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jueves, 22 de agosto de 2024

JAIME I Y LA EXPANSIÓN DE LA CORONA DE ARAGÓN

 


Tras la derrota de los almohades en Las Navas de Tolosa en 1212, los reinos cristianos peninsulares tuvieron ya vía libre para extender sus dominios a costa de al-Andalus. En la España oriental las conquistas tuvieron un indudable protagonista en la persona del rey aragonés Jaime I, conocido precisamente como el Conquistador. Nacido en Montpellier en febrero de 1208, era el hijo de Pedro II el Católico de Aragón y María de Montpellier, heredera del trono bizantino. Alrededor de su nacimiento se construyó una leyenda alimentada por él mismo, que a menudo contó a sus cortesanos, y hasta dejó escrito, que su concepción se produjo en la única ocasión en que sus progenitores se acostaron juntos en toda su vida. Quiere esa tradición que unos devotos frailes introdujeron a María de tapadillo en el lecho del monarca, y que descubierto el engaño, Pedro juró y cumplió no volver a tener jamás trato carnal con ella. Engrosa así Jaime I la extensa nómina de grandes hombres y héroes fundacionales cuyo nacimiento se produce de forma milagrosa o inverosímil.


La primera gran conquista de Jaime I fue la isla de Mallorca. Una empresa inspirada y costeada en gran parte por la incipiente pero ya pujante, burguesía mercantil catalana. En efecto, los territorios de la Corona aragonesa ofrecían ya a comienzos del siglo XIII y aun desde algunas décadas antes, un claro contraste entre el reino de Aragón y los condados catalanes del interior y pirenaicos, cuya economía se sustentaba en la agricultura, y la ciudad de Barcelona que contaba con un floreciente comercio marítimo. Mallorca se había convertido en el principal bastión de los piratas musulmanes del norte de África y del levante peninsular, que asaltaban continuamente las embarcaciones aragonesas, francesas y genovesas que cubrían las rutas comerciales del Mediterráneo noroccidental.

La campaña mallorquina fue costosa, prolongándose desde 1229 hasta 1232. En 1235 Jaime extendió la conquista a Ibiza y Formentera, mientras que Menorca no pudo ser ocupada hasta 1287, siendo ya rey de Aragón Alfonso III. La repoblación de las Baleares se llevó a cabo en su mayor parte con colonos provenientes de los condados catalanes litorales y septentrionales, Ampurias, Rosellón y Bearn. Acaso como castigo a la resistencia que opuso, la población musulmana fue exterminada en su mayoría, y sometidos a servidumbre los escasos supervivientes.


Valencia fue el siguiente objetivo del Conquistador. Cayó tras un largo asedio en 1238. Los avances iniciales habían comenzado en 1232, mientras Jaime guerreaba en Mallorca. Los lideró el conde Blasco de Aragón, que tomó las plazas fuertes de Ares y Morella. Más tarde, en 1236, las huestes aragonesas obtuvieron en la Curia de Monzón, el privilegio o la etiqueta de Cruzada, otorgada por el papa Gregorio IX. Cayeron ese año Burriana, Peñíscola y Almanzora, y el año siguiente el Puig. Una vez conquistada Valencia, el avance aragonés prosiguió hacia el sur, ocupando la que fuera taifa de Denia, con las conquistas de Cullera en 1239, y de Alcira en 1245. Las campañas militares fueron particularmente duras. Se llevaron a cabo por tropas mayoritariamente aragonesas.

En cuanto a la repoblación, las comarcas montañosas del interior de Castellón y Valencia se adjudicaron a las órdenes militares del Temple y del Hospital. La ciudad de Valencia y su rica huerta circundante fue repoblada tanto por aragoneses como por catalanes del interior. En los territorios situados al sur del Turia permaneció la gran mayoría de su población islámica, seguramente porque no existía suficiente población cristiana que reubicar. Esa mayoritaria población mudéjar fue durante los siglos siguientes origen de un sinfín de revueltas y alzamientos en la región, que se prolongaron prácticamente hasta la definitiva expulsión de los moriscos ya en el siglo XVII.


