Translate

lunes, 25 de mayo de 2026

ÚLTIMAS REFLEXIONES Y CONSEJOS EN PREVENCIÓN

 


Aunque hace ya unos años que estoy jubilado como médico y como preventivista, he seguido durante este tiempo publicando artículos sobre prevención y salud laboral. Como me temo que ya he debido decir todo lo que tenía que decir, y como sospecho que mi alejamiento de la actividad habrá hecho que ya no esté tan al día del tema, no quiero seguir perorando como un abuelo cebolleta, así que con el presente texto daré por concluidas mis intromisiones en la materia.

 

Los más jóvenes quizá no lo recuerden, pero en España no existían normas legales para prevenir accidentes laborales hasta el año 1995. Hasta entonces, el panorama de la Prevención de Riesgos Laborales en la generalidad de las empresas españolas era desolador, y las estadísticas de accidentes de trabajo, tan dramáticas como las de los accidentes de tráfico de la época.

Desde la promulgación de la Ley 31/1995 hasta, aproximadamente el año 2.008, las empresas fueron mejorando significativamente la prevención y, poco a poco, entre todos, trabajadores, empresarios, profesionales de la prevención e inspectores de trabajo, fuimos reduciendo la siniestralidad. Durante esos años se puso de manifiesto que la siniestralidad es el espejo donde se reflejan las condiciones de trabajo. Además, la inversión en Prevención se fue incrementando y extendiendo a las PYMES, o lo que es lo mismo, al 90% del empleo privado en nuestro país.

Sin embargo, hemos de decir  que la recesión económica, como era previsible que ocurriera, provocó un retroceso apreciable en la inversión en las actividades preventivas. Este retroceso tardó unos años en manifestarse claramente en las estadísticas de accidentalidad por dos razones:

 

a)   La estructura de la economía española cambió entonces sustancialmente, reduciendo drásticamente su peso el sector de la construcción. La comparación estadística con años anteriores al no corregir este efecto, no fue fidedigna.

b)   La menor carga de trabajo de las empresas redujo el “riesgo objetivo” de accidentes,  al margen de las políticas preventivas. Cuando la carga de trabajo fue volviendo a la normalidad, bien por el aumento de la misma, bien por el ajuste de la plantilla a la carga de trabajo efectiva mediante reducción de plantilla, el riesgo de accidentes volvió a incrementarse, y lo que es peor, a materializarse.


Los accidentes mortales en la industria aumentaron casi el 58% en el primer trimestre del año 2012. Y en el sector de la construcción, el índice de incidencia de  los accidentes mortales en el año 2.011 también aumentó un 4%. El de 2023 fue un año particularmente negro en Aragón.

En nuestra opinión, las empresas y la administración tienen que ser conscientes de que éste es un camino equivocado. Y las empresas especializadas en Prevención de Riesgos Laborales deben recordar a sus clientes  que reducir la inversión en Prevención no ayuda a competir; que no es una buena idea, y que tenemos la certeza de que las empresas ganadoras en cualquier crisis, las supervivientes,  lo harán sobre unas bases que incluirán necesariamente hacer la mejor prevención laboral posible.

 

Así que con el permiso de mis pacientes lectores, concluiré con un decálogo de consejos para empresas, grandes o pequeñas y para profesionales de la prevención de riesgos y la salud laboral:


1- Es necesario dejar de pensar en la prevención como un gasto. Hay que hacerla bien. Que sea prevención real, que es la que de verdad evita los accidentes. Todo debe quedar escrito y registrado.

2. Los documentos preventivos deben estar personalizados. No sirven los de tipo cuestionario universal para poner cruces. No hay más remedio que utilizar modelos, porque facilitan el trabajo de los profesionales  pero al menos deben existir planificaciones resumidas ad hoc para cada empresa (incluir algunas fotos no estaría de más).

3. El responsable de Prevención de la empresa debe tener capacidad ejecutiva real.  Además de ser la única manera de asegurar que las medidas preventivas se cumplen y  que se produce la integración de la prevención en la empresa.

4. Debe promoverse la representación de los trabajadores. Si no existen representantes legales, es muy conveniente que haya al menos un trabajador designado como portavoz en materia de seguridad y salud, que sirva de enlace entre la dirección y los trabajadores, y que firme los documentos de prevención.

