Translate

viernes, 20 de enero de 2017

LA APUESTA


Dando tumbos llegué a Las Vegas. La ciudad del juego resulta tan hospitalaria como una serpiente de cascabel, y sin embargo me acogió como una gallina a su polluelo.
Mickey Costa, a quien solían llamar MuckeyCosta, me contrató como guardaespaldas. Al menos eso creí al principio. Pronto comprendí que mi trabajo consistía en hacer de chofer sin uniforme para él y para las golfas que regularmente llevaba a su habitación, la suite presidencial del Hyde Bellagio, uno de los clubs que regentaba. Costa era un sujeto repulsivo al que su absoluta falta de escrúpulos unida a una serie de golpes de suerte y algún que otro desgraciado accidente, habían elevado desde simple matón de barrio a capo de una de las bandas emergentes en aquella Babilonia del desierto. Era un perfecto hijo de puta, pero hay que reconocer que tenía pelotas. Como se había ganado tantos enemigos, era consciente de que podía morir al doblar cualquier esquina, por eso vivía al límite, gastaba a lo grande, y no se privaba de nada. Trataba a todo el mundo como si fuera basura, sobre todo al Gran Faustin, su “hombre de confianza”, un auténtico gorila de dos metros de alto por otros dos de ancho con la mentalidad de un parvulito.

Faustin miraba con desconfianza a cualquiera que se acercara al jefe. Los que trabajábamos para él no éramos una excepción, así que todos procuraban apartarse del gigantón, porque un guantazo suyo fácilmente podía llevarte al hospital. Yo me había propuesto ganarme al chico. ¿Qué hay mejor para un gorila que los cacahuetes?, me dije. Empecé a llevarle cada noche una bolsita de maní, y a partir de entonces se convirtió en mi amigo.

El gran Faustin

Una noche transporté hasta el Bellagio a una muchacha rubia y pálida que ni siquiera habría cumplido veinte años. Estuve a punto de darle los cincuenta dólares que llevaba en el bolsillo, y devolverla a la guardería que nunca debió abandonar, pero pensé que el cerdo de Costa le pagaría mucho más, así que iba a ser inútil convencerla. De todas formas, algo en mi interior me impulsaba a protegerla, así que cuando la dejé en la suite, en lugar de irme al bar como las otras veces, me quedé en el vestíbulo charlando con mi nuevo amigo Faustin. Al poco rato comenzaron a oírse voces, luego súplicas, y después los gritos y el llanto de la chica. Faustin, concentró toda la atención en su bolsa de cacahuetes como si quisiera sepultarse en ella, y a mi mirada interrogadora respondió con un hilo de voz, casi a punto de echarse a llorar: -siempre es así. Los gritos ganaron intensidad y me abalancé contra la puerta. -¡Espera, tú no puedes…! comenzó a decir el gorila, pero sí podía. De hecho ya estaba dentro.

había atado a la chica a una silla
 y la estaba torturando
Aquel sádico cabrón había atado a la chica a una silla, y la estaba torturando. Antes de que pudiera reaccionar, le puse mi revólver en la sien. –Suéltala, ordené, pero en vez de hacer lo que le pedía, el muy hijo de puta aplastó su cara de rata contra el cañón de mi arma. -¡Dispara si tienes cojones!, gritó. ¿Crees que me asustas? Excombatiente, expolicía… ¡una mierda!, eso es lo que eres. Estamos en la ciudad del juego, siguió. Te apuesto cien dólares a que no tienes agallas para apretar el gatillo, dijo sacando unos billetes del bolsillo. ¿No es suficiente? ¡Ciento cincuenta, doscientos! Sacó más billetes: ¡Doscientos cincuenta!, aulló…

Disparé, y le volé los sesos. El Gran Faustin, que había contemplado la escena atónito, se acercó lentamente. Pensé que iba a estrangularme, pero no. Primero tomó mi revólver con delicadeza. Sacó un pañuelo y limpió cuidadosamente mis huellas. Antes de poner el arma en la mano de Costa, me hizo frotar con mi mano la manga de la camisa y la mano del cadáver. –Es para que le encuentren restos de pólvora, explicó, y ante mi admirada sorpresa, añadió: lo he visto en el cine. Después desató a la chica que se abrazó a él como un náufrago a su salvavidas.