Pedro III, llamado el Grande, el hijo de Jaime, fue el iniciador de la gran expansión de la Corona aragonesa hacia el Mediterráneo. En 1282, tras el baño de sangre de las llamadas Vísperas Sicilianas, en que los naturales se alzaron contra los angevinos, sus señores franceses, el monarca aragonés, casado con Constanza de Sicilia, fue proclamado rey por los sublevados, lo que causó gran disgusto a Felipe III de Francia y al mismo papa de Roma que excomulgó a Pedro. Excomulgado y todo, retuvo para sí la isla. Sus hijos Alfonso III y Jaime II extendieron sus dominios a Córcega y Cerdeña, iniciaron la influencia aragonesa en el reino de Nápoles, y en dura competencia con los genoveses, llevaron sus naves hasta el confín del Mediterráneo oriental. Particular protagonismo como ciudad tuvo en ese periodo Barcelona, que se consolidó como principal puerto comercial. Y particular protagonismo como caudillo guerrero tuvo Roger de Flor, que al frente de los célebres almogávares, extendió la influencia de la Corona hasta Atenas, Neopatria y la mítica Constantinopla. Roger de Flor era un caballero templario nacido en Brindisi, que se ofreció como mercenario a la causa de Aragón. Los almogávares eran una temible tropa de infantería formada por aventureros de diverso origen, cuya ferocidad se hizo célebre. Tras la muerte de su capitán de guerra, establecieron un efímero y caótico reino del terror en las islas del Egeo y en el continente.



Ya en los años finales del siglo XIII, la Corona de Aragón realizó su último avance en tierras peninsulares con la conquista de Murcia. Las presiones de Castilla forzaron a Jaime II en 1304 a ceder parte de aquel territorio a los castellanos. El aragonés conservó para sí la parte septentrional de la taifa, la actual provincia de Alicante, mientras Murcia y su zona circundante pasó a poder de Castilla, si bien Alfonso X el Sabio accedió sabiamente a permitir que el territorio fuera repoblado por aragoneses.

Al profe Bigotini le gusta presumir de conquistador en sus años mozos. Desde luego, no al estilo de Jaime I, aclara guiñando el ojo. ¡Hay que ver qué hombre tan enigmático!

 

Pensaba hacerme una foto sensual en la cocina, pero he visto el jamón y me he hecho un bocata.


lunes, 19 de agosto de 2024

GOETHE Y EL ALMA LITERARIA DE ALEMANIA

 


Johann Wolfgang von Goethe vino al mundo en Frankfurt el 28 de agosto de 1749. Fue el hijo de un abogado y consejero imperial, y de la hija del burgomaestre de su ciudad natal, una familia de la burguesía acomodada, el patriciado urbano de aquel territorio que entonces formaba parte del Sacro Imperio Romano Germánico. El pequeño Johann fue un niño estudioso y brillante, que destacó en lenguas, en dibujo y en ciencias. También se interesó muy pronto por la literatura. Estudió en Leipzig derecho durante apenas tres años, cuando una grave enfermedad, probablemente meningitis, le obligó a abandonar la facultad para volver a Frankfurt, donde le cuidó Katharina Klettenberg, una joven amiga de su madre que fue seguramente su primer amor. Ella le introdujo en el misticismo pietista, y el joven Goethe compuso entonces sus primeros y apasionados poemas.


Regresó a la universidad en 1770, esta vez en Estrasburgo, y un año más tarde defendió allí su tesis doctoral sobre las relaciones Iglesia-Estado, un escrito que causó gran escándalo entre los severos profesores que le calificaron de peligroso ateo. Conoció en ese breve periodo a Federica Brion, que le inspiraría la mayor parte de sus personajes femeninos. Se interesó también por la poesía popular alemana, por el folklore y por las obras de Shakespeare, de Calderón y de Gracián. Colaboró por entonces con Herder en la redacción del manifiesto Sturm und Drang (Tempestad e ímpetu), que muchos consideran el preludio del Romanticismo en Alemania, Su amor no correspondido por Charlotte Buff, prometida de otro joven abogado compañero suyo, le inspiró probablemente el argumento de su primera y más célebre novela: Las penas del joven Werther, una de las piezas más importantes de la narrativa en lengua alemana, que escribió ya de vuelta en Frankfurt.



Goethe entró al servicio del príncipe heredero Carlos Augusto, y fijó su residencia permanente en Weimar. Allí se codeó con poetas e intelectuales de la talla de Wieland, Leopardi, Herder o Schiller. El resto de su existencia iba a transcurrir en aquella corte, bajo la protección del duque y de Ana-Amalia, su madre, entre su domicilio y la Biblioteca ducal, una de las más importantes de Alemania y de la Europa de su tiempo. Abandonó la literatura durante casi una década para interesarse por las ciencias: óptica, geología, química u osteología fueron algunas de las disciplinas a que se entregó. El duque le otorgó un título nobiliario, ingresó en la masonería y conoció a figuras tan importantes de su época como Beethoven, Schopenhauer o Napoleón Bonaparte.

