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domingo, 19 de julio de 2026

BUD SAGENDORF, EL PADRASTRO DE POPEYE

 


Nacido en 1915 en Wenatchee, estado de Washington, Forrest Cowles Sagendorf, era hijo de un inmigrante ruso. Su hermana Helen le apodaba cariñosamente “Bud”, y ese fue el nombre que Bud Sagendorf iba a elegir para firmar sus trabajos. El padre falleció cuando el pequeño Bud tenía tres años, y la familia se trasladó a Santa Mónica en California. Allí comenzó muy niño vendiendo periódicos por las calles, y todavía adolescente, el dibujante E.C. Segar, viendo que tenía buena mano para el dibujo, le contrató por 50 dólares semanales como ayudante para sus tiras cómicas de Popeye el marino y de Sappo, que producía con gran éxito para el KFS. Sagendorf supo asimilar el espíritu y el particular humor que Segar imprimía a Popeye y al resto de los graciosos personajes de la serie, el Thimble Theatre o teatro del dedal, con chistes algo groseros y una gracia entre salvaje y gamberra.

Con un trabajo estable, Bud pudo casarse con Nadia Crandall, su novia desde el instituto. E.C. Segar falleció en 1938, y Sagendorf heredó la serie para satisfacción de los jefes del KFS. Así que si Segar fue el padre de Popeye, puede decirse que Sagendorf fue su padrastro, siempre atento y amoroso con su criatura. Se mudó con su reciente esposa a una zona rural de Connecticut, donde transcurriría gran parte de su existencia y encontraría el tranquilo escenario de su trabajo. En cuanto le fue posible, se rodeó de una nutrida tropa de ayudantes que supieron desarrollar sus guiones a la perfección, hasta el punto de que el artista sólo tuvo que dibujar personalmente las tiras diarias y las dominicales de la serie. Sus colaboradores se ocuparon de los cortos de animación y los álbumes de historias completas. Paralelamente, desarrolló juguetes y diferentes productos comerciales de Popeye.

La mayoría de los graciosos personajes secundarios que acompañaban al forzudo marinero, habían sido creados por su antecesor, de manera que a Sagendorf se deben muy pocas innovaciones. Una de ellas, y por cierto, muy lucrativa, fue el contrato con los productores de espinacas de América, que promocionaron su producto a través de las historietas de Popeye.

Bud Sagendorf continuó dibujando la serie hasta 1986, cuando se retiró por problemas de visión. King Features Syndicate encargó la serie a otros dibujantes. Sagendorf falleció en 1994, a los 79 años, víctima de un cáncer cerebral. Os dejamos con una selección de muestras de su trabajo.



















miércoles, 15 de julio de 2026

RICHARD GERE, EL PRÍNCIPE AZUL DEL SUEÑO AMERICANO


 

Richard Gere, un chico de Filadelfia medio judío y medio irlandés, se abrió paso en el show business luciendo palmito en revistas para hombres. Hizo en el cine pequeños papeles de reparto hasta que en 1980 consiguió ver por fin su nombre en las marquesinas con American Gigoló, donde se mostró todo lo guapo que fue capaz de mostrarse. A partir de allí se convirtió en una estrella cotizada, bien con uniforme de primera comunión como en Oficial y caballero (1981) o bien como trompetista gangsteril en Cotton Club (1984).

Especialmente dotado para la comedia romántica, encarnó en Pretty Woman (1990), prototipo del género, al príncipe azul y hada madrina a partes iguales que hizo realidad los sueños de aquella Cenicienta Julia Roberts. Una fábula sobre el sueño americano para jovencitas descarriadas en la que Gere interpretó un millonario que además de guapo era bueno, mensaje neoliberal que parecía invitar a las muchachas perdidas a acostarse con y someterse a los caprichos de los millonarios, porque “es que son tan buenos…”

Después de eso, se disparó su caché hasta alturas estratosféricas. Hizo varias películas prescindibles, repitió con la Roberts en Novia a la fuga (1999), y ya en el nuevo milenio volvió a las andadas románticas con Jennifer López, sabia elección de los productores que así extendieron el sueño americano de pescar un príncipe azul a las chicas inmigrantes o, como dicen los agentes de aduanas, colored. Hizo también un brillante papel en el musical Chicago, probablemente su mejor película.

