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jueves, 12 de marzo de 2026

MAHOMA Y EL NACIMIENTO DEL ISLAM

 


En Arabia, la gran península desértica cuya raíz árabe arab significa árido, nació en 569 un niño cuya madre, Amina, llamó Mohamed, con el significado de “el altamente alabado”. En occidente le damos el nombre más común de Mahoma. En esa fecha gobernaba en Bizancio Teodora, la viuda del emperador Justiniano que había muerto cuatro años antes. Italia la señoreaban los duques longobardos, en Francia reinaban los merovingios, y en gran parte de España los visigodos.

Mahoma nació huérfano, pues su padre había fallecido en Medina unos pocos meses antes. La viuda Amina no era rica. Poseía cinco camellos, un pequeño rebaño de cabras, una modesta casa de adobes y una esclava que amamantó a su hijo. Murió también Amina cuando el pequeño Mahoma tenía seis años. Se hizo cargo de él su abuelo paterno, Adb al-Muttalib. El joven Mahoma jamás aprendió a leer y escribir, lo que no fue obstáculo para que dictara el que se convirtió con el tiempo en el libro más grande y poético en lengua árabe.


Se dice que a los doce años viajó en la caravana de su tío Abu Talib hasta Siria, donde se supone que oyó hablar de las religiones monoteístas, el judaísmo y el cristianismo, y acaso conoció algo del antiguo y del nuevo testamento bíblicos. Por entonces sus compatriotas árabes practicaban una extraña religión politeísta que adoraba al sol, la luna, las estrellas y a una legión de yinn o espíritus un tanto misteriosos. Sus leyendas relatadas en torno a las hogueras en las frías noches del desierto, hablaban de héroes guerreros que al morir eran transportados a un paraíso lleno de mujeres, caballos y batallas. En La Meca rendían culto a la que llamaban Piedra Negra, aunque en realidad era de color rojizo, probablemente los restos de un meteorito, que se guardaba en un altar situado en la Kaaba, edificio rectangular con el significado de cubo. Según la tradición, la Kaaba había sido construida nueve veces. La primera por los ángeles, la segunda por Adán, el primer hombre, y las siguientes por los sucesivos patriarcas que aparecen en la Biblia, y que también recogían las leyendas de los hombres del desierto.


Mahoma se casó a los veinticinco años con Jadiya, una viuda rica que entonces tenía cuarenta. Con ella tuvo una hija, Fátima, y dos hijos que murieron siendo niños. Adoptó como hijo a su primo Alí, hijo de su tío Abu Talib, con quien había viajado de joven. Mientras vivió Jadiya, Mahoma fue escrupulosamente monógamo. Al quedar viudo, la sustituyó por varias mujeres jóvenes, pero ninguna consiguió hacerle olvidar a Jadiya. En La Meca entabló amistad con un cristiano, primo de Jadiya, que seguramente le instruyó en las escrituras. En Medina conoció y trató a varios hebreos que le comunicaron su doctrina. Probablemente de aquellos contactos con cristianos y judíos surgió la idea de un Dios único. Y también probablemente la idea de Mahoma surgió en un momento propicio para ser aceptada por sus compatriotas, que acaso en aquel tiempo atribuían su pobreza a la ausencia de unas leyes morales y de un libro sagrado como el que poseían sus vecinos judíos y cristianos a quienes objetivamente les iban mejor las cosas.

A estas alturas creo que no es necesario aclarar a quienes habitualmente seguís al profe Bigotini, que el que les fueran mejor las cosas a cristianos y judíos que a los árabes, nada tenía que ver con leyes, libros ni dioses, sino que se debía a que éstos habitaban una meseta arenosa y yerma. Pero el caso es que ellos lo pensaban, y en ese momento histórico echaban en falta unas directrices morales y sobre todo algo que les diera cierta identidad nacional de la que carecían aquellas tribus divididas por rivalidades y venganzas.

Bien, pues ahí estaba Mahoma. A los cuarenta años tomó la costumbre de retirarse a orar y meditar en una gruta del monte Hira, durante el mes santo del Ramadán. En 610 se le apareció una de esas noches místicas el arcángel Gabriel, mostrándole una tela con inscripciones árabes, y diciéndole: lee. Él contestó que no sabía leer, pero ante la insistencia del arcángel, leyó aquellas palabras como si le hubieran sido dictadas por su mente. Al despertar las recordó, y ascendió montaña arriba hasta oír una voz que desde el cielo gritaba: ¡Oh, Mahoma! Tú eres el mensajero de Alá y yo soy Gabriel.

