
La
respuesta inmediata es que con la tecnología actual, la obra sería absolutamente
imposible. Estamos hablando de un túnel de 12.756 kilómetros
de longitud que cruzara el núcleo externo de magma fundido, y el interno de
hierro sólido, con temperaturas que podrían superar los 6.000º C. Por lo tanto,
podemos descartarlo por completo. Ahora bien, imaginemos el túnel ya construido…
En
este caso, ignorando la fricción, la rotación planetaria y otras
complicaciones, y asumiendo que la distribución de la masa terrestre fuera
uniforme (algo también imposible), un objeto o una persona que se dejara caer
por un extremo del túnel, regresaría a la superficie por el otro extremo con un
movimiento muy similar al de un péndulo que se balanceara arriba y abajo. La
velocidad de la caída iría aumentando hasta alcanzar su valor máximo en el
centro de la Tierra y a continuación, iría descendiendo hasta alcanzar la
superficie por el otro extremo, donde volveríamos a tener una velocidad cero.
Shegelski calculó que la duración del viaje sería de unos 42 minutos, siempre
que no hubiera fricción con la consiguiente pérdida de energía.

He
dado orden de que en caso de emergencia nacional, me despierten inmediatamente.
Incluso si estoy en una reunión del gabinete. Ronald Reagan.
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