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domingo, 16 de agosto de 2026

ANTONELLO DA MESSINA O LA SÍNTESIS DE LO ITALIANO Y LO FLAMENCO

 


Antonello da Messina, que tomó su apellido de su localidad natal, nació en esa ciudad siciliana en 1430. Se formó pictóricamente en Nápoles, por lo que se le suele encuadrar en la escuela napolitana del Quattrocento, pero trabajó después en otros lugares como Venecia y Milán. Fue uno de los introductores de la pintura al óleo. También algunos críticos han visto en su obra influencias de los artistas flamencos prerrenacentistas, tanto por la especial luminosidad de sus cuadros, como por la composición de sus conjuntos de personajes.

Con apenas quince años, ingresó en el taller napolitano de Colantonio, donde aprendió lo más básico del oficio y se familiarizó con la perspectiva que iba a caracterizar la pintura italiana de su siglo. Esa escuela ha sido llamada por algunos ibérico-provenzal, y se sustentó en la importancia concedida a la luz y la diafanidad. De aquellos años de la adolescencia del artista data su primera versión de la Virgen de la Anunciación o la Annunciata, para la que al parecer posó como modelo Smeralda Calafato, una joven vecina del artista que profesó luego como religiosa y fue tras su muerte elevada a los altares como Santa Eustochia Calafato. Años después, ya en la plenitud de su oficio y su talento, el pintor realizó la versión definitiva del cuadro.

Hacia 1450, el joven Antonello entró en Milán al servicio de la noble casa de los Sforza, en cuyas actas figura como Antonellus Sicilianus, junto al también joven pintor flamenco Peter Brugensis, también conocido como Petrus Christus, al que le uniría una gran amistad. Ambos artistas se influyeron mutuamente, y en la obra de Antonello da Messina puede apreciarse un detallismo típico de los primitivos flamencos. Su tratamiento de la vegetación recuerda al de un Jan van Eyck o un Rogier van der Weyden. Idéntica influencia flamenca se percibe en la armonía de los tonos y la delicadeza con que define los rasgos en sus retratos. Giorgio Vasari cree que Antonello da Messina fue discípulo directo de Jan van Eyck, pero nada indica que el pintor siciliano viajara nunca a Flandes o a los Países Bajos, así que aquella influencia llegaría sin duda a través de su camarada Petrus Christus.

A partir de 1460, su pintura nos aparece ya como plenamente italiana y plenamente renacentista, con perspectivas y claroscuros más modernos y de un decidido aire renacentista. Para Vasari, su principal influencia en ese periodo fue Piero della Francesca. Hacia 1475, el artista adquiere ya un nombre y fama de maestro en toda Italia. Le contratan en Venecia, donde realiza su gran Retablo de san Casiano. De esa misma época data su Virgen con el niño y otras obras en las que se unen el detallismo flamenco y los que Vasari llama pierfrancescanos planteamientos espaciales. En Venecia el artista se erige en precursor de la escuela tonal véneta. Se cree que en su etapa veneciana frecuentó el taller de Giovanni Bellini, y es en Venecia donde la inspiración del pintor alcanza su apogeo con importantes obras murales y con diversos retratos de encargo de cuyos protagonistas se desconoce la filiación, y han sido etiquetados como retrato de un hombre o de un hombre joven, etc. Es probable que alguno de ellos sea el autorretrato de Antonello da Messina, aunque resulta imposible saber cuál. Algún crítico ha apostado por el Retrato de un hombre joven tocado con un bonete rojo que actualmente se expone en la National Gallery londinense.

Sintiéndose enfermo, el artista regresó a su Mesina natal donde falleció en 1479 de una pleuritis sin poder terminar varias obras murales encomendadas por la Señoría de Mesina, que fueron acabadas por Francesco di Monsignore. Curiosamente, a pesar de la gran influencia española en Nápoles, importante feudo de la Corona de Aragón, la obra de Antonello da Messina nunca llegó a formar parte de las colecciones reales españolas. Su única pintura importante presente en el Museo del Prado es su Cristo muerto sostenido por un ángel, que pintó en 1479, poco antes de morir. Os dejamos aquí una muestra de su obra.

























miércoles, 12 de agosto de 2026

LA BALADA DE LAS BALLENAS DURMIENTES

 


Aunque no parece un título muy adecuado para lo que pretende ser un breve artículo de divulgación científica, el propósito es responder a la pregunta de cómo duermen los mamíferos marinos sin ahogarse. Algunos mamíferos marinos como las focas y similares duermen en tierra firme, claro está. Pero, ¿qué pasa con los delfines y las ballenas, por ejemplo, que no abandonan jamás las aguas? Las observaciones realizadas tanto en acuarios y zoos como en libertad, revelan dos métodos básicos para dormir: o bien permanecen quietos flotando en vertical o en horizontal, o bien duermen mientras nadan despacio junto a otro ejemplar de su misma especie. Al parecer, algunos delfines aislados también concilian un sueño más profundo, sobre todo durante las noches, al que los zoólogos llaman dormir como un tronco (logging). Puede parecer una broma, pero no lo es. En ese estado, el delfín parece un tronco flotando en la superficie del agua.


