Los
pliopitécidos evolucionaron en África a
comienzos del Oligoceno, hace unos 35 millones de años. Declinaron y se
extinguieron definitivamente en el Mioceno, hace 10 millones de años
aproximadamente. Pero claro está, dejaron descendencia, de la que seguiremos
ocupándonos en sucesivas entregas.
Aunque
presentan rasgos primitivos, como el hocico largo, el cerebro aun muy reducido,
y hasta en ciertos casos, conservan la cola, los pliopitécidos son la primera
familia fósil que podemos calificar como de simios
auténticos. Entre sus características más avanzadas que les
acercan a los simios modernos, pueden destacarse la mandíbula, la dentadura y
la visión estereoscópica ya completamente similar a la nuestra.
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Propliopithecus |
Tres
son las especies mejor estudiadas de esta familia. Propliopithecus,
acaso el ejemplo más antiguo, puesto que data de mediados del Oligoceno,
hace unos 27 millones de años, era un cuadrúpedo del tamaño aproximado de un
gibón. Se movía a cuatro patas sobre las ramas de los árboles de forma muy
parecida a como puede hacerlo un macaco moderno. Aegyptopithecus,
otro fósil de características similares, hallado en la región egipcia de Fayún,
es posible que sea en realidad la misma criatura. Los ojos de Propliopithecus
encajaban en unas cuencas amplias, y se dirigían hacia el frente, lo que le
proporcionaba una magnífica visión estereoscópica que le permitiría precisión
en el salto y una buena puntería para arrojar objetos. Su dentadura, por
completo similar a la de los simios actuales, presenta adaptaciones típicas de
un frugívoro, aunque es muy probable que también consumiera insectos e incluso
pequeños vertebrados.
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Pliopithecus |
Pliopithecus,
nuestro segundo protagonista, habitó Europa desde mediados hasta finales del Mioceno.
Sus fósiles se han hallado en Francia y la República Checa. Era un animal de
envergadura considerable, que podía medir alrededor de 1,20 m. de altura. Su
anatomía resulta tan semejante a la de los modernos gibones, que algunos
paleontólogos llegaron a pensar que Pliopithecus fue su ascendiente directo.
Una idea que actualmente parece descartada. Esta criatura presentaba una cara
corta de características modernas, caninos muy afilados y ojos grandes, si bien
es posible que su orientación, no del todo frontal, le privara de una perfecta
visión estereoscópica. Las extremidades eran largas, y también las manos y los
pies tenían una longitud considerable. Adaptaciones muy útiles para la
braquiación y los desplazamientos en las ramas. Hay paleontólogos que le
atribuyen una cola vestigial.
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Dendropithecus |
Dendropithecus,
nombre específico cuya traducción es el simio de los árboles, es quien
para los paleontólogos actuales se perfila como el verdadero ancestro de los
gibones. Vivió entre principios y mediados del Mioceno, hace 15 o 20
millones de años, en el este de África, en Kenia concretamente. Sus patas
anteriores eran notablemente largas, por lo que debió braquiar con gran
eficacia. Toda su estructura física guarda un parecido extraordinario con la
del gibón, con excepción de su tamaño bastante menor, pues un Dendropithecus
adulto no sobrepasaba los 60
cm. de altura. También su alimentación era semejante a
la de los gibones, compuesta de frutas, hojas y flores. Sus hábitats eran
básicamente los bosques densos de tipo tropical, que en su época abundaron en
el África oriental.
Pues
bien, estos fueron los pliopitécidos.
Iniciaron un camino evolutivo que les convierte en remotos compañeros de viaje
genéticos de los grandes simios modernos y con toda probabilidad, también de
los homínidos. Muchas de sus adaptaciones avanzadas se han perpetuado tanto en
los simios recientes como en nosotros mismos. Próximamente retomaremos el hilo
de esta historia.
-Paquita,
llévame al circo.
-No
nene, que si te llevo, te contratan.
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