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domingo, 5 de julio de 2026

ALBRECHT ALTDORFER Y LA ESCUELA DANUBIANA DEL RENACIMIENTO

 


Albrecht Altdorfer nació en 1480 en Ratisbona o quizá en alguna localidad próxima. Su padre era un burgués próspero, dueño de una imprenta y grabador. A la edad de veinticinco años el joven Albrecht accedió en Ratisbona al estatus de bürgerrecht, o de ciudadanía, reservado a los miembros del patriciado urbano, que concedía derecho a participar en el consejo de la ciudad. Como maestro de obras municipal, se ocupó del refuerzo de las defensas de la ciudad que entonces se hallaba amenazada por los frecuentes ataques de los turcos. Construyó almacenes para el vino, y en 1527 el edificio del matadero de la ciudad. Un año más tarde le ofrecieron el cargo de burgomaestre que rechazó. Tomó parte activa en el reconocimiento oficial del credo luterano que Ratisbona abrazó en 1533. Estuvo casado aunque no consta que tuviera hijos, y finalmente falleció en su ciudad natal siendo rico y respetado por sus conciudadanos, que le enterraron con gran solemnidad en la iglesia de los agustinos.

Hasta aquí una biografía que podría corresponder a muchos burgueses acomodados del Renacimiento centroeuropeo. Pero lo que nos interesa más de Albrecht Altdorfer es su faceta artística, en la que podemos considerarle el principal representante de la que se ha llamado Escuela del Danubio. Sus influencias más notables hay que buscarlas entre los renacentistas alemanes más sobresalientes, Alberto Durero o Lucas Cranach el Viejo. En cuanto a su aportación a la pintura y el grabado, diremos que Altdorfer concedió al paisaje y la perspectiva una importancia sobresaliente. En su obra, la figura humana se integra en el paisaje de forma armónica. El artista se abona a una nueva y en su momento revolucionaria visión del mundo, muy influenciada por los entonces recientes descubrimientos de Nicolás Copérnico. Altdorfer presenta un mundo convexo en el que el centro del universo ya no es la Tierra, sino el Sol. Es esa especie de perspectiva cósmica la que nos propone en la que muchos han considerado su mejor obra, La batalla de Alejandro en Issos, pintada en 1529, que se conserva en la Alte Pinakothek de Múnich. El tema del cuadro es la Victoria de Alejandro sobre el persa Darío, de occidente contra oriente, tan cercano al tiempo de su producción en el que los otomanos amenazaban a las poblaciones del Danubio.

No parece que Altdorfer destacara como retratista. De hecho el único retrato notable suyo que nos ha llegado es el de Una mujer joven, que puede admirarse en el museo madrileño Thyssen-Bornemisza. La pasión de Cristo y las escenas de la crucifixión en el Gólgota abundan en su producción, como en las de muchos de sus contemporáneos. También los temas religiosos menudean en sus grabados y xilografías, productos de su propio taller que heredó de su padre. Altdorfer no se prodigó en los desnudos y la anatomía, quizá debido a la orientación puritana y reformista imperante en Ratisbona, su ciudad, en la que permaneció siempre. Sus desnudos más célebres son los que aparecen en su obra Las hijas de Lot. Os dejamos aquí abajo una selección de la obra pictórica y gráfica de este maestro del Renacimiento centroeuropeo.



















miércoles, 1 de julio de 2026

CURVAS FAMOSAS Y MATEMÁTICOS OLVIDADOS

 


Ese viejo refrán que dice ‘unos cardan la lana y otros llevan la fama’ podría aplicarse perfectamente a la Historia de la ciencia. Concretamente al descubrimiento de la que llamamos Curva de distribución normal, que también conocemos con el popular nombre de Campana de Gauss o Distribución de Gauss en honor a Carl Friedrich Gauss que la estudió a fondo. Representa a una familia importante de distribuciones continuas de probabilidad, que se aplican en muchos campos en los que se llevan a cabo observaciones y se recogen datos. Dichos campos incluyen estudios demográficos, estadísticas sanitarias, medidas astronómicas, inteligencia, genética, estadísticas para las compañías de seguros y un largo etcétera de materias en las que exista variación en los datos experimentales y en las características observadas.


