
Tenía
la mirada lánguida y, por decirlo sin rodeos, unas largas piernas y una buena delantera. Tres
razones suficientes para conseguir buenos papeles en películas de éxito. Ann
Sheridan compartió cabecera de cartel con figuras tan destacadas como Humphrey
Bogart, James Cagney, Errol Flynn, Cary Grant o Bette Davis. Todos los críticos
parecían coincidir en que no era lo que se dice una gran actriz, pero lo cierto
es que al público le gustaba, y como los gustos del público se reflejaban en
las taquillas, Ann se convirtió en una de las favoritas de los productores.
A
medida que cumplía años, iba mejorando su capacidad interpretativa, hasta el
punto de que en La novia era él
(1949), que fue uno de sus últimos trabajos, por momentos llegó a eclipsar al
mismo Cary Grant. Pero lamentablemente, a la vez su físico iba empeorando, y no
supo, o quizá no le ayudaron a dar ese salto generacional que dieron otras
actrices. El caso es que en los cincuenta la luz de Ann Sheridan se eclipsó
hasta la total extinción. Haced clic en la ilustración para visionar un
breve montaje fotográfico, homenaje a esta estrella tan rutilante como fugaz.
Próxima entrega: Claire Trevor
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