5. Deben existir instrucciones de trabajo por escrito. Quizás no puedan documentarse todos los trabajos, pero si al menos los más habituales y los de mayor riesgo.

6. Las instrucciones y los procedimientos deben llevar siempre acuse de recibo. La firma de los trabajadores es lo único que dará carta de naturaleza legal al trabajo realizado.

7. Ante los incumplimientos, deben adoptarse medidas disciplinarias. Las instrucciones de seguridad son obligatorias, y se convierten en papel mojado si se permite que puedan transgredirse libremente. Deben estar previstas acciones correctoras como amonestaciones y sanciones, para los casos de incumplimientos reiterados o graves.

8. Deben investigarse los accidentes de trabajo. Todo accidente con baja contará con un informe de carácter interno, en el que se recoja fielmente lo que ha ocurrido de verdad, y si es posible, se indiquen posibles medidas para evitar accidentes similares en el futuro. Tomando como punto de partida este primer informe interno, el técnico del Servicio de Prevención y el responsable de Prevención de Riesgos Laborales de la empresa valorarán la conveniencia de redactar un informe más elaborado, según el procedimiento establecido. A la hora de realizar este informe técnico se tendrán presentes dos importantes detalles:

  Hay que situarse siempre en el peor de los escenarios posibles.

• Hay que redactar el informe pensando en sus posibles destinatarios: un inspector de trabajo en primera instancia, y un juez de lo social en último término. Es a estos dos destinatarios a quienes el informe debe convencer.

En este terreno también es necesario señalar la escasez crónica de medios de la administración. Es imprescindible incrementar notablemente la plantilla de la Inspección de Trabajo y Seguridad Social.

9. Hay que cumplir el deber in vigilando y el deber in eligendo. El empresario está obligado por la normativa a velar por el escrupuloso cumplimiento de las instrucciones impartidas en materia de seguridad y salud laboral. Ahora bien, también debe estar preparado para demostrarlo. Declarar con solemnidad que se hacía no convencerá a ningún juez. Presentar advertencias o sanciones por escrito ejercidas sobre los trabajadores, en caso de incumplimiento reiterado, sí será una prueba determinante. En cuanto al deber in eligendo, recordemos que cualquier tarea que implique riesgo (manejo de máquinas, vehículos, equipos, herramientas peligrosas, etc.) debe encomendarse a trabajadores suficientemente formados y cualificados. Si alguien está contratado como peón, no podrá realizar tareas y cometidos propios de un oficial. Otro tanto podemos decir de menores, embarazadas y en general trabajadores especialmente sensibles.

10. Solicitar asesoramiento legal y técnico en cuanto se produzca un accidente de trabajo. Sobre todo si se trata de un accidente grave o muy grave. Unos buenos técnicos o unos buenos abogados serán de menor utilidad uno o dos años más tarde, cuando el asunto se encuentre sobre la mesa de un juzgado. Y todo ello sin perder de vista el objetivo principal: que no se repita en la empresa un accidente similar.

 

Pues bien, eso es todo, amigos, como decía el cerdito Porky en los dibujos de la Warner. Como ahora soy un jubilado de letras, me dedicaré más a la literatura, el arte y otros temas culturales.

 

No es tarea fácil dirigir hombres. Empujarlos, sin embargo, es muy sencillo. Enrique Jardiel Poncela.


sábado, 23 de mayo de 2026

FACTORIALES. LA FÓRMULA DE STIRLING

 


En su obra Methodus Differentialis, publicada en 1730, el matemático escocés James Stirling presentó por vez primera su aproximación del valor n! La vida y la carrera de Stirling transcurrieron en tiempos muy agitados en los que se produjo el choque crucial entre ciencia y religión, que sobre todo en Inglaterra alcanzó a la política y tuvo gran repercusión. Stirling fue amigo personal de Isaac Newton (uno de los pocos a quien admitió en su cerrado círculo social). La publicación de su obra le procuró grandes quebraderos de cabeza, hasta el punto de que, a partir de 1735, abandonó las matemáticas para dedicarse en exclusiva a la gestión industrial que en las islas cobraba cada vez mayor auge.

