En
Cabra, provincia de Córdoba, nació en 1824 Juan Valera y
Alcalá-Galiano. Hijo de un oficial de la Marina y de la marquesa
de la Paniega, Juan habitó con su familia el palacio egabrense que actualmente
es sede del conservatorio Isaac Albéniz. Tuvo dos hermanas y un hermanastro
fruto del primer matrimonio de su madre. Vivió Juan en Cabra hasta 1834, fecha
en que tras la muerte del indeseable Fernando VII, su padre, destacado liberal,
fue rehabilitado en la milicia y destinado a Málaga. El joven Juan Valera
estudió en el seminario de Málaga, y después en la universidad de Granada,
donde se licenció en letras en 1846, y escribió sus primeros poemas. En esos
años, como durante el resto de su vida, destacó sobre todo como ávido lector y
crítico literario. Puede decirse que ya a los veintitantos, había leído todo lo
publicado hasta entonces en castellano, y no poco de lo escrito en otras
lenguas. Fascinado por el Romanticismo, confesó años más tarde:
A los doce o trece años
había leído a Voltaire y presumía de “sprit fort”, si bien me asustaba cuando estaba a oscuras y temía
que me cogiese el diablo. El romanticismo, las leyendas de Zorrilla y
todos los asombros, espectros, brujas y aparecidos de Shakespeare, Hoffmann y Scott reñían
en mi alma una ruda pelea con el volterianismo, los estudios clásicos y la
afición a los héroes gentiles.
La
mayor parte de la vida adulta de Juan Valera estuvo centrada en dos
aspiraciones principales: la amatoria, en que puede afirmarse que fue un
auténtico donjuán, conociéndose desde devaneos hasta intensas pasiones con
damas de media Europa; y la más prosaica aspiración de conseguir lo que
entonces se llamaba “un buen turrón”
o cargo del Estado que le permitiera dedicarse a la literatura sin pasar
estrecheces económicas.
Vio
cumplido con creces su afán donjuanesco, incluso más de lo que le habría
convenido, porque sin su permiso se publicó en España lo más escandaloso de su
correspondencia amatoria. En cuanto a su carrera política, tuvo diferentes
altibajos. Fue embajador en varios países europeos y americanos, diputado por
Archidona, senador por Córdoba y efímero director general de Instrucción
Pública con Amadeo de Saboya. Antes había participado activamente en la
Revolución Gloriosa de 1868. Se casó en París con Dolores Delavat, veinte años
más joven que él, y tuvo con ella tres hijos. Tuvo también sonados romances con
Lucía Palladi, marquesa de Bedmar, a quien apodaban la dama griega; con Malvina de Saavedra, hija del duque de Rivas; y
con las actrices Stella von Hohenfels y Magdalena Brohan. Entre sus influencias
literarias más notables, además de los clásicos, cabe citar a José de
Espronceda, Ángel de Saavedra duque de Rivas, Serafín Estébanez Calderón, su
tío Antonio Alcalá Galiano y Marcelino Menéndez Pelayo. Falleció Valera en
Madrid en 1905.
En
cuanto a su trayectoria literaria, además de sus incontables colaboraciones con
diarios y revistas de su época, cultivó el ensayo, la crítica literaria, la
narración breve, el relato histórico, y sobre todo las novelas, entre las que
cabe destacar Pepita Jiménez (1974), Las ilusiones del doctor Faustino (1875),
El comendador Mendoza (1876), Pasarse de listo (1878), Doña Luz (1879), Juanita la Larga (1895), Elisa
la Malagueña (1895) y Genio y figura
(1897).
Y
en cuanto al estilo, a pesar de la fascinación de Juan Valera por el
Romanticismo, su obra literaria tiene tan poco de romántica como de realista,
las dos corrientes preponderantes de su generación. Criticó sin compasión el
Costumbrismo y ese tufo castizo que impregnó la obra de su amigo Serafín
Estébanez Calderón. A nuestro juicio, Valera fue también costumbrista a su
pesar, aunque sus principios estéticos y su amplio conocimiento de otras
lenguas y otras literaturas, le inclinaron a un sesgo idealista y poético.
Detestaba esos retratos de Andalucía de gitanas y pandereta tan en boga en su
tiempo. Escribió a su mujer:
Este es un país pobre,
ruin, infecto, desgraciado, donde reina la pillería y la mala fe más insigne.
Yo tengo bastante de poeta, aunque no te lo parezca, y me finjo otra Andalucía
muy poética, cuando estoy lejos de aquí.
Como
recuerdo a este egabrense ilustre, a este español culto, liberal moderado y
enamoradizo sin moderación, biblioteca Bigotini os pone al alcance de un clic
el enlace con la versión digital de Pepita Jiménez,
que es probablemente junto a Juanita la
Larga, su mejor novela. Se publicó por entregas en la Revista de España en
1874, y contiene uno de los retratos femeninos más sensibles y logrados de la
literatura en lengua castellana.
https://www.dropbox.com/home/Profesor%20Bigotini?preview=Pepita+Jim%C3%A9nez.pdf
Mañana como en casa de la famosa Pepita Jiménez, de quien Vd. habrá oído hablar sin duda alguna. Nadie ignora aquí que mi padre la pretende. Juan Valera. Pepita Jiménez.











































