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martes, 1 de septiembre de 2026

FILOTAXIS. HOJAS, PÉTALOS Y CONCHAS

 


La filotaxis es la rama de la botánica que estudia la disposición de las hojas en los tallos. Deriva del griego phyllon (hoja) y taxis (orden). Esa disposición de las hojas obedece a pautas geométricas y numéricas, pudiendo a menudo expresarse en términos matemáticos. Las hojas nunca crecen unas encima de otras. Si lo hicieran, unas a otras se taparían la luz, mermando así la capacidad de la planta para aprovechar la luz solar y hacer la fotosíntesis. También algunas hojas quedarían privadas de la lluvia y del oxígeno. Para evitar esos inconvenientes, el crecimiento vegetal sigue de forma estricta una organización que se nos muestra tan admirable, como lo es el conjunto de los fenómenos naturales.

Aunque algunos filósofos griegos habían hecho ciertas observaciones al respecto, fue Leonardo da Vinci el primero en desentrañar las claves de la disposición.


El genio renacentista advirtió que las hojas se colocaban siguiendo espirales a lo largo del tallo en grupos de cinco, lo que indica que el ángulo de giro de las hojas tiene que ver con múltiplos de 1/5. Algo más tarde, Kepler observó que el pentágono tenía una presencia importante en las flores, que a menudo tienen cinco pétalos, o en las frutas, cuyas semillas a menudo se distribuyen formando un pentágono estrellado, como en el caso de la manzana.

La filotaxis comenzó a ser asunto tomado muy en serio por los matemáticos a partir del siglo XIX, gracias al naturalista alemán Karl Schimper (1803-1867) y al cristalógrafo francés Auguste Bravais (1811-1863). Ambos advirtieron la presencia de números consecutivos de la sucesión de Fibonacci en las piñas. Ellos desarrollaron la regla general de los factores de la filotaxis, que podían ser expresados como cocientes de los números de Fibonacci.


A partir de ese momento, quedaron indisolublemente unidas la sucesión de Fibonacci y la botánica. Un estudio de 1968 del matemático norteamericano Alfred Brosseau con más de 4.000 piñas de diez especies diferentes de pinos californianos, arrojó una coincidencia del 98,3% en su pauta de crecimiento con la sucesión de Fibonacci, pudiendo achacarse el insignificante tanto por ciento restante a errores o mutaciones genéticas. La validez del estudio fue confirmada en 1992 por el botánico canadiense Roger V. Jean, que lo amplió a 12.750 especímenes de 650 especies diferentes.

Las hojas de la mayoría de las plantas de tallo alto crecen formando una espiral, y cumplen la ley de divergencia que establece que, para cada especie de planta, el ángulo que forman dos hojas consecutivas es constante. Es el llamado ángulo de divergencia, y se expresa en grados como una fracción en la que el numerador es el número de vueltas alrededor del tallo desde una hoja a la siguiente, y el denominador el número de hojas que se encuentran en ese recorrido.


La serie de Schimper-Braun, formada por los cocientes entre uno de los términos de Fibonacci y el de dos lugares más adelante: an / an+2 nos da una clasificación de muchas especies según su ángulo de divergencia. Si recordamos que el cociente entre dos términos consecutivos, an-1 / an tiende a F, tendremos que la serie anterior tenderá a 1 / F2.

Trabajando en sentido inverso, desde las matemáticas hacia la botánica, un equipo científico liderado por N. Rivier descubrió en 1984 que utilizando un algoritmo matemático con un ángulo de crecimiento igual al ángulo áureo, se obtienen estructuras similares a girasoles reales. Otros experimentos con campos magnéticos también muestran configuraciones con espirales áureas. En 1907, el matemático alemán Gerrit van Iterson ya mostró que cuando se mira un girasol se ven espirales a favor y en contra de las agujas del reloj, formadas por las semillas, las pipas de girasol. Las cantidades de cada una de ellas son también términos consecutivos de la sucesión de Fibonacci. Los más frecuentes son los pares 21-34, 34-55 y 89-144.


El fenómeno se extiende a las ramas de los árboles, los pétalos de las flores, la conformación de las hojas, y en el reino animal, las espirales que forman las conchas de los moluscos. A nivel más amplio, se observan pautas semejantes en los remolinos de los ríos y hasta en la disposición de las galaxias. Así que el bueno de Fibonacci, sin habérselo propuesto, dio con la clave y formuló el principio matemático del crecimiento y desarrollo de los seres vivos, y del funcionamiento de muchos fenómenos naturales.