Las precauciones del bueno de Faustin resultaron innecesarias. La Ley concluyó que había sido un suicidio, y puedo jurar que ni un solo habitante del planeta lamentó la muerte de Mickey-Muckey Costa.
En cuanto al dinero, le registré los bolsillos, y comprobé que llevaba encima casi mil dólares. Debí haber esperado más, pensé, pero me limité a cobrar mis doscientos cincuenta. Después de todo, una apuesta es una apuesta.

En la vida hay cosas más importantes que el dinero. Lo malo es que todas son demasiado caras. Groucho Marx.


Muck: estiércol, desperdicio, mierda…

martes, 17 de enero de 2017

TYCHO BRAHE, EL HOMBRE DE LA NARIZ DE ORO


El que fue el más grande astrónomo de la era pretecnológica nació en 1546 en Escania, que actualmente se encuentra en Suecia, pero entonces pertenecía a Dinamarca. Un danés de familia noble muy ligada a la casa real. Se crió con su tío Joergen, que le proporcionó una sólida educación. Mientras estudiaba en la Universidad de Copenhague, el joven Tycho fue testigo de un eclipse solar, lo que le produjo una extraordinaria impresión, y dirigió su interés hacia la astronomía. Tycho Brahe marchó después a la Universidad de Leipzig, donde en 1563 volvió a presenciar un acontecimiento astronómico singular, la conjunción de Júpiter y Saturno. El joven astrónomo se propuso entonces mejorar las previsiones acerca del movimiento de los astros, que por aquel entonces resultaban no demasiado fiables. Tras un paréntesis en que regresó a Dinamarca para participar en la guerra que libró su país contra sus vecinos suecos, amplió sus estudios en las universidades de Wittenberg y Rostock. Su familia se oponía a su pasión por la astronomía, no obstante, tras la muerte de su tío Joergen, Tycho heredó una considerable fortuna que le garantizó la independencia suficiente para dedicarse en cuerpo y alma a su vocación, sin reparar en medios.


Y llegamos al curioso episodio en el que Tycho Brahe perdió su nariz. Ya se sabe que los astrónomos de tiempos pretéritos tenían tendencia a mezclar sus observaciones científicas con la afición por esa pseudociencia llamada astrología. El caso es que a nuestro hombre no se le ocurrió otra cosa que predecir el fallecimiento del sultán Solimán el Magnífico, que en esa época era el enemigo público número uno de la cristiandad. Ahora bien, como entonces no había noticiarios televisivos ni nada parecido, resulta que cuando Brahe anunció orgulloso su pronóstico, hacía ya varios días que el sultán otomano había muerto. El consiguiente choteo que siguió a semejante chasco, fue aumentando hasta llegar al insulto personal, y Tycho Brahe que era de temperamento fogoso, llegó a las manos con un noble danés. En el combate pugilístico perdió la nariz, y tuvo que hacerse fabricar una prótesis de oro según unas versiones o de plata dorada según otras. En algunos retratos se representa al astrónomo con esa nariz postiza. Para colmo de males, según ciertos biógrafos, a Tycho le quedó un ojo algo deformado de tanto mirar a través del objetivo del telescopio. Si a todo ello unimos esos bigotes tan pintorescos que lucía, la verdad es que la imagen del excelso científico no podía ser más estrafalaria.


Brahe continuó sus observaciones en Basilea y Augsburgo. Construyó un magnífico observatorio en Uraniborg, que dotó de un gigantesco cuadrante de seis metros. Edificó otro observatorio en la isla de Hven, donde realizó nuevos descubrimientos. También se dotó de una imprenta y una fábrica de papel propias, para asegurar la publicación de sus trabajos. La lista de aportaciones que hizo Tycho Brahe a la astronomía resultaría interminable. Midió las posiciones de los planetas del sistema solar con asombrosa precisión, e incorporó los cálculos matemáticos y trigonométricos a la astronomía. Llegó a completar un catálogo de un millar de estrellas desconocidas hasta entonces, y precisó la posición celeste de estrellas y constelaciones ya conocidas.


