Francisco López de Úbeda fue
un médico y escritor del Siglo de Oro nacido en 1560 en Medina del Campo y
fallecido hacia 1606. Si como afirman la mayoría de los historiadores de
nuestra literatura, fue el autor del Libro de
entretenimiento de la pícara Justina, es muy probable que viviera
mucho tiempo en territorio leonés o berciano, por las numerosas palabras y
giros dialectales leoneses que contiene la novela. La autoría del libro se ha
atribuido por algunos al dominico leonés fray Andrés Pérez, y al también
dominico vallisoletano fray Baltasar Navarrete. No obstante, los analistas más
prestigiosos con Marcel Bataillon en cabeza, consideran a la Pícara Justina obra de Francisco López
de Úbeda, que solía formar parte del séquito de Felipe III, monarca al que
entretenía con sus ingeniosas ocurrencias. Le acompañó precisamente en un viaje
que el rey hizo por tierras leonesas en 1605.
La
primera edición del libro data precisamente de 1605 y fue impresa en Medina del
Campo. Ese mismo año apareció en Barcelona con el título de La Pícara montañesa llamada Justina. Se
reeditó en Bruselas en 1608. Se tradujo al italiano en dos volúmenes aparecidos
en 1624 y 1625, y al inglés en 1707 por John Stevens, con el título de The Spanish Jilt (la española
desdeñosa). La pícara Justina
pertenece de forma innegable al género de la novela picaresca, y a la vez es
ejemplo perfecto del exceso barroco. Como ejemplo, el título italiano de la
edición de su primera parte en 1624:
Vita della Picara Giustina Diez; Regola
degli animi licentiosi: In cui con gratiosa maniera si mostrano gl’inganni, che
hoggidì frequentemente s’usano; s’additano le vie di superarli; e si leggono
Sentenze gravi, Documenti morali, Precetti Politici, Avvenimenti curiosi, e
Favole facete, e piacevoli.
Barroquismo
incontenible que se manifiesta desde el mismo título. La novela de López de
Úbeda fue aborrecida por Miguel de Cervantes, detalle que ya de entrada pudiera
inclinar en su contra a quienes admiramos al extremo de la reverencia al autor
del Quijote. Sin embargo, vista desde
nuestra perspectiva, La pícara Justina
ofrece rasgos muy interesantes. Es novela picaresca como fruto de la literatura
ligera de su tiempo, pero muestra rasgos del género bufonesco medieval que
recuerdan intensamente a un Rabelais. La protagonista, Justina, se desenvuelve
en un entorno social irreverente y marginal. Hoy diríamos que Justina era una
muchacha antisistema. El humor alcanza en la novela lo burlesco y lo sardónico.
López de Úbeda realiza una acerada y desenfadada crítica social que no deja
títere con cabeza. Tiene La pícara
Justina una deriva metaliteraria, pues hace pepitoria de otras novelas y de
otros autores. Aparece como personaje (novio de Justina) el pícaro Guzmán de
Alfarache, protagonista de la novela de Mateo Alemán. Es personaje también de
la novela Pero Grullo, el paladín de la obviedad, en una de sus primeras
apariciones literarias.
La
novela anuncia con descarada hipocresía su intención moralizante y
ejemplarizante (niños, no hagáis esto), pero lo cierto es que brilla por su
ausencia desde el principio hasta el final. El hecho de que en la España de su
tiempo gozase de una amplia difusión, probablemente tuvo su origen en la
especial protección que Felipe III y su valido el duque de Lerma dispensaron al
autor. Cervantes, como he dicho, no fue precisamente partidario de la obra, que
se publicó casi a la vez, sólo unas pocas semanas antes, que la primera parte
del Quijote, y situó a su autor en
cabeza de la relación de poetas chirles
que aparece en su Viaje del Parnaso:
Haldeando venía y trasudando
el autor de La pícara Justina,
capellán lego del contrario bando;
y, cual si fuera de una culebrina,
disparó de sus manos su librazo,
que fue de nuestro campo la ruïna:
al buen Tomás Gracián mancó de un brazo,
a Medinilla derribó una muela
y le llevó de un muslo un gran pedazo.
Una despierta nuestra centinela
gritó: ¡Todos abajen la cabeza,
que dispara el contrario otra novela!
Dos polearon una larga pieza,
y el uno al otro, con instancia loca,
de un envión, con arte y con destreza,
seis seguidillas le encajó en la boca
con que le hizo vomitar el alma,
que salió libre de su estrecha roca.
Es
de resaltar en la novela el protagonismo de una heroína femenina. Justina tiene
los notables precedentes de Celestina y sus pupilas, y de la Lozana andaluza de
Delicado. Otros personajes femeninos destacados de nuestro barroco son la monja
alférez, que escribió su propia autobiografía, las protagonistas de algunas
comedias de Lope, y las mujeres de la obra cervantina. Tenemos por ejemplo en
las Novelas ejemplares a la
Gitanilla, la ilustre fregona o la española inglesa. También en el Quijote incluye Cervantes a la pastora
Marcela, mujer hermosa y libre que para serlo, escoge la libertad de los
campos, gentil antecedente literario del feminismo. Como leemos a Ricardo
García Cárcel, la liberación de la mujer
de los corsés asignados es un hecho incontrovertible que la literatura se
limita a registrar en algunos casos (Cervantes), mientras que en otros lo
denuncia (Quevedo). El sentido patrimonial del honor perteneciente en
exclusiva al varón, padre, hermano o marido, se tambalea. En El celoso extremeño, Cervantes redime al
adulterio de su carga afrentosa en el marco de la unión matrimonial carente de
afecto entre un hombre viejo y una mujer joven. Otro tanto hace Rojas Zorrilla
en Cada cual lo que le toca, con el
añadido de ser aquí la mujer quien mata a su violador, asumiendo un papel
activo y vengador de su propia afrenta. Cervantes (otra vez Cervantes) proclama
como en un manifiesto, la autonomía de Preciosa, su gitanilla de las Novelas
ejemplares, cuando la muchacha advierte: Sepa que conmigo ha de andar siempre la libertad desenfadada, sin que
la ahogue ni turbe la pesadumbre de los celos. En muchas comedias de Lope
aparece la mujer travestida de varón, medio del que se vale para conseguir el
éxito de su propósito amoroso. El papel asignado a la mujer dentro del
matrimonio cristiano, y hasta el mismo matrimonio, hacen aguas por momentos.
Leemos en El curioso impertinente:
El casamiento a mi ver
cuando bien lo estoy mirando
no es más que estarse engañando
un hombre y una mujer.
Y en
La malcasada de Valencia hallamos
esta desengañada definición del matrimonio:
…yugo pesado, violento,
si no fueras sacramento,
dijera que eres demonio.
Así,
el matrimonio que en Lope era muchas veces solución y final feliz, se convierte
en fracaso para Guillén de Castro o Rojas Zorrilla.
Justina
es también mujer libre, pero muy alejada de la admirable Marcela, y acaso más
próxima a Elicia y Areusa, las sobrinas
de Celestina, o a la Gananciosa, la Escalanta y la Cariharta, prostitutas que
aparecen en el patio del seor
Monipodio en Rinconete y Cortadillo.
Justina es sobre todo, descarada e irreverente, un dolor de cabeza permanente
para cuantos la rodean.
El
lenguaje en La pícara Justina es
barroco como queda dicho, y está lleno además de leonesismos, lusismos,
arcaísmos y vocabulario de germanía, jerga en la que López de Úbeda demuestra
ser un auténtico experto. Quienes compusieron el Diccionario de Autoridades, y el padre Esteban de Terreros, autor
del otro gran diccionario del siglo XVIII, el Diccionario castellano, hallaron en La pícara Justina un verdadero filón. López de Úbeda demuestra una
desbordante creatividad léxica, siendo abundantes en su Justina los neologismos de todo tipo.
En
fin, que en mi modesta opinión, pocos libros habrá más apropiados que este Libro de entretenimiento de la pícara
Justina para ahondar en los caminos de nuestra literatura, porque resume en
sus páginas el espíritu literario de las dos grandes épocas de la literatura
hispánica, la medieval reflejada en la intención burlesca, rabelesiana y por
momentos goliárdica de su autor, y la barroca, plasmada en su abigarrada prosa.
Para que saque el lector conclusión propia, dejamos aquí el enlace con la
versión digital de la novela:
Señoras
sardinas: el salmón, mi señor, besa a vuesas mercedes las manos, y dice que,
por acá, en agosto hay frío en rostro, y así que vuesas mercedes se vengan
acercando adonde suele.











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