Retomó después su trabajo literario, que se centró sobre todo en la dramaturgia. Obras tan notables como Clavijo, Prometeo, Ifigenia en la Táuride, La selva negra o El gran Copto, obtuvieron gran éxito sobre las tablas. Algunas sirvieron de inspiración a los músicos y se convirtieron en óperas. Pero la que sin duda puede considerarse la gran obra dramática de Goethe y la más universal, es Fausto, monumental drama cuya primera parte se publicó en 1808, y la segunda, ya póstumamente, en 1832, año de la muerte del poeta.


Fausto es seguramente a la literatura alemana lo que El Quijote es a la española, y Goethe representa la máxima cumbre literaria de su nación. En su recuerdo y homenaje, nuestra biblioteca Bigotini os ofrece el enlace con la edición digital de Las penas del joven Werther, novela que no por ser una obra de juventud de su autor, es en nada inferior a sus trabajos de madurez. Haced clic en este enlace y sumergíos en el tormentoso, apasionado y desesperado romanticismo de Johann Wolfgang von Goethe.

 

https://www.dropbox.com/home/Profesor%20Bigotini?d=1&preview=Werther.pdf

 

El hombre más peligroso es aquel que no tiene nada que perder. Johann W. Goethe.


jueves, 15 de agosto de 2024

RIESGO DURANTE EL EMBARAZO Y EMBARAZO DE RIESGO. LA TRAMPA DE LAS PALABRAS

 


El artículo 45.1.d) del Estatuto de los trabajadores contempla la suspensión temporal del contrato de una trabajadora embarazada por riesgo durante el embarazo durante el periodo necesario para la protección de su seguridad y su salud y mientras persista la imposibilidad de reincorporarse a su puesto anterior o a otro puesto compatible con su estado.

Es lo que en el ámbito laboral conocemos como ‘baja por riesgo durante el embarazo’. La trabajadora permanece en situación de incapacidad laboral transitoria, pero no se trata ni de una baja por contingencias comunes (ITCC), ni de una baja por accidente de trabajo (ITAT). Tampoco debe confundirse con el permiso de maternidad al que tiene derecho toda trabajadora.

 

La baja por riesgo durante el embarazo se plantea en actividades que por su naturaleza o características puedan suponer un riesgo para la embarazada, para el producto de la gestación o para ambos, siempre que no resulte técnica u objetivamente posible o no pueda razonablemente exigirse un cambio de puesto de trabajo a otro que no suponga riesgo, o un relevo temporal de las tareas que lo generen. La prestación corre a cargo de la Mutua de Accidentes de Trabajo y Enfermedades Profesionales de la Seguridad Social correspondiente, entidad que determinará si procede la contingencia previo informe del médico o ginecólogo, del Servicio de Prevención, y declaración por parte del empresario de la imposibilidad de cambio de puesto. Conviene que las empresas, adecuadamente asesoradas por su servicio de prevención, establezcan un procedimiento que identifique aquellos puestos de trabajo y tareas de riesgo susceptibles de ser desempeñados por trabajadoras en edad fértil, y señale en caso de embarazo, los plazos en que sea recomendable y esté previsto en cada puesto el cese de la actividad. Habitualmente se siguen las indicaciones de la tabla editada por la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO).


Naturalmente, partimos de la base de que hablamos siempre de un embarazo normal en una trabajadora sana. Una gestación que sigue su curso ordinario y pasa sin novedad los controles periódicos establecidos. El riesgo radica exclusivamente en el puesto de trabajo. Esto es pues, lo que llamamos baja por riesgo durante el embarazo. Pero, atención, nada tiene que ver con otro concepto que aunque es radicalmente distinto, utiliza casi las mismas palabras. Me refiero al embarazo de riesgo. El de embarazo de riesgo es un concepto médico que engloba patologías de la propia gestación como sangrados, anomalías placentarias, eclamsia, amenaza de aborto, etc., junto a patologías preexistentes o sobrevenidas en la gestante: hipertensión arterial, diabetes, insuficiencia renal, cardiopatías, endocrinopatías… Todos estos casos y otros similares serán tributarios de una baja o incapacidad temporal por contingencia común (ITCC), y a pesar de la trampa de las palabras a que me refería en el título, nada tienen que ver con el concepto de riesgo durante el embarazo, amparado por el Estatuto de los Trabajadores.