Pero lo bueno no podía durar eternamente. A la muerte del rey danés Federico II, gran amigo y protector de Brahe, sucedió el reinado de Cristián IV, que no le tenía demasiado aprecio. En sus últimos años tuvo que exiliarse en Praga, donde bajo la protección de Rodolfo II de Habsburgo, colaboró estrechamente con su colega Johannes Kepler. Entre los dos recopilaron unas nuevas y muy precisas tablas de posiciones estelares, que conocemos con el nombre de Tablas rudolfinas. La breve etapa de colaboración con Kepler resultó enormemente fructífera. Desgraciadamente, en 1601 terminaron los trabajos de Tycho Brahe y terminó su vida. Si hemos de creer la versión de algún biógrafo y la de su socio Kepler, nuestro protagonista fue víctima de lo que podríamos llamar la buena educación. Parece ser que durante un banquete de cierta etiqueta, Brahe evitó abandonar la mesa para acudir a sus necesidades para no desairar a sus invitados. El caso es que sufrió una uremia, algo así como una intoxicación producida por su propia orina, falleciendo a los pocos días. Antes encomendó a su amigo Johannes Kepler completar la tarea iniciada con las Tablas rudolfinas. Los restos de Tycho Brahe reposan en la iglesia praguense de Nuestra Señora de Tyn. El profe Bigotini que muestra siempre gran simpatía por quienes lucen narices estrambóticas, no puede menos que venerar la memoria del astrónomo de las narices de oro.

La amistad es como la mayonesa. Cuesta un huevo y hay que tratar de que no se corte. Woody Allen



sábado, 14 de enero de 2017

MITOLOGÍA Y FAUNA MARINAS. DIOSES EN LA PLAYA


La navegación y la pesca como actividades económicas importantes se iniciaron en el Mediterráneo Oriental hace al menos cinco mil años. Sin salir de nuestro ámbito cultural, primero Creta, luego el resto de las islas y las poleis griegas, y más tarde el Imperio romano, fueron grandes potencias navales. Acaso por ello se consolidaron en el imaginario colectivo de los pueblos mediterráneos las viejas narraciones y leyendas nacidas en la noche de los tiempos entre las gentes de la costa, que han sobrevivido hasta nuestros días para engrosar la rica herencia folklórica que hemos recibido.

Posidón, el dios del mar del mundo clásico, que los romanos rebautizaron como Neptuno tomando el nombre de una deidad etrusca (Nethuns), mostraba a los habitantes de costas e islas dos caras muy diferentes. Era por una parte la personificación de la prosperidad, por la abundancia de pesca que procuraba. También era el semental fecundador de la Tierra. La etimología: Posis (esposo) y Da (tierra), no deja lugar a dudas. Pero por otra parte Posidón puede ser terrible si se lo propone. En el mar se desencadenan tempestades capaces de echar a pique el mejor navío, o de arrasar poblaciones costeras. Posidón es el Despotes Hippon, el Señor de los Caballos, cuya espuma recuerda las crines de los caballos galopando sobre las olas enbravecidas. Se convirtió en uno de los principales dioses del panteón clásico con la llegada al Mediterráneo de los aqueos provenientes del continente. Se establecieron principalmente en las costas de Jonia, donde se convirtieron en notables navegantes. En muchos lugares, y sobre todo en Arcadia, los caballos estaban especialmente consagrados al dios, y se le veneraba bajo apariencia equina.