Stirling fue un pionero de los factoriales que actualmente podemos encontrar en muchos campos de las matemáticas, pero que en su época constituían toda una novedad.

Dado un entero no negativo n, “n factorial” (escrito n!) es el producto de todos los enteros positivos menores o iguales que n. Por ejemplo, 4! = 1 x 2 x 3 x 4 = 24. La notación n! la introdujo unas décadas más tarde, en 1808, el matemático francés Christian Kramp. Los factoriales se utilizan por ejemplo en combinatoria, para determinar el número de ordenaciones distintas de los elementos de una secuencia. Aparecen también en teoría de números, en probabilidad y en cálculo. Modernamente se han hecho imprescindibles en la física teórica y la mecánica cuántica.

Al tratarse de los productos de todos los números positivos menores o iguales, los valores factoriales crecen con una velocidad muy notable, así que por ejemplo, 70! Es un número mayor que 10100, o bien 25.206! es mayor que 10100.000, como puede apreciarse, son números enormes, positivos seguidos de tantos ceros que difícilmente podrían escribirse en una libreta por grande que fuera.

La fórmula de Stirling, que generalmente se representa como,


proporciona una buena estimación del factorial de n factorial. En la fórmula, el símbolo = significa “aproximadamente igual a”, mientras que e y p son dos constantes matemáticas, e = 2,71828 y p = 3,1416, para valores grandes de n, esta expresión da como resultado una aproximación de aspecto aún más sencillo 1n (n!) = n1n(n) – n, que también puede escribirse como n! = nn e-n.


Para Keith Ball, la fórmula de Stirling es uno de los descubrimientos decisivos del siglo XVIII, centuria por cierto bien prolífica en descubrimientos. Una fórmula como esta, nos ofrece una idea de la asombrosa transformación de las matemáticas  que se produjo entre los siglos XVII y XVIII. Los logaritmos se inventaron a comienzos del XVII. Noventa años más tarde aparecieron los Principia de Newton que sentaron las bases del cálculo diferencial. Durante el siguiente siglo, el XVIII y los albores del XIX el desarrollo de las matemáticas creció de forma exponencial. La fórmula de Stirling es un buen ejemplo de ello.

 

Cuando la ciencia era niña, la religión intentó estrangularla en la cuna. Robert G. Ingersol.


martes, 19 de mayo de 2026

LOS GRANDES INVENTOS DE RAMÓN SABATÉS

 


Ramón Sabatés i Massanell nació en 1915 en la localidad barcelonesa de Llinars del Vallés. Estudió con los salesianos de Barcelona y comenzó a dibujar y pintar hacia 1930. Se inició profesionalmente en la publicidad de los diarios, dando desde allí el salto a los semanarios infantiles que abundaron en Cataluña durante el periodo republicano (Cholito, Pocholo, Jordi…). Después de la guerra, en 1941, dibujó durante algún tiempo cuadernillos apaisados de aventuras con dibujo realista, pero lo suyo era el dibujo humorístico, y en 1943 el semanario TBO, con el que ya había colaborado esporádicamente, lo fichó de forma definitiva para guionizar y dibujar Los grandes inventos del TBO, serie de la que llegó a producir más de mil páginas. Antes habían trabajado en los inventos varios dibujantes, pero Sabatés resultó a la postre ser el más prolífico de sus autores, haciendo famosa su caricatura del profesor Franz de Copenhague.


Aunque los inventos son de lejos su serie más conocida, Ramón Sabatés fue un trabajador incansable que a lo largo de siete décadas produjo muchas otras series (Casimiro Noteví, agente del TBI. El capitán Microbio, Sindulfo Sindetikón, La familia Tragaperas, Pepe el Gitanillo, La familia Sulfamida…), no sólo para TBO, sino para otras revistas (Pulgarcito, Cuentos de Pocholo, Trampolín, Tío Vivo, Jaimito, o la revista para niñas Florita). Publicó también un chiste diario en La Vanguardia y en El Periódico de Cataluña, y en definitiva, no paró de dibujar  durante casi setenta años hasta su fallecimiento en 2003. A pesar de ello vivió siempre con estrecheces económicas, terreno en el que llegó a pasar serios apuros.

