En
768 murió Pipino el Breve, rey de los francos. Repartió su reino entre sus dos
hijos, Carlomagno y Carlomán. Eginardo, que sería el cronista áulico de
Carlomagno, situó su nacimiento en 744. Los historiadores modernos lo hacen en
742, y achacan a Eginardo la trampa de atrasar un par de años el natalicio,
porque en 742 sus padres, Pipino y Bertrada, aún no se habían casado. Parece
que entre los francos (término cuyo
significado es “libres”) estaba
extendida la libertad de tomar concubinas antes del matrimonio. No obstante,
Carlomagno llegó a ser nada menos que emperador de Occidente, y junto al papa
de Roma, cabeza visible del catolicismo. Así que al prudente Eginardo debió
parecerle inapropiado que el monarca hubiera sido un fruto del amor libre, y de
paso le quitó un par de años, algo que no sólo satisface a las actrices y las
cantantes, sino a todo hijo de vecino. A Carlomagno correspondieron en el
reparto los territorios de Austrasia, Neustria y Aquitania, mientras que
Borgoña, Provenza, Alsacia y Suabia, quedaron bajo el dominio de Carlomán.
Durante
la juventud de ambos hermanos, Bertrada, la reina madre, se ocupó de mantener
la paz entre ellos. En vida, fue Bertrada la mujer más influyente de Europa, y
estableció alianzas con el papa Esteban III y con Desiderio, el rey longobardo
de Pavía. Pero ocurrió que en 771 Carlomán falleció a los veinte años en
circunstancias nunca aclaradas. El año siguiente murió también el papa Esteban,
y le sucedió en Roma Adriano I que a juzgar por su correspondencia, sus demás
escritos y su extravagante política, debía ser un completo imbécil. Las
relaciones entre Roma, Pavía y Aquisgrán, donde residía Carlomagno, se enturbiaron
hasta el límite por una serie de repudios matrimoniales y la consiguiente
ruptura de las alianzas que había establecido Bertrada. El caso es que los
sucesivos acontecimientos situaron a Carlomagno en el trono del Imperio, el
nuevo-viejo Imperio romano restablecido, que desde entonces pasó a denominarse
Sacro Imperio Romano Germánico.
Tenemos
pues a Carlomagno establecido en el trono y retratado por los escultores a
caballo sosteniendo en las manos los símbolos del poder, la espada y el globo del
orbe rematado por la cruz. De joven era alto, hermoso y robusto. De viejo se le
pintó como una especie de galán maduro, el
emperador de la barba florida que además de ser el monarca más poderoso de
su siglo, se rodeó de una corte de intelectuales, estudiosos y artistas de todo
género, en lo que se ha dado en llamar el Renacimiento
Carolingio, etapa de gran auge de las artes y las letras que precedió
varios siglos al verdadero Renacimiento que supuso el final de la edad media. Amaba
Carlomagno la buena vida y la buena mesa. Se deleitaba con las verduras y con
el cerdo en todas sus preparaciones posibles. Siendo ya hombre de edad,
descubrió el queso cuando un obispo le ofreció uno de oveja en tiempo de
vigilia. Cuenta Eginardo en su Vita
Karoli que al mordisquear la corteza estuvo a punto de hacer ejecutar al
obispo porque le supo muy mal. Probó después la pulpa del queso, y le gustó
tanto que al parecer no volvieron a faltar los quesos en su mesa.
Carlomagno
sufrió en la vejez reumatismo y gota. Sufrió también los devaneos de sus hijas
que aunque nunca llegaron a casarse, tuvieron varios hijos naturales a los que
el abuelo aceptó amorosamente. Amó mucho a su esposa Hildegarda, lo que no
impidió que tuviera varias amantes. Sometió a la Lombardía, aunque permitió que
los longobardos (más civilizados que los francos) conservaran sus leyes y
cierta autonomía en sus gobiernos. Sometió también a los sajones al Este, pero
no pudo con los musulmanes andalusíes. La expedición guerrera de 778 en la que
las tropas carolingias sitiaron Zaragoza sin éxito y a su regreso saquearon
Pamplona, terminó de mala manera con el episodio del desastre de Roncesvalles
que recoge La Chanson de Roland.
El
emperador admiraba profundamente a los hombres cultos, y a menudo se hacía leer
la Biblia y la obra de san Agustín. Sin embargo, no consiguió aprender a leer y
escribir. El monarca más poderoso de su tiempo era analfabeto. Falleció
Carlomagno en 814, a una edad desusadamente avanzada para la época, setenta y
dos años. Siguiendo sus bárbaras tradiciones germánicas, dividió su Imperio
entre sus tres hijos, Pipino, Carlos y Luis. Carlos que era su preferido, murió
muy joven, lo mismo que Pipino. Finalmente el Sacro Imperio Romano Germánico
fue heredado por el hijo superviviente, Ludovico Pío o Luis el Piadoso. En la
Historia como en todo lo demás, el que resiste, gana.
-A
su hija le hemos encontrado trazas de heroína.
-No
me extraña, mi chica siempre fue muy valiente.





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