La mitología nos dice que en aquellas costas tuvo lugar la unión del dios con Demeter, diosa terrestre y fecunda, principio de la feminidad, frente a la virilidad del dios marino. Para escapar del ardiente deseo de Posidón, Démeter se transformó en yegua. Posidón la violó adoptando la apariencia de un caballo, acto en el que tal vez se advierte una metáfora de la invasión aquea de la región, donde la Diosa Madre se representaba con cabeza de yegua. Otros epítetos de Posidón eran los relativos a su capacidad de producir terremotos. Es el turbador del suelo, según los poemas homéricos. Este mismo atributo caracterizó en otros lugares, como las costas de Asia Menor o la misma Creta, al Posidón tauróctono. El toro es también un símbolo de masculinidad y fuerza, sin embargo no puede competir con el caballo en velocidad, así que la tradición poética clásica sigue prefiriendo al caballo. Cuando tras el destronamiento de Cronos (otra alegoría de los nuevos tiempos), se produjo el reparto del mundo entre los dioses, los mitógrafos griegos consagraron a Posidón definitivamente como dios marino, y sus caballos, se convirtieron a su vez en criaturas marinas: hipocampos, literalmente caballos (hippos) que se retuercen (campein). Mudaron sus crines por coronas de espuma, y sus cuartos traseros se transformaron en colas pisciformes. Enganchados al carro del dios, se encargan de transportarle sobre las olas marinas.


El delfín, animal inteligente y dócil, sirvió en los mitos clásicos como alegoría del mar tranquilo y en calma. Su condición de pez piloto, que guía las embarcaciones entre los escollos de acantilados y pasos angostos, no pasó desapercibida a los primeros navegantes. Es antiquísima la tradición de que los delfines son hombres venidos a menos. Dionisos, cuando regresaba de la India camino de Naxos para desposarse con Ariadna, contrató a unos piratas tirrenos que pretendieron engañar al dios, dirigiendo la nave a Asia para venderlo como esclavo. Dionisos se percató de la trampa, y según cuenta Ovidio en sus Metamorfosis: Baco resplandeció cubierto de pámpanos y agitando el tirso. Le rodeaban linces, tigres y panteras. Poco a poco, en cada uno de los raptores se iba operando un cambio espantoso. Empezaron unos a ennegrecerse y a disminuir. Se cubrieron como de escamas. Otros veían sus brazos convertidos en alas. Aquellos, ya peces, se zambullían en el mar. Estos, ya aves, revoloteaban graznando...
Así pues, los delfines son piratas arrepentidos, por lo que el gran mitógrafo Pierre Grimal no se asombra de que los delfines sean amigos de los hombres y se esfuercen en sarvarlos.

En cuanto a las sirenas, contra lo que suele creerse, su condición de mujeres-pez es relativamente moderna, pues no la encontramos hasta el periodo medieval. En la mitología clásica las sirenas son sin excepción mujeres-ave. El episodio literario más conocido sobre estos seres míticos es el pasaje del canto duodécimo de La Odisea. En él Ulises, amarrado fuertemente al mástil de su embarcación, pudo hacer realidad el deseo de escuchar las dulces armonías de su engañoso canto. En este pasaje, Homero eleva el lirismo hasta extremos de profunda emoción. Ulises intenta desasirse, ruega y amenaza a sus hombres para que le suelten. Ellos, que se han tapado los oídos con cera, prosiguen el viaje sin atender las súplicas de su señor, lo que finalmente le salva de caer en las garras de las sirenas, donde sin duda habría encontrado la muerte.


Sobre cómo se convirtieron las sirenas en esos seres mixtos existe alguna división de opiniones. Pausanias argumenta que las sirenas eran muchachas que instigadas por Hera, pretendieron competir con las Musas en la belleza de su canto, por lo que primero las transformaron y después les arrancaron las plumas para hacerse con ellas coronas. De ahí el aspecto desaliñado con que se las representa. Ovidio cuenta que las sirenas eran originalmente acompañantes de Perséfone, y que cuando ésta fue raptada por Hades suplicaron a los dioses que les otorgaran alas para volar en busca de su compañera. Otras versiones aseguran que la transformación fue un castigo impuesto por Demeter por no haber cuidado de su hija con suficiente celo. Y aun otras atribuyen el castigo a Afrodita, que les arrebató su belleza por haber despreciado los placeres del amor.


