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jueves, 9 de octubre de 2014

VIDAS EJEMPLARES: LORD RUFUS SKYWALKER

Inauguramos en el blog del profesor Bigotini una nueva sección dedicada a glosar la vida y milagros de grandes próceres y benefactores de la humanidad. Esperamos que resulte del agrado de nuestros fieles lectores. Comenzaremos por referir los hechos de Lord Rufus H. Skywalker, primer duque de Darth Vader, fundador de una célebre dinastía y reputado gentleman.
El pequeño Rufus Horatio nació en el seno de una familia de rancio abolengo, en cuyas venas había más midiclorianos que jubilados en Benidorm (y perdóneseme lo ordinario de la comparación). Rufus era británico por los cuatro costados, pues descendía del rey sajón Guillermo el atolondrado y de Eduardo II el estreñido, entre otros muchos nobles ancestros. Contrajo matrimonio con Lady Leia Fatbottom, de los Fatbottom de Bottom-Hill. Era apenas una niña cuando se conocieron, pero ya apuntaba sus dos cualidades más sobresalientes, a saber: su afición por los peinados estrafalarios, que no pasó desapercibida para Rufus; y su inclinación a pegársela con el primero que se ponía por delante. De este último detalle, Skywalker no se dio ni cuenta, el pobre.

Lady Leia en ausencia de Rufus

El doctor Mortimer Chewbacca
Su mansión familiar, una sólida construcción de estilo Tudor del XVI ubicada en la feraz campiña de Kent, era uno de los edificios más emblemáticos de Inglaterra. Como aquellos gruesos muros y enormes dependencias (la gran sala del ala oeste, sustentada por ciento ochenta columnas, medía seiscientos metros de largo por treinta de alto) resultaban demasiado frías y escasamente acogedoras, nuestro hombre se hizo trasladar a una coqueta y recogida casita de campo de estilo isabelino, de sólo treinta y seis habitaciones. Allí solía pasar las horas, rodeado de sus libros y sus recuerdos de la infancia. A menudo le acompañaba su condiscípulo y amigo, el doctor Mortimer Chewbacca, que también era el médico de la familia, y en su juventud había servido con él en el 75º regimiento de lanceros kazajoindostanoturquestaníes, más conocido por el 75º a secas, o por el popular apodo de los small-penis, que les aplicaban el resto de las tropas mientras reían a carcajadas, quién sabe por qué.

Retrato ecuestre de Lord Rufus

Sobre la chimenea, un retrato ecuestre de Rufus en uniforme de aspirante provisional interino a la vice-capitanía adscrita a la subcomandancia de las tropas auxiliares de la reserva de la segunda retaguardia (pensé que no iba a terminar nunca la frase), presidía las largas veladas del duque y el doctor, mientras la conversación languidecía entre profundas caladas a las pipas y espesas bocanadas de humo, que llenaban la estancia hasta impedir la visión. En más de una ocasión, el bueno de Rufus se levantó a abrir la ventana para disipar aquella densa niebla, mientras terminaba de relatar a su amigo Mortimer algún prolijo episodio de campaña, y al despejarse el ambiente, veía con estupor que el doctor se había marchado hacía horas, dejándole con la palabra en la boca durante quién sabe cuánto tiempo. Es que soy muy dado a los circunloquios –se reprochaba-, y corría en busca de algún criado al que seguir colocando el rollo. Los pocos que no se habían despedido ya, se ocultaban bajo las mesas o en el interior de alguna armadura, con la esperanza de librarse de aquel pestiño.

Goldman, el mayordomo
Hablando de criados, el mejor y el más fiel era Goldman, el mayordomo, un tipo menudo de voz aflautada, que dominaba varios millones de formas de comunicación, y era capaz no sólo de soportar las aburridas peroratas de su amo, sino de interpretar en los fogones la más pura y genuina cocina inglesa que tanto gustaba a Lord Rufus. Goldman bordaba las alubias hervidas, el pollo hervido y las salchichas hervidas, y era famoso en el condado por hervir como nadie los postres que, como todo el mundo sabe, requieren su punto justo de hervor. Ni más ni menos. También hervía el agua para el té que era una gloria, y calentaba la cerveza a las mil maravillas, lo que convenía mucho para hacer honor al lema que campeaba en el escudo familiar: “los manjares bien hervidos, los varones aguerridos. Las mujeres muy ardientes, y las cervezas… calientes”.

