Roger Corman,
el mítico director de películas de serie B, a quien se deben títulos tan
emblemáticos como El ataque de los
cangrejos gigantes (1957), La mujer
avispa (1959) o Yo fui un cavernícola
adolescente (1958), filmó en 1963, y en sólo tres semanas, como era su
costumbre, El hombre con rayos X en los ojos.
Se trata de un producto de calidad acorde con su bajo presupuesto. El guión no
puede ser más simple: Al profesor James Xavier (interpretado por Ray Milland) le retiran la subvención para
continuar sus investigaciones, a la vista de la falta de resultados. En un
último intento desesperado por obtener algún éxito, el profesor se decide a
probar en sí mismo un peligroso suero que proporciona visión de rayos x. Como
es previsible, los acontecimientos se precipitan hacia un final terrorífico que
os impactará si no conocéis
Con
este preámbulo pretendo traer a colación los riesgos y las medidas
preventivas aplicables en el puesto de técnico de radiodiagnóstico.
A quien me lea por primera vez, quizá le parezca asombrosa una asociación de
ideas tan estrafalaria. Sé que los que me leéis habitualmente no os asombráis
ya de nada, así que jugando con esa ventaja, paso a enumerar, primero los riesgos:
Exposición
a radiaciones ionizantes.
Dermatitis
de contacto.
Irritación
respiratoria.
Lesiones
corneales.
Riesgo
medioambiental.
Y
después las medidas preventivas. No os las perdáis:
Las
instalaciones deben estar autorizadas y revisadas por el Consejo de Seguridad
Nuclear.
Deben
contar con paredes emplomadas y el resto de los aislamientos.
Las
distintas zonas estarán debidamente delimitadas y señalizadas.
Los
trabajadores portarán dosímetro para evaluar los niveles de radiación a que
están expuestos.
Se
controlarán los tiempos de exposición.
La
gestación y/o la lactancia son incompatibles con la actividad, por lo que se
procederá al cambio de puesto de trabajo o a la suspensión temporal de la
actividad.
Se
realizará un reconocimiento médico previo a la incorporación al puesto, así
como reconocimientos periódicos específicos, por servicio autorizado por la
autoridad autonómica o nacional competente, previo informe del Consejo de
Seguridad Nuclear.
Debe
procederse a la eliminación de sustancias o productos peligrosos o nocivos en
recipientes adecuados y por empresa autorizada (gestor de residuos).
Las
tareas de limpieza de las cubetas, si se realizan a intervalos breves, pueden
hacerse con agua, evitando el uso de limpiadores más agresivos.
Los
trabajadores estarán convenientemente formados e informados de los riesgos, las
medidas preventivas y los medios de protección.
Deben
extremarse en todo momento las medidas higiénicas.
Los
locales contarán con ventilación general y localizada. El caudal recomendado en
Se
ventilará abundantemente la zona durante las operaciones de limpieza y
mantenimiento, así como en caso de derrames, operaciones de trasvase de
líquidos, o uso de barnices para fijar y proteger las fotografías.
Es
necesario asegurar que no se sobrepasen los valores límite ambientales (TLV)
propuestos por la ACGIH de ninguna de las sustancias presentes en el
procedimiento de revelado.
Todas
las sustancias presentes deben contar con la correspondiente ficha de
seguridad.
Los
productos se conservarán siempre en sus envases originales, que estarán
etiquetados y marcados con los pictogramas (frases R y frases S)
correspondientes.
Los
frascos y envases que contengan sustancias cáusticas o corrosivas, se situarán
en estantes bajos, con el fin de evitar su derrame en la cara o los ojos en
caso de rotura o caída accidental.
Es
aconsejable adquirir ácidos fuertes (como el sulfúrico), ya diluidos, para
reducir el riesgo por salpicaduras durante el proceso de dilución; o para
reducir al mínimo la emisión de vapores (caso del ácido clorhídrico). El ácido
acético se manipulará al 80% y se evitará el ácido acético glacial.
Equipos
de protección:
Guantes
impermeables en la manipulación de sustancias químicas.
Guantes
y gafas en la preparación de los baños.
El
tipo de guantes dependerá de la sustancia de cuyo contacto haya que protegerse.
Por lo tanto, antes de su elección, es preciso conocer las fichas de seguridad
de los diferentes productos.
Espero
como siempre, que nuestros consejos sean útiles. Considerad la magnitud de los
daños que podrían producir tanto las sustancias químicas, como las propias
radiaciones, y no tendréis más remedio que coincidir conmigo en que toda
precaución es poca en este caso.
Por mi parte he conocido a viejos radiólogos acostumbrados a trabajar con la precariedad de medios de protección que caracterizó a épocas pretéritas. No pocos fallecieron prematuramente, víctimas de leucemias, linfomas y procesos tumorales. Así que protegeos y obligad a los demás a hacerlo. Merece la pena, creedme.
Con
cada nuevo contratiempo, el Káiser se iba degradando más y más. Con la derrota
huyó, con la revolución abdicó, y en el exilio… ¡se volvió a casar! Winston Churchill.




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