En cualquier caso, la mayor parte de los relatos sobre sirenas obedecen a una intención que podría calificarse como antifemenina o antifeminista. La mujer es en ellos, causa de todos los males que sobrevienen al hombre. Con cantos y actitudes obscenas, las sirenas tientan, incitan a los hombres al pecado. En su apariencia monstruosa subyace la amenaza de enfermedades y ruina. El mito en los siglos posteriores vino como anillo al dedo a cierta casuística cristiana que identificaba a la mujer con el mal. La caza de brujas bajomedieval y renacentista hunde sus raíces en este abonado terreno mitológico.

La mejor manera de librarse de una tentación es caer en ella. Oscar Wilde



miércoles, 11 de enero de 2017

EUROPA EN EL PERIODO DE ENTREGUERRAS



En la convulsa Europa del periodo de entreguerras el cine se convirtió en un valioso instrumento de propaganda política. El genio creador de Sergei Eisenstein no paró en el mensaje de su célebre Acorazado Potemkim producido en la etapa muda, sino que siguió realizando grandes obras de arte como Octubre, Alexander Nevski o la monumental Iván el terrible.
En la Italia fascista los estudios romanos de Cinecitá fueron también una herramienta propagandística singular. Resulta curioso que los grandes dictadores de un signo (Stalin) u otro (Mussolini y Hitler) fueran empedernidos cinéfilos. El mismo Franco, sin ir más lejos, unos pocos años después llegó incluso a escribir algún guión. Pero esa ya es otra historia que trataremos en el cine de postguerra.
La Alemania nazi no fue una excepción. En la politizada UFA, la productora del régimen, se rodaron kilómetros de celuloide propagandístico a mayor gloria del fürer. Precisamente a este género corresponde el filme cuyo enlace os facilitamos hoy. Se trata de Olympia, obra de la cineasta alemana Leni Riefenstahl. Es un documental que recoge imágenes de los Juegos Olímpicos celebrados en Berlín en 1936. Naturalmente, destacan la fanfarria patriótica y la exaltación de la raza aria, lo que no impide que la película posea una indiscutible calidad cinematográfica. Haced clic sobre la carátula y juzgad vosotros mismos.


Próxima entrega: El cine español durante la República


domingo, 8 de enero de 2017

ENTROPÍA. SEGUNDA LEY DE LA TERMODINÁMICA


Publicado en nuestro anterior blog el 30 de agosto de 2012

Clifford Pickover escribe: “cuando veo derrumbarse los castillos de arena en una playa, pienso en el segundo principio de la termodinámica”. La termodinámica, como indica su etimología, es la ciencia que se ocupa del calor y más concretamente de las transformaciones de la energía. Ya os hablé en un post anterior de la primera ley o principio de conservación de la energía. La segunda se enuncia así: la entropía total o desorden de un sistema aislado tiende a aumentar hasta aproximarse a su valor máximo. En otros términos: la entropía del universo tiende al infinito.

Boltzmann
Toda la energía del universo tiende a evolucionar hacia un estado de distribución uniforme en el que el desorden (la entropía) es la regla. Dos sistemas adyacentes tienden a igualar sus temperaturas, presiones y densidades. Si sumergimos un objeto de metal al rojo en agua fría, el metal se enfría y el agua se calienta hasta que ambos alcanzan la misma temperatura. Las casas abandonadas empiezan por agrietarse y acaban desmoronándose; un flamante y carísimo automóvil deportivo recién salido de fábrica, si se abandona durante unos años, acabará convertido en un montón de chatarra inservible. Cuando nuestra especie se haya extinguido, llegará un día en que desaparezca cualquier vestigio de su existencia sobre el planeta. Sólo es cuestión de tiempo. Las construcciones se derrumbarán, crecerá la vegetación sobre las ruinas o se cubrirán de arena. Las piedras se erosionarán. Todo acabará (acabaremos) convertido en polvo. Eso es la entropía, la medida de desorden de un sistema debido al movimiento térmico de sus moléculas (Ludwig Boltzmann, 1844-1906). William Somerset Maugham nos dejó la siguiente perla literaria: “no llores por la leche derramada porque todas las fuerzas del universo se han conjurado para derramarla”. Así de fantástico y así de terrible.