Baldomero Lafuerza, viajero riojano
Pocos extranjeros eran del agrado de Lord Rufus. Acaso este prejuicio provenía de su etapa en la milicia y su paso por las colonias, donde muy pocos de aquellos sujetos de piel oscura y mirada torva son capaces de expresarse en un inglés aceptable. La única excepción a esta regla la constituía precisamente un paisano nuestro. Un español, riojano por más señas, llamado Baldomero Lafuerza. Viajero impenitente y hombre de mundo, Lafuerza era un tipo jovial que, habiendo estudiado inglés por correspondencia, hablaba una jerga apenas comprensible con frases desordenadas y enigmáticas. Además era más feo que comer con gorra. Quizá por estas razones, Baldomero Lafuerza cayó en gracia a Lord Rufus, que lo convirtió durante años en su compañero inseparable. Juntos emprendieron un viaje por Europa que duró varios lustros. Cuando Rufus manifestó su intención de partir de Plymouth, el doctor Chewbacca le aconsejó: que Lafuerza te acompañe. A su vuelta Skywalker llegó cargado de regalos: joyas para milady, una nueva pipa para el doctor, diversas delicatessen de la gastronomía francesa y hasta un jamón de Jabugo que entregó a Goldman para que lo hirviera todo muy bien hervido, mientras se relamía.

Vaya, que podríamos seguir durante horas relatando graciosísimas anécdotas y sucedidos chuscos protagonizados por este gran hombre. Pero no queremos resultar tan pesados como él, así que si os parece, lo dejaremos en este punto. Os aconsejo que dejéis de leer estas sandeces y os pongáis a estudiar o a hacer algo útil. El profe Bigotini y yo nos vamos a buscar un pub donde calienten la cerveza y hiervan las tapas como es debido.

El golf es un intento vano y patético de dirigir una esfera incontrolable hacia un agujero inaccesible, mediante instrumentos pésimamente adaptados a ese propósito. Winston Churchill.



martes, 7 de octubre de 2014

DANTE ALIGHIERI Y EL NACIMIENTO DE LA POESÍA MODERNA

Por algunas alusiones autobiográficas, el nacimiento de Dante puede situarse en Florencia, hacia mayo o junio de 1265. Fue bautizado en el Baptisterio de la capital Toscana, recibiendo el caballeresco nombre de Durante, siendo Dante la forma familiar de dicho nombre. Era hijo de Alighiero de Bellincione, patricio florentino y miembro destacado del partido güelfo, que al parecer se libró de sufrir las represalias de sus contrarios, los gibelinos, tras la derrota de Montaperti. Esta inmunidad incrementó aun más el prestigio de la familia. Dante fue discípulo de Brunetto Latini, a quien no debió cobrar demasiado afecto, pues en su inmortal obra La Divina Comedia, lo situó en el infierno. Fue contemporáneo y amigo del poeta Cavalcanti, y en 1291 contrajo matrimonio con Gemma Manetti. En este caso el verbo contraer, que se utiliza también para las enfermedades infecciosas, está muy bien escogido, pues se trataba de un matrimonio de conveniencia pactado entre las dos familias cuando Dante sólo contaba doce años. No fue una unión conyugal feliz.


A la temprana edad de nueve años quedó prendado de Beatrice Portinari, por entonces aun una niña como él, y desde aquel momento le profesó un amor apasionado, a pesar de que según parece, su relación nunca pasó de intercambiar algunos saludos por la calle. Esta intensa pasión inspiró a Dante su idea del amor cortés, que desarrolló a través de sus primeras obras poéticas encuadradas en el llamado dolce stil nuovo. La prematura muerte de Beatriz acaecida en 1290, sumió al poeta en una profunda melancolía que le acompañó durante el resto de su existencia.
En el ámbito literario, Dante quedó seducido por la Scuola Poetica Siciliana. Su interés por este movimiento le introdujo en el bullente universo poético prerenacentista, donde se relacionó con juglares provenzales. También hizo patente su admiración por Virgilio.


