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miércoles, 8 de abril de 2026

JACK COLE. LA TRAGEDIA DEL DIBUJANTE

 


Jack Cole nació en New Castle, Pensilvania, en 1914. Era el hijo de un modesto comerciante, y al terminar la secundaria, aprendió dibujo por correspondencia. A los veintidós años se casó con Dorothy Mahoney, su novia de la infancia. Ambos se mudaron a Nueva York, donde Jack comenzó a colaborar en algunas revistas como ilustrador cómico. Unos pocos años más tarde, hacia 1940, se inició en el Cómic dibujando historietas para la firma QC, Quality Comics. Su primer y muy exitoso personaje fue Plastic Man, con historietas en las que alternaba el dibujo cómico con estilos algo más realistas. La desbordante imaginación de los guiones de Jack Cole, y la gracia de sus dibujos, convirtieron a Plastic Man durante doce años en una serie clásica de los cuarenta, la llamada edad de oro del cómic.

En 1952, Cole entró a formar parte de la plantilla de la revista Playboy. Hugh Hefner, su director, lo fichó con gran aparato de publicidad. A partir de entonces y durante más de seis años, los insinuantes dibujos del artista y sus chicas curvilíneas se convirtieron en elementos imprescindibles de la publicación, todo un clásico del humor para adultos. Inició también entonces la publicación de una tira de prensa diaria titulada Betsy and Me, que obtuvo un éxito inmediato.

Todo en la vida de Jack Cole parecía marchar sobre ruedas, cuando el 13 de agosto de 1958, con 43 años de edad y en la cima de su carrera, el artista se suicidó pegándose un tiro en la cabeza. Dejó una nota a su jefe Hefner: Querido Hef, cuando leas esto estaré muerto. No puedo seguir viviendo conmigo mismo y lastimando a mis seres queridos. Lo que hago no tiene nada que ver contigo. Envió otra nota a Dorothy, su mujer, cuyo contenido jamás fue desvelado por juzgarse en la investigación forense que se trataba de algo demasiado personal. La esposa reconoció que habían tenido una discusión, pero el caso es que la trágica muerte de Jack Cole y los motivos de su suicidio, se convirtieron en uno de los grandes misterios de la historia del cómic del siglo XX.

Para recordar la gracia y el estilo del dibujante, traemos a nuestra Historia de la Historieta un puñado de sus páginas y sus chistes gráficos. Disfrutadlos.














domingo, 5 de abril de 2026

WOODY ALLEN, EL GROUCHO MARX DEL CAMBIO DE SIGLO

 



Judío de remotos orígenes ruso-austriacos, recriado en el Bronx neoyorquino, Woody Allen es el eterno antihéroe americano dentro y fuera de las pantallas. Desde muy niño ensayó frente al espejo su pose de intelectual izquierdista en un mundo de yankees medio analfabetos. Allen juega a exorcizar sus demonios en los divanes de los psicoanalistas, a reírse de todo riéndose de sí mismo, de su obsesión sexual y sus pecados pedófilos. Amante del jazz y clarinetista snob, encontró un día en el cine la fórmula perfecta para conjurar sus fantasmas y ligar con las actrices de Hollywood. Y es que desde que era un muchacho desgarbado objeto de las burlas de sus compañeros de instituto, supo que convertirse en un prestigioso director de cine sería el único medio de acostarse con Louise Lasser, con Diane Keaton o con Mía Farrow, o de intentarlo con Scarlett Johansson, con Penélope Cruz y hasta con las hermanas de Hannah si se pusieran a tiro. Su humor inteligente ha calado muy hondo en varias generaciones. Nueva York y Manhattan no serían Nueva York y Manhattan sin Woody Allen. Por eso no tenemos más remedio que rendirnos a su genio y a su ingenio. Profeta de la obviedad, nadie como él sabe expresar las cosas que todos sabemos, como cuando dice “quienes nacemos pobres y feos tenemos muchas probabilidades de que al crecer, se desarrollen al máximo ambas características”, o si observa acertadamente que “cuando baja la ropa interior, todo lo demás tiende a subir”. Ya anciano sigue preguntándose si habrá vida después de la muerte. Y si la hay, ¿le cambiarán allí a uno un billete de veinte pavos? Woody Allen es definitivamente, el Groucho Marx del cambio de siglo.

Para recordarle como es debido, difícilmente encontraremos algo mejor que el tráiler de Annie Hall. Hágase clic en el enlace y disfrútese unos minutos del genial humor de este ingenioso rabí jerosolimitano reencarnado en judío del Bronx. 