¿A quién va usted a creer, a mí o a sus propios ojos? Groucho Marx.

 

 


miércoles, 12 de agosto de 2026

LA BALADA DE LAS BALLENAS DURMIENTES

 


Aunque no parece un título muy adecuado para lo que pretende ser un breve artículo de divulgación científica, el propósito es responder a la pregunta de cómo duermen los mamíferos marinos sin ahogarse. Algunos mamíferos marinos como las focas y similares duermen en tierra firme, claro está. Pero, ¿qué pasa con los delfines y las ballenas, por ejemplo, que no abandonan jamás las aguas? Las observaciones realizadas tanto en acuarios y zoos como en libertad, revelan dos métodos básicos para dormir: o bien permanecen quietos flotando en vertical o en horizontal, o bien duermen mientras nadan despacio junto a otro ejemplar de su misma especie. Al parecer, algunos delfines aislados también concilian un sueño más profundo, sobre todo durante las noches, al que los zoólogos llaman dormir como un tronco (logging). Puede parecer una broma, pero no lo es. En ese estado, el delfín parece un tronco flotando en la superficie del agua.


Según Bruce Hecker, responsable del acuario de Carolina del Sur, a quién seguimos en este comentario, cuando duermen y nadan a la vez, se sumen en un estado similar al de duermevela. Es como una de esas siestas en las que uno se queda traspuesto (adjetivo que usaba es estos casos mi abuela) durante unos minutos, pero despierta con el más leve ruido u otra clase de estímulo. Duermen pero a la vez siguen estando alerta. Mientras duermen, los delfines mulares sólo detienen la actividad en una mitad del cerebro, a la vez que cierran el ojo del lado opuesto. La otra mitad del cerebro permanece en un nivel bajo de vigilancia. Este lado atento les sirve para detectar posibles predadores u obstáculos. También señala cuándo subir a la superficie en busca de la imprescindible bocanada de aire. Al cabo de una hora y media o dos, el delfín invierte el proceso, desconectando la otra mitad del cerebro y abriendo el ojo del lado contrario.


En total, los delfines suelen dormir durante un tercio de cada jornada. De madrugada, algunos pueden pasar hasta casi una hora sin subir a respirar a la superficie, por lo que se supone que en ese periodo disfrutan un sueño más profundo, aunque no se ha comprobado todavía si entran como hacemos los mamíferos terrestres en fase REM de movimiento rápido de los ojos. Sólo en un único ejemplar en cautividad de la especie zifio calderón boreal, se ha confirmado una fase REM de seis minutos de duración.

En general, parece probado que los delfines mulares emplean la parte más luminosa del día en relacionarse e interaccionar socialmente con sus congéneres, aunque no desprecian la oportunidad de comer si se presenta. Durante el ocaso y la primera mitad de la noche se afanan en comer, sobre todo pulpos y calamares en aguas profundas. La segunda parte de la noche y primeras horas de la madrugada, son los momentos que suelen aprovechar para dormir.


Los delfines más jóvenes y las crías de ballena duermen mientras la madre nada y los remolca. En estos casos, la madre duerme también en el modo vigilante que hemos descrito. De hecho, durante las primeras semanas de vida de sus crías, las madres no pueden dejar de nadar y de remolcarlas, porque los alevines no nacen con suficiente grasa corporal para flotar, y se hundirían fácilmente. Así que en ese primer periodo de crianza, a las madres les está vedado por completo el sueño profundo. Queda claro que en el reino animal las madres son las más sacrificadas protectoras de sus retoños.

Nuestro profe Bigotini no tiene que subir a la superficie para respirar, pero como ya es muy viejecito, tiene la próstata hiperplásica, así que se levanta a menudo para hacer pis. Cuando vuelve a la cama, sueña con ballenas y ballenatos nadando grácilmente en mares azules, mientras suenan de fondo valses, polcas y mazurcas.

-Manolo, tienes insomnio, ya sabes que te lo dijo el médico.

-Bueno, pero si tú me lo recuerdas cada diez minutos, nunca voy a conseguir dormir.

 


viernes, 12 de junio de 2026

CRECIMIENTO ARMÓNICO. EL NÚMERO ÁUREO EN LA NATURALEZA

 


¿Cómo es posible crecer sin perder la forma? Imaginemos un caso aparentemente sencillo, el de un rectángulo. El sentido común nos dice que si aumenta su longitud en la misma proporción y en todas las direcciones conservará su forma. Pues bien, aunque parezca lo más lógico, veremos que la relación de longitudes entre los dos lados no se mantiene constante, así que perdería su forma.