Dante se involucró en los tortuosos conflictos políticos de la Italia de su tiempo. Combatió en la batalla de Campaldino y en el asedio de Arezzo, y escoltó como otros caballeros güelfos a Carlos Martel, hijo de Carlos de Sicilia. Ocupó importantes cargos públicos en Florencia y fuera de ella, como embajador. Tras la derrota de su facción, en 1302 fue condenado al exilio perpetuo con otros seiscientos güelfos blancos, por el podestà florentino. Después de infinidad de avatares que le llevaron a Lucca, a Venecia o a París, entre otros lugares, Dante falleció en Rávena en 1321, a la edad de 56 años, probablemente víctima de la malaria. Pocos años más tarde sus paisanos florentinos erigieron para él un túmulo funerario donde puede leerse: onorate l’altissimo poeta (honrad al poeta más grande). Dicha tumba sigue vacía, pues los restos de Dante permanecen hasta hoy en Rávena.

Biblioteca Bigotini ofrece a sus fieles lectores la edición digital de el Paraíso, una de las tres partes (Infierno, Purgatorio y Paraíso) en que el poeta dividió su monumental obra La Divina Comedia, una epopeya alegórica en tercetos encadenados que Dante comenzó a escribir en 1304. Compuesta en dialecto toscano, precursor del italiano moderno, La Divina Comedia es probablemente la obra poética que en una lengua romance, inaugura el Renacimiento Literario y por extensión, la poesía moderna. Sus tercetos inspiraron a otros autores tanto en Italia (Petrarca o Bocaccio) como fuera de ella. En la España de los siglos posteriores, el llamado itálico modo hizo furor, y con Garcilaso a la cabeza, fue seguido por una pléyade de escritores y poetas. Haced clic en la ilustración y recrearos con la mágica poesía del inmortal Dante Alighieri.


No creo que exista el más allá, pero por si acaso me he cambiado de ropa interior. Woody Allen.



jueves, 2 de octubre de 2014

REPTILES: LOS DUEÑOS DE LA TIERRA

Hacia finales del Carbonífero, hace unos 300 millones de años, los reptiles evolucionaron a partir de los anfibios. Habían transcurrido unos 60 millones de años desde que el primer anfibio (probablemente Ichthyostega) se arrastrara fuera del agua, sentando las bases de la colonización de tierra firme. Al igual que sus antepasados anfibios, todos los reptiles primitivos parecen haber estado confinados al antiguo continente de Euramérica. A diferencia de los anfibios, que necesitan vivir en la inmediata proximidad del agua y requieren un alto grado de humedad para el desarrollo de sus fases embrionarias, los reptiles son capaces de sobrevivir lejos del líquido elemento, lo que les proporcionó suficiente autonomía para adentrarse en las regiones continentales más áridas y colonizar una gran variedad de ecosistemas. Fueron necesarias para ello varias adaptaciones.


En primer lugar se hizo imprescindible la protección del embrión contra la deshidratación que conlleva la subsistencia en un medio seco. Los huevos de los reptiles están protegidos por una resistente cáscara calcárea que los aísla del exterior. El embrión en desarrollo está suspendido en una cavidad llena de líquido rodeada por el amnios. Recibe alimento del saco vitelino a través de los vasos sanguíneos conectados con el intestino. Los productos de desecho son excretados a la cavidad alantoidea. El oxígeno penetra en el huevo a través del corion, que se encuentra bajo la cáscara porosa. Fijaos en la ilustración:


Otras dos innovaciones fueron necesarias para que la conquista de la tierra fuera completa: por una parte era preciso que los reptiles siguieran protegidos contra la deshidratación una vez fuera del huevo. Lo lograron gracias a la adquisición de una capa córnea que revistió sus escamas o su coraza, haciéndola impermeable a la pérdida de agua. Por otra parte, para poder llevar una vida activa, los reptiles debieron adquirir un método de respiración más eficaz que el de sus antepasados anfibios. Los anfibios ventilan los pulmones bombeando aire con la garganta (¿habéis visto respirar a una rana?). Los reptiles desarrollaron un sistema nuevo, que por cierto hemos heredado de ellos, consistente en la expansión y contracción de la caja torácica. El único límite para la capacidad de este sistema es el volumen de los pulmones y no, como en el caso de los anfibios, el volumen de la cavidad bucal.