Os dejamos al alcance de un clic el enlace a un breve video musical con una selección de escenas de Oficial y Caballero. Bon apetit.

Richard Gere. Oficial y caballero. Selección

https://www.youtube.com/watch?v=plKnAI7Gv4c

 

Próxima entrega: Julia Roberts


domingo, 12 de julio de 2026

SIMÓN EL MAGO, EL PRIMER GNÓSTICO

 


A veces se atribuye a Simón el Mago, un personaje contemporáneo de Cristo, ser el fundador de la Gnosis. Aunque no fuera así, es cierto que fue uno de sus primeros iniciadores, acaso el gnóstico más legendario. Ireneo le llamó el padre de todos los herejes, si bien el término hereje no parece el más apropiado, puesto que Simón jamás profesó la religión cristiana. Su doctrina era más bien la de Empédocles y la de los magos persas. El papa Clemente I, que había sido secretario de san Pedro, compuso una especie de biografía fantástica de Simón el Mago, al que también llamó Simón el precursor, asociándole a san Pedro en virtud de la llamada ley sizigía, que establece parejas opuestas y complementarias, el cielo y la tierra, el día y la noche, la vida y la muerte, etc. En estas obras de Dios, las primeras son siempre superiores, mientras que entre las sizigías humanas ocurre al contrario, siendo Abel superior a Caín, su hermano mayor, lo mismo que Jacob, el menor, supera a Esaú, Moisés supera a Aarón y Cristo supera a Juan el Bautista.


De forma que según su sizigía, Pedro vence a Simón, porque le sucede, como sucede la luz a las tinieblas, la sabiduría a la ignorancia y la curación a la enfermedad. Clemente I confirma así que cuando san Pedro inició sus predicaciones en Roma, ya había impartido allí su doctrina Simón.

Sus biógrafos le hacen oriundo de Ghitta, población samaritana. Estudió en Alejandría y regresó a su tierra donde predicó su filosofía en Palestina y Fenicia. Proclamaba el Gran poder de Dios, y lo demostraba mediante diversos números de magia. Su discípulo y amigo Aquila cuenta que hace andar a las estatuas, se revuelca en el fuego sin quemarse, a veces vuela, convierte las piedras en panes, se convierte en serpiente o en cabra, abre puertas cerradas, rompe barras de hierro, hace aparecer oro, invoca a los fantasmas, y a una orden suya, los enseres de la cocina se ponen a trabajar solos. Aparte de todos estos prodigios, seguramente exagerados por el amor de su discípulo y propagandista, las enseñanzas filosóficas de Simón el Mago se contienen en Megalê Apóphasis (La Gran Revelación). En ese texto designa al fuego como raíz de todo. Se trata no del fuego común, sino del fuego oculto y supracelestial, que compara a un árbol gigantesco cuyos frutos son las almas humanas. El cosmos ha recibido por medio de ese fuego, seis principios agrupados por parejas: Espíritu y Pensamiento, Voz y Nombre, Razón y Reflexión. Todos estos principios dependen de una séptima potencia: El que se mantiene en pie, ente equivalente a Dios, hestôs, el Inmutable, que Simón atribuye a su persona, cuya primera iniciativa fue producir el Gran Pensamiento, la Énnoia, destinada a ser la Madre de todos los seres humanos.


Simón, un hebreo muy helenizado, conocía a fondo los misterios de Eleusis, y seguramente estaría también iniciado en la religión de Isis, claro antecedente del culto mariano, que por entonces ganaba adeptos en todo el Imperio romano. La Énnoia, la Gran Madre, prisionera en la tierra, había pasado a lo largo de los tiempos de un cuerpo de mujer a otro. El Espíritu de Dios, es decir, el propio Simón, decidió bajar entre los hombres para buscarla, y por fin la halló reencarnada en una prostituta de un lupanar de Tiro. A partir de entonces, Simón se hizo acompañar por ella a todas partes. A Helena (ese era su nombre terrenal) la presentaba como el Primer Pensamiento de Dios. Era la misma Helena causante de la guerra de Troya, y los simonianos le daban el título de Soberana. La gnosis simoniana muestra aquí un carácter revolucionario y de una audacia sin precedentes, al hacer del Primer Pensamiento de Dios un principio femenino, y al personalizarlo en una ramera de un burdel fenicio, cuando Atenea, la idealización del Pensamiento en el mundo clásico, era una virgen purísima surgida de la cabeza de Zeus.


