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miércoles, 13 de mayo de 2026

LOS TRES ESTADOS EN LA EUROPA FEUDAL

 


Los que guerrean, los que rezan y los que trabajan. Esos eran los tres estados de la sociedad medieval. El primero, el de los nobles y los caballeros, estaba compuesto por guerreros toscos y analfabetos que al ir ocupando durante la tardorromanidad las diferentes plazas, liquidaron o ahuyentaron a los funcionarios bajoimperiales encargados de la administración, el comercio, la justicia, la ingeniería y los diferentes aspectos técnicos. Los grandes señores bárbaros sólo sabían hacer la guerra. Desde muy niños enseñaban a sus vástagos a montar a caballo y esgrimir la espada, y estaban orgullosos de su brutalidad y su analfabetismo. Muchas ciudades europeas que habían sido centros de la industria, el comercio, la cultura y las artes, se convirtieron en aldeas llenas de mugre en las que se abrieron paso las epidemias.


Las únicas autoridades que permanecieron firmes en sus puestos fueron los obispos cristianos. Los nuevos señores, lombardos, francos o visigodos, según los diferentes países, respetaron la autoridad de los obispos porque ellos mismos eran también cristianos, aunque su cristianismo fuera superficial y en ocasiones, puramente nominal. Así que alrededor de sedes episcopales, monasterios y abadías, fueron surgiendo los clericii, el segundo estamento cuya labor no se limitó a las oraciones, y muy pronto tomó las riendas de la cultura, conservando en las bibliotecas conventuales los viejos textos que ya sólo ellos eran capaces de leer y de entender, y copiando en los scriptorios aquellas joyas del conocimiento para que no se perdieran definitivamente. Una labor callada y escasamente brillante, pero necesaria.

Como hemos dicho en algún artículo anterior, aquellos oscuros monjes, en algún caso sin demasiadas luces, se afanaron en reproducir los caracteres latinos de los textos muchas veces sin terminar de entender su significado. Fue el rescate de los restos de un naufragio. Se conservaron los mínimos enseres culturales que se consideraron imprescindibles, perdiéndose otros tantos tesoros por completo irrecuperables.


No puede extrañar que los grandes señores de la nobleza y la caballería tuvieran que recurrir a los clérigos, mucho más sabios e ilustrados que ellos, para hacer frente a las tareas de la administración y la gobernación de sus reinos, sus condados y sus señoríos. No puede extrañar que ambas clases, nobleza y clero, terminaran compartiendo castillos y palacios, regalándose con las mismas viandas y vinos generosos. No puede extrañar que con el tiempo los grandes señores terminaran destinando al servicio de la Iglesia a sus hijos segundones, que se fueron refinando, mientras los primogénitos, los herederos, continuaron con sus guerras, sus torneos y su analfabetismo. No puede extrañar que poco a poco en los gobiernos de las naciones medievales fueran instalándose unas auténticas teocracias en las que el peso abrumador de la Iglesia resultó decisivo.


Queda el tercer estamento. A los siervos estaba reservado el dudoso privilegio de monopolizar el hambre, el frío y el miedo. Desaparecida la autoridad que un día ejerció el Imperio romano, el mundo altomedieval se convirtió en un infierno inhabitable en el que se hicieron imposibles los viajes, el comercio y hasta las labores agrícolas y ganaderas más elementales. Un reino del terror sin leyes en el que proliferaron el robo y el asesinato. Las gentes del común no tuvieron más remedio que refugiarse al abrigo de las recias murallas de castillos y abadías, convirtiéndose en siervos de la gleba al servicio de los grandes señores, los obispos y los abades, que los protegían de las incursiones, crímenes y latrocinios de los señores vecinos a cambio de su trabajo en régimen de semiesclavitud. Las tierras, sus frutos, los ganados, y hasta la más pequeña de las criaturas, pertenecían al rey, al señor o al abad de turno. Los siervos no eran dueños ni del hoyo en la tierra en el que se enterraban al morir.