Sin embargo, añadiendo a un rectángulo áureo cuadrados de lado igual al de su lado mayor, obtenemos otro rectángulo áureo. Aumentamos el tamaño conservando la forma. Es la fórmula que adoptan muchos seres vivos, sobre todo vegetales pero también estructuras como las conchas de los moluscos, por ejemplo, para conservar la forma primitiva a lo largo del crecimiento.

Claro que conservar las proporciones no siempre conviene a los seres vivos. El desarrollo de los seres humanos es un constante cambio de proporciones, y es una verdadera suerte, porque si conserváramos las proporciones de los recién nacidos, tendríamos serias dificultades para mantener la cabeza erguida. Fijaos en la ilustración.


La principal diferencia de la espiral áurea con otras espirales, es que se va ensanchando a medida que gira. El biólogo escocés D’Arcy Thompson (1860- 1948), conocido como el primer biomatemático, descubrió que la propiedad de algunos seres vivos de aumentar por crecimiento terminal sin modificación de la forma total es característica de la espiral logarítmica y de ninguna otra curva matemática: “Toda curva plana que parte de un polo fijo y de tal naturaleza que el área polar de un sector sea siempre un gnomon respecto del área precedentemente obtenida, es una espiral logarítmica”.

Los insectos trazan una espiral áurea cuando se acercan a un punto de luz. Si en lugar de alejarnos de un punto determinado, queremos acercarnos a él conservando el ángulo de giro, sólo podemos hacerlo así. Las aves de presa mantienen esa trayectoria cuando se lanzan a cazar. Es la única manera en la que pueden mantener la cabeza recta y sin variarla de posición, con lo que siempre tienen control visual sobre las presas y maximizan la velocidad.



Desde la gestación del hombre ideal por parte de Leonardo de Vinci, la historia del arte y paralelamente, la de las ciencias, han visto numerosos estudios sobre la adecuación de diferentes partes del cuerpo humano a la proporción áurea. Incluso antes, ya en la edad media, se usaba la medida humana como patrón entre los constructores de catedrales. Los canteros franceses y los alarifes españoles utilizaban un instrumento de medida con cinco vástagos articulados con las longitudes de la palma, la cuarta, el palmo, el pie y el codo, que correspondían a las magnitudes del brazo además de la longitud del pie.

Todas esas longitudes eran múltiplos de una unidad llamada línea, que equivalía a poco menos de 2,5 mm (exactamente, 2,247). En la tabla de aquí abajo se muestra la equivalencia de esas medidas con la línea y con nuestras unidades actuales. Se puede comprobar que las líneas son términos sucesivos de Fibonacci, por lo tanto, la razón de cada uno respecto al anterior será F, lo que no deja de ser sorprendente, pues las medidas iniciales fueron tomadas en el cuerpo humano.


He aquí pues la sorprendente y casi mágica correlación entre las matemáticas y la naturaleza, en este caso la biología. El pobre profesor Bigotini tiene el hándicap de su tremenda narizota cuya desproporción desafía a Fibonacci, a la proporción áurea y a todas las leyes conocidas hasta el presente.

 

Cuando me da por pensar de noche en mis defectos, me quedo dormido inmediatamente. Es como contar ovejas. Oscar Wilde.


miércoles, 15 de abril de 2026

RIESGO BIOLÓGICO EN EL TRABAJO. CUANDO LOS MICROBIOS VAN A LA OFICINA

 


El riesgo biológico demasiado a menudo es el gran ausente en los planes de prevención y las evaluaciones de riesgo. Es este un olvido común que no sólo afecta al público en general, sino que en ocasiones tienen también algunos profesionales de la prevención. De forma un tanto apresurada, se suele considerar que el riesgo de contraer enfermedades infecciosas en el trabajo queda limitado a determinadas actividades muy específicas en laboratorios donde se manipulan microorganismos. Nada más lejos de la verdad. La práctica cotidiana nos enseña que existen gran variedad de actividades y tareas donde este riesgo está presente de forma reiterada y tenaz.

Entre los profesionales expuestos con mayor frecuencia a los agentes biológicos cabe destacar en primer lugar al personal sanitario en cualquiera de sus especialidades. Los microorganismos que de manera fundamental suelen estar implicados en la exposición biológica en centros y establecimientos sanitarios son por orden de importancia:


§     Virus de la inmunodeficiencia humana (VIH).

