La
experiencia nos muestra que hay más personas diestras que zurdas, pero nos
preguntamos en qué porcentaje son mayoritarios quienes utilizan de preferencia
la mano derecha, si ocurre lo mismo con el resto de los primates, y sobre todo,
por qué, cuál es la razón de que existan menos personas zurdas.
El
estudio del fenómeno no es nuevo. Según el psicólogo Frank McAndrew, los
científicos llevan casi dos siglos tras ello. En primer lugar, los porcentajes
son variables. Aunque está claro que la mayoría de las personas son diestras,
según las diferentes poblaciones investigadas, los diestros oscilan entre el 70
y el 95% de los sujetos estudiados, y eso parece una horquilla demasiado amplia.
Se ha especulado con que en las sociedades más permisivas donde se deja a los
niños elegir libremente qué mano emplear para manipular objetos o manejar
herramientas, posiblemente hay más zurdos.
También
es posible que en algún estudio se hayan etiquetado como zurdos a quienes en
realidad son ambidiestros. Hay signos de que la genética ejerce alguna
influencia, pero los genetistas no logran consensuar mediante qué proceso
concreto. El empleo preferente de una u otra mano puede depender de mecanismos
sociales y culturales. Hace algunas décadas, muchos docentes y muchos padres
obligaban a los escolares a escribir con la mano derecha. Trasladada fuera de
la escuela, la imposición alcanzaba a muchos oficios, actividades laborales o
artísticas. El sistema de escritura manual de las culturas occidentales está
hecho por y para diestros, y lo mismo ocurre con multitud de útiles y herramientas.
Sólo en los últimos años han aparecido utensilios diseñados específicamente
para zurdos como tijeras, cubiertos, instrumentos musicales y hasta ratones de
ordenador. Con la explicación cultural parece concordar el hecho de que los
porcentajes de zurdos sean muy bajos en países con regímenes autoritarios.
En
cuanto a los primates, nuestros parientes más próximos en la escala
filogenética, en principio no parece observarse un predominio lateral claro. El
hecho de que entre gorilas, bonobos y chimpancés el porcentaje de diestros
supere ligeramente al de zurdos, acaso pueda atribuirse a la contaminación cultural,
pues la inmensa mayoría de ejemplares estudiados lo han sido en cautividad o
domesticidad, y de todos es conocida la gran capacidad imitativa de los
hominoideos. Incluso cuando enseñamos a “dar la patita” a nuestras mascotas más
habituales, perros y gatos, solemos elegir de preferencia la derecha, y ellos
se acomodan a nuestra enseñanza. Así que no conviene perder de vista el peso de
lo cultural.
Estudios
realizados con animales en libertad, parecen mostrar que tomados de uno en uno,
cada individuo desarrolla su preferencia personal en virtud de cuáles hayan
sido sus primeras experiencias en materia de manipulación, pero que en ningún
caso se establece una pauta ni en el grupo familiar ni en la especie.
Ya
en el siglo XIX, el francés Paul Broca, pionero de la neurología, apreció una
relación entre la preferencia por la mano derecha y la especialización para el
lenguaje del hemisferio izquierdo cerebral. Pero la asociación mano-cerebro no
es una correlación ni simple ni fiable. Un siglo más tarde, hacia 1970, otros
estudios revelaron que la mayoría de las personas zurdas cuentan con la misma
especialización para el lenguaje en el hemisferio izquierdo, es decir,
exactamente igual que los diestros.
La gran pregunta es por qué. Por qué la gran mayoría de los seres humanos somos diestros. Y ya que la sociología no parece ofrecer una respuesta categórica, quizá debamos recurrir a la genética. M.K. Holder, científico afiliado al Centro para el Estudio Integrado del Comportamiento Animal de la universidad de Indiana, aventura una hipótesis inquietante. Si como parecen mostrar las pruebas genéticas o más bien paleogenéticas, los actuales seres humanos descendemos de un reducido grupo de Homo sapiens procedente del Este de África que abandonó ese continente hace unos cien mil años, cabe pensar que el grupo acaso fuera tan reducido que consistiera en poco más que una familia cuyos miembros eran diestros, y que ese rasgo hereditario está de alguna forma aún por desentrañar, grabado a fuego en nuestro ADN.
Cuando
no tengas la menor idea de algo, contesta que no descartas ninguna hipótesis.





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