Pero como dice la sabiduría popular, mientras haya vida, habrá esperanza. Precisamente la vida, la biología, los organismos vivos son (somos) una contradicción viviente de esta implacable segunda ley. Los seres vivos desde el microscópico virus a la fabulosa ballena azul, hemos dado con la clave para burlar al menos temporalmente, la segunda ley. Hemos sido capaces de crear, mantener y replicar estructuras moleculares ordenadas y organizadas que luchan a brazo partido contra la inexorable tendencia universal a la entropía y al caos. Esta flagrante violación de la norma comenzó hace unos 4.000 millones de años y quién sabe hasta cuándo durará. Mientras tanto disfrutemos, vivamos, sigamos generando vida y combatiendo con nuestras escasas fuerzas a la entropía, el caos y la muerte. Amén.


Tres clases hay de ignorancia: no saber lo que debiera saberse, saber mal lo que se sabe, y saber lo que no debiera saberseFrançois de la Rochefoucauld.


viernes, 6 de enero de 2017

HONORÉ DE BALZAC ENTRE LA GLORIA Y EL FRACASO


Nacido en la ciudad francesa de Tours, a orillas del Loira, en 1799, Honoré de Balzac, fue el segundo hijo de Bernard François Balssa, hombre de baja extracción que medró durante la etapa revolucionaria, logró hacer una fortuna considerable y cambió su apellido original por el más aristocrático de Balzac. La infancia de Honoré transcurrió lejos de la casa familiar, en internados donde fue tratado con dureza por sus maestros y tutores. Su madre, Anne Charlotte Sallambier, que procedía de una antigua familia burguesa, nunca mostró demasiado afecto por él. Tal vez por esta causa sus biógrafos han querido encontrar explicación a la predilección que tuvo Balzac por las mujeres mayores, en las que acaso esperaba hallar la calidez que le fue negada por su propia madre. En 1816 comenzó sus estudios universitarios en la Sorbona, donde perdió el interés por el Derecho, profesión a la que en principio estaba destinado, en favor de las letras.

En 1819 se instaló en París, decidido a convertirse en escritor de éxito. Un año después compuso Cromwell, una obra en verso cuya mediocridad le valió el rechazo de los pocos que accedieron a leerla. Desistiendo de la poesía, Balzac se entregó por entero a la prosa, y en aquellos primeros años veinte, junto a otro escritor condiscípulo suyo, inició un negocio consistente en escribir folletines bajo varios seudónimos, o con la firma de autores consagrados. Fue lo que ahora llamaríamos hacer de negro. A esta época corresponden al menos nueve novelas de su pluma y acaso otras tantas que Honoré nunca quiso reconocer como suyas. Esta actividad, aunque no fue gloriosa, resultó muy lucrativa, y con el dinero que ganó, Honoré inició varios negocios editoriales y de imprenta, que resultaron sin excepción completos fracasos. Adquirió entonces el hábito de saldar sus deudas endeudándose aun más, una dinámica que le acompañó ya durante el resto de su existencia. En más de una ocasión le sacó de apuros su propia madre, y otras veces hubo de recurrir a Mme. de Berry, señora quince años mayor que él, con la que tuvo relaciones, o a Olympe Pélissier, que fue su pareja durante algún tiempo.