§     Virus de las hepatitis B y C.

§     Herpesvirus.

§     Virus de la rubéola.

§     Mycobacterium tuberculosis.

 Una forma de contacto en ocasiones olvidada es la que afecta al personal de laboratorios biológicos y clínicos expuesto a conjuntivitis transmitidas a través de los visores de los microscopios. En el sector agropecuario, veterinarios, actividades con animales y sus productos e industrias afines se registran a menudo procesos tales como:

§     Bronquitis crónicas y enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC).

§     Asma bronquial.

§     Neumonitis.

§     Micosis (que son especialmente frecuentes en las queserías).

También está expuesto al riesgo el personal de museos y bibliotecas, así como los anticuarios y restauradores de arte y antigüedades, fundamentalmente por micosis y otras infecciones causadas por la inhalación de los ácaros del polvo. Por último es imprescindible incluir entre los expuestos al riesgo biológico a los profesionales que trabajan atendiendo al público sobre todo si lo hacen en establecimientos o recintos cerrados. Cabe citar entre otros a maestros y educadores, auxiliares de guarderías y residencias, sin olvidar a conductores y otros trabajadores de transportes y servicios públicos. Recordemos a este respecto el reciente post sobre la gripe.


La prevención del riesgo biológico se sustenta en dos pilares fundamentales:

1.          Formación. El conocimiento de las bases de la epidemiología y de los mecanismos de transmisión de las enfermedades infecciosas, constituye el arma más eficaz para desarrollar hábitos higiénicos y estrategias preventivas adecuadas entre los profesionales expuestos.

2.          Son esenciales las exploraciones médicas previas a la incorporación al trabajo y posteriormente periódicas. Deben aplicarse los protocolos indicados para detectar estos procesos, en función de los riesgos específicos a que estén sometidos en cada caso.


Dictadura: sistema de gobierno en el que todo lo que no está prohibido es obligatorio.  Enrique Jardiel Poncela.


miércoles, 21 de enero de 2026

SEMILLAS: LA VIDA ENCAPSULADA

 


Siguiendo en este comentario a la bióloga Karen James, conviene comenzar por decir que no todas las plantas tienen semillas. Las más primitivas, los musgos y los helechos, no tienen ni semillas ni flores. Se reproducen mediante esporas. Incluso las algas acuáticas, todavía más primitivas, no producen semillas y ni siquiera esporas.

Hace unos trescientos cincuenta millones de años, los bosques cubiertos de musgo dieron paso a impresionantes selvas de helechos tan grandes como árboles. Los insectos y los primitivos arácnidos vivían allí a sus anchas aprovechando el alimento y el cobijo que les brindaban esas plantas. Mientras tanto, en el agua, las aletas de algunos peces empezaron a evolucionar y a transformarse en patas que les permitieron caminar sobre tierra firme, convirtiéndose sus descendientes primero en anfibios y mucho más tarde en reptiles. Así, la vida fue ganando terreno, pasando del medio acuático al terrestre.


Fue en esa misma época cuando las esporas de algunos helechos evolucionaron, crecieron y desarrollaron un almacén interno de nutrientes de almidón, y una cubierta impermeable. Habían nacido las primeras semillas. Esos almacenes de nutrientes proporcionaban a las plantas una ventaja decisiva, porque las semillas podían sobrevivir durante cierto tiempo aún en condiciones adversas y lugares secos donde las esporas de vida efímera no tenían la más mínima posibilidad de supervivencia.

Charles Darwin realizó experimentos para averiguar cuánto tiempo podían sobrevivir distintas semillas en el agua marina saturada de sal. Un medio inhóspito, ya que las semillas prefieren para germinar el agua dulce. Pues bien, Darwin comprobó que muchas semillas podían permanecer durante un tiempo prolongado en agua salada, así que, transportadas por las corrientes marinas, podían viajar muy lejos, colonizando nuevos continentes. Es lo que el científico pretendía demostrar.



Las capas impermeables de las semillas las ayudan a sobrevivir no sólo en lugares secos o en el océano, sino también durante mucho tiempo. En 2005, un equipo científico de Israel consiguió hacer germinar una semilla de más de dos mil años de antigüedad.

