Si a
algún gnóstico puede calificarse de auténtico hereje por ser un cristiano
rechazado por la Iglesia, ese fue sin duda Marción.
Nació hacia el año 85 en Ponto, una colonia romana del Mar Negro. Su padre fue
un obispo cristiano y el primero que le excomulgó por criticar el culto y por
pervertir a una virgen que había hecho voto de castidad. Como era un joven de
familia pudiente, Marción armó un navío, recorriendo con él las comunidades
cristianas orientales. En Esmirna, su obispo Policarpo le volvió a excomulgar.
Marchó después a Roma, donde pretendió hacerse popular repartiendo unos miles
de sestercios entre la comunidad cristiana, pero nadie terminaba de comprender
sus críticas a la doctrina. Influido por el gnóstico Cerdón, elaboró su propia
dogmática con el resultado de ser excomulgado una vez más y además en Roma, lo
que tuvo mayor repercusión.
Marción
reunió a un grupo de discípulos, los marcionitas, refundando un nuevo
cristianismo que aseguraban ser el verdadero. Levantaron iglesias en Italia,
Egipto, Palestina y Siria (es lo que tiene el dinero en cualquier época). Nombraron
obispos de los que al menos uno fue martirizado por los paganos, y en
definitiva, los marcionitas fueron seguramente los rivales más serios del clero
romano al menos hasta el siglo IV.
Así
que Marción fue el primer cismático de cierta envergadura, el Lutero del siglo
II y los siguientes, pero cabe encuadrarlo en la gnosis por su filosofía. El
credo marcionita, un tanto dualista, diferencia un Dios bueno y benigno de un
Dios malo, implacable, justiciero y hasta vengativo. Se sustenta en la exégesis
erudita de los textos bíblico y evangélico.
Reprochaba
Marción a la jerarquía eclesiástica no haberse desprendido del judaísmo y
seguir sometida al Antiguo Testamento, en vez de proclamar los Evangelios como
el nuevo canon del cristianismo. Se apoyaba para eso en la Epístola de san
Pablo a los gálatas, donde el de Tarso emplea parecidos argumentos. Marción
establece como dogma el Evangelio de san Lucas, censurando y corrigiendo
amplios pasajes de los otros tres. Presenta a Cristo como un revolucionario
pacifista y humilde, graciosamente enviado a los hombres de todas las naciones
por el Dios de Bondad, y justifica que los judíos no lo consideren el verdadero
Mesías, porque ellos, anclados en los errores del Antiguo Testamento, esperarán
en vano eternamente a un mesías guerrero y a un soberano vengador de todos los
agravios reales o imaginarios sufridos por la nación hebrea a la que consideran
único pueblo elegido por el Dios terrible del Antiguo Testamento.
Marción
mantuvo una agria polémica con Tertuliano quien publicó una serie de cinco
libros que tituló Adversus Marcionem,
rechazando las propuestas del gnóstico tan duramente que cayó en varios excesos
verbales y en unas cuantas proposiciones tan heréticas o más que las de su
adversario. Años más tarde, varios miembros importantes de la Iglesia
lamentaron los errores de Tertuliano,
disculpándole por la vehemencia empleada contra el hereje Marción y la herejía
marcionita.
Lo
cierto es que a la larga la doctrina de Marción, por muy herética que fuera,
llegó a influir en el cristianismo canónico, tal como señala Leisegang: A él se remonta la idea de unir al Antiguo
Testamento una nueva escritura sagrada. Es el primero en oponer a la Ley y a
los Profetas los Evangelios y las Epístolas. La Iglesia ha adoptado la idea y
la ha aplicado mediante su Nuevo Testamento.
Discípulo destacado de Marción fue Apeles que en sus Silogismos denunció metódicamente las inverosimilitudes y falsedades del Antiguo Testamento. Lo cierto es que la gente, los cristianos de su tiempo, comprendían muy bien las ideas marcionitas. Probablemente la gnosis de Marción y los suyos fracasó por su moral excesivamente austera. Sólo administraba el bautismo a quienes hacían solemne juramento de no casarse, o a los esposos que renunciaban al acto sexual. Sus seguidores se abstenían también de comer carne y de asistir a cualquier espectáculo. En fin, que los integrismos excesivos acaban siempre fracasando.
Cualquiera
puede hacer algo importante o hermoso. Lo difícil es que los demás sepan que lo
has hecho tú. Oscar Wilde.



























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