Con el paso del tiempo, algunos de aquellos siervos consiguieron poco a poco asentar un tenderete y después una casa a la sombra de aquellas altas murallas o de las torres de las catedrales. Fueron surgiendo así tímidamente los primeros burgos medievales en los que se diversificaron los trabajos, aparecieron las asociaciones gremiales de artesanos y comerciantes, y con ellos una incipiente burguesía urbana. Aquellos ya serían otros tiempos, siempre difíciles sobre todo para los pobres y los desheredados, pero acaso ya no tan oscuros y terribles como los primeros tiempos medievales. Al final de aquel largo y negro túnel se intuía quizá la temblorosa y aún lejana luz del Renacimiento. A los periodos históricos oscuros suceden invariablemente otros algo más luminosos. Claro que también ocurre al revés, sucediendo la miseria a la prosperidad. Nuestro profesor Bigotini, famoso agorero, intuye al final de este tiempo en que vivimos rodeados de confort tecnológico y salpicados de descubrimientos científicos y viajes espaciales, un nuevo periodo de profunda y terrible oscuridad. Las señales no pueden ser más claras: guerras, genocidios, epidemias, hambrunas, migraciones desesperadas, corrupción política, raeggetón… Negros cuervos se han avistado sobrevolando Disneylandia. Huid, insensatos.

La sinceridad es el pasaporte de la mala educación. Enrique Jardiel Poncela.


domingo, 10 de mayo de 2026

VALLE-INCLÁN. DON RAMÓN DE LAS BARBAS DE CHIVO

 


En Villanueva de Arosa nació Ramón María del Valle-Inclán en octubre de 1866. También hay quien le supone nacido en La Puebla del Caramiñal porque él mismo alimentó la leyenda de haber nacido en una embarcación que atravesaba la ría que separa a ambas poblaciones. Fue el segundo hijo de una familia de pasado ilustre muy ligada a la causa del carlismo. Su padre, Ramón del Valle Bermúdez de Castro fue marino, periodista y algo poeta. Dilapidó su herencia familiar, lo que obligó a los Valle que habían sido los señoritos del pueblo, a vivir más que modestamente. Su madre fue Dolores de la Peña y Montenegro, también de ascendencia hidalga. El niño fue bautizado como Ramón José Simón Valle y Peña. El apellido Valle-Inclán con el que firmó casi toda su obra, lo tomó de un antepasado ilustre, y el prenominal Ramón María fue una completa invención suya, acaso recordando al pretendiente Carlos María Isidro.

La educación infantil de Ramón corrió a cargo de un clérigo singular llamado Carlos Pérez Noal y apodado el bichuquino. Estudió luego en Santiago y Pontevedra, y por imposición paterna comenzó la carrera de derecho en la universidad compostelana, estudios que no llegó a completar. Mucha mayor influencia que sus profesores debieron tener los libros de la abigarrada biblioteca de su casa, repleta de textos clásicos, el escritor gallego Jesús Muruáis, y Manuel Murguía, el marido de Rosalía de Castro, que era amigo de la familia lo mismo que Muruáis.


Sus primeros trabajos literarios vieron la luz en la revista compostelana Café con gotas y en la barcelonesa La Ilustración Ibérica. En sus notas biográficas fabuló una inexistente estancia en Italia, y entre 1890 y 1892 malvivió en Madrid asistiendo a las tertulias de los cafés. Su aspecto estrafalario, su ingenio, su gracioso acento de gallego que ceceaba y su acusada personalidad pendenciera le convirtieron en una especie de personaje imprescindible en las tertulias de los intelectuales finiseculares. Colaboró con algún cuento en el diario El Globo, y fue asiduo componente de la clac en el teatro Apolo. En esos años Valle se consideraba periodista y actor, pues representó pequeños papeles en algunas obras teatrales.