Para recordar a Ramón Sabatés os dejamos aquí abajo una muestra de sus páginas.















domingo, 17 de mayo de 2026

STEVEN SPIELBERG, UN DISNEY SIN DIBUJOS

 




Nacido en Cincinnati en el seno de una familia judía, Steven Spielberg creció fascinado por el cine. Sus comienzos profesionales fueron televisivos, dirigiendo muy joven algunos episodios de la serie Colombo. También para la televisión, dirigió El diablo sobre ruedas, extraña y muy ingeniosa mezcla de terror y movie road de bajo presupuesto, cuyo éxito le llevó a realizar una versión cinematográfica con idéntica fortuna. Corría el año 1972. A partir de entonces, el joven Spielberg se ganó la confianza de los productores y los magnates de la industria, pudiendo ya contar con presupuestos millonarios y más acordes a su talento. Un talento y un olfato dirigidos de forma inequívoca a lo comercial. La principal virtud de Spielberg siempre fue saber exactamente qué querían los espectadores. Tiburón (1975) y Encuentros en la tercera fase (1977) obtuvieron tales éxitos de taquilla, que la carrera del director fue ya imparable. En 1981 inició su serie de Indiana Jones con el primer título, En busca del arca perdida, que tendría sus conocidísimas continuaciones hasta tiempos bien recientes, con un Indiana-Harrison Ford ya octogenarios. Mientras tanto, Spielberg no perdió el tiempo. Siguió produciendo, escribiendo y dirigiendo grandes bombazos de taquilla como E.T. el extraterrestre, El Imperio del Sol, Parque Jurásico o La guerra de los mundos, y hasta se permitió trabajos más comprometidos como El color púrpura o La lista de Schindler, que al calor de su nombre en la cabecera obtuvieron también importantes recaudaciones. Steven Spielberg viene a ser en la historia del cine, una especie de Walt Disney sin dibujos animados, reinventor de un cine para toda la familia favorito de papás, niños y abuelitos, que se ha proyectado en las pantallas de todo el mundo y se sigue reponiendo en todas las cadenas televisivas consiguiendo siempre grandes audiencias.

Decía el viejo refrán que millones de moscas no pueden equivocarse. En Bigotini no nos vamos a poner estupendos a estas alturas ni a adoptar poses de intelectuales suscritos a Cahiers du cinema. Así que sí, también nos gusta Spielberg. Nos ha interesado como reinventor del cine espectáculo durante el cambio de siglo, y nos ha mantenido como a todos, durante horas sin movernos de la butaca, fascinados y hasta emocionados por momentos. En su homenaje traemos el enlace con las mejores escenas de El diablo sobre ruedas, su ópera prima. Ha envejecido regular, pero conserva todavía el sello de su autor, un buen montaje y una notable sucesión de sobresaltos. 

Steven Spielberg. El diablo sobre ruedas. 1971

https://www.youtube.com/watch?v=moMo3IqrpHI&list=PLDMXwwy5dJa_0RPfwKdba7X4qSlYm7pZR

Próxima entrega: En una galaxia muy, muy lejana…


miércoles, 13 de mayo de 2026

LOS TRES ESTADOS EN LA EUROPA FEUDAL

 


Los que guerrean, los que rezan y los que trabajan. Esos eran los tres estados de la sociedad medieval. El primero, el de los nobles y los caballeros, estaba compuesto por guerreros toscos y analfabetos que al ir ocupando durante la tardorromanidad las diferentes plazas, liquidaron o ahuyentaron a los funcionarios bajoimperiales encargados de la administración, el comercio, la justicia, la ingeniería y los diferentes aspectos técnicos. Los grandes señores bárbaros sólo sabían hacer la guerra. Desde muy niños enseñaban a sus vástagos a montar a caballo y esgrimir la espada, y estaban orgullosos de su brutalidad y su analfabetismo. Muchas ciudades europeas que habían sido centros de la industria, el comercio, la cultura y las artes, se convirtieron en aldeas llenas de mugre en las que se abrieron paso las epidemias.