La idea, acaso remoto precedente del feminismo, en que Simón el Mago fundamenta la teología erótica de la gnosis, repugna tanto a paganos como a cristianos. Tuvo Simón más de doce apóstoles, en concreto treinta. Observaba el Sabbat los días once de cada mes. Acostumbraba a leer en público los pasajes más controvertidos del Antiguo Testamento, para mostrar los puntos débiles del Jehová bíblico, y afirmar así su propia superioridad como Dios único. Judíos y cristianos le tenían por blasfemo. Clemente I le tilda de poder siniestro. Según la tradición, murió Simón cuando voló sobre el pueblo de Roma que le contemplaba atónito. Al ponerse a rezar san Pedro, se precipitó del cielo y se mató. Otra versión, la de Hipólito, cuenta que enseñaba bajo un plátano, y que se hizo enterrar vivo en una fosa afirmando que resucitaría a los tres días, pero no lo consiguió.


La gnosis simoniana se perpetuó con diversas modificaciones durante los primeros siglos del cristianismo. Según el mártir Justino, casi todos los samaritanos y algunos de otras naciones lo reconocen y adoran como su primera divinidad. Uno de sus seguidores, Menandro, administraba a los adeptos un bautismo de agua y de fuego. Otro, un tal Satornilo, prescindió de las mujeres en su culto, prohibiendo el matrimonio y la procreación. Hipólito, que escribió en el siglo III, dice que los simonianos de ese tiempo se asemejaban más a los libertinos que a los gnósticos, considerándose libres de hacer lo que les viniera en gana, porque serían salvados por la gracia de Simón. Para ellos el mal no existía, y sólo era fruto de las convenciones sociales.

La nómina de los gnósticos aumentaría durante los siglos siguientes, sin que nada o muy poco de sus doctrinas y filosofías tuviera ya nada que ver con las enseñanzas de Simón el Mago, una figura sobresaliente del siglo I que ha sido sistemáticamente silenciada por la jerarquía eclesiástica.

-Toma, te devuelvo tu anillo. No quiero casarme contigo porque eres un tacaño.

-Está bien, trae acá. ¿Y la cajita?


miércoles, 8 de julio de 2026

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ Y LA SEDUCCIÓN DE LA POESÍA

 


Juan Ramón Jiménez nació en 1881 en una hermosa casa de estilo colonial de la calle de la Ribera de la onubense Moguer. Sus padres, Víctor y Purificación, eran unos burgueses acaudalados de ascendencia riojana que habían hecho fortuna en Andalucía con el comercio del vino. El pequeño Juan Ramón fue una especie de niño prodigio que obtenía excelentes calificaciones en los estudios, dibujaba primorosamente y escribía sus primeros poemas que vio publicados en diferentes periódicos y revistas de Huelva y de Sevilla, mientras por imposición paterna estudiaba derecho en la capital del Guadalquivir. Se trasladó a Madrid en 1900 donde adquirió fama de joven promesa de la poesía. Allí le sorprendió la muerte de su padre que significó la ruina familiar al tener que hacer frente a numerosas deudas. Aquello afectó mucho a Juan Ramón que tuvo que ser ingresado en un sanatorio de Burdeos por depresión severa. Su carácter era hiperestésico y neurótico. Rubén Darío le definió como nefelibata, un adjetivo que le aplicó el poeta nicaragüense con cierto matiz ridículo, y que designa a una persona soñadora y algo afectada que vive permanentemente en las nubes y alejada de la realidad.


En esa primera etapa poética, Juan Ramón Jiménez siguió la pauta del Modernismo imperante en aquellos años. Acaso también exageró conscientemente su pose de joven poeta atractivo y sensible, para explotar su vocación de donjuán. En esos primeros años tuvo aventuras eróticas con solteras, con casadas, con una norteamericana residente en Burdeos madre de una niña, con varias monjas (que, al decir de su editor, eran su especialidad), y hasta con la esposa del psiquiatra que le trataba, lo que precipitó su expulsión del sanatorio. De regreso a su Moguer natal, residió en una modesta vivienda de la calle de la Aceña, etapa de pobreza material, pero de gran riqueza literaria coincidente con la segunda década del siglo XX, en la que el poeta abrazó el Simbolismo.