El éxito literario de Balzac llegó con la publicación de su novela Los Chuanes, basada en una obra de carácter histórico de sir Walter Scott. A partir de ahí, encontró su estilo literario definitivo, yendo de éxito en éxito con las sucesivas publicaciones de La piel de zapa (1831), Eugénie Grandet (1833), y Papá Goriot (1835). Estas dos últimas inauguraron el gran proyecto literario de Balzac, una serie de grandes novelas que retratan fielmente la sociedad francesa de su tiempo, y que tituló de forma genérica La Comedia Humana, en contraposición a la gran obra de Dante (La Divina Comedia). El éxito de estas novelas fue fabuloso, llegándose a vender decenas de miles de ejemplares, y traducíendose a otros idiomas por escritores de prestigio en sus respectivos países como Dostoyevski o Galdós. Balzac fue un escritor infatigable, capaz de escribir durante quince horas seguidas a la luz de candiles y consumiendo ingentes cantidades de café. Otros títulos exitosos fueron La muchacha de los ojos de oro (1835), La duquesa de Langeais (1836), La misa del ateo (1836), Las ilusiones perdidas (1837), Ursule Mirouët (1842), o La prima Bette (1846).

El gran amor de Balzac fue la condesa polaca Ewelina Hanska, también mayor que él, que se dio a conocer al escritor mediante una serie de cartas anónimas que le dirigió con la firma de L'Etrangére. Tras infinitas peripecias, lograron conocerse personalmente, y lo que para la condesa no había sido más que un capricho pasajero, para Balzac se convirtió en un amor apasionado. Tras el fallecimiento del marido, y después de un sinfín de obstáculos sociales y legales, Ewelina consintió por fin en el matrimonio, quizá porque presagiaba cercana la muerte del escritor, que efectivamente se produjo en 1850, pocos meses después de la boda. Balzac vivió 51 fecundos años, en los que desarrolló hasta extremos insospechados su pasión por la vida y por la literatura.

Biblioteca Bigotini pone al alcance de un clic (hacedlo sobre la cubierta) a sus fieles lectores, una formidable versión castellana de Eugenia Grandet, una de las más importantes novelas de Balzac, y la primera de las que forman parte de La Comedia Humana, su magna serie literaria que desgraciadamente hubo de quedar inconclusa. Deleitaos con la fluida prosa de Honoré de Balzac, un hombre apasionado.

El bruto se cubre, el rico se adorna, el fatuo se disfraza, el elegante se viste. Honoré de Balzac.



martes, 3 de enero de 2017

MOLÉCULAS CAPACES DE AUTORREPLICARSE. LA CLAVE DE LA EVOLUCIÓN


Publicado en nuestro anterior blog el 21 de enero de 2013

¿Qué probabilidades hay de que no estemos solos en el universo? Esta pregunta, tantas veces formulada y repetida, no tiene ciertamente una respuesta fácil. Aquí os ofrezco una bastante clásica y desde luego nada comprometida: depende.
En la ilustración de más abajo aparecen de manera esquemática los grandes pasos de la evolución de la vida sobre nuestro planeta. A partir de los primitivos organismos pluricelulares el camino no puede estar más claro. Cierto que todavía existen importantes lagunas en el registro fósil. Naturalmente cuando se carece de esqueleto, de concha o de caparazón, es muy difícil dejar algún resto para la posteridad. Si alguna vez se arrastraron sobre la tierra gusanos de diez metros de largo y una tonelada de peso, es algo que probablemente nunca sabremos, porque no habrá quedado ni rastro de ellos. Sin embargo, y salvo ligeras variaciones que puedan introducir nuevos hallazgos y descubrimientos, el árbol genealógico de los diferentes seres vivos que poblamos la Tierra está trazado en sus líneas principales.

Sabemos además, que la línea evolutiva obedece a unas reglas biológicas concretas. En función del nicho ecológico que cada especie animal o vegetal habita, existen determinadas necesidades que hay que cubrir (visión, alimentación, movimiento, defensa, procreación…), y las estrategias se repiten de forma sistemática. Ojos, patas, dientes, cuernos, caparazones, frutos envenenados, aromas atractivos, colores disuasorios, escamas, plumas, flores, camuflajes o aguijones, son algunas de las armas evolutivas que una y otra vez, vemos aparecer en especies y géneros a menudo muy distanciados, tanto en la geografía como en la genética.


