Escrito
en cuaderna vía o tetrástrofo monorrimo alejandrino, el Libro de Alexandre, con sus diez mil setecientos versos, constituye
uno de los mayores monumentos de la lírica medieval europea. La obra se
atribuyó a un Juan Lorenzo de Astorga, autor de una copia seguramente del siglo
XIV con abundantes leonesismos. Otra copia, descubierta en París en el siglo
XIX, llegó a atribuirse a Berceo por adoptar rasgos del dialecto riojano. La
crítica moderna ha descartado a ambos, por lo que la obra se considera anónima.
El entorno geográfico de su desconocido autor se situaría entre las provincias
de Logroño y Soria, dando por seguro que debió escribir sus versos en el
Estudio General de Palencia, y no descartándose que después se hubiera
trasladado a París.
La
datación del texto es muy incierta. Se han propuesto fechas que van de 1202 a
1230, pero parece seguro que se escribió a principios del siglo XIII. El autor
utilizó fuentes diversas y desde luego, muy distintas a las que han inspirado
otras piezas del mester de clerecía. Se basa con seguridad en el Alexandreis de Gautier de Châtillon, un
poema latino compuesto hacia 1180, e incorpora argumentos de la Historia de preliis, una adaptación
medieval del Romance de Alejandro del
siglo III (aquí el término romance no
debe entenderse como lo hacemos nosotros, sino como equivalente a novela que suele usarse en el resto de
Europa). También se aprecia influencia de Li
Romans d’Alixandre, un poema épico francés del siglo XII, del Pseudo-Calístenes, o en la parte de la
guerra de Troya, la Ilias latina del
siglo I, una especie de resumen de La
Iliada en hexámetros latinos.
Críticos
como Menéndez Pidal o Joan Corominas se inclinan por el origen leonés del
anónimo autor del Alexandre,
destacando los rasgos dialectales de la lengua romance occidental. Müller y
Emilio Alarcos se inclinan hacia un original más castellano. Todos parecen
estar de acuerdo en que se trataba de un clérigo (somos los simples clérigos errados e viçiosos) muy culto como se
desprende de las muchas fuentes en que apoya su relato, y perfecto conocedor
del latín y del francés.
En
cuanto al propósito edificante o moralizante del poema, que no podía estar
ausente en ninguna obra del mester de clerecía, diremos que siendo Alejandro de
Macedonia un héroe pagano, el autor del Alexandre
lo trata como tal. Hay sin embargo en el personaje un punto de religiosidad
precristiana. El Alexandre del poema cree en Dios con mayúscula, atribuyendo al
personaje un monoteísmo que en su tiempo aún distaba mucho de ser una realidad.
Exalta el autor los valores caballerescos, el coraje de los guerreros, la
fidelidad a su señor natural, la piedad religiosa…, rechazando en cambio, la
cobardía, la deslealtad y el pecado. Es decir, nuestro autor, hombre de su
siglo al fin, relata la vida y hechos de Alejandro Magno en clave total y
absolutamente medieval, del mismo modo que los grandes artistas del gótico y el
prerrenacimiento visten con ropajes de su tiempo a los personajes de la edad
antigua.
El
interés de uno o varios poetas bajomedievales españoles por la figura histórica
de Alejandro de Macedonia coincide con el de otros autores europeos de aquel
tiempo, ya sean anteriores, posteriores o coetáneos a la escritura palentina
del Libro de Alexandre. Cabe suponer
que existiría también en nuestro suelo, como en el resto de Europa, cierta
curiosidad intelectual por la narración de las hazañas de Alejandro Magno. El
personaje histórico desde luego no fue indiferente a los intelectuales y los
poetas. También Alejandro suscitó controversia. Dante lo admiraba
profundamente, mientras que Petrarca aseguraba detestarlo.
Según
Francisco Marcos Marín, en nuestro castellano (o leonés) Libro de Alexandre aparecen tres aspectos bien diferenciados del
héroe: el primero es por supuesto, el modelo de héroe guerrero, de caballero,
lo que convierte al poema, a pesar de tratarse de un preclaro ejemplo de mester
de clerecía, en un clarísimo precursor de las novelas y libros de caballerías
que harán furor entre lectores y oyentes en los siglos siguientes. Sólo el
aspecto amoroso del héroe falla en este modelo caballeresco. Quizá esta
carencia deba atribuirse a la escasez de material biográfico con que se contaba
sobre un personaje tan lejano ya en lo cronológico, o más probablemente el
autor o los autores del Alexandre
palentino, en definitiva clericii, no
consideraron apropiado ni moral penetrar ese resbaladizo terreno de lo erótico,
que en los libros de caballerías de la novelística prerrenacentista y
renacentista iban a ser elemento fundamental de las tramas y argumentos.
