Al Pacino, el inolvidable Michael
Corleone de la trilogía de El Padrino,
se ganó a pulso con ese papel un sitio en la industria cinematográfica y en los
corazones de los espectadores de todo el mundo. Con el triunfo y la fama, dejó
atrás a aquel Alfredo James Pacino, un hijo de emigrantes en la jungla de
asfalto neoyorquina, de infancia difícil y adolescencia delictiva. Francis Ford
Coppola fue para él una especie de hermano mayor que le introdujo en la
profesión y siempre le prestó apoyo. El joven Alfredo estudió interpretación
con gran aprovechamiento, y llegó a convertirse en un actor talentoso, capaz de
manejarse bien en varios registros interpretativos. En Serpico, de Sidney Lumet, o en Scarface,
de Brian de Palma, exprimió al límite de su condición de ítaloamericano todos
sus recursos gangsteriles. Pero demostró que también era capaz de moverse con
soltura en otros géneros. Su interpretación en 1992 del protagonista de Esencia de mujer, de Martin Brest,
versión americana de la italiana Profumo
di Donna, estuvo por completo a la altura de Vittorio Gassman.
Precisamente
de esa gran película, os dejamos el enlace con la magistral escena del tango,
uno de los momentos musicales más inolvidables de la historia del cine:
Al Pacino. Tango de Esencia de mujer. 1992
https://www.youtube.com/watch?v=z7jdL7ZgG0Y
Próxima entrega: Susan Sarandon


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