Las ventajas que ofrecían las semillas permitieron que las primeras plantas que las desarrollaron tuvieran éxito evolutivo, y que sus descendientes hayan llegado hasta nuestro tiempo desde hace millones de años. Así que cuando pasees por una pradera, te pongas una camiseta de algodón o comas pan tierno, acuérdate de los antepasados de esas plantas, y de cómo evolucionaron hasta convertirse en los cientos de miles de hermosísimas y útiles plantas con las que compartimos el planeta Tierra, gracias a su almacén de energía y a sus cubiertas impermeables.

El profe Bigotini se ha metido en la bañera envuelto en un chubasquero. Ha resistido tres horas, pero haciendo trampa, porque le quedaba fuera del agua su enorme nariz. Ahora parece que tiene fiebre. Me temo que pasaremos otra noche en urgencias.

-¿Duelen mucho los tatuajes?

-Hombre, depende del sitio en que te los hagas.

-Bueno, yo soy de Reus…


viernes, 10 de octubre de 2025

GENOTIPO, FENOTIPO Y DISCOS DE VINILO

 


De la obra de divulgación de Douglas R. Hofstadter Godel, Escher, Bach. Un eterno y grácil bucle. Tusquets ed. Barcelona, 2015, tomamos una original idea que ilustra a la perfección las abismales diferencias existentes entre el genotipo y el fenotipo.

Una molécula de ADN, en la que está contenido el genotipo, es decir, las instrucciones para construir un ser vivo, acabará transformada en un organismo completo, es decir, un fenotipo, gracias a un proceso enormemente complejo que comprende la producción de proteínas, la replicación del ADN, la replicación de células, la diferenciación gradual entre tipos celulares, etc., hasta obtener el organismo completo. El proceso se conoce con el nombre de epigénesis, un verdadero ejemplo de recursividad compleja. La epigénesis está guiada por un conjunto muy complicado de ciclos de reacciones químicas y bucles de retroalimentación.


Una vez completada la construcción del organismo, sus características no guardan la menor similitud con su genotipo, y sin embargo, en el ADN estaban ya contenidas dichas características. Cabría concluir de esto que la estructura del ADN contiene la información de la estructura del fenotipo, lo que equivale a decir que ambas estructuras son isomórficas.

Los isomorfismos convencionales son aquellos donde las porciones de una estructura pueden proyectarse fácilmente sobre las porciones de la otra. Por ejemplo, el isomorfismo entre un disco y una pieza musical, donde uno sabe que cada sonido de la pieza es correspondido en la grabación por su “imagen” exacta, la cual puede ser aislada con precisión acotándola en los surcos. Pues bien, el isomorfismo entre la estructura del ADN y la del fenotipo, es cualquier cosa menos convencional, y los mecanismos a través de los cuales se manifiesta materialmente son de una complicación vertiginosa. Si uno quisiera descubrir alguna pieza del propio ADN que explique la forma de su nariz o de sus huellas dactilares, se enfrentaría a una tarea verdaderamente difícil. Sería algo parecido a tratar de circunscribir qué nota, dentro de una composición musical, es portadora de los efectos emotivos de la obra.


Por supuesto, tal nota no existe. Los efectos emotivos circulan en un nivel superior movidos por grandes “masas” de la pieza y no por notas aisladas. Además, tales “masas” no son necesariamente grupos de notas contiguas. Puede haber pasajes alejados entre sí que considerados en conjunto, se muestren como portadores de una determinada significación emotiva.

En los surcos del disco de la novena sinfonía de Beethoven por la filarmónica de Berlín dirigida por Von Karajan, está grabada la pieza entera, el organismo completo, el fenotipo si se quiere, con todo su genial y delicado desarrollo, y con la apoteosis final del último movimiento, el himno a la alegría. Una o unas pocas notas aisladas no nos dirán gran cosa del conjunto. El genotipo biológico, el ADN, es el equivalente al disco de vinilo, pero se trata de un disco roto y fragmentado en infinidad de pedazos. El desciframiento del genoma es el intento de los biólogos y genetistas de reconstruir el disco roto. En los últimos años se ha avanzado en ello de forma asombrosa. Varios pedazos del fragmentado puzle van poco a poco encajando, y cada vez disponemos de mayor información acerca del papel de determinados genes en el desarrollo, en la formación de órganos o en la predisposición a padecer ciertas enfermedades. Pero no nos engañemos. Todavía estamos lejos de reconstruir la sinfonía completa, con sus tiempos, sus silencios y sus emotivos pasajes.