Por medio del empresario teatral Gregorio Martínez Sierra, conoció en Madrid a Luisa Grimm, una atractiva estadounidense casada con el millonario español Antonio Muriedas que, desentendido de su esposa, pasaba el tiempo ocupándose de sus negocios en México. Juan Ramón le propuso matrimonio, pero ella, con buen criterio, juzgó más prudente no renunciar a los millones de su marido, disfrutando al mismo tiempo del ardor amoroso de su joven poeta. Hasta 1915, el onubense mantuvo con la Grimm una apasionada correspondencia. Ella le dio a conocer la obra de los poetas románticos ingleses, que Juan Ramón se afanó en traducir y publicar en España por medio del editor Alberto Jiménez Fraud.


En 1913 conoció a la traductora al castellano del poeta bengalí Rabindranath Tagore, Zenobia Camprubí, que a la postre habría de ser la mujer de su vida. Ambos se casaron en Estados Unidos en 1916, a donde viajó Juan Ramón por encargo de las Ediciones de la Residencia de Estudiantes madrileña. De aquel viaje y aquella luna de miel fue resultado el Diario de un poeta recién casado, que supuso también el redescubrimiento del mar como pasión estética, y en palabras del propio autor, el paso de su etapa sensitiva a la intelectual, como bautizó ambos periodos. Colaboró con Zenobia en sus traducciones de Tagore, y apareció en 1917 la primera edición de Platero y yo, que sería siempre su obra más famosa. En 1918, Juan Ramón Jiménez era ya probablemente el poeta más célebre y conocido en lengua española. Lideró el movimiento de renovación poética de aquel tiempo e influyó notablemente en la generación poética e intelectual del 27.

Entre 1925 y 1935 publicó sus Cuadernos, una recopilación de toda su obra anterior, un caso insólito de publicación de unas obras completas de un autor entonces todavía relativamente joven. Jiménez se manifestó siempre como un perfeccionista al borde de la neurosis, repasando, retocando y corrigiendo todo lo anteriormente escrito, hasta el punto de que entre varias ediciones de las mismas obras aparecen diferencias apreciables. En 1930 conoció en un concierto a una amiga de Zenobia, la escritora y escultora Margarita Gil Roësset, que inmediatamente se enamoró del poeta. Juan Ramón la rechazó en diferentes ocasiones, y eso a pesar de que Zenobia Camprubí no se oponía a compartir a su marido con su amiga. Tras varios intentos infructuosos de conseguir el amor de Juan Ramón, Margarita se suicidó en 1932, causando grandísimo dolor tanto a él como a Zenobia que por entonces sufría ya los primeros síntomas del cáncer que acabaría con su vida.


1936 marca el paso de la etapa intelectual a la etapa suficiente o verdadera del poeta, siempre siguiendo su propia definición. También marca, como para el resto de los españoles, el momento crítico de la sublevación franquista y de la guerra. A pesar de su decidido apoyo a la legalidad republicana, Juan Ramón no se sentía seguro en Madrid debido a la campaña contra los intelectuales emprendida por algún sector de la izquierda. Manuel Azaña le ayudó a abandonar España por vía diplomática, instalándose primero en Washington como agregado cultural, y después en Cuba donde dictó un ciclo de conferencias. En 1938 el matrimonio recibió la noticia de la muerte en el frente de Teruel de Juan Ramón Jiménez Bayo, el sobrino falangista del poeta y su familiar más querido, lo que, unido al reciente recuerdo del suicidio de Margarita, y a la cada vez más avanzada enfermedad de Zenobia, terminó de sumir al poeta en una profunda depresión.

Entre 1939 y 1942 la pareja residió en Miami, desde donde se trasladaron a Washington. Entre 1944 y 1946 Zenobia y Juan Ramón fueron contratados como profesores en la Universidad de Maryland. Tras una exitosa gira por Argentina y Uruguay en 1948, la pareja se instaló definitivamente en Puerto Rico, donde a partir de 1950, impartieron clases en su Universidad.


En 1956 llegó el Premio Nobel de Literatura, que Juan Ramón no pudo recoger personalmente debido a una recaída en su depresión. Tres días después de la ceremonia de entrega del Nobel falleció Zenobia, y dos años más tarde, en 1958, murió el poeta en la misma clínica de San Juan de Puerto Rico. Se trasladaron sus restos al cementerio de su Moguer natal en junio de aquel mismo año, donde reposan desde entonces.

