Quinto
Horacio Flaco, conocido universalmente como Horacio,
fue uno de los grandes poetas clásicos latinos, el principal de los líricos, y
con permiso del bilbilitano Marcial, acaso también el principal satírico. Nació
en el año 65 a.C. en Venosia, actual Venosa, en la provincia itálica de
Basilicata. Los datos que actualmente conocemos de su biografía los debemos a
sus propios escritos, por lo que cabe considerar a Horacio como el primer
autobiógrafo de la historia literaria. Todos los detalles que sobre su vida
ofrece Suetonio en su Vida de Horacio
están tomados del propio poeta. En su región natal, cercana a Apulia y Lucania,
se hablaban diferentes dialectos latinos trufados de términos griegos, lo que
contribuyó notablemente a enriquecer el vocabulario de Horacio. Siempre guardó
un profundo sentimiento de gratitud a su patria chica, e incluso después de
haber triunfado en Roma, siguió considerándose samnita o sabelio.
Su
padre fue un esclavo sabino capturado durante las guerras samnitas, que fue
manumitido y declarado liberto, lo mismo que su madre, también esclava liberta,
por lo que Horacio fue lo que entonces llamaban un libertino, condición que siempre tuvo a gala y de la que jamás se
avergonzó. En su tiempo muchos romanos
de familia patricia juzgaban a los libertinos severamente, por lo que el
término llegó a convertirse en un adjetivo descalificante.
El
poeta rindió homenaje a su padre en una breve pieza que incluye el siguiente
pasaje:
Si
mi carácter está viciado por algunas faltas menores, pero por lo demás es
decente y moral, si sólo puedes señalar algunas manchas dispersas en una
superficie por lo demás inmaculada, si nadie puede acusarme de avaricia, ni de
mojigatería, ni de despilfarro, si vivo una vida virtuosa, libre de mancilla
(perdona, por un momento, mi autoelogio), y si soy para mis amigos un buen
amigo, mi padre merece todo el crédito.... Tal como es ahora, merece de mí
gratitud y alabanza sin reservas. Nunca podría avergonzarme de un padre así, ni
siento ninguna necesidad, como mucha gente, de disculparme por ser hijo de un
liberto.
Después del asesinato de César, Horacio se unió al
ejército republicano de Marco Junio Bruto, opuesto al triunvirato que formaron
Octavio Augusto, Marco Antonio y Lépido. Tras la derrota de Filipos (42 a.C.) regresó
el joven poeta a Roma vencido y pobre. Consiguió trabajo como escribiente de un
cuestor, lo que le permitió comenzar a cultivar la poesía. Ingresó en el
cerrado círculo literario de otros autores como Virgilio y Lucio Vario Rufo, lo
que le llevó a ser protegido del mismo emperador Augusto y de su consejero
Mecenas, con el que entabló una amistad tan estrecha que al final de los días
de ambos, fueron enterrados el uno junto al otro.
En la obra de Horacio se distinguen dos etapas. La
primera fue en la que compuso las Sátiras y los Epodos,
composiciones con un fuerte componente de crítica social. En el segundo periodo
escribió las Odas y las Epístolas, de contenido lírico, en las
que predomina el elogio de la amistad, del amor y de la naturaleza, sin faltar
en ellas una encendida alabanza de Augusto. En su filosofía, básicamente epicúrea,
destacan de forma especial tres temas principales: la aurea mediocritas, bendita mediocridad que aconseja al
prudente no intentar sobresalir y ponerse en riesgo, permaneciendo en un
discreto segundo plano; el carpe diem,
que invita a vivir y disfrutar el presente ante la incertidumbre del futuro; y
el beatus ille, que alaba la
sencillez de la vida campestre y retirada, lejos de intrigas palaciegas.
Los tres son principios que no solo sedujeron a sus
contemporáneos como Cicerón, Ovidio o Virgilio, sino que trascendieron la
romanidad, e hicieron fortuna entre los autores medievales, los renacentistas e
incluso han llegado hasta tiempos tan recientes como los actuales. En base a esos
principios, Horacio ha influido en autores como el arcipreste de Hita, Ronsard,
Petrarca, Garcilaso, fray Antonio de Guevara, fray Luis de León, Cervantes,
Shakespeare, José Cadalso, Leandro Fernández de Moratín, John Keats, John
Milton, e incluso en Jorge Guillén y otros poetas de nuestra generación del 27.
Así que difícilmente se hallará otro autor con mayor influencia que Horacio en
las letras universales.
Falleció el poeta en Roma en el año 8 a.C., casi al mismo tiempo que Mecenas, su amigo y protector. Os dejamos un enlace con la versión digital de una selección de sus poemas:
https://www.dropbox.com/home/Profesor%20Bigotini?preview=Poemas.pdf
Mientras hablamos, huye el tiempo envidioso. Vive el día de hoy. Captúralo. No fíes del incierto mañana. Horacio. Carpe diem.














.jpg)





