Y es que en genética no es suficiente con reconstruir el disco uniendo sus pedazos rotos. La significación genética contenida en el ADN es uno de los mejores ejemplos de significación implícita. Para convertir el genotipo en fenotipo, un conjunto de mecanismos mucho más complejos que el propio genotipo debe actuar sobre éste. Las diversas porciones del genotipo actúan como disparadores de aquellos mecanismos. ¿Recordáis las sinfonolas? Quizá ellas nos brindan un ejemplo mucho mejor que el del simple disco de vinilo. La sinfonola contiene decenas, a veces cientos de discos grabados por ambas caras. Para escuchar una pieza concreta, es preciso valerse de un código, presionando dos o más teclas, por ejemplo, “A-J-15”. Sólo cuando seamos capaces de accionar las “teclas” del código genético, habremos dado el primer y decisivo paso. 

-Manolo, llevas un zapato negro y otro marrón.

-Pues no me vas a creer, pero en casa tengo otro par igual.


lunes, 22 de septiembre de 2025

PROTOTAXIS, EL PRIMER PASO HACIA LA SIMBIOSIS

 


El concepto de simbiosis como asociación biológica entre varios organismos vivos, es ampliamente conocido. Cabría preguntarse por qué se han producido y siguen produciéndose en la naturaleza las asociaciones simbióticas que conocemos y no otras diferentes. Por qué entre las innumerables especies de bacterias existentes en nuestro planeta, asociamos a nuestras digestiones en el interior de nuestro intestino a determinadas estirpes bacterianas y no a otras, es asunto que ha sido objeto de estudio por parte de biólogos y evolucionistas, y que bien merece una reflexión. Siguiendo a Lynn Margulis y a Dorion Sagan en su obra de divulgación Captando genomas (Ed. Kairós, Barcelona, 2003), los socios simbióticos se integran a diferentes niveles. El primero y el más superficial de ellos consiste en el comportamiento. Para que cualquier asociación permanente pueda iniciarse, es indispensable que ambos candidatos potenciales se encuentren en el mismo lugar al mismo tiempo.


Algunas asociaciones simbióticas estables están integradas únicamente al nivel del comportamiento. No obstante, otras muchas alcanzan niveles de integración más íntimos, yendo de lo conductual a lo metabólico. Frecuentemente, el producto metabólico, el exudado o el residuo de uno de los miembros de la asociación se convierte en alimento para el otro. Pero, ¿cómo y por qué mecanismos se inicia esa relación? Wallin desarrolló la teoría de la prototaxis para responder a la pregunta de cómo estas simbiosis íntimamente integradas pudieron llegar a iniciarse. Se percató de que todos los organismos son producto de su historia altamente específica. La prototaxis, según Wallin, precede a la simbiosis en cualquier asociación de varios tipos de vida. El término prototaxis define la tendencia innata de una clase de célula u organismo a responder de un modo específico a otra clase de organismo.


Los ejemplos incluyen la tendencia del ratón a huir del gato, del tiburón a tragarse el pez, del conejo a comer lechuga o de la mosca a poner sus huevos en el tejido muscular sanguinolento de una pieza de caza recién abatida. Como puede verse por estos ejemplos, la prototaxis puede ser tanto positiva como negativa, tanto asociativa como disociativa. Lo sabemos por experiencia propia. Instintivamente huimos del enjambre de abejas o nadamos hacia el macizo de lirios acuáticos. La prototaxis está en el inicio de cualquier caso de simbiogénesis.

La fotosíntesis, el fenómeno químico natural que transforma la luz solar y el dióxido de carbono del aire en energía y alimento, es enteramente bacteriana. Todos los organismos fotosintéticos, ya sean bacterias o descendientes de bacterias, extraen compuestos orgánicos a partir del botín de luz cosechada. El comportamiento prototáctico de numerosas formas de vida no fotosintéticas hacia los fotosintetizadores resulta fácilmente comprensible. La motilidad, ya sea nadando, gateando, resbalando o arrastrándose, sirve para garantizar que los seres hambrientos, incapaces de realizar por sí mismos la fotosíntesis, accedan a las zonas bien soleadas imperativas para los organismos fotosintetizadores.