Los especialistas en exobiología aplican estas reglas para imaginar o proponer hipotéticos seres en planetas distantes. Allá donde las temperaturas sean gélidas habrá criaturas cubiertas por gruesas pieles; si la gravedad del planeta es sensiblemente menor a la terrestre, las criaturas tenderán al gigantismo; en cambio, si la gravedad es mucho mayor, es probable que los E.T. sean muy bajitos o vivan en el agua, donde podrán moverse sin verse aplastados por su propio peso. Reglas. En varias entradas de este blog hemos hablado de ellas más extensamente.

También hemos tratado en el post de los mixocelos el paso 4 del esquema, que lleva a los organismos unicelulares a asociarse en su mutuo beneficio, para constituirse en sociedades biológicas donde cada elemento individual (célula o estirpe celular) tiene un cometido y realiza una función concreta. El paso 3, aun ofreciendo muchas incertidumbres, resulta indiscutible desde el punto de vista biológico. Lo principal ya estaba conseguido: el ADN. Una estructura capaz de autoreplicarse, de reproducirse. Al menos en esencia, un auténtico ser vivo, por lo tanto. En cuanto al paso 1, ya vimos en la entrada dedicada al origen de la vida que es posible experimentalmente conseguir moléculas complejas, nucleótidos, aminoácidos, conglomerados proteicos, recreando en el laboratorio las condiciones ambientales que se adjudican supuestamente a la Tierra prebiológica.

Entonces, ¿qué queda por demostrar? ¿Ya no hay dudas? Bueno, lamentablemente las hay. Fijaos en el paso 2. En este salto gigantesco desde las moléculas complejas que podríamos llamar protobiológicas hasta las estructuras vivas simples con capacidad de copiarse a si mismas, hay una especie de abismo que nadie ha podido salvar de momento. ¿Y qué tiene esto que ver con la existencia de vida extraterrestre? Mucho. Veréis, la cuestión es que en un caldo prebiológico en el que flotaban toneladas de agregados globulosos de moléculas orgánicas hace unos 4.000 millones de años, tuvieron que producirse de forma casual una serie de combinaciones de una complejidad extraordinaria para formar el primer ser vivo. ¿Cómo de extraordinaria es esa complejidad? Para daros una idea digamos que sería como desencuadernar por completo un ejemplar de El Quijote de dos mil páginas, lanzarlas al aire, y esperar que de forma casual las páginas quedaran perfectamente ordenadas. Como veis es algo que vulnera gravemente la segunda ley de la termódinámica.


Digamos que en este punto las opiniones están divididas. Hay quienes piensan que se trató de puro azar. Es cuestión de lanzar el libro desencuadernado muchos millones de veces a lo largo de muchos millones de años, y esperar tener una suerte excepcional. Según esta visión, el milagro se produjo hace unos 4.000 millones de años, pero perfectamente podría no haberse producido. Siguiendo este razonamiento, como la posibilidad de ocurrencia de semejante milagro es tan remota, es muy posible que estemos solos en el universo.

Otra visión diferente es la de los que creen (yo me incluyo, creemos) que el hecho, si bien fue afortunado, no fue tan milagroso, porque puesto que existen reglas para que las moléculas simples formen moléculas complejas, y existen reglas para que a partir del primer organismo vivo se derivaran todas las demás criaturas, asimismo deben existir reglas bioquímicas para que los conglomerados moleculares prebiológicos sorteen la tendencia a la entropía y se organicen de manera eficiente. La única “pequeña” objeción a esta visión es que hoy por hoy desconocemos cuáles son esas reglas. Pero el caso es que si, como esperamos, existen, funcionarán con idéntica eficiencia en cualquier lugar del universo. Admitido esto, será probable que en planetas con condiciones ambientales parecidas a las de la Tierra (que, según los cálculos más conservadores, podrían ser varios millones), el milagro de la vida se habrá producido, se estará produciendo o se producirá cumpliendo las reglas, y se desarrollará siguiendo esas mismas reglas. ¿Hay esperanza, pues? Hay esperanza.

-¿Sabes cómo murió Sócrates?
-Es posible que muriera de hambre. Sólo sé que no cenaba.