Woody Allen. Trailer de Annie Hall

https://www.youtube.com/watch?v=5SzZ4GWfCJg

Próxima entrega: Harrison Ford


miércoles, 1 de abril de 2026

MAHOMA. VIDA Y MILAGROS

 


La Meca en vida de Mahoma era un enclave comercial habitado por mercaderes escépticos e impermeables a cualquier sentimiento religioso. La Kaaba era una especie de reclamo turístico que recibía visitas de muchos curiosos. Durante mucho tiempo, Mahoma contó con los únicos apoyos de su mujer Jadiya, su ahijado Alí, y Zaida, una esclava a la que había liberado. A este reducido grupo se añadió un cuarto adepto, Abu Bakr, un rico e influyente mercader quraishí. Su conversión fue un suceso sonado, y a su calor se arrimaron otros cinco adeptos notables que con Abu Bakr formaron el grupo de los seis compañeros, considerados primeros apóstoles y propagandistas del Islam. A pesar de la oposición de los quraishíes, Mahoma y sus compañeros comenzaron a predicar el nuevo credo entre los viajeros que acudían a la Kaaba.


El mensaje del Profeta, plagado de justicia y caridad, caló sobre todo entre los más pobres, y especialmente entre los esclavos después de que Abu Bakr empleara gran parte de sus riquezas en comprarlos para hacerlos libres. Aquello colmó la paciencia de los quraishíes. Mahoma y los suyos tuvieron que abandonar La Meca para salvar la vida. En su peregrinar, Mahoma siguió haciendo prosélitos e incomodando a las autoridades que planearon su asesinato. Entonces algunos vecinos de Yatrib le invitaron a viajar a su ciudad a predicar, y lo hicieron en el momento justo, pues se libró por poco de los sicarios. Corría el 16 de julio de 622. Fue el día de la fuga o Hégira, tan señalado en el calendario musulmán. Yatrib pasó a llamarse desde entonces Medina, la ciudad. El Profeta sufrió en ese tiempo las pérdidas de su tío Abu Talib, de su amigo Abu Bakr, y de su esposa Jadiya. Sus visiones se acentuaron entonces. Soñó que un caballo alado lo trasladaba al cielo desde Jerusalén, y tuvo otras premoniciones místicas.


Amplió su familia casándose con la viuda Sauda, de cuarenta años, y con Aisha, la hija de Abu Bakr, que tenía sólo siete. Fue añadiendo después otras mujeres, y construyendo casas para ellas, pues ya podía permitírselo por su posición. En Medina construyó la primera mezquita, en la que por primera vez lanzó el grito de ¡Alá es grande!, inauguró el rito de la oración y predicó su doctrina. Islam tiene el significado de paz o abandono, y musulmán es el que ha hecho la paz con Dios.

En ese punto, aunque el Profeta había ganado ya miles de adeptos, la mayor parte de la población de Arabia le era todavía hostil. Siguieron unos años de luchas violentas con diversas alternativas. Mahoma comenzó la contienda con unos pocos cientos de hombres, y la terminó con más de diez mil. En ocasiones se mostró pacífico, como cuando emprendió una peregrinación a La Meca con dos mil seguidores que dieron siete vueltas a la Kaaba y se postraron ante la Piedra Negra mientras gritaban: ¡No hay más Dios que Alá! Otras veces se comportó con crueldad, como cuando hizo asesinar a un poeta y una poetisa cuyos versos le habían hecho objeto de burla, o como cuando mandó degollar a seiscientos hebreos y vendió como esclavos a sus mujeres e hijos.


Alcanzó la victoria y el poder en La Meca cuando tenía setenta años. Sobrevivió sólo dos años más durante los que se mostró como un gobernante clemente. A sus muchas mujeres incorporó a su nuera Zaida, la viuda de su ahijado Alí. Su preferida entre todas fue la joven Aisha que recordó haberle escuchado decir que en el mundo sólo hay tres delicias: las bellas mujeres, los buenos olores y las plegarias santas. Fuera de los placeres carnales, el Profeta fue siempre un hombre sobrio y hasta frugal. Su dieta consistía en pan, dátiles, leche y miel. Dio gran importancia al cuidado personal, se rociaba con perfumes, se teñía el cabello y se pintaba los ojos con henna. Falleció el 7 de junio de 632. La muerte le sorprendió con la cabeza recostada en el fragante seno de la bella Aisha. Su herencia literaria fue el Corán, obra de carácter religioso y poético. Mahoma no dictó en vida ninguna ley. Las normas por las que se rigen los musulmanes se han ido deduciendo de la interpretación que de sus frases y su trayectoria biográfica han hecho sus seguidores.