Desde entonces las experiencias extáticas se repitieron con frecuencia, seguidas muchas veces de desvanecimientos. Se ha aventurado que quizá padecía epilepsia. En cualquier caso, en esos estados de trance recibía revelaciones que dictaba luego y se recogían por escrito. Así nació el Corán, el Libro Sagrado del Islam. Mahoma fue autor también de la décima y última reconstrucción de la Kaaba. Permitid que nos quedemos en esos primeros balbuceos del que llegaría a ser uno de los más importantes fenómenos históricos, culturales y religiosos.

¡Triste época la nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio. Albert Einstein.


domingo, 8 de marzo de 2026

ANTONIO DE NEBRIJA Y LA PUESTA DE LARGO DEL CASTELLANO

 


Antonio Martínez de Cala y Xarana, más conocido como Antonio de Nebrija o de Lebrija, nació en esa localidad sevillana en 1444. Firmó muchas de sus obras como Elio Antonio de Nebrija, nombre por el que se le conoció en Italia (Bolonia), en cuyo Colegio de España residió y sentó cátedra durante años. Nebrija fue humanista, polímata, filólogo, historiador, pedagogo, gramático, traductor, exégeta, lingüista, lexicógrafo, impresor, editor, cronista real, escritor y poeta. Conocía al detalle el estudio trilingüe, latín, griego y hebreo. Fue el más destacado miembro de la escuela salmantina, y fue en definitiva, la definición andante y pensante de lo que vulgarmente llamamos un sabio del Renacimiento, que abarcó todas las ramas del conocimiento.


Si hemos de creer a Américo Castro, el padre de Nebrija procedía de una familia marrana, y su madre de judeoconversos sevillanos, bautizados a raíz de las violentas matanzas de judíos de 1391. Sobre esto hay controversia, pues a pesar de sus amplios conocimientos del hebreo, que según los especialistas, superaban con creces el de quienes lo habían estudiado con él, en su proceso inquisitorial, los inquisidores no utilizaron esa condición como agravante, algo que solían hacer sistemáticamente. Nebrija salió airoso de su proceso y jamás halló obstáculos para estudiar o enseñar en Bolonia, en Salamanca o en Alcalá. Sin embargo, una de sus hijas, Sabina de Solís, contrajo matrimonio con el bachiller Juan Romero, converso sevillano, lo que abonaría la tesis del origen judío de Nebrija, ya que dentro de ese grupo social solía reinar la endogamia.


Fue consejero de los Reyes Católicos, manteniendo estrecha vinculación a Fernando de Aragón. Intervino como latinista en la Biblia políglota complutense que patrocinó el cardenal Cisneros. Según parece, la divisa Tanto monta, que se añadió al escudo de Fernando el Católico, fue ideada por Nebrija. Aludía al nudo gordiano que según la tradición cortó con su espada Alejandro Magno, añadiendo al mote la coletilla de nada importa, dando así a entender que resulta indiferente deshacer el nudo o cortarlo, que el fin justifica los medios, idea muy maquiavélica, y que en definitiva, a un monarca tan poderoso no hay obstáculo que le detenga. El segundo componente de la frase, tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando, fue un añadido moderno del siglo XIX, que hace referencia al equilibrio entre los dos reinos de Castilla y Aragón, pero que es una invención sin el menor soporte histórico.

Durante su estancia en Salamanca, Nebrija visitó Zamora donde copió y tradujo ciertas inscripciones antiguas, lo que le convierte también en precursor de la paleografía. En cuanto a sus obras, muchas de ellas están escritas en latín, lengua franca de la intelectualidad europea. De entre las escritas en romance destacan las dedicadas a la gramática, la sintaxis y la ortografía castellanas. Y de todas ellas, destaca su Gramática de la lengua castellana que le ha hecho inmortal. Fue la primera gramática de una lengua europea. Es por supuesto, la obra que nuestra biblioteca Bigotini os pone al alcance de un clic con el que puede accederse a su versión digital:

https://www.dropbox.com/home/Profesor%20Bigotini?preview=Gram%C3%A1tica+de+la+lengua+castellana.pdf