En 1892 se embarcó con destino a México. En la capital y en Veracruz escribió sus Cartas galicianas para El Universal, El Correo Español y El Veracruzano Independiente. También tradujo al castellano algunos textos del italiano y del francés. Fueron traducciones libérrimas que hasta hoy siguen siendo objeto de estudio por parte de biógrafos e investigadores, porque Valle conocía esas dos lenguas de forma tan superficial, que sus traducciones tienen muy poco que ver con los textos originales. Se implicó en la agitada vida política mexicana que entonces vivía un periodo prerrevolucionario. Pasó luego a Cuba, donde residió en un ingenio azucarero de Matanzas, y en 1893 estaba de vuelta en Galicia presentando ya su aspecto singular de larga melena y barbas de chivo, tal como las calificó su amigo Rubén Darío.

En esa etapa pontevedresa se fascinó por la obra de Darío y por la poesía exaltada de Gabriele D’Annunzio. Adopta Valle un estilo particular y algo pretencioso, curiosa mezcla de Modernismo y Decadentismo europeo. En Pontevedra, bajo el patrocinio de Manuel Murguía, publicó su primer libro: Femeninas. Seis historias amorosas (1894). A partir de entonces y para siempre, se consideró escritor, y terminó de componer su imagen personal sustituyendo un raído poncho que trajo de México por capa, sombrero, chalina y polainas blancas. Era Valle a su manera, y lo fue el resto de su vida, un dandy en lo estético y un artista de vanguardia en lo literario y en lo social.

Volvió a Madrid por segunda vez en 1895, y desde entonces hasta 1899 vivió de un puesto funcionarial en el ministerio de Instrucción Pública que le reportó una bicoca de 2000 pesetas anuales. Un periodo en el que no se molestó en escribir una sola línea. Llevó una vida bohemia frecuentando todas las tertulias de la capital. Conoció entonces a figuras destacadas como Benavente, Villaespesa, Azorín, Gómez de la Serna y los hermanos Baroja, Pío y Ricardo. Discutió de forma acalorada con Unamuno, llegó a las manos con varios contertulios, y durante una fuerte discusión en el Hotel París, el periodista Manuel Bueno Bengoechea se defendió de Valle que le agredía con una botella, propinándole un bastonazo en la muñeca, con tan mala suerte que se le clavó un gemelo provocando una gangrena que terminó en amputación de la mano izquierda. Su nueva condición de manco truncó su carrera de actor, pero tuvo virtud de acercarle a Cervantes en lo físico. Él siempre lo tuvo a gala.


En 1907 se casó con la actriz Josefina Blanco, con la que tendría seis hijos. Valle tenía cuarenta años y Josefina veintiocho. Vivieron casi siempre con estrecheces y alguna vez en la miseria más absoluta. Terminarían divorciándose durante la República, cuando fue posible hacerlo en España. Ramón del Valle Inclán murió poco después, en enero de 1936, víctima de un cáncer de vejiga.

Las ideas políticas del escritor, si es que pueden calificarse de tales, fueron tan estrafalarias como su propia persona. Sus orígenes familiares le inclinaron al carlismo, y estuvo a punto de presentarse como candidato del partido tradicionalista. También militó en el partido Republicano Radical de Alejandro Lerroux. Fue muy afín a Manuel Azaña en su etapa de ministro de la Guerra, y cofundador en 1933 de la Asociación de Amigos de la Unión Soviética. Como puede verse, una trayectoria bastante errática.

 


Pero lo más importante de Valle Inclán es naturalmente, su obra literaria que le llevó desde el Modernismo al Esperpento, un género de prosa inventado y desarrollado por él. Sus cuatro Sonatas: de otoño (1902), de estío (1903), de primavera (1904) y de invierno (1905) fueron sus primeros éxitos de crítica y público, que se tradujeron a varios idiomas. Sin llegar a ser autobiográficos, son seguramente los trabajos en los que Valle a través del protagonista, el marqués de Bradomín, descubre lo más íntimo de sí mismo y expone su sensualidad algo cínica y autocomplaciente.