Aparte de su archifamoso Platero y yo, la obra de Juan Ramón Jiménez es tan extensa que la sola enumeración de los títulos resulta abrumadora. Labor que además se dificulta porque el autor, en las sucesivas ediciones de sus obras se dedicó no sólo a variar sustancialmente los textos, sino en ocasiones también los títulos, lo que induce a una confusión notable. De nuestra modesta biblioteca Bigotini extraemos la edición digital de una brevísima pero jugosa antología poética del gran autor onubense. Hágase clic en el enlace y disfrútese:

https://www.dropbox.com/home/Profesor%20Bigotini?preview=JUAN+RAM%C3%93N+JIM%C3%89NEZ+ANTOLOG%C3%8DA.pdf

Te llevaré Moguer a todos los lugares y a todos los tiempos, serás por mí, pobre pueblo mío, a despecho de los logreros, inmortal.


domingo, 5 de julio de 2026

ALBRECHT ALTDORFER Y LA ESCUELA DANUBIANA DEL RENACIMIENTO

 


Albrecht Altdorfer nació en 1480 en Ratisbona o quizá en alguna localidad próxima. Su padre era un burgués próspero, dueño de una imprenta y grabador. A la edad de veinticinco años el joven Albrecht accedió en Ratisbona al estatus de bürgerrecht, o de ciudadanía, reservado a los miembros del patriciado urbano, que concedía derecho a participar en el consejo de la ciudad. Como maestro de obras municipal, se ocupó del refuerzo de las defensas de la ciudad que entonces se hallaba amenazada por los frecuentes ataques de los turcos. Construyó almacenes para el vino, y en 1527 el edificio del matadero de la ciudad. Un año más tarde le ofrecieron el cargo de burgomaestre que rechazó. Tomó parte activa en el reconocimiento oficial del credo luterano que Ratisbona abrazó en 1533. Estuvo casado aunque no consta que tuviera hijos, y finalmente falleció en su ciudad natal siendo rico y respetado por sus conciudadanos, que le enterraron con gran solemnidad en la iglesia de los agustinos.

Hasta aquí una biografía que podría corresponder a muchos burgueses acomodados del Renacimiento centroeuropeo. Pero lo que nos interesa más de Albrecht Altdorfer es su faceta artística, en la que podemos considerarle el principal representante de la que se ha llamado Escuela del Danubio. Sus influencias más notables hay que buscarlas entre los renacentistas alemanes más sobresalientes, Alberto Durero o Lucas Cranach el Viejo. En cuanto a su aportación a la pintura y el grabado, diremos que Altdorfer concedió al paisaje y la perspectiva una importancia sobresaliente. En su obra, la figura humana se integra en el paisaje de forma armónica. El artista se abona a una nueva y en su momento revolucionaria visión del mundo, muy influenciada por los entonces recientes descubrimientos de Nicolás Copérnico. Altdorfer presenta un mundo convexo en el que el centro del universo ya no es la Tierra, sino el Sol. Es esa especie de perspectiva cósmica la que nos propone en la que muchos han considerado su mejor obra, La batalla de Alejandro en Issos, pintada en 1529, que se conserva en la Alte Pinakothek de Múnich. El tema del cuadro es la Victoria de Alejandro sobre el persa Darío, de occidente contra oriente, tan cercano al tiempo de su producción en el que los otomanos amenazaban a las poblaciones del Danubio.

No parece que Altdorfer destacara como retratista. De hecho el único retrato notable suyo que nos ha llegado es el de Una mujer joven, que puede admirarse en el museo madrileño Thyssen-Bornemisza. La pasión de Cristo y las escenas de la crucifixión en el Gólgota abundan en su producción, como en las de muchos de sus contemporáneos. También los temas religiosos menudean en sus grabados y xilografías, productos de su propio taller que heredó de su padre. Altdorfer no se prodigó en los desnudos y la anatomía, quizá debido a la orientación puritana y reformista imperante en Ratisbona, su ciudad, en la que permaneció siempre. Sus desnudos más célebres son los que aparecen en su obra Las hijas de Lot. Os dejamos aquí abajo una selección de la obra pictórica y gráfica de este maestro del Renacimiento centroeuropeo.