Gentiles nombres llaman los gramáticos aquellos que significan alguna gente, como español, andaluz, sevillano…


jueves, 5 de marzo de 2026

MEZCLADORAS DE CEMENTO Y HORMIGONERAS. A VUELTAS CON LA SEGURIDAD

 


Las mezcladoras de cemento u hormigón, también conocidas como hormigoneras o pasteras, son máquinas simples, que funcionan con un motor eléctrico, cuya utilidad en la obra es la mezcla de materiales para conseguir pastas homogéneas que permitan la unión firme y duradera de los elementos constructivos. El movimiento continuo de giro permite que arena, cemento, agua, grava y otros materiales, se mezclen, repartiéndose uniformemente.

Sustituyen a los brazos de los trabajadores que en épocas pretéritas debían remover sin cesar las masas en diferentes recipientes. Con idéntico propósito y función, existen también mezcladoras de gran tamaño montadas sobre vehículos pesados. Son los conocidos camiones hormigonera. En el presente post nos ocuparemos de las mezcladoras no automotrices, que pueden situarse en distintos puntos de la obra, para cubrir las necesidades de materiales de unión en tareas constructivas concretas, tanto estructurales como de albañilería.


Estos equipos de trabajo no están exentos de riesgos. Acaso la primera recomendación preventiva debe ser conocer perfectamente tanto la máquina como los materiales. Todos los trabajadores presentes en una obra de construcción deberían conocer la ficha técnica del equipo, para en caso de emergencia, proceder a su inmediata parada, aun en el caso de trabajadores que no manipulen la máquina de forma habitual.

También es de capital importancia la protección de los trabajadores frente a todos los productos empleados en el proceso. Deben protegerse frente a la inhalación de cemento en polvo, capaz de provocar lesiones pulmonares graves. Los ojos deben ser también objeto prioritario de protección. En caso de contacto con el material, se limpiarán con abundante agua a la mayor brevedad. Además el polvo de cemento produce irritaciones en la piel, por lo que resulta indispensable el uso de guantes y ropa adecuada.


Tan importante como la protección del trabajador, es la de la propia máquina. Es necesario que la hormigonera quede correctamente fijada en una zona plana sin desniveles, para evitar su posible caída. Es vital no retirar jamás las protecciones de la máquina. El servicio de prevención o el responsable de seguridad laboral del centro de trabajo, debe revisar el equipo periódicamente, siguiendo las directrices del R.D. 1215/1997, para garantizar que la máquina se halla en condiciones óptimas de funcionamiento, o bien proceder a subsanar las deficiencias observadas.

Recordad quienes trabajéis en obras, que el trabajo no es un juego. Cualquier distracción o negligencia puede traducirse en un accidente grave que podría afectarte a ti o a tus compañeros. Respeta las normas de seguridad y haz que sean respetadas por los demás. No te pesará.

Un idiota millonario es un millonario. Un idiota pobre es un idiota.  Enrique Jardiel Poncela.


lunes, 2 de marzo de 2026

FIBONACCI Y EL NÚMERO ÁUREO. LAS RELACIONES ASOMBROSAS

 


El número de oro o número áureo es un número irracional que se representa con la letra griega phi (F). Se conoce ya desde la Grecia clásica, y aparece documentado alrededor del año 300 a.C. en los Elementos de Geometría de Euclides, acaso el primer superventas y con seguridad el libro más leído y reproducido sobre ciencia. Es, después de la Biblia y de las obras de Lenin, el libro del que se han hecho más ediciones y se ha traducido a más idiomas. En la edición castellana de 1576 debida a Rodrigo Zamorano, cosmógrafo de Felipe II, puede leerse: se dice que una recta está dividida en media y extrema razón cuando la longitud de la línea total es a la de la parte mayor, como la de esta parte mayor es a la de la menor. Dicho de otro modo, el todo es a la parte como la parte es al resto. Una sencilla pero certera definición de la llamada proporción áurea.

El número F, lo mismo que otros números tradicionales como el también famoso p, contiene un número infinito de decimales. Puede definirse mediante la siguiente expresión:


…en la que el signo = debería leerse como aproximadamente igual, puesto que se escribe con un número limitado de decimales (doce en este ejemplo), cuando su número es infinito. O al menos debe serlo, porque nadie ha conseguido desarrollarlo hasta el infinito, claro. Quien esto escribe ha visto en un libro de matemáticas, un cuadro con los mil primeros decimales para los muy fans de F, pero que sean infinitos de momento es una hipótesis. Mediante cálculos de superordenadores, se han conseguido muchos miles, pero me temo que el infinito es por definición, inalcanzable en la práctica.