Mención especial merecen también sus Comedias bárbaras, consideradas generalmente novelas por la enorme dificultad, imposibilidad diríamos, de ser representadas. En casa Bigotini nos parecen lo mejor de entre lo mejor de la pluma de Valle. Están por otra parte, sus Relatos de la Guerra Carlista (1909), una muestra singular de aquellos episodios bélicos, que Valle magnifica e idealiza sin el menor sustento histórico, pero dotándoles de una belleza estilística difícilmente superable. En sus años de madurez y vejez destaca su serie de novelas El ruedo ibérico, cargadas de un desgarro y un humor grotesco sin parangón. Divinas palabras (1920) es una tragicomedia de aldea, en definición del propio autor, que desnuda el alma de una Galicia rural medio vivida y medio soñada. Luces de bohemia (1924) resume la quintaesencia del Esperpento. Tirano Banderas. Novela de tierra caliente (1926) es una descripción excepcional de la sociedad americana que vivió en México durante su juventud. Martes de Carnaval (1930) es una sátira sangrante de la España de su tiempo. Parodia de personajes grotescos que actúan ante el lector como títeres y bufones. La técnica distorsionante y guiñolesca del Esperpento, llega a alcanzar la cumbre en el Retablo de la avaricia, la lujuria y la muerte, publicado en 1927.


Ramón María del Valle-Inclán, como a él le gustaba firmar, quizá no fue del todo gallego, del todo madrileño, del todo español ni del todo mexicano, pero resulta imposible comprender Galicia, Madrid, España o México en toda su extensión literaria, sin la obra de este excepcional y estrafalario miembro de la generación del 98. En Bigotini somos partidarios incondicionales suyos. Os dejamos el enlace con la versión digital de Cara de Plata, la última de sus tres comedias bárbaras.

 

https://www.dropbox.com/home/Profesor%20Bigotini?preview=Valle-Incl%C3%A1n_-_Cara_de_Plata.pdf

 

Sabelita está en lo alto, de pechos de arambol, rubia de mieles, el cabello en dos trenzas, la frente bombeada y pulida, el hábito Nazareno. Valle-Inclán. Cara de Plata.

 


martes, 5 de mayo de 2026

TRABAJO Y PROTECCIÓN DE LOS MENORES

 


La explotación infantil se define como la actividad productiva de los menores de edad que afecte a su desarrollo personal o al disfrute de sus derechos. Se calcula que en todo el mundo son objeto de esta práctica unos 346 millones de niños. En España la cifra podría estar en torno a los 20.000. El fenómeno obedece a una serie de causas, entre las que cabe destacar la existencia de guerras o conflictos armados, y las situaciones de pobreza extrema.

 

La legislación española limita el trabajo de los menores a la franja comprendida entre los 16 años, en que concluye la escolarización obligatoria; y los 18, en los que se alcanza la mayoría de edad. En la normativa laboral de nuestro país los menores de edad son objeto de especial protección, considerándoseles trabajadores especialmente sensibles. La ley 31/1995 de PRL, en su artículo 27: Protección de los menores, señala:


1. Antes de la incorporación al trabajo de jóvenes menores de dieciocho años, y previamente a cualquier modificación importante de sus condiciones de trabajo, el empresario deberá efectuar una evaluación de los puestos de trabajo a desempeñar por los mismos, a fin de determinar la naturaleza, el grado y la duración de su exposición, en cualquier actividad susceptible de presentar un riesgo específico al respecto, a agentes, procesos o condiciones de trabajo que puedan poner en peligro la seguridad o la salud de estos trabajadores.

 

A tal fin, la evaluación tendrá especialmente en cuenta los riesgos específicos para la seguridad, la salud y el desarrollo de los jóvenes derivados de su falta de experiencia, de su inmadurez para evaluar los riesgos existentes o potenciales y de su desarrollo todavía incompleto.