Las únicas autoridades que permanecieron firmes en sus puestos fueron los obispos cristianos. Los nuevos señores, lombardos, francos o visigodos, según los diferentes países, respetaron la autoridad de los obispos porque ellos mismos eran también cristianos, aunque su cristianismo fuera superficial y en ocasiones, puramente nominal. Así que alrededor de sedes episcopales, monasterios y abadías, fueron surgiendo los clericii, el segundo estamento cuya labor no se limitó a las oraciones, y muy pronto tomó las riendas de la cultura, conservando en las bibliotecas conventuales los viejos textos que ya sólo ellos eran capaces de leer y de entender, y copiando en los scriptorios aquellas joyas del conocimiento para que no se perdieran definitivamente. Una labor callada y escasamente brillante, pero necesaria.

Como hemos dicho en algún artículo anterior, aquellos oscuros monjes, en algún caso sin demasiadas luces, se afanaron en reproducir los caracteres latinos de los textos muchas veces sin terminar de entender su significado. Fue el rescate de los restos de un naufragio. Se conservaron los mínimos enseres culturales que se consideraron imprescindibles, perdiéndose otros tantos tesoros por completo irrecuperables.


No puede extrañar que los grandes señores de la nobleza y la caballería tuvieran que recurrir a los clérigos, mucho más sabios e ilustrados que ellos, para hacer frente a las tareas de la administración y la gobernación de sus reinos, sus condados y sus señoríos. No puede extrañar que ambas clases, nobleza y clero, terminaran compartiendo castillos y palacios, regalándose con las mismas viandas y vinos generosos. No puede extrañar que con el tiempo los grandes señores terminaran destinando al servicio de la Iglesia a sus hijos segundones, que se fueron refinando, mientras los primogénitos, los herederos, continuaron con sus guerras, sus torneos y su analfabetismo. No puede extrañar que poco a poco en los gobiernos de las naciones medievales fueran instalándose unas auténticas teocracias en las que el peso abrumador de la Iglesia resultó decisivo.


Queda el tercer estamento. A los siervos estaba reservado el dudoso privilegio de monopolizar el hambre, el frío y el miedo. Desaparecida la autoridad que un día ejerció el Imperio romano, el mundo altomedieval se convirtió en un infierno inhabitable en el que se hicieron imposibles los viajes, el comercio y hasta las labores agrícolas y ganaderas más elementales. Un reino del terror sin leyes en el que proliferaron el robo y el asesinato. Las gentes del común no tuvieron más remedio que refugiarse al abrigo de las recias murallas de castillos y abadías, convirtiéndose en siervos de la gleba al servicio de los grandes señores, los obispos y los abades, que los protegían de las incursiones, crímenes y latrocinios de los señores vecinos a cambio de su trabajo en régimen de semiesclavitud. Las tierras, sus frutos, los ganados, y hasta la más pequeña de las criaturas, pertenecían al rey, al señor o al abad de turno. Los siervos no eran dueños ni del hoyo en la tierra en el que se enterraban al morir.


Con el paso del tiempo, algunos de aquellos siervos consiguieron poco a poco asentar un tenderete y después una casa a la sombra de aquellas altas murallas o de las torres de las catedrales. Fueron surgiendo así tímidamente los primeros burgos medievales en los que se diversificaron los trabajos, aparecieron las asociaciones gremiales de artesanos y comerciantes, y con ellos una incipiente burguesía urbana. Aquellos ya serían otros tiempos, siempre difíciles sobre todo para los pobres y los desheredados, pero acaso ya no tan oscuros y terribles como los primeros tiempos medievales. Al final de aquel largo y negro túnel se intuía quizá la temblorosa y aún lejana luz del Renacimiento. A los periodos históricos oscuros suceden invariablemente otros algo más luminosos. Claro que también ocurre al revés, sucediendo la miseria a la prosperidad. Nuestro profesor Bigotini, famoso agorero, intuye al final de este tiempo en que vivimos rodeados de confort tecnológico y salpicados de descubrimientos científicos y viajes espaciales, un nuevo periodo de profunda y terrible oscuridad. Las señales no pueden ser más claras: guerras, genocidios, epidemias, hambrunas, migraciones desesperadas, corrupción política, raeggetón… Negros cuervos se han avistado sobrevolando Disneylandia. Huid, insensatos.