En el título me refería a Fibonacci, Leonardo Pisano, matemático del siglo XII autor de la célebre sucesión que en su origen se aplicó al problema del ciclo reproductivo de los conejos. La sucesión de Fibonacci, que desde su aparición conocemos muy bien, parte de dos primeros dígitos, 1 y 1, y continúa sumando los dos números anteriores para obtener el siguiente, resultando:

 

1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34, 55, 89, 144…

 

Pues bien, las relaciones de la sucesión de Fibonacci con el número áureo F son asombrosas y numerosísimas. No me atrevo a decir que son infinitas, pero lo cierto es que cuanto más se investiga, van apareciendo más y más relaciones entre ambos. He aquí sólo algunas de las más sencillas y evidentes:

 

F3 = 2F + 1

F4 = 3F + 2

F5 = 5F + 3

F6 = 8F + 5

F7 = 13F + 8

F8 = 21F + 13…

 

Fijaos en que a la derecha de las igualdades van apareciendo por su orden los números de la sucesión de Fibonacci. Los coeficientes de las sucesivas potencias de F, son dos términos consecutivos de la sucesión de Fibonacci, de forma que, siendo an el término de lugar n de la sucesión de Fibonacci, podemos poner como expresión general de esas potencias del número áureo:

 

Fn = an F + an-1

 

Si elegimos diez términos consecutivos de la sucesión y los sumamos, obtendremos siempre un múltiplo de 11. Veamos por ejemplo, los diez primeros:

 

1+1+2+3+5+8+13+21+34+55 = 143 = 11 . 13

 

…o estos otros:

 

21+34+55+89+144+233+377+610+987+1597 = 4147 = 11 . 377

 

En ambos casos, la suma de diez términos consecutivos de la sucesión, es exactamente 11 veces el término que ocupa el séptimo lugar (13 en la primera suma, y 377 en la segunda).

 

Estas y otras relaciones fantásticas, conducen entre otras asombrosas propiedades, a poder obtener aproximaciones de F por el sencillo procedimiento de dividir términos de la sucesión de Fibonacci por los términos anteriores: an / an-1.


Las relaciones van mucho más lejos y saltan de los tratados de matemáticas a la misma naturaleza, que utiliza la proporción áurea y el número F en el diseño de caracolas, rosas, semillas de girasol, distribución de los nervios en las hojas, de las hojas en las ramas o de las ramas en los tallos. Es, si se piensa, algo mágico. Así les pareció a muchos sabios del Renacimiento con Leonardo como abanderado, y así nos sigue pareciendo todavía. Los pelos del bigote de nuestro profe Bigotini van apareciendo en idéntica proporción áurea en que desaparecen los de su cada vez más despoblada cabeza. ¡Maldito Fibonacci!, exclama el pobrecillo frente al espejo. 

Los hombres de Atila irrumpieron en Roma de huno en huno.


viernes, 27 de febrero de 2026

WALT KELLY, POGO POSSUM Y LA OTRA AMÉRICA

 


Nacido en 1913 en Filadelfia y en una familia de origen irlandés, Walter Crawford Kelly, que desde muy joven firmó sus dibujos como Walt Kelly, comenzó a ganarse la vida hacia 1930 como reportero de sucesos en un diario de Connecticut. Muy pronto abandonó el periodismo por los lápices y los pinceles, pero él siempre se consideró a sí mismo periodista. Entabló una entrañable amistad con otros dos grandes del cómic de su generación de quienes ya hemos hablado en nuestra historia de la historieta, Milton Caniff y Al Capp. Los tres dieron en una especie de juego recurrente, citándose unos a otros en sus tiras cómicas. En la década de los treinta Kelly trabajó como animador en los estudios Disney de California, sobre todo en los cortos del pato Donald. Colaboró después en los largometrajes Pinocho, Fantasía, Dumbo y Los tres caballeros.