 

En todo caso, el empresario informará a dichos jóvenes y a sus padres o tutores que hayan intervenido en la contratación, conforme a lo dispuesto en la letra b del artículo 7 del texto refundido de la Ley del Estatuto de los Trabajadores aprobado por el Real Decreto legislativo 1/1995, de 24 de marzo, de los posibles riesgos y de todas las medidas adoptadas para la protección de su seguridad y salud.

 

2. Teniendo en cuenta los factores anteriormente señalados, el Gobierno establecerá las limitaciones a la contratación de jóvenes menores de dieciocho años en trabajos que presenten riesgos específicos.

Están vedados también a los menores de edad los trabajos que señala el Decreto de 26 de julio de 1957, por el que se regulan los trabajos prohibidos a la mujer y a los menores, norma ya derogada en lo relativo a las mujeres trabajadoras, pero todavía vigente parcialmente en lo que se refiere a menores de edad.


Las limitaciones que afectan al trabajo de los menores podrían resumirse en la siguiente relación de actividades, factores de riesgo y condiciones de trabajo:

 

Relación no exhaustiva de actividades y tareas

de riesgo vedadas a los menores de edad:

 

Trabajos en altura.

Manejo de maquinaria de elevación (grúas, puentes grúa, polipastos…).

Manejo de maquinaria o herramienta manual que entrañe riesgos de cortes, golpes, atrapamientos, o de cualquier otra índole.

Conducción de vehículos o de equipos móviles.

Tareas que supongan sobreesfuerzos o carga física considerable (manutención manual de cargas, posturas forzadas, movimientos repetitivos…).

Exposición al calor.

Exposición al frío (cámaras figoríficas, congeladores, etc.).

Exposición continuada a ruidos que superen los 80 dB A.

Exposición a vibraciones.

Exposición a presiones elevadas.

Exposición a radiaciones.

Exposición a sustancias químicas nocivas o peligrosas.

Exposición a agentes biológicos.

Turnicidad y trabajo nocturno.

En general debe tenerse en cuenta cualquier factor de riesgo presente en el puesto de trabajo que pudiera suponer menoscabo en la salud del menor, su crecimiento, desarrollo, formación personal y profesional, tanto en el plano físico como en el psicológico, afectivo, etc.

 

Llegaron al altar tan jóvenes, que no celebraron el banquete de bodas hasta que los dos quedaron viudos.

 


domingo, 3 de mayo de 2026

AZULEJOS NAZARÍES. LA MATEMÁTICA DEL MOSAICO

 


El profe Bigotini nos propone mirar un poco al suelo que pisamos, y percibir su geometría. Los mosaicos, conocidos ya desde muy antiguo, presentan una gran variedad de formas. En la antigüedad grecorromana predominaban los motivos realizados con teselas, pequeñas piezas cerámicas. Más adelante, surgen mosaicos a base de diferentes polígonos. Entre los polígonos regulares, predomina el cuadrado. Sirven también los triángulos equiláteros y sobre todo los hexágonos que son, como se ha demostrado, los polígonos más eficaces para cubrir los planos llenándolos sin dejar huecos. Así lo entiende la propia naturaleza y así lo aplican las abejas a sus colmenas que utilizan los hexágonos regulares como base de los panales. Sin embargo, el pentágono es una mala elección para un mosaico, porque no hay manera de hacer encajar pentágonos sin dejar huecos.


La clave está en los ángulos. Sirven los 60º del triángulo equilátero, los 90º del cuadrado y los 120º del hexágono, pero no los 108º del pentágono. Tampoco serán útiles polígonos con mayor número de lados (7:128,6º; 8:135º; 10:144º; 12:150º…).