La sinceridad es el pasaporte de la mala educación. Enrique Jardiel Poncela.


domingo, 10 de mayo de 2026

VALLE-INCLÁN. DON RAMÓN DE LAS BARBAS DE CHIVO

 


En Villanueva de Arosa nació Ramón María del Valle-Inclán en octubre de 1866. También hay quien le supone nacido en La Puebla del Caramiñal porque él mismo alimentó la leyenda de haber nacido en una embarcación que atravesaba la ría que separa a ambas poblaciones. Fue el segundo hijo de una familia de pasado ilustre muy ligada a la causa del carlismo. Su padre, Ramón del Valle Bermúdez de Castro fue marino, periodista y algo poeta. Dilapidó su herencia familiar, lo que obligó a los Valle que habían sido los señoritos del pueblo, a vivir más que modestamente. Su madre fue Dolores de la Peña y Montenegro, también de ascendencia hidalga. El niño fue bautizado como Ramón José Simón Valle y Peña. El apellido Valle-Inclán con el que firmó casi toda su obra, lo tomó de un antepasado ilustre, y el prenominal Ramón María fue una completa invención suya, acaso recordando al pretendiente Carlos María Isidro.

La educación infantil de Ramón corrió a cargo de un clérigo singular llamado Carlos Pérez Noal y apodado el bichuquino. Estudió luego en Santiago y Pontevedra, y por imposición paterna comenzó la carrera de derecho en la universidad compostelana, estudios que no llegó a completar. Mucha mayor influencia que sus profesores debieron tener los libros de la abigarrada biblioteca de su casa, repleta de textos clásicos, el escritor gallego Jesús Muruáis, y Manuel Murguía, el marido de Rosalía de Castro, que era amigo de la familia lo mismo que Muruáis.


Sus primeros trabajos literarios vieron la luz en la revista compostelana Café con gotas y en la barcelonesa La Ilustración Ibérica. En sus notas biográficas fabuló una inexistente estancia en Italia, y entre 1890 y 1892 malvivió en Madrid asistiendo a las tertulias de los cafés. Su aspecto estrafalario, su ingenio, su gracioso acento de gallego que ceceaba y su acusada personalidad pendenciera le convirtieron en una especie de personaje imprescindible en las tertulias de los intelectuales finiseculares. Colaboró con algún cuento en el diario El Globo, y fue asiduo componente de la clac en el teatro Apolo. En esos años Valle se consideraba periodista y actor, pues representó pequeños papeles en algunas obras teatrales.

En 1892 se embarcó con destino a México. En la capital y en Veracruz escribió sus Cartas galicianas para El Universal, El Correo Español y El Veracruzano Independiente. También tradujo al castellano algunos textos del italiano y del francés. Fueron traducciones libérrimas que hasta hoy siguen siendo objeto de estudio por parte de biógrafos e investigadores, porque Valle conocía esas dos lenguas de forma tan superficial, que sus traducciones tienen muy poco que ver con los textos originales. Se implicó en la agitada vida política mexicana que entonces vivía un periodo prerrevolucionario. Pasó luego a Cuba, donde residió en un ingenio azucarero de Matanzas, y en 1893 estaba de vuelta en Galicia presentando ya su aspecto singular de larga melena y barbas de chivo, tal como las calificó su amigo Rubén Darío.

En esa etapa pontevedresa se fascinó por la obra de Darío y por la poesía exaltada de Gabriele D’Annunzio. Adopta Valle un estilo particular y algo pretencioso, curiosa mezcla de Modernismo y Decadentismo europeo. En Pontevedra, bajo el patrocinio de Manuel Murguía, publicó su primer libro: Femeninas. Seis historias amorosas (1894). A partir de entonces y para siempre, se consideró escritor, y terminó de componer su imagen personal sustituyendo un raído poncho que trajo de México por capa, sombrero, chalina y polainas blancas. Era Valle a su manera, y lo fue el resto de su vida, un dandy en lo estético y un artista de vanguardia en lo literario y en lo social.