En los cuarenta comenzó a dibujar tiras e historietas para Dell Comics, tebeos basados en canciones infantiles, cuentos de hadas y de navidad. Durante la guerra mundial ilustró manuales para el ejército, y fue en ese periodo, concretamente en 1943, cuando comenzó a dibujar la serie que le hizo mundialmente célebre: Pogo o Pogo Possum, la zarigüella Pogo, un bicho que se fue humanizando cada vez más, lo mismo que el resto de personajes de la serie, Albert el cocodrilo, la tortuga, el sabueso y un largo etcétera, animales humanizados siguiendo los principios de la casa Disney.


Kelly adoptó desde el principio la ambientación y el lenguaje del sur profundo y de los negros que aparecían en los cuentos del tío Remus, Uncle Remus, creados por el escritor Joel Chandler Harris, que había popularizado la factoría Disney en la película Canción del Sur y algunas otras secuelas televisivas. La serie destila humor y fina ironía a menudo crítica con los “valores americanos”. Políticamente, Walt Kelly se sitúa en la izquierda, si es lícito hablar de izquierdas en los USA. Apoyó a Harry Truman y a Eisenhower, y en sus caricaturas fue muy crítico con Lyndon Johnson, Richard Nixon y con personajes como Edgar Hoover, Wallace o Spiro Agnew. El FBI llegó a pinchar sus teléfonos, y un testigo llamado por la Comisión de Actividades Antiamericanas afirmó que la excéntrica jerga de las tiras cómicas de Walt Kelly escondía un código secreto ruso. El artista defendió siempre la libertad de expresión y el fin de la segregación racial. Su posición ante el sistema americano podría resumirse en la frase hemos encontrado al enemigo y era de los nuestros, que apareció muchas veces en sus tiras y dio título a una de sus colecciones. Caricaturizó a McCarthy como una rata, pero también a Nikita Jruschov como un cerdo y a Fidel Castro como una cabra que fumaba enormes puros y recitaba soflamas como la escasez se repartirá entre los campesinos. Así que no dejó títere con cabeza. Kelly falleció en 1973. Tras su muerte, sus historietas se convirtieron en un icono contracultural, reproduciéndose a menudo en las publicaciones underground. Traemos a nuestra Historia del Cómic una selección de sus páginas y viñetas.



















martes, 24 de febrero de 2026

SUSAN SARANDON. FUERTE, LIBRE Y LIBERADA

 



Algunos han llamado a Susan Sarandon la nueva Bette Davis por sus extraordinarias dotes interpretativas y quizá por cierto parecido físico entre ambas. Se la ha comparado también con la Jane Fonda contestataria de los setenta, por su compromiso con causas sociales y feministas. Como todas las comparaciones son odiosas, o al menos, así reza el viejo dicho, diremos que Susan Sarandon, la Sarandon, así con sonoro apellido, como las grandes, es única e irrepetible. Mujer de belleza poco convencional, es una de esas grandes actrices que a fuerza de buenas interpretaciones, puede llegar a resultar enormemente atractiva. Protagonista de varias películas de culto, la Sarandon se ha ganado a pulso el favor de crítica y público en una industria donde semejante unanimidad se da muy pocas veces.

Su condición de neoyorquina le confirió ya desde muy joven, cierto aire cosmopolita subrayado por su relación con el cineasta francés Louis Malle. Representa en el imaginario colectivo el prototipo de mujer fuerte, liberada y libre, capaz de escoger su destino. Igual que las estrellas masculinas de Hollywood, Susan Sarandon a menudo se acompaña en la pantalla de parejas femeninas, como Catherine Deneuve en El Ansia, como Geena Davis en Thelma y Louise, o como el inolvidable trío que formó con Michelle Pfeiffer y Cher en Las brujas de Eastwick. Para repasar su exitosa trayectoria os dejamos aquí el enlace con un video que recoge algunos de sus mejores momentos. 

Susan Sarandon. Repaso a su carrera.

https://www.youtube.com/watch?v=_i0G5fXW7hc

Próxima entrega: Ridley Scott


sábado, 21 de febrero de 2026

LA CORTE DE CARLOMAGNO. ORGANIZANDO UN IMPERIO

 


Un logro mucho mayor que las victorias militares y la expansión territorial del Imperio Carolingio, fue su capacidad organizativa. Con los merovingios, la anterior dinastía, la administración franca había estado sumida en el caos más absoluto. Carlos Martel y Pipino el Breve la reconstruyeron, pero fue Carlomagno quien la consolidó. Estableció un régimen que sería imitado por los diferentes reinos cristianos europeos por su singular eficacia.