Ahora bien, aparte de los polígonos regulares, existen otras figuras geométricas irregulares que se han utilizado para construir mosaicos. Probablemente el mayor y más fascinante muestrario de ellos lo encontramos en la Alhambra de Granada. La asombrosa arquitectura nazarí concibió unos cuantos tipos de ladrillo que no sólo sirven para ocupar espacios completamente, sino que constituyen un prodigio de fantasía y belleza.

Está en primer lugar el ladrillo tipo hueso, también llamado hueso nazarí, construido a partir de un ladrillo cuadrado en el que se trazan las diagonales, se divide su base en cuatro segmentos iguales y se trazan líneas verticales en los cortes de dichos segmentos. Luego, se extraen los paralelogramos resultantes del cruce de las líneas y se colocan en la parte inferior del recuadro:


El segundo que encontramos en la Alhambra es el de tipo pajarita que parte de un triángulo equilátero, trazando una curva desde los vértices hasta la bisectriz de cada lado. Se extraen las superficies resultantes entre la curva y los lados y se colocan en el exterior:


El tercer tipo es el mosaico de clavos. A partir de los lados de un cuadrado se dibujan dos ángulos rectángulos en su interior cuya hipotenusa tenga la longitud de un lado. A continuación, se extraen los triángulos y se colocan apoyados exteriormente en los lados opuestos:


Resulta curioso que con la precaria tecnología de aquellos tiempos, el ingenio humano fue capaz de concebir las verdaderas maravillas que hoy podemos admirar no sólo en la Alhambra granadina, sino en muchos otros elementos del arte mudéjar. En Aragón tenemos magníficos ejemplos, desde los reseñados hasta fabulosas estrellas de diez puntas.


Todos estos motivos y diseños geométricos no han sido superados sino hasta tiempos bien recientes con los mosaicos de Penrose. Se trata de mosaicos no periódicos concebidos ya en la segunda mitad del pasado siglo XX por el eminente físico y matemático sir Roger Penrose. Los más célebres y extendidos utilizan dos piezas irregulares llamadas cometa y flecha por sus peculiares formas. Ambas combinadas son capaces de cubrir planos por completo. Dan lugar a estructuras complejas entre las que destacan los mosaicos sol, estrella o rueda de carro.


En todas estas innovaciones, la proporción áurea y el número F juegan un papel decisivo.

 

Muéstrate siempre seguro de ti mismo, como si supieras lo que estás haciendo. Manual del político.

miércoles, 29 de abril de 2026

GIL ELVGREN, EL REY DE LAS CHICAS PIN-UP

 


Gillette Alexander Elvgren era el nombre completo del dibujante e ilustrador que siempre firmó sus trabajos como Gil Elvgren. Nació en Saint Paul, Minnesota, en 1914, y estudió Arte en Mineápolis y Chicago. Perfeccionó después su técnica asistiendo al taller estudio de Haddon Sundblon, un prestigioso artista plástico de origen sueco, creador de la archifamosa imagen de Santa Klaus para la marca Coca-Cola.

A partir de 1937, Elvgren comenzó a ilustrar calendarios con chicas pin-up para la firma Louis F. Dow, una editorial especializada en aquellos calendarios con chicas bonitas ligeras de ropa que hicieron furor en USA durante al menos tres décadas, vendiéndose en todo el país y obteniendo ganancias millonarias. Hasta la llegada de Gil Elvgren, habían sido maestros del género artistas como Charles Dana Gibson o Howard Pyle. Elvgren aportó a los calendarios un toque de picardía y humor más acorde con los gustos del público. Empleó, como era entonces práctica habitual, a modelos de carne y hueso que posaban para él durante horas. Entre ellas pueden citarse actrices como Kim Novak, Myrna Loy, Arlene Dahl, Donna Reed, Barbara Hale, y hasta una entonces jovencísima Gene Tierney. Desde 1945 hasta 1972, año de su jubilación, el artista fichó por la firma Brown y Bigelow, entonces emergente, y que hasta la actualidad sigue dominando el mercado de los calendarios y la publicidad gráfica.