La tendencia prototáctica de los heterótrofos a absorber los productos de la fotosíntesis, o bien a ingerir a los propios organismos fotosintetizadores, ha conducido a la explosión de prósperas comunidades de comedores en las zonas soleadas de las superficies de agua dulce y salada. Los organismos secundariamente fotosintéticos (aquellos que adquirieron la fotosíntesis por haber ingerido bacterias adecuadas sin lograr sin embargo digerirlas) incluyen a la totalidad de los eucariotas fotosintéticos. Ningún alga o planta evolucionó nunca la fotosíntesis por sí sola. Todas comparten algún antepasado reciente o remoto, que ingirió pero que no digirió algún fotosintetizador bacteriano verde, rojo o verdeazulado. En este caso, la prototaxis es la tendencia hacia el hambre por parte del comedor y hacia la resistencia a la digestión por la del comido. El hambre y la resistencia a ser digerido han conducido una y otra vez, a organismos fotosintéticos pigmentados permanentes: algas, líquenes, plantas, lombrices verdes, corales marrones, hidras verdes y bivalvos gigantes cuyas inmensas cáscaras permanecen abiertas para enfocar la luz hacia los cloroplastos de sus algas simbióticas, constituyen tan sólo unos pocos de los muchos ejemplos de los que depende nuestra vida.

Las prototaxis, estas tendencias orgánicas, pueden constituir las versiones iniciales de esa clase de propósito que, en nuestro propio caso, denominamos elección consciente. Sin embargo, todos los seres tienen una relación con el tiempo más compleja que la simple duración: están orientados por sus acciones asociativas o disociativas, hacia las consecuencias futuras.

Yo no soy vegetariano, pero me gusta comer animales que sí lo son.


sábado, 6 de septiembre de 2025

SÍNDROME DEL OJO SECO

 


El síndrome del ojo seco (SOS) es todo un clásico de la patología laboral. Sin embargo, se trata de una patología que a menudo se atribuye erróneamente al trabajo. Existen millones de personas afectadas en todo el mundo. El número de pacientes aumenta con el extendido uso de lentillas y con la cada vez mayor popularización de la cirugía ocular mediante láser. Sin embargo, el uso creciente de ordenadores y pantallas de visualización, hace que mucha gente atribuya con ligereza los síntomas al uso de las nuevas tecnologías.

Lo cierto es que estas molestias, lejos de ser consecuencia del trabajo, obedecen a causas diversas. Entre otras, cabe reseñar:

El natural proceso de envejecimiento. Con la edad, disminuye notablemente el flujo de lágrimas. Aproximadamente el 75% de los mayores de 65 años, padecen el síndrome del ojo seco. Se trata por lo tanto, de un proceso natural, completamente ajeno a los riesgos laborales y a las características del puesto de trabajo.

El uso creciente de lentes de contacto. Las lentillas incrementan la evaporación de las lágrimas. Causan incomodidad y aumento del depósito de proteínas. De hecho, tanto en el trabajo como en otros ámbitos, el SOS es con diferencia, la primera causa de abandono de las lentes de contacto.

Los cambios hormonales. En las mujeres, tanto las alternativas hormonales relacionadas con el ciclo menstrual, como el consumo de anticonceptivos o la propia menopausia, son causantes habituales de molestias oculares, y de SOS. Estos aspectos son fundamentales en la prevención de las molestias.

Las condiciones ambientales. Factores tales como el viento, el frío, el calor excesivo, la escasa humidificación, y otros, son causantes del síndrome. El empleo de humidificadores y la adecuación de los equipos de climatización, constituyen un pilar fundamental de la prevención de estas molestias en el trabajo.

La concurrencia de otras patologías. Existen diversas lesiones y entidades nosológicas que cursan con un grado mayor o menor de sequedad ocular.

El empleo de determinados medicamentos. Algunos de uso muy extendido, como pueden ser los antihistamínicos o ciertos antiinflamatorios, disminuyen notablemente el flujo de lágrimas. Los médicos estamos obligados a tomarnos el trabajo de pensar en ello a la hora de prescribir. La prevención de efectos secundarios forma parte fundamental de la labor del médico.

La cirugía ocular con láser. En las últimas décadas se han hecho habituales este tipo de intervenciones. La adecuada corrección y la salud ocular no pueden estar reñidas con la prevención de posibles efectos secundarios

El síndrome de Sjöegren. Se trata de una enfermedad frecuente en mujeres de cierta edad, que cursa con una acusada sequedad de las mucosas en general: bucal, vaginal, ocular… Es importante la prevención de los síntomas mediante tratamientos paliativos. En Salud laboral resulta muy habitual el hallazgo de patologías concurrentes que en ocasiones aparecen falsamente como laborales. Un trabajo serio del médico es la clave de un diagnóstico correcto y de un enfoque adecuado. Conviene no correr riesgos en este terreno.


