Antonello da Messina, que tomó su apellido de su
localidad natal, nació en esa ciudad siciliana en 1430. Se formó pictóricamente
en Nápoles, por lo que se le suele encuadrar en la escuela napolitana del Quattrocento,
pero trabajó después en otros lugares como Venecia y Milán. Fue uno de los
introductores de la pintura al óleo. También algunos críticos han visto en su
obra influencias de los artistas flamencos prerrenacentistas, tanto por la
especial luminosidad de sus cuadros, como por la composición de sus conjuntos
de personajes.
Con
apenas quince años, ingresó en el taller napolitano de Colantonio, donde
aprendió lo más básico del oficio y se familiarizó con la perspectiva que iba a
caracterizar la pintura italiana de su siglo. Esa escuela ha sido llamada por
algunos ibérico-provenzal, y se
sustentó en la importancia concedida a la luz y la diafanidad. De aquellos años
de la adolescencia del artista data su primera versión de la Virgen de la Anunciación o la Annunciata, para la que al parecer posó
como modelo Smeralda Calafato, una joven vecina del artista que profesó luego
como religiosa y fue tras su muerte elevada a los altares como Santa Eustochia
Calafato. Años después, ya en la plenitud de su oficio y su talento, el pintor
realizó la versión definitiva del cuadro.
Hacia 1450, el joven Antonello entró en Milán al servicio de la noble casa de los Sforza, en cuyas actas figura como Antonellus Sicilianus, junto al también joven pintor flamenco Peter Brugensis, también conocido como Petrus Christus, al que le uniría una gran amistad. Ambos artistas se influyeron mutuamente, y en la obra de Antonello da Messina puede apreciarse un detallismo típico de los primitivos flamencos. Su tratamiento de la vegetación recuerda al de un Jan van Eyck o un Rogier van der Weyden. Idéntica influencia flamenca se percibe en la armonía de los tonos y la delicadeza con que define los rasgos en sus retratos. Giorgio Vasari cree que Antonello da Messina fue discípulo directo de Jan van Eyck, pero nada indica que el pintor siciliano viajara nunca a Flandes o a los Países Bajos, así que aquella influencia llegaría sin duda a través de su camarada Petrus Christus.
A partir de 1460, su pintura nos aparece ya como plenamente italiana y plenamente renacentista, con perspectivas y claroscuros más modernos y de un decidido aire renacentista. Para Vasari, su principal influencia en ese periodo fue Piero della Francesca. Hacia 1475, el artista adquiere ya un nombre y fama de maestro en toda Italia. Le contratan en Venecia, donde realiza su gran Retablo de san Casiano. De esa misma época data su Virgen con el niño y otras obras en las que se unen el detallismo flamenco y los que Vasari llama pierfrancescanos planteamientos espaciales. En Venecia el artista se erige en precursor de la escuela tonal véneta. Se cree que en su etapa veneciana frecuentó el taller de Giovanni Bellini, y es en Venecia donde la inspiración del pintor alcanza su apogeo con importantes obras murales y con diversos retratos de encargo de cuyos protagonistas se desconoce la filiación, y han sido etiquetados como retrato de un hombre o de un hombre joven, etc. Es probable que alguno de ellos sea el autorretrato de Antonello da Messina, aunque resulta imposible saber cuál. Algún crítico ha apostado por el Retrato de un hombre joven tocado con un bonete rojo que actualmente se expone en la National Gallery londinense.
Sintiéndose enfermo, el artista regresó a su Mesina natal donde falleció en 1479 de una pleuritis sin poder terminar varias obras murales encomendadas por la Señoría de Mesina, que fueron acabadas por Francesco di Monsignore. Curiosamente, a pesar de la gran influencia española en Nápoles, importante feudo de la Corona de Aragón, la obra de Antonello da Messina nunca llegó a formar parte de las colecciones reales españolas. Su única pintura importante presente en el Museo del Prado es su Cristo muerto sostenido por un ángel, que pintó en 1479, poco antes de morir. Os dejamos aquí una muestra de su obra.


















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