Entre los reptiles evolucionaron tres tipos de cráneo, con una tendencia a la reducción del volumen óseo y a la sustitución de hueso por material tendinoso, al cual podían fijarse los músculos de las mandíbulas. Los reptiles más primitivos, los anápsidos, carecían de aberturas en el cráneo, por ello sus mandíbulas eran débiles. A partir de los anápsidos surgieron dos grupos principales (véase la ilustración inferior). Los reptiles diápsidos tenían un par de aberturas detrás de cada ojo. En los lagartos, estas aberturas se hicieron más grandes, permitiendo que las mandíbulas se abriesen más. En las serpientes, que son capaces de abrir sus mandíbulas hasta llegar a la luxación, estas dos aberturas se han fusionado en una sola. Las aves presentan una variante del cráneo diápsido de los dinosaurios, con una abertura muy amplia detrás de cada ojo. Por último, los reptiles precursores de los mamíferos (de quienes descendemos), desarrollaron cráneos sinápsidos, con una única abertura a cada lado, en posición baja. En sus descendientes mamíferos esta abertura se ha ensanchado notablemente, lo que nos ha permitido incrementar el poder mordedor de las mandíbulas.


Sin embargo, y pese a todas las importantes adaptaciones mencionadas, los reptiles vivos siguen presentando una de las limitaciones de los anfibios: tienen sangre fría, es decir, la temperatura de su cuerpo depende casi exclusivamente del calor del sol. Con clima frío los reptiles se muestran inactivos. Su limitación les impide desarrollar periodos prolongados de actividad. En cambio las aves y los mamíferos obtenemos la energía de los alimentos, y somos capaces de mantener una temperatura elevada y constante, lo que nos permite mayor actividad durante más tiempo. Es posible que los dinosaurios, o al menos ciertas estirpes de ellos, hubieran dado ya ese paso decisivo hacia la sangre caliente, y fueran por lo tanto homeotermos, como lo somos aves y mamíferos.


A nuestro querido profesor Bigotini le gusta tumbarse un ratito al sol mientras medita (asegura que el sonido parecido a los ronquidos que suele emitir, no es sino el murmullo de su mente trabajando). Acaso sea un atavismo de su remoto pasado reptiliano, o quizá simplemente es que el bueno del profe es ya muy viejecito, y como los lagartos, necesita buscar ese rayo de sol que le devuelva la vida que siente escaparse por momentos.

Morir es como dormir, pero sin levantarse a hacer pis. Woody Allen.



martes, 30 de septiembre de 2014

EMPÉDOCLES DE AGRIGENTO, EL PRIMER EVOLUCIONISTA

Empédocles, filósofo, científico y político presocrático nacido en la ciudad siciliana de Agrigento hacia 490 a.C., formuló por vez primera la teoría de las cuatro raíces (fuego, agua, tierra y aire), que más tarde Aristóteles llamó los cuatro elementos, como principios generadores de la vida y de toda materia universal. Explicaba el movimiento y los cambios que se producen en las cosas, a través de dos fuerzas básicas a las que están siempre sometidas las cuatro raíces: generación y corrupción. Ambas darían lugar a la vida y la muerte, y a la sucesión de cuanta materia viva nos rodea. Del equilibrio de estas dos fuerzas dependerían la armonía y la belleza. Y es que Empédocles también tenía sus barruntos de poeta. Actualmente se conservan dos de sus composiciones poéticas: De la naturaleza y Las purificaciones, si bien recientes investigaciones apuntan a que se trataría de dos fragmentos de una obra más extensa.