En la cúspide del mando estaba el poder central encarnado en el soberano, y con escenario en las ciudades donde residía la corte. Carlomagno convocaba consejos de ministros, órganos consultivos que él mismo presidía, y en ellos se tomaban decisiones inapelables. En aquellos consejos intervenían  los secretarios de estado: el archicapellán, el conde de palacio, el camarero, el senescal, el copero y el condestable. Se suprimió el cargo de mayordomo que habían ostentado los fundadores de la dinastía, acaso temiendo que la historia se repitiera y los mayordomos tuvieran la tentación de deponer otra vez a los reyes.


El archicapellán o ministro del culto era el maestro de capilla de la escuela palatina y de la cancillería. De él dependía una legión de notarios y archiveros, es decir, la burocracia. Era el más alto dignatario de la corte, y ocupaba el primer puesto en la jerarquía de palacio. A menudo era un hombre de Iglesia. El conde palatino administraba la justicia, era una especie de ministro del interior. El camarero llevaba los asuntos exteriores, las finanzas y el tesoro. El senescal y el copero eran intendentes encargados de proporcionar a la casa real y a la corte los medios materiales necesarios. El condestable, también llamado caballerizo mayor, mandaba el ejército cuya espina dorsal era la caballería acorazada, feroces jinetes provistos de pesadas armaduras que en las guerras hacían méritos para ascender en el escalafón cortesano.


Los gobiernos locales se encarnaban en los condados regidos por un conde o prefecto nombrado por el rey. Se le conferían poderes militares, fiscales y judiciales, mientras los religiosos eran ejercidos por los obispos dependientes en teoría del papa de Roma, aunque generalmente eran hombres del agrado del rey y las noblezas locales. Las relaciones obispo-conde reproducían a un nivel más bajo las de Papa-emperador. Cuando estallaba una guerra en los condados periféricos, de entre los condes, era elegido un duque o marqués que comandaba los ejércitos y tenía poder para hacer levas y reclutar hombres entre la población. Los gobiernos locales se sometían al control de los missi dominici o inspectores regios, clérigos o laicos, una especie de delegados del gobierno que sólo rendían cuentas al emperador. Fue esta una figura clave para corregir desviaciones de los funcionarios periféricos, llegando en ocasiones a destituir a los condes. Así como los condados pasaban de padres a hijos, los missi dominici eran cargos temporales que el monarca enviaba a distintos territorios. De esa forma tenían menos oportunidad de corromperse, y defendían los intereses reales de una forma que podría adjetivarse de profesional.



Los súbditos realizaban un juramento de fidelidad al soberano llamado sacramentum fidelitatis, habitualmente prestado en una iglesia sobre las reliquias de algún santo. Dicho juramento implicaba tres deberes principales: el pago de impuestos, el bando u obligación de participar en prestaciones de trabajo gratuitas de utilidad pública, y el servicio militar o leva.

El servicio de armas era una carga privada. Los reclutados aportaban su propio equipo y mantenimiento. Se computaba en base al manso o extensión de tierra suficiente para mantener a una familia. Los que poseían menos de cuatro mansos quedaban libres del servicio. Los latifundistas y los grandes monasterios aportaban un número de soldados en proporción al número de mansos dividido por cuatro. Para librarse de la leva se pagaba una multa de ciento sesenta sueldos, que era el coste medio de un soldado, porque se estimaba que los soldados de a pie sobrevivían un promedio de ciento sesenta días. También se libraba de la leva quien renunciaba a la propiedad e ingresaba en una orden religiosa, pero tenía que designar a un seglar que ocupara su puesto, y proveerlo de sustento y armamento. Se admitía y hasta se alentaba el saqueo, con el que las tropas se resarcían de los gastos que ocasionaba el servicio. Los pobres eran infantes que combatían a pie. Los ricos que poseían caballos, formaban la caballería.

-Mamá, te llamo porque ha terminado el juicio y me han declarado culpable.

-¿Y la pena?

-La pena, mamá, es que me pillaran, ya lo sabes.

-No, si digo el tiempo...

-El tiempo un poco nublado, mamá, pero parece mentira, me condenan y tú preguntando tonterías.