 

Recientemente tuvimos conocimiento del caso de una trabajadora cuyo hijo nació con algún tipo de retraso psicomotor del que responsabilizaba al empresario y los prevencionistas, alegando que tuvo que permanecer en su puesto de trabajo hasta poco antes del parto. Nos comentan que se trata de un puesto de oficinas y despachos. Al parecer el puesto fue evaluado y reevaluado posteriormente, no apreciándose riesgo para las embarazadas, lo que en principio, parece razonable. Para este tipo de tareas la tabla de la SEGO aconseja orientativamente el cese de la actividad en la semana 37, muy próxima al parto que las estadísticas promedian en torno a la semana 38.

Muy probablemente estamos ante un caso no de riesgo durante el embarazo, sino de embarazo de riesgo, que acaso no fue detectado a tiempo y diagnosticado por quienes debían hacerlo: sus médicos. Ni los técnicos en prevención ni los mandos intermedios de la empresa poseen los conocimientos, la competencia y las atribuciones suficientes para hacer otra cosa distinta a la que hicieron, es decir, evaluar, planificar y establecer plazos en base a los riesgos presentes en el puesto de trabajo y la actividad que desarrollaba la trabajadora. Este es el sentido de la prevención.

 

La mayoría de nuestras importaciones vienen de fuera del país.  George Bush.


lunes, 12 de agosto de 2024

LA ESPIRAL DE FERMAT: GEOMETRÍA ESPACIAL EN EL S. XVII


 

La espiral de Fermat, o doble espiral, que a veces se llama también espiral parabólica, fue propuesta por Pierre de Fermat en 1636 tras encontrar una, toscamente dibujada, en un viejo ejemplar del Dialogue de Galileo. En una carta escrita por Fermat a su amigo Mersenne, ya adelantó la ecuación polar: r2 = a2q.

Pierre de Fermat, abogado y matemático francés, a comienzos del siglo XVII había ya realizado importantes avances tanto en teoría numérica como en otros ámbitos de las matemáticas. Tras su casual descubrimiento de 1636, en su obra Ad locos planos et solidos Isagoge, Introducción a los lugares planos y sólidos, completó y superó el trabajo de René Descartes en geometría analítica, y definió varias curvas importantes, tales como la cicloide, o como esta parabólica a la que dedicamos este comentario.


Esta espiral de Fermat o parabólica puede generarse por medio de la ecuación polar r2 = a2q, donde r es la distancia de la curva al origen, a es una constante que determina lo comprimida que pueda estar la espiral, y q  es el ángulo polar. Para cualquier valor positivo de q, existen valores negativos y positivos de r, de modo que nos hallamos ante una curva perfectamente simétrica respecto del origen. Fermat estudió también la relación entre el área encerrada por una de las ramas de la espiral, y el eje x a medida que la espiral va girando.

Actualmente, expertos diseñadores gráficos que trabajan con ordenadores utilizan esta curva para plasmar la disposición de las semillas en las flores, tales como margaritas o girasoles. Se pueden por ejemplo,  dibujar puntos cuyas posiciones estén determinadas por las coordenadas r(i) = ki1/2 y q(i) = 2i p/f, donde f es el número áureo, e i es simplemente un contador que va avanzando: 1, 2, 3, 4…


Esta aproximación gráfica produce muchas ramas diferentes que giran en cualquier dirección del espacio y en cualquier sentido. Es posible trazar varios conjuntos de espirales simétricas, partiendo del centro del modelo, por ejemplo, un conjunto  de 8, 13, o 21 ramas, que son siempre números de Fibonacci como los que describió el matemático italiano en su Liber Abaci, como es sabido, una progresión que se repite muchas veces en la naturaleza, por ejemplo en la pauta reproductiva de los conejos. Vemos pues que las leyes naturales, las matemáticas y hasta el arte, pueden caminar unidas y de hecho lo hacen constantemente. Algo que nunca deja de asombrarnos. 

