible, como por ejemplo, Paquito el
chocolatero, tendrás que ir al conservatorio y aprender música.
Francamente, te adelanto que no merece la pena.
Con
las grandes fortunas pasa lo mismo que con las salchichas: es mejor no saber
cómo se han fabricado.
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