En general prefiero la ciencia a la religión. Si en el desierto me dan a escoger entre Dios y el aire acondicionado, me quedo con el aire. Woody Allen.


domingo, 29 de marzo de 2026

JUAN VALERA, LIBERAL MODERADO Y POETA ENAMORADIZO

 


En Cabra, provincia de Córdoba, nació en 1824 Juan Valera y Alcalá-Galiano. Hijo de un oficial de la Marina y de la marquesa de la Paniega, Juan habitó con su familia el palacio egabrense que actualmente es sede del conservatorio Isaac Albéniz. Tuvo dos hermanas y un hermanastro fruto del primer matrimonio de su madre. Vivió Juan en Cabra hasta 1834, fecha en que tras la muerte del indeseable Fernando VII, su padre, destacado liberal, fue rehabilitado en la milicia y destinado a Málaga. El joven Juan Valera estudió en el seminario de Málaga, y después en la universidad de Granada, donde se licenció en letras en 1846, y escribió sus primeros poemas. En esos años, como durante el resto de su vida, destacó sobre todo como ávido lector y crítico literario. Puede decirse que ya a los veintitantos, había leído todo lo publicado hasta entonces en castellano, y no poco de lo escrito en otras lenguas. Fascinado por el Romanticismo, confesó años más tarde:


A los doce o trece años había leído a Voltaire y presumía de “sprit fort”, si bien me asustaba cuando estaba a oscuras y temía que me cogiese el diablo. El romanticismo, las leyendas de Zorrilla y todos los asombros, espectros, brujas y aparecidos de Shakespeare, Hoffmann y Scott reñían en mi alma una ruda pelea con el volterianismo, los estudios clásicos y la afición a los héroes gentiles.

 

La mayor parte de la vida adulta de Juan Valera estuvo centrada en dos aspiraciones principales: la amatoria, en que puede afirmarse que fue un auténtico donjuán, conociéndose desde devaneos hasta intensas pasiones con damas de media Europa; y la más prosaica aspiración de conseguir lo que entonces se llamaba “un buen turrón” o cargo del Estado que le permitiera dedicarse a la literatura sin pasar estrecheces económicas.

Vio cumplido con creces su afán donjuanesco, incluso más de lo que le habría convenido, porque sin su permiso se publicó en España lo más escandaloso de su correspondencia amatoria. En cuanto a su carrera política, tuvo diferentes altibajos. Fue embajador en varios países europeos y americanos, diputado por Archidona, senador por Córdoba y efímero director general de Instrucción Pública con Amadeo de Saboya. Antes había participado activamente en la Revolución Gloriosa de 1868. Se casó en París con Dolores Delavat, veinte años más joven que él, y tuvo con ella tres hijos. Tuvo también sonados romances con Lucía Palladi, marquesa de Bedmar, a quien apodaban la dama griega; con Malvina de Saavedra, hija del duque de Rivas; y con las actrices Stella von Hohenfels y Magdalena Brohan. Entre sus influencias literarias más notables, además de los clásicos, cabe citar a José de Espronceda, Ángel de Saavedra duque de Rivas, Serafín Estébanez Calderón, su tío Antonio Alcalá Galiano y Marcelino Menéndez Pelayo. Falleció Valera en Madrid en 1905.


En cuanto a su trayectoria literaria, además de sus incontables colaboraciones con diarios y revistas de su época, cultivó el ensayo, la crítica literaria, la narración breve, el relato histórico, y sobre todo las novelas, entre las que cabe destacar Pepita Jiménez (1974), Las ilusiones del doctor Faustino (1875), El comendador Mendoza (1876), Pasarse de listo (1878), Doña Luz (1879), Juanita la Larga (1895), Elisa la Malagueña (1895) y Genio y figura (1897).

Y en cuanto al estilo, a pesar de la fascinación de Juan Valera por el Romanticismo, su obra literaria tiene tan poco de romántica como de realista, las dos corrientes preponderantes de su generación. Criticó sin compasión el Costumbrismo y ese tufo castizo que impregnó la obra de su amigo Serafín Estébanez Calderón. A nuestro juicio, Valera fue también costumbrista a su pesar, aunque sus principios estéticos y su amplio conocimiento de otras lenguas y otras literaturas, le inclinaron a un sesgo idealista y poético. Detestaba esos retratos de Andalucía de gitanas y pandereta tan en boga en su tiempo. Escribió a su mujer:


Este es un país pobre, ruin, infecto, desgraciado, donde reina la pillería y la mala fe más insigne. Yo tengo bastante de poeta, aunque no te lo parezca, y me finjo otra Andalucía muy poética, cuando estoy lejos de aquí.