Volvió a Madrid por segunda vez en 1895, y desde entonces hasta 1899 vivió de un puesto funcionarial en el ministerio de Instrucción Pública que le reportó una bicoca de 2000 pesetas anuales. Un periodo en el que no se molestó en escribir una sola línea. Llevó una vida bohemia frecuentando todas las tertulias de la capital. Conoció entonces a figuras destacadas como Benavente, Villaespesa, Azorín, Gómez de la Serna y los hermanos Baroja, Pío y Ricardo. Discutió de forma acalorada con Unamuno, llegó a las manos con varios contertulios, y durante una fuerte discusión en el Hotel París, el periodista Manuel Bueno Bengoechea se defendió de Valle que le agredía con una botella, propinándole un bastonazo en la muñeca, con tan mala suerte que se le clavó un gemelo provocando una gangrena que terminó en amputación de la mano izquierda. Su nueva condición de manco truncó su carrera de actor, pero tuvo virtud de acercarle a Cervantes en lo físico. Él siempre lo tuvo a gala.


En 1907 se casó con la actriz Josefina Blanco, con la que tendría seis hijos. Valle tenía cuarenta años y Josefina veintiocho. Vivieron casi siempre con estrecheces y alguna vez en la miseria más absoluta. Terminarían divorciándose durante la República, cuando fue posible hacerlo en España. Ramón del Valle Inclán murió poco después, en enero de 1936, víctima de un cáncer de vejiga.

Las ideas políticas del escritor, si es que pueden calificarse de tales, fueron tan estrafalarias como su propia persona. Sus orígenes familiares le inclinaron al carlismo, y estuvo a punto de presentarse como candidato del partido tradicionalista. También militó en el partido Republicano Radical de Alejandro Lerroux. Fue muy afín a Manuel Azaña en su etapa de ministro de la Guerra, y cofundador en 1933 de la Asociación de Amigos de la Unión Soviética. Como puede verse, una trayectoria bastante errática.

 


Pero lo más importante de Valle Inclán es naturalmente, su obra literaria que le llevó desde el Modernismo al Esperpento, un género de prosa inventado y desarrollado por él. Sus cuatro Sonatas: de otoño (1902), de estío (1903), de primavera (1904) y de invierno (1905) fueron sus primeros éxitos de crítica y público, que se tradujeron a varios idiomas. Sin llegar a ser autobiográficos, son seguramente los trabajos en los que Valle a través del protagonista, el marqués de Bradomín, descubre lo más íntimo de sí mismo y expone su sensualidad algo cínica y autocomplaciente.

Mención especial merecen también sus Comedias bárbaras, consideradas generalmente novelas por la enorme dificultad, imposibilidad diríamos, de ser representadas. En casa Bigotini nos parecen lo mejor de entre lo mejor de la pluma de Valle. Están por otra parte, sus Relatos de la Guerra Carlista (1909), una muestra singular de aquellos episodios bélicos, que Valle magnifica e idealiza sin el menor sustento histórico, pero dotándoles de una belleza estilística difícilmente superable. En sus años de madurez y vejez destaca su serie de novelas El ruedo ibérico, cargadas de un desgarro y un humor grotesco sin parangón. Divinas palabras (1920) es una tragicomedia de aldea, en definición del propio autor, que desnuda el alma de una Galicia rural medio vivida y medio soñada. Luces de bohemia (1924) resume la quintaesencia del Esperpento. Tirano Banderas. Novela de tierra caliente (1926) es una descripción excepcional de la sociedad americana que vivió en México durante su juventud. Martes de Carnaval (1930) es una sátira sangrante de la España de su tiempo. Parodia de personajes grotescos que actúan ante el lector como títeres y bufones. La técnica distorsionante y guiñolesca del Esperpento, llega a alcanzar la cumbre en el Retablo de la avaricia, la lujuria y la muerte, publicado en 1927.


Ramón María del Valle-Inclán, como a él le gustaba firmar, quizá no fue del todo gallego, del todo madrileño, del todo español ni del todo mexicano, pero resulta imposible comprender Galicia, Madrid, España o México en toda su extensión literaria, sin la obra de este excepcional y estrafalario miembro de la generación del 98. En Bigotini somos partidarios incondicionales suyos. Os dejamos el enlace con la versión digital de Cara de Plata, la última de sus tres comedias bárbaras.

 

https://www.dropbox.com/home/Profesor%20Bigotini?preview=Valle-Incl%C3%A1n_-_Cara_de_Plata.pdf

 

Sabelita está en lo alto, de pechos de arambol, rubia de mieles, el cabello en dos trenzas, la frente bombeada y pulida, el hábito Nazareno. Valle-Inclán. Cara de Plata.