Paralelamente, Elvgren realizó ilustraciones para revistas gráficas como The Saturday Evening Post, y para los spots publicitarios de Coca-Cola y General Electric. Falleció en 1980 a los sesenta y cinco años. Os dejamos aquí abajo una muestra de sus ilustraciones y de sus graciosas chicas pin-up como curioso testimonio de una época afortunadamente superada.



















domingo, 26 de abril de 2026

HARRISON FORD COMBATIENDO A LOS NAZIS O RETIRANDO REPLICANTES

 




Si el cine del cambio de siglo tuviera rostro, ese rostro podría ser perfectamente el de Harrison Ford. Actor de vocación precoz pero de éxito tardío, comenzó haciendo apariciones y pequeños papeles en películas sin mayor interés y series televisivas, hasta el punto de que el hombre acabó rindiéndose, y trabajando en los estudios como carpintero de rodaje y en otras tareas técnicas para poder comer caliente. Su suerte cambió de forma súbita cuando George Lucas se fijó en él y le eligió para un papel importante en su American Graffiti. Corría el año 1973, y a partir de entonces su rostro se hizo popular. En 1977, Lucas volvió a acordarse de él para encarnar a Han Solo en la primera película de Star Wars. Años más tarde completó con Lucas la trilogía. Y si aquellas tres películas fueron una bomba mediática, todavía esperaba a Harrison Ford una segunda y exitosa trilogía, la de Indiana Jones, personaje tan íntimamente asociado al actor, que no se concibe encarnado por ningún otro. Spielberg y Ford han rodado dos películas más de la serie, la quinta bien recientemente, pero prefiero seguir hablando de trilogía, porque las dos últimas no pasan de ser secuelas más dirigidas a hacer caja que inspiradas por ideales artísticos.

Durante y después de esos papeles, ha hecho otros trabajos notables en filmes interesantes. Podrían destacarse sus participaciones en Apocalypse Now de Coppola, o su protagonismo en La Costa de los Mosquitos, que el actor siempre ha considerado su mejor trabajo. Sin embargo, en Bigotini nos inclinamos por el Harrison Ford de Blade Runner, ese cazarrecompensas neomilenario encargado de retirar replicantes. Es filme de culto a medio camino entre la ciencia ficción, el cine negro y el western, que Ridley Scott se sacó de la chistera a partir de la novela de Philip K. Dirk ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, que si no fuera por la película, no hubiera pasado a la historia literaria.

En fin, para recordar a Harrison Ford ya sea como Han Solo, como Indiana Jones o como el Rick Deckard retirador de replicantes, os dejamos el enlace con una selección de algunas de sus más recordadas escenas a lo largo de su carrera. Hágase clic y disfrútese.

Harrison Ford. Selección de escenas

https://www.youtube.com/watch?v=a4abacBaDJE

Próxima entrega: Steven Spielberg


miércoles, 22 de abril de 2026

DESPUÉS DE MAHOMA. EXPANSIÓN DEL ISLAM Y PRIMEROS CALIFAS

 


Al morir el Profeta, el Islam ya tenía por fin su propio libro sagrado, el Corán, una palabra que podría traducirse por lectura o discurso. Fue obra de un solo hombre, Mahoma, aunque no la escribió, puesto que no sabía escribir, y ni siquiera la dictó. Fueron Abu Bark y el resto de sus fieles más allegados quienes la construyeron a base de los recuerdos de sus palabras y sus enseñanzas. El Corán está dividido en 114 capítulos (azoras) ordenados por longitud decreciente, de manera que en el libro se mezclan reglas litúrgicas, consejos de economía, gritos de victoria, doctrinas, denuncias de enemigos, anécdotas, etc. Para quienes pueden apreciar la belleza de su idioma original, es obra poética apasionada de inimitable estilo. Para especialistas y eruditos, recuerda en muchos pasajes al libro de Isaías bíblico.