 

Como recuerdo a este egabrense ilustre, a este español culto, liberal moderado y enamoradizo sin moderación, biblioteca Bigotini os pone al alcance de un clic el enlace con la versión digital de Pepita Jiménez, que es probablemente junto a Juanita la Larga, su mejor novela. Se publicó por entregas en la Revista de España en 1874, y contiene uno de los retratos femeninos más sensibles y logrados de la literatura en lengua castellana.

 

https://www.dropbox.com/home/Profesor%20Bigotini?preview=Pepita+Jim%C3%A9nez.pdf

Mañana como en casa de la famosa Pepita Jiménez, de quien Vd. habrá oído hablar sin duda alguna. Nadie ignora aquí que mi padre la pretende. Juan Valera. Pepita Jiménez.


miércoles, 25 de marzo de 2026

MANIPULACIÓN MANUAL DE CARGAS. EL PESO DEL TRABAJO

 


La columna vertebral constituye la principal estructura de sostén del organismo. Las articulaciones intervertebrales deben soportar la mayor parte de los esfuerzos dinámicos en los movimientos de la vida diaria. Cualquier sobreesfuerzo es capaz de producir desplazamientos y lesiones de los discos intervertebrales, que en determinadas condiciones pueden resultar incapacitantes.

 

Forma adecuada de realizar los levantamientos y las manutenciones:

 

1.- Se utilizarán todos los medios mecánicos disponibles, es decir, nadie levantará un objeto pesado si puede disponer de transpaleta, carretilla, carro de mano, etc.

 

2.- El trabajador se situará sobre la carga, con las piernas separadas y los pies bien afirmados en el suelo.

 

3.- Se agachará flexionando las rodillas, nunca doblando la espalda.


4.- Asirá el objeto firmemente, haciendo una presa correcta.  Si el objeto posee asas, entrantes o algún tipo de asideros, se utilizarán.  Disponer de un par de guantes de trabajo facilitará el agarre.

 

5.- Levantará el objeto lentamente, aprovechando la fuerza de los músculos de los muslos y manteniendo en todo momento la espalda recta.

 

6.- Los brazos deben permanecer tensos.

 

7.- Los recorridos serán breves, a lo sumo de unos pocos metros.

 

8.- Cuando el peso, el tamaño, la forma u otras características del objeto, así lo aconsejen, el trabajador no realizará solo la manipulación y requerirá la ayuda de uno o varios compañeros.

 

9.- Es fundamental que durante todas las maniobras la columna permanezca recta. Se evitarán los giros y las flexiones.


El matrimonio es una gran institución… para los que quieran vivir en una institución.  Groucho Marx.


domingo, 22 de marzo de 2026

ERNST MACH Y EL UNIVERSO SIN MATERIA

 


El apellido Mach nos resulta familiar si hablamos de aviación militar. La rapidez de los cazas de combate se mide en mach, unidad relacionada con la velocidad del sonido. Decimos que un avión va a velocidad  mach 0.5 cuando se desplaza a la mitad de la velocidad del sonido, mach 1 cuando coincide con ella, mach 2 si duplica la velocidad del sonido, y así sucesivamente. La unidad se emplea en honor del físico austriaco Ernst Mach, que en la segunda mitad del siglo XIX, fue pionero en estudiar la física del sonido y sus límites. Fue Mach también pionero en otros campos. En su época nadie imaginaba todavía la idea del big bang, el violento proceso que dio origen al universo físico. Ernst Mach se preguntó entonces qué ocurriría si suprimiéramos toda la materia del universo. Su acertada primera conclusión fue que el movimiento desaparecería. En un cosmos sin masa, moverse o no moverse daría lo mismo. No seríamos capaces de notar nada aunque girásemos a una velocidad extraordinaria.


