Albrecht Altdorfer nació en 1480 en Ratisbona
o quizá en alguna localidad próxima. Su padre era un burgués próspero, dueño de
una imprenta y grabador. A la edad de veinticinco años el joven Albrecht
accedió en Ratisbona al estatus de bürgerrecht,
o de ciudadanía, reservado a los miembros del patriciado urbano, que concedía
derecho a participar en el consejo de la ciudad. Como maestro de obras
municipal, se ocupó del refuerzo de las defensas de la ciudad que entonces se
hallaba amenazada por los frecuentes ataques de los turcos. Construyó almacenes
para el vino, y en 1527 el edificio del matadero de la ciudad. Un año más tarde
le ofrecieron el cargo de burgomaestre que rechazó. Tomó parte activa en el
reconocimiento oficial del credo luterano que Ratisbona abrazó en 1533. Estuvo
casado aunque no consta que tuviera hijos, y finalmente falleció en su ciudad
natal siendo rico y respetado por sus conciudadanos, que le enterraron con gran
solemnidad en la iglesia de los agustinos.
Hasta aquí una biografía que podría corresponder a muchos burgueses acomodados del Renacimiento centroeuropeo. Pero lo que nos interesa más de Albrecht Altdorfer es su faceta artística, en la que podemos considerarle el principal representante de la que se ha llamado Escuela del Danubio. Sus influencias más notables hay que buscarlas entre los renacentistas alemanes más sobresalientes, Alberto Durero o Lucas Cranach el Viejo. En cuanto a su aportación a la pintura y el grabado, diremos que Altdorfer concedió al paisaje y la perspectiva una importancia sobresaliente. En su obra, la figura humana se integra en el paisaje de forma armónica. El artista se abona a una nueva y en su momento revolucionaria visión del mundo, muy influenciada por los entonces recientes descubrimientos de Nicolás Copérnico. Altdorfer presenta un mundo convexo en el que el centro del universo ya no es la Tierra, sino el Sol. Es esa especie de perspectiva cósmica la que nos propone en la que muchos han considerado su mejor obra, La batalla de Alejandro en Issos, pintada en 1529, que se conserva en la Alte Pinakothek de Múnich. El tema del cuadro es la Victoria de Alejandro sobre el persa Darío, de occidente contra oriente, tan cercano al tiempo de su producción en el que los otomanos amenazaban a las poblaciones del Danubio.
No parece que Altdorfer destacara como retratista. De hecho el único retrato notable suyo que nos ha llegado es el de Una mujer joven, que puede admirarse en el museo madrileño Thyssen-Bornemisza. La pasión de Cristo y las escenas de la crucifixión en el Gólgota abundan en su producción, como en las de muchos de sus contemporáneos. También los temas religiosos menudean en sus grabados y xilografías, productos de su propio taller que heredó de su padre. Altdorfer no se prodigó en los desnudos y la anatomía, quizá debido a la orientación puritana y reformista imperante en Ratisbona, su ciudad, en la que permaneció siempre. Sus desnudos más célebres son los que aparecen en su obra Las hijas de Lot. Os dejamos aquí abajo una selección de la obra pictórica y gráfica de este maestro del Renacimiento centroeuropeo.



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