En el terreno científico, Empédocles experimentó con la presión del aire por medio de clepsidras, según recoge Aristóteles. Asimismo se le atribuyen las primeras investigaciones sobre la fuerza centrífuga.
En astronomía nuestro hombre fue el primero en suponer con acierto, que la Luna no genera luz propia, sino que se trata de un simple reflejo. Lamentablemente, estropeó su genial intuición añadiendo idéntico juicio relativo al Sol. Fue también pionero en considerar a la Tierra una esfera, apreciación que le sitúa en la vanguardia de la observación astronómica. Empedocles falleció hacia 430, probablemente de muerte natural en el Peloponeso, aunque algunos biógrafos de imaginación exaltada, afirman que murió lanzándose al cráter del Etna, para hallar así un final digno de su grandeza. Ya hemos visto que a menudo a los grandes hombres se les suele envolver en este tipo de misteriosas fantasías.

En el título calificábamos a Empédocles de Agrigento como “el primer evolucionista”. Bueno, admito que puede ser un poco exagerado, pero juzgad vosotros mismos leyendo este breve párrafo de su pluma, citado por Mason en su Historia de las ciencias:
Muchas especies de criaturas vivas tienen que haber sido incapaces de propagar su linaje, ya que en cada una de las especies hoy día existentes, o el ingenio o el valor o la velocidad han protegido desde el principio su existencia, conservándola.
No me digáis que no hay aquí un embrión de las ideas darwinianas de selección natural y supervivencia de los más aptos. Teniendo en cuenta que la formulación es de hace unos mil quinientos años, el profesor Bigotini se quita respetuosamente el sombrero ante Empédocles. Si pudiera se quitaría también la nariz, pero tememos que no hay cirujano plástico que se atreva con semejante apéndice.


Quien no puede pensar es un idiota. Quien no se atreve a pensar es un cobarde. Quien no quiere pensar es un fanático.



sábado, 27 de septiembre de 2014

BATALLA DE LAS AZORES. LA ÚLTIMA VICTORIA NAVAL

Nuestro pequeño viaje histórico de hoy nos traslada a finales del siglo XVI. En 1583 la escuadra española comandada por don Álvaro de Bazán, marqués de Santa Cruz, venció a la flota anglofrancesa en el archipiélago de las Azores. Significó uno de los triunfos más trascendentales de la historia marítima de España, y en pleno apogeo del imperio español, representó también el principio del fin, la última gran victoria en los mares.
Volvamos la vista unos pocos años atrás. El rey portugués don Sebastián, visionario suicida y cruzado a destiempo, encabezó una descabellada expedición africana para conquistar las tierras del actual reino de Marruecos. El 4 de agosto de 1578 sufrió una espantosa derrota en Alcazarquivir, donde perdió lo más granado de sus tropas y hasta su propia vida.


Felipe II
El trono de la nación vecina quedó temporalmente a cargo del cardenal Enrique, un anciano incompetente. Felipe II vio la oportunidad de hacer valer sus derechos sucesorios a la corona portuguesa, por ser hijo de la emperatriz Isabel, primogénita de Manuel I de Portugal. Otros pretendientes fueron Catalina de Médicis, duquesa de Braganza y reina madre de Francia, y don Antonio, el prior de Crato, descendiente bastardo de Manuel I.
Felipe jugó sus cartas con habilidad, y supo atraerse a su causa a la mayoría de los portugueses. En cuanto falleció el anciano don Enrique, España inició su avance militar, encontrando la única oposición en Santarem y Lisboa, últimas plazas fieles a don Antonio. En el verano de 1580 Lisboa se rindió sin lucha, y Portugal fue ocupado por entero. El 16 de abril de 1581 Felipe II fue jurado rey de Portugal en las Cortes de Thomar. Para España esta posesión significaba literalmente el dominio del mundo conocido. Las colonias portuguesas en el Atlántico y América aseguraban las rutas al Nuevo Mundo y la hegemonía marítima.