Según Bruce Hecker, responsable del acuario de Carolina del Sur, a quién seguimos en este comentario, cuando duermen y nadan a la vez, se sumen en un estado similar al de duermevela. Es como una de esas siestas en las que uno se queda traspuesto (adjetivo que usaba es estos casos mi abuela) durante unos minutos, pero despierta con el más leve ruido u otra clase de estímulo. Duermen pero a la vez siguen estando alerta. Mientras duermen, los delfines mulares sólo detienen la actividad en una mitad del cerebro, a la vez que cierran el ojo del lado opuesto. La otra mitad del cerebro permanece en un nivel bajo de vigilancia. Este lado atento les sirve para detectar posibles predadores u obstáculos. También señala cuándo subir a la superficie en busca de la imprescindible bocanada de aire. Al cabo de una hora y media o dos, el delfín invierte el proceso, desconectando la otra mitad del cerebro y abriendo el ojo del lado contrario.


En total, los delfines suelen dormir durante un tercio de cada jornada. De madrugada, algunos pueden pasar hasta casi una hora sin subir a respirar a la superficie, por lo que se supone que en ese periodo disfrutan un sueño más profundo, aunque no se ha comprobado todavía si entran como hacemos los mamíferos terrestres en fase REM de movimiento rápido de los ojos. Sólo en un único ejemplar en cautividad de la especie zifio calderón boreal, se ha confirmado una fase REM de seis minutos de duración.

En general, parece probado que los delfines mulares emplean la parte más luminosa del día en relacionarse e interaccionar socialmente con sus congéneres, aunque no desprecian la oportunidad de comer si se presenta. Durante el ocaso y la primera mitad de la noche se afanan en comer, sobre todo pulpos y calamares en aguas profundas. La segunda parte de la noche y primeras horas de la madrugada, son los momentos que suelen aprovechar para dormir.


Los delfines más jóvenes y las crías de ballena duermen mientras la madre nada y los remolca. En estos casos, la madre duerme también en el modo vigilante que hemos descrito. De hecho, durante las primeras semanas de vida de sus crías, las madres no pueden dejar de nadar y de remolcarlas, porque los alevines no nacen con suficiente grasa corporal para flotar, y se hundirían fácilmente. Así que en ese primer periodo de crianza, a las madres les está vedado por completo el sueño profundo. Queda claro que en el reino animal las madres son las más sacrificadas protectoras de sus retoños.

Nuestro profe Bigotini no tiene que subir a la superficie para respirar, pero como ya es muy viejecito, tiene la próstata hiperplásica, así que se levanta a menudo para hacer pis. Cuando vuelve a la cama, sueña con ballenas y ballenatos nadando grácilmente en mares azules, mientras suenan de fondo valses, polcas y mazurcas.

-Manolo, tienes insomnio, ya sabes que te lo dijo el médico.

-Bueno, pero si tú me lo recuerdas cada diez minutos, nunca voy a conseguir dormir.

 


domingo, 9 de agosto de 2026

CONTI EN LA ESPAÑA DE APOLINO TARÚGUEZ

 


Carlos Conti Alcántara, que firmó sus historietas y sus chistes con su apellido, Conti, nació en Barcelona en 1916. En los primeros años treinta, con menos de veinte cumplidos, empezó a trabajar como agente de seguros. Combatió en la guerra con el ejército de la República, y terminada la contienda sufrió entre otras represalias, el veto para seguir trabajando en los seguros, así que acuciado por la necesidad, probó fortuna como dibujante humorístico, colaborando en varias revistas barcelonesas y madrileñas. Pasó en los últimos años cuarenta a formar parte de la nómina de Bruguera, sobre todo en el semanario Pulgarcito, donde llegó a ser uno de los cinco grandes junto a Escobar, Peñarroya, Giner y Cifré. Con esos cuatro compañeros se embarcó en 1957 en la fallida aventura de la inolvidable revista Tío Vivo, que se truncó por problemas económicos.

En Bruguera prosiguió con sus historietas más célebres y sus más divertidos personajes: Mi tío Magdaleno (1951), La vida adormilada de Morfeo Pérez (1952), y sobre todo, los que probablemente son sus mejores trabajos: El loco Carioco y Apolino Tarúguez. Carioco es personaje atípico de ocurrencias disparatadas y argumentos surrealistas, mientras Apolino Tarúguez personifica al empresario tiránico que explota sin compasión al pobre Celedonio, su secretario y único empleado, una crítica socio-laboral sin concesiones que logró milagrosamente escapar del largo brazo de la censura, seguramente gracias a su humor sutilmente extravagante.

Además de sus historietas, Conti publicó chistes y comentarios humorísticos en medios tan dispares como la revista ¡Hola!, Blanco y Negro o el diario ABC. Dirigió también el semanario satírico Mata Ratos desde 1972 hasta 1975, año en que falleció el artista con apenas cincuenta y nueve. Os remito a las páginas y viñetas de Carlos Conti que reproduzco aquí abajo.