Ocurre a menudo que limpiando el vaso en el que bebemos, cambia el sabor de la bebida. Bueno, pues con la mente ocurre exactamente lo mismo.


jueves, 8 de agosto de 2024

MORENO, CLÁSICO DEL TEBEO Y PIONERO DE LA ANIMACIÓN

 


Arturo Moreno Salvador, que firmó sus trabajos casi siempre como Moreno, fue un valenciano nacido en 1909. Su familia se trasladó a Barcelona cuando el pequeño Arturo tenía ocho años, y allí transcurrió la mayor parte de su vida. Comenzó muy joven a dibujar profesionalmente. Ya en 1924 aparecen trabajos suyos en semanarios como TBO o Pulgarcito, aunque su principal fuente de ingresos fue la casa de discos Odeón, que le encargó el diseño de la mayor parte de sus portadas. También muy pronto, en 1930, realizó su primer corto de animación para anunciar una tableta de chocolate, inspirándose en las primeras películas de El gato Félix.

Durante los años de la República dibujó para diferentes publicaciones catalanas. Después de la guerra continuó colaborando en los semanarios que habían conseguido sobrevivir. Fascinado por las Sinfonías Tontas de Disney, Moreno se centró en esa época en la animación, realizando distintos trabajos publicitarios y algún cortometraje. Se embarcó también en la tarea titánica de producir un largometraje animado, el primero que se realizó en España. Escogió para ello el relato infantil de Julián Pemartín, un escritor franquista. La película se tituló Garbancito de la Mancha, cinta que resaltaba los valores patrióticos y señalaba a los tiernos infantes de posguerra el camino correcto para convertirse en hombrecitos de provecho.

Se estrenó en 1944, tuvo gran éxito de público, y recaudó en taquilla casi tres millones de pesetas, una cifra muy estimable en esos años. Sin embargo, la producción había costado casi cuatro, por lo que significó un importante quebranto para Moreno y sus socios en la aventura. Después de algún otro intento fallido, se decidió a emigrar a Venezuela en 1948, donde realizó varios cortos publicitarios.

Regresó a España en 1956, centrándose definitivamente en la historieta, sobre todo en el semanario TBO, donde se convirtió en una firma imprescindible. Falleció en Barcelona en 1993.

El estilo de dibujo de Arturo Moreno podría calificarse de excesivamente infantil. Aunque no pueda negarse que fue un trabajador infatigable y un pionero del cine de animación, a juicio de quien esto escribe, la obra de Moreno no puede encuadrase entre lo mejor ni de la animación, ni del tebeo español. No obstante, os dejamos aquí abajo como siempre, unas cuantas muestras.
















lunes, 5 de agosto de 2024

SHIRLEY MACLAINE, SHIRLEY LA DULCE

 



Dulce, divertida, pícara… son adjetivos que van como anillo al dedo a Shirley MacLaine. Eterna jovencita de las comedias americanas de los sesenta, Shirley fue la inolvidable ascensorista de la inolvidable El apartamento de Billy Wilder. Fue, también con Jack Lemmon y también con Wilder, Irma la dulce, aquella dulce Irma reina de las noches parisinas y del corazón del severo gendarme, una deliciosa película entre la comedia, la opereta y la pantomima. Engañó después al personaje que interpretaba Clint Eastwood disfrazada de ingenua monjita en Dos mulas y una mujer, un atípico western rebosante de humor.

Una brillante filmografía y sus éxitos en los escenarios de Broadway, la convirtieron en todo un referente artístico de su generación. Tuvo además, que ejercer de hermana sensata de Warren Beatty, una tarea nada fácil por cierto. Claro, que a cambio, también ejerció de hermana pequeña e insensata en el célebre Rat Pack que lideró Sinatra.

Imposible dejar de recordar su luminosa sonrisa. Para seguir teniéndola presente, haced clic en el enlace de aquí abajo, y revivid la última y brevísima escena final en aquel diminuto apartamento de Lemmon. No diga más, y juegue. 

https://www.youtube.com/watch?v=qqmNeVIVB8o

Próxima entrega: Dorothy Malone


jueves, 1 de agosto de 2024

LOS CINCO REINOS Y EL AL-ANDALUS ALMOHADE

 


Tras el efímero periodo del autoproclamado Imperio Hispánico, un espejismo de unión de los reinos cristianos que protagonizó Alfonso VII, llegando a señorear desde el océano al Ródano, a su muerte, en 1157, se volvieron a dividir sus reinos. Comenzó entonces la etapa histórica que se ha denominado de los cinco reinos cristianos.