Sin
embargo, existían antecedentes de sobra para componer una historia erótica de
Alejandro, y sobre todo de su maestro Aristóteles. Durante la Edad Media y el
Renacimiento se popularizó la historia de los
amores de Aristóteles y Filis, hoy caída en el olvido, pero muy arraigada
en la Europa medieval. Según esta tradición impía, Filis era una bellísima
cortesana por la que se sentía atraído Alejandro de Macedonia aun adolescente.
Su preceptor Aristóteles, queriendo alejarle del mal camino, amonestó al
muchacho con elocuentes razones y le previno contra la mala influencia de las
mujeres. Debió ser muy persuasivo, porque Alejandro le obedeció, y se apartó de
la tentación. La despechada Filis, que era mujer de recursos, se propuso vengarse
del maestro. Para ello utilizó sus infalibles armas de seducción. Dispuso las
cosas de manera que Aristóteles pudiera contemplarla en un jardín, bailando
lúbricamente y practicando “ciertas
deshonestidades”. El preceptor-voyeur,
cautivado por sus encantos, solicitó sus favores, y ella accedió sólo a cambio
de que el grave Aristóteles, el sabio eminente y varón ejemplar, fuera su
montura. En efecto, Filis ensilló al viejo maestro, le puso un bocado de
hierro, y fue su cruel amazona fustigándole sin piedad. He aquí un precedente
de Sacher Masoch y del bondage más
pecaminoso. Semejante cuento rijoso circuló por los monasterios y cenobios de
Europa entera, y si en el refectorio debió ser motivo de risitas y cuchicheos,
en el scriptorium lo fue de versos
satíricos y hasta de ilustraciones escasamente honestas. La fábula sirvió de
inspiración a infinidad de artistas plásticos. Pinturas, grabados, esculturas y
arte mueble (relieves de sillería) reprodujeron al pobre Aristóteles a cuatro patas
con Filis a cuestas. Además de infinidad de miniaturas policromadas sobre
pergamino, obras de artistas como Albert Durero, Pieter Brueghel o Hans
Holbein, dan fiel testimonio de la popularidad que llegó a alcanzar el cuento.
El segundo aspecto es el modelo didáctico y moral. Alejandro de Macedonia es además de héroe guerrero y epígono caballeresco, un joven ansioso de conocimientos al que instruyó su maestro Aristóteles. El Libro de Alexandre castellano-leonés ofrece una continua actitud educativa y moralizante que incluye prolijos episodios de consejos de Aristóteles a su joven alumno. La tradición hispánica de libros del género espejo de príncipes, del que la obra del infante don Juan Manuel El conde Lucanor, puede ser el principal pero de ninguna manera el único ejemplo, se nutre además de en la literatura sapiencial orientalizante, en un buen número de anécdotas alejandrinas contenidas muchas de ellas en el Alexandre palentino.
Un tercer aspecto es el del Alejandro curioso, investigador y viajero. Enlaza con la literatura didáctica alejandrina, con la Epístola de Aristóteles, y se plasma en episodios fantásticos que entroncan con los libros de viajes europeos y con las relaciones de países lejanos procedentes del mundo literario musulmán. Finalmente, el autor o los autores del Alexandre no pueden obviar el barniz moralizante imprescindible en toda obra de su época. Alejandro, conquistador y dominador de pueblos y extensos territorios, sucumbirá y volverá al polvo como cualquier mortal, será enterrado en una modesta sepultura:
Alexandre,
que era rëy de grant poder,
que
en mares nin tierra non podíe caber,
en
una foya hovo en cabo a caer
que
non pudo de término doze piedes tener.
Os dejamos el enlace con la versión digital de la obra. Procede de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes y su edición está a cargo de Francisco Marcos Marín.
https://www.dropbox.com/home/Profesor%20Bigotini?preview=Libro+de+Alexandre.pdf























.jpg)
