Tampoco si aceleráramos. Moviéndonos en un coche con los ojos cerrados, no sentiremos el menor movimiento mientras el vehículo siga en línea recta y a una velocidad constante. Cuando mantenemos la misma dirección e impulso sin cambio, hablamos de movimiento inercial. Notaremos acelerar o frenar en forma de un empujón en la espalda en el primer caso o el desplazamiento brusco hacia delante en la frenada. También experimentaremos sensación de movimiento si el automóvil gira o varía su dirección, lo que hará que nos desplacemos lateralmente. Cualquier objeto percibe los movimientos acelerados porque existen fuerzas que los empujan, pero Mach se preguntó de dónde provienen esas fuerzas. La respuesta es clara: de toda la materia que compone el universo. Cada partícula que existe, con independencia de lo lejos que pueda estar, ejerce una influencia en otras partículas a lo largo del cosmos.





Así que las leyes naturales son consecuencia de la distribución de la materia en el universo. Mach conjeturó que en un universo sin materia no habría leyes naturales. Sin materia, el espacio y el tiempo desaparecerían porque su existencia no tendría sentido. Lo que da esencia al espacio y al tiempo es el movimiento. En ausencia de objetos que se muevan, no tendremos capacidad de discriminar las distancias, y sin distancias que medir, el espacio y el tiempo no pueden continuar siendo reales. Está claro que se trataba de una propuesta revolucionaria en su época. Según Mach, el punto de referencia del movimiento acelerado es la materia que compone el cosmos. Si suprimimos la materia, suprimimos cualquier punto de referencia posible. El movimiento se anula en un cosmos sin masa. Una idea tan trascendente que se ha convertido en un principio físico al que llamamos Principio de Mach, que se define: el movimiento de cualquier sistema es consecuencia de su interacción con el resto del universo. Tenemos pues, delante de las narices, relatividad antes de la relatividad. Varios decenios antes. Se trata por lo tanto, de una intuición genial, a pesar de que ahora pueda parecernos tan obvia.

Por cierto, Ernst Mach tenía también mucho talento artístico. A él se debe un célebre dibujo en el que se autorretrató tumbado en su biblioteca.

La escuela prepara a los niños para vivir en un mundo que no existe. Albert Camus.

De todos modos, vas a ir. La mamá de Albert Camus.


miércoles, 18 de marzo de 2026

MUNTAÑOLA. PROLÍFICO Y POLIFACÉTICO

 


Joaquim Muntañola Puig nació en Barcelona en 1914. Le conocemos sobre todo por sus historietas del semanario TBO, una de las firmas emblemáticas de la publicación infantil junto a Urda, Benejam o Coll. Pero su carrera profesional tuvo mayor recorrido, abarcando también la literatura, la traducción, la animación y el periodismo deportivo. Comenzó a dibujar en los años 30, durante el periodo republicano, para revistas catalanas como En Patufet, El Be Negre o L’Esquitx. Terminada la guerra, se inició también en el mundo de los dibujos animados colaborando con artistas gráficos como Escobar o Rovira Beleta. La serie animada del Faquir González se debe al talento de Muntañola. Dirigió también la revista Atalaya y fue autor de una serie de novelas humorísticas del oeste escritas en catalán, que se vendieron en los kioscos junto a la prensa y los tebeos.


Comenzó a trabajar para TBO ya en los años 40, y en 1944 y 45 se iniciaron sus colaboraciones en El Correo Catalán y El Mundo Deportivo donde, tras la jornada futbolística, aparecían sus chistes gráficos que venían a ser una especie de resumida crítica de cada partido. Fue Muntañola un trabajador infatigable, apareciendo también sus viñetas y sus chistes en Tele-Estel, Dicen, Fotogramas, Lecturas, Don Balón, Barcelona Deportiva, La Vanguardia, Interviú y un largo etcétera de cabeceras. Fue tan prolífico que incluso dio en recopilar sus trabajos por temas, publicando álbumes dedicados al fútbol, al cine, a los médicos… Fue cartelista y crítico cinematográfico, y hasta escribió para Catalunya Ràdio varias comedias teatrales.

En su faceta de historietista, que es la que más nos interesa en nuestra singular Historia de la Historieta, Muntañola creó en TBO varios personajes inolvidables: Doña Exagerancia, Angelina y Cristobalito, curiosa pareja formada por una mujer corpulenta y su marido, un señor chiquito, tímido y medroso prototipo del cónyuge obediente. Pero su serie más exitosa e inolvidable fue a partir de 1963, Josechu el Vasco, personaje que abundando en el tópico regionalista, resolvía cualquier problema a base de fuerza bruta y carácter generoso. Joaquim Muntañola falleció en su Barcelona natal en 2012, con casi noventa y ocho años. En su recuerdo dejamos aquí una muestra de sus páginas y viñetas que seguro disfrutarán los nostálgicos.