
En
un trabajo de 1979, Pau Ferrer relataba un curioso y poco conocido episodio de
la llamada revuelta de Las Germanías,
que tuvo lugar en el reino de Valencia entre 1521 y 1523, durante el reinado
del emperador Carlos, y puede enmarcarse en los movimientos populares y
disturbios políticos que se produjeron a lo largo del XVI, junto a la rebelión
de los
Comuneros en Castilla, la guerra de las Alpujarras de Granada, o el
posterior levantamiento
de Aragón que terminó con el asesinato de su Justicia Mayor, ya bajo
Felipe II.

Pero
este episodio que así narrado resulta un poco chusco, no terminó con los
chubascos de agua bendita. Finalizado el conflicto, se planteó la cuestión de
la validez o invalidez de los bautismos. Se reunió en Madrid una junta de
teólogos, que después de arduas deliberaciones, falló a favor de la validez del
sacramento. Lo más gracioso (si el asunto tuviera alguna gracia) es que para
ello se invocó nada menos que la libertad. Concretamente la sentencia aludía
literalmente a la libertad que tuvieron
los mudéjares para escoger entre el bautismo y la muerte. A la sentencia de
los teólogos siguió la conformidad del papado, que además exoneró oportunamente
al monarca de promesas anteriores que hubieran sido hechas a los mudéjares
respecto a su libertad religiosa. Por cierto que la corona, tomando el rábano
por las hojas, se apresuró a aplicar este principio de invalidar anteriores
promesas, a los musulmanes del reino de Aragón y el principado de Cataluña.
Resultó todo muy conveniente para la política unificadora de Carlos I, porque
de esta manera quedaron abolidos en la práctica los derechos forales en lo
relativo a libertad religiosa. La Inquisición y su brazo secular pudieron ya
actuar en todos los reinos. Naturalmente actuaron. Como consecuencia, los
moriscos abandonaron su actitud pasiva y pasaron a la acción. La expulsión
definitiva estaba servida, y se consumó poco después.
Bien.
Esta es la Historia de España. No penséis que se trata de algo excepcional. La
Historia de cualquier otra nación también está plagada de estos o parecidos
episodios. Desgraciadamente el amor, la justicia y la paz sólo triunfan en los
cuentos de hadas. Homo homini lupus,
que decía el clásico, amigos. ¡Qué le vamos a hacer!
La
vida es muy peligrosa. Nadie sale vivo de ella. Woody Allen.
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