La distribución normal viene definida por dos parámetros clave: la media o promedio, y la desviación típica, que cuantifica la dispersión o variabilidad de los datos. La representación gráfica de la distribución normal se realiza por medio de una curva en forma de campana de característica simetría, con la mayoría de los valores concentrados en la zona central, y los valores más altos y más bajos dispersos en los extremos de la curva. Es la célebre campana de Gauss tan familiar a los estudiantes y a los profesionales de la estadística. El antropólogo Sir Francis Galton escribió acerca de la distribución normal: no conozco nada que cautive de tal modo la imaginación como la maravillosa expresión del orden cósmico que expresa la Ley de frecuencia de error. De haberla conocido, los griegos la hubieran personificado y deificado. Reina con serenidad y completa modestia en medio de la más salvaje confusión.


Así que la fama y los honores del descubrimiento han correspondido a Carl Friedrich Gauss (1777-1855), pero realmente el matemático francés Abraham de Moivre (1667-1754) fue quien describió primero, concretamente en 1733, la curva de distribución normal o Ley de los errores. Lo hizo en su obra Approximatio ad summam terminorum binomii (a + b)n in seriem expansi (Aproximación a la suma de los términos del binomio (a + b)n desarrollado como una serie). De Moivre investigó la distribución normal cuando trataba de hallar aproximaciones para la distribución binomial que surge, por ejemplo, en experimentos de cara o cruz con monedas. En 1782, Pierre Simon Laplace utilizó la distribución para estudiar errores de medida. Gauss la aplicó en 1809 para estudiar datos astronómicos.

A lo largo de su vida, De Moivre, que jamás logró salir de la pobreza, sobrevivió jugando al ajedrez en los cafés. Así de injusta y así de cruel resulta a veces la ciencia, exclama nuestro viejo profesor Bigotini que no juega al ajedrez, pero frecuenta los bares como De Moivre.

-¿Sabías que Mariano es mudo?

-¿Ah, sí? Que calladito se lo tenía.


lunes, 29 de junio de 2026

MAL EATON. UN DIBUJANTE SIEMPRE EN SEGUNDO PLANO

 


Mal (abreviatura de Malcolm) Eaton (1902-1974) fue un dibujante neoyorquino admirador y alumno del gran T.S. Sullivant. Si bien Eaton carecía de las dotes de Sullivant para la anatomía de figuras humanas y animales, sí compartía con el maestro un don impagable para dotar de movimiento a las figuras comparable a la de una animación parada, así como esa línea de lápiz vivaz y áspera que emplearon ambos artistas.

Mal Eaton no fue nunca un artista de gran renombre. Su serie más conocida fue Peter Piltdown, que ambientada durante la Edad del Hielo, presentaba graciosos hombres o más bien monigotes de las cavernas. Su protagonista tomó el apellido del célebre cráneo de Piltdown, hallazgo que resultó ser una estafa, pero que alcanzó en la prensa gran popularidad. La tira presentaba al personaje principal Peter, y a Inna-Minnie y Pookie, quien vestía un camisón de una pieza a cuadros, posiblemente en un guiño al Yellow Kid de Richard Outcault. También Eaton probablemente se inspiró en el popular habitante de las cavernas de Hamlin, Alley Oop, que se publicó por primera vez en diciembre de 1932. Peter Piltdown se publicó dos años y medio después, en agosto de 1935, y fue encargado por el New York Tribune, que no se caracterizaba precisamente por la calidad de sus tiras cómicas. Parece que la serie fue distribuida por Miller Services, una pequeña empresa de Canadá con mucho menos poder de difusión que el King Features Syndicate y otras empresas especializadas en tiras cómicas. Peter Piltdown, aparecía sólo en las páginas dominicales, a diferencia de las series más exitosas que aparecían a diario.