Las lágrimas realizan un trabajo esencial en el funcionamiento fisiológico del ojo. Lubrican, refrescan y contribuyen al mantenimiento correcto de la función ocular. Contra lo que vulgarmente se piensa, las lágrimas no son de una única clase, sino de dos tipos muy diferentes:

Por una parte están las lágrimas lubricantes, que son las que de forma habitual e imperceptible segregan nuestros ojos. Contienen antibióticos naturales. Son estas lágrimas lubricantes las que disminuyen o desaparecen precisamente en el síndrome del ojo seco.

Por otra parte están las lágrimas de reflejo. Constituyen una respuesta a estímulos irritativos o agresivos, tales como humos, salpicaduras de cebolla, sustancias irritantes, emociones, etc. Estas lágrimas de reflejo no solo no disminuyen en el SOS, sino que incluso se segregan en mayor proporción. Sin embargo, estas lágrimas no proporcionan alivio ni lubricación. Al contrario, se evaporan rápidamente y generan aun mayor sensación de molestia y sequedad. Son trabajo perdido.

El síndrome del ojo seco (SOS) conlleva una reducción importante de la producción de lágrimas lubricantes y de su calidad. La consecuencia es la sequedad ocular y las consecuentes molestias que aparecen. Consisten básicamente en irritación, sequedad, picor, escozor, enrojecimiento, incomodidad, sensación de “arenilla” en el ojo, etc. Desde el punto de vista fisiológico, el síndrome consiste en una disminución o incluso en una incapacidad de las glándulas lagrimales, situadas en los párpados superior e inferior, para producir lágrimas. El SOS es la molestia ocular más frecuente conocida. Se calcula que puede afectar al 20% de la población, aproximadamente. En el ámbito del trabajo se relaciona con las tareas de oficinas y despachos con PVD (pantallas de visualización de datos). A menudo el síndrome aparece reseñado en evaluaciones de riesgos y planes de prevención. Insistimos en que se trata de una entidad escasamente relacionada con la salud laboral.


El tratamiento de estas molestias no debería revestir complicación alguna. En la mayor parte de los casos se obtiene un alivio importante con el simple uso de lágrimas artificiales. La lubricación periódica del ojo es fundamental.

En casos más persistentes o resistentes a la terapia, existe un procedimiento simple y carente de complicaciones, consistente en el empleo de oclusores puntales. Es este un procedimiento no quirúrgico y sin contraindicación alguna, que resuelve prácticamente el cien por cien de las molestias. Los oclusores puntales son pequeños tapones de material plástico, que realizan una oclusión o taponamiento de los orificios lagrimales situados en el ángulo interno del ojo. Evitando que las lágrimas penetren en el orificio, se consigue que queden coleccionadas en la superficie del ojo por más tiempo, cumpliendo así su papel de lubricación y refresco. Los oclusores puntales son un procedimiento seguro, rápido, económico, indoloro y completamente reversible. Con un mínimo trabajo y una mínima inversión, garantizamos un medio seguro de prevención de cualquier molestia. Estos oclusores se fabrican en silicona y otros materiales no agresivos similares a los empleados en las lentillas de contacto. Son suaves, flexibles y casi imperceptibles a la vista.

¿Cómo saber si uno padece el síndrome? Si te tomas el trabajo de leer los síntomas y signos que aparecen a continuación, darás un paso importante en la prevención de esta patología. Consulta con tu médico si padeces dos o más de los siguientes: 

Enrojecimiento.

Escozor.

Rasquiña.

Sensación de cuerpo extraño.

Sensación de arena o arenisca.

Sensibilidad a la luz.

Ojos llorosos.

Lagrimeo ocasional.

Lagrimeo constante.

Dolor en los ojos o alrededor de los mismos.

Ojos cansados.

Incomodidad con lentes de contacto.

Disminución a la tolerancia de maniobras exploratorias.

Alergias estacionales.

Boca o garganta secas.

Sequedad de otras mucosas (nasal, vaginal…).

Artralgias y/o dolores articulares.

Si padeces estos síntomas, podrías ser un paciente de SOS. En tal caso, debes consultar con tu médico. En materia de salud laboral y prevención de riesgos, también hay cosas que hacer. Una climatización adecuada de oficinas, talleres y centros de trabajo en general, contribuirá a atenuar las molestias. Es importante humidificar el ambiente. La seguridad en el trabajo, la prevención y la salud laboral, pasa también por estos detalles que, aunque parezcan menores, revisten una importancia capital.

El puente tiene tres ojos, yo tengo dos solamente; pero si cuento el del culo, tengo los mismos que el puente. Camilo José Cela.