Inglaterra y Francia, que por entonces no contaban sino con unas pocas bases atlánticas y ultramarinas desde las que organizar sus expediciones de piratería y contrabando, conscientes de la gravedad de la situación, se aliaron con don Antonio que aun conservaba su último bastión en las estratégicas islas Azores. Ingleses y franceses se aprestaron a la lucha. España concentró en Sevilla y Lisboa navíos, artillería, bastimientos y soldados españoles, portugueses, italianos y alemanes. La batalla de las Azores estaba servida.
Don Álvaro de Bazán. Marqués de Santa Cruz
La Armada contaba con 60 naos gruesas con pataches y otras embarcaciones menores, gente de mar y unos 10.000 hombres de guerra. En la isla San Miguel, única del archipiélago con que contaba España, debía unirse a esta flota el almirante Recalde con unas decenas de naves vizcaínas. El marqués de Santa Cruz partió de Lisboa a mediados de junio de 1582. La Armada sufrió un terrible temporal que dispersó las naves, y sólo 27 de ellas pudieron llegar a San Miguel. Allí el marqués recibió la noticia de la inminente llegada de la Armada francesa que había salido de Nantes nada menos que con 60 naos bien armadas al mando de Felipe Strozzi, privado de la reina de Francia, secundado por Beaumont y Brissac, reputados marinos. A pesar de la manifiesta inferioridad, Santa Cruz ejecutó una hábil maniobra, poniéndose en vanguardia de la flota, flanqueado por don Francisco de Bobadilla y don Lope de Figueroa. En retaguardia quedó don Cristóbal de Eraso, reemplazado después por Miguel Oquendo. El 26 de julio se inició el combate que concluyó con una victoria completa y el desastre de los franceses, cuyas pocas naves que lograron escapar se refugiaron en la isla Tercera. En julio de 1583 una nueva flota española logró reducir la resistencia de los 9.000 hombres, franceses e ingleses en su mayoría, atrincherados en Tercera. La victoria y el dominio de las islas se completaron.

Sólo cinco años más tarde, en 1588, tuvo lugar el histórico desastre de la Armada Invencible. El mismo Álvaro de Bazán, marqués de Santa Cruz, aun en plena euforia por la victoria en las Azores, había escrito al emperador una carta en la que aconsejaba aprestar una expedición a Inglaterra para destronar a la mujer hereje. Ya sabéis cómo acabó aquello. A partir de entonces España cedió el dominio marítimo a potencias emergentes como Holanda o la misma Inglaterra. Eran nuevos tiempos en los que la artillería se impuso a los abordajes y a la lucha cuerpo a cuerpo. Quienes apostaron por la industria de guerra y la tecnificación, ganaron a la postre el dominio de los mares y la hegemonía política. El ocaso llegaría finalmente a aquel imperio en el que durante un tiempo no se ponía el sol.

El objetivo en la guerra no es morir por tu país, sino hacer que el maldito enemigo muera por el suyo. George Patton.



martes, 23 de septiembre de 2014

ERNST LUBITSCH Y SU TOQUE MÁGICO



En los años treinta, primera década del cine sonoro, Hollywood produjo las mejores comedias de la Historia. Un diluvio de talento inundó los estudios de todas las productoras, y los mejores guionistas del mundo fueron fichados para alimentar la inmensa maquinaria de una industria que producía más millones de dólares que las grandes petroleras o las compañías automovilísticas.
Al frente de los proyectos artísticos, los avispados productores colocaron a directores de oficio, casi todos ellos inmigrantes centroeuropeos que comenzaban a huir de los amenazantes regímenes totalitarios. Uno de aquellos talentosos realizadores fue el judeo-alemán Ernst Lubitsch, creador de aquel inimitable estilo de comedias que los críticos aplaudieron a rabiar. El célebre toque Lubitsch, una particular y elegantísima forma de cautivar al espectador, hizo fortuna tanto entre el gran público, como entre la elite intelectual más exigente.