El más occidental, Portugal, recuperó su autonomía bajo su primer rey, Alfonso I, que conquistó Santarem, Lisboa, Beja y Évora. Su hijo y sucesor, Sancho I, incorporó ya a principios del siglo XIII los territorios meridionales del Algarve.

Castilla pasó a manos de Sancho III, que reinó un solo año, hasta 1158. Durante la minoría de edad de su hijo Alfonso VIII, dos familias, los Castro y los Lara, se disputaron el poder castellano, lo que debilitó al reino considerablemente. Los reyes vecinos se aprovecharon de ello, Fernando II en León y Sancho VI en Navarra. El leonés prosiguió su avance hacia el sur conquistando Yeltes y Alcántara en 1166. En Navarra, Sancho VI y su heredero Sancho VII, conocido como el Fuerte, vieron cómo sus aspiraciones de expansión se frustraban al quedar sin salida al mar tras la conquista castellana de Guipúzcoa, y sin posibilidad de ampliación meridional por la presión de castellanos y aragoneses. Los intereses políticos de Navarra se centraron desde entonces en los territorios francos de allende los Pirineos.


En el oriente peninsular, Alfonso II, el hijo de Petronila de Aragón y de Ramón Berenguer IV, el conde barcelonés, anexionó a sus dominios los condados catalanes de Rosellón y Pallars, así como gran parte de la Provenza. Hacia el sur, extendió el territorio aragonés tras las conquistas de Caspe, Alcañiz, Albarracín, y finalmente Teruel en 1171. El hijo de Alfonso II, Pedro II el Católico, infeudó su reino a la Santa Sede, siendo el primer monarca peninsular coronado en Roma por el pontífice Inocencio III en 1204. Aragón firmó con Castilla el tratado de Cazorla, por el que se delimitaban sus futuros territorios y se pactaban las conquistas. Más allá de las fronteras hispanas, Aragón se asomó en ese tiempo al resto de Europa, manteniendo estrechos lazos con Roma y con los monarcas franceses, y sobre todo, convirtiéndose paulatinamente en la potencia marítima que le llevaría en los siglos siguientes a dominar vastas áreas del Mediterráneo. Valencia, Baleares, Cerdeña, Sicilia, Nápoles e incluso algunas plazas del Mediterráneo oriental, serían objeto de la expansión aragonesa.


Mientras tanto, en al-Andalus, la progresiva decadencia del reino almorávide, dio paso a la incorporación de sus nuevos señores: los almohades. El término, que podría traducirse por monoteísta, alude al integrismo religioso de sus protagonistas. Con capital en Marraquech, el movimiento almohade pretendía reformar las costumbres ateniéndose a los más estrictos principios coránicos. Muchas tribus beréberes de la región del Atlas se sumaron al credo almohade, cuya vertiente religioso-militar le convierte en lo más parecido a las órdenes religiosas cristianas en el ámbito musulmán. Posiblemente la chispa que encendió la mecha y decidió a los almohades  a cruzar el Estrecho, fue la pérdida de Zaragoza. Asentados ya en la Península, establecieron su capital en Sevilla, siendo Córdoba, Granada o Badajoz algunas de sus principales plazas fuertes. Los dirigentes almohades usaban el título de emir o príncipe de los creyentes.

Los comienzos de la expansión almohade peninsular no pudieron ser más prometedores. Todo indica que la economía andalusí mejoró notablemente bajo su férula. Resurgieron con fuerza la agricultura, la ganadería y el comercio. Se produjo también cierto resurgimiento cultural, con nombres tan prestigiosos como los del filósofo Averroes o el médico judío Maimónides. En el plano militar, también fueron brillantes los primeros años de dominio almohade. La victoria de Alarcos sobre las tropas del rey castellano Alfonso VIII en 1195, hizo soñar a los andalusíes con el resurgimiento de un nuevo califato. Sin embargo, probablemente hay que buscar las causas del fracaso almohade en su propia intolerancia. Ello explicaría el imparable éxodo hacia el norte de importantes núcleos de población mozárabe y judía. El principio del fin de su efímero dominio se produjo en 1212 con la aplastante victoria cristiana en las Navas de Tolosa, en la que junto a las del rey castellano Alfonso VIII, intervinieron tropas navarras y aragonesas. Durante el resto del siglo XIII, la expansión cristiana hacia el sur resultaría ya imparable. 

No soy tan joven como para saberlo todo. Oscar Wilde.