Mahoma tuvo la virtud de superar la concepción tribal de los árabes. Fundó un verdadero Estado nacional y transnacional, una hermandad alejada de las infecundas luchas intestinas.


El Corán denuncia al cristianismo como herético, por dividir a Dios en tres Personas. Coincide con el judaísmo en la proclamación de un Dios único, lo que cada día reafirman los muecines a grito pelado desde lo más alto de sus minaretes: ¡Hay un solo Dios: Alá!

Otra idea básica les separaba de los hebreos para quienes su Dios, Yahvé, es exclusivo de Israel. Para el Islam, Alá no sólo es el Dios de los árabes, sino el de todos, vocación ecuménica que comparte con el cristianismo, y obliga a sus seguidores al proselitismo activo. Unidos por la fe, los primeros creyentes emprendieron una campaña de conquista de los territorios circunvecinos, sin parangón en la Historia por su eficacia y su rapidez.

En el credo musulmán no hay sacerdocio ni otro ritual que la oración en dirección a La Meca, que puede hacerse en cualquier parte. No cabe mayor sencillez. En cuanto al fondo filosófico del credo, sabe el creyente que Dios lo ha decidido ya todo. No queda más que abandonarse a sus designios y seguir su voluntad. Este fatalismo a la larga y con el paso de los siglos se traducirá en una especie de inmovilismo inerte en gran medida responsable del atraso social y tecnológico de muchos países islámicos. Pero durante las primeras décadas del Islam tuvo el efecto de armar a los musulmanes de un valor tranquilo, un soberano desprecio por la muerte y la esperanza de un gozoso paraíso. Miles de fieles respondieron a la llamada de la yihad o guerra santa. Un espíritu guerrero que por momentos parece haber renacido en nuestro tiempo.


Aunque Mahoma no designó sucesor, Abu Bark, que durante años había sido su mano derecha, fue el primer califa, cargo con el significado de representante o vicario. Alí, el sobrino e hijo adoptivo del Profeta, se ofendió por ello, primera disidencia de la que han derivado en el mundo islámico una ininterrumpida serie de cismas y conflictos internos.

La expansión del Islam fue muy notable en ese periodo del primer califa. Los creyentes se hicieron con Siria e Irak al mando del general Jalid. Abu Bark les había dado estas consignas: Sed valerosos y justos. Morid antes que rendiros. No toquéis a los viejos ni a los niños. Respetad los árboles, el ganado y el trigo. Proponed a los infieles la conversión. Si la rechazan, que paguen un tributo. Si no lo pagan, matadlos… A Abu Bark sucedió como califa su consejero Umar. Una tras otra cayeron Damasco, Antioquía, Egipto y Jerusalén.


Umar fue asesinado por un esclavo persa. Le sucedió Uzman, primer califa de la dinastía omeya opuesta a la hashimí o hachemita de Alí, el ahijado del Profeta, que se consideraba más legítima. Por eso se hizo Alí con el poder tras asesinar a Uzman.

Aisha, la viuda que había sido esposa favorita de Mahoma, se alió con los omeyas dirigidos por Muawiya. Alí fue asesinado en Kufa con un puñal envenenado. El magnicidio indignó a los shiíes o chiítas que veneraban a Alí. Sin embargo, y a pesar de la oposición de los shiíes, Muawiya consiguió hacerse reconocer como califa de todo el Islam, y estableció su nueva capital omeya en Damasco. Los omeyas permanecieron cerca de un siglo en el poder, hasta 750. Continuaron su imparable expansión que les llevó hasta los confines de la India en oriente y hasta la península Ibérica en occidente, penetrando en Europa a través de Gibraltar en 711. No obstante, continuaron y continuarían durante siglos las disputas internas cuyos ecos todavía no se han extinguido hasta el presente.

-Será mejor que mantengamos nuestro amor en secreto.

-Pero si yo no te quiero.

-Muy bien. Esa es la actitud.