Hoy en nuestro blog os ofrecemos (haced clic en el cartel) una magnífica versión digital de Lo que piensan las mujeres, uno de los filmes más emblemáticos y característicos de su autor. Se trata de una producción de 1941 que protagonizó una pareja estelar: Merle Oberon y Melvyn Douglas. Contaba también con la presencia de Burgess Meredith, un excepcional secundario, y es quizá una de las películas más adecuadas para ejemplificar ese toque Lubitsch del que tanto se habla. Disfrutadla.

Próxima entrega: Ann Dvorak


viernes, 19 de septiembre de 2014

AGUJEROS NEGROS Y AGUJEROS BLANCOS

En 1796 Pierre Laplace sugirió la interesante idea de la existencia de objetos con una concentración de masa tal que fueran capaces de atrapar incluso la luz. Mucho después, ya en el siglo XX, Robert Oppenheimer y Stephen Hawking propusieron el fenómeno conocido como colapso gravitatorio. Dicho proceso, que se iniciaría en los instantes posteriores a la extinción de una estrella gigante roja, consistiría en que la inmensa masa de tal estrella ejercería una atracción gravitatoria sobre sí misma tan intensa, que concentraría la totalidad de su masa en un volumen muy pequeño, dando lugar a una enana blanca. La misma gravedad que mantenía estable a la estrella, la comprime hasta el punto en que los átomos comienzan literalmente a aplastarse unos contra otros. Los electrones en órbita se acercan cada vez más al núcleo atómico, y acaban fusionándose con los protones, formando más neutrones, con lo que se obtiene una estrella de neutrones. Llegados a este punto, la gravedad crece exponencialmente. Toda la masa se colapsa. El proceso, que podría durar miles de millones de años, concluiría con el colapso definitivo del objeto por su propia atracción gravitatoria. De esta forma se gestaría lo que se ha dado en llamar un agujero negro.


Un campo gravitatorio tan intenso hace que ni siquiera la luz o la radiación electromagnética puedan escapar de él. Toda la masa del agujero negro está concentrada en un punto de densidad infinita, que recibe el nombre de singularidad. En el interior de una singularidad, a causa de la infinita fuerza de gravedad, el espacio-tiempo puede ser modificado, al menos hasta llegar al punto frontera en que un objeto que viaje a la velocidad de la luz (o la luz misma) puedan escapar de él. El agujero negro está limitado en el espacio-tiempo por el llamado horizonte de sucesos, que separa la región de influencia del agujero negro del resto del universo. Semejante teoría, que parecía hace unas décadas simple fantasía, ha podido probarse de forma fehaciente mediante la observación. Los agujeros negros son una realidad incontestable.


Stephen Hawking
Cabe preguntarse cuál es el destino de todo lo que devoran los agujeros negros. ¿Dónde va a parar esa inmensa cantidad de materia y energía? Según todas las leyes conocidas de nuestro universo físico, incluida la relatividad, la existencia de una entrada (el agujero negro) implica necesariamente la existencia de una salida. Vendría a ser el otro lado de los agujeros de gusano propuestos por Einstein, entre otros. A tales salidas se les ha llamado agujeros blancos. Por el momento carecemos de una teoría que explique de forma satisfactoria la formación de esos hipotéticos agujeros blancos. Si existen tales singularidades, serían regiones finitas del espacio-tiempo con densidad suficiente para provocar una deformidad en dicho espacio-tiempo, pero que al contrario del agujero negro, dejarían escapar materia y energía en lugar de absorberlas. Se postula que ningún objeto podría permanecer en el interior de una región semejante durante un tiempo infinito. De esta forma, se define el agujero blanco como el reverso temporal de un agujero negro.


Algunos científicos manejan la hipótesis de que los agujeros blancos serían tan inestables que, inmediatamente después de formarse, volverían a colapsar, transformándose en agujeros negros, lo que limitaría extraordinariamente su detección y estudio. ¿Existen pues realmente los agujeros blancos? En todo caso, conviene recordar que hasta hace bien poco se ponía en duda la existencia de los agujeros negros. Quién sabe…

¡Si Dios me diera una señal! …como depositar una fortuna a mi nombre en un banco suizo… Woody Allen.