 


martes, 5 de mayo de 2026

TRABAJO Y PROTECCIÓN DE LOS MENORES

 


La explotación infantil se define como la actividad productiva de los menores de edad que afecte a su desarrollo personal o al disfrute de sus derechos. Se calcula que en todo el mundo son objeto de esta práctica unos 346 millones de niños. En España la cifra podría estar en torno a los 20.000. El fenómeno obedece a una serie de causas, entre las que cabe destacar la existencia de guerras o conflictos armados, y las situaciones de pobreza extrema.

 

La legislación española limita el trabajo de los menores a la franja comprendida entre los 16 años, en que concluye la escolarización obligatoria; y los 18, en los que se alcanza la mayoría de edad. En la normativa laboral de nuestro país los menores de edad son objeto de especial protección, considerándoseles trabajadores especialmente sensibles. La ley 31/1995 de PRL, en su artículo 27: Protección de los menores, señala:


1. Antes de la incorporación al trabajo de jóvenes menores de dieciocho años, y previamente a cualquier modificación importante de sus condiciones de trabajo, el empresario deberá efectuar una evaluación de los puestos de trabajo a desempeñar por los mismos, a fin de determinar la naturaleza, el grado y la duración de su exposición, en cualquier actividad susceptible de presentar un riesgo específico al respecto, a agentes, procesos o condiciones de trabajo que puedan poner en peligro la seguridad o la salud de estos trabajadores.

 

A tal fin, la evaluación tendrá especialmente en cuenta los riesgos específicos para la seguridad, la salud y el desarrollo de los jóvenes derivados de su falta de experiencia, de su inmadurez para evaluar los riesgos existentes o potenciales y de su desarrollo todavía incompleto.

 

En todo caso, el empresario informará a dichos jóvenes y a sus padres o tutores que hayan intervenido en la contratación, conforme a lo dispuesto en la letra b del artículo 7 del texto refundido de la Ley del Estatuto de los Trabajadores aprobado por el Real Decreto legislativo 1/1995, de 24 de marzo, de los posibles riesgos y de todas las medidas adoptadas para la protección de su seguridad y salud.

 

2. Teniendo en cuenta los factores anteriormente señalados, el Gobierno establecerá las limitaciones a la contratación de jóvenes menores de dieciocho años en trabajos que presenten riesgos específicos.

Están vedados también a los menores de edad los trabajos que señala el Decreto de 26 de julio de 1957, por el que se regulan los trabajos prohibidos a la mujer y a los menores, norma ya derogada en lo relativo a las mujeres trabajadoras, pero todavía vigente parcialmente en lo que se refiere a menores de edad.


Las limitaciones que afectan al trabajo de los menores podrían resumirse en la siguiente relación de actividades, factores de riesgo y condiciones de trabajo:

 

Relación no exhaustiva de actividades y tareas

de riesgo vedadas a los menores de edad:

 

Trabajos en altura.

Manejo de maquinaria de elevación (grúas, puentes grúa, polipastos…).

Manejo de maquinaria o herramienta manual que entrañe riesgos de cortes, golpes, atrapamientos, o de cualquier otra índole.

Conducción de vehículos o de equipos móviles.

Tareas que supongan sobreesfuerzos o carga física considerable (manutención manual de cargas, posturas forzadas, movimientos repetitivos…).

Exposición al calor.

Exposición al frío (cámaras figoríficas, congeladores, etc.).

Exposición continuada a ruidos que superen los 80 dB A.

Exposición a vibraciones.

Exposición a presiones elevadas.

Exposición a radiaciones.

Exposición a sustancias químicas nocivas o peligrosas.

Exposición a agentes biológicos.

Turnicidad y trabajo nocturno.

En general debe tenerse en cuenta cualquier factor de riesgo presente en el puesto de trabajo que pudiera suponer menoscabo en la salud del menor, su crecimiento, desarrollo, formación personal y profesional, tanto en el plano físico como en el psicológico, afectivo, etc.

 

Llegaron al altar tan jóvenes, que no celebraron el banquete de bodas hasta que los dos quedaron viudos.