Peter Piltdown se publicó del 4 de agosto de 1935 al 15 de diciembre de 1946. La tira cómica se mantuvo durante un par de años más bajo el título Pookie, pero se publicó sólo como tira de relleno cuando había espacio disponible en los periódicos. Eaton relanzó su carrera con nuevos títulos: Rocky Stoneaxe, Muggsey McGinnis o Tizzie, que aparecieron en revistas y magazines semanales entre 1950 y 1970. Terminó su carrera dibujando historietas publicitarias para la compañía Pepsi Cola, mucho más modesta que su invencible competidora. Hasta en eso fue Eaton un artista en segundo plano. El de Mal Eaton era un estilo quizá demasiado infantil y algo pasado de moda en una época en la que en América comenzaban a hacer furor los superhéroes y el dibujo realista. No puede negársele, sin embargo, la gracia y la ágil movilidad de sus dibujos. Aquí os dejamos una selección de sus páginas.






















jueves, 25 de junio de 2026

KIM BASINGER, LA CHICA DEL PÓSTER

 



Kim Basinger, un nombre y dos palabras que evocan en millones de espectadores de todo el mundo, erotismo y sensualidad. Era una chica del sur, de Georgia, en lo que se ha llamado el sur profundo. En otra época la habrían calificado de señorita o mejor, de dama del sur, pero en la década de 1980, que ya respiraba ecos de fin de milenio, las damas estaban ya en peligro de extinción. Así que la hermosa Kim Basinger se prodigó en concursos de belleza, posó para calendarios de esos que solían colgarse en la pared de los talleres mecánicos, y hasta apareció en las páginas desplegables de varias revistas para adultos. Y es que aquella jovencita, aquella mujer, era una belleza para mayores con reparos, como rezaban (¿rezaban?) las viejas clasificaciones que la censura eclesiástica del franquismo hacía de las películas. Kim fue durante un breve periodo uno de Los ángeles de Charlie, y siguiendo con la cosa angélica, en Los Ángeles confidencial interpretó a una vampiresa tentadora que dejaba desarmados a los agentes de la ley. Fue también (era inevitable) una de las chicas Bond, aro hollywoodiense por el que deben pasar obligatoriamente las aspirantes al estrellato. Fue también novia de Batman, tórrida compañera de juegos eróticos de Mickey Rourke en Nueve semanas y media, y ligue extraterrestre de Dan Aykroyd en Mi novia es una extraterrestre, una comedia ochentera bastante regularcilla que se salvaba sólo gracias a la presencia rotunda y pícara de la Basinger. Como eran años en los que florecieron los videoclubs, las cintas de la peli se estropeaban porque quienes las alquilaban pasaban aprisa las pocas partes en las que no salía ella. A ninguna otra estrella como a Kim Basinger le cuadra mejor el tópico de la chica del póster.

Recordemos la belleza de Kim Basinger en esta secuencia (clic en el enlace):

Kim Basinger. Mi novia es una extraterrestre. 1988.

https://www.youtube.com/watch?v=lrU-sRtkKr8 

Próxima entrega: Richard Gere


lunes, 22 de junio de 2026

CORNELIO AGRIPPA, EL PRÍNCIPE DE LOS HECHICEROS

 


Iniciamos esta serie de artículos sobre la Historia oculta con la reseña del que según algunos estudiosos de esa disciplina, fue el príncipe de los hechiceros y el gran rebelde del Renacimiento.

Heinrich Cornelius Agrippa von Netteischeim, conocido como Cornelio Agrippa, nació en Colonia en 1486. Fue médico, jurista y teólogo. Obtuvo a los veinte años el título de maestro en artes, se graduó en filosofía y lenguas, de las que llegaría a dominar ocho, y se enroló como soldado en las tropas de Aragón al servicio de Fernando el Católico. En 1509 aspiró a la cátedra de literatura sagrada en Dôle, pero fue expulsado de la universidad por instigación de los franciscanos a quienes molestó profundamente su doctrina. Agrippa admitía la superioridad del catolicismo sobre el resto de las opciones cristianas, pero con la salvedad de que había que mantener respecto a ella libertad de examen. Parece que a los inquisidores el examen les inquietaba, y la libertad definitivamente les resultaba inadmisible.


En Londres escribió sus Comentarios a las epístolas de San Pablo, regresó a Colonia en 1510, y sus paisanos le enviaron como teólogo al Concilio de Pisa de 1511. Allí, a pesar de haber nacido y residido en Colonia, las opiniones de Agrippa olieron mal a los príncipes de la Iglesia, que desde entonces lo pusieron en el punto de mira inquisitorial esperando para echarle mano a que cometiera el menor desliz en cualquiera de sus escritos o sus sermones. Quizá por eso nuestro hombre se apresuró a ponerse bajo el amparo del emperador Maximiliano que en Lombardía le nombró caballero dorado con derecho a calzar las espuelas de oro. Impartió lecciones en la universidad de Pavía, y después en la de Turín, hasta que la guerra le obligó a marchar de Italia.


En 1519 le encontramos en Metz actuando como síndico, abogado y orador. Allí se ganó la enemistad del Gran Inquisidor, el dominico Nicolás Salvini, al defender a una vecina acusada injustamente de brujería. Agrippa desenmascaró a los ocho falsos testigos de la acusación, consiguiendo la absolución de la acusada. La situación de Agrippa se hizo insostenible, y le obligó a abandonar la región con su mujer y su hijo. Huyó a Suiza, residiendo en Ginebra y Berna, y en 1523 le encontramos en Friburgo donde ejerció como médico y astrólogo. Establecido en Lyon en 1524, fue reclamado como médico por Margarita de Navarra, protectora de varios intelectuales reformistas. No sabía bien dónde se metía. Aquella familia de Francisco I de Francia, su hermana Margarita de Navarra y su madre Luisa de Saboya, de la estirpe borbónica, era un verdadero nido de víboras con intereses enfrentados y caminos tortuosos. Agrippa se enemistó con la reina madre y con el rey francés al que se negó a hacer el horóscopo con la poco creíble excusa de que consideraba a la práctica una superstición. Sólo le quedó la protección de Margarita cada vez más débil. Condenado en Lovaina y en París, se refugió en Amiens y después en Colonia al amparo del arzobispo y príncipe elector Hermann von Wied. Al regresar a Francia fue encarcelado. Murió poco después de recuperar la libertad, en un hospital de Grenoble. Corría el año de 1535.


Al final de su vida se acercó a la doctrina de Lutero. Tuvo tres esposas. Habló y escribió en ocho lenguas: alemán, francés, italiano, español, inglés, latín, griego y hebreo. Conocía la magia, la astrología, la cábala, la alquimia, la medicina, la exégesis, la criptografía y el espionaje, actividad esta última que ejerció como agente doble durante casi toda su vida al servicio del emperador Carlos V y de su rival, el papa Clemente VII. Su obra principal, Los tres libros de la filosofía oculta, se imprimió en Colonia en 1533, y está considerada la Biblia del ocultismo. La misma sed de conocimientos de su autor le llevó a lamentarse de ella cuando escribió:

 

…es mejor y más provechoso ser idiotas y no saber nada, creer por fe y caridad y acercarse así a Dios, que sentirse orgullosos y elevados por las sutilezas de la ciencia y caer en posesión de la Serpiente.

 

Estamos ante un hombre cuya curiosidad y afán de conocimiento científico en una época en la que todavía no existía la verdadera ciencia, le llevaron a la frustración. Todas esas pseudociencias medievales estaban dominadas por la teología, que a fin de cuentas no deja de ser otra pseudociencia. Si Cornelio Agrippa hubiera nacido un siglo más tarde, podría haber sido otro Galileo. Si hubiera nacido dos siglos más tarde, podría haber sido otro Newton. Talento no le faltaba, pero en la era precientífica y teocrática en que vivió, no pasó de ser un charlatán muy culto, un rebelde y un hereje. Son, queridos amigos, caprichos del tiempo y de la Historia.

-¿Te gustan las óperas?

-Sí, me gustan mucho.

-¿De